Número 278  //  18 de Febrero de 2005  //  9 Muharram 1426

 Opinión

EEUU inicia una campaña de desprestigio contra ElBaradei

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Muhammad ElBaradei, antiguo diplomático egipcio y actual jefe de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA), será probablemente el único candidato para ocupar de nuevo su puesto cuando éste quede libre este año. Sin embargo, su candidatura hace frente a la oposición del gobierno norteamericano, que le considera demasiado suave con respecto a Irán. En realidad, la Administración Bush está irritada con ElBaradei porque éste no ha cedido ante sus presiones para condenar a Irán por desarrollar un programa nuclear que Washington intenta presentar como una amenaza, del mismo modo que hizo con las inexistentes armas de destrucción masiva de Iraq. El gobierno norteamericano desea que la AIEA remita el caso de Irán ante el Consejo de Seguridad de la ONU para la posible imposición de sanciones, pero la AIEA ha rechazado adoptar esta medida hasta ahora.

ElBaradei, de 62 años, provocó la ira de la Administración Bush al cuestionar, antes de la invasión estadounidense de marzo de 2003, los informes de la inteligencia norteamericana que indicaban que Iraq tenía armas de destrucción masiva. Él se negó también apoyar las afirmaciones estadounidenses de que Iraq había reiniciado su programa de armas nucleares e insistió con firmeza en que Iraq no tenía armas nucleares ni programas nucleares ni medios de reconstruirlas. Fue también la AIEA de ElBaradei la que necesitó sólo 24 horas para revelar que el documento que “probaba” que los iraquíes estaban comprando secretamente uranio en Níger y que los servicios de inteligencia británicos y norteamericanos habían descrito como “genuino” era una falsificación. The Guardian ha indicado en ese sentido que los neoconservadores de la Administración Bush nunca han perdonado a ElBaradei por “exponer lo infundado de las afirmaciones de Washington acerca del arsenal nuclear de Saddam durante el período que condujo a la guerra de Iraq.

El tiempo ha probado que ElBaradei tenía razón y que los datos de inteligencia utilizados por Washington para tratar de justificar su flagrante agresión e invasión de un estado soberano eran falsos. La actitud norteamericana en el tema de la no proliferación nuclear es la considerar a una nación del “eje del mal” culpable y luego insistir en que tiene que aportar evidencias innegables que prueben su inocencia, algo imposible de hacer para cualquier país. En contraste, la principal motivación de la agencia de la ONU es la de llevar a cabo investigaciones sin ninguna presunción previa de que los países que están siendo investigados sean culpables. Irán, por su parte, mantiene que su programa nuclear es pacífico y está dirigido únicamente a la producción de electricidad.

ElBaradei irritó de nuevo aparentemente a la Administración Bush cuando advirtió, poco antes de las recientes elecciones presidenciales de EEUU, que 350 toneladas de altos explosivos habían desaparecido de una instalación iraquí que la agencia había estado controlando antes de la invasión. Estas embarazosas declaraciones fueron utilizadas por John Kerry, el rival demócrata del presidente Bush, como la prueba de un nuevo fiasco de la Administración Bush en Iraq.

El aislamiento de Washington
 

ElBaradei, que ha estado dirigiendo la AIEA desde 1997, está intentando ahora conseguir un tercer mandato de cuatro años. Para ser reelegido, necesita obtener dos tercios de los votos de los miembros de la junta de gobernadores, compuesta por representantes de 35 estados. Washington podría intentar presionar a otros países para convencerles de que se opongan a la reelección de ElBaradei. Sin embargo, EEUU está teniendo serios problemas para encontrar a un candidato rival, señaló un diplomático occidental a la agencia AFP. Un candidato posible era el actual ministro de Exteriores de Australia, Alexander Downer –a quien el antiguo jefe de inspectores de armas de la ONU, Richard Butler, ha llamado “un fiel servidor de EEUU”-, pero éste no ha querido optar por presentarse. Según el diario The Independent, incluso el Reino Unido se muestra reticente a destituir a ElBaradei porque los responsables británicos ven en los intentos norteamericanos poco más que un intento de “vengarse de ElBaradei por el tema de Iraq.” El Reino Unido, Francia y Alemania han iniciado un amplio diálogo con Irán y el jefe de la AIEA ha respaldado recientemente esta política de compromiso.

Esta estrategia estadounidense fue utilizada en 2002 para expulsar a Jose Bustani, jefe de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW), una agencia de la ONU con sede en La Haya, de su puesto. Bustani se ganó la ira de la Administración estadounidense cuando intentó implicar a la OPCW en la búsqueda de armas químicas en Iraq.

Por su parte, ElBaradei ha recibido el apoyo de los Países No Alineados y de algunos países europeos que conocen el peligro de una toma de la AIEA por parte de un candidato pro norteamericano, ya que esto permitiría a Washington utilizar la agencia con el fin de justificar futuras agresiones contra diferentes países. Los estados de la Unión Europea abogan por una política de cooperación con Irán y rechazan la estrategia de confrontación que los círculos neoconservadores en Washington están intentando promover. Así pues, parece que no será difícil para ElBaradei conseguir la mayoría necesaria para un nuevo término. “Si la junta votara hoy, es seguro que habría una mayoría de dos tercios de votos en favor de ElBaradei,” declaró un segundo diplomático occidental vinculado a la AIEA a la agencia AFP.

