Número 187  //  21 de Septiembre de 2002  //  14 Rajab 1423 A.H.

 AL ÁNDALUS

Literatura Hispano-árabe

Por D. Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología

 

 


La literatura hispanoárabe presenta diferencias profundas con las literaturas románicas peninsulares. 

Por una parte, el repertorio de autores es amplísimo, aunque las obras de cada uno de ellos no sean tan numerosas. Muchas las conocemos por los testimonios de recopiladores o antólogos, y no por textos de primera mano.

Aunque la investigación avanza notablemente, aún existen dudas en la identificación de autores y datos relacionados con ellos. A esta dificultad se añade la diferencia de criterios al transcribir nombres propios. 

En estas páginas intentamos, en un principio, ceñirnos a los criterios de trascripción de la revista Al-Andalus. Sin embargo, problemas tipográficos han impedido reflejar las consonantes enfáticas y las diferentes clases de hache, laguna consciente de esta primera versión de nuestro trabajo. Las vocales largas se transcriben con acento circunflejo sobre la breve, etc.

La visión que ofrecemos es, necesariamente parcial, y obliga a dejar al margen consideraciones generales sobre la literatura árabe: su tendencia al dibujo hecho de letras, a las decoraciones murales con poesías, etc.

Punto importante es el de la relación entre las literaturas árabe y hebrea, más próximas entre sí que a las literaturas románicas. Alguna alusión suelta leeremos, pese a no ser el lugar más adecuado para tratarlas.

El autor de estas páginas es consciente de sus limitaciones, empezando por un conocimiento inseguro de la compleja lengua árabe. Posibles sugerencias y posteriores estudios corregirán los muchos errores de esta primera versión provisional, que se presenta como borrador de un homenaje a la cultura arábigo-española. 

La época Omeya

0.- Cuando los musulmanes invaden al-Andalus -la Hispania visigoda-, el año 711, la literatura árabe clásica no se encontraba aún muy desarrollada

En poesía existían géneros como la casida monorrima y sin estrofas, que debió leerse pronto en la Península. Sus temas son la vida de los camelleros, el desierto, aguaceros, dunas, etc. Reflejan áridas condiciones de vida. Pronto madura, con autores como Sîbawayhi (m.792), al-Jalîl (m.786) o Ibn al-Muqaffâ´ (m.759), traductor del Calila y Dimna. Ademas, comienza la poesía moderna, basada en la metáfora, la Poética de Aristóteles y una moda amorosa, de raíz platónica, semejante al amor cortés. La poesía se hace más breve e introduce temas nuevos y marginales, como los placeres etílicos, etc.

A nuestra Península, llega una élite árabe frente a una mayoría beréber africana y recién islamizada. Estos musulmanes respetaron a los cristianos, manteniendo ciertas diferencias.

1.-El año 756 nombran emir o caudillo de al-Andalus a ‘Abd al-Rahmân I (756-788), príncipe omeya que huye de los ‘Abbâsíes de Oriente. Comienza el emirato (756-929).  

La poesía árabe clásica se conocería desde la conquista en al-Andalus, pese a los escasos testimonios: antologías poéticas perdidas y nombres mal conocidos. La sensación que obtenemos a partir de lo que ha llegado hasta nosotros es la de una proliferación exuberante de poetas y escritores, de los que conservamos pocas obras de diferente calidad literaria.

Los reyes y gobernantes andalusíes vivieron la poesía: un poema de Abd al-Rahman I, "A una palma", recuerda su Siria natal y muestra el casi permanente contacto entre Oriente y Occidente. Yudî de Morón (m.813) presentaba en su gramática la de un contemporáneo oriental: Quisaí.

El poeta e historiador Abd al-Malik Ibn Habib (796-853), de Huétor Vega (Granada), viajó a Oriente y redactó una Historia de España con leyendas de la conquista, recopilada y continuada por sus discípulos.

Durante el reinado de Hišâm I (788-796), murió el poeta satírico Abû-l-Majšî, a quien el emir mandó sacar los ojos y la lengua, que, según la leyenda, le creció de nuevo.

El emir al-Hakam I (796-821) cultivó la poesía, entre panegiristas como ‘Abbâs ibn Nasih de Algeciras, educado en Arabia e Irak entre los "modernos", o Girbib, ibérico toledano, enfrentado a Córdoba.

El prestigio cultural de Oriente trajo a al-Andalus al cantor bagdadí Ziryab (m.857), invitado por al-Hakam I, y recibido por Abd al-Rahmân II. Ziryab, acompañado por otros poetas orientales -Sulaymán al-Samí, Alún, Zarqún, etc.-, representó el movimiento de los "modernos". Impuso poesía, modas, alimentos y formas de vida orientales, por lo que fue criticado.

Con ‘Abd al-Rahmân II (821-852), Abbas ibn Firnas, astrólogo, intentó volar, vestido de pájaro, en la Ruzafa de Córdoba. Astrólogo también y poeta -como Ubayd Allah ibn Qarlumán- fue ‘Abd Allâh ibn al-Šamir.

Nacido en Jaén, Yahya ibn al-Hakam al-Bakrí (770-864) -llamado por su belleza al-Gazal- pagó sus sátiras a Ziryab exiliándose a Irak. Dejó una archuza -poema en verso, acaso épico- hoy perdida, sobre la conquista de España.

