Número 196  //  17 de Diciembre de 2002  //  14 Shawal 1423 A.H.

 OPINIÓN

La identidad de la Mujer Musulmana

 Por Romina Forti
 Observatorio de Conflictos


Introducción

Sabemos que las identidades se construyen por oposición a otro y nuestro otro era el musulmán—árabe; hasta el final de la reconquista y el musulmán—turco en la construcción europea.

En el nuevo orden mundial, el campo de la política parece dirigido desde la definición, desde la naturaleza del estado y de los sistemas socioeconómicos y políticos, a intentar saldar el mejor negocio con el sistema existente. Esto refuerza la tendencia a formular demandas sobre la base de la identidad en lugar de hacerlo a partir de un programa bien definido que especifique los objetivos económicos y sociales. La formulación de demandas sobre la base de la identidad conduce a más marcadores de exclusividad, y más rígidos, que delimitan las fronteras entre la persona y aquellos que luego son definidos por el otro, que es visto cada vez más como un ser hostil.

Identidad, política y religión en el contexto de la mujer musulmana

Si bien la mayoría de las políticas de identidad se relacionan con lo étnico, en ciertas circunstancias, las líneas distintivas de lo étnico se definen siguiendo la línea de la religión, de manera que lo étnico y lo religioso se mezclan.

Es evidente que los ciudadanos del mundo no están tan preparados para renunciar a las identidades pequeñas con el fin de definir su identidad colectiva. Entre otras razones, es probable que el mundo sea una entidad demasiado impersonal para permitir a los individuos relacionarse con él de la misma manera que se relacionan con una comunidad más pequeña, que favorece una integración e identificación personal directa con sus miembros.

En materia de relaciones con las mujeres una diferencia cualitativa, definida por la presencia o ausencia del ISLAM, distingue y separa automáticamente a las mujeres de las comunidades islámicas, de las demás mujeres. Cuando se hace referencia a "las mujeres en el mundo musulmán", las mujeres en este mundo, que abarca muchos continentes, tampoco son entidades unidimensionales definidas exclusivamente por su sexo o su identidad religiosa, ni tampoco son víctimas silenciosas ni pasivas. Al contrario, al igual que en todas partes, las mujeres en las comunidades musulmanas son "protagonistas en toda regla, cargando con todas las contradicciones definidas por su posición de clase racial y étnica, además del genero".

Los componentes esenciales del patriarcado en una sociedad musulmana no son diferentes de los que encontramos en otras partes, y la subordinación de las mujeres se manifiesta en diversos niveles: en la estructura inmediata de la familia y el parentesco, en los proyectos de construcción del estado y en el plano de la elaboración de políticas internacionales. La subordinación es visible, independientemente de si la religión influye o no, puesto que políticas tales como los programas de ajuste estructural, no dejan de tener un impacto sesgado por el genero.

Las respuestas de las mujeres a sus realidades locales, determinadas por una red compleja de influencias, así como por sus estrategias de supervivencia en el mundo musulmán, son tan diversas como sus realidades.

Sin embargo, si bien es verdad que las estructuras patriarcales y las practicas discriminatorias correspondientes son similares dentro y fuera del mundo musulmán, también es verdad que a la religión, uno de los rasgos característicos de la definición que las personas dan de sí mismas y de sus culturas, influye en el perfil de las vidas de las mujeres y en sus posibilidades de autoafirmación. En gran parte del mundo musulmán, el ISLAM es una realidad cotidiana para la gente. Es parte integral de cómo se definen a sí mismos en la sociedad.

Hay otros dos puntos importantes que debemos recordar al reflexionar sobre las mujeres: la identidad y el mundo musulmán.

En primer lugar, casi sin excepción, las sociedades que conforman el "mundo musulmán" comparten una historia de colonización o de dominación y control hegemónico. La mayoría se convirtieron en estados nacionales y todas han tenido que enfrentarse a los desafíos planteados por la construcción del estado, que carga con las tareas de construir las estructuras socioeconómicas y sistemas culturales propios. Cuando los Estados de este tipo han adoptado políticas que, en lugar de promover el gobierno democrático y la igualdad de beneficios y oportunidades para las diferentes regiones y pueblos, han ampliado la brecha de la desigualdad entre regiones, localidades urbanas y rurales; cuando han discriminado a grupos específicos dentro del país, quienes detentan el poder han querido afirmar su propio control para acallar a la oposición, haciendo llamados a la identidad religiosa, regional o étnica.

