Número 211  //  19 de Mayo de 2003  //  18 Rabi Al-Awwal 1424 A.H.

 PENSAMIENTO

Tafsir de la Fatiha

De Imam Mahmud Husein

 

 

SURA 1 (Al-Fátihah) 

En el Nombre de Allah, el Más Misericordioso, Misericordiosísimo. 

2. La Alabanza sea con Allah Señor de los seres,

3.el más Misericordioso, el Misericordiosísimo.

4. Soberano del Día del Juicio.

5. Sólo a Ti adoramos y a Ti solo imploramos ayuda.

6. ¡Guíanos por el Sendero Recto!

7. El Sendero de los que agraciaste, no el de los réprobos, ni el de los desviados

بِسْمِ اللهِ الرَّحْمنِ الرَّحِيمِِ 1

الْحَمْدُ للّهِ رَبِّ الْعَالَمِينَ 2الرَّحْمـنِ الرَّحِيمِ 3

مَالِكِ يَوْمِ الدِّينِ 4

إِيَّاكَ نَعْبُدُ وإِيَّاكَ نَسْتَعِينُ 5

اهدِنَــــا الصِّرَاطَ

المُستَقِيمَ 6

صِرَاطَ الَّذِينَ أَنعَمتَ عَلَيهِمْ غَيرِ المَغضُوبِ

عَلَيهِمْ وَلاَ الضَّالِّينَ7

EXÉGESIS (Tafsír) 

INTERPRETACION

Este primer capítulo (sura)[1] del Sagrado Corán fue revelado en Meca, y se dice que por segunda vez lo fue en Medina. Se le llama "Fatihatul-Kitáb", "la apertura del Libro (el Sagrado Corán)", por ser su primer capítulo, aunque no es la primera revelación en orden cronológico. Y se le llama también "Ummul-Kitáb", "la matriz del Libro", por abarcar en síntesis sus significados; y "Al-Hámdu", "la alabanza", por ser esta la primera expresión del segundo versículo, después de los Nombres divinos del primero; y "As-Sáb'ul-Mazáni", "las siete reiterativas", por comprender siete el primero de los cuales es: Bismil-Láhir-Rahmánir-Rahím,en Nombre de Allah, el Más Misericordioso, Misericordiosísimo. Esta expresión preside todos los capítulos del Sagrado Corán, excepto el 9º, aunque solamente en Al-Fátihah lleva número de versículo. La expresión "reiterativas" (mazáni) alude a que, o bien esta sura se reitera en los rezos (son inválidas tanto la oración prescrita como la optativa que omitan esta sura)[2], o bien porque ella fue revelada en forma reiterada, en Medina así como en Meca. También el Profeta (BPDyC)[3], en las tradiciones que citaremos más adelante, parece referirse a que “las siete reiterativas” son las mismas palabras del primer versículo Bismil-Láhir-Rahmánir-Rahím, en el Nombre de Allah, el Más Misericordioso, Misericordiosísimo, o bien que lo es la Alabanza sea con Allah Señor de los seres.

TRADICIONES

SOBRE LA TOTALIDAD DE LA FATIHAH

En la fuente imamita Al-`Uiún el octavo Imam, ‘Alí Al-Rida, narra de sus ancestros, con todos ellos sea la Paz, de ‘Alí, que dijo: “Escuché al Mensajero de Allah (BPDyC) decir: ‘Dice Allah, Poderoso y Majestuoso: ‘Dividí a la Fátihah del Libro entre Mí y Mi siervo. Así pues, la mitad es para Mí y la otra mitad es para Mi siervo, y él obtendrá lo que solicite. Cuando el siervo diga: ‘En Nombre de Allah, el Más Misericordioso, Misericordiosísimo’, dirá Allah, exaltada sea su Majestad: ‘Mi siervo principia por Mi Nombre, y me está obligado cumplir para él todos sus asuntos, y bendecirlo en todas sus situaciones (o estados)’!. Y cuando el siervo pronuncie: ‘La Alabanza sea con Allah, Señor de los Universos (o de los seres)’, dirá Allah, exaltada sea su Majestad: ‘Mi siervo me alaba, y ha reconocido que las Mercedes que él tiene de Mí provienen, y que las desgracias que he alejado de él, es por mi bondad y Favor. ¡Os hago testigos (a vosotros, ángeles) que en su beneficio agregará a las mercedes del mundo las del más allá, y que alejaré de él las desgracias del más allá como alejé de él las del mundo!’. Y cuando el siervo diga: ‘El más Misericordioso, Misericordiosísimo’, expresará Allah, exaltada sea su Majestad: ‘Mi siervo atestigua en Mi favor que Soy el más Misericordioso, Misericordiosísimo. ¡Os pongo por testigos que proveeré generosamente lo que le toca de mi Misericordia, y que será Generosísimo en darle su merecimiento’!. Y cuando exprese el siervo: ‘Soberano del Día del Juicio’, dirá Allah: ‘¡Os pongo por testigos que así como reconoció que Yo soy el Soberano del Día del Juicio voy a facilitarle el Día de la Compulsa su cuenta, y que admitirá sin duda sus buenas obras, y omitiré en absoluto sus maldades!’. Y cuando el siervo recite: ¡Sólo a Ti adoramos’, responderá Allah, Poderoso y Majestuoso: ‘¡Es verás Mi siervo!, a Mí adora. ¡Os hago testigos de que lo recompensaré por su adoración con un premio que deseará (obtener) fervientemente todo el que lo suceda en su devoción a Mí!’. Y cuando expresa el siervo: ‘Y a Ti sólo pedimos ayuda’, dirá Allah, exaltado sea: ‘A Mí pide auxilio Mi siervo, y en Mí busca refugio. ¡Sed testigos de que lo ayudaré en sus asuntos, que lo auxiliaré en su desgracia, y que lo tomaré de la mano en los días de su infortunio!’ Y cuando el siervo diga: ‘¡Dirígenos por el Sendero Recto (hasta el final)...’, responderá Allah, Poderoso y Majestuoso: ‘¡Esto es para Mi siervo, y él obtiene lo que pide! He respondido a Mi siervo y le he dado lo que esperaba, y lo he asegurado contra lo que temía’“. (T, I, p. 39; MIK, I, p. 16, con variantes).[4]

            Ubáii Ibn Ká`ab relató que el Mensajero de Allah (BPDyC) expresó: “Allah no reveló en la Torá ni en el Evangelio nada igual a la matriz del Corán [Al-Fátihah], siendo ella las siete reiterativas, y ella está dividida entre Yo y Mi siervo en dos partes” (MIK, I, p. 15). Desde donde dice “siendo ella las siete reiterativas...”, hasta el final, parece ser un agregado del autor de la fuente donde figura esta tradición.

            Ibn Abbás narró: “El Mensajero de Allah (BPDyC) estaba con Gabriel [el Espíritu Santo y ángel de la Revelación] cuando éste escuchó un rumor por encima de él. Entonces Gabriel elevó su vista hacia el cielo, y dijo: ‘Esta es una puerta que se ha abierto en el cielo, que nunca fue abierta [antes]’. Y un ángel bajó de allí, y fue al Profeta (BPDyC) y le dijo: ‘¡Albríciate de dos luces que tú recibes, y que ningún Profeta recibió antes que tú!: La apertura del Libro [Al-Fátihah], y los cierres de la sura de La Vaca [sus dos versículos últimos]. No recitarás un solo signos de ellas [de la Fátihah o los cierres de La vaca] sin que lo recibas [lo contenido o pedido en ellas]” (MIK, I, p. 16).

            Los cierres de la sura de La vaca, segunda del Sagrado Corán, dicen: El Mensajero [Muhammad] cree en lo que le fue revelado de parte de su Señor, y los creyentes todos creen en Allah, en Sus ángeles, en Sus Escrituras, y en Sus Mensajeros [diciendo]: "No diferenciamos [en nuestra creencia] entre ninguno de Sus Mensajeros". Y declaran: "Escuchamos [Tu Revelación] y obedecemos [Tus mandatos], ¡Tu Indulgencia, Señor nuestro [suplicamos], pues hacia Ti es el retorno! [final de todas las cosas]" Allah no carga a ningún alma [al ordenar lo que ordena] sino sólo con aquello que ella es capaz [y con menos aún]: Le pertenecerá lo que haya realizado [de bien] y estará en su contra lo que se haya granjeado [de mal]. [Ruegan los creyentes]: ¡Señor nuestro! ¡No nos castigues si nos olvidamos [por dedicarnos a lo que nos lleva al olvido], o erramos [por omisión y abandono]! ¡Señor nuestro! ¡Y no nos cargues con un peso [y responsabilidad excesiva], como impusiste a los que nos precedieron! ¡Señor nuestro! ¡Ni nos graves con lo que no seamos capaces de soportar! ¡Discúlpanos, perdónanos, y ten Misericordia de nosotros!: Tú eres nuestro Dueño, ¡danos la victoria sobre la gente impía! (2:285-286). Cuando fueron revelados estos versículos ello angustió a los seguidores del Profeta (BPDyC), que fueron a verlo y le dijeron: "¡Mensajero de Allah!: Se nos impuso como deberes lo que podemos soportar, la oración, el ayuno, el combate, la dación, pero Allah reveló este versículo que no podemos soportar". Respondió el Mensajero de Allah (BPDyC): "¿Deseáis afirmar lo que dijeron la gente de la Escritura [los judíos] anteriores a vosotros: `¡Escuchamos y desobedecemos [alusión al Sagrado Corán 2:93]!?’. Decid más bien: `¡Escuchamos y obedecemos!, ¡Tu Indulgencia, Señor nuestro, suplicamos, que hacia Ti es el retorno...'" (T, II, p. 438). Entonces se narra que cuando fue revelado: Y lo malo que insinuéis [ocultéis] en vuestra almas, os juzgará Allah por ello. Entonces El perdonará a quien El quiera y castigará a quien El quiera, porque Allah es Todopoderoso (2:284). El inicio de la fe es, entonces, encontrar lo malo en nosotros, de lo contrario nadie puede librarse de ello. Y coincidentemente se cuenta que los compañeros del Profeta (BPDyC) le preguntaron por los malos pensamientos, y él respondió que haberlos encontrado es a causa de la fe, es decir de la atención interior y el rechazo de la maldad, lo cual es propio del creyente pero no del impío.[5]

            Abu Sa`íd Al-Judrí, la Complacencia de Allah sea con él, contó: “Estábamos de viaje y nos detuvimos. Entonces vino una muchacha y dijo: ‘El Señor de este paraje fue picado [por un alacrán o una víbora], y nuestra gente [que lo puede curar] está ausente. ¿Hay entre vosotros un sanador?...’, y un hombre, al que nosotros no acusábamos de hechicería, fue con ella, y lo encantó [le hizo un encantamiento] y se curó. [El curado] ordenó darle 30 corderos, y a nosotros nos dio a beber leche. Y cuando volvió le preguntamos: ‘¿Sabías esto, eras hechicero?’. Respondió: ‘No, no lo sané más que con la matriz del Libro [la Fátihah]’. Le dijimos: ‘No hagas nada hasta que volvamos, y preguntemos al Mensajero de Allah (BPDyC) [que nos autorice a hacerlo]’. Y cuando llegamos a Medina mencionamos ello al Profeta (BPDyC), que dijo: ‘¿Qué es lo que le hizo saber que es curadora?...’” (MIK, I, pp. 15-16), es decir, ¿cómo sabía que la Fátihah cura? De esta tradición surge que nosotros no usamos hechicería ni encantamiento, sino las palabras del Sagrado Corán, porque son poderosas para toda obra, como las usó el Profeta (BPDyC) para curar.

