Número 186  //  12 de Septiembre de 2002  //  5 Rajab 1423 A.H.

 MUJER

Hazreti Mariam (2)

Por Sheik Muzaffer Ozak al-Jerrahi


 


Bismillah ir-Rahman ir-Rahim

Capítulo Seis

El nacimiento del amado Jesús

Llegó entonces el momento en que la Virgen María daría luz a Jesús, el Mesías.

            Al-lâh, el Altísimo, envió a Gabriel para comunicarle el siguiente mensaje: “María, el templo es un lugar santificado exclusivamente para el culto de Mi Esencia divina. Debes salir a que nazca tu hijo”.

            En obediencia a este mandato, la bendita Virgen dejó el templo y se fue a la casa de su tía Ishá, la esposa del venerable Zacarías. Ishá saludó a su sobrina con gran júbilo y le comunicó las buenas nuevas de su inesperado embarazo.

            “¿Te das cuenta que yo también llevo un hijo?”, preguntó Mariam.

            “Mira – dijo Ishá – el bebé de mi vientre está haciendo reverencias al bebé que está en el tuyo!”.

            La humilde postración hecha por el nonato Juan al nonato Mesías Jesús, fue un saludo de reverencia, no un acto de adoración. La postración en adoración se hace solamente al Señor de los Mundos. El acto de devoción del nonato Juan fue un reconocimiento a la naturaleza profética del amado Jesús y en honor a su misión de Divina Palabra.

            Al honorable Juan se le describe en el Sagrado Corán como aquél que atestiguará la verdad de una palabra de Al-lâh. (C.3:39)

            Ishá le dijo a su iluminada sobrina: “Oh María, el movimiento de regocijo que siento en mi vientre me ha hecho comprender que tú llevas un gran ser, milagrosamente concebido. Sin embargo, la gente común, incluyendo a nuestras propias familias, no serán capaces de apreciar este misterio. Te considerarán como una desgracia y les impondrán a ti y a tu hijo una carga de culpa, acusándolos de traidores y engañosos. No tengas a tu hijo aquí, mejor busca un lugar fuera de la ciudad para el alumbramiento”.

            Ciertamente se dio esa hostilidad, en cuanto se hizo evidente la condición de la bendita Virgen la gente empezó a decirle: “¿Cómo pudo pasarte esto? ¿Qué no eres tú la hermana del santo Aarón y la hija de ese hombre perfecto, ‘Imran? ¿Acaso no eres tú la hija de Hanna, ejemplo de virtud espiritual?”. María no respondió a estas dolorosas preguntas con palabras. En su lugar, ella puso la mano derecha sobre su frente y luego la bajó al abdomen, para tocar primero su hombre derecho y posteriormente el izquierdo; en un gesto de sello místico. Este signo original de la cruz significaba su declaración silenciosa –como la que hizo una vez su tío, el profeta Zacarías- ella señaló a la gente: “El bebé en mi vientre se parte del destino escrito en mi frente. Los ángeles que apuntan a mi derecha e izquierda dan testimonio de esto, como lo hace Al-lâh, el Altísimo”.

            Esta es la forma en que el venerable Al-Kalbí, un historiador islámico iluminado, relata el evento:

La gente le decía a José, primo de María: “¿Has oído las noticias? María ha sido acusada de faltar a su castidad y se encuentra encinta. Si esto llegara a los oídos de nuestro más alto sacerdote, la condenaría a la muerte por lapidación”.

El venerable Zacarías había solicitado a José de Canaán que fuera el guardián de la Virgen María, puesto que era pariente de ella. José estaba muy sorprendido al escuchar tales cosas, puesto que nunca la descuidó. ¿Cómo pudo María, el alma misma de la pureza, haber cometido tan pecaminosa falta?

Una vez que José se convenció de la veracidad de las acusaciones, estaba preparado para permitir que las autoridades religiosas la juzgaran. Sin embargo, un ángel apareció en forma humana. Este ser radiante, una vez declarada su identidad angelical, le informó a José: “Ten cuidado de cometer un lamentable error. Su embarazo es un milagro del Espíritu Santo. Ella es una mujer casta y perfectamente virtuosa. Aquél que le haga cualquier daño se verá condenado eternamente”.

Después de haber escuchado estas inspiradas palabras, José llevó en un burro a la bendita Virgen María fuera de la tierra de Palestina, hacia Egipto. Con esto la salvó de morir lapidada, ya que la inflexible ley religiosa de la Torah no se practicaba en Egipto.           
De acuerdo a otra tradición oral, mientras que los días pasaban, José se dio cuenta de la indudable condición de la joven mientras ambos servían en el templo. El se encontraba perdido tratando de entender cómo pudo haber ocurrido este embarazo: “¿Cómo puedo sospechar que María haya pecado, cuando se encuentra incesantemente en alabanza y obediencia a Al-lâh, y es tan intenso su temor y amor por Al-lâh? No, no, eso no puede ser, ella es del todo inocente. Soy testigo de que ella emplea todo el día y la noche en meditación y servicio a Dios, exaltado sea. Siempre está a mi lado, sirviendo al Señor de los Mundos”.

            Cierto, nadie podrá ser comparado con la devoción y cercanía al Creador del Universo que tenían en esa época José y María.

            El noble José estaba desesperadamente preocupado. Él tenía la seguridad de su inocencia, aunque era claro como la luz del día que ella estaba embarazada. ¿Cuál podría ser la explicación? Finalmente se acercó a María y le dijo: “Oh Virgen María, me siento muy afligido por tu condición. Nunca me he sentido tan triste. No quería decir nada, pero ahora me siento forzado a preguntarte. ¿Cómo pasó esto? ¿Ha habido una cosecha sin haberse sembrado semilla?”.

