Número 211  //  19 de Mayo de 2003  //  18 Rabi Al-Awwal 1424 A.H.

 INICIACIÓN AL ISLAM

Sobre los castigos corporales

Por Abdelkarim Osuna

 
A raíz de la respuesta dada en webislam
nº 210 sobre el hadiz de la apostasía, el mismo lector nos ha interrogado sobre los castigos corporales. Esta respuesta no pretende más que dar alguna noción sobre este complejo tema, que debería ser tratado en profundidad y con conocimiento de causa. Se trato de la respuesta de un creyente cualquiera, en ningún caso de un experto en jurisprudencia, ni siquiera de un sabio o un ‘ulema, sino de poner toda su capacidad y entendimiento en averiguar que es aquello que Al-lâh quiere para el hombre.
 

 

 

Bismil-lâhi ar-Rahmani ar-Rahîm

 

Di: “Ciertamente, Al-lâh no ordena actos abominables. ¿Vais a atribuir a Al-lâh algo de lo que no tenéis conocimiento?”. (Qur’án, surat 7, al-A’raf, ayats 26-28)

 

Estas aleyas se refieren a lo abominable de aplicar unas penas sin conocimiento de su contexto ni de su significado. A veces, si miramos bien, nos damos cuenta de que para respetar su significado hay que suprimir la letra (el sentido literal o aparente) y meditar los modos de logra aquello que Al-lâh se ha propuesto con cada uno de Sus Signos (aleyas coránicas).

 

Dicho esto, tengo que decir que este tema es de lo más complejo y polémico, y que puede tener muchas lecturas. Voy a tratar de contestarte con sentido común y sin caer en una respuesta monolítica, pues no pretendo más que servir a Al-lâh en la medida de mis capacidades limitadas. Tal vez puedas hacerte una idea de algunos de los problemas más serios que afectan a la ummah.

 

Para entender la razón práctica de los llamados hudud o castigos límite —corte de mano al ladrón, retaliación en caso de asesinato, azotes en caso de adulterio o de calumnia—, hay que situarse en tiempos del Profeta, que la paz sea con él, cuando fue revelado el Corán. La existencia de castigos corporales tiene que ver con una sociedad sin cárceles, sin tribunales, sin policía y sin aparato de Estado, que se sostiene unida por un pacto entre iguales. Este pacto, asimismo, descansa en la certeza de que todos los hombres son hermanos ante Al-lâh, y que las diferencias entre ellos son una misericordia y un motivo de encuentro, antes que un motivo de discordia.

 

Antes de eso, en la llamada época de la yahilía, cuando un miembro de una tribu asesinaba al de otra tribu, se producía una guerra civil. Las tribus estaban continuamente enfrentadas. Al establecer el límite (que es lo que significa el árabe hadd) de la retaliación (si había un muerto de un lado, un pariente de éste tenía derecho a matar al asesino), lo que se consiguió es poner freno a las matanzas indiscriminadas. También hay que recordar que el Corán nos dice, justo a continuación del talión: Y si le es perdonada al culpable una parte [de su culpa] por su hermano, esta [remisión] deberá cumplirse en forma honorable y la restitución a su prójimo se hará de buenas maneras. ¿Qué hará el musulmán? Tiene derecho al talión, pero existe la recomendación por parte de Al-lâh de que perdone. También añadir que en ningún caso es islámica la figura del verdugo, que el que tiene que matar al asesino es un miembro cercano de la familia. Esto solo es comprensible situándonos en los tiempos del Profeta, que la paz sea con él, en el medio hostil de la Arabia pre-islámica.

 

Una interpretación de la aleya del talión es la que nos proporciona Muhammad Asada, en El Mensaje del Qur’án:

 