INTERPRETACION

En el Nombre de Allah invoca la Autoridad divina como aval o fuente de lo que se revela. En una tradición dice lo siguiente: "Ibn Abbás relató que el Mensajero de Allah (BPD) no conocía la división de las suras (capítulos) del Sagrado Corán hasta que le era revelado: en el Nombre de Allah, el Más Misericordioso, Misericordiosísimo'" (T, I, p. 23; MIK, I, p. 18). Dicha expresión abarca todos los Nombres divinos simbólicamente.

            Desde el principio de la sura Allah Exaltado[6] toma la dirección del hombre y su representación, al decir Bismil-Láhi, en el Nombre de Allah, pues es El quien lo dice en lugar del hombre al mismo tiempo que le revela Su Mensaje, y le enseña qué debe alcanzar: La Guía divina. Toda esta sura o capítulo sólo se refiere a esa Guía, que aparece destacada en el versículo sexto como el Sendero Recto.

            Dijo el Profeta (BPDyC) sobre el primer versículo de esta sura: “Todo asunto de importancia que no comience por el Nombre de Allah (Bismil-Láhi) es estéril” ( T, I, p. 16). Se invoca el Nombre de Allah, exaltado sea, para bendición, seguridad y auxilio a fin de que los asuntos se cumplan y sean aceptados por Allah. Dijo Noé (P) cuando partió con la barca: En el Nombre de Allah sea su marcha y su anclaje (11:41). Y los primeros versículos revelados del Sagrado Corán dicen: Recita en el Nombre de tu Señor (96:1).

            El Nombre de Allah se anticipa a todo asunto benéfico, de libre opción, y aún a aquellos a que estamos obligados con El, exaltado sea, para que sean aceptados y bendecidos. Dijo el Profeta (BPDyC): “No tendrá uudú (aseo para la oración) el que no mencione el Nombre de Allah al hacerlo” (MIK, I, pp. 18-19). Y en cuanto a la comida existe una tradición del Profeta (BPDyC) cuando vio a alguien comer indebidamente y le aconsejó: “Di Bismil-Láhi (en el Nombre de Allah), y come con tu derecha, y come de lo más inmediato a ti” (MIK, I, p. 19). También en el sacrificio animal se utiliza la invocación del Nombre divino. Sobre el matrimonio dijo el Profeta (BPDyC): “Si algunos de ustedes cuando desea acercarse a su cónyuge dijera: ‘Bismil-Láhi, ¡Allahumma apártanos de Satanás y aparta a Satanás de lo que nos concedas!’, si se determinara que ellos tuvieran un hijo, a este no lo dañará Satanás en nada” (Id.).

            La invocación en el Nombre de Allah descubre la realidad verdadera de cualquier cosa en el espacio y en el tiempo; solemniza y engrandece los actos, que se convierten gracias a ella en graves e importantes; ella recuerda y exalta el Principio de la Realidad y su Origen, y así comprendemos nuestra situación y la del resto de todas las cosas; se purifica y unifica nuestro ser contra la dispersión; se bendice lo que tenemos intención de realizar.

            En el Nombre de Allah indica que lo que hacemos es por Allah, exaltado sea, que todo lo que tenemos de real y verdadero es sólo gracias a nuestro vínculo con Allah: Devoción, servidumbre, alabanza y exaltación de Allah, por nuestra parte, como un Cordel extendido entre el cielo y la tierra, uno de cuyos extremos está en Mano de Allah, y el otro en nuestras manos. El vínculo con Allah constituye la esencia humana, su realidad. Si no reconocemos nuestro vínculo con el Real verdadero, no tenemos, pues, ningún significado, y nuestra vida no tendría sentido. Al decir en el Nombre de Allah reconocemos ese vinculo, y estamos en la Presencia de Allah, según sea la capacidad del que lo invoca: Cuanto mayor sea nuestro conocimiento de Allah, nuestra invocación será mayor, así como lo será la bendición, y todo cuanto proviene de esa invocación.

            Gracias a la invocación somos conscientes de nuestro destino y del propósito de Allah al manifestarnos y crearnos: Darnos a conocer Su Realidad y que gocemos con ella: ¡Glorifica el Nombre de tu Señor Altísimo; Quien creó y perfeccionó [lo creado], y Quien conforma y guía! (87:1-3). Su Guía es el verdadero goce. La Guía de Allah es la [verdadera] Guía (2:120), lo que significa que es la Realidad, la Verdad, y el destino último del hombre, goce, felicidad y plenitud del ser humano.

            El creyente invoca la frase en el Nombre de Allah, el Más Misericordioso, Misericordiosísimo para todos sus asuntos, porque ella engloba todos los aspectos de la Bendición divina para los actos que se ejecutan (comer, dormir, entrar, salir, vestirse, asearse, consumar el matrimonio, etc.).

            En una tradición dice: “A Allah pertenecen 99 Nombres, cien menos uno, el que los comprende penetra en el Paraíso” (MIK, I, p. 19). La palabra Allah representa el símbolo del Sí Mismo divino, y a El reuniendo toda Perfección. Es la conjunción de todos los Nombres divinos, su síntesis, el Nombre propio por antonomasia de la Realidad divina con todos Sus Atributos bellos y perfectos: A El pertenecen los Nombres Más Bellos y Perfectos. Le glorifica todo cuanto hay en los cielos y en la tierra, siendo El Poderosísimo, Sapientísimo (59:24). Allah es un sustantivo invariable, no tiene plural ni género, aunque se le atribuye el género masculino.

            Dicen otros versículos calificando a Allah: El es Allah, no hay Divino más que El, Conocedor de lo oculto y de lo manifiesto, el más Misericordioso, Misericordiosísimo (59:22). A Allah pertenecen los Nombres más bellos, invocadlo, pues, por ellos (7:180). Di [Profeta]: “Invocad a Allah, o invocad al más Misericordioso (Al-Rahmán), cualquiera de ellos que invoquéis, [por igual] Suyos son los Nombres más bellos” (17:110). El Nombre Allah simboliza, entonces, todos los Nombres bellos y perfectos de la Realidad divina, como lo testimonian estos tres versículos.

            Etimológicamente la palabra Allah procede del vocablo "Iláh", del cual se omite la primera letra "I", y se la permuta por el artículo árabe "Al", equivalente al artículo "el" del castellano (Al-(I)lah=Allah). Se le atribuyen dos raíces posibles en el idioma: Al(a)h(a), una de ellas, con el significado de “devocionar”, “adorar”, “prestar servidumbre”. Y u(a)l(a)h(a), la otra raíz, con el significado de “estar consternado”, “perplejo”. Ambas raíces reflejan la situación humana ante la Realidad divina, de sumisión y de perplejidad, porque Allah nos maravilla y sobrepuja en conocimiento, realidad, cualidades, vida, superioridad. Se dice “reposé (me sosegué, obtuve firmeza y seguridad) en fulano de tal” (Allahtu ila fulan), utilizando un verbo afín con la palabra Allah. Coincidentemente el Sagrado Corán expresa: Por cierto que con el recuerdo de Allah se sosiegan (reposan) los corazones (13:28). Pero la opinión más fuerte es que el término Allah no deriva de ninguna palabra del idioma, no tiene raíz en ninguna otra, es un nombre exclusivo, sin vínculos con otros términos de la lengua.

            Allah era un Nombre conocido entre los árabes idólatras anteriores al Islam, pues el Sagrado Corán les atribuye emplear ese Nombre para el Señor Supremo: Y si les preguntaras [Profeta a los idólatras]: “¿Quién os creó?”, seguramente dirían: “¡Allah!” (43:87).

TRADICIONES

SOBRE “EN EL NOMBRE DE ALLAH”

En la fuente imamita Al-`Uiún sobre Bismil-Láhir-Rahmanir-Rahím, en el Nombre de Allah, el más Misericordioso, Misericordiosísimo, se registra que el Imam Alí Al-Rida (P) expresó: “Significa ‘en Nombre de Mí Mismo’, con una traza de las de Allah que es la devoción (o servidumbre, al-‘ibádah)”. Se le preguntó: “¿Que es la traza (al-símah)?”. Respondió: “La marca” (T, I, p. 22).

            La marca o traza es el signo o señal, es decir la Presencia de Allah en cada cosa, porque cada una es una evidencia de Su Realidad, indica la Presencia divina. No hay nada que no presente una huella o marca de Allah, exaltado sea, todos los seres y las cosas son sólo indicios del Unico Real, porque El otorga realidad a todo. Bismil-Láhir-Rahmanir-Rahím hace presente a Allah, que nunca estuvo ausente, pues de estarlo las cosas desaparecerían. Pero no es sólo la Presencia divina en nuestro pensamiento, es la Realidad de Allah que intuimos en cada cosa. La tradición anterior utiliza la palabra “traza”, en árabe al-síma, “marca”, de la que también surge la palabra “nombre” (al-ism). El nombre es como “la marca” de los seres, como hoy la “marca” designa un producto.

            En tres fuentes imamitas, Al-Tahzíb, de parte del Imam Yá’far Al-Sádiq (P), y Al-`Uiún y Tafsír Al-Aiiashi, de parte de Alí Al-Rida (P), sobre Bismil-Láhir-Rahmanir-Rahím dice: “Está más cerca del Nombre Supremo de Allah que la pupila del ojo a su iris” (T, I, p. 22). La pupila es el punto oscuro del medio del ojo, que recibe la luz; el iris es todo lo que rodea a ese punto y que tiene un color. El Nombre Supremo de Allah es por tradición el Nombre Oculto, inmanifestado, el de mayor poder entre todos los Nombres de Allah, pero que se presenta simbólicamente en cierta palabra o frase del Sagrado Corán. Se dice que la frase Allahu la Ilaha Il-la Hua al-Háiiul-Qaiiúm, “Allah, no hay Divino sino El, Viviente Subsistente” (2:255), es el Nombre Supremo de Allah, también que lo es sólo la palabra Allah, o bien toda la frase Bismil-Láhir-Rahmanir-Rahím, etc..