En realidad, ElBaradei ha sido también acusado de luchar contra la proliferación sólo en los países que Bush incluyó en su particular “eje del mal”, es decir, Iraq, Irán y Corea del Norte. Sin embargo, la AIEA no ha tomado medidas para bloquear el programa nuclear israelí. Israel es el único estado de Oriente Medio que tiene armas nucleares –unas 300 cabezas nucleares, según algunas fuentes- y se ha negado a adherirse al Tratado de No Proliferación (TNP). El Baradei ha visitado Israel para plantear este asunto del programa nuclear israelí, pero no consiguió ninguna concesión de los israelíes acerca del futuro desmantelamiento de su programa.

La hipocresía norteamericana en este asunto resulta también clara. EEUU tiene uno de los dos arsenales nucleares más importantes del mundo. Washington ha aprobado costosos programas para mejorar y modernizar sus fuerzas nucleares estratégicas y ha violado numerosos tratados internacionales. La actual imagen que EEUU está ofreciendo al mundo es, pues, la de un estado paria y agresivo que intenta mantener sus privilegios también en este campo.

EEUU espió las conversaciones de ElBaradei

La campaña del gobierno de EEUU contra ElBaradei ha incluido también métodos ilegales, tales como las escuchas telefónicas. Recientemente, el Washington Post informó que los responsables estadounidenses habían estado escuchando las conversaciones telefónicas entre ElBaradei y diplomáticos iraníes con el fin de buscar algo que les permitiera desacreditarle y cuestionar su imparcialidad en sus relaciones con Irán en el contexto de la actual crisis diplomática por el programa nuclear iraní. Sin embargo, el Post indica que “las llamadas interceptadas no han producido ninguna evidencia de conducta irregular (o de parcialidad) por parte de ElBaradei.” Otros afirman que “las transcripciones (de las llamadas interceptadas) no muestran nada más que una diplomacia telefónica normal.” Algunos diplomáticos occidentales añaden que varios responsables de la Administración Bush manifiestan abiertamente que ElBaradei tiene que tener necesariamente prejuicios a favor de Irán, ya que es egipcio y musulmán. ElBaradei ha condenado estas acusaciones contra su persona señalando que si un país donde trabaja es “musulmán o budista, eso no supone ninguna diferencia,” especialmente porque los informes de la AIEA son en realidad “procesos colectivos” que incluyen a equipos internacionales de expertos.

Él ha calificado también de “acusaciones barriobajeras” las alegaciones norteamericanas de que había permitido a Irán conocer los resultados de sus investigaciones antes de que éstas fueran presentadas en las reuniones de la junta de gobernadores de la AIEA. “No hemos filtrado estas informaciones a nadie aparte de las 10 ó 20 personas que están envueltas en el proceso” de redactar los informes en la sede de la AIEA de Viena. ElBaradei añadió que la AIEA no había “ni siquiera discutido” el informe con los iraníes con antelación a su publicación y que la agencia se había limitado a pedirles informaciones técnicas.

Cabría señalar que el debate en los medios de comunicación estadounidenses acerca de si las transcripciones contenían o no pruebas de la presunta falta de imparcialidad de ElBaradei tratan de ocultar el hecho de que el espionaje era ilegal y que las escuchas telefónicas constituían en realidad otra violación estadounidense de la soberanía de la ONU. Las comunicaciones de otros miembros del personal de la ONU –incluyendo el secretario general, Kofi Annan, y el jefe de la UNMOVIC, la agencia de Naciones Unidas responsable del desarme iraquí, Hans Blix- han sido también espiadas por las agencias de inteligencia estadounidenses. Tres semanas antes del comienzo de la invasión de Iraq en marzo de 2003, el periódico británico The Observer publicó una directiva secreta de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) que ordenaba incrementar las escuchas contra los diplomáticos de la ONU. A principios de 2004, Clare Short, que sirvió como ministra en el gobierno de Tony Blair, dijo que los espías británicos habían escuchado las llamadas de Kofi Annan durante el período que precedió a la guerra de Iraq y que había leído transcripciones de estas llamadas interceptadas.

“Desgraciadamente si estas informaciones son verdad, esto supondrá una ruptura de las libertades individuales y del derecho de privacidad y, lo más importante, del derecho de las organizaciones internacionales a trabajar de forma independiente,” dijo ElBaradei a la cadena de televisión Al Arabiya. “Sin embargo, si alguien quiere escuchar, que lo haga. No tengo nada que ocultar,” añadió.

De esta forma, la actual campaña de EEUU contra ElBaradei refleja una hostilidad general por parte de la Administración Bush hacia la ONU, a la que sus miembros ven como un obstáculo para sus planes de hegemonía global. Sin embargo, los ataques contra ElBaradei se producen en un momento de creciente frustración en Washington por la falta de apoyo internacional a su estrategia agresiva contra Irán.

Por su parte, Joseph Cirincione, director de estudios sobre proliferación en el Carnegie Endowment in Washington, ha declarado que la campaña norteamericana contra ElBaradei es peligrosa para los propios EEUU “no sólo desde un punto de vista diplomático, sino también de la seguridad nuclear internacional.” “Este tipo de campaña está mal concebida y es probable que se vuelva contra EEUU. Desgraciadamente, se ha convertido en un ejemplo típico del estilo agresivo, e incluso intimidatorio, que la Administración Bush ha utilizado para intentar obligar a las organizaciones internacionales a plegarse ante sus puntos de vista. Creo que dicha campaña está dirigida contra la persona equivocada y el momento equivocado,” concluye Cirincione.
 

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