Reinando Muhammad I (852-886), la lírica árabe brilla con los poetas neoclásicos, que recuperan la casida tradicional, a la que suman las metáforas de los modernos. Pronto la cultivó en al-Andalus Abu l-Yusr al-Riyadi, sectario del ismâ`îlismo. Destacan el satírico Mu´min ibn Sa`id (m.880) o `Uiman ibn al-Mutanná (m.886), que cantó el amor de los efebos.

En historiografía conservamos fragmentos de Mohamed Ibn Muza al-Râzî (m.886), retomados por sus descendientes.

El poeta Abd Allah ibn Abd al-Aziz, visir, recibió las sátiras de Mumin ibn Said. Sabemos de otra archuza escrita por Tamman ibn Alqama (801-896).

También redactó poesías el emir Abd Allah (888-912). De su época son Ibrahim ibn al-Hayyay, señor de Sevilla, y Sa`îd ibn Yûdî de Elvira, cantor de batallas, símbolo del guerrero valeroso y amante, de posible aire prebecqueriano. En Jaén vivieron los poetas `Ubaydis ibn Mahmûd y Lubb ibn al-Sâliya.

Frente a esta poesía culta, una vía popular se abre ahora en forma de poesía estrófica, con la moaxaja. Utiliza expresiones coloquiales y palabras o estribillos romances, de origen mozárabe.

Posible inventor de la moaxaja sea un poeta ciego de Cabra: Muqaddam ibn Muafá (m.912), o Muhammad ibn Mahmud, acaso de origen hispánico. La estrofa se construye a partir de un estribillo, en árabe coloquial o en mozarabe, llamado jarcha -salida-, que marca la rima de la moaxaja.

2.- El año 929, `Abd al-Rahmân III (912-961), se proclama califa, independizándose aún más de Bagdad.

Al-Andalus alcanza su madurez literaria, con antologías, muestras de la excelente poesía andalusí, ritica las modas de Ziryab. Pese a sus poemas laudatorios, prueba el progreso literario andalusí, por más que al-Qalfât (m.915) llamara La ristra de ajos a esta obra maestra. Su sobrino Said
Ibn `Abd Rabbi-hi (m.953) perfeccionó la moaxaja.

Otras poetas son Utmán ibn Rabía de Sevilla (m.922) o Muhammad ibn Hisam al-Marwaní (m.951), Abd al-Malik ibn Yahwar, Mundir ibn Said al-Ballutí (886-966) o el propio califa Abd al-Rahmán. Destacan Ibn al-Attar y la poetisa Hafsa bint Hamdún.

Gran parte de los mozárabes cristianos, deslumbrados por la cultura árabe, descuidaron sus rasgos culturales. Las autoridades cristianas se dirigieron a ellos en árabe. Conservamos una versión árabe de los cánones eclesiásticos, realizada por el presbítero Vicente, y otra de la Biblia, de mediados del siglo X. Además, son frecuentísimas las anotaciones de mozárabes en árabe a manuscritos latinos.

La historiografía despunta con Ahmad al-Râzî (m.955), hijo del ya citado Muhamad. Trata los reyes de al-Andalus, según fuentes latinas, y lo siguió en su Historia de rebus Hispaniae (1243) el castellano Rodrigo Jiménez de Rada. La literatura castellana conserva hoy su Crónica del Moro Rasis.

El libro Ajbâr maymû`a, serie de notas históricas de fines del siglo X y principios del XI, concluye en el reinado de Abd al-Rahmân III. Muestra una actitud favorable a lo musulmán.

La filosofía hispanoárabe comienza con el neoplatónico Ibn Masarra (Córdoba, 883-931). Parte de sus obras se ha perdido, pero conocemos las lecturas de lo que él creyó texto de Empédocles. Influye en la escolástica europea medieval.

Discípulo suyo fue el poeta Muhammad al-Hazdí Ibn Hâni´ de Elvira (m.973), perteneciente a la secta isma`ilí, simpatizante de los Fâtimîes de Ifrîqiya (Túnez), donde emigró. Muere en Egipto, asesinado en oscuras circunstancias.

Abû Bakr Muhammad Ibn al-Qûtiyya (m.977), cadí de Córdoba, fue historiador, descendiente de godos, como indica su nombre
-' el Godillo'-. Se muestra partidario de los hispanos anteriores al Islam en su Historia de la conquista de España. Dejó un Libro de los verbos, además de continuar el Ajbâr maymû`a. Destaca su obra poética.

Al-Zubaydî (918-989) fue maestro de gramática de Hišâm II. Escribe poesia moral y religiosa de interés. También continuó el Ajbâr maymû`a. Redactó biografías de gramáticos y un tratado sobre la lengua vulgar.

Durante el reinado del califa al-Hakam II (961-976) vivió Ibn Faray de Jaén (m.970), autor de una de las primeras antologías andalusíes: El libro de los huertos, que compite con las orientales. Aunque perdida, se ha reconstruido en parte. Ibn Faray destaca en la poesía floral. El Kitâb al-tasbîhât, es la antología poética de Muhammad ibn al-Hassan al-Kattânî (949-1029).

Ibn al-`Arîf (m.999) examinaba a los poetas que formarían la corte de Almanzor. Fue enemigo del oriental Sa`id (m.1026 en Sicilia), que presumía de haber leído todos los libros, y cuyo adab Kitâb al-Fusûs, acabó ahogado en el Guadalquivir.

El geógrafo al-Warrac de Guadalajara (904-973) dejó un libro sobre caminos de África.

Al-Jusanî de Qayrawân (m.971) escribió una Historia de los jueces de Córdoba, colección de biografías y anécdotas.