            En una tradición de la fuente Al-`Uiún dice el Imam Alí (P): “Bismil-Láhir-Rahmanir-Rahím es parte de la Fátihah, y el Mensajero de Allah la recitaba y la contaba como un versículo de aquella, diciendo: ‘La apertura del Libro son las siete reiterativas’” (T, I, p. 22). El Profeta (BPDyC) llamó “siete reiterativas” a los siete versículo de la Fátihah, o bien se dice que llamó así a todo el Sagrado Corán, o sólo a Bismil-Láhir-Rahmanir-Rahím, como parece señalar esta tradición. También se afirma que las “siete reiterativas” es la expresión Al-Hamdu lil-Láhi Rábbil-`Alamín, la Alabanza (y las gracias) sea con Allah Señor de los seres, o sólo a Al-Hamdu lil-Láhi, como después veremos en otra tradición. Más bien debemos pensar que la expresión “siete reiterativas” indica con el número “siete” los dones incontables de Allah, y con “reiterativas” que el Sagrado Corán se reitera a sí mismo continuamente, y dice siempre lo mismo de maneras diferentes: Afirma solamente La Ilaha illa Allah, “no hay Divino más que Allah”, o bien Subhana Allah, “glorificado sea Allah”, o Al-Hamdu lil-Lah, o Allahu Akbar, “Allah es el Más Grande”, cuatro expresiones que en el fondo constituyen una sola cosa, la manifestación de la Realidad divina en todas las cosas.

            En Sahih Múslim, una fuente sunnita, de parte de Anas, se transmite que el Mensajero de Allah (BPDyC) expresó: “Me fue revelado antes [de este momento] un capítulo (sura), y recité a su inicio Bismil-Láhir-Rahmanir-Rahím” (T, I, p. 23). En el mismo sentido, en la fuente sunnita Abu Daúd, de parte de Ibn Abbás se registra: “El Mensajero de Allah (BP) no conocía la división de una sura [respecto de otra] hasta que le era revelado Bismil-Láhir-Rahmanir-Rahím” (Id., y MIK, I, p. 18). Es decir, no conocía la conclusión de una sura y el comienzo de otra hasta ese momento.

            En la fuente sunnita del autor Al-Darqátani, de parte de Abu Hurairah, se narra lo mismo que en la tradición anterior diciendo: “Cuando recitéis Al-Hamdu [la sura Al-Fátiha] recitad Bismil-Láhir-Ramanirr-Rahím, porque es la matriz del Corán (ummul-Qur`án), y las siete reiterativas (sab`ul-mazáni), y Bismil-Láhir-Rahmanir-Rahím es uno de sus versículos [los de la Fátihah]” (T, I, p. 22). “Matriz” es también “madre” (ummu), que respecto del Sagrado Corán significa su fuente.

            En Al-Jisál, una fuente imamita, el Imam Al-Sádiq (P) expresa: “¿Qué les pasa [a esta gente]?, ¡Allah los condene!: Se enfrentaron con el más grande versículo del Libro de Allah, y pretenden que expresarlo [en la recitación] es una innovación herética (bid`ah)” (Id.). En cierta época surgió la polémica sobre si recitar Bismil-Láhir-Rahmanir-Rahím durante el rezo, al introducir de cada nueva recitación del Sagrado Corán, era o no innovación herética, aunque esto último contradice tanto las tradiciones como la mera razón. Hoy esta polémica no exista entre los musulmanes.

            Sobre el mismo tema, de parte del Imam Muhammad Al-Baqir (P) se narra que dijo: “Substrajeron el más noble versículo del Libro de Allah Bismil-Láhir-Rahmanir-Rahím, pero se debe mencionarlo en la apertura de todo asunto mayor o menor para que sea bendecido” (T, I, p. 22). Es decir, ¿como es posible dejar de recitarlo en el rezo, si para todo asunto mayor o menor se lo debe decir a fin de que sea bendecido? Esto sería una contradicción.

            En cuatro fuentes imamitas, Al-Kafi, Al-Tauhíd, Al-Ma`áni, y Tafsír Al-Aiiashi, se reitera una misma tradición, de parte del Imam Ya’far Al-Sadiq (P), que dice: “¡Por Allah, Dios de toda cosa!: Al-Rahmán (el Más Misericordioso) es para toda la Creación (o las criaturas), Al-Rahím (Misericordiosísimo) es específico para los creyentes” (T, I, p. 23). Y en otra tradición del mismo Imam dice lo siguiente: “Al-Rahmán es un Nombre particular con una cualidad general, y Al-Rahím es un nombre general con una cualidad particular” (Id.). “Particular” es lo que se aplica a algo en especial, y “general” o “universal” es lo que comprende o abarca muchas cosas, o a todas ellas a la vez. El Más Misericordioso es un nombre particular porque posibilita la existencia de cualquier cosa, en cualquier plano creado, por ejemplo en el mundo en que vivimos, o en el mundo en que vive el resto de todos los seres del universo, a los que el Más Misericordioso les permite aparecer, pues es tan grande que comprende todas las cosas. Y su cualidad es general o universal porque no hace distingo entre bueno y malo, creyentes e impíos, alto y bajo, sublime o degradado, y da la existencia a todas las cosas, y a todo otorga misericordia, ser. Pero no predominará en el más allá, cuando Allah haga cesar la actual Creación, puesto que predomina en esta. En cambio Misericordiosísimo, Al-Rahím, es universal o general porque se manifiesta tanto en este plano como en el más allá por igual, pero su cualidad es particular o específica porque en el más allá distingue exclusivamente a los creyentes. La diferencia entre ambos es que Al-Rahmán significa el Gran Misericordioso, y Al-Rahím el intensamente Misericordioso. La intensidad de la Misericordia está dedicada a los creyentes, a quienes Allah otorga las mejores mercedes.

COMENTARIO: El Nombre Allah

En cuanto a la palabra Nombre, debemos mencionar algunos aspectos elementales de cualquier nombre: 1) Toda cosa conocida tiene un nombre; 2) El nombre designa a la cosa misma, no a una parte o aspecto de ella, como lo hace un atributo o cualidad (calificativo); 3) Toda cosa se identifica por su nombre, es decir se la piensa a ella y no a otra cuando se la designa o menciona; 4) Toda cosa es descripta por un nombre, y aun siendo un nombre de fantasía, cuando se lo evoca en la memoria se hacen presentes las particularidades de la cosa que ese nombre designa; 5) Toda cosa adquiere relevancia, o no, cuando se le atribuye un nombre, y según sea este, imaginamos las cosas unas superiores a otras; 6) A toda cosa que pasa a ser conocida se le otorga un nombre, con todas las características antes mencionadas.

            Los hombres suelen destacar unos nombres sobre otros, celebran algunos nombres (al designar a una persona, a un objeto natural, a un hecho, o a un fenómeno). Se apela a ciertos nombres para avalar o justificar la existencia de una cosa, o un descubrimiento, o un pensamiento, etc. Los padres nombran a sus hijos con sus propios nombres, o los de sus antepasados, para hacerlos perdurar en la memoria.

            En cuanto al Nombre de Allah, exaltado sea, es totalmente heterogéneo al resto de los nombres: Se dice Bismil-Láhi, en el Nombre de Allah, y se alude a El, pero que no se lo define en Sí Mismo, exaltado sea, así como una señal en un camino indica la meta, pero no la presenta en sí ante nosotros.

            En segundo lugar, la mención de Su Nombre no es igual a la mención del resto de los nombres, aunque no deja de referirse a algo real. Dijo el Imam Yá’far Al-Sádiq (P): “El es algo real distinto el resto de las cosas” (Al-Kafi, I, p. ...). El Nombre divino es distinto al del resto de todas las cosas, porque El es conocido de otro modo que ellas. El “es conocido de los corazones” antes de que los hombres vinieran a este mundo, como dice una tradición, sobre la base del versículo que expresa: Y he aquí que tu Señor tomó de la descendencia de Adán, de sus entrañas, a su prole, y les hizo testimoniar por sí mismos: “¿Es que acaso Yo no soy vuestro Señor?”. Respondieron: “Sí, por cierto” (7:172).

            Por otro lado, si bien toda cosa se identifica con un nombre, a Allah no se Le puede identificar lisa y llanamente con el Nombre Allah, porque este es un símbolo o indicio de Su Realidad, y no Le define, aunque Lo designa a El y a ningún otro. Entonces, si bien toda cosa es descripta en sus características por un nombre, ello no es así en cuanto a Allah.

            Además, si bien toda cosa adquiere relevancia, o no, cuando se le atribuye un nombre, esto es verdad sólo parcialmente en cuanto Allah, porque es cierto que Su Nombre es relevante por estar por encima de todo otro, pero no se Lo atribuimos nosotros, sino que El revela Sus propios Nombres y Atributos, sea Allah, como símbolo de Su Realidad, o cualquier otro que haya revelado en el Sagrado Corán. El no tiene parangón, iguales o semejantes, que nos permitan distinguirlo como superior en comparación a otros de su misma categoría, los que no existen. Esto implica que nosotros no forjamos “dioses” o nombres divinos, y si intentamos hacerlo, ello no tiene ningún valor, y es por el contrario nocivo para nosotros mismos. También, significa que el ser humano no “crea” las religiones, porque la Revelación divina y su contenido están por encima de su capacidad.

            Por fin, si bien a toda cosa que pasa a ser conocida se le otorga un nombre, que corresponde al tipo de conocimiento que tenemos de ella, que la describe en lo posible y le otorga relevancia en relación al resto de las cosas (existen designaciones típicas de cada rama del conocimiento), en cuanto a Allah Exaltado ello no es así. El conocimiento de El es gracias a la Revelación, y no a una ciencia creada por el hombre, y recién luego de la Revelación es posible razonar acerca de Su conocimiento, pero no antes. Si El no se revelara a Sí Mismo no Le conoceríamos, pues es imposible que por nuestra propia cuenta alcancemos conocimiento de Allah Exaltado: ¡Allah!, ¡No hay Divino sino El, Viviente, Subsistente! No le domina letargo ni sueño. Suyo es cuanto hay en los cielos y en la tierra. ¿Quién podrá interceder ante El [el Día de la Resurrección] si no tiene su Anuencia? Conoce su devenir [el de los hombres] y su pasado [aparte de su destino en este y en el otro mundo], pero ellos no comprenden nada de su Ciencia, excepto lo que El quiere. Su Escabel abarca los cielos y la tierra, pero no le fatiga cuidar de ambos, siendo El Elevadísimo [respecto de toda representación], Infinito (2:255).

            En conclusión, si bien un nombre cualquiera designa a la cosa misma, el Nombre de Allah Exaltado no Lo designa en Sí Mismo sino que es un símbolo o signo de Su Realidad. Pero por oposición a ello, todos Sus Nombres y Atributos le pertenecen a El, no siendo independientes ni de El en Sí Mismo, ni entre sí. Pertenecen al Sí Mismo sin ser el Sí Mismo en sí mismo.[7]

INTERPRETACIÓN

La Alabanza sea con Allah Señor de los seres (1:2), Al-Hámdu, la Alabanza, es el elogio, la exaltación y el engrandecimiento de alguien o de algo. El artículo “la” indica la antonomasia, es decir que sólo a Allah se debe todo tipo de Alabanza. Muy frecuentemente la Alabanza aparece en el Sagrado Corán junto a la glorificación, pero ésta es todavía más amplia, más exaltada o intensa que aquella.

