Número 201  //  28 de Enero de 2003  //  Dhul-Qa`dah 25 1423 A.H.

 PORTADA

Crece el movimiento por la paz en EEUU

Por Yusuf Fernández


Una de las principales consecuencias políticas de la crisis de Iraq ha sido el nacimiento de un amplio movimiento por la paz en EEUU, que supera en muchas de sus características al que se opuso en los años sesenta y setenta a la Guerra de Vietnam. La oposición a una guerra contra Iraq se ha reforzado gracias a la  incorporación de numerosos grupos y personalidades de todo signo a un movimiento, que en el pasado había  estado compuesto esencialmente por organizaciones situadas a la izquierda del espectro político. Las movilizaciones del pasado 18 de enero fueron, en este sentido, las mayores habidas en EEUU desde el fin de la Guerra de Vietnam. Los organizadores escogieron esa fecha en homenaje a Martin Luther King, asesinado en 1968, uno de los principales líderes de la lucha contra la segregación racial en EEUU.

 

La coalición ANSWER (Respuesta), que convocó las manifestaciones, ha publicado una larga lista de asociaciones políticas, sociales y culturales que apoyan la campaña de movilizaciones en contra de la guerra de Iraq. La NAACP, la más antigua organización de lucha contra el racismo en EEUU, ha decidido también unirse a estas iniciativas, al igual que muchas otras organizaciones de tipo político, social, cultural y religioso. Como muestra del creciente rechazo a la guerra, hay que citar la numerosa asistencia a las manifestaciones del pasado 18 de enero celebradas en Washington DC, San Francisco y otras ciudades. En estas protestas participó una cantidad de personas mucho mayor que en las manifestaciones del pasado 26 de octubre, que contaron con la asistencia de unas 250.000. Se estima que el total de manifestantes que participó en las marchas del 18 de enero se encuentra entre medio millón y 800.000 personas.

 

Las protestas en EEUU han servido para romper el mito, creado por la prensa norteamericana, de que existe un consenso político generalizado y un apoyo masivo de la población a los planes de guerra de Bush. Hay que tener en cuenta en especial que la gran asistencia a las manifestaciones se produjo pese a que ninguno de los principales medios de comunicación informó previamente de su celebración. La disparidad entre las afirmaciones oficiales sobre la “popularidad” de las políticas de Bush y la realidad que ofrecen las manifestaciones masivas del pasado 18 de enero es una muestra más del profundo foso que separa a los principales medios de comunicación y el establishment político de EEUU de la gran masa del pueblo norteamericano. En San Francisco, entre 100.000 y 200.000 manifestantes recorrieron las principales arterias de la ciudad, partiendo de la Plaza Justin Herman hasta el Centro Cívico. Entre los oradores del acto estuvieron las congresistas demócratas Barbara Lee, de Oakland, y Lynn Woolsey, de Santa Rosa. Otras marchas tuvieron lugar en Seattle, Portland, Honolulu, Albuquerque, Des Moines, Ann Arbor, Lansing, Tampa y otras ciudades.

 

En Washington DC, la capital, se celebró la mayor manifestación por la paz de la historia, que reunió a medio millón de personas, pese a las bajísimas temperaturas. Los manifestantes se reunieron cerca del Monumento a los Caídos en Vietnam y luego desfilaron, rodeando la Casa Blanca, para volver al lugar de partida. Uno de los participantes declaró a un medio de comunicación norteamericano: “Básicamente, creo que la Administración Bush está actuando en base a unos intereses ocultos. Los inspectores comenzaron su trabajo el pasado enero y, con independencia de lo que encuentren y declaren, la Administración Bush quiere dar comienzo a una guerra”. Los manifestantes portaban carteles con la leyenda: “El eje del mal”, donde se habían pegado fotos del director del Defense Policy Board ¿el halcón pro Likud, Richard Perle?, del secretario adjunto de Defensa, Paul Wolfowitz, y de la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice. Otros carteles contenían inscripciones como “Ninguna sangre por el petróleo”, “No echéis bombas, echad a Bush”, “Dinero para el empleo y la educación, no para la guerra”, “Ariel Sharon, criminal de guerra” u otras similares. Poco antes de la manifestación en Washington DC, la policía manifestó que utilizaría video cámaras con el fin de “reforzar la seguridad pública”. Así, fueron instaladas 14 cámaras de televisión de circuito cerrado montadas en edificios y en un helicóptero que sobrevoló las áreas por donde iba a discurrir la manifestación. Muchos participantes denunciaron esta iniciativa como un intento de intimidación y una violación de los derechos democráticos. Cuando llegó el turno de los oradores, Ramsey Clark, antiguo fiscal general de EEUU, recibió una gran ovación de los manifestantes tras pedir el impeachment (destitución) del presidente Bush. “La Constitución dice que el presidente, el vicepresidente y los altos cargos de la Administración serán expulsados de sus cargos cuando cometan graves delitos”. “Lo que George W. Bush está haciendo ahora es una usurpación del poder anticonstitucional. Puede tratar a cualquier persona de la forma que a él le dé la gana. Ya no existen derechos civiles, ni libertades ni nada. ¿Ha cometido, Bush delitos que le hagan merecedor de una destitución? La respuesta es un  sí rotundo”. Entre los oradores se encontraban también los actores Mike Farell y Jessica Lange. Lange dijo en su discurso a la multitud: “Esta guerra que está empezando es inmoral y no podemos permanecer en silencio. Tenemos que ponernos en pie y decirle a Bush: ¡No! Nosotros somos el pueblo y tú no estás hablando por nosotros”. “Toda esta retórica de guerra ha servido como un excelente encubrimiento para atacar los derechos civiles, los derechos de las mujeres, la justicia social y la protección medioambiental. Tenemos que preguntarnos: ¿Qué más se atreverán a hacer todavía para silenciar la voz de la disidencia? Porque cada vez que nos adelantamos y hablamos, somos demonizados. No debemos aguantar más esto”, señaló Lange. Posteriormente, tomaron la palabra varios congresistas demócratas como John Conyers, Cynthia McKinney, Al Sharpton y Jesse Jackson. Jackson hizo un llamamiento para lanzar “una guerra contra la pobreza y no contra los pobres; una guerra realizada con las mentes y no con misiles, y con la negociación, en lugar de la confrontación”. Jackson pidió también a Bush que use la inteligencia y no la fuerza bruta para resolver el conflicto, y adopte iniciativas “para frenar el terrorismo y no para extenderlo”. Un movimiento heterogéneo

