Número 277  //  4 de Febrero de 2005  //  24 Dhu´ l Hiyya 1425 A.H.

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Sobre la libertad religiosa en España:
una réplica a las declaraciones de Juan Pablo II

Yusuf Fernández*

 


Desde cualquier ángulo que se analicen, las recientes declaraciones del Papa Juan Pablo II, en las que éste criticaba el actual estado de la libertad religiosa en España, producen sorpresa. Lo primero que llama la atención es la propia terminología empleada, ya que Juan Pablo II no habló de “libertad de los católicos”, sino de “libertad religiosa” en general. Cabría preguntarse si el Papa cree hablar también en nombre de los centenares de miles de musulmanes, protestantes, judíos, budistas y otras minorías religiosas de España. ¿No le parece a Su Santidad una falta de tacto y buen gusto hablar en nombre de colectivos que no se lo han pedido?

No cabe duda de que el Papa parece tener muy malos canales de información sobre lo que sucede nuestro país y mucho nos tememos que tales canales sean los altos representantes de la jerarquía católica española, que no se ha caracterizado precisamente por la defensa de la libertad religiosa ni de la tolerancia. En realidad, desde la desaparición teórica del estado nacional-católico –la feroz dictadura franquista, que contó con la bendición de las altas jerarquías católicas de la época- con la aprobación de la Constitución de 1978, nunca la Iglesia Católica española ha levantado la voz más que para defender sus propios privilegios. Jamás ha partido de sus representantes una palabra en defensa de los derechos de las minorías religiosas.

Durante el período de gobierno de José María Aznar, cuya esposa Ana Botella está vinculada a organizaciones católicas ultraconservadoras, los Acuerdos de Cooperación de 1992, que regulan los derechos de las minorías religiosas en España, quedaron congelados, sin que judíos, musulmanes y protestantes vieran avances en el desarrollo de la libertad religiosa. Los representantes del Gobierno y el Ministerio de Justicia y Educación se negaron entonces a desarrollar y aplicar estos derechos, a pesar de que estaban recogidos en tales Acuerdos que tienen el rango de ley, e incluso la Ministra de Educación, Pilar del Castillo, se permitió entonces decir, por ejemplo, que la puesta en práctica de las clases de religión islámica “no estaba en su agenda.”
La Iglesia Católica vivía entonces en la autocomplacencia, en la creencia de que podía mantener indefinidamente el control de la sociedad española, a través de su influencia en el gobierno del PP, canalizada en gran medida a través de organizaciones ultraconservadoras como el Opus Dei, al que pertenecían muchos miembros del PP e incluso más de un ministro, como Federico Trillo, que llegó a alardear públicamente de su deseo de emprender aventuras militares contra nuestro vecino marroquí.

Con los bolsillos llenos de euros de las subvenciones estatales, la asignatura de religión católica impartiéndose como materia evaluable y exclusiva además en el terreno religioso –los miembros de las demás confesiones no tenían acceso a los centros públicos- y sus hombres situados en la cúpula del poder e intentando imponer la moral católica a toda la sociedad, los miembros de la jerarquía se las prometían muy felices. La victoria del PSOE en marzo de 2004, al calor de la denuncia de la ciudadanía contra las mentiras del PP en el tema de los atentados del 11-M y contra la participación española en la ilegal guerra de Iraq, supuso un cambio fundamental. El Gobierno socialista no podía hacer otra cosa, si quería realizar un mínimo cambio social, que romper el monopolio asfixiante que la jerarquía católica continuaba ejerciendo sobre toda la sociedad. Tras la aprobación de la normativa del matrimonio homosexual, la reforma de la enseñanza de la religión y la aprobación de medidas destinadas a dar inicio al desarrollo de los derechos de las minorías, la jerarquía reaccionó histéricamente, amenazando con manifestaciones y protestas, pero pocos la escuchaban, ya que la opinión pública española se muestra indiferente, incluyendo a un gran número de católicos, a lo que dicen los representantes de la jerarquía.

Agotados ya sus cartuchos, estos representantes, y en especial Rouco, se han ido corriendo a ver al Papa para contarle un cuento de horror que parece sacado de la Albania de los años sesenta y no de la España actual. Tiene razón Zapatero cuando dice que nunca ha habido más libertad religiosa en España que en este momento, ya que lo se está produciendo ahora es la ruptura del monopolio que había venido existiendo hasta la fecha. Esta ruptura es una condición indispensable para el nacimiento de una auténtica libertad religiosa y civil y el surgimiento de un pluralismo religioso efectivo en nuestro país. Así pues, el discurso de Juan Pablo II no debe ser visto como un llamamiento a favor de la libertad religiosa, sino de la conservación de un monopolio católico en el terreno moral y religioso, que es hoy en día rechazado por la gran mayoría de la sociedad española.

 

*Yusuf Fernández es director de Webislam
 

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