            Dijo el Profeta (BP): “No abarco Tu ponderación (el elogio y la Alabanza a Ti): Tú eres como Te elogias a Ti Mismo” (T, I, p. 20). Al alabar decimos tal o cual elogio, y no existe otra posibilidad de encomiar a alguien sin calificarlo. Pero toda calificación de Allah en Sí Mismo es imposible, pues sólo El la conoce, y únicamente podemos alabarlo repitiendo lo que El dice de Sí Mismo en la Revelación: Sus Nombres y Atributos como símbolos de Su Realidad.

            La Alabanza a Allah se vincula con la creación de las cosas y con su belleza, la armonía y perfección del universo. Además alabamos a Allah por Sus dones, por la salvación y el éxito espiritual, y por el triunfo sobre los opresores. También, la Alabanza es proferida por los bienaventurados el Día de la Resurrección, cuando reciben la recompensa del Paraíso.

            La Creación obliga a la Alabanza, que es también una forma de agradecimiento. Se dice Al-Hámdu lil-Lah, la Alabanza sea con Allah, cuando nuestro corazón se estremece contemplando la belleza y la sabiduría de todas las cosas creadas: Este [Allah] es el Conocedor de lo oculto y de lo manifiesto, Poderosísimo, Misericordiosísimo, Quien perfeccionó toda cosa que creó (22:7). Es decir, cada una en particular es perfecta en su propia constitución preestablecida, pero todavía mayor es la Belleza y Sabiduría del Creador, superior a la misma Creación. Se dice también la Alabanza sea con Allah cuando queremos agradecerle un don particular recibido, como la comida y la bebida, o el buen consejo. Y comúnmente la Alabanza va acompañada del agradecimiento Al-Hámdu lil-Láhi, uash-shúkru lil-Lah, “la Alabanza y el agradecimiento sean con Allah”, dirigidos tanto a Allah como al donante, cuando el don de Allah viene a través de los seres.

            Dice el Sagrado Corán sobre la salvación y el éxito, como también sobre el agradecimiento por los dones excepcionales: Y cuando tú [Noé] y los que están contigo se instalen en la barca, entonces di: “La Alabanza sea con Allah quien nos salvó de la gente inicua” (23:28). Esta es una invocación recomendada a los creyentes cuando triunfan sobre sus enemigos. Y Abraham (P) expresa por una gracia especial recibida: “La Alabanza sea con Allah, Quien ha pesar de mi ancianidad me agració con Ismael e Isaac” (27:93). Y de los que entran en la delicia del más allá, y exaltan la recompensa divina dice: Por cierto que a los que hayan creído y obrado bondades su Señor los guiará debido a su fe. Los ríos discurrirán debajo de ellos en los jardines de las delicia. Su invocación allí será: “¡Glorificado seas, Dios nuestro!”, y su saludo allí es: “¡Paz!”, y su última invocación: “Que la Alabanza sea con Allah, Señor de los seres” (10:9-10).

            La Alabanza alcanza su máxima intensidad cuando va acompañada de la glorificación, que exalta a Allah por encima de nuestro conocimiento y de nuestra capacidad de imaginarlo, e indica que es imposible agradecer suficientemente la Generosidad divina, pues ella supera todo cuanto podamos imaginar. Dice el Sagrado Corán: Los ángeles glorifican en Alabanza a su Señor (42:5); el trueno glorifica en Su Alabanza (13:13); no hay nada en absoluto que no glorifique en Su Alabanza (17:44). La glorificación es eximir a Allah de todo, como trascendente a todo, y precede a la Alabanza en estos tres versículos para exaltar a Allah más allá de la mente de los que Le alaban, y que éstos no crean que Le agradecen lo suficiente, ya que no pueden evaluar en detalle las mercedes divinas. Gozamos de bienes, como la vista y el oído, pero en el mismo momento en que los disfrutamos somos inconscientes que constituyen dones divinos incalculables. Allah nos otorga vida, bienes, conocimiento, potencia física, y todo don exquisito, ello sin mencionar los bienes ocultos y desconocidos que hay en nuestro propio ser, por lo que la Alabanza y el agradecimiento sean con Allah. Su merced es mucho más grande que nuestra capacidad de entender qué es lo que nos está dando, en el mismo momento en que lo gozamos, y nuestro agradecimiento resulta exiguo frente a los dones que El nos ofrece. Entonces Allah reveló Al-Hamdu lil-Láhi, la Alabanza y sea con Allah, como síntesis de todo agradecimiento.

            A Sus siervos elegidos, los Profetas, con ellos sea la Paz, Allah les concede poder para imponer su Mensaje, mediante la persuasión, como con los milagros o portentos. Dice de Moisés (P): Y dimos a Moisés un poder manifiesto [los milagros o portentos] (4:153); y reitera: Y he aquí que hemos enviado a Moisés con Nuestros Signos y un poder manifiesto (11:96). Di [Profeta]: "¡Dios mío, Poseedor del Poder [absoluto]!: ¡Tú otorgas el Poder a quien quieres, y arrebatas el Poder de quien quieres, enalteces a quien quieres, y humillas a quien quieres! En Tu Mano está el bien [todo], siendo Tú en verdad Omnipotente" (3:26). Al que Allah otorga el poder le concede señorío, es decir, superioridad sobre otros, que deben obedecerle y depender de él, como se debe obedecer y depender de los Profetas (P).

            Señor de los seres, Rábbil-`Alamín, indica que todas las cosas Le pertenecen en propiedad (al-milk), y que El las gobierna absolutamente para bien de ellas, sin restricción alguna de Su Poder (al-mulk). El Señorío de Allah no deja nada fuera de Su Poder, los hombres pueden desarrollar dominio, poder, gobierno, soberanía, pero limitadamente, mientras que Allah Exaltado domina todo sin restricción alguna. Preguntó Faraón: “¿Y qué es ‘el Señor de los seres’?” Respondió [Moisés]: “El Señor de los cielos y de la tierra y de lo que hay entre ambos, si es que vosotros tuvierais certidumbre” (26:23-24). Sólo se emplea al-Rabb, el Señor, exclusivamente para Allah, pero también se usa en árabe en conjunción con otra palabra para expresar “el dueño de casa” (rabbul-bait, rabbud-dar).

            Los dos términos anteriores, al-milk y al-mulk, se diferencian por una sola vocal, significando el primero “propiedad”, “posesión”, y el segundo “poder”, “soberanía”, “gobierno”, dos conceptos complementarios. Pero el Sagrado Corán no utiliza ambos términos sino que sólo menciona al-mulk, que a veces traducimos como “Reino”, término este en que ambos significados, “poder” y “posesión”, están presentes por igual. Faraón proclamó: “¡Pueblo!, ¿es que no me pertenece Egipto en propiedad [mulk, reino] y estos ríos circulan por debajo de mí [con la prosperidad]?... (43:51); y dice José (P), dando el mero sentido de “poder” que tiene la palabra mulk: ¡Señor mío!: Me has dado algún poder (mulk), y me enseñaste cierta interpretación de las narraciones [los sueños] (12:101). Y uniendo ambos sentidos en uno solo expresa el Sagrado Corán: ¡Bendito sea Quien en Su Mano tiene le Poder absoluto [y la posesión de todo, al-mulk], siendo El Omnipotente! (67:1).

            Allah delega fuerza y poder (mulk) en Sus siervos, y es gracias a esto que todas las cosas son creadas, pues de no tener ellas poder y fuerza no existirían. Por lo tanto Su Fuerza y Poder circula en todas las cosas, y las enlaza a todas unas con otras, como una red que las ordena y las armoniza a todas. Excepto que si el Poder y la Fuerza divinos, al igual que Su Justicia, se manifestaran en toda su plenitud, aniquilarían todo lo que existe. Es como si Su Fuerza, Poder y Justicia permanecieran en parte ocultos, y en parte manifiestos.

            Por el contrario, Su propiedad y posesión de todo nunca amenguan, no decrecen ni se ocultan, pues si El no se hiciera presente como Dueño de la realidad creada, todo desaparecería también. Su propiedad y posesión (milk) son equivalentes a Su Realidad y Presencia, que es imposible que se ausente un solo instante, mientras que Su Poder y gobierno (mulk) es equivalente a Su Justicia, que si se manifestara plenamente aniquilaría todo, pues no sería justo que nada aparte de El existiese, ya que ninguna cosa se sustenta por sí misma. Sobre Su Justicia dice, exaltado sea: Y si Allah castigara a la humanidad debido a las iniquidades de ésta, no dejaría sobre ella [la tierra o la existencia] ni a una bestia rastrera, sino que por el contrario los pospone hasta un término prefijado (16:61). Y sobre Su posesión de todo: Glorifica a Allah todo cuanto hay en los cielos y en la tierra, Suyo es el Reino [la propiedad de todo] y Suya la Alabanza (64:1).

            Seres, al-`alamín, en árabe es un plural de `álam, que significa “lo que es marcado por una matriz”, como las piezas que se fabrican, o por una señal, como la que se labra en un anillo, o la de un sello. Al-`alamín designa todo lo creado, sean géneros, especies, o individuos, porque todos son como marcas o signos de Allah. Suele el Sagrado Corán referirse con esa palabra especialmente a los hombres y a los yinn o genios. Dice: Por cierto que Allah prefirió a Adán, a Noé, a la Descendencia de Abraham y a la familia de Imran [Joaquín] sobre el resto de los seres (al-`alamín) (3:33). Y siendo el Sagrado Corán un mensaje para genios y hombres, afirma: Y él no es más que una Persuasión para los seres (68:52), es decir, tanto genios como hombres. Otro plural de la misma palabra es al-`auálim, “universos” o “mundos”, e indica los planos de todas las categorías de seres existentes en la Creación, cualquiera fuere su tipo.

TRADICIONES

SOBRE LA ALABANZA A ALLAH

Se narra en Mujtásar Ibn Kazír, de parte de Abu Sa`íd Ibn Al-Mu`al-lah, uno de los compañeros del Profeta (BPDyC), lo siguiente: “Estaba rezando, y el Mensajero de Allah me hizo llamar, pero yo no le respondí hasta terminar de rezar. Luego lo fui a ver y me preguntó: ‘¿Qué es lo que te impidió venir a mí?’ Respondí: ‘¡Mensajero de Allah!, estaba rezando...’. Dijo: ‘¿No es que Allah Exaltado expresa: ¡Los que habéis creído! Responded a Allah y al Mensajero cuando [éste] os convoca para lo que os vivifica [8:24]?’ Luego agregó: ‘Te enseñaré seguramente la más grande sura del Sagrado Corán, antes de que salgas de la mezquita’. Y me llevó de la mano [todo el tiempo], y cuando quiso salir de la mezquita le dije: ‘¡Mensajero de Allah!, tú dijiste que me enseñarías sin duda la más grande sura del Corán antes de salir de la mezquita...’. Respondió: ‘Si, es Al-hamdu lil-Láhi Rábbil-`Alamín, que son las siete reiterativas, y el Corán extraordinario que yo recibí’” (MIK, I, p. 15).