 

Entre los oradores hubo también varios antiguos combatientes de la Guerra de Vietnam como el escritor, Ron Kovic, cuya historia inspiró la película “Nacido el 4 de Julio”. Según Kovic, el movimiento contra la guerra en Iraq “es mayor que el que se formó en contra de la Guerra de Vietnam. En los años sesenta, la protesta contra la guerra procedía, sobre todo, de la izquierda radical y de una parte importante de la juventud, que se negaba a acudir a filas. El grueso de la sociedad norteamericana aprobaba, o al menos toleraba, la guerra, que era apoyada tanto por demócratas como por republicanos. La mayoría evolucionó posteriormente hacia una posición contraria a la guerra. En la actualidad, sin embargo, grupos de ideología liberal, hombres de negocios conservadores, y organizaciones sindicales y religiosas están sumándose al movimiento por distintos motivos”. Los jóvenes se han convertido también en un pilar fundamental del movimiento. “Hemos sido testigos de un increíble crecimiento en el número de jóvenes que se han convertido en políticamente activos, y que ni siquiera recuerdan la primera Guerra del Golfo porque sólo tenían 8 ó 9 años en aquel tiempo”, señala Kevin Martin, director ejecutivo de Peace Action, el mayor grupo anti guerra de EEUU, que afirma tener unos 85.000 afiliados y más de 100 sedes repartidas por todo el país.

 

En la actualidad, el planeamiento de las actividades y la logística son también mucho más sofisticados que en los años sesenta, y el reclutamiento y recaudación de fondos para las actividades son también más efectivos. En este sentido, Internet, con la masa de información de los websites y con la posibilidad de envíos de emails masivos, ha facilitado mucho el trabajo. Los teléfonos móviles también han resultado útiles. Todo ello ha ayudado a establecer un amplio calendario de movilizaciones con anterioridad a que la propia guerra se inicie y no tras un largo período de tiempo, como sucedió durante la Guerra de Vietnam. Al menos de momento, el movimiento por la paz parece haber influido ya lo suficiente como para, combinado por otros factores, mantener a EEUU dentro del marco de la ONU. Al igual que sucedió en los años sesenta, el movimiento contra la guerra ha sido muy activo en las universidades. Estudiantes de 60 universidades de todo país han creado una amplia coalición para coordinar las actividades en los campus. Asimismo, los consejos de gobierno locales de 38 municipios del país han aprobado resoluciones en contra de la guerra. Entre ellos cabe citar los de Chicago, San Francisco, Seattle, Filadelfia, Detroit y Baltimore. Hay que decir también que la presencia de asociaciones religiosas es muy significativa. La religión parece haber sustituido, en buena parte, al fenómeno de la contracultura que era predominante en este tipo de movimiento en los años sesenta.

