Número 192  //  8  de Noviembre de 2002  //  3 Ramadan 1423 A.H.

 INICIACIÓN AL ISLAM

Durante el Mes de Ramadán

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Durante el Mes de Ramadán, el mes del ayuno diario desde el alba hasta el amanecer, el gran sheikh Abdul al-Qadir al-Jilani (que su alma sea santificada) estaba cruzando el desierto con sus derviches. Todos se hallaban exhaustos por el calor, por el hambre y la sed. Al fin, el sheikh se detuvo a descansar junto al camino, mientras sus discípulos continuaban. De pronto, apareció ante los derviches una luz intensísima, de la que provenían las siguientes palabras: “Soy el Señor, vuestro Dios. Todos vosotros sois seguidores fieles y predilectos de mi amado sheikh. Hoy he hecho la comida y la bebida lícita para vosotros. Ahora podéis comer y beber”.

Los derviches se disponían a romper el ayuno, cuando llegó Abdul al-Qadir al-Jilani, gritándoles que se detuvieran. Entonces el santo se dirigió al resplandor, diciendo: “Busco refugio en Dios del Diablo Maldito”. La luz se volvió inmediatamente negra. 

Una vez descubierto, Satán apareció, y le dijo al sheikh: “Sabes, he estado utilizando este truco durante miles de años y tú eres el primero en descubrirme. ¿Cómo lo has logrado?”.

El sheikh respondió: “Supe quien eras gracias a tres tipos de conocimiento. Los que tienen conocimiento y lo practican, siempre pueden reconocer a Satán. Ellos saben distinguir lo lícito de lo ilícito, lo verdadero de lo falso”.

“El primer tipo de conocimiento es la ciencia de la jurisprudencia, las leyes que nos han sido dadas por Dios a través de los profetas. De acuerdo con la ley islámica, no podemos romper nuestro ayuno a no ser que se trate de una cuestión de vida o muerte. Nadie se estaba muriendo realmente de sed. Así que tu orden violaba la ley. Sólo el Diablo haría eso. Dios no nos da leyes para luego cambiarlas”.

“La segunda es la ciencia de la teología. Sabemos que Dios no tiene un lugar fijo. Dios es el lugar de todos los lugares. Todos los Profetas han dicho que cuando Dios habla, la voz divina viene de todas partes, de todas las direcciones. La voz que escuchamos venía de una sola dirección, de la luz. Sabía que tenía que ser el diablo, no Dios”.

“El tercero, es la ciencia del Sufismo. Todos los grandes guías sufíes han enseñado que, si Al-lâh se nos manifestara, nuestro estado interior cambiaría radicalmente, nuestro ego sería aniquilado. Pero nadie experimentó ninguna modificación en su estado interior. Si Al-lâh nos hubiera hablado en verdad, nuestras fuerzas, incluso nuestra conciencia, se hubieran evaporado”.

El Diablo exclamó: “Verdaderamente, tú eres el maestro de esta época. Déjame postrarme ante ti, que atesoras tal sabiduría y santidad. Deberías tener muchos más derviches. Debes de sentirte muy satisfecho contigo mismo por haberme derrotado de forma tan completa”.

En ese instante el sheikh se irguió y gritó de nuevo: “Me refugio en Dios del Diablo maldito”. Inmediatamente el Diablo, que había fracasado en su intento de inflar el orgullo del sheikh, desapareció.

Ya ves como el Diablo no deja nunca de intentarlo. Muchas veces, cuando todos los demás trucos han fallado, nos puede atrapar por medio de nuestro orgullo. El Diablo es el enemigo implacable de la humanidad, y puede llegar a extremos increíbles para extraviarnos. A veces extravía a la gente pretendiendo ser un guía espiritual, o incluso Dios el Altísimo. La seguridad está en el estudio y la práctica de la ley religiosa y de las enseñanzas espirituales.
 

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