Número 201  //  28 de Enero de 2003  //  Dhul-Qa`dah 25 1423 A.H.

 OPINIÓN

Las mujeres musulmanas a través de la prensa

http://www.pangea.org/~ariadna/comunic—samper.htm


El contenido de este documento es una síntesis de las noticias que a lo largo de los últimos doce meses han aparecido en la prensa relacionados con las mujeres musulmanas. Más que hacer un resumen, trata de poner de relieve los temas en torno a los cuales estas mujeres se convierten en noticia. Sin ánimo de exhaustividad, se han repasado las noticias publicadas desde mediados de 2001 hasta mediados de 2002 en diversos periódicos de ámbito nacional (El País, El Periódico, La Vanguardia, El Mundo…), abarcando un año que ha sido bastante prolífico en temas relacionados con el islam, los inmigrantes musulmanes en Europa, la situación en los países islámicos… que en muchas ocasiones han tomado a la mujer musulmana como centro de su interés.

La atención mediática responde por norma general al conflicto. Para ser noticia, el hecho que se relata debe ser mostrado de forma que despierte de algún modo la sorpresa del lector. Al mismo tiempo, no es noticia cualquier hecho que rompa con la rutina: desde una concepción que muchas veces trata al lector como sujeto que asimila información en vez de procesarla, los medios escogen a menudo el camino fácil para atraer su interés: la noticia se presenta de manera sensacionalista, polémica, escandalosa. Todo aquello que tiene que ver con nuestros temores o deseos, que choca con lo políticamente correcto, que puede ser presentado como amenaza, como causa de inseguridad, que prueba nuestros prejuicios, que nos alerta sobre posibles conflictos, desordenes o cambios, son elementos utilizados para movilizar la opinión de los lectores en torno a un tema.

Sin embargo, por la prematura caducidad de las noticias (normalmente la cobertura no más allá e dos o tres días), la información que se recaba de los medios acaba siendo inconclusa, anecdótica, pocas veces acabamos conociendo el desenlace de las historias que durante unos pocos días acapararan nuestra atención. Esto es consecuencia del propio funcionamiento intrínseco de los medios. La precipitación con que se desarrolla el trabajo periodístico, la importancia que se da a la inmediatez de la información más que a su elaboración, el continuo requerimiento de acaparar la atención pública, dan como resultado una amalgama de información descontextualizada.

Más que la veracidad de las noticias, son los criterios de selección de la información, los temas y anatemas que implícita o explícitamente existen, el interés y desinterés que prima sobre ciertas cuestiones, lo que hace de los medios transmisores de determinadas ideologías. En la prensa escrita, pero, encontramos también espacio y material para la reflexión y la crítica. Además de ser un medio que posibilita un desarrollo mucho mayor de las noticias, las colaboraciones de expertos o las secciones de opinión escritas por especialistas o ‘intelectuales’ reconocidos aportan puntos de vista y consideraciones que ofrecen al lector elementos de contextualización y comprensión omitidos en los apuntes noticiarios. Es por eso que hemos creído importante prestar una especial atención a los artículos de opinión en la elaboración de este documento.

En el caso de la mujer musulmana en España, la prensa suele presentarla relacionada con el fenómeno de la inmigración, ya que la visibilidad de los musulmanes en nuestro país ha ido de la mano de la llegada de inmigrantes marroquíes en las dos últimas décadas. La tradicional masculinización con la que ha venido tratándose el fenómeno inmigratorio choca con los datos que ponen de manifiesto que la inmigración marroquí es cada vez más femenina y autónoma. A pesar de estos datos, pervive en el imaginario colectivo el modelo tradicional de mujer dependiente y marginada, una imagen que distorsiona el perfil de mujer dinámica, con un alto nivel educativo y con proyectos migratorios independientes que busca su integración en el mercado laboral.

La mayoría de las noticias sobre inmigración recaban siempre en los elementos diferenciadores de los inmigrantes. Ellos son los ‘otros’, los que no forman parte del ‘nosotros’, elementos exógenos a la sociedad establecida. Estos ‘otros’ son objetivados por la prensa para ser presentados al escrutinio de la opinión del grupo mayoritario.