            Según esto, el segundo versículo de Al-Fátihah, Al-Hamdu lil-Láhi Rábbil-`Alamín, la Alabanza sea con Allah, Señor de los seres, es las siete reiterativas, a las que identifica también con todo el Sagrado Corán. Lo mismo vimos que dice de Bismil-Láhir-Rahmanir-Rahím, lo cual significa que esas frases constituyen esencialmente toda la Revelación, todas las bendiciones del Sagrado Corán y del Profeta (BPDyC) y sus enseñanzas, las bendiciones de la tierra y de toda la Creación. No son solamente simples frases que se aplican a algo en particular, sino que simbolizan la totalidad de todas las cosas. Por ello, cuando se recita la Fátihah en el rezo, es conveniente decir de corrido Bismil-Láhir- Rahmanir-Rahím, Al-Hamdu lil-Láhi Rábbil-`Alamín, sin interrupción entre ambas frases, porque las dos conciernen a un solo significado metafísico. Nunca se alcanzará nada sobre el Islam, ni la humanidad, ni la Creación, ni el conocimiento de Allah y el de nosotros mismos, si no comprendemos esas dos realidades.

            En una tradición del Profeta dice: “La mejor invocación es La Ilaha illal-Lah (no hay Divino más que Allah), y la mejor súplica es Al-Hamdu lil-Lah (La Alabanza sea con Allah)” (MIK, I, p. 21).

            En la fuente imamita Kashfu Al-Gúmmah (Desvelamiento de los asuntos abstrusos) del Imam Yá’far Al-Sádiq (P) se registra que narró: “A mi padre [el Imam Muhammad Al-Báqir (P)] se le perdió una mula y exclamó: ‘Si Allah me la devolviera yo le alabaría intensamente [en agradecimiento], con unas alabanzas que a El le complazcan’. Y no pasó mucho antes que la trajeran con su montura y sus bridas [sin faltarle nada], y cuando estuvo tranquilo, acomodó su vestimenta, elevó su cabeza hacia el cielo, y expresó: ‘La Alabanza sea con Allah (Al-Hamdu lil-Lah)’, sin agregar más nada. Luego dijo: ‘No omití ni pospuse nada, realicé todo tipo de alabanza a Allah, Poderoso y Majestuoso, porque no hay alabanza que no esté presente en ella [en esa expresión]’” (T, I, pp. 23-24). Al-Hamdu lil-Lah es por lo tanto la mayor Alabanza, la más completa a Allah Exaltado.

            En otra tradición dice: “Nunca agracia Allah a un siervo con una merced, que él diga [en agradecimiento]: La Alabanza sea con Allah, sin que El que haya otorgado [Allah] sea mejor [para el siervo] que lo que recibe” (MIK, I, p. 21).

            En Al-`Uiún, de parte de Alí (P), se dice que fue interrogado acerca de la interpretación del segundo versículo de Al-Fátihah, Al-Hamdu lil-Láhi Rábbil-`Alamín, La Alabanza sea con Allah Señor de los seres, y respondió: “Es que Allah da a conocer a Sus siervos sintéticamente algunos de Sus dones a ellos, porque éstos no son capaces de conocerlos todos en detalle, puesto que son más de los que pueden computar o saber. Entonces [Allah] dice: ‘¡Decid la Alabanza sea con Allah (Al-Hamdu lil-Lah) por lo que El nos da en merced!’” (T, I, p. 24).

            Ya dijimos sobre el agradecimiento a Allah que en realidad no se pueden agradecer exhaustivamente todos los bienes que recibimos de El, ni conocer todos los dones que existen en nosotros mismos, en nuestro cuerpo y mente, y en el soplo espiritual que Allah nos insufló, en la naturaleza con que El nos rodeó, y en todo el universo. Entonces, como no podemos detallar todo ello para agradecerlo, Allah nos revela una frase sintética, Al-Hamdu lil-Láhi Rábbil-Alamín, para que agradezcamos completamente.

            Narró el Profeta (BPDyC): “Uno de los siervos de Allah expresó: ‘¡Señor! ¡A Ti es la Alabanza como es debida a la majestad de Tu Rostro y a la grandeza de Tu Poder!’ Entonces a los dos ángeles [del registro] les fue dificultoso comprender como registrar ambas expresiones, y los dos ascendieron a lo de Allah y dijeron: ‘¡Señor!, hay un siervo que dijo algo que no comprendemos como registrarlo...’ Preguntó Allah –siendo que El sabía mejor lo que había dicho Su siervo-: ‘¿Qué dijo Mi siervo?’ Respondieron: ‘¡Señor!, dijo: ¡A Ti es la Alabanza como es debida a la majestad de Tu Rostro y a la grandeza de Tu Poder!’ Contestó Allah a ambos: ‘¡Registradla vosotros como dijo Mi siervo, hasta que él Me encuentre y Yo le recompense por ello’” (MIK, I, p. 21).

            Por último, dijo el Profeta (BPDyC): “¡Allahumma! A Ti es la Alabanza, y Tuyo es todo el Poder, en Tu Mano está el bien todo, y a Ti retorna todo asunto!” (Id.).

INTERPRETACIÓN

El Más Misericordioso, Misericordiosísimo, expresa dos aspectos de una misma realidad. Ambos constituyen dos Atributos superlativos, provenientes de la raíz árabe "ráhima", de la que derivan las palabras árabes "piedad", "misericordia", y los substantivos "matriz" (órgano femenino de la procreación), y "lazo de parentesco". Dice una tradición que Allah, exaltado sea, expresó: “Yo soy el Más Misericordioso (Al-Rahmán), creé la matriz femenina (al-rahm) y derivé para ella un nombre de Mi Nombre. Por lo que, al que mantiene el vínculo [de parentesco], Yo lo mantengo con él, y al que lo quiebra Yo lo rompo [me enemisto con él]” (MIK, I, p. 19).[8]

            El Más Misericordioso, Misericordiosísimo se repite dos veces, al comienzo de la sura y en el versículo tercero, para enfatizar la Misericordia divina, y Alabanza a Allah, exaltado sea, por parte de toda la Creación, a la que El llena de Misericordia y de Sabiduría: ¡Señor nuestro! ¡Tú abarcas todas las cosas de Misericordia y Conocimiento! (40:7).

            Sobre el Más Misericordioso expresa el Sagrado Corán: Di [Profeta]: “Invocad a Allah, o invocad al más Misericordioso (Al-Rahmán), cualquiera de ellos que invoquéis, [por igual] Suyos son los Nombres más bellos” (17:110). Es decir que ese Nombre es el más universal y completo después de la palabra Allah, y su mención equivale a la invocación de este último Nombre. Así, el Sagrado Corán convoca a la adoración del Único con el Nombre el Más Misericordioso, tanto como con el Nombre Allah: ¿Es que establecimos aparte del Más Misericordioso dioses para ser adorados? (43:45).

            El Más Misericordioso es una denominación exclusiva de Allah, exaltado sea, no es posible que nadie sea calificado así. Cuando un falsario llamado Musáilima surgió en la península árabe para competir con el Profeta (BPDyC), se hizo llamar “Rahmán Al-Iamámah”, por la región así denominada. Debido a esta pretensión se lo empezó a conocer como “Musáilima el mentiroso” (Musáilima al-kadhdháb). Mientras que por el contrario, Misericordiosísimo es atribuido por el Sagrado Corán al Profeta Muhammad (BPDyC), al decir con los creyentes compasivo, misericordiosísimo (9:128). Ambos atributos en conjunto, el más Misericordioso, Misericordiosísimo sólo designan a Allah.

            El Más Misericordioso es más amplio que Misericordiosísimo, pues indica la extensión de todos los seres que son cubiertos en este mundo por la Misericordia, sean creyentes o impíos, justos o inicuos, pues abarca todos los grados del ser, desde los más bajos hasta los más elevados. Opuestamente a ello, Misericordiosísimo indica la intensidad, firmeza y permanencia de la Misericordia, exclusiva de los que son introducidos en la Complacencia divina. Se dice: "¡El Más Misericordioso en el mundo y Misericordiosísimo en el más allá!", es decir, Allah en este mundo abarca con su Misericordia a benevolentes y malignos por igual, pero en el más allá sólo cubre con ella a los creyentes. Ambas expresiones juntas revelan la infinitud de la Misericordia divina, en este y en el otro mundo, para nosotros y para todos los seres sin excepción. Dice el Sagrado Corán: Y Mi Misericordia abarca todas las cosas, pero [sólo] la inscribiré en los que sean temerosos [de Mí] (7:156). Y dice: El Más Misericordioso (Al-Rahmán) se estableció sobre el Trono (20:5), es decir sobre toda la Realidad a ser creada, la comprendió, la compenetró, está presente en ella. El Trono es Su exaltación y Su autoridad, y es el símbolo de Muhammad (BPDyC). Mientras que sobre Misericordiosísimo dice: Y es Misericordiosísimo con los creyentes (33:43), es decir, es muy Misericordioso exclusivamente con estos.

            También el Conocimiento divino comprende todas las cosas, y con la Misericordia ambos son universales: ¡Señor nuestro, Tú abarcas todas las cosas de Misericordia y Conocimiento! (40:7). El Conocimiento divino abarca todo desde lo Oculto, y la Misericordia manifiesta todo como si las cosas fueran realmente autónomas, aunque sólo manifiesta lo que ya está presente en el Conocimiento. Y mientras que el Conocimiento divino da forma a todas las cosas, la Misericordia les otorga “substancia”, como si fuera la arcilla o el barro en manos del alfarero.

            La Misericordia divina resulta, entonces, una forma del Amor, pues ella manifiesta y crea las cosas como si fueran independientes y reales por sí mismas, cuando en realidad son absolutamente indigentes del Unico Real. Y ello sólo se produce por el Amor, que tiene su máxima expresión en la mejor criatura y primer manifestado, el Profeta Muhammad, el Mensajero de Allah (BPDyC), designado en el Sagrado Corán una Misericordia para los seres (21:107), siendo su apodo “el Amado de Allah”, pues por Amor a él Allah realizó todas las cosas.

