Número 277  //  4 de Febrero de 2005  //  24 Dhu´ l Hiyya 1425

 Opinión

El Pentágono estudia la creación de escuadrones de la muerte en Iraq

www.revistaamanecer.com


El Pentágono está considerando el crear escuadrones de la muerte, compuestos por fuerzas estadounidenses e iraquíes, para secuestrar y matar a líderes de la insurgencia iraquí, que podrían ser similares a los que actuaron en América Central contra las guerrillas de izquierda hace 20 años.

Estos planes fueron recientemente desvelados por la revista Newsweek y formarían parte de los esfuerzos del Pentágono para tratar de luchar contra una insurgencia que aumenta su fuerza día tras día. Uno de los más firmes defensores de este criminal proyecto sería el primer ministro del gobierno títere iraquí, Iyad Allawi, que ha sido acusado ya de otros crímenes de guerra en Iraq. El Pentágono declinó hacer un comentario en este tema, pero una persona vinculada al Departamento de Defensa manifestó a Newsweek: “Todos se muestran de acuerdo en que no podemos continuar como hasta ahora. Tenemos que encontrar la forma de llevar a cabo una ofensiva contra los insurgentes. En la actualidad, estamos manteniéndonos a la defensiva. Y estamos perdiendo.” Newsweek añadió que “muchos conservadores norteamericanos consideran que esta política (la creación de escuadrones de la muerte) fue un éxito a pesar de las muertes de civiles inocentes (unos 40.000 muertos en total, según algunas fuentes) que causó.” La revista añadía que el Pentágono podría aplicar este mismo enfoque en Iraq.

Los escuadrones de la muerte han sido históricamente responsables de las peores violaciones en contra de los derechos humanos ocurridas en los tiempos recientes en América Latina y han manchado la imagen de EEUU en la región. En los años ochenta, la Administración Reagan financió y entrenó a equipos de asesinos para matar a líderes rebeldes salvadoreños y a simpatizantes de la insurgencia. John Negroponte, actual embajador de EEUU en Bagdad, fue embajador en Honduras desde 1981 hasta 1985, es decir, el período en el que los escuadrones de la muerte llevaron a cabo una gran parte de sus actividades criminales en El Salvador, Guatemala y otros países latinoamericanos. En estos países, soldados y extremistas de derecha secuestraban y asesinaban durante la noche a personas que eran hostiles a los regímenes gobernantes o simpatizantes de la guerrilla. El 24 de marzo de 1980, un miembro de estos escuadrones mató al arzobispo Oscar Arnulfo Romero, que había denunciado las graves violaciones de los derechos humanos cometidas por el régimen. En 1989, seis sacerdotes católicos y dos empleadas fueron asesinados en la Universidad de América Central, en El Salvador, por un grupo de soldados del batallón Atlacalt. La ola de indignación internacional que aquel crimen produjo obligó al gobierno salvadoreño a poner en marcha una investigación. Estos crímenes fueron utilizados por numerosas fuerzas políticas y sociales de América Latina para exigir el cierre de la Escuela de las Américas, una institución militar estadounidense que estuvo activa en Panamá entre 1946 y 1984 y luego fue trasladada a Fort Benning, Georgia. Un gran número de oficiales latinoamericanos que recibieron formación en esta Escuela estuvieron luego implicados en las más graves violaciones contra los derechos humanos que tuvieron lugar en América Latina.

El periodista Allan Nairn, experto en los escuadrones de la muerte que actuaron en América Central, manifestó a la periodista estadounidense Amy Goodman en una entrevista para su programa “Democracy Now”, que estos escuadrones actuaron en realidad en más de tres docenas de países “como parte de un esfuerzo integrado que incluía a la CIA, el Pentágono y el Departamento de Estado.” En el Salvador, el general “Chele” Medrano, que estuvo a sueldo de la CIA, describió cómo los escuadrones de la muerte seleccionaban sus objetivos. Según él, los escuadrones tomaban como blanco a aquellos que hablaban “contra el imperialismo yanqui, contra la oligarquía o contra los militares. Ellos eran traidores al país. Lo que deben hacer las tropas, cuando los encuentren, es matarles.” Sin embargo, no siempre los mataban. A menudo, los llevaban a los cuarteles de la policía, la guardia nacional o el Ejército y allí los torturaban durante días. Un antiguo miembro de la policía salvadoreña, René Hurtado, describió un curso en el que había participado en el cuartel general del Ejército. Allí, algunos oficiales estadounidenses dieron una clase en técnicas de tortura, tales como el electroshock. Hurtado señaló que él mismo había llevado a cabo estas torturas: “Pones cables en las partes vitales del prisionero. Colocas los cables entre sus dientes, en el pene, en la vagina. Los prisioneros sienten más (las descargas) si sus pies están en el agua o si están sentados sobre hierro. En ese caso, las descargas son más fuertes…”