Al igual que en las noticias relacionadas con la inmigración masculina, las mujeres inmigrantes más visibilizadas por la prensa española son las marroquíes, seguidas a distancia por las subsaharianas. Las primeras relacionadas con el islam (destacando siempre aquello que tiene que ver con un islam integrista, con la situación de subordinación de las mujeres musulmanas o con todo aquello que vaya en contra de los derechos humanos), las segundas con la inmigración ilegal, la prostitución y las redes mafiosas, donde se incluye también a las llegadas de países de Europa del Este y a las latinoamericanas. El discurso periodístico entorno a la mujer inmigrada logra invisibilizar las verdaderas causas de la inmigración femenina y sus condiciones de vida y trabajo en nuestro país. En la mayoría de los casos, las tareas domésticas, el cuidado de niños o la recolección de fruta en el campo son las únicas posibilidades laborales que se les ofrece, sea cual sea su calificación profesional.

Más allá de los tópicos, la principal limitación en el tratamiento periodístico de la mujer musulmana es la imagen inmovilista y excesivamente culturalista que se da a todo lo que tenga que ver con el colectivo musulmán. Este colectivo está representado en el imaginario de los españoles principalmente por los marroquíes y es deudor de la historia de dominación y conflictos territoriales que han marcado durante siglos las relaciones entre España y Marruecos. Todo lo que venga a reafirmar la imagen negativa del colectivo marroquí se convierte en noticia bajo el epígrafe de “cultura musulmana”. Cualquier problemática o dificultad que sale a la luz se despacha atribuyéndolo a los rasgos culturales de un colectivo etiquetado como controvertido.

En cuanto a la mujer musulmana, los casos preferidos por la prensa han sido, casi exclusivamente durante el último año, los intentos de rapto por parte de padres o madres marroquíes para casar a sus hijas a cambio de una dote; niñas marroquíes que van al colegio con pañuelo —supuestamente por imposición paterna—; condenas de lapidación y casos de ablación —práctica atribuida erróneamente al islam. Todos estos temas han sido tratados desde una perspectiva eminentemente culturalista, dando a entender que son rasgos propios de la cultura islámica. Casi nada se dice sobre las prácticas, vivencias y creencias religiosas de las mujeres musulmanas, de su participación en el desarrollo del islam o de su visión de los problemas de las mujeres.

Esta dinámica se hace patente en los titulares y en las ilustraciones, cuya principal función es captar la atención del lector. Cuando se trata musulmanas, la foto de una mujer con velo se ha convertido en el icono que acompaña cualquier noticia que guarde una remota relación con ella. En cuanto a los titulares, “hiyab” (pañuelo, velo o chador), “ablación”, “lapidación”, “Alá”, “cultural”… se han convertido en palabras clave. La redacción posterior de la noticia admite una exposición más documentada y matizada que muchas veces tiene poco que ver con el título o la fotografía que le acompañan.

El tema de la ablación del clítoris ha sido, junto con el velo, uno de los temas estrella en las noticias sobre mujeres inmigrantes. Esta mutilación, que a veces se ha asociado con el islam, es una tradición de origen mucho más antiguo que se práctica en algunos países africanos como Egipto, Sudán, Somalia, Gambia, Senegal o Malí. No existe en el Corán ninguna mención a esta práctica, tan sólo una tradición de dudosa credibilidad según la cual el profeta Muhammad la habría aconsejado. Aún así, la pervivencia de tradiciones preislámicas como la ablación en países de mayoría musulmana — como Egipto o Sudán— hace que muchas de las mujeres víctimas de esta mutilación sean efectivamente musulmanas.

En España, el tema de la ablación se ha convertido en uno de los ejemplos más socorridos a la hora de replicar que el respeto a la cultura de los inmigrantes debe tener límites. No pocas veces la ablación se ha utilizado de forma un tanto demagógica para arremeter contra toda una cultura y desacreditar de plano las tesis multiculturalistas. No obstante, existen múltiples asociaciones de mujeres procedentes de países donde se practica la ablación dedicadas a la lucha contra esta práctica, tanto en sus países de origen como en los de emigración, incluido España. La ablación es en realidad un aspecto controvertido dentro de la propia cultura donde se aplica. El uso extensivo que se ha dado en las últimas décadas al concepto de ‘cultura’, según el cual toda tradición, costumbre o uso debería ser preservado por ser parte de una cultura, hace perder de vista muchas veces que las culturas son dinámicas, cambiantes por definición y rara vez son tan homogéneas como se las ve desde fuera.