            Soberano del Día del Juicio (1:4), Málik, Soberano, y Señor (1:2), Rabb (ya mencionado), son dos términos similares, excepto que Señor es más amplio, pues indica al Dueño de la realidad, Presente sin cesar en ella, Señor de todos los seres, a todos los que otorga fuerza y poder. Y es también Soberano del Día del Juicio, Máliki iaumid-din, Día en que se manifestará la plenitud de Su Soberanía (al-mulk) que ahora posterga. Aunque, como vimos, la plenitud de Su posesión o propiedad (milk) nunca mengua, es perpetua, y resulta imposible que se postergue, oculte o desaparezca por un solo instante.

            Esto no significa que antes del Día del Juicio El no posee el Poder absoluto. Su Poder nunca cesa ni decrece: A Allah pertenece el Poder absoluto (al-mulk) en los cielos y en la tierra, y en todo cuanto hay en ambos (5:120). Sólo que Su Soberanía total, Su imperio y Supremacía, se manifestará plenamente cuando imponga la Justicia, que ahora demora por Misericordia, y manifieste Su sentencia, ahora postergada y reservada para el Día Final. Ese Día no habrá poder alguno, de ninguna cosa, excepto sólo el Poder absoluto de Allah: ¿De quién es Hoy el Poder?: De Allah Unico, Irresistible (40:16). Ese Día el Poder verdadero será del Más Misericordioso (25:26). Nosotros por cierto heredaremos la tierra y a todos cuantos hay en ella, y hacia Nosotros será su retorno (19:40). Sin embargo, desde siempre ese Poder no deja de pertenecerle a El en todo momento, aunque posterga su ejercicio total hasta el Día del Juicio, o bien quizás hasta el del castigo de un pueblo, o quizás hasta el momento de la muerte del impío

            La palabra Málik, en Máliki iaumid-Din, Soberano del Día del Juicio, se escribe en árabe sin alargar la primera “a”, pero por tradición se pronuncia con alargue de esa letra. Muy pocas palabras en el Sagrado Corán se pronuncian diferente a como se escriben, pero es tradición del Profeta y los sabios que se alargue la primera vocal de ese término, originalmente corta.

TRADICIONES

SOBRE LA MISERICORDIA

Dice una tradición del Profeta (BPDyC): “Si el creyente supiera cuanto escarmiento hay en lo de Allah, no codiciaría de nadie su [lugar en el] Paraíso. Y si el impío supiera cuanta Misericordia hay en lo de Allah, nadie se decepcionaría de Su Misericordia” (MIK, I, p. 22). Es decir, que es suficiente cualquier lugar en el Paraíso, basta librarse del castigo.

SOBRE EL PODER Y SOBERANÍA DIVINOS

Se transmite esta tradición del Profeta (BPDyC): “Allah asirá la tierra y plegará el cielo en Su diestra, y luego proclamará: ‘Yo soy el Soberano, ¿dónde están los soberanos de la tierra, dónde están los poderosos, dónde están los soberbios?’” (MIK, I, p. 22).

INTERPRETACIÓN

Sólo a Ti adoramos, y a Ti solo imploramos ayuda (1:5). Con este versículo se produce una transición hacia el diálogo del siervo con su Señor, o bien al diálogo del Señor con Su siervo, bajo la forma de una súplica dirigida al Señor y enseñada por El mismo. El es Quien se dirige a Sí Mismo por nuestro intermedio.

            Se reitera dos veces la expresión sólo a Ti para enfatizar (con la primera) que sólo Allah es Divino, Unico, sin asociados a El, y (con la segunda) que sólo a El se debe implorar auxilio, pues es el Señor. El versículo menciona la adoración antes que el pedido de ayuda, porque debemos someternos a Allah sin idolatrías, observando Sus leyes en la naturaleza y en nuestro propio cuerpo, así como las de nuestra consciencia, para recién luego solicitar lo que verdaderamente requerimos. Sólo a Ti adoramos, es decir, nos sometemos a conocer a Allah y amarlo, y a Ti solo imploramos ayuda, reconocemos Su Señorío absoluto, que de Él dependemos totalmente, y a El recurrimos como siervos.

            Dice Allah Exaltado: Y sólo cree a los genios y a los hombres nada más que para que Me adoren (51:56): Es necesario indefectiblemente concebir rectamente a Allah sin caer en la idolatría. Luego vendrá la amistad con El, el diálogo, el ruego, la confidencia, el pedido de auxilio. Aunque no existe realmente una sucesión de pasos entre la adoración y el pedido de ayuda, son simultáneos, como en la súplica, que une a ambos a la vez. Excepto que es lógico que la adoración preceda al pedido, como la amistad al auxilio. Si recurrimos a Allah en la desesperación, olvidándonos de adorarle en el sosiego, entonces no se justifica Su auxilio: No se hastía el hombre [impío] de rogar el beneficio, y cuando adolece una desgracia está entonces decepcionado, desalentado. Y cuando le hacemos probar una misericordia de Nuestra parte, después de padecer un menoscabo, dice firmemente: “¡Esto es gracias a mí!”... Y cuando agraciamos al hombre, él rehusa [agradecer], y desdeña. Pero cuando sufre la aflicción se distingue por un extenso [e incesante] ruego (41:49-51). Y cuando el hombre adolece una adversidad Nos invoca, estando echado, o sentado, o parado. Pero cuando quitamos de él su daño, pasa de largo como si nunca Nos hubiese invocado por una aflicción que le hubiese aquejado (10:12). Aunque Allah asiste a todos los seres sin excepción, debido a Su Misericordia, pero sólo responde el pedido de Sus amigos, que tanto en el bienestar como en la aflicción Le adoran y ruegan[9]: Apresuráos así hacia una Indulgencia de vuestro Señor y un Jardín cuya dimensión es como la de los cielos y de la tierra predispuesto ya para los temerosos [de Allah], quienes ofrendan [de sus bienes] en la bonanza y en la penuria... (3:133-134).

            Adorar y percibir la servidumbre al Señor, y luego implorarle ayuda, van juntos, y uno aumenta con el otro. Excepto que hay quienes Le imploran en la desesperación, y otros tanto en la tranquilidad como en la dificultad, y los que ruegan solamente cuando están afligidos no adoran a Allah de verdad cuando están bien. Cuando al hombre le sucede una desgracia implora a su Señor, arrepentido de ello, y si Allah le otorga un don, olvida aquello que había implorado en el momento de la desgracia y atribuye a Allah substitutos, para desviarse de Su sendero (39:8). Pero solamente se alcanza la verdadera súplica cuando se adora de verdad, es decir se conoce y ama a Allah.

COMENTARIO: La súplica y la adoración

El pedido de ayuda es un acto de autoconocimiento, por el cual percibimos nuestro ser, sus falencias y sus necesidades, nuestros anhelos, objetivos y metas deseables, y gracias a ello procuramos superarnos, encomendándonos al Señor. El ruego nos permite conocer nuestro interior, y nos conecta con la acción correcta, reconocemos nuestra consciencia, nuestra moral, la necesidad y la obligación de respetar una ética entre todos los seres existentes, minerales, vegetales, animales, y humanos.

            La distinción entre la adoración, solo a Ti adoramos, y el pedido de ayuda, y a Ti solo pedimos ayuda, es como la que existe entre este mundo y el otro, o más bien entre el mundo de la manifestación y los planos de la Creación. La adoración simboliza nuestro estado de perfección en el mundo puro del Conocimiento divino, antes y después de la Creación. Y el pedido de ayuda es propio del plano de la Creación, donde se desarrollan las acciones, tiene lugar la prueba, y aparecen las necesidades, la contradicción, el esfuerzo espiritual, la consciencia, el anhelo de felicidad, la predestinación y la meta del más allá. En todo caso en las frases sólo a Ti adoramos y a Ti solo pedimos ayuda, la reiteración del sólo se debe a que tanto en el más allá como en este mundo dependemos absolutamente de Allah.

            La adoración es exaltar a Allah, contemplar Sus mercedes, agradecerlas, reconocer nuestro vínculo con El desde la preeternidad, cuando Allah, exaltado sea, nos sacó de la entraña de la prole de Adán y nos hizo ver su Realidad (7:72). Adorar es esencialmente conocer a Allah en la medida en que nos sea posible. Tiene entonces que ver con el conocimiento, la contemplación, y el agradecimiento, todos ellos actos intelectuales o teóricos. Mientras que la servidumbre o dependencia de Allah, y a Ti solo imploramos ayuda, representa la indigencia del siervo hacia su Señor. Dice el Sagrado Corán: Por cierto que todo cuanto hay en los cielos en la tierra nunca dejan de ser siervos del Más Misericordioso (19:93). Adorar implica acatar las condiciones que Allah determinó para nosotros en este mundo, aceptar la prueba, que tanto es para creyentes como para impíos, y reconocer que de Allah sólo procede el bien y de nosotros el daño contra nosotros mismos. Es enfrentarse con Satanás como enemigo: Por cierto que Satanás es vuestro enemigo, ¡tomadlo pues como enemigo! (35:6). Y cuando reconocemos que no tenemos poder por nuestra propia cuenta debemos implorar el auxilio del Poderosísimo, Señor de los Cielos y de la tierra. El Islam y la oración islámica son símbolos de esta sumisión o dependencia.

            Y mientras que la sumisión es contraria a la soberbia y al engrandecimiento de sí, no es incompatible con la idolatría, como cuando alguien se somete a un poder mundano en lugar de Allah. Podemos superar la propia ilusión de ser grandes y poderosos, pero quizás eso no nos dirija hacia Allah sino a idolatrar objetos o personas que creemos tienen poder, a pedir ayuda a esos extraños al Poder divino y someternos a ellos. Por eso la sumisión, la dependencia, el pedido de ayuda a un poder superior, deben estar sujetos a la verdadera adoración, al conocimiento correcto de la Realidad divina. Esto es el Tauhíd[10], en que la sumisión es consecuente con la Grandeza de Allah, con su Unidad, y su exaltación por encima de todas las cosas. ¿Cuánta gente se considera “creyente” por adorar piedras, estatuas, papel pintado, a los se someten y suplican, y los consideran superiores y poderosos, señores de ellos, declarándose sus siervos dependientes? Esta sumisión, que Allah nos libre de ella, es a Satanás el maldito, quien a través de la historia se ha manifestado así a muchos de sus servidores.

            Por eso debemos tener como principio de nuestro vínculo con Allah la verdadera adoración, que es conocer el Tauhíd, y confirmarlo con verdadera certidumbre y sumisión. Aunque hay una distinción entre auténticos creyentes y musulmanes o sometidos: Dicen los beduinos: Tenemos fe”. Di [Profeta]: “No tenéis ninguna fe, decid más bien ‘nos hemos sometido’, porque todavía la fe no ha entrado en vuestros corazones” (49:14), es decir no ha entrado el conocimiento, la verdadera concepción del Tauhíd.

