Número 211  //  19 de Mayo de 2003  //  18 Rabi Al-Awwal 1424 A.H.

 JUTBAS DE LOS CONVERSOS

Jutba sobre la duda del corazón

Por Hashim Ibrahim Cabrera



 

   
 


La jaula u’ala qata illah billahil’Alil’ Adim. Todo el poder Le pertenece a Allah, Altísimo, Inmenso, cuya Sabiduría compone la forma de una Recitación incomparable que nos ilumina. Subhana Allah, Alhamdulilah, Allahu Akbar.

Assalamu aleikun. Hoy no sentimos contentos de encontrarnos con los hadices del Profeta, ssala allahu aleihi wa salem, con las palabras de su sabiduría genuina. Nos encontramos en paz en la medina, en esta al munawwara que está allí donde se reúnen los corazones de los mu’minún, los que siguen sus pasos alumbradores.

“Subhana Allah y Alhamdulilah llenan el espacio entre el cielo y la tierra, el salat es luz, y la sádaka es una evidencia, la paciencia es luminosidad, y el Qur’án es un argumento en pro o en contra de ti. Cada uno empieza su día siendo vendedor de si mismo, liberándose o condenándose.”

(Cuarenta Hadices. Nº 23. Lo transmitió Muslim) 

También nos dice el profeta, la paz sea con él, que decir Alhamdulilah, Subhana Allah y Allahu akbar es sádaka. Sádaka que no es sino la evidencia de nuestra filiación espiritual, de la cualidad de nuestro lenguaje.

Relataron Abu'Adullah y an Numan Ibn Bashir, que Allah esté complacido con ambos:

“He oido a Rasullullah, sala aalahu aleihi wa salem, diciendo: ‘Ciertamente, lo halal es obvio y lo haram es obvio, y entre los dos hay asuntos dudosos acerca de los que mucha gente nada sabe. Quien se guarda de los asuntos dudosos se purifica en su din y en su honor, y quien cae en los asuntos dudosos, caerá en lo haram. Como el pastor que pasta alrededor de un prado vedado, acaba pastando en él. Por cierto, que todo rey tiene su vedado, ciertamente el vedado de Allah es lo haram, y ciertamente hay en el cuerpo un rincón de carne, que si está sano, sanará todo el cuerpo, y si se corrompe, se corromperá todo el cuerpo y, este lugar es el corazón’.”

(Cuarenta Hadices. Nº 6. Lo transmitieron al-Bujari y Muslim) 

Duda y certeza. Visión y recuerdo. ¿Cómo saber qué es lo correcto? ¿Cómo estar seguros de estar en el olvido? ¿Cómo se mide el estado de nuestros corazones?

“Relató Wabisah Ibn Ma'Bad, que Allah esté complacido con él, que el Profeta, sala Allahu aleihi wa salem,  dijo:

‘¿Vienes para preguntar sobre la virtud?.’ Dije ‘Si’. Dijo: ‘Consulta tu corazón, pues la virtud es aquello con lo que la persona se siente tranquila, y la maldad es aquello que se remueve dentro de la persona y vacila en el pecho, te opine la gente lo que te opine’.”

(Cuarenta Hadices. Nº 27. Hadiz aceptable; relatado en los Musnads de los Ahmad Ibn Hambal y al-Darimii) 

Duda y certeza. Visión y recuerdo. La sharía está impresa en nuestra fitrah. Nos adherimos a nuestras imágenes o nos abrimos a los signos. Palpitamos en medio de un pálpito mayor, un pálpito cósmico e inabarcable. La virtud consiste en vivir en armonía, en vivir con el mayor salam posible. Someternos no implica renunciar a nada real, más bien renunciamos a lo aparente, a las muecas que nos hace Shaytán tan endiabladamente estudiadas.

Si podemos hacerlo todo ¿Qué hemos de hacer? ¿Cómo podemos decidir? Tenemos un futuro magnífico ante nosotros, un pasado meritorio… ¿Qué es lo mejor que podemos hacer? ¿Qué os parece si nos volvemos?

En un relato, Abu Hurairah Abdurráhman Ibn Sajr,  que Allah esté complacido con él, dijo:

He oído a Rasullullah, sala allahu aleihi wa salem, decir: ‘Lo que os he vedado, evitadlo, y lo que os he ordenado, cumplidlo cuanto podáis, pues lo que acabó con vuestros predecesores fueron sus exageradas interrogaciones y los desacuerdos con sus profetas’.”

(Cuarenta Hadices. Nº 9. Lo transmitieron al-Bujari y Muslim) 

Vivir en la claridad de la certeza, en aquello que es halal sin ninguna duda, sin resquicios para la tensión, para el debate. Ninguna cancha para Shaytán. Así ese rincón de nuestro ser estará a salvo y todo nuestro ser completo latirá en el bien, en lo bueno, en el placer que tanto ansiamos por ser tawhid para nosotros. Alhamdulilah que quiere entregarnos limpios los tesoros de nuestra Sunna, la ciencia de la transmisión del hadiz, las palabras humanas que brotaron de la misma garganta que la revelación. Allah le colme de paz y de bendiciones.

En un relato Abu Mas'ud 'Uqbah Ibn 'Amr al-Ansari al-Badri, que Allah esté complacido con él dijo: Rasullullah, sala allahu aleihi wa salem, dijo:

‘Entre las palabras de la primera profecía que la gente obtuvo, están: ‘Si no sientes vergüenza, haz lo que quieras’.”