La brutalidad que reviste esta práctica la ha hecho propicia a lograr acuerdos entre todos los partidos políticos para erradicarla. Varias noticias se han hecho eco de los compromisos que a nivel institucional se han trabando a lo largo del año en relación a la ablación. El 19 de junio de 2001 se aprobó en el Congreso de los Diputados por unanimidad una iniciativa destinada a controlar y condenar penalmente la ablación del clítoris en nuestro país. Esta iniciativa también definía la puesta en marcha de programas informativos, educativos y sanitarios destinados a prevenir la ablación (El País, 20/6/01). No se logró el consenso entre los partidos a la hora de decidir qué amparo legal se debía dar a las mujeres que abandonan sus países para escapar de este tipo de violencia. En este aspecto sólo se acordó una declaración de buena voluntad que se comprometía a ‘reforzar su protección’ (El País, 20/6/01). En Girona, con bastante población gambiana, surgía la iniciativa de editar un protocolo de actuación dirigido específicamente a médicos y educadores que contenga elementos para informar, prevenir, detectar y actuar ante casos de mutilación genital (El País, 22/11/01).

Los diversos acuerdos alcanzados ponían de relieve que la persecución legal no surtiría efecto si no va acompañada de medidas pedagógicas y sensibilizadoras hacia la población inmigrada, que muchas veces ni sabe que la práctica está prohibida ni creen estar haciendo un mal a sus hijas. Por otro lado, son muy pocos los casos de ablación que se practican dentro de España, la mayoría se realizan en el país de origen, con lo cual se trata de un delito difícilmente perseguible dentro de nuestro país. En este sentido, en junio de 2002 surgía la noticia de un juez que archivaba la ablación de cuatro hermanas gambianas por haber sido cometida en el extranjero, por extranjeros y sin que hubiera pruebas de que la planificación del delito comenzó en España. El juez se quedaba sin ninguna base desde la que acusar a los padres de las niñas ya que, por el momento, la ablación no es un delito que pueda perseguirse internacionalmente (La Vanguardia, 8/6/02; El País, 8/6/02).

Junto con la ablación, la polémica surgida entorno al uso del velo puso al descubierto el arraigo de los estereotipos que pesan sobre el colectivo musulmán en nuestra sociedad. Las primeras noticias sobre el caso fueron de lo más confusas: al hiyab se le llamaba chador, la niña iba totalmente cubierta… A medida que se esclarecía el asunto —una niña marroquí que es rechazada consecutivamente de dos escuelas por negarse a ir a clase sin hiyab— se indagaba también cómo habían reaccionado en otros lugares ante la misma situación. Se mencionaba el caso de Ceuta y Melilla, donde el uso de hiyab está totalmente asimilado, de Francia, donde a pesar de los conflictos iniciales el hiyab en las aulas ha acabado por ser aceptado, o de Gran bretaña, cuyo modelo pluralista de integración ha permitido desde el principio el uso del velo y también del turbante (El Periódico, 17/2/02 y 19/2/02; El País, 17/2/02). Fátima tampoco era, desde luego, la primera adolescente que se presentaba con pañuelo en un centro escolar de la península. En muchos otros institutos y colegios este uso simplemente se aceptó desde un principio sin que haya supuesto ninguna merma en la integración de quienes lo llevan —según comentaban los profesores interrogados (El País, 19/2/02; El Periódico, 19/2/02). Contra el uso del hiyab, la argumentación más extendida consistía en que, además de ser un símbolo de dominación masculina, perjudica la integración de las niñas que lo llevan por diferenciarlas del resto de los alumnos. Los defensores de su uso en las escuelas, mencionaban en cambio que, si se acepta que muchos adolescentes vayan a la escuela con piercings, tatuajes, el pelo naranja o enseñando el ombligo (ornamentos no exentos tampoco de simbología), no se podía prohibir que una niña vaya con un pañuelo en la cabeza.