Entre los autores y libros llegados de Oriente destaca Abû ´Alî al-Qâlî de Bagdad (901-967), llamado en 941. Redacta un Libro de los dictados y un Libro de rarezas, próximos al género adab. También al-Muhnad y Muhammad ibn al-Azraq, junto a las poesías de Mutanabbi y otros neoclásicos orientales.

Cronista de al-Hakam II fue `Isâ ibn Ahmad al-Râzî (segunda mitad del X), hijo de Ahmad, el moro Rasís. `Arîb ibn Sa´d (m.980) de Córdoba compendió la historia del Tabarí. Escribe sobre la evolución del feto y un calendario para agricultura. Otros historiadores fueron Ibn al-Sabânisiyya y Abû Bakr ibn Mufarriy al-Ma`âfirî (909-1039).

En lexicografía destacan Ahmed ibn Ibân ibn Sayid (m.993), con su Libro del sabio y Saíd al-Rabaí (m.1026) con el Libro de las perlas.

Poetas de la época de al-Hakam fueron Yahyâ ibn Hudayl (917-998), Abu Yafar al Mushafi (m.982), enfrentado a Almanzor (976-1002), y Muhammad ibn Sujays (m.1000), neoclásico y poeta de fiestas califales. Yûsuf ibn Hârûn al-Ramâdî (m. 1012-3), conocido como Abû Ceniza, fue enemigo de al-Hakam y Almanzor. Escribe moaxajas. Perseguido y, posteriormente, perdonado, marchó a Barcelona en 986. También Ibrahim ibn Idrís al-Hassaní pagó su sátira a Almanzor con el exilio en África.

Muhammad ibn Qádim introdujo en la poesía erótica el amor udrí, variante del platónico.

Maslama de Madrid (m.1004) es autor de un Tratado del astrolabio, un Comentario a las tablas del Joarizmi y la Enciclopedia de los hermanos de la pureza. Esta última lo sitúa en una línea mística, relacionada con la astronomía, la religión o la magia. Se le atribuyó el Picatrix, recetario de conjuros y amuletos, traducido al castellano por Alfonso X.

Poetas neoclásicos de la corte de Almanzor fueron Ibn Darrây al-Qastallî (Jaén, 958-1030), considerado casi gongorino, e Ibn al-Iflîfî de Córdoba (963-1049). De Muhammad ibn Mas`ûd al-Bayyanî dice la leyenda que le salvó de la cárcel un avestruz, pero Abû Marwân al-Yazîri murió en ella en 1003, prisionero de Almanzor. Ibn Burd al-Akbar fue literato y abuelo de Ahmad Ibn Burd al-Asgar (947-1027), autor de una Epístola de la espada y el cálamo. `Ubâda ibn Mâ´al-Samâ´, confundido con Muhammad ibn `Ubada al-Qazzâz, escribe poesia popular y moaxajas. A Muhammad ibn Mas`ûd, autor de poesía desenfadada, le consideramos un precedente de Ibn Quzman.

3.- Con califas como Abd al-Rahmán V al-Mustazhir (m.1024), poeta reconocido, vemos el crepúsculo del califato

Ahmad Abû `Âmir ibn Šuhayd de Córdoba (992-1035), protegido de Almanzor y autor de la antología poética Hanut Attar, que incluye fragmentos de época califal, escribió la Risâlat al-tawâbi wa-l-zawâbi` (Epístola de los genios) o, viaje sobrenatural, semejante a la Comedia de Dante, en que habla a los daimones de diversos poetas. Es una obra sobre crítica literaria, para competir con Oriente. Se le asocia con el estoicismo senequista por su poesía culta y original, que defiende la predisposición natural del poeta desde su nacimiento. Vícima de sus sátiras fue Ibn al-Hannât (m.1045).

Entre los escritores de este momento destacan al Sarîf al-Talîq (961-1009), de la familia Omeya, e Ibn al-Kinânî (s.XI), autor de Muhammad wa-Su`dâ, perdido, pero que pudo haber sido un tipo de romance.

El cordobés Ibn al-Faradî (962-1013) trató la historia y la biografía. Brilló en la poesía religiosa y murió asesinado en la revuelta beréber.

Abû l-Mugîra ibn Hazm (m.1047), primo de Ibn Hazm de Córdoba, dedicó su poesía amorosa a una esclava de Almanzor. Ibn Fatûh pasó a la historia por una maqama, sobre poetas andalusíes. Ibn Saraf de Qayrawân (1000-1067) inmigró a nuestra Península, donde recopiló textos, al margen de su propia poesía.

Abû Omar ibn Abd al-Bar (978-1070) es autor de unas vidas de los alfaquíes de Córdoba.

Pero la figura más brillante de esta época es Ibn Hazm de Córdoba (994-1063). Hijo de un visir de Almanzor, su familia sufrió la caída del califato. Así, Ibn Hazm se exilia por diferentes taifas de al-Andalus, y sueña con su restauración. 

En Xátiva escribió El collar de la paloma, hacia 1020, bajo la influencia neoplatónica del amor udrí, añadiendo detalles autobiográficos y documentales. Tras los azares del califato, fue visir de Abd al-Rahmân V, lo que pagó con la prisión. Se muestra zâhirî, frente a la escuela malequí, en su Historia crítica de las religiones, de hacia 1028.

En el exilio recorrió varias taifas: Sevilla, invitado por al-Mu`tadid, Mallorca... Murió en Huelva, en la casa de sus antepasados.

