Número 211  //  19 de Mayo de 2003  //  18 Rabi Al-Awwal 1424 A.H.

 OPINIÓN

Golpe militar en Marruecos
¿Y si no hubo suicidas?

 

Por Samira Alami
Analista Política

 

 

Hace escasas semana, el 16 de marzo pasado, el Dr. Abdelkarim Jatib, una de las personalidades políticas más importantes y respetadas de Marruecos, pronunció ante unas 20.000 personas un discurso explosivo con ocasión de una manifestación sobre el estatuto de la mujer. En su discurso dijo textualmente: “La situación actual en Marruecos es extremadamente preocupante: algunos no quieren un Rey Emir de los Creyentes y están arrestando a jóvenes a los que acusan de Salafistas”. Entre estos, tenía sin duda en mente al imam Hasan El Kettani, hijo de su llorado amigo Ali El Kettani, y que tras haber sido arrestado por criticar el apoyo de Marruecos a la política estadounidense en el Próximo Oriente fue puesto rápidamente en libertad por órdenes de Palacio y vuelto a detener y encarcelar por “orden de más arriba” acusado de pertenecer a Al Qaida junto con un número indeterminado de jóvenes cuya cifra exacta se desconoce, pero que supera sin duda el centenar. Para el Dr. Jatib “los acontecimientos que vive el país recuerdan a otros Estados árabes, donde generales a sueldo de los servicios secretos americanos y sionistas han llevado a cabo golpes de Estado confiscando a continuación el conjunto de las libertades”. Para concluir diciendo. “Temo un golpe militar en Marruecos. Pongamos atención y estemos vigilantes”.

La denuncia de este líder político, uno de los pilares del Estado moderno marroquí fundado por Mohamed V y Hasan II, causó en su día bastante revuelo y puso al descubierto las contradicciones del régimen ante una situación política, social y económica sumamente delicada. Marruecos se enfrenta actualmente con problemas políticos, sociales y económicos de una envergadura tal que, todos sumados, pueden poner en peligro las mismas estructuras del Estado. La cuestión del Sáhara, el modelo de Estado y el papel que debe tener en él la monarquía y la religión, la vertebración cultural de la población de lengua bereber que constituye el 50% del total, la modernización de la legislación en lo tocante al estatuto personal de la mujer y la familia y la debilidad de la economía marroquí, entre otros expedientes, hacen que la situación interna sea de por sí altamente compleja. Si a eso se suma el interés de algunos, propios y extraños, por impedir un gobierno islamista previsto para las próximas elecciones, si no antes, se entiende el temor de Jatib ante ciertos acontecimientos.

Uno de los más significativos es el proyecto de Ley Antiterrorista, calco de la Patriot Act norteamericana, que se quiere aprobar en el Parlamento y que el partido de Jatib ve como el comienzo de un acoso en toda regla contra las libertades y en especial contra el movimiento islámico en su conjunto. Tras los atentados de Casablanca ya se han alzado voces entre la clase política marroquí que piden con urgencia la aprobación y aplicación de esa ley. Por su parte, todos los representantes del movimiento islamista en Marruecos se han aprestado a condenar los atentados de Casablanca, considerándolos contrarios a la religión islámica y a la razón humana. Así lo ha expresado Ahmed Raisuni y Azz Din Taufiq de la organización Al-Tauhid wa-l Islah, Fath Allah Arsalan de Justicia y Caridad, movimiento dirigido por el sheij Yasin, Mohammed Maruani del Movimiento para la Umma y Mustafa Mu’tasem de la organización Al Badil Al Hadarí así como la organización Nadi Al-Fikr Al-Islami, rechazando toda clase de violencia, ya sea esta “de origen individual, colectivo o estatal”.  Lo mismo que el propio Dr. Abdel Karim Jatib en un comunicado que publica el periódico Al-Tajdid, en el que no se menciona para nada la supuesta implicación de Al Qaida en estos atentados, desmarcándose por tanto de la versión oficiosa que circula ya por los medios de comunicación occidentales.

La factura de los atentados, con el empleo de granadas de mano en el caso del ataque a la Casa de España silenciado por la versión oficial distribuida por las Agencias de Prensa, hace pensar que nos encontramos ante algo distinto de lo que nos habían contado hasta la fecha. Las prisas de la policía marroquí y de los gobiernos occidentales por echar las culpas a la tan socorrida organización Al Qaida a los pocos minutos de cometerse los atentados alientan todas las sospechas.

Una vasta operación de detenciones ha comenzado en Marruecos como continuación a la que se había puesto en marcha meses atrás cuando se descubrió una supuesta célula de Al Qaida en Marruecos con aviesas intenciones contra barcos americanos e ingleses en el Estrecho de Gibraltar. En aquel momento, todo el mundo acusó a los servicios secretos marroquíes de urdir una chapuza para justificar después lo injustificable. Hasta el propio Idris Basri, antiguo ministro del Interior de Hasan II, hombre al que no le solía temblar el pulso cuando se trataba de defender por todos los medios los intereses del Estado, llegó a decir públicamente que había ahora menos libertades que en tiempos de su patrón.

Sea o no cierto, el caso es que Marruecos se enfrenta a una situación interna capaz de explicar los temores de algunos de sus dirigentes y de arrojar una luz nueva sobre los atentados del pasado viernes en Casablanca. El hecho de no haber atacado “intereses” norteamericanos pone de manifiesto el grado de precaución que han tomado los terroristas en no entrar en conflicto directo con los Estados Unidos. Respecto al uso de granadas en los distintos atentados en contra del camión cargado de explosivos al que nos tenía acostumbrado hasta ahora el infame Bin Laden, hace pensar que no sea tampoco cierta la versión de los comandos suicidas. Quince suicidas para cinco atentados tocan a tres suicidas por lugar atacado, incluido la puerta del cementerio judío en el que se supone que deben de haberse inmolado tres fanáticos terroristas para que le salgan las cuentas Ministerio del Interior marroquí.

A lo increíble de la versión oficial se une el examen de las fotografías que se conocen de los lugares de los atentados. Todo parece indicar que un solo comando pudo realizar los ataques desplazándose en coche por la zona y lanzando la carga de granadas en los lugares elegidos. El hecho de que el Ministerio del Interior achaque la responsabilidad al grupo terrorista Al-Sirat Al-Mustaqim confirma que la realidad es totalmente otra. Ni las mejores canteras de suicidas como Hamas o Yihad Islámica han logrado nunca reunir a tanto suicida en una acción terrorista. De creer al Ministro del interior marroquí nos encontraríamos ante una organización temible, fuertemente implantada y con una militancia muy numerosa, lo que justificaría un estado de excepción en el país.

Todo parece indicar que el Dr. Abdel Karim Jatib tenía sus sólidas razones para temer un golpe de timón en Marruecos.  Por eso, el llamamiento a cerrar filas en torno al Emir de los Creyentes adquiere un significado más profundo del que una lectura superficial le confiere. De ahí la responsabilidad del Rey en no defraudar al movimiento islámico y la madurez de este último en saber estar a la altura de los retos que la sociedad marroquí y la situación política internacional requieren. De este equilibrio dependerá el futuro de Marruecos, si quiere sobrevivir en el nuevo orden mundial que ha comenzado el 11 de septiembre del 2001.

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