(Cuarenta Hadices. Nº 20. Lo transmitió al-Bujari) 

Sentimos vergüenza cuando nos sentimos desnudos ante Allah Subhana wa Ta’ala. Cuando sentimos vergüenza nos volvemos a Él, nos refugiamos en Su Rahma. Descubrimos el sentido de la revelación, el significado de los signos que nos enseñan a vivir. No nos avergonzamos cuando estamos viajando conscientemente, cuando sentimos el impulso que nos trasciende, que nos deshace completamente y nos mueve de aquí para allá como si fuésemos bebés que nada saben del mundo y sólo reconocen la teta que les alimenta y la sinfonía multiforme que envuelve y acompaña. Subhana Allah. Somos recién nacidos hambrientos de sustancia, de ser, de respirar y hasta de hablar, por ser humanos. Pero ahora estamos callados, escuchando las peroratas del jatib, del imam o de quien sea este empedernido charlatán que se siente agradecido a su Señor porque su locuacidad esté vertida en unos hermanos pacientes y distinguidos con certeza. Barakalawfiq, por no estar en una tómbola vendiendo papeletas.

Relató An-Nau-Was Ibn Sam'an, Allah esté complacido con él, que el nabí, sala allahu aleihi wa salem, dijo:

‘La virtud es buen carácter, y la maldad es lo que se remueve dentro de ti y no te gusta que la gente lo descubra’.”

(Cuarenta Hadices. Nº 27. Lo transmitió Muslim) 

Alhamdulilah que nos avergüenza la maldad, lo malo, lo que no queremos que nadie conozca de nosotros, lo peor porque está escondido compulsivamente, oculto entre los pliegues de nuestro cuerpo, en los entresijos de la musculatura, en los gestos de nuestra expresión facial y corporal. Pero somos humanos, tenemos inclinaciones, libido, pulsiones, pálpitos corporales y ritmos de todo tipo. Somos fantásticos, una creación inmejorable, pero nos falta incrementar lo esencial, el gusto por lo verdaderamente bueno, por aquello que nos sacia por completo, que nos hace sentirnos muy bien. Allah nos enseña, a través de Rasullullah, sala allahu aleihi wa salem, a desarrollar ese gusto por lo verdaderamente halal, por aquello de cuya naturaleza no albergamos duda ninguna.

Allahumma: ayúdanos a incrementar nuestro gusto por lo genuinamente bueno y halal.

Allahumma: danos paciencia y perseverancia en nuestro recuerdo.

Allahumma: Ayuda a la humanidad que te busca a encontrarTe en este mundo

Amin.
 

2.

Siempre nos estamos equivocando, cometiendo errores, volviéndonos unos a otros. Bajamos nuestra mirada avergonzados, llenos de taqua, alhamdulilah, y así nos hacemos mayores, así vamos creciendo en el desapego. Detrás de nuestra vergüenza hay un deseo de bien. Ese deseo de bien es lo halal que Allah ha decretado para nuestra vida luminosa, cuando decidimos vivir de acuerdo a nuestra fitrah. La razón nos estorba cuando nos cierra el camino, cuando establece la duda como método. Nuestro método no es precisamente la duda sino el sometimiento cierto a lo único, alhamdulilah, el sendero del medio que es un camino de certezas en medio de la duda. No adoramos la mente, no adoramos el cuerpo ni la creación. Sólo a Ti adoramos, Señor de nuestros momentos inviolables, revelador de nuestro decreto, hacedor de criaturas y situaciones, de ritmos que incluyen todos los números y las letras. Subhana Allah. Tú nos das el fanah cósmico de la visión de las estrellas en las noches de verano, Tú abres nuestras miradas abriendo primero nuestros corazones, y abres nuestros corazones de la mejor manera, mediante Tu Rahma y Tu Rahim, queriendo para nosotros lo mejor, enviándonos las luces más señeras.

Por eso son mayores y más pesados nuestro desagradecimiento, nuestra apatía, nuestra indolencia,  porque estamos siendo asistidos por una protección cierta, por un ‘aman seguro, porque Allah está haciendo de nosotros mu’minún, receptáculos vivos del Aliento del Rahmán, del pulso único.

“En un relato Anas, que Allah esté complacido con él, dijo: ‘He oído a Rasullullah, sala allahu aleihi wa salem, diciendo: ‘Allah l’Ali dijo: Oh hijo de Adam: siempre que me invocas y me ruegas te perdono lo que haces y no me importa. Oh hijo de Adam: aunque tus faltas alcanzasen lo más alto del cielo, si luego me pides perdón, te perdono. Oh hijo de Adam: aunque vinieses a Mí con errores del tamaño de la tierra y luego te presentases ante mí sin haberMe asociado nada, te daría por igual la magfira’.”

(Cuarenta Hadices. Nº 42. Lo relató At Tirmidi. Hadiz aceptable y correcto) 

Lo único que nos separa de Allah es el shirk. El shirk nos atenaza, nos acoraza y nos reduce a la nada incierta de las imágenes, los ecos, las asociaciones finitas y moribundas siempre. La enfermedad es ese shirk, esa forma que quiere obligarnos a vivir en ella en lugar de vivir en el vacío de Allah, que es la fuente de nuestra salud, la calma que necesita nuestra fitrah para reverdecer. Allah Subhana wa Ta’ala siempre nos acoge, siempre está esperándonos, deseoso de crearnos en Su luz, y no por ser un dios patético sino porque Su Hikma es Luz y Su Luz se hace a sí misma sobre la Luz. Nur ara Nur.

Allah extravía a quien Él quiere y conduce a quien Él quiere. Nosotros nos volvemos conscientemente a Él, y sólo a Él Le pedimos:

Allahumma: líbranos del shirk con Tu Sabiduría y con Tu Rahma

Allahumma: purifica la tierra con compasión.

Allahumma: purifica nuestros cuerpos con misericordia.

Allahumma: Tú sabes más. Enséñanos Tus du’a.

Amin.
 

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