Número 201  //  28 de Enero de 2003  //  Dhul-Qa`dah 25 1423 A.H.

 INICIACIÓN AL ISLAM

De la prohibición de hacer proselitismo

 


Hay muchas aleyas que pueden citarse para explicar lo mal visto que está entre los musulmanes el proselitismo:

“Y si tu Señor quisiera creerían todos los que están en la tierra. Acaso puedes tú obligar a los hombres a que sean creyentes? Ningún alma puede creer si no es con permiso de Al-lâh”. (Qur’án, 10, 99-100).

“Si Al-lâh hubiera querido habría hecho de vosotros una única comunidad. Sin embargo lo ha hecho así para poneros a prueba en lo que os ha dado”. (Qur’án 5, 48).

La prohibición de hacer proselitismo esta relacionada con el respeto del islam por todas las tradiciones y creencias. Hacer proselitismo implica un sentimiento de superioridad moral ajeno al islam. El verdadero creyente no siente tal cosa. Cuando el Mensajero de Al-lâh, paz y bendiciones, llegó a Medina, propagó la Palabra de Al-lâh, pero no trató de convertir ni a cristianos ni a judíos. Ellos ya tenían su dîn, establecido por Al-lâh. El Mensajero de Al-lâh, paz y bendiciones, pensó que la cercanía de otros creyentes sería una protección para la comunidad naciente. Si esto no fue así es a causa de la tergiversación del mensaje de Mûsa, paz y bendiciones, hecho por algunas de las tribus judías de Medina. De otro modo, el espíritu universalista que desprende la Torah hubiese despertado las simpatías de los judíos hacia los creyentes.

La prohibición de hacer proselitismo se extiende a los kufar y a los mushrikun, los politeístas. Nunca el Mensajero de Al-lâh, paz y bendiciones, combatió a nadie por ser ateo, infiel, pagano o politeísta. El combate por la causa de Al-lâh consiste en la defensa del islam, por el derecho de los creyentes a adorar al Único. En el Corán se nos dice que se ha prescrito para el musulmán el combate a los que asocian algo a Al-lâh, pero:

Pero se exceptúan—de entre aquellos que atribuyen divinidad a otros junto con Al-lâh— [a gentes] con las que vosotros [Oh creyentes] habéis hecho un pacto y que luego no han dejado de cumplir escrupulosamente sus obligaciones para con vosotros, ni han ayudado a nadie en contra vuestra: cumplid, pues, vuestro pacto con ellos hasta que concluya el plazo convenido con ellos. (Qur’án, sura 9, aya 4).

Y si alguno de aquellos que atribuyen divinidad a otros junto con Al-lâh busca tu protección, concédesela (Qur’án, sura 9, aya 6).

Si no hay hostilidad por la otra parte, el musulmán está obligado a respetar al otro, sea quien sea. El respeto a la libertad de conciencia en el islam es absoluto, y cualquier limitación en este sentido es aquello que denominamos kufur: la cerrazón y el deseo de borrar aquello que Al-lâh ha establecido.

La actitud ante el kufr está claramente establecida en el Corán Generoso. Por un lado se nos dice que debemos combatir en caso de que nos combata, hasta alcanzar un pacto. Una vez establecido el pacto, y en situaciones de no agresividad manifiesta, la aleya que establece la actitud obligatoria del musulmán es la surat 109, al-kafirun:

En el Nombre de Al-lâh, el Más Misericordioso, el Dispensador de Gracia:

Di: “¡Oh vosotros que negáis la verdad!

“Yo no adoro lo que vosotros adoráis,

ni vosotros adoráis lo que yo adoro.

“Y yo no adoraré lo que vosotros habéis adorado,

ni vosotros adoraréis lo que yo adoro.

“¡Para vosotros vuestra ley moral, y para mí la mía!”

Esta es la declaración más radical de “no injerencia y de dejar al otro con sus cosas que nos ha sido dada conocer. Cada uno tiene su camino, y mientras al musulmán no le entorpezcan en el suyo, no debe meterse en el del otro.

Los musulmanes debemos tener mucho cuidado en no confundir el proselitismo con el Dawa, el llamamiento hacia el islam. Según el primero, nosotros consideraríamos que los demás están condenados en caso de no practicar el islam, lo cual es incorrecto. El musulmán tiene como obligación el respetar los modos de vida con los cuales se encuentra, y se respeto implica un reconocimiento de sus valores trascendentes. Podemos criticar lo malo resaltando lo bueno, pero la convicción predominante debe ser el convencimiento de que todo tiene su origen en Al-lâh. Abominar de aquello que nos es desconocido implica una desconfianza hacia el Creador de los cielos y la tierra, ausencia de imán. Nuestra actitud ante lo desconocido, de entrada, debe incluir la certeza de que Al-lâh ha puesto en cada hombre una tendencia hacia la trascendencia, y esa tendencia debe necesariamente mostrarse en muchos aspectos de todas las sociedades que el hombre ha construido.

Solo aclarado esto nos situamos en la disposición para entender y realizar el Dawa.
 

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