La afluencia de ensayos de opinión sobre el tema fue abundante: Pilar Róala publicaba un artículo de opinión en el que arremetía contra las religiones y contra cualquier pañuelo, por ser, irremediablemente, signos de dominación sexista: “Por supuesto que durante estos días saldrán de debajo de las piedras todo tipo de mujeres hablando de la voluntariedad del velo, de su dignidad, etcétera, entre otras cosas porque la mujer, en lo islámico —como antes en lo católico —, generalmente sólo recupera la voz para justificar su sumisión (…) Ciertamente la niña es un símbolo. Pero lo es del éxito del dominio sexista por encima de la libertad” (El Periódico, 19/2/02). Aún más virulento se mostraban otros articulistas, como Francisco Umbral, en alarde chovinista de la cultura greco-latina (El Mundo, 18/2/02). Expertos en derecho constitucional advertían de que llevar o no la cabeza descubierta no es ningún derecho fundamental, mientras que sí lo es la libertad religiosa y la educación escolar: “confundir los usos imperantes patrios con los valores universales, humanistas y democráticos es de un etnocentrismo impresentable, como es pura ceremonia de la confusión equiparar el uso del velo al vejamen de la ablación genital” diría J.A. González Casanova en El País (27/2/02), en relación a las polémicas declaraciones del ministro de Trabajo, Juan Carlos Aparicio, que asoció el uso del velo con la ablación.

La resonancia pública que adquirió el tema del pañuelo parecía indicar que la sociedad española necesitaba un debate sobre el tema al estilo del que tuvo Francia durante los años 80. Entre el 15 y el 20 de febrero de 2002, Fátima y su padre ocuparon gran parte del espacio de la prensa. ATIME (Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes en España), que ejerció durante esos días como principal representante del padre, intentaba explicar a la sociedad española que el significado que el pañuelo tiene para los y las musulmanas no tiene nada que ver con el que se le atribuye en occidente. Algunos periódicos se esforzaban, así mismo, por eliminar la confusión de términos y aclarar las diferencias existentes entre chador, burka, velo o hiyab (El Periódico, 17/2/02). En las entrevistas que concedió el padre, quedaba patente que para él y su familia, los verdaderos problemas habían sido poder alquilar un piso, reunir a la familia y salir adelante con el sueldo del padre. Para Fátima, la prioridad eran aprender castellano y poder seguir las clases (El País, 17/2/02). Sin embargo, este tipo de problemáticas recibieron y reciben una ridícula atención mediática y social comparadas con el tema del velo.

Entre los políticos hubo divisiones internas tanto entre la izquierda como entre la derecha, evidenciando que el tema del pañuelo había cogido a la clase política un tanto desprevenida. El consejero de educación, Carlos Mayor Oreja, zanjó finalmente la cuestión obligando al centro público a aceptar a la chica por considerar que su escolarización era prioritaria a cualquier otra consideración. Para la dirección del colegio público surgía otra cuestión de fondo: la directora del centro se preguntaba por qué las autoridades no exigen a las escuelas concertadas el mismo nivel de responsabilización que a las públicas en materia de inmigración e interculturalidad; es decir, por qué no se obligó a la escuela católica que primeramente rechazó a la niña a aceptarla de nuevo. (El Periódico, 19/2/02).

El caso del pañuelo se acompañaba de otras noticias referentes al acelerado aumento de hijos de inmigrantes en los centros de enseñanza españoles y las dificultades que conlleva la integración escolar (El País, 17/2/02; El Periódico, 17/2/02 y 19/2/02). Se destacaba así mismo la escasa presencia de niñas marroquíes en educación secundaria. De este modo, el alto índice de abandono escolar de las adolescentes marroquíes emergía como un problema asociado al tema del pañuelo y por extensión a una cuestión cultural. La encargada de temas educativos de ATIME declaraba ante los medios que “El problema de la falta de escolarización en la secundaria es que las familias no ven la escuela como posibilidad de promoción socioeconómica para la segunda generación, sino como fuente de conflictos” (El País, 16/2/02). Representantes de comunidades islámicas se esforzaban en negar la relación entre islam y la no escolarización: “La educación es un principio básico del islam” decía Qamar Fazal, portavoz de la Comunidad Islámica Ahmedia. No se mencionaban, por el contrario, las muchas familias marroquíes para quienes el poder ofrecer una mejor educación a sus hijos e hijas ha contado como una de las principales motivaciones para emigrar.