TRADICIONES

SOBRE LA DEVOCIÓN

En Al-Kafi, de parte del Imam Yá’far Al-Sádiq, se registra: “La devoción es de tres especies: Hay una gente que adora a Allah por temor, y tal es la devoción de los siervos. Y otra gente que adora a Allah, bendito y exaltado, en procura de la recompensa [de este mundo y del otro], y tal es la devoción de los jornaleros. Y por fin, hay una gente que adora a Allah, Poderoso y Majestuoso, por amor, y tal es la devoción de los libres, la mejor de las devociones” (T, I, p. 37).

            En Náhyul-Balágah (El estilo de la sabia elocuencia) sobre el mismo tema dice: “Por cierto que hay una gente que adora a Allah por codicia, y esta es la adoración de los mercaderes. Y hay sin duda una gente que adora a Allah por miedo, y esta es la adoración de los esclavos. Y hay una gente que adora a Allah por agradecimiento, y esta es la adoración de los libres” (Id.). Y en otra versión, el Imam Yá’far Al-Sádiq (P) agrega, después de las dos primeras caracterizaciones (mercaderes y esclavos): “Pero yo Le adoro por amor, Poderoso y Majestuoso, y esta es la adoración de los nobles. Por cierto dice Allah: Y ellos [los creyentes] del pavor de ese Día [Final] estarán a seguro (27:89), y por Su dicho, Poderoso y Majestuoso: Di [Profeta]: “Si es que amáis a Allah, ¡seguidme!, Allah os amará” (3:31). Así pues, al que ame a Allah, Poderoso y Majestuoso, El le amará, y el que Allah ame entra entre los salvos. Y ésta es la categoría reservada [elegida] a la que sólo rozan los purificados” (T, I, pp. 37-38).

            Y dijo el Imam Yá´far Al-Sádiq (P): “Sólo a Ti adoramos y a Ti solo imploramos ayuda, significa, ‘no deseamos en cuanto a Ti a otro que Tú, ni te adoramos por sucedáneos ni substitutos, como te adoran quienes te desconocen, quienes de Ti están encubiertos’” (T, I, p. 38).

            En Tuhaf Al-‘Uqúl (Obsequio para los intelectos), de parte del Imam Yá’far Al-Sádiq dice (P): “Quien pretende adorar a través de un Atributo divino, no con la comprensión [de la Unidad suprema], se dirige hacia un ausente. Y quien pretenda adorar el Atributo y al portador del Atributo [Allah], anula el Tauhíd [la Unidad divina], porque el Atributo es diferente de Aquel que le es atribuido. Y quien pretenda agregar el Atributo al Atribuido, empequeñece al Grande. Y [en todos los casos] no han considerado a Allah en Su real dimensión [6:91]” (T, I, p. 38).

INTERPRETACIÓN

¡Guíanos por el Sendero Recto! (1:6) El tema principal de la sura Al-Fátihah es sin duda la Guía divina, mencionada aquí como el Sendero Recto. La Guía es creer y perseverar: Por la era, en verdad que el hombre está en la perdición, excepto los que creen, practican el bien, y se encomiendan mútuamente en la Verdad, y se encomiendan mútuamente en la paciencia (103). Creer es darse cuenta de la Realidad divina, y de nuestra pequeñez e incapacidad para comprenderla, para así moderar nuestra soberbia, y reconocernos siervos, dependientes en absoluto de Allah Exaltado. Perseverar es tener paciencia ante las dificultades, contradicciones, aflicciones, errores, enfermedades, daños de que somos objeto, ataques de Satanás el maldito, persecución, difamación, y por sobre todo ante el enfrentamiento con nuestro propio ego: Creer es aceptar la realidad y confirmarla, existir de verdad; tener paciencia es resistir la prueba del mundo. Ambas cosas conforman la Guía divina. 

            La Guía es la conducción que procede de Allah y tiende hacia la meta deseada, el autoconocimiento y el conocimiento del Señor. Se cita del Profeta (BPDyC), y también de Alí (P), lo siguiente: “El que se conoce a sí mismo conoce a su Señor” (T, VI, p. 169). Y también dijo Alí (P): “El que más se conoce a sí mismo es el que más conoce a su Señor”. (T, VI, p. 170). La Meta por sobre todas las cosas es Allah Mismo: Así pues a los que sean creyentes en Allah, y en El se resguarden, El... los guiará hacia Sí por un Sendero Recto (4:175). Este Sendero es un camino de ascensión: Allah eleva en jerarquías a los que son creyentes de entre vosotros, y a los que reciben el conocimiento (58:11). Y: Hacia El asciende la palabra buena, y al acto justo El lo eleva (35:10). La palabra buena, el conocimiento, asciende por sí mismo, pero el acto, la práctica, necesita quien la eleve. (En el versículo es ambiguo quién lo hace: Es posible que el conocimiento exalte a la práctica, o bien que Allah la exalte, por poca que sea, y la acreciente en lo de El, para bien del siervo). Esta distinción entre ambos aspectos, conocimiento y práctica, determina su jerarquía.

            Por fin, si bien Allah dice a Su Mensajero que éste no guía a quien quiere, y que Allah es el que guía hacia Sí al que El quiere, también dice que la Guía divina se concreta gracias al Profeta (BPDyC): Y por cierto que tu guías sin duda hacia un Sendero Recto (42:52). Y también dice que el creyente de los de la gente de Faraón, el único que se opuso a los detractores José (P), expresó: “¡Gente!, ¡seguidme que os guiaré por el Sendero de la rectitud! (40:38).

            El Sagrado Corán destaca el Sendero Recto, con el que Allah agracia a Sus siervos elegidos, como uno y único, al igual que Allah. Sendero es en árabe as-sirát, “camino” o “vía”, y el mismo significado tiene el término as-sabíl que aparece frecuentemente en el Sagrado Corán.[11] Pero usa exclusivamente sirát cada vez que menciona el Sendero Recto, y sabíl para el resto de las muchas sendas, tanto buenas como malas. Si estas últimas son buenas, entonces coinciden con el Sendero Recto, de lo contrario son sendas que nos dispersan y nos alejan de Allah, como sucede con la mayoría de ellas: Y [Allah os dicta] que: “Este es Mi Sendero Recto, ¡seguidlo, pues!”. Y no persigáis las sendas que os dispersarán de Su Sendero (6:153). Si tú [Profeta] acataras a la mayoría de los que hay en la tierra [idólatras] te desviarían del Sendero de Allah. Ellos no hacen más que seguir la conjetura, y no hacen más que falsificar (6:116). El Sendero Recto es la Guía de Allah, Su merced y Misericordia, y los múltiples otros senderos son desvíos de aquel.

            El significado etimológico de as-sirát, “sendero” es el de “tragarse totalmente una cosa”, por ejemplo, sorber algo en su totalidad. Y mustaqím, “recto”, es lo que funda, soporta o mantiene a otra cosa por encima de sí, como su base o fundamento, y es también lo que se sostiene a sí mismo, como la persona sobre sus piernas. Ambas palabras, siratul-mustaqím, el Sendero Recto, indican el camino evidente, que abarca o comprende todo el ser del que marcha por él, como si se lo asimilara totalmente, y además lo sostiene siendo su base y fundamento, gracias al cual se sustenta a sí mismo con seguridad, y satisface todas sus aspiraciones.

            Una característica del Sendero Recto es su firmeza, no cambia: Y no encontrarás en la práctica de Allah cambio alguno, y no encontrarás en la práctica de Allah ninguna mudanza (35:43). Constituye un pacto o método justo, con el cual Allah establece la prueba en el mundo: Este es para Mí un Sendero Recto [un método justo]. Por cierto que sobre Mis siervos [sinceros] tú [Satanás] no tendrás poder alguno, excepto [sobre] el que te siga de entre los descarriados (15:41-42).

            El Sendero Recto es el de la plenitud del alma, la buena Guía hacia Allah: Así pues a los que sean creyentes en Allah, y en El se resguarden, El los introducirá sin duda en una Misericordia de Su parte, y una merced, y los guiará hacia Sí por un Sendero Recto (4:175). A quien Allah quiere guiarlo le dilata su pecho para el Islam, y al que quiere descaminarlo hace de su pecho estrecho, oprimido, como si fuera a elevarse al cielo. Así es como Allah impone la degradación a quien no cree, y este es el Sendero Recto de tu Señor (6:125-126), es decir lo justo y pactado.

            Todos los caminos del bien están dentro del Sendero Recto, y se pueden considerar como aspectos diversos del mismo: El sendero de la devoción, el del conocimiento, el de la lucha por la Causa de Allah, el de la asistencia a la humanidad, el de la enseñanza, el de la curación, el de la construcción de objetos útiles, el de la investigación y el estudio, etc., y cada persona puede emprender alguno de esos senderos como lo más destacado de su vida. Pero el Sendero Recto por excelencia es el del conocimiento de Allah y de sí mismo: Y a los que se empeñan en Nosotros, los guiaremos sin duda por Nuestros Senderos, porque Allah está por cierto con los benevolentes (29:69). No dice “a los que se empeñen en la devoción” o en otro aspecto, sino “en Nosotros”, es decir en el conocimiento de Allah y de sí mismos. Aunque acá en lugar de mencionar el Sendero Recto se refiere a Nuestros Senderos, es decir todas las sendas de bien posibles, poniendo como condición que en ellas se procure el conocimiento de Allah y de sí mismo (se empeñan en Nosotros). Es decir, aún la bondad de cualquier sendero, bajo cualquiera de los modos posibles, no se logra si en última instancia no se procura a Allah y a la realidad de sí mismo.

            Por último, Allah siempre atribuye la pertenencia del Sendero Recto a El mismo, diciendo “Mi Sendero”, o “el Sendero de Allah”, o “el Sendero Recto de tu Señor”, o “Su Sendero”, excepto en Al-Fátihah: el Sendero de los que agraciaste. Por ejemplo: Y este es el Sendero Recto de tu Señor [el Sagrado Corán y el Islam, o bien la prueba en el mundo]: Hemos explicitado los Signos [en él] para gente que se persuade (6:126). Por el contrario: Los que desvían del Sendero de Allah y lo desean tortuoso, y niegan el Día Final (7:45). Se registra en ambos sectores del Islam que el Sendero Recto es un apelativo de Alí (P).