Para las mujeres que suelen ser las depositarias de la cultura, el problema de la identidad es crucial. La manera en que se forma la identidad; quién la define; cómo las definiciones de genero se ajustan a las definiciones de la comunidad y de un YO colectivo y personal; las interrelaciones existentes entre las definiciones a nivel local, regional e internacional, son factores que tienen unas consecuencias directas para las mujeres que desean definir de otra manera sus vidas. La dinámica que subyace a las definiciones del YO, del género y de la colectividad, son relevantes en todas partes, puesto que toda sociedad tiene que lidiar con tres verdades, incontrovertibles e insoslayables: el nacimiento, la vida y la realidad de ambos sexos.

Si la cultura es una expresión de una identidad colectiva y si todas las sociedades tienen que tratar el problema del género, entonces las nuevas definiciones automáticamente requieren un reordenamiento de la cultura y la colectividad más amplia, independientemente de sí la sociedad en cuestión es dinámica o inactiva, antigua o contemporánea, atea o religiosa, musulmana o no musulmana.

Aunque la vida de las mujeres varía enormemente de un contexto musulmán a otro, está influida, en mayor o menor medida, por las leyes y costumbres establecidas o percibidas como islámicas o musulmanas. Como factor de control de las mujeres, las costumbres son tan poderosas como la propia ley. Las leyes específicas que rigen los asuntos personales y familiares perfilan los límites dentro de los cuales una mujer musulmana puede esperar definir su propia identidad. El espacio de la identidad para las mujeres se define como el de la "mujer musulmana".

En cuanto al debate político, en realidad son los partidos y grupos políticos quienes visualizaron un recurso en la utilización de un discurso religioso para expresar y movilizar el apoyo sus programas políticos. En este panorama es más que lamentable pensar que los problemas que se enfrentan las mujeres en las sociedades musulmanas son fenómenos derivados únicamente del Islam y de su identidad como musulmanas. Esta perspectiva impide tener una comprensión de las desigualdades estructurales y supera los esfuerzos de aquellos que luchan por un cambio en sus sociedades, que en ocasiones pagan con sus vidas, y más habitualmente con su libertad. Confunde a las diferentes fuerzas políticas y sociales que suelen estar en conflicto en los países o regiones en cuestión y, finalmente, pone a todos los musulmanes a la defensiva, neutralizando así el potencial del análisis crítico que conduce al crecimiento y al cambio. En términos globales, contrapone una religión a sistemas y estructuras y se entrega al juego de quienes pasan como representantes autoproclamados del Islam. Al respecto, Fátima Mernissi trata la relación entre las campañas a favor del velo en los ochenta y el terrorismo en los noventa, como formando parte de una estrategia política para silenciar a los ciudadanos y frenar el proceso democrático. Así, al obligar a la mujer a ponerse el velo, la población femenina se hizo invisible, volvió la esfera doméstica y dejó de participar en la vida publica. Fue una manera de advertir a las mujeres que no había lugar para ellas en la esfera pública que, de hecho, estaba vedada a la de la población. En segundo lugar, el velo distraía la atención, con mucho éxito, del problema acuciante del desempleo. Los gobiernos árabes no tienen que dar explicación de ningún tipo. Evitan cualquier discusión sobre los graves problemas económicos, distrayendo la atención al campo de la discusión religiosa y dándole una connotación moral a cuestiones básicamente financieras, fiscales y comerciales. Por esto el comportamiento social de las mujeres se discute en la televisión (controlada por el estado) como si fuera una cuestión vital para la supervivencia. La función del velo, hidshab que en árabe literalmente quiere decir "cortina", es evitar la trasparencia, velar o esconder determinados asuntos. El velo del cual Fátima habla es un velo intrínsecamente relacionado a la política.