Trató diversos géneros literarios, como la historia, en su Naqt al-`Arûs donde no disimula defectos de los gobernantes, o la moral en Los caracteres y la conducta, junto a su Epístola apologética de al-Andalus y sus sabios. Su poesía es culta, aristocrática y original, pese a conocer bien la clásica de Oriente.

Ibn Hayyân de Córdoba (987-1067), trató a Ibn Hazm. Dejó una brillante Historia -al-Muqtabas- que sigue a los Rasis y a historiadores anteriores. De su Matîn, que trató la historia contemporánea, quedan fragmentos.

Los reinos de Taifas

0.- El año 1031 será, para Ibn Hazm de Córdoba, el final del califato. A partir de ahora, una serie de reyezuelos intentarán representar en sus dominios réplicas de Bagdad en lo relativo al lujo y al refinamiento. Sin embargo, su debilidad les hará fácil presa de los cristianos del Norte o de los almorávides del Sur.

Aún hoy ignoramos si fue una época dorada, por el número de poetas y poesías, o de decadencia, camuflada entre oropeles y resplandores.

Último del califato, Ibn Zaydûn de Córdoba (1003-1071) sería también poeta de la primera generación de taifas. Refleja una vida tan literaria como su obra.

Amante de la poetisa Wallâda, cae en desgracia, a causa de un posible rival, y escapa al reino de Sevilla, donde sirve a al-Mutamid y trata al poeta Ibn al-‘Ammâr. Allí murió.

Su poesía sigue la línea neoclásica oriental, que, por su aire nostálgico, se ha comparado con la de Garcilaso de la Vega.

Del estrecho contacto entre la cultura árabe y la hebrea da prueba `Abd al-`Azîz bn. Habra, converso al judaísmo y próximo a la familia Nagrela.

A su nombre sumamos el de Ibn Gabirol (1021-1070), judío que escribió la Fuente de la vida en árabe.

1.- El reino taifa de Sevilla, comienza con el reinado de Abû l-Qâsim ibn `Abbâd (1023-1042), en cuya corte vivieron poetas de la primera generación de taifas, como Ibn al-Abbâr de Almería (m.1038), autor de epístolas, Abû `Âmir ibn Maslama (m.1048) o Abû l-Walîd al-Himyarî (1023-1069), recopilador de las obras de estos poetas en el Kitâb al-badî` fi wasf al-rabî`, antología floral.

El infante y después rey al-Mu`tadid (1042-1069), destacó por su poesía báquica, su lujo desbordado y su crueldad. Visir suyo fue el poeta Abû Bakr ibn al-Qûtiyya. También escribieron `Alî ibn Hisn al-Isbîlî, a quien ejecutó por celos, y Abû l-Walîd ibn al-Muàllim, autor de una moaxaja con jarcha hispánica.

A una segunda generación de poetas de taifas pertenece al-Mu`tamid (1040-1095), hijo de Mu`tadid, que reinó hasta 1091. Es una figura legendaria por la sensualidad de su corte. Trató íntimamente al poeta Abu Bakr Muhammad Ibn al-`Ammâr (1031-1086), de quien se cuenta cómo ganó en el ajedrez a Alfonso VI y murió asesinado, probablemente por el propio al-Mutamid. Este rey sevillano fue amante de Rumaykiyya -que sería la reina Itimad-. Venció a Alfonso VI en Zalaqa, con ayuda de los almorávides, de quienes sería finalmente prisionero. Sus propios hijos, al-Rašid y al-Râdî, destacaron en la literatura. Llamó a su corte poetas como el ya citado Ibn Zaydûn, Ibn al-Labbâna de Denia (m.1113), una generación -la tercera- más joven que él, Ibn Wahbûn de Murcia (1039-1138), cantor de Zalaca, o Ibn Hamdîs de Siracusa (1055-1132). Como autor de moaxajas conocemos a Abû Bakr Muhammad ibn Zuhr (m.1111).

2.- El reino de Almería quedó bajo la protección del rey poeta al-Mu`tasim (1051-1091), perteneciente a una segunda generación de taifas. Con él brillaron Rafi al-Dawla, que vivió en África, Ibn al-Sahîd, autor de una divertida maqama con interesantes motivos literarios, como el del gallo parlante o las ruinas cristianas, Ibn Saraf de Berja (1052-1132), que dejó unas máximas morales, Ibn al-Haddâd de Guadix (m.1088), enamorado de una cristiana, y que pagó caras sus sátiras, dedicadas, entre otros, a Ibn Ujt Gânim; al-Sumaysir de Elvira, satírico, etc.

3.- La dinastía zirí de Granada no ha dejado buena imagen de su aprecio por la literatura, pese a la protección que el rey otorgó al filósofo judío Ibn Nagrella (m.1066).

Abû Ishâq de Elvira (m.1066), alfaquí granadino perteneciente a una segunda generación de taifas, satiriza al rey, que no protege a sus poetas: Abû l-Futûh al-Yuryanî, oriental llegado en 1015, fue ejecutado por el rey Bâdîs.

De una tercera generación es Ibn Jafâya de Alcira (1058-1138), maestro en las descripciones de jardines. Fue tío de Ibn al-Zaqqaq.

Termina la taifa con `Abd Allâh (n.1056), rey zirí destronado por los almorávides en 1090, autor de unas Memorias, donde justifica vida y actos. Su trayectoria es paralela a la de al-Mu`tamid, aunque el granadino enriquece sus escritos con figuras contemporáneas, como Alvar Fáñez o Alfonso VI. 