            María dijo que, en efecto, así había sucedido.

            “¿Ha retoñado un árbol sin haber sido regado?”, insistió José.

            Ella otra vez asintió tranquilamente.

            Cuando José preguntó: “¿Ha venido a la existencia un niño sin padre?”, la Virgen bendita respondió: “Cuando Al-lâh, Exaltado Sea, creó los primeros frutos, ¿acaso crecieron de semilla? ¿No has considerado que Al-lâh creó primero a los árboles con el mandato, ¡Sea! Y sólo entonces hizo que el agua fuera su fuente de vida? Fue después de la creación de los frutos, que la semilla fue creada. ¡Oh José! Recapacita cuidadosamente. Tu pregunta es un negación sutil del poder de Al-lâh. ¿Podría evitar la ausencia de agua que Al-lâh creara a los árboles? En ausencia de semilla ¿habría El carecido del poder para producir el fruto? De hecho, el Exaltado Creador, que produjo árboles cuando no había agua y frutos sin haber semilla, es el responsable de la creación sin padre del niño que ahora llevo en mi vientre”.

            José entendió la profundidad con la que la Virgen María había hablado. Estuvo de acuerdo con lo que ella dijo y no hizo mas preguntas. Él continuó fielmente a su lado en el servicio sagrado del templo, atestiguando con temor el despliegue de su destino.

            Biógrafos inspirados e historiadores tienen diversos puntos de vista con respecto a la duración del embarazo de la Madre Virgen. Algunos dicen que llevó al niño el término de duración normal de nueve meses y diez días; mientras que otros sostienen que dio a luz al octavo mes.

            Hay otros que aseguran que el período de gestación fue de seis meses, o inclusive, no más de tres horas. Se ha sugerido, que el tiempo entre la concepción y el nacimiento fue apenas de una hora; ya que Al-lâh, Exaltado Sea, no menciona nada en Su Sagrado Corán del intervalo entre estos dos eventos.

            Así ella lo concibió y retiro con él a un lugar remoto. (C.19:22)

            Un comentarista conservador escribe:

            “Podemos desprender de este verso coránico, que la Virgen bendita concibió a Jesús en el lugar donde se bañaba, a una hora de distancia de la ciudad, y que fue creado y formado dentro del vientre de su madre en esa misma hora y que lo dio a luz en el medio día de ese mismo día”

            El comentarista agrega:

            “En el tiempo en el que dio a luz al amado Jesús, la Virgen María tenía quince años de edad. Solamente había menstruado en dos ocasiones”.

            La bendita Virgen no sabía que hacer cuando se presentó el parto. Decidió buscar un lugar apartado, donde no hubiera testigos. Dejó Jerusalén y caminó hasta alcanzar un área rodeada por palmeras de dátiles. Para relajar la presión de las contracciones, descansó su espalda contra el tronco de una palmera.

            No había un lecho, ni una superficie suave, ni siquiera un pedazo de tela con que recibir al recién nacido. Sus benditos ojos se dirigieron a las hojas caídas de aquella palmera, y entonces, escuchó una voz divina: “Recoge algunas hojas y extiéndelas sobre el piso para que te sirvan de lecho”.

            María obedeció humildemente este mandato divino. La cama, natural y sencilla, fue preparada y pronto arribó el esperado invitado para honrar este mundo. Mientras el amado Jesús estaba siendo alumbrado, los ángeles vinieron, rango sobre rango, y rodearon la palmera, proclamando la grandeza de Al-lâh.

            Sediento después del esfuerzo del parto, la bendita Mariam buscaba un poco de agua, el elemento que sostiene la vida. La necesitaba para recuperar su energía vital y para lavar al luminoso bebé recién nacido. Sus sentimientos se encontraban confundidos, el asombro y el temor se alternaban con la ternura maternal y la compasión. Ella rebosaba de amor por su bebé acabado de nacer, sin embargo, surgió la ansiedad en su hermoso corazón mientras se preguntaba qué diría en defensa de su honra y virtud, cuando la gente viera al santo niño.

            Consternada suspiró: “Si tan sólo hubiera muerto antes de esto y ya estar completamente olvidada”. (C.19:23)

            Pero Al-lâh el Altísimo no la había olvidado. Surgió una voz cerca de ella diciendo: “¡No te aflijas! Tu Señor ha puesto un riachuelo junto a ti. Sacude el tronco de la palmera para que caigan los dátiles maduros”. (C.19:24-25)

            Algunos eruditos del Corán consideran que la voz que Mariam escuchó fue la del ángel Gabriel. Otros creen que fue la del mismo niño Jesús, dirigiéndose milagrosamente a su madre, por el mandato de Al-lâh, en el momento mismo de su bendito nacimiento.

            El milagro de que un recién nacido hablara no tiene precedente histórico en la humanidad, y no se repetiría hasta el nacimiento de nuestro glorioso Mensajero, el Amado de Al-lâh.

            El noble Profeta Muhammad se postró en alabanza en el mismo momento en el que dejó el vientre materno, para orar al Señor de los Mundos por el bienestar de su futura comunidad espiritual.