El Sendero de los que agraciaste, no el de los réprobos, ni el de los desviados (1:7), los primeros son los creyentes verdaderos, donde y cuando los hubo; los réprobos son los que traicionaron su destino de creyentes, después de haber recibido la Revelación y a los Profetas; los desviados son los que adhieren a la Revelación recibida por otros, pero ya alterada, a la que agregan además su propio desvío. Estos tres tipos de adherentes a la Revelación son ejemplificados especialmente por los adeptos a las tres religiones de la tradición abrahámica, musulmanes, judíos y cristianos, respectivamente. Dice de los que agraciaste: Realmente Allah ha gratificado a los creyentes cuando suscitó entre ellos un Mensajero de sí mismos para que les recite Sus Signos [los versículos del Sagrado Corán] los purifique [de falsas doctrinas y acciones] y les enseñe la Escritura y la Sabiduría [el Sagrado Corán y la Sunnah o práctica del Profeta], aún cuando anteriormente estaban sin duda en un error manifiesto (3:164). Como también dice: Hoy completé para vosotros vuestra Fe [y prácticas], y perfeccioné para vosotros Mi merced, y Me complazco en vosotros con el Islam como religión (5:3). Sobre los réprobos dice: Y les fue impuesta la degradación y la impotencia, y merecieron la maldición de Allah. Esto por cuanto eran impíos a los Signos de Allah, y asesinaban a los Profetas sin causa. Esto por cuanto fueron rebeldes y transgresores (2:61). Como también dice: Fueron maldecidos los que son impíos de los hijos de Israel por boca de David y de Jesús, hijo de María, tal es por cuanto se hubieron rebelado, y por haber sido transgresores (5:78). En cuanto a los desviados: Di [Profeta]: "¡Gente de la Escritura!: ¡No os propaséis en vuestras creencias más allá de la Verdad [divinizando a Jesús], ni sigáis los caprichos de una gente [los sacerdotes del pasado] que han errado anteriormente, y desviaron a muchos, y se han desviado [nuevamente] del camino correcto [al desmentir al Profeta]! (5: 77).

            El trato que dedica a los que agraciaste es del mismo nivel que el que dedica a los réprobos, como si ambos tuvieran mayor relevancia que los desviados. Estos últimos reciben una tradición ya desviada de su fuente, y la generalidad adhiere a ella sin grandes conocimientos, más bien por sentimientos y adhesión a la religión de sus padres. Luego, los más eruditos de entre ellos continuaron alterando la enseñanza, hasta llegar al punto de disolución actual. En cambio, los que agraciaste y los réprobos tienen fundado conocimiento de su tradición, a la que desean mantener inalterada tanto como les sea posible. Aunque los judíos en la actualidad parecen hacer prevalecer los ritos y la historia del pueblo por encima del conocimiento puro de la Revelación, transformando su religión sobre todo en una adhesión étnico-cultural. Incluso existen judíos “no-creyentes”, lo cual constituye una contradicción con el significado normal del judaísmo en el pasado.

TRADICIONES

SOBRE EL SENDERO RECTO

En Al-Ma’áni, una fuente imamita, de parte del Imam Yá’far Al-Sádiq (P), sobre ¡dirígenos por el Sendero Recto! se relata que dijo: “Significa: ‘¡Guíanos para aplicarnos al Sendero que conduce hacia el amor a Ti, y el que lleva a tu Paraíso, y el que impide que sigamos a nuestras pasiones y perezcamos, o que adoptemos nuestras opiniones y nos condenemos!” (T, I, p. 38).

            Y en la misma fuente se dice que Alí (P) expresó sobre aquel versículo: “Significa: ‘Perpetúa en nosotros tu Providencia y prosperidad, con la cual Te hemos obedecido en el pasado, para que Te podamos obedecer también en el porvenir de nuestra existencia’” (Id.).

            También Alí (P), según Al-Ma’ani, expresó: “El Sendero Recto en el mundo es lo que no cae en los excesos [extremos], está exento de defectos [cortedad], y es derecho. Y en el más allá es el Sendero de los creyentes hacia el Jardín paradisíaco” (T, I, p. 39).

            En la fuente Al-Ma’áni, sobre el mismo versículo, de parte del Imam Yá’far Al-Sádiq (P) se registra: “El Sendero Recto es el que conduce al Conocimiento de Allah. Son dos los Caminos, uno en el mundo y otro en el más allá. En cuanto al sendero en el mundo es el Imam, al cual es debido obedecer. El que lo conozca en el mundo, e imite su conducta, atravesará el sendero constituido por el puente sobre el Ardentísimo en el más allá. Pero los pies del que no lo conozca en el mundo resbalarán en el más allá, y caerá en el fuego del Ardentísimo” (T, I, p. 41).

            En la fuente Al-Ma’áni, sobre el mismo versículo, de parte del cuarto Imam Alí Zain Al-Abidin (P), se expresa: “No existe entre Allah y su prueba [o justificación: el Imam de cada época] velo alguno. Y Allah no tiene respecto de su prueba cortina. Nosotros somos las puertas de Allah, y somos el Sendero Recto. Somos el quicio de su Sabiduría, los intérpretes de su Revelación, los pilares de su Tauhíd (Unidad divina), y el lugar de Su secreto” (Id.).

            En la fuente Al-Faqíh se registra que dijo el Imam Yá’far Al-Sádiq (P): “Siratul-Mustaqim (el Sendero Recto) es Amir Al-Mu’minin (el Príncipe de los creyentes, ‘Alí –P-)” (T, I, p. 41).

            Según una fuente sunnita dijo Ibn ‘Abbas respecto de ¡dirígenos por el Sendero Recto!: “¡Comunidad de los adorantes!, decid: ‘¡Guíanos hacia el amor a Muhammad (BPDyC) y a la Descendencia de su Casa!’” (Id.).

            Según la fuente Al-Ma`áni ‘Alí (P) expresó: “Decid: ‘¡Dirígenos por el Sendero de los que has agraciado con la Providencia [prosperidad y felicidad], hacia Tu Din y Tu obediencia, no con la riqueza y la salud!’, porque [los que reciben esto] es posible que sean impíos o corruptos. Los primeros son de quienes dice Allah: Y al que obedezca a Allah y al Mensajero (Muhammad –BPCyD), éstos estarán con los que Allah ha agraciado: Profetas, veraces, mártires y justos, y ¡que buena compañía es la de aquellos! [4:29]” (T,I, p. 39).


Notas:

[1] Cada capítulo del Sagrado Corán se llama sura, y su plural castellanizado será de ahora en más “suras”. Esta palabra árabe significa literalmente “renglón de escritura”, o bien “escritura formada por renglones”.

[2] La oración islámica viene impuesta por el Sagrado Corán, y fue ejemplificada por la práctica del Profeta Muhammad (BPDyC). Se cumple por deber cinco veces al día, y la duración mínima de cada momento no sobrepasa los diez minutos como mucho. Tiene una expresión oral, cuyo fundamento es la sura o capítulo que comentamos, y un desarrollo motor (con movimientos físicos). Es tanto individual como colectiva, y no exige necesariamente un templo, pues es posible practicarla en el hogar, en lugares públicos libres, limpios y destinados a actividades voluntarias, además de las mezquitas (templos islámicos). Pueden agregarse optativamente otras oraciones a las prescritas, y es meritorio hacerlo. Ver sobre la oración los comentarios: “el respeto de la oración” en sura 2:238-239; “la periodicidad de la salah u oración” en 4:101-104; “la oración y el significado de la existencia” en 6:91. (En las citas de capítulos y versículos indicamos primero el número del capítulo, y luego separado por dos puntos el o los números de versículos).

[3] Esta sigla, que aparecerá junto al nombre del Profeta Muhammad, es la abreviatura de “la Bendición y la Paz sean con él, su Descendencia y compañeros fieles”, y se expresa en homenaje al Profeta tantas veces sea posible cuando se lo nombra, destacando con ello su categoría espiritual por encima de los seres comunes. Otras veces puede figurar más sintéticamente abreviado así (BP), “Bendición y Paz”, o aun (P), “Paz”, y estas dos últimas siglas también se mencionan con los nombres del resto de todos los Profetas y Mensajeros, como Abraham, Moisés y Jesús, por ejemplo. Cabe destacar que Muhammad es designado como Profeta tanto como Mensajero (en la interpretación de 2:124 se distingue entre ambas denominaciones, y respecto a los nombres del Profeta y sus categorías ver las tradiciones de 2:37).

[4] Nuestras fuentes son: Al-Mizán fi tafsír Al-Qur`án (La balanza justa en la exégesis del Sagrado Corán), Ed. Muassasat Matbuati Ismailian, tercera edición corregida y aumentada por el autor, Irán, 1973, en 20 tomos, cuyo autor fue el Imam Muhammad Husain Al-Tabatabá`i. La sigla con que citamos abreviadamente y entre paréntesis esta fuente es “T”, y a continuación se registran el tomo (en número romano), y la página (p.) o páginas (pp.) a que corresponde la cita. Consultamos también Mujtásar Ibn Kazír (Compendio de la exégesis de Ibn Kazír), Ed. Dar Al-Qurán Al-Karim, primera edición, Bairut, 1973, en tres tomos. Su autor se llamó Abul-Fidá` Ismaíl Ibn Kazír Al-Dimashqi, que vivió en el siglo octavo de la Hégira (XIV d.C.), y el resumen de la obra estuvo a cargo del sheij Muhammad Ali Al-Sabúni. Allí se registran numerosas tradiciones de fuentes sunnitas, siendo las principales de esas fuentes Al-Bujári, Múslim, Abu Daúd, Al-Nasá`i, Ibn Maya, Ahmad Ibn Hánbal, Al-Tirmidhi, Ibn Juzáimah, Ibn Habbán, Ibn Uáhab, Al-Hákim, entre las principales. La sigla con que citamos abreviadamente y entre paréntesis esta fuente es “MIK”, y a continuación lo mismo que para la anterior. Tratamos de que las tradiciones de ambas fuentes se encuentren en consonancia entre sí. También aceptamos tradiciones de otras fuentes conocidas y aceptadas por todas las escuelas, que no contradigan el Sagrado Corán, ni abiertamente a otras tradiciones confirmadas, ni contradigan el intelecto humano.

[5] Esta tradición se encuentra en Sahíh Muslim (Colección de tradiciones controladas por Muslim), tº l, p. 83, Ed. Matbu’át Muhammad Alí Yasím e hijos, El Cairo, sin fecha de edición.

[6] Mencionamos así la Realidad divina, a veces sin agregar “Exaltado”, y otras agregando una alabanza como “Poderoso y Majestuoso”, o “glorificado sea”, o “Bendito y Exaltado”, o “exaltado sea”.

[7] Sobre “el Nombre Supremo de Allah y el simbolismo”, consultar sura 5:116, el comentario respectivo.

[8] Esta tradición tiene excepciones, pues la impiedad no debe ser admitida, o más bien, la orden de adorar a otro que Allah, por parte de quien sea de los parientes, debe ser rechazada, y si se quiere imponer por la fuerza es razón para quebrar el vínculo de parentesco.

[9] Hay dones del Más Misericordioso, en el que participan todos los seres por igual, sin tener en cuenta su categoría espiritual y su adoración, como la vida, las potencias físicas, la fortuna, etc., y dones del Misericordiosísimo, como el conocimiento de sí y del Señor, el conocimiento del propio destino, la sabiduría en general, exclusivos de los amigos de Allah.

[10] Es la doctrina de la absoluta Unidad divina, que caracteriza al Islam. Al respecto ver en 3:7-9, 3:64-74, y 6:89-90, los comentarios respectivos.

[11] V. al respecto 6:161 y su interpretación
 

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