“En cuanto al término qisás debe destacarse que —según todos los comentaristas clásicos— es casi sinónimo de musawa, o sea, "hacer algo igual a [otra cosa]": en este caso, hacer que el castigo sea igual (o adecuado) al crimen; significado este cuya mejor traducción es la de "la justa retribución" y no (como, erróneamente, ha sido traducido con frecuencia) la de "represalia". Dado que el Qur’an habla aquí de "casos de homicidio" (fi ’l‑qatla, lit., "en el asunto de los matados") en general, y tomando en consideración que esta expresión abarca todos los casos posibles de homicidio —asesinato premeditado, asesinato bajo provocación grave, homicidio sin premeditación, homicidio por accidente, etc.— resulta evidente que tomar una vida por otra vida (como implica el término "represalia") no se correspondería siempre con las exigencias de la equidad. (Esto se aclara, por ejemplo, en 4:92, donde se trata de la restitución legal por homicidio involuntario.) La frase dice literalmente, "el libre por el libre, el esclavo por el esclavo, la mujer por la mujer". Sin embargo, leída juntamente con la expresión "justa retribución" que se menciona en la primera frase, se ve inmediatamente que tal estipulación no puede —y no pretende— ser tomada en su sentido literal restrictivo: porque esto haría imposible su aplicación en muchos casos de homicidio, p.e., en el homicidio de un hombre libre por un esclavo, o el de una mujer por un hombre, o viceversa. Por tanto, tal estipulación debe ser considerada como un ejemplo de expresión elíptica (iyás) que tan a menudo se emplea en el Qur’an, y que tiene un único significado, a saber: "si un hombre libre ha cometido el crimen, el hombre libre debe ser castigado; si un esclavo ha cometido el crimen ...," etc. —en otras palabras, tomando en consideración la condición del culpable, él o ella (y, sólo, él o ella) deberá ser castigado en forma adecuada al crimen. Por esta razón, he traducido la frase por “el libre como libre, el esclavo como esclavo...,” etc.”

 

Hasta aquí Muhammad Asad, hasta aquí el talión: una lectura más abierta hace referencia a las correspondencias: es evidente que la pena debe equivaler a la trasgresión cometida para ser eficaz. Esta es una cuestión física, de energías. Es la Ley de la balanza(al-miçan), un principio cosmológico que sería largo de abordar ahora... lo demás es un sueño. Quisiera comentar que en Los delitos y las penas de Beccaria (clásico libro donde se aboga por el fin de los castigos corporales), se dice que la pena debe siempre ser “un poco” superior al delito…

 

En el caso del corte de mano por robo, hay que saber como ha sido establecido por la tradición jurídica: cuando se coge a alguien robando, lo primero es comprobar si ha recibido asistencia por parte del zakat (el pago obligatorio de todos los musulmanes para los necesitados). En caso de que el ladrón no tenga medio de subsistencia y pase hambre, no hay castigo, sino que el castigado es el responsable de repartir el zakat en la zona. Imagina sí esto fuera así hoy en día, imagina que los impuestos sirviesen para paliar el hambre de los necesitados, y el repartidor de impuestos tuviese la responsabilidad de que nadie pase hambre... En el caso de que al ladrón se le haya dado parte del zakat suficiente para cubrir sus necesidades, se considera que ha robado y se le amonesta. Sólo a la tercera vez se procedía al corte de la mano, y a partir de ese momento pasaba a ser mantenido por el zakat. Es absurdo obsesionarse en la aplicación literal de un ayat (cortar la mano) separado del contorno en el cual ese ayat tiene sentido (justicia social), con lo cual la ley se convierte en un instrumento de terror, y ya no de justicia.

 

Sobre la protección del matrimonio, y la pena de cien azotes en caso de adulterio. La palabra árabe para adulterio es zina, que tiene la connotación de traición. Quiere decir que el zina (castigado con cien azotes) es la ruptura de un pacto libremente establecido (no vale para los matrimonios a la fuerza) y que puede ser roto en cualquier momento (en el islam hay mucha facilidad para el divorcio, que viene seguido de la negociación por la pensión a la mujer si es el hombre quien divorcia). Según lo han establecido los juristas, la verificación del adulterio es prácticamente imposible. Se necesitan cuatro testigos presenciales, y que ninguno de ellos tenga relación (ni de amistad, ni comercial, ni familiar) con los acusados. Estos testigos tienen que ver el adulterio en acto, viendo el coito hasta el punto de que no se pueda pasar un hilo entre los presuntos adúlteros. Si se cumplen estos requisitos, existe la posibilidad de aplicar los cien azotes. Y aquí es donde se enlaza con los ochenta azotes en caso de calumnia, que no es sino una protección para que en una sociedad islámica no se metan los unos en las vidas de los otros. Ante todo se trata de defender el honor de las personas. Es casi imposible verificar el adulterio, y siendo así, es muy poco probable que se produzcan denuncias, con el miedo a los azotes por calumnia. El castigo de cien azotes por adulterio queda casi para los casos de escándalo público y como algo intimidatorio. En una sociedad islámica tradicional, no hay prácticamente castigos en caso de adulterio.