            Este milagroso suceso fue reportado por la venerada madre de nuestro Maestro, la bendita Amina. El venerable poeta místico Suleiman Chelebi representa este evento, en su Mevlid-i-Sherif, a través de los ojos de Amina:

            “Volviéndose, la bendita madre Amina descubrió al bebé, quien era el bienestar de toda humanidad, orando en profunda alabanza en la dirección de la Santa Kaaba, en postración total. Entonces se sentó y entonó la oración de testimonio de la Unidad Divina, ashadu an la ilaha illa-llah, levantando el índice de su pequeña mano derecha. El bebé llamó a Al-lâh en tonos que fundían el corazón: “Ya Al-lâh. Me vuelvo hacia Ti y solo a Ti, tráeme mi comunidad espiritual. Permíteles a todos alcanzar la bendita cercanía Contigo”.

            No deberíamos pensar que son milagros increíbles. Al-lâh, el Todopoderoso hizo que un insecto le hablara al profeta Salomón en el Valle de las Hormigas. En el Día de la Resurrección, por venir, El hará que nuestras manos testifiquen sus acciones, mientras nuestros labios permanecerán sellados. Si así El lo desea, Al-lâh es, con toda seguridad, capaz de dar el poder de hablar aun infante.

            Nuestro ilimitado intelecto es incapaz de comprender la creación de los Profetas y los milagros conferidos sobre ellos. Una actitud receptiva a estas maravillosas manifestaciones, nos es más fructífera que su negación.

            El niño Jesús no habló por su propia voluntad, sino por la inspiración de Al-lâh, quien es capaz de todas las cosas. Al-lâh el Más Alto consoló a la afligida Madre Virgen haciendo que el niño se dirigiera a ella.

            En esencia su Señor estaba diciendo: “¡Oh bendita madre María!, no te desesperes. Tu Exaltado Señor ha hecho de este niño un gran profeta y un noble líder. Mira, tu Señor ha hecho que fluya una corriente de agua clara y dulce. Bebe de esa agua y lava a tu bebé y a ti misma en ella. Sacude la palma para que te de dátiles frescos”.  

Al-lâh continuó hablando al corazón de la Virgen: Así que come, bebe y confórtate.  Y si vieres a algún mortal, dile: "He prometido ayuno al Todomisericordioso, así que no puedo hablar a ningún ser humano" (C.19:26)

El dulce arroyo, que la Realidad Todopoderosa y Autosubsistente hizo fluir donde no había agua antes, no era un arroyo terrenal.  Se volvía frío cuando la Virgen bendita deseaba beber y se volvía caliente cuando ella quería bañarse o lavar a su pequeño hijo.

El venerable Ibn Abbás establece que este arroyo surgió en el punto en el que Jesús tocó el piso con su pie.  Igual como apareció el santo manantial Zamzam, cuando el bebé Ismael -que la paz esté con él- golpeó con su talón en el suelo donde hoy está el santuario de la Meca.

Tan pronto como la Virgen María dio a luz al niño Jesús, la palma invernal se tornó verde y dio frutos para que ella se consolara.  De la misma forma.  Al-lâh el Altísimo surtió a Mariam con frutos invernales en verano y frutos veraniegos en invierno, cuando ella devotamente se encontraba en alabanza solitaria en un cuarto accesible solamente al profeta Zacarías, que la paz esté con él.

Sólo Al-lâh es Todocapaz y Todopoderoso.  Estos milagros fueron enviados para librar la ansiedad y la pena que sentía la Madre Virgen al comprender la calumnia que tendría que soportar.  Se le dijo claramente: "¡No te aflijas!  No respondas a esos infieles que niegan el poder de Al-lâh.  Señálales que el día de hoy tienes voto de silencio.  Come y bebe con júbilo y no te preocupes.  El ignorante no es digno de tu explicación".

Verdaderamente, es mejor alejarse con dignidad de las tonterías y la ignorancia.  La Madre bendita obedecía muy animada estos mandatos divinos.

Alimentaba al niño Jesús que le conversaba con lenguaje fluido.  José el carpintero se encontró con que su amada protegida había dado a luz.  Se puso a recoger madera para hacer una fogata que mantuviera caliente a la Virgen.  Entonces sacó siete nueces de su bolsillo, las partió y se las dio para que las comiera.

"Cuando estaba encinta de Jesús -recordaba la Virgen bendita- solía oírlo glorificar a Al-lâh desde mi vientre.  Cuando alguien me saludaba, escuchaba a Jesús devolviendo el saludo desde mi interior".

La siguiente tradición oral ha sido transmitida desde el Príncipe de los Profetas, el bendito Muhammad Mustafá: "Cada vez que un ser humano nace, Satán apunta hacia el bebé con un dedo.  Pero el demonio no tuvo forma de hacerlo al hijo milagroso de María.  Al-lâh protegió a Jesús de este toque perverso".

En el mismo día, después del Nacimiento Virgen, se vio caer en postración a los falsos ídolos de todo el mundo.  El nacimiento de Jesús causó a Satán gran aflicción.  El Mesías Jesús también daría las nuevas a la humanidad y a los seres  de los planes sutiles de la venida del Príncipe del Universo, el amado profeta Muhammad.

El glorioso Corán revela las siguientes palabras del amado Jesús: "Oh, hijos de al sagrada Israel, yo soy un mensajero de Al-lâh para ustedes, confirmando la sagrada Torah que me precede, y traigo buenas nuevas de un Mensajero que vendrá después de mí, cuyo nombre es Ahmad, que significa el altamente alabado".