Miguel Pajares, responsable de políticas de integración social de los inmigrantes en CC.OO. de Catalunya, en un artículo publicado en El País (20/2/02), criticaba la perversión con que se había llevado el tema del velo. El autor ponía el acento en lo paradójico que resulta que nadie se altere mientras se aprueban medidas que excluyen cada vez más a la población inmigrada, ni tampoco nadie se inmute ante los continuos abusos que sufren en materia laboral, acceso a la vivienda, derechos legales etc… y de repente un pañuelo se convierta en el detonador de la inquietud social, mediática y política entorno a todo un colectivo. “Es en las condiciones legales y socio-laborales en las que se hallan los inmigrantes donde hay que buscar la clave de muchos de los problemas de integración y de convivencia que se están produciendo, incluso de aquellos relacionados directamente con el comportamiento de los inmigrantes” (…) “Al cargar sobre la cultura la responsabilidad del conflicto se escamotea la responsabilidad de quienes deberían estar haciendo unas políticas de inmigración muy distintas de las que hacen” (…) (Combatir la discriminación de las mujeres) “se hace con un trabajo educativo, ofreciendo instrumentos sociales a las mujeres y mejorando las condiciones socio—laborales (las de ellas y las de sus maridos)”. Y, en alusión a las últimas reformas en materia de ley de inmigración (el cierre del llamado régimen general para acceder al permiso de residencia) lamentaba que “cuando el Gobierno acaba de tomar esta grave medida, un pañuelo esté ocupando un lugar central en el debate sobre la inmigración”. Las representantes de las musulmanas españolas, uno de los grupos más combativos en la defensa de la normalización de la práctica del islam en España, denunciaron reiteradamente la ignorancia e intolerancia que persiste hacia el islam en este país (El País, 25/2/02). Por lo demás, sólo escasos artículos recogían opiniones de mujeres inmigrantes sobre el tema (El País, 8/3/02)

Al pañuelo le sucedió la denuncia de una marroquí de 15 años contra su madre por intentar ‘venderla’ en matrimonio a otro marroquí. Algunos medios destacaban las declaraciones de profesores del colegio que alababan las ‘ansias de libertad’ de la menor: “De un lado tenemos a una madre inculta, abandonada por su marido en Marruecos y aferrada a tradiciones casi medievales. Y en el otro lado está la niña, quien además de vestirse, maquillarse y peinarse como una occidental, había comprendido la grandeza de la libertad” eran las declaraciones del director del instituto del que era alumna la niña (El Periódico, 26/2/02). Según los representantes de centros de tutela de menores, estos casos son propios de familias rurales y pobres y a la influencia de ciertos imames. Más que una venta, de lo que se estaba hablando era de las dotes que tradicionalmente la familia del esposo da a la de la esposa. Por otra parte, casar a una hija sin su consentimiento está prohibido por la propia ley de Marruecos, aunque algunas familias aún lo ignoren. Una de las soluciones que propuso la Fiscalía de Menores, recogida por la prensa, fue obligar a las madres a asistir a cursos de derechos humanos — al igual que se propuso con el caso de la ablación — para sensibilizar a los padres de que amañar el matrimonio de las hijas es un atentado al derecho fundamental de libertad sexual (El País, 17/3/02).