4.- En Badajoz el rey aftasí al-Muzaffar (1045-1062), fue autor de una extensa obra enciclopédica, hoy perdida, semejante al adab. Llevó su nombre: al-Muzaffariyya.

En su reinado redactó Ibn `Abd al-Barr de Córdoba (978-1070), el adab Ornato de las tertulias, Exposición y excelencia del conocimiento y biografías sobre compañeros de Mahoma.

Ibn Sâra de Santarén (m.1123) fue célebre por un poema a la berenjena.

Al-Mutawakkil (1067-1095), sucesor de al-Muzaffar, tuvo como kâtib o secretario a Abû Bakr Qabturnu. Ibn `Abdûn (1080-1134) de Évora dejó una casida con su nombre: -abduniyya-. En ella trata de personajes ilustres caídos en desgracia y del final de su dinastía. Mereció el comentario de Ibn Badrûn.

5.- La taifa de Zaragoza, gobernada por los Banu Hud, brilló con Ibn Darrây al-Qastallí de Córdoba o con los Banû Burd.

Mención aparte merece el filósofo y poeta Abû Bakr Muhammad Ibn Bâyya (Avempace) (h.1085-1138), cuyo Régimen del solitario identifica sabiduría con soledad y espiritualidad, por una parte, y, por otra, entendimiento activo universal con entendimiento humano particular de cada persona. En versión hebrea fue más difundida. Avempace fue, también, músico y autor de moaxajas y posible inventor del zéjel. Aristocrático, fue envenenado en Fez. Muestra lecturas de Alfarabí, Algazel y Avicena.

6.- También el reino de Toledo se interesó por la ciencia y la astronomía: Azarquiel vivió allí entre 1061 y 1080, mientras Ibn Sâ`id (1029-1069), redactaba sus Clases de los pueblos, historia universal de la ciencia. Ibn Arfa`Ra´sahu, compuso panegíricos al rey al-Ma`mûn.

7.- En Denia prosperan las lecturas e interpretaciones del Corán con el Taisir de Abû Omar ibn Sà`id al-Dânî (981-1053).

Ibn Sîda, de Murcia.(1006-1066) dejó dos diccionarios y muestra la vocación de los ciegos andalusíes por las letras.

Ibn García, de probable origen visigodo, defendió la superioridad de los no árabes, aunque arabizados, sobre la etnia árabe.

8.- Al margen de estos nombres, se deben citar los de autores que debieron emigrar, generalmente a Oriente, por los acontecimientos catastróficos de la época: el historiador mallorquín al-Humaydî (¿1025?-1095), discípulo de Ibn Hazm, incluyó a su maestro en la Yadwat al-Muqtabis. Murió en Bagdad y su obra la amplió al-Dabbî (m.1202) como Bugyat al-Multamis. También discípulo de Ibn Hazm y emigrado a Oriente fue Abû Bakr de Tortosa (1059-1130), cuyo Siray al-mulûk (Antorcha de los príncipes) es un manual de regidores.

Almorávides y almohades

1.- Almorávides (1091-1146)
 
La debilidad de los reinos de taifas provocó que Yûsuf ibn Tâšfîn (1091-1106), caudillo de los almorávides africanos, a quien los reyes andalusíes habían pedido anteriormente ayuda contra los cristianos, decidiera tomar las riendas del poder en al-Andalus, que se integraría en su reino africano.

Justificaron esta ocupación por la degeneración moral y militar de los reyezuelos taifas. Una vuelta a la ortodoxia musulmana será la característica de este dominio, con lo que supone de restricción en lo sensual y recreativo. Quizá contemplemos una crisis de las letras, o, por el contrario, un auge de los mejores autores del pensamiento hispanomusulmán.

Ante el escaso entusiasmo de los almorávides por los panegíricos que recibían, los poetas andalusíes cultivarán géneros poco académicos: la poesía obscena y el zéjel, junto a formas ya conocidas, como la moaxaja y, en general, la poesía de evasión.

Con muchos de los poetas de época de taifas, conviven otros, como Abû l-Qâsim ibn al-Yadd, kâtib de Ibn Tašfin, Ibn al-`Arîf (m.1141) e Ibn Barrayân. Otros serán de origen africano, como el cadí `Iyâd (Ceuta 1083- Marraquech 1149), autor de una Sifâ´.

Ibn al-Sayrafî (m.1174), escribió una casida sobre táctica militar y fue también historiador.

Al-A´mâ al-Tutîlî, el ciego de Tudela (m.1126) representa esta corriente de poesía popular, desenfadada, obscena y no exenta de cierto cinismo, junto a su lazarillo, Abû l-Qasim al-Manîsî (nacido en Manis -Sevilla- siglo XII), Ibn Bâqî de Toledo (m.1150), Al-Abyad, Abû Bakr al-Majzûmî, Abû Hafs `Umar ibn `Umar, cadí en Córdoba y Sevilla, etc.

La línea culmina en Ibn Quzmân (1086-1160), maestro del zéjel, de métrica silábica acentuada, emparentado con la moaxaja.

En su Diwân o cancionero, incluyó palabras mozárabes y expresó abiertamente su desprecio por los almorávides y su brutalidad ante las artes.

Sobrino de Ibn Jafâya de Alcira, el jardinero, fue Ibn al-Zaqqâq (1096-1134). Su lírica muestra el curso de la poesía árabe, sobre metáforas establecidas, que irán complicándose paulatinamente. Quizá esta literatura apunta a la necesidad de evasión que sienten gran parte de los poetas y que fue real en algunos, como Abu-l-Salt Umayya (1067-1151) de Denia, que huye a Egipto de los almorávides.