De hecho, la obsesión agresiva por el velo de los políticos ricos en petróleo de los años ochenta no pretendía atacar a las mujeres, era un asalto al proceso democrático y una ofensiva contra sociedades civiles llenas de esperanzas. El objetivo principal era evitar que hubiera trasparencia en la toma de decisiones políticas. Y si escondían a las mujeres tras un velo no solo callaban al cincuenta por ciento de la población, además era una manera de difundir su mensaje "Callaros y que no se os vea". Este mensaje se dirigía a ambos sexos, aunque solamente las mujeres fueran utilizadas como actores pasivos del escenario político. Frantz Fanon, en su articulo; Argelia se quita el velo, dice: "Los responsables de la administración francesa en Argelia, encargados por el poder de intentar a cualquier precio la desintegración de las formas de existencia susceptibles de evocar una realidad nacional, aplicaron el máximo de sus esfuerzos para destruir la costumbre del velo, interpretada para el caso como símbolo del status de la mujer argelina. En un primer nivel, se manipuló simple y llanamente la famosa fórmula: conquistemos a las mujeres y el resto se nos dará por añadidura".

La primacía acordada a la religión en el caso del mundo musulmán tanto por los extranjeros como por aquellos que compiten por el poder, a menudo con medios violentos, no les permite a las mujeres afirmarse a sí mismas. Distrae la atención del tema de las estructuras y los sistemas que perpetúan su condición de subordinadas, dan alas a la idea de que hay una sola manera de ser mujer en un entorno musulmán y a la idea de la mujer musulmana como identidad.

En el mundo islámico: El delirio de las contradicciones

Los hermanos de religión de las mujeres musulmanas, involucrados en la lucha por una nueva imagen del Islam, ven a la situación de la mujer como un problema. Dominan estos toda la retórica de la "mujer en el Islam" con su: igualdad, independencia económica, el derecho de participar, de elegir... Pero en la realidad, en el día a día cotidiano vemos un amargo contraste entre la bella teoría y la apenada práctica. Sus comportamientos para con las mujeres están lejos de ser ejemplares. Hay veces que son realmente inadmisibles. Los hermanos interpretan la religión según una geometría muy variable cuando se trata de las mujeres. Son sus semejantes en la teoría pero en la práctica son unas eternas menores. Ellas no pueden estar incluidas en las grandes tomas de decisiones de esos grandes señores. Se van a quedar en las sombras "marginadas" por un consenso masculino tácito. Ellos se consideran, de manera espontánea, como tutores de por vida de esas mujeres. Todo se va hacer en el nombre de la mujer: responder por ella, decidir por ella, defenderla, protegerla... hasta la sofocación.

No se trata de discutir futilidades o de perderse en detalles superficiales, aquí se dan unos síntomas de malestar que no escapan a nadie cuando se habla de las comunidades árabo—musulmanas y que dicen mucho y lo suficiente sobre la manera errónea de aprehender el hecho religioso: Únicamente el registro de lo prohibido y de la culpabilidad. Y sinceramente no se sabe bien de dónde surgieron esas normas de rigidez, de tensión y de malestar interno; mientras que era justamente lo contrario de todo eso lo que edificó la sociedad islámica en la época de la revelación.

Las mujeres y los hombres estaban juntos, unidos, ligados por esa luz de la fe, que hacía de ellos, ante todo, seres humanos. Seres humanos sometidos al creador de este mundo: Allah. Según Hisham Arquero; ... "El Islam es, para la mujer como para el hombre esencialmente lo mismo; una vida que conduce a Allah, es decir, un camino de superación, una puerta hacia un futuro hacia un infinito que significa desembarazarse de tonterías, recuperando una conducta impredecible para todos". Las mujeres estaban en las primeras filas de la escena, discutiendo, divisando, dialogando con el profeta y sus compañeros. Se quejaban cuando un compañero les faltaba el respeto, porque ellas habían entendido que el Islam era ante todo liberador; en los primeros tiempos de la revelación ellas eran las depositarias de las tradiciones del profeta y de las ciencias religiosas, hoy se les prohíbe acceder a los títulos religiosos.

Es extraordinario ver como el Islam durante toda su historia ha podido revolucionar las condiciones de vida de los hombres, en todos los sectores: espiritual, económico, político. El machismo es la única estructura humana que ha resistido a los valores del Islam.