Cabe señalar como dato de interés que uno de los responsables del asesinato de Romero fue el líder de los escuadrones de la muerte, Roberto D´Aubisson, que fue también el máximo dirigente del partido de extrema derecha ARENA, que recibió dinero y respaldo político de los republicanos de EEUU. Recientemente, Joe Rubin escribió en el sitio www.pbs.org: “El presidente George W. Bush ha reclutado a muchos veteranos de las guerras de América Central del período de los presidentes Reagan y Bush padre para servir en su equipo de política exterior. A pesar de las objeciones de los demócratas en el Congreso, los nombramientos de Bush han incluido a Eliot Abrams (que se reconoció culpable de haber mentido en dos ocasiones en sesiones del Congreso relativas al escándalo Irán-Contra), Richard Armitage, John Poindexter, Roger Noriega y Otto Reich. Más recientemente, John Negroponte fue nombrado embajador en Iraq. Negroponte fue embajador en Honduras durante el período de George Bush padre y fue criticado por las organizaciones pro derechos humanos por no hacer lo suficiente para frenar la actividad de los escuadrones de la muerte allí… La relación entre el presidente Bush y ARENA, el partido que detenta en la actualidad el gobierno en El Salvador, es una de mutua gratitud.”

Rubin añade: “El presidente de El Salvador, Elias Antonio “Tony” Saca, envió 381 soldados a Iraq en respuesta a un llamamiento de la Administración Bush, a pesar de la impopularidad de la guerra de Iraq entre la mayoría de los salvadoreños. Una encuesta publicada en 2004 por la Universidad de América Central muestra que el 72% de los salvadoreños se oponen a la decisión de su gobierno de desplegar tropas en Iraq. Sin embargo, el presidente Saca ha permanecido firme en este asunto, incluso después de que Nicaragua y Honduras retiraran sus tropas de Iraq la pasada primavera.”

Además, en los años ochenta, la Administración Reagan suministró fondos y entrenamiento a los contras, un grupo ultraderechista cuyo objetivo era el derrocamiento del régimen sandinista en Nicaragua. Asimismo, el gobierno de Honduras perpetró serias violaciones contra los derechos humanos a través del Batallón 3-16, una unidad de inteligencia entrenada por EEUU que se convirtió posteriormente en un escuadrón de la muerte.
Según Newsweek, la propuesta del Pentágono para Iraq seguiría el modelo de los escuadrones terroristas de la muerte que actuaron en América Central. Fuerzas especiales estadounidenses entrenarían y apoyarían a peshmergas kurdos y otros elementos iraquíes que tomarían como blanco a líderes de la resistencia iraquí. Newsweek no menciona quien dirigiría este programa, el Pentágono o la CIA, aunque ésta ha estado tradicionalmente a cargo de este tipo de operaciones.

En realidad, una medida tan brutal es la mejor indicación de la desesperación de la Administración Bush y de su fracaso a la hora de asegurar el control de Iraq. Sin embargo, los expertos creen que la experiencia de los escuadrones de la muerte en América Central no puede ser aplicada a Iraq.

En primer lugar, el Ejército iraquí es mucho más débil de lo que fue el salvadoreño en los años ochenta. En segundo lugar, Iraq es un país que se halla ocupado por fuerzas extranjeras y esta ocupación es rechazada por la mayoría de la población. Por otro lado, los ocupantes estadounidenses están ya utilizando el terror, la tortura y la violencia contra la población civil iraquí, tal y como hicieron los escuadrones de la muerte en El Salvador.

Cuando el gobierno y los militares norteamericanos abogan públicamente en favor de actuaciones que violan los derechos humanos, tales como el uso de la tortura –como hizo el nuevo Fiscal General de EEUU, Alberto González- o los escuadrones de la muerte, nos hallamos ante una flagrante criminalidad, ya que la creación y manejo de los escuadrones de la muerte constituyen una clara vulneración de la ley internacional y de la ley de EEUU. Los responsables de estos llamamientos son, así pues, criminales que deberían ser procesados por tribunales norteamericanos o internacionales y cumplir largas condenas de prisión.
 

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