Ibn Jayr de Sevilla (1108-1174) fue autor del Fihrist, índice de los libros de diversas materias de su época y de biografías. También Abû Muhammad `Abd Allâh ibn Ibrâhim al-Hiyarî (1106-1155) de Guadalajara, dejó un repertorio biográfico: Mushib, que mereció continuarse.

Pero entre los libros más ricos de la literatura hispanoárabe figura la Dajîra (Tesoro) de Ibn Bassâm de Santarem (m.1147). Junto a los numerosos autores occidentales y orientales que selecciona, ofrece interesantísimos fragmentos o poesías que ilustran su labor. Gracias a él nos han llegado diversas risalas, maqâmas y otras obras estudiadas en páginas anteriores, que sólo conocemos por su testimonio. El códice de la Dajîra se custodia en la biblioteca nacional de París.

Mientras estas cosas sucedían en al-Andalus, Badî àl-Zamân al-Hamadânî (968-1008) inventa en Bagdad un nuevo género: la maqâma, que narra las aventuras de un personaje que se asemeja al pícaro castellano. Nuestra Península acabó denominando maqâma a epístolas por capítulos o a obras de prosa rimada, confundiendo este género con la risala y, quizá, con otros.

Al-Harîrî (m.1122), siempre en Oriente, complica el género de la maqâma, que terminaría por necesitar un comentario más o menos erudito, como el que escribió Abu-l-Àbbas Ahmad al-Sarisí de Jerez (m.1222).

Entre las más antiguas maqâmas andalusíes están las de Ibn Abî l-Jisâl (1072-1145), que dejó, ademas, una Antorcha de la literatura, perdida.

Autor de dos grandes antologías poéticas es al-Fath Ibn Jâqân de Alcalá la Real (Jaén), muerto hacia 1140: Qalâ`id al-`iqyân (Los collares de oro) y Matmah al-anfus (Otero de las palmas). Son de gran interés, pese a que su autor fuese acusado de parcial. Además se le atribuye una maqâma en que satiriza al poeta Ibn Sîd de Badajoz (1052-1127). Fue amigo de Avempace, y, acaso por su pasión etílica o por sus sátiras, murió ahorcado.

La colección más completa del nuevo género serán las maqâmas zaragozanas de Abû Tâhir Muhamad ibn Yûsuf al-Tamîmî de Zaragoza (m.1143).

Se mantienen géneros tradicionales, en obras como el Rayhân al-albâb, de Ibn al-Mawâ`înî de Córdoba (m.1164), adab sobre ciencia e historia.

Otros autores fueron Abû Ahmad ibn Hayyûn o el geógrafo al-Idrisí (1100-1169), que describe África y España.

Posterior a la época almorávide debe ser la novela Ziyad, el de Quinena, libro de aventuras, que se ha considerado precedente de las novelas de caballerías españolas.

2.- Almohades (1146-1269)

La llegada de los almohades restaura una época de prosperidad para las letras, especialmente para la filosofía. Sin embargo, la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, supuso el golpe casi definitivo para el Islam andalusí.

Géneros jóvenes, como la maqâma, continúan con Muhammad ibn `Iyâd, según el Mugrib, fuente de maqâmas y risalas, pero la filosofía se abre paso ya con personajes como Maimónides (1135-1204), judío que escribe en árabe gramáticas, cartas y, sobre todo, su obra maestra, Guía de los descarriados, que se tradujo al castellano en el siglo XV.

La lírica conoció en Valencia a al-Waqqasî o al-Rusâfî (m.1177), autor, éste último, de una Descripción del cálamo y un Diwân, de poesía descriptiva y báquica. En Granada escriben Abû Ya`far ibn Sa`îd (m.1163), aristocrático, ejecutado por antialmohade, y enamorado de la poetisa Hafsa bint al-Hâyy al-Rakûnî (m.1191), o Ibn Farsán de Guadix.

Safwân ibn Idrîs de Murcia (1165-1202) fue autor de risalas y biografías. Su obra más importante es la antología poética Zâd al-Musâfir, continuación de la de Ibn al-Imâm de Silves (1155). Abû Bakr ibn Zuhr (1113-1199) cultivó la moaxaja. Otros poetas fueron Ibn Muybar (m.1191) o Al-Munsafi.

Al-Saqundî (m.1232), compuso una risala en defensa de la cultura de al-Andalus, y el malagueño Ibn al-Sayj (1132-1207), un adab: Kitâb Alif Bâ`, enciclopedia para su hijo. Destaca Ibn Sâhib al-Salá de Beja (m.1180) por una Historia de los almohades, continuada a su muerte, hasta 1184. También Abd al-Wahid al-Marrakusi historió esta época, e Ibn Baskuwâl (1100-1182), discípulo de Averroes, dejó unas biografías en el Kitâb al-Sila, que sigue a al-Faradî. Más arriba citamos a Abu-l-Àbbas Ahmad al-Sarisí (m.1222) y sus comentarios a al-Hariri.