 

Sobre los azotes, hay que tener en cuenta de que clase de azotes se trata. No te imagines a Kirk Douglas siendo azotado cruelmente hasta la muerte, en una de esas películas americanas. Los azotes se daban con un látigo blando y corto, y el que los da debe tener el codo apoyado. Apoya tu brazo en la mesa y haz la prueba: no es mucha la fuerza que se puede realizar mediante esta clase de azotes. Nadie sufre extremadamente a causa de eso (lo que no quiere decir que no sea cruel o humillante: solo trato de explicar como funcionaba esto en una sociedad islámica "a la antigua"). Piensa que hoy en día a un hombre que meten en la cárcel lo condenan de por vida, que en la cárcel no recibe cien sino mil azotes (aunque no legalmente), allí corre la droga, es humillado y estigmatizado, etc. La aplicación de un castigo en el islam restituye completamente al hombre a su comunidad.

 

Una cosa debe quedar clara: los castigos corporales solo tiene sentido en una sociedad sin cárceles, en la cual todas las bases del islam han sido establecidas: educación y medicina gratuita para todo el mundo, zakat al alcance de todos, erradicación total de la pobreza, etc. Un hadiz de Muhámmad, que la paz sea con él, define una sociedad islámica como aquella en la cual nadie pasa hambre (hoy en día hablar de "países musulmanes" es insultante, según mi opinión). ¡Este hadiz sí es sahih (sano, verídico), en él vemos la rahma de Al-lâh hacia todos los seres humanos…! Aunque solo Al-lâh sabe.

 

Esto en relación con la historia, ahora vamos al presente. La Palabra revelada es susceptible de un número ilimitado de interpretaciones, y es capaz de adaptarse a todos los tiempos. En caso de no pensar así, estaríamos diciendo que hay que crear las condiciones idénticas a la comunidad e Medina... y esto es lo que parecen querer algunos fundamentalistas: devolvernos a la época anterior al islam. Pero el Corán no se reveló tan solo para los tiempos históricos del Profeta Muhámmad, que la paz sea con él, sino que cada pasaje requiere de una aplicación concreta, según las circunstancias. Separar la Palabra de Al-lâh del momento que nos toca vivir es perderla en la noche de los tiempos, convertirla en una pieza de arqueología. La mayoría de los movimientos reformistas piensan que es mucho más importante centrarse en los principios fundamentales y eternos de la shar’îa (ley revelada) que no en los aspectos literales.

 

Las interpretaciones que podemos hacer de los pasajes en que se mencionan los castigos corporales son muchas. Cuando nos referimos a la interpretación del Corán, hay que superar todas las trabas culturales y las limitaciones de nuestros egos, debemos tratar de abrir nuestros corazones hacia aquello que Al-lâh quiere de nosotros. Somos los receptores de la Palabra, de una revelación que no ha descendido para hacernos desgraciados. A modo de ejemplo, te presento una posible interpretación sobre el significado del corte de mano:

 

"En cuanto al ladrón y a la ladrona, cortadles la mano a ambos en retribución por lo que han hecho, como castigo disuasivo ordenado por Al-lâh: pues Al-lâh es poderoso, sabio." (Qur’án, surat 5, Al-Ma’ida, ayat 38)

 

Este ayat parece tener un sentido claro, unívoco. Pero su aplicación correcta dista de ser sencilla. En una época de carestía el segundo califa ‘Umar ibn al-Jattab prohibió la amputación de manos (hadd) a los ladrones, con el argumento de que la desesperación y la pobreza justifican (por lo menos parcialmente) el robo. La pregunta pertinente es: ¿cómo es posible aplicarle dicha pena a quien roba para saciar su hambre? En realidad ese supuesto ladrón está cumpliendo con el mandato de conservar la vida, por ser un don divino, tratando de satisfacer una necesidad dictada por la naturaleza. Si el gobernante musulmán se ve impotente para satisfacer el hambre de todos sus súbditos, no tiene derecho a aplicar este castigo, y eso es lo que ‘Umar ibn al-Jattab hizo, que Al-lâh esté complacido con él.