Concepción occidentalista de la mujer y la cultura del Islam

Parece ser que existe un verdadero problema con el Islam y todos sus componentes: como civilización, cultura, religión... Este "Islam" es definitivamente incompatible con todos los valores de la modernidad occidental. Un "gran refractario", dijo Jaques Berque, será sobretodo refractario a lo que el mundo occidental considera como un indicador de progreso de las sociedades actuales: la emancipación de la mujer. En esta problemática situación hay un consenso, una verdadera unanimidad sobre el tema, en Occidente pero también dentro del mundo islámico. Ambas percepciones coexisten. Mientras que las sociedades musulmanas cierran los ojos sobre el tema de los problemas de la mujer, la imagen de la sociedad atrasada será ampliada en Occidente. El Occidente culpa al Islam de todas las maldades y el mismo mundo islámico traiciona cada día que pasa el espíritu de su religión, al tener un comportamiento distante años luz de la dimensión espiritual del mensaje. "La situación de la mujer en un contexto islámico es una de las piedras angulares de toda crítica occidental al mundo musulmán. La imaginería europea ha elaborado un espectáculo fantástico de harenes, mujeres sumisas y crueles déspotas que ejercen contra ellas toda suerte de iniquidades. La mujer es el prototipo de la marginación en una sociedad dominada por el hombre: oculta tras su velo vive una existencia en la que carece de protagonismo, víctima de una opresión sin límites que sufre con ancestral fatalismo. Por supuesto, Occidente ha descubierto otra de sus misiones históricas: liberar a las musulmanas de su triste realidad"[1]

Según la visión occidental, la mujer musulmana goza de todos los récords de discriminación, alienación y atraso. Es la imagen personificada de la mujer sometida. Sometida a los hombres, a las costumbres tribales y a las leyes intransigentes de esta religión que es el Islam. Ella es la víctima ineluctable de un Islam totalitario, machista y tiránico.

Nada hay que más guste en Occidente que esas tragedias que le hacen olvidar sus propios crímenes. El discurso sobre la mujer musulmana está plagado de tópicos que, al convertirse en usuales, parecen prácticamente irrefutables. Son repetidos hasta la saciedad y ejemplificados con patéticos relatos que inciden siempre en lo mismo. A quienes elaboran este discurso no les interesa para nada la situación de la mujer musulmana, sino el cumplimiento de sus estereotipos. La mujer musulmana como tal no es vista por los occidentalistas, no les interesa, no les preocupa cuáles pueden ser sus problemas o inquietudes. A ese Occidente lo único que lo mueve es el tenaz deseo de corroborarse una y otra vez. Tan inseguro está de sus valores que necesita comprobar que son universalmente aceptados y aplaudidos. La mujer musulmana real es invisible para Occidente, pertenece a un mundo que todavía no ha podido violar, y ello exaspera a una cultura que cree que lo puede manipular todo. Incapaz de rasgar el velo, se satisface en las mentiras que inventa sobre aquello que esta detrás de lo que no puede desvelar.

Occidente no quiere percatarse de que la mayoría de los verdaderos problemas que afectan a la mujer musulmana derivan de las contradicciones a las que se ha sometido al mundo musulmán.

Todos los comportamientos bárbaros son atribuidos al Islam como religión. Todas las deducciones intelectuales y las acrobacias analíticas — en el caso de la mujer — son la consecuencia de una visión exclusivamente etnocéntrica.

El gran desafío que espera a las sociedades musulmanas hoy en día es este: Una nueva lectura del Islam hecha por las mujeres. Mujeres profundamente comprometidas con su fe, sus principios y su espiritualidad. Ellas deben reapropiarse este trabajo de memoria musulmana femenina y ocupar esta "ciudadela islámica" que tanto tiempo fue acaparada únicamente por los hombres. Pero hay que insistir sobre el hecho de que no hablamos aquí de una insurrección de tipo feminista occidental. La confrontación no es contra los hermanos en la religión, eso va al opuesto de los principios coránicos. Hombres y mujeres son iguales frente a Allah, y el mejor de entre ellos es el más fiel al espíritu de la revelación coránica. Y justamente ser fiel al espíritu del Corán es ofrecer a las mujeres este enorme campo de libertad de expresión que ellas tenían en los tiempos del Profeta y que les han usurpado con el tiempo.

Occidente debe saber que como respeta a las demás diversidades culturales debe respetar a la cultura musulmana. Tiene sus propias referencias y tiene el derecho a pensar y forjar su propia concepción musulmana de libertad, derechos e independencia sin complejos ni culpabilidad. ..."Debemos reflexionar sobre las soluciones dentro de nuestros valores y luchar por la libertad desde el interior de nuestras inteligencias, emociones y realidades de mujeres. De mujeres que tienen una identidad propia, una identidad abierta por supuesto, pero jamás dependiente de un modelo único. Hay muchos conceptos universales que son nuestros aunque para muchos la referencia a lo universal suele ser referencia a lo Occidental. Y en eso si que Occidente nos puede ayudar, abandonando su etnocentrismo y su arrogancia cultural"[2]

Reflexiones finales

En la India, según unas tradiciones hindúes, muchas mujeres son quemadas vivas, por causa de una cultura especial de "tendencia metafísica", pero el mundo occidental se tranquiliza, esos comportamientos son totalmente inofensivos. Pero en Bangladesh y Pakistán — antiguamente parte del imperio de India y de la misma esencia cultural hindú— las mismas escenas de mujeres quemadas serán debidas a las leyes inhumanas de la Sharia islámica. De la misma manera, cuando se hacen análisis sobre los muy conocidos "crímenes de honor" en el continente Indo pakistaní, esto dependerá del espacio geográfico y de la pertenencia religiosa. Del lado de la religión Hindú, los razonamientos son antropológicos y se intenta aceptar el "por qué" de las cosas. Del lado musulmán no hay nada que entender, solo se muestra repugnancia frente a "crímenes inmanentes a los textos islámicos". Y para denunciar esos actos, se hacen reportajes televisados muy largos en las horas de gran audiencia.

En América del sur, la violencia sexual, la discriminación cotidiana de miles de mujeres indígenas es considerada consubstancial a unas dinámicas internas de las sociedades en cuestión. Las mujeres Mayas y Aztecas vestidas con sus trajes tradicionales, son el reflejo de la "resistencia cultural" y del respeto a unas tradiciones milenarias. En el Yemen, el sur de Marruecos, Egipto, los Emiratos Árabes, todas las mujeres vestidas con sus trajes tradicionales, aunque muy diferentes de un lado al otro, serán tasadas de "vestuarios islámicos" y, por supuesto, serán la encarnación del retraso cultural, de la sumisión ciega y de la ignorancia.

El sari Hindú es revelador de una identidad totalmente legítima, exótica, que no incomoda a nadie. El Shador de Persia, el Haik Magrebí, el pañuelo de la joven estudiante de Egipto, son por el contrario sintomáticos de una identidad de "refugio", cerrada y alienada. Un verdadero atentado a los derechos humanos de la mujer. Siempre la culpa al Islam, nada de cultural ni de exótico. Con la mujer Hindú, Inca, Japonesa es la fidelidad a las identidades culturales, con la musulmana —cualquiera sea su etnia— es la expresión incondicional del fundamentalismo islámico.

Todas las mujeres del mundo tienen el derecho inalienable de la expresión cultural. Pero apenas se llega al mundo musulmán el derecho al relativismo cultural se evapora.


Bibliografía

¨ Farida Shaheed: La construcción de las identidades: La cultura, los organismos de las mujeres en el mundo musulmán.

¨ Moualhi Djaouida: Mujeres Musulmanas: Estereotipos musulmanes versus realidad social. (PDF).

¨ Asma Manrabet: La eterna problemática de la mujer musulmana. Número 169, 22 de Abril de 2002. Webislam.

¨ Fátima Mernissi: El velo y el terror. Número 116, 23 de febrero 2001. Webislam.

¨ Abdelkader Mohamed Alí: Monográfico sobre la mujeres el Islam Número 22.

¨ Ahmed Rashid: Un genero desaparecido: Las mujeres, los niños, y la cultura Taliban. Número 142, 10 de Octubre 2001. Webislam.

¨ Seied Muhammad Riuzi: Una respuesta a Fátima Menissi. Número 117, 3 de Marzo 2001. Webislam.

¨ Contreras, Dolores: Entre Mujeres. Verde Islam.

¨ Hisham Arquero. Acerca del Islam: "La mujer en el Islam". Geosities.com.

¨ Frantz Fanon: La dialéctica de la liberación. "Argelia se quita el velo". Editorial Pirata, Abril de 1974.

Notas:

[1] Hisham Arquero: La Mujer en el Islam. Geodities.com/ musulmanesnuevos/la mujerenislam.html

[2] Asma Lamrabet: La eterna problemática de la mujer musulmana. Número 169, 22 de Abril de 2002. Webislam.
 

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