Entre las grandes figuras de esta época, tenemos a Ibn al-`Arabî de Murcia (1165-1240), sufí, es decir, especie de místico neoplatónico que, entre otras cosas, hablaba con los muertos. Escribió poesía erótico-mística y vidas de sufíes. Su obra más famosa es el adab Muhâdarat al-abrâr. Siguió a Ibn al-`Arîf e Ibn Barrayân. Con Intérprete de los amores, Perla preciosa o Libro del cero influye en Ramón Llull. Finalmente, emigró a Damasco y Bagdad, donde murió. Discípulo suyo fue el sufí Ibn Sab`în de Murcia (1218-1270), muerto en El Cairo. Su mística lo acerca a los sabiníes. Místicos fueron también Ibn Madyan de Tlemcén (m.1193) y al-Sâdilí (m.1258).

Ibn Tufayl o Abentofail (Abubacer) nació en Guadix, en 1105, y murió en 1185-6, en Marraquex. Fue médico y versado en la filosofía neoplatónica. Su Epístola de Hayy ibn Yaqzân fue traducida al hebreo y le dio fama universal como filósofo. La versión latina, Philosophus autodidactus apareció en 1671. Su argumento trata de una especie de Robinson, que, amamantado por una gacela en una isla desierta, aprende lo que la razón humana permite conocer. Aleccionado por un ermitaño, fracasará a la hora de adaptar sus enseñanzas a la sociedad. Ibn Tufayl fue protector de Averroes. Su obra se ha asociado con la ficción de la primera parte de El Criticón de Baltasar Gracián. Parece que ambas se inspiran en un cuento popular hispanoárabe que hizo de antepasado común. 

Abu-l-Walid Muhamad Ibn Rušd: Averroes (1126-1198) fue jurista y médico, entre otras cosas.

Protegido de los príncipes almohades, cayó en desgracia hacia 1195. Recibió el encargo de comentar a Aristóteles, a quien diferenció claramente de Platón, conciliando filosofía y religión. Escribió además obras teológicas, jurídicas, astronómicas, médicas, junto a las filosóficas. Murió en Marruecos entre el juicio y el perdón. Su influencia fue decisiva en el desarrollo de la escolástica medieval europea.

Tras la derrota de las Navas de Tolosa en 1212, la decadencia es un hecho y la emigración cada vez más frecuente entre los autores andalusíes.

Ibn Sahl el israelita de Sevilla (1212-1254), converso al Islam, murió ahogado en el Guadalquivir o en Ceuta, al hundirse el barco en que viajaba. Dedica sus poemas a efebos y cultiva los géneros populares o clásicos.

Abû l-Baqâ` al-Rundî (1204-1285) compuso poemas elegíacos a las conquistas de Fernando III. Juan Valera los tradujo en coplas manriqueñas y creó una pequeña confusión, por la que se consideró a este poeta un precursor de Jorge Manrique. Escribió además prosas, recogidas por Ibn al-Jatîb. Una línea parecida sigue Ibn Hazîm de Cartagena, (1211-1285), describiendo Murcia en su Maqsûra. Murió en el norte de África. También emigra a Oriente Ibn al-Sabuní. Otra emigración es la evasión religiosa del sufí al-Šuštarî de Guadix (1212-1269), autor de zéjeles místicos.

Ibn al-Abbâr de Valencia (1199-1260), emigró a Túnez en 1238. Su Mu`yam y su Takmila recogen biografías de escritores, siguiendo en la segunda a Ibn Baskwâl. Su Al-Hulla al-Siyarâ` (La túnica recamada) es una antología de poetas andalusíes, así como la Tuhfat al-qâdim. Murió ejecutado en la cárcel, tras una serie de intrigas como kâtib de diversas autoridades.

Ibn Sa`îd al-Magribî, de Alcalá la Real (1213-1286) representa el culmen de una familia de literatos. Viajó a Oriente y murió en Túnez. Continúa el Al-Mushib de Al-Hiyarî (1135) y escribe el Kitab falak al-adab, antología erudita de la lírica árabe. Se divide en Al-Masriq, dedicado a los poetas orientales -escrito en la emigración-, y Al-Mugrib fi hulâ l-Magrib, para los occidentales. De éste se tomaron los poemas para la antología del Libro de las banderas de los campeones.

Otra antología es la de Ibn Dihya de Denia (1149-1235), Al-Mutrib min as`âr ahl al-Andalus.

De esta época son los poetas Ibn Lubbâl (m.1284) alfaquí de Jerez, Ibn Gayyât, también de Jerez, el teósofo Abû l-`Abbâs al-Mursî (m.1287) e Ibn Abbâd de Ronda.

La astronomía sigue cultivándose con al-Ricotí a quien Alfonso X hizo director del colegio de Murcia. 

Literatura granadina

Desde 1269 hasta 1492 pervive en la Península el reino nazarí de Granada, último testimonio del Islam hispánico, ocupando las provincias actuales de Málaga, Granada y Almería. Su existencia fue inestable por la constante amenaza de los reinos cristianos. Algunos estudiosos han interpretado esta cultura como una prolongación hueca de lo anterior. Sin embargo, Granada contempló la vuelta de algunos emigrados del norte de África y sus reyes protegieron las artes, como los mejores gobernantes antiguos de al-Andalus.

Abû Hayyân (1257-1344), gramático, representa, sin embargo, el pesimismo de su época, que culmina con su emigración a Egipto. También Ibn Mâlik (1208-1274) de Jaén, marcha a Oriente. Es autor de uryûzas y de una Alkafiya y Alfiya sobre gramática.

Ibn al-Zubayr de Jaén (1230-1308) continuó en su Silat al-sila, la obra biográfica de Ibn al-Abbâr.