A principios de marzo de 2002 se realizó en Córdoba el III Congreso de Mujeres Musulmanas. El congreso estaba organizado por musulmanas españolas (más conocidas como conversas) y la audiencia estuvo compuesta mayoritariamente por mujeres españolas, siendo escasa la presencia de inmigrantes. El congreso tuvo el mérito de ser un foro desde el cual las mujeres musulmanas se expresaron con voz propia y públicamente como mujeres que tienen mucho que decir sobre el islam que se configura en España. De hecho, tanto las musulmanas como los musulmanes españoles se han caracterizado por la intensa actividad organizativa, reivindicativa y de proyección que han llevado a cabo en la sociedad española. En las conferencias presentadas en el congreso, se hizo hincapié en la incomprensión, los prejuicios y estereotipos que recaen sobre las musulmana y que dificultan en gran medida el desarrollo del islam. Se destacaba además la defensa de la libre voluntariedad desde la que la mujer practica el islam y la compatibilidad del Corán con los derechos fundamentales, incluidos los de las mujeres. La discriminación laboral se destacaba como el principal inconveniente con el que topan las mujeres, sea cuál sea su religión. En cuanto a temas más espinosos, como la ley Sharia, las controversias dejaban entrever la heterogeneidad del colectivo (El País, 4/3/02).

En el corto espacio mediático que la prensa dedicó al congreso, afloraba más de una vez el ‘tic’ del pañuelo. Aunque esta fue una cuestión a la que se evitó dar protagonismo durante las conferencias por considerarla banal, podíamos leer titulares como “Las mujeres musulmanas reunidas en Córdoba defienden el derecho a llevar el velo” (La Vanguardia, 3/3/02). El País recogía una entrevista con las organizadoras donde se hacían expresas sus principales opiniones respecto a la situación de la mujer musulmana y se comentaban los temas que se debatieron durante el congreso (El País 3/3/02; 4/3/02).

A nivel internacional, a mediados de marzo de 2002, salió a la luz la condena a morir lapidada de una mujer nigeriana, Safiya Hussaini, que se habría quedado embarazada tras divorciarse de su anterior marido. El suceso permitió al resto del mundo acercarse durante unos días a la realidad de Nigeria, dividida entre musulmanes y cristianos, en pugna continua. La prensa se hacía eco de la campaña de Amnistía Internacional para recoger firmas en contra de la aplicación de esta condena. La brutalidad del castigo para esta mujer contrastaba de forma flagrante con la impunidad que recibía el exmarido. La condena encendía la alarma sobre la crueldad con que se aplica la ley islámica o Sharia en algunos países y que ultrajan en muchos casos los derechos humanos.

La aplicación de la ley islámica es una realidad muy compleja en la que se mezclan varios códigos jurídicos, leyes consuetudinarias propias de cada país y la discrecionalidad con que cada tribunal interpreta la ley. Dolors Bramón (profesora de estudios árabes e islámicos en la UB) explicaba esta complejidad en el artículo publicado en El Periódico (20/3/02). Ahí desmentía que este tipo de pena esté recogida en el Corán (100 latigazos para los dos coautores del adulterio es el castigo que se menciona en el libro sagrado). La lapidación se mantiene remitiéndose a una tradición según la cual hubo un fragmento del Corán, no incluido en la versión canónica, que exhortaba a los fieles a lapidar a quienes fornicaran. La sentencia anuló finalmente la condena porque el ‘delito’ fue cometido antes de la reimplantación de la ley en los estados musulmanes de Nigeria. Ese mismo día se conocía el caso de otra mujer nigeriana condenada también a ser lapidada por adulterio. Un caso muy similar al de Safiya, que sigue abierto tras varios aplazamientos (a julio de 2002) pero que está recibiendo mucho menos respaldo y seguimiento mediático. Han aparecido también, como meros apuntes noticiarios, otros casos de lapidación en Pakistán, Irán (El País, 3/6/02) o de nuevo en Nigeria (28/6/02), esta vez de un hombre.

Por último, el imam de Fuengirola fue noticia en relación a la publicación de su libro “La mujer en el islam” en el que describía cómo debía pegarse a las mujeres. Este imam fue denunciado por un centenar de asociaciones de mujeres, entre ellas las musulmanas españolas, que criticaban la adscripción de este imam a la órbita de Arabia Saudí y la pésima influencia que este tipo de imames ejerce sobre los musulmanes residentes en España (El País, 7/5/02). No es tanto la intencionalidad del libro como la ideología tradicionalista subyacente lo que escandaliza de su autor. Más que fomentar la violencia contra las mujeres, el autor definía los límites con que se debe de aplicar desde el apriorismo de que pegar a las mujeres es algo permitido por el Corán. El machismo dado por supuesto del autor rezuma a lo largo de los fragmentos del libro en que se basaban las acusaciones contra el imam. La FEERI (Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas), así como la Comisión Islámica de España emitieron un informe y declararon públicamente que se desmarcaban de las tesis de este imam y afirmaban que tanto el Corán como otros textos sagrados condenan explícitamente el maltrato a la mujer (El País, 24/4/02). El caso no dio lugar en la prensa a profundizar en las diversas posturas que existen entre los musulmanes, tanto hombres como mujeres, hacia cuestiones como la segregación y diferenciación de los roles de género, la autoridad masculina, el deber de obediencia de la esposa, sobre las corrientes teológicas que siguen los imames que predican en España o sobre cuál está siendo la participación femenina en la interpretación del islam que se hace en las mezquitas.

Un tema interesante al que casi no se le ha prestado atención — ni en la prensa ni el mundo académico— es el de los divorcios entre musulmanes inmigrantes en nuestro país y las leyes por las que se rige este proceso. La cuestión salió brevemente en la prensa a raíz de la petición del defensor del Pueblo, Enrique Múgica, quien solicitaba al ministro de Justicia que se modifique el Código Civil para que el divorcio de las inmigrantes se rija por las mismas normas que el de las españolas. De este modo, se impediría que sean válidas en España leyes de divorcio de otros países que son abiertamente discriminatorias para la mujer y que contradicen los principios constitucionales básicos sobre igualdad de género. El problema afecta especialmente a las marroquíes, debido a que el código personal del Mudawana que impera en Marruecos hace mucho más difícil para la mujer que para el hombre obtener el divorcio cuando así lo solicita. Mientras el hombre puede divorciarse unilateralmente, la mujer necesita el consentimiento del esposo o bien probar, a base de testigos y pruebas, que el hombre ha cometido faltas consideradas muy graves. La propuesta pretendía además acabar con la confusión existente en los juzgados españoles: por un lado, algunos jueces españoles se rigen por el artículo 107 del Código Civil, que exige que se aplique la ley nacional común a los conyugues, derivando por tanto el caso a los tribunales del país de origen. Otros jueces, en cambio, se rigen por el artículo 12.3 del mismo código, que dice que en ningún caso tendrá aplicación una ley extranjera cuando resulte contraria al orden público. Apelando al principio de igualdad manifiesto en la Constitución, así como a la Declaración de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y a la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer, se insta a que las leyes de divorcio discriminatorias para la mujer, como el caso de la Mudawana, dejen de ser definitivamente operativas en España (El País, 6/6/02).

Es necesario destacar también la publicación de algunas entrevistas a mujeres musulmanas implicadas en la defensa de los derechos en países islámicos (El Periódico, entrevista con la pakistaní Fuzia Saeed, 11/11/01), a mujeres que reivindican su musulmaneidad como algo dignificante (El Mundo, entrevista con Rukhsana Qamber 10/12/01), o a musulmanas españolas que luchan por normalizar su religión en nuestra sociedad (El Mundo, 21/1/02). En la medida en que se da voz propia a las mujeres musulmanas como sujetos perfectamente capaces de pensar y hablar sobre su propia situación y sobre su religión, se pueden ir rebatiendo los estereotipos que la reducen a una víctima resignada de su cultura.


Notas

1 En general, la relación establecida entre prostitución y redes mafiosas obvia el hecho de que no todas estas mujeres acaban en la prostitución como víctimas del tráfico sexual. Según declaraciones de un inspector de policía a El País (11/12/2000), para la mayor parte de las prostitutas " El verdadero chulo que las explota es la deuda que contraen en sus países para poder pagar el viaje.". La mayoría de las noticias sobre prostitución tienen que ver con operaciones policiales de desarticulación de mafias en las que son liberadas (en realidad, muchas veces, expulsadas) mujeres inmigrantes que fueron engañadas por las redes que actúan desde sus países —aunque la mayoría de los dueños de los locales que las emplean sean españoles.

2 Dolors Bramón (2001), Obertura al islam, Barcelona: Editorial Cruïlla.
 

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