 

La presencia musulmana en las marchas resulta muy significativa, al igual que la de los grupos cristianos. Ted Lewis, uno de los directores de Global Exchange, una organización pro derechos humanos radicada en San Francisco, señala, sin embargo, que, a diferencia de lo que ocurría en los años sesenta y setenta, la presencia de judíos norteamericanos ya no es significativa. “Para muchos judíos resulta ahora difícil venir a manifestarse con nosotros y unirse a un movimiento donde se critica con firmeza a Israel”, señala Lewis. Una excepción es la activista judía Emilie Rosenberg, de 39 años, miembro del Comité Americano de Servicio de los Amigos, que organiza y apoya acciones multiconfesionales. Rosenberg ha participado también en actos en contra de la ocupación israelí ante los campos de refugiados palestinos. Ella expresa ahora su temor a que “la guerra tenga lugar y destruya a toda una generación de iraquíes”. Cabe destacar también que numerosos activistas de la lucha en contra de la Guerra de Vietnam, algunos ya retirados, han participado también en estas marchas. Ellos se definen como “viejos revolucionarios” y cantan ahora, como hace treinta años, la vieja melodía de We Shall Overcome.

 

Otro componente del movimiento son antiguos veteranos que participaron en la Guerra del Golfo de 1991. Dos organizaciones formadas por este colectivo ?Veteranos por el Sentido Común y Familias de Militares que Hablan Claro? celebraron una conferencia de prensa en la que varios antiguos veteranos, que padecen el Síndrome de la Guerra del Golfo, llamaron la atención sobre las enfermedades que experimentaron en el campo de batalla debido al uranio empobrecido y a la presencia de materiales químicos. Steve Robinson, un sargento que sirvió en Iraq y que se ha convertido en experto sobre las enfermedades derivadas del Síndrome, dijo que la protección que se otorgaba a los soldados en el campo de batalla era “engañosa” y estos podrían quedar expuestos también en esta ocasión a enfermedades similares a las que padecieron los veteranos de 1991. Por su parte, Charles Sheehan Miles, cofundador de Veteranos por el Sentido Común, dijo que en esta ocasión la guerra sería más sangrienta para ambas partes y la propia población civil, ya que se combatiría en las ciudades. “Por otro lado, una guerra en Iraq servirá sólo para producir más terrorismo”, indicó.

 

La labor del movimiento contra la guerra ha empezado ya a tener un reflejo en las encuestas, que muestran, según los líderes del movimiento, que existe una situación mucho más igualada en la actualidad que la que hubo al principio de la Guerra de Vietnam, cuando la opinión pública norteamericana se mostraba casi unánimemente a favor de la intervención en aquel conflicto. La última encuesta del Washington Post muestra que en EEUU la proporción de personas que están a favor de la guerra es de un 50% frente a un 41% que se muestra en contra. Sin embargo, en el caso de una guerra lanzada unilateralmente por EEUU, sin el apoyo de la ONU, el apoyo disminuye hasta el 23%. La cifra de partidarios de la guerra ha ido además cayendo según van pasando las semanas.

 

Una semana antes de la jornada de manifestaciones masivas, se celebró otra en Los Angeles con idénticos fines. En dicha marcha intervinieron decenas de miles de personas de todas las capas sociales, incluyendo estudiantes, trabajadores sanitarios, inmigrantes y miembros de la clase media. Lo interesante de la marcha es que los trabajadores sanitarios unieron la protesta en contra de la guerra a su demanda en favor de una mejor calidad de la sanidad, pidiendo en este sentido que los más de 200.000 millones de dólares que, según los cálculos más optimistas, costaría una guerra contra Iraq sean destinados a la mejora de la calidad de vida de la población norteamericana. También hubo protestas por la detención y deportación de inmigrantes procedentes de Oriente Medio, que se han producido en los últimos meses en California y otros estados del país. Durante la manifestación se celebró un concierto de rock de los sesenta y una lectura de poesía, intercalada con discursos de varios oradores, entre ellos el actor Martin Sheen, la congresista Maxine Waters y otros.

 

Aparte de las manifestaciones, se han producido algunos actos de desobeciencia civil en contra de las sanciones de la ONU contra Iraq. Así por ejemplo, dos miembros de la organización Voices in the Wilderness (Voces en el Desierto) viajaron recientemente a Iraq para entregar un paquete con 250 kilos de medicinas. Pese a que esto está prohibido por el actual régimen de sanciones patrocinado por EEUU, los dos activistas fueron multados a su vuelta con una cantidad de 30.000 dólares por violar el régimen de las sanciones. Sin embargo, ellos han manifestado ya que se negarán a pagar tales multas. “No creo que sea un crimen entregar medicinas a gente que las necesita”, señaló Kathy Kelly, la presidenta de la organización. “Lo que nos repugna en la actualidad es dar el dinero al gobierno norteamericano”. Cabe recordar que, en la actualidad, las leyes de EEUU prohíben las exportaciones y otras transacciones dirigidas a Iraq, así como los viajes de ciudadanos estadounidenses a este país, con la sola excepción de los periodistas o los funcionarios del gobierno.
 

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