 

Eso nos hace pensar que los principios de la shar’îa no son únicamente literales, y su aplicación no es tan simple como coger a un niño de los suburbios que ha robado una manzana para ser castigado “según Al-lâh lo ordena”. En este caso estamos realizando una de esas aplicaciones falsas de la shar’îa contra la que el Qur’án nos ha prevenido:

 

"En verdad, hemos puesto [toda clase de] fuerzas shaytánicas cerca de aquellos que [realmente] no creen; y [por eso,] cuando cometen un acto deshonesto, suelen decir: “Hallamos que nuestros padres lo hacían,” y, “Al-lâh nos lo ha ordenado."

"Di: “Ciertamente, Al-lâh no ordena actos abominables. ¿Vais a atribuir a Al-lâh algo de lo que no tenéis conocimiento?”." (Qur’án, surat 7, al-A’raf, ayats 26-28)

 

Estas ayats se clarifican aquí: la aplicación de la ley despojada de su sentido es un acto abominable, equivalente al retorno a la época de la yahilia. Es aquí cuando nos damos cuenta de que el iytihâd (interpretación en materia de jurisprudencia) no es un capricho de juristas sino una obligación ineludible. Sin iytihâd no hay actualización de la shar’îa, sin actualización el islam queda como un imposible, como la mitología de una edad dorada irrepetible.

 

Continuando con nuestra argumentación en torno al hadd, y si recordamos el hadiz según el cual en una comunidad islámica no debe haber ni un sólo hombre que pase hambre, podemos concluir que el mandato coránico sobre la amputación de las manos no se refiere al que roba por necesidad sino al que roba por codicia o acumula tesoros mientras la población pasa hambre. En ese sentido recordamos el hadiz donde el Profeta Muhammad nos dice: “Al-lâh ha establecido las provisiones de los pobres en las haciendas de los ricos. Si existen hambrientos y desnudos, se debe a las transgresiones de los ricos.” (De Al Mustadraq, tomo I, pag. 509). Suele pasar que los defensores de la aplicación indiscriminada del corte de manos son estos mismos transgresores, que defienden su patrimonio robado a la comunidad mediante un falso literalismo, que deja el ayat eliminando el contexto y aquellos objetivos que le dan sentido.

 

Podemos llegar a la conclusión de que hoy en día el ayat de la amputación de la mano hace referencia más al robo encubierto (llamado de guante blanco) que no al tirón de un bolso. Es aquí cuando se puede comprender la afirmación de que “cortar las manos” significa “quitar la posibilidad operativa de...”. Este ayat estaría entonces en la dirección de la lucha islámica contra la usura (riba): se trata del esfuerzo por cortar los mecanismos que permiten la acumulación de capital en unas pocas manos, verdadera causa de la destrucción de la naturaleza y de la pobreza en el mundo. 

 

También es posible realizar una lectura actualizada de los demás huddud, pero esto nos llevaría mucho tiempo, y nos haría entrar en materia polémica. Baste esto por ahora.

 

Espero que esto te haya servido para situarte en este difícil tema, que despierta muchas susceptibilidades. Lo más importante, según creo, es presentar el sentido de la ley revelada como un todo: unos principios de hermandad universal y de justicia social que podrían aportar mucho a nuestro mundo, si realmente somos capaces de hacer el iytihâd, ese esfuerzo por preservar viva la Revelación en unos tiempos donde se está tratando de desarticularla. Esto es algo muy urgente en los llamados países de mayoría musulmana.

 

Por nuestra parte, como musulmanes occidentales, tenemos que esforzarnos por mostrar a nuestros conciudadanos que no somos unos seres irracionales que queremos volver a ningún hipotético pasado, y eso hay que hacerlo resaltando los valores universales de nuestra tradición: prohibición de la usura, libertad de conciencia, un concepto de la armonía social, de la integración del hombre en la naturaleza… Alhamdulil-lâh.
 

Pero solo Al-lâh sabe.
 

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