Pero cuando Jesús se presentó ante ellos con claras señales divinas, ellos dijeron: “Esto es pura brujería” (C. 61:6)

Jesús, que la paz esté con él, había dado a la gente de Israel las buenas noticias de que nuestro maestro Muhammad vendría como una gracia para todos los mundos.  Sin embargo, cuando Muhammad finalmente llegó, fue acusado de hechicería, descartando al Sagrado Corán y a sus benditos milagros como producto de la imaginación y la magia.

Satán y sus fuerzas negativas se aterrorizaron cuando los ídolos falsos se voltearon cara hacia abajo después del nacimiento de Jesús.  No podían entender.  Todos los demonios se congregaron para consultar a Satán, a quien encontraron sentado en un trono que flotaba en el agua: “¿Qué ha pasado? –les preguntó-  ¿Cuál es la razón de todo este pánico?”

En una sola voz respondieron:  “Esta mañana hemos encontrado todos nuestros falsos ídolos volteados sobre sus caras.  Tememos que los humanos ya no los adoren.  Hemos venido a buscar tu consejo, pues no sabemos la causa ni el significado de todo esto”.

Satán les dijo:  “Tampoco sé nada de estos sucesos, deben esperar pacientemente mientras investigo qué está pasando en el universo les informaré tan pronto sepa”.

Instantáneamente voló en su extraño trono.  Al llegar al lugar donde el amado Jesús había nacido y encontrar ahí a los santos ángeles ensimismados en adoración, Satán se dio cuenta de que había encontrado la causa.  Cuando los ángeles vieron a Satán, le impidieron el paso, arrojándolo del sagrado lugar de la natividad.

Así Al-lâh, gloriosa sea Su Majestad, protegió a Jesús del daño de Satán.  A esto es a lo que nuestro bendito Maestro se refería en la tradición oral que se citó anteriormente.

Cuando Satán se presentó ante sus cómplices demoníacos, les dijo:  “La caída de los ídolos falsos parece haber sido causada por el nacimiento del profeta Jesús.  Usualmente se me informa cuando una mujer está encinta, pero no tuve noticias del nacimiento de este niño.  –Agregó entonces- a muy pocos profetas, a los que nos hemos opuesto anteriormente, han sido otorgados poderes milagrosos como los de Jesús.  La razón por la cual no tuve conocimiento previo, es que el Mesías Jesús fue creado por el aliento de Gabriel, el Confiable, y yo no puedo ir a donde esté presente el arcángel Gabriel.  Pero no se desanimen.  Tomaremos ventaja del hecho de que este niño fue concebido sin padre.  Llevaremos por el camino erróneo a muchos de sus futuros seguidores con la creencia de que, como Jesús no tiene padre mortal, debe ser el literal hijo de Dios”.

Aquéllos que aman al noble Jesús, deberían tener presente que dos grupos de gente son desviados por las maliciosas distorsiones difundidas por Satán.  El primer grupo consiste en los que aman intensamente al Mesías Jesús, pero que le atribuyen divinidad absoluta y niegan su naturaleza humana.  Tienen la creencia politeísta de que Jesús es solamente una segunda deidad, por lo que pierden las bendiciones de su humanidad perfecta.  El segundo grupo está formado por los que niegan la auténtica naturaleza profética de Jesús.  Lo miran como un hijo ilegítimo y le atribuyen falsamente a su santa madre los pecados del adulterio y la mentira.  La negación involucrada en ambos grupos no prevalecerá sobre la verdad.

Los musulmanes creen que el amado Jesús es un alma profética suprema, que se manifestó únicamente por el poder de Al-lâh, para expresar el mismo Espíritu de Dios.  Los musulmanes creen que Jesús fue crucificado sólo en apariencia, ya que en el Corán está escrito:  Ni lo mataron ni lo crucificaron, aunque eso les pareció... Al-lâh lo elevó hasta Sí Mismo. (C. 4:157-158)

Tanto los musulmanes como los cristianos aceptan la ascensión corporal de Jesús al Paraíso y ambos esperan su milagroso retorno a la tierra.  Al-lâh reveló al noble profeta Muhammad un total de más de cien versos coránicos, en los que enaltecen y veneran a Jesús y a su madre Virgen.

Dos Suras completos del Sagrado Corán están principalmente dedicados a ellos, el Sura Mariam y el Sura as-Saff.  Este último también es llamado el Sura Isa, o Capítulo de Jesús.

Los versos del Sagrado Corán están dirigidos a aquellos que tienen temor de Dios, a aquellos que adoran, obedecen y aman al Dios Uno, a los que reconocen al noble Muhammad y a todos los profetas que vinieron antes que él, junto con las sagradas escrituras que les fueron reveladas y a aquellos que comparten sus sustento con el pobre.  Se nos ha asegurado que la salvación y el éxito en ambos mundos es alcanzado por personas de fe como esta.

Al recibir interiormente las noticias del nacimiento del amado Jesús, un grupo de sabios emprendió la marcha desde sus tierras, para presentar sus respetos al santo Niño.  De camino a Belén, la caravana atrajo la atención del gobernante de Siria, quien preguntaba acerca de su destino.  “El Mesías ha venido al mundo –le dijeron- una estrella milagrosa ha aparecido en el cielo para guiarnos hasta él, a fin de presentarle regalos al Santo Niño”.

“¿De qué tipo son los regalos que ustedes portan?” preguntó el tirano.

“Oro, bezoar y mirra son los regalos simbólicos más importantes que llevamos” respondieron.

Cuando se les preguntó por qué consideraban apropiadas estas ofrendas para el Mesías, explicaron:  “El oro es el maestro de todos los poderes del mundo, y el Mesías Jesús es el Maestro de esta era.  Bezoar es el remedio para cualquiera herida, el antídoto para toda enfermedad.  El Mensajero que acaba de nacer será un remedio curativo para muchos que están enfermos y que sufren.  Con el permiso divino, hará que el ciego vea, que sane el leproso y volverá a la vida a los muertos.  En cuanto a la mirra, su perfume se eleva a las moradas celestiales y atrae a la corte angelical.  Esto también es simbólico, pues la gente buscará matar a Jesús, pero el exaltado Señor lo elevará al cielo, así como se eleva la esencia de la mirra”.

El gobernador de Siria se volvió loco de envidia al escuchar este relato de los sabios y decidió convertir al amado Jesús en un mártir.  “Infórmenme de su paradero cuando lo encuentren –les dijo a los sabios- para que yo también pueda enviarle las ofrendas apropiadas”.

La caravana continúo su camino hasta llegar con la Virgen María y presentar sus regalos.  El pequeño Mesías se dirigió a ellos y les dijo: “Si se encuentran nuevamente al gobernador de Siria, no le digan donde estoy.  Él siente envidia hacia mí e intenta hacerme un mártir”.

En el viaje de regreso a sus lugares de origen, la caravana evitó pasar por los dominios sirios.

Capítulo Siete

El regreso de la Madre Virgen a su gente

El noble José escondió a su prima Mariam en una cueva por cuarenta días después del alumbramiento.  Al término, se reunieron con la familia.  En el camino, el niño Jesús le decía a su madre:  “Oh, madre bendita, recibe las buenas nuevas de que yo soy servidor y Mesías del Exaltado Señor.  No sientas pena ni desmayo”.

Sin embargo, los parientes de María sintieron aflicción cuando la vieron llegar con el bebé en su pecho.

 El Santo Corán nos relata: Entonces ella lo trajo a su gente, llevándolo en sus brazos.  Ellos dijeron: “¡Oh! Hermana de Aarón, tu padre no fue un hombre inmoral, tampoco fue impura tu madre”.  Ella les indicó que debían preguntarle al amado Jesús.  Dijeron: “¿Cómo podemos hablarle si sólo es un pequeño de cuna?”  Jesús respondió: “Yo ciertamente soy un servidor de Al-lâh.  Él me ha dado la revelación y me ha designado Su profeta.  Él me ha hecho bendito, donde sea que me encuentre, y me ha ordenado que rece y que Lo sirva a lo largo de toda mi vida.  Él me ha hecho amable con mi madre y no me ha hecho ni arrogante ni rebelde.  La paz estuvo conmigo el día en que nací y estará el día en que muera y el día en que ascienda al Paraíso”.  Así era Jesús, el hijo de María.  Esta es una clara afirmación de la verdad que ellos discutían. (C. 19:27-34)

La lectura cuidadosa de estos versos coránicos nos muestran que el amado Jesús le dijo a su gente:  “Soy el servidor de Al-lâh”.  Él no afirmó:  “Soy literalmente el hijo de Al-lâh”.

Los musulmanes reconocen que Jesús, la paz esté con él, es el sublime sirviente de Dios y uno de Sus divinos mensajeros.  Con el conocimiento de que Jesús fue creado sin padre, lo llaman Ruhullah, el espíritu de Dios.

Los creyentes cristianos aciertan al sentir gratitud por el venerable Muhammad Mustafá, aún cuando no han podido aceptarlo como su profeta, porque ha sembrado un gran amor por la Virgen María y su hijo Jesús el Mesías en millones de corazones.

El mensaje esencial de todos los profetas ha sido el mismo:  La ilaha ila-láh.  No hay nada digno de adoración, excepto el Dios Uno.

Por lo tanto, mencionamos a cada profeta con la única afirmación de unidad divina:

La ilaha ila-láh, Adam Safíiu-láh.

Sólo el Dios Uno es digno de alabanza, y Adán es el amigo de Al-lâh.

La ilaha ila-láh, Nuh Nayiu-láh.

Sólo el Dios Uno es digno de alabanza, y Noé es el Confidente de Al-lâh.

La ilah ila-láh, Ibrahim Jalilu-láh.

Sólo el Dios Uno es digno de alabanza, y Abraham es el Íntimo amigo de Al-lâh.

La ilaha ila-láh, Dawud Jalifatu-láh.

Sólo el Dios Uno es digno de alabanza, y David es el Representante de Al-lâh.

La ilaha ila-láh, Musa Kalimu-láh.

Sólo el Dios Uno es digno de alabanza, y Moisés es el que Conversó con Al-lâh.

La ilaha ila-láh, Isa Ruhu-láh.

Sólo el Dios Uno es digno de alabanza, y Jesús es el Espíritu de Al-lâh.

La ilaha ila-láh, Yumlatul-anbíiai Nabíiu-láh.

Sólo el Dios Uno es digno de alabanza, y cada profeta es el profeta de Al-lâh.

La ilaha ila-láh, Muhammad Rasulu-láh, wa Habibuláh Hátamun-Nabíin, Saíidul-Mursalin, Rasuluz-Zaqalain, Hátamul-Mursalin.

Sólo el Dios Uno es digno de alabanza, y Muhammad es el Mensajero de Al-lâh, el Amado de Al-lâh, el Sello de los Profetas, el Jefe de los Mensajeros, el Mensajero de los Hombres y de los Yinn, el sello de los Mensajeros.

Salawatu-lahi aláihim ayma’in.

Que las bendiciones de Al-lâh estén con todos ellos.

La Virgen bendita provenía de una familia reconocida por su virtud y honor, por su pureza y devoción.  En el Sagrado Corán se le refiere como hermana de Aarón.  Este Aarón no es el hermano del venerable Moisés, sino un amigo íntimo de Dios, reverenciado por su rectitud y santidad entre los Hijos de Israel.

El padre de María, ‘Imrán, es mencionado en el Sagrado Corán como un hombre honorable y muy respetado.  Su madre, la noble Hanna, era también un ejemplo de pureza y virtud.  Así podemos entender el relato coránico del recibimiento tan sobresaltado, viendo que Mariam había sido educada en una familia como esta, cuando la gente la vio llegar madre soltera con un bebé en brazos.

Según el historiador ‘imrán ibn Maimun, los vecinos de María, la detuvieron y la llevaron ante la corte religiosa para que fuera juzgada.  Ya estaban preparados para lapidarla pero, al darse cuenta que niño Jesús podía hablar, detuvieron las demandas de castigo y, sin atreverse a insultarla, se retiraron y la dejaron sola.

Otros eruditos sostienen que la Madre Virgen fue llevada por un primo y protector José el carpintero, a una región de Egipto, llamada Rabwa.

“Y Nosotros hicimos del hijo de María y de su madre una bendita señal.  Y Nosotros les proporcionaremos refugio en Rabwa, un lugar seguro y regado por manantiales”. (C.23: 50)

La tradición oral indica que María pasó dos años en Egipto, donde ella sostenía a su pequeño hijo con el sudor de su frente, hilando lino y trabajando en los campos durante el tiempo de cosecha.  Bajo el ardiente sol, llevaba a su apreciado hijo bajo el brazo mientras recolectaba o apilaba lo cosechado.

Además  de Egipto, nuestras fuentes mencionan otros diversos lugares donde la Santa Madre y su hijo se habrían refugiado; la ciudad de Damasco fue uno de estos lugares, según la respetada autoridad de Abd as-Salám, que Al-lâh esté complacido con él.  Él era un noble compañero del amado profeta Muhammad y un famoso erudito judío antes de acoger el Islam.

También la ciudad de Ramla, según la autoridad de Abú Huraira; quien fue otro de los benditos Compañeros.  Y la tierra santa de Arabia, de acuerdo a Qatada y a Ka’b, que Al-lâh esté complacido con ambos.

El erudito Sa’id al-Hudri hace la crónica de la educación escolar del amado Jesús:

Cuando la Madre Virgen consideró que su hijo tenía edad suficiente para aprender a leer y escribir, lo llevó y entregó al cuidado de un maestro religioso.

El maestro inició las lecciones instruyendo a Jesús en la forma de decir: Bismilahi Rahman ir-Rahim, En el nombre de Dios, Todomisericordia y Compasión.

Cuando el hermoso y precoz niño le preguntó sobre el significado secreto de Bismilah, el maestro confesó que no lo sabía.  El niño explicó calmadamente: “La letra b significa Baha’uláh, la espléndida belleza de Al-lâh.  La s significa Sana’uláh, la majestad sublime de Al-lâh, y la letra m quiere decir Mulku-láh, el poder soberano de Al-lâh”.

Entonces el maestro le pidió a su extraordinario alumno que recitara el alfabeto.  El amado Jesús le respondió preguntándole si sabía el significado secreto de las letras.  El maestro lleno de cólera estaba a punto de pegarle a Jesús con una vara, cuando el niño dijo: ¡Espera! Primero pregúntame si conozco el significado del alfabeto.  Puedes pegarme si no te doy la repuesta correcta”.

El maestro asombrado le pidió que le diera la interpretación de abyad, que son las primeras cuatro letras; que corresponden a abcd en español,

El noble Jesús explicó: “La letra alif significa Ala’uláh, los agraciados favores de Al-lâh, la es de Baha’uláh, la belleza espléndida de Al-lâh, yim significa Yalaluláh, la majestuosidad de Al-lâh, y dal es de Dinuláh, la religión de Al-lâh”.

“¡Continúa por favor!”, le suplicaba el maestro.  El profético niño continuó a través de todo el alfabeto.  “Para la letra en hawwaz, está en lugar de hawiya, una de las profundidades del infierno.  La waw de de wayl, que significa infortunio, como en ¡Infortunio para los habitantes del Infierno! Zay de zafir, la crepitación de las llamas del fuego del Infierno.  El grupo hutti significa que los pecados son perdonados a aquellos que se arrepienten y buscan el perdón de Al-lâh.  El grupo kalaman se refiere al carácter no creado e invariable del discurso de Al-lâh.  Kalamulahi jairu mahuqin, la mubaddila li-kalimatih; el discurso de Al-lâh es increado,  Sus palabras son inalterables.

El grupo sa’fas es la forma resumida de una expresión que significa cualquier acción en este mundo será recompensada o castigada en la otra vida.  El significado de qarashat es que en el Día de la Resurrección, aquellos cuyos pensamientos y acciones los arrastran al Infierno serán castigados por su fuego”.

El maestro quedó pasmado por el profundo comentario escuchado de los labios de un niño.  Mandó  llamar a la Virgen María y dijo: “Toma a este, tu hijo, ya que no tienen necesidad de ninguna instrucción que yo pueda darle.  Este muchacho ha estudiado en la escuela mística de Dios.  ¿Qué podría aprender de un maestro terrenal?”.

Capítulo Ocho

La veneración de la bendita Virgen María

Los ángeles dijeron: ¡Oh! María, Al-lâh te trae buenas nuevas de Su palabra.  Su nombre debe ser el Mesías Jesús, el hijo de María, reverenciado en este mundo y en la otra vida, y uno de los más cercanos a Al-lâh.  (C. 3:45)

En un breve y humilde tratado como este, no es posible hacerle justicia a la bendita Virgen María, ese ser perfectamente santificado por la gracia divina y honrado con Su revelación.

Ella y su amado hijo Jesús han sido rechazados por mucha gente.  Sin embargo, musulmanes de toda raza y color, incluyendo turcos, persas, afganos, indios, paquistaníes, indonesios, albanos, árabes y nigerianos, no tienen más que amor y respeto por esta santificada mujer, igual que los cristianos de todas partes del mundo, entre ellos, españoles, franceses, italianos, alemanes, checos, ingleses, americanos, holandeses, suecos, suizos, noruegos, griegos, búlgaros, rumanos, húngaros, serbios y rusos.

Que estos dos grupos de amantes se amen los unos a los otros.

Los Hijos de Israel creen en el milagro del amado Moisés, cuando su bastón se convirtió en una serpiente.  Ellos aceptan el hecho de que su bendita mano estaba radiante de luz.  También creen que el Mar Rojo se separó cuando el profeta lo golpeó, liberando así a su gente de la tiranía del Faraón.

Además de las manifestaciones milagrosas del noble Moisés, los Hijos de Israel también reconocen aquellas demostraciones de otros muchos profetas.  ¿Acaso no es extraño que algunos negaran la naturaleza profética de Jesús, quien les trajo tal honor y quien así lo hará eternamente?

Como musulmanes, creemos en el nacimiento milagroso y en la sublime espiritualidad de Jesús.  El Sagrado Corán atestigua la santidad de Mariam, como el receptáculo bendito de la revelación divina, y como la Madre Virgen del gran Profeta, a quien ella concibió y dio a luz a través del poder de Al-lâh únicamente.

El Sagrado Corán glorifica su nombre al vincularlo siempre con el nombre de su amado hijo, llamado Isa-bnu Mariam, Jesús hijo de María.

En el servicio funeral islámico, el fallecido es nombrado con un matronímico, como un gesto de respeto al amado Jesús.  Además del respeto hacia él, las almas serán llamadas por su matronímico para entregar cuentas en el Día de la Resurrección.

Como un signo adicional de respeto por el estadio exaltado de Jesús, seremos resucitados en cuerpos espirituales, esencialmente con la apariencia que teníamos a la edad de treinta y tres años, o sea, a la edad en que el mismo Jesús dejó el mundo inferior.

Aquellos fieles a Al-lâh y a todos Sus Mensajero, expresan su gratitud, afecto y respeto por la bendita Virgen poniéndole a sus hijas el santo nombre de Mariam.

Su concepción a través del aliento del Espíritu Santo y el exaltado milagro de la forma en que alumbró al Mesías es considerado por toda la gente de fe como un maravilloso signo de gracia divina.

Su noble nombre y persona son honrados y venerados.  Su radiante morada espiritual está en los corazones iluminados de todos aquellos que creen en Al-lâh, el Altísimo.  Ella es una santa viviente, como una entre los santos amigos de Al-lâh, ella no murió, sino que entró en el dominio de ser eterno.

Aquí hemos intentado ofrecer humildemente al menos un pequeño botón de un vasto jardín de rosas, transmitiendo la fragante esencia de la Virgen María como está descrita en el Glorioso Corán y en la tradición oral del Islam.

Que obtengamos el placer eterno de la sublime guía de Al-lâh, derramada a través de todos los profetas, y que seamos incluidos entre los rectos sirvientes.  Digamos Amén, en el nombre del Príncipe de los Mensajeros, Muhammad, que la paz y las bendiciones estén con él.


Capítulo Nueve

La tumba de la Virgen María

De acuerdo a algunas fuentes islámicas, cuando María llegó a su fin en este mundo, su bendita forma fue enterrada en el Monte de los Olivos. Ciertas fuentes europeas establecen que la Virgen murió en Efeso.

El amado Muhammad es el único profeta cuyo lugar de descanso terrenal es conocido con absoluta certeza. La forma del noble mensajero de Al-lâh yace bajo el domo verde en Medina, mientras que él vive en el mundo espiritual y atestigua íntimamente la condición de su comunidad.

Al-lâh, el más Misericordioso, seguramente recompensará a los siervos que visiten Efeso con la creencia sincera de dar sus respetos a la tumba de la Virgen María; puesto que en el Islam, como el noble Mensajero nos ha dicho, el valor de las acciones se deriva de su intención.

Si nuestros antecesores no hubieran estado inciertos acerca del lugar, hubieran considerado su deber construir una mezquita en Efeso que llevara el nombre de María.

A la luz del estadio tan exaltado que se le otorga en el Sagrado Corán, sería apropiado para los musulmanes benevolentes de la generación actual, construir la Mezquita de María en Efeso, donde continúen venerándola musulmanes y cristianos sinceros.

En el mundo contemporáneo la humanidad está dividida en dos campos, los que creen en Dios y en el Día de la Resurrección, sean los judíos, cristianos, musulmanes, o aquellos de otras nobles tradiciones.  Y, en el otro campo, los materialistas y los ateos.

Como musulmanes, aceptamos de todo corazón a todos los Profetas que precedieron a nuestro bendito Maestro, así como también a los libros de las Escrituras que les fueron revelados; a pesar de que la Gente del Libro, judíos y cristianos, no muestran igual amor y respeto al profeta Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, ni al Sagrado Corán.

Con la construcción de la mezquita de la Virgen María en Efeso, fomentaríamos el crecimiento del amor entre cristianos y musulmanes.  Sería un lugar de sinceros amantes de la Virgen para que las dos nobles tradiciones se encuentren y experimenten la dulzura de una amistad santa.

Capítulo Diez

Una súplica del autor

¡Oh! Al-lâh, el más Alto,

no tienes compañero ni igual.

¡Oh!, más Hermoso que los hermosos,

Tú eres el Maestro de los cielos y de la tierra,

Señor de todos los universos físicos

que conocemos y desconocemos.

¿Cómo podemos atribuir a Ti un hijo físico,

o cualquier otro atributo de limitación?

Eres evidente en Tus obras,

inmutable en Tus atributos;

abarcándolo todo en Tu esencia,

eres capaz de toda manifestación.

En esencia, eres Único.

En atributos, eres Unidad.

Tú no tienes necesidad de nada

pero todo necesita de Ti.

Ubicado en ningún lugar,

Tú estás en todos lados.

Tú no eres engendrado,

ningún ser viene a la existencia fuera de Ti.

Nada en absoluto puede ser comparado a Ti,

pues sólo Tú existes.

Tú estás más cerca de nosotros que nuestra propia alma,

pero estamos lejos de realizarTe.

Acércanos a Ti con afecto verdadero.

Otórganos la unión contigo en el amor.

 

Que nuestros labios se adornen con Tus nombres,

y que con Tu amor sean embellecidos nuestros corazones.

Satán no encuentra sitio en los corazones llenos de Tu amor.

Venimos a la puerta de Tu misericordia,

buscando sólo Tu divino beneplácito.

 

Haz que nuestros ojos y corazones estén dignos de

contemplar Tu belleza.

Que poseamos labios amorosos

para mencionar Tus hermosos nombres,

Y corazones que Te amen con el amor que mereces.

Causamos ofensa con nuestra arrogancia,

y aún así, Tú nos otorgas compasiva recompensa.

La rebeldía y el olvido surgen de nosotros,

el perdón y la gracia de Ti.

Nos has moldeado de una gota en el vientre

y has vestido nuestras almas con la bendita forma humana.

 

De entre la humanidad Tú escoges

a Tus amados Mensajeros y Santos.

Has preparado el Paraíso y la unión mística

para aquellos que son humanos en lo interior y en lo exterior.

Has nuestro mundo interno sublimemente humano,

igual que manifiestas nuestro exterior en forma humana.

 

Expresa Tus cualidades divinas a través de nosotros.

ilumina nuestro semblante

y abrillanta nuestro oscuro y estrecho corazón.

 

Permítenos encontrar placer supremo

en el servicio a la humanidad,

y deleite perfecto en Tu adoración.

 

Admítenos en Tu presencia.

Inclúyenos entre aquellos

que están ante Ti en oración,

que caen ante Ti en postración sincera

que Te glorifican, que Te santifican

y que Te aman sin cesar.

 

A menos que nos ames, ¿cómo podríamos amarte?

Si no nos admites en Tu más íntima presencia,

¿cómo podríamos entrar en Ella?

Inclúyenos entre quienes llegan a Tu presencia,

contemplan Tu belleza y alcanzan la unidad divina.

 

¡Oh! Señor,

danos ojos que lloren con Tu amor,

labios que mencionen Tus hermosos nombres,

y corazones que Te amen incesantemente.

 

Emplea nuestras manos y nuestros pies en obras

que merezcan Tu divina complacencia.

Cuida nuestras mentes de susurros satánicos.

No nos permitas que nos obsesionemos con el mal y la fealdad,

si no manténnos en meditación

en toda nobleza y belleza.

 

Haznos compasivos hacia los pobres

y útiles a aquellos en necesidad,

Consérvanos en buena salud.

no permitas que nos olvidemos de nuestra verdadera intimidad.

ni que seamos ejemplos negativos a nuestros hijos,

ni que muramos siendo esclavos de tiranía alguna.

 

 

Aunque te hayamos desobedecido con frecuencia,

Tú no nos has privado de nuestro sustento,

pues uno de Tus nombres divinos es Paciencia.

Tú siempre nos has otorgado dulce alivio.

Tú nunca eres negligente.

Tú no nos desilusionas cuando imploramos con todo nuestro corazón

¡Al-lâh! ¡Al-lâh!

 

Te pedimos nos hagas jubilosos,

En honor de Adán, Tu amigo,

Noé, Tu  confidente,

Abraham, Tu amigo íntimo,

Moisés, Tu interlocutor.

En honor a la virtud y castidad de María

y la espiritualidad pura de Jesús.

 

En honor a Tu amado mensajero Muhammad

permite que nuestras últimas palabras sobre la tierra sean:

¡Al-lâh! ¡Al-lâh!

 

Que muramos en perfecta fe,

con el glorioso Corán como testigo.

 

Que nuestras tumbas se conviertan en jardines del Paraíso,

perfumadas con rosas e iluminadas con la luz de la fe.

cuando el imponente Día de la Resurrección venga,

permítenos caminar calmadamente y con dignidad

al lugar de reunión.

Permítenos reunirnos bajo el verde estandarte de alabanza,

cerca de Tu amado Sello de Profecía.

 

Permítenos tomar el agua luminosa de Kawzar

de las manos del venerable Muhammad Mustafá,

que Al-lâh lo bendiga y le otorgue paz.

 

Y que recibamos el agua de ese bendito arroyo,

de Alí, el Elegido; de