Ibn al-Hakîm de Ronda (1261-1308), valido del rey, cultivó diversos géneros literarios y protegió a otros escritores. Fue asesinado en una conjura y su Historia de España no ha llegado a nuestros días. Invitó a su corte al poeta Ibn Jamîs de Tlemecén (1252-1308) y le sucedió como secretario Ibn al-Yayyâb de Granada (1274-1349), autor de casidas neoclásicas a emires nazaríes, que pudo leer sus poemas en los muros del Generalife. De su tiempo fue Ibn Luyûn de Almería (1282-1349), que redactó unos Proverbios rimados y un tratado de agricultura. La Historia de Almería, hoy perdida, fue el legado de Abû l-Barakât de Velefique (1264-1372), maestro de Ibn al-Jatib.

Ibn Jâtima al-Ansari de Almería (1323-1369), fue médico e historiador. Lo recordamos por su Dîwân de poesía, adornado con juegos de palabras, tawriyas o dobles sentidos, etc. Como médico describe la peste de 1348.
   Del malagueño Ibn al-Murâbi` (m.1349) conservamos una divertida maqâma de la fiesta, en que un hombre, reprendido por su mujer, compra un carnero que le proporciona los mayores destrozos que podía imaginar.

Pero la figura más importante de este momento es la de Lisân al-Dîn Muhammad Ibn al-Jatîb, de Loja (1313-1375). Discípulo de Ibn al-Yayyab, fue hijo de un kâtib y finalmente kâtib él mismo de Yûsuf I y Muhammad V. Alternó su labor de poeta con la de médico y fue maestro de Ibn Zamrak. Caído en desgracia con Muhammad V, huye a Marruecos, donde, tras ser juzgado, lo estrangularon.

Escribe una historia de Granada, sólo conocida por resúmenes, la Ihâta fi ajbâr Garnâta y sus poesías adornaron el salón de Comares de la Alhambra. Recopila, además, poesía ajena y moaxajas hispanoárabes, en el Yays al-tawsîh; epístolas literarias y cancillerescas en prosa rimada, en el Rayhânat al-kuttâb, y -por supuesto- maqâmas. Murió por las herejías descritas en el Rawdat al-ta`rîf bi l-hubb al-sarîf.

Ibn Zamrak de Granada (1333-1393) fue discípulo de Ibn al-Jatib y participó en el tribunal que lo condenó. Caído en desgracia, fue, a su vez, asesinado por Muhammad VII. Es autor de una poesía exquisita, de casidas y moaxaja clásica. Ha pasado a la historia literaria por ser el poeta que más adornó las paredes de la Alhambra: la fuente de los leones, la Sala de las dos hermanas, etc.

También granadino fue Mohammad al Lajmí, autor del adab El reino de las abejas, sobre ciencias y artes, acabado hacia 1390.

Abû l-Hasan al-Nubâhî de Málaga (1313-1390), continuó la Historia de los jueces de Córdoba de al-Jušani en su Kitâb al-marqaba al-`ulyâ y dejó una maqâma De la palmera. Ibn Yuzaî de Granada (1321-1356), por su parte, recibió el encargo de redactar los viajes de Ibn Batuta.

Nacido en Túnez de familia andaluza, participó intensamente en la vida política peninsular el historiador Ibn Jaldûn (1332-1406), autor de unos al-Muqaddimah o Prolegómenos a una historia universal. Fue embajador con
Pedro el Cruel (1363) y con Tamerlán en 1401, cinco años antes de su muerte, en Egipto. Sus al-Muqaddimah tratan de los asentamientos y condiciones de los pueblos, de geografía, de antropología, y terminan con una clasificación de las ciencias. Esta obra es, en rigor, la primera parte de su Libro de los ejemplos.

El granadino Ibn `Âsim (1359-1426), jurista malequí fue autor del adab Hadâ`iq al-azhâr, donde incluye refranes hispanoárabes. Otro adab fue obra de Muhammad ibn Abî l-`Ulâ ibn Simmâk, el Kitâb al-Zaharât y el al-Hulal al-Mawsiyya, centón de falsas noticias históricas.

Un tercer autor de adab es Yahya Ibn Hudayl, maestro de Al-Jatib, autor de Gala de caballeros. Blasón de paladines. Sigue los Tratados sobre caballos que se inician a mediados del XIII con Ibn Arqam de Guadix.
   Entre 1407 y 1417 reina el emir Yûsuf III, posible recopilador de la poesía de Ibn Zamrak y autor él mismo de un diwân. Panegirista suyo fue Abû al-Husayn Ibn Furkûn (1379-1417), que dejó sus poemas en los muros de la Alhambra. También el príncipe Ibn al-Ahmar recoge la poesía de su época -fin del siglo XIV- comienzos del XV.

`Umar de Málaga es autor de una maqâma sobre la peste de esa ciudad en 1440.

Es bastante escasa la literatura que ha quedado de la segunda mitad del siglo XV. Consideramos a Ibn al-Qaysi al-Basti el último poeta andalusí. Reflejó el desastre final del reino.
   Esta literatura muestra, en general la decadencia islámica y apenas destaca una Historia anónima de Granada de 1477 a 1499.

Terminado el dominio musulmán en al-Andalus, los moriscos que aún permanecen en la Península se plantean conservar sus señas de identidad escribiendo en romance con caracteres árabes, esto es, en aljamiado, recodificación del español o lengua sumergida que se mantuvo hasta el siglo XVII. El sistema era el mismo que se había utilizado con las jarchas, aunque las circunstancias eran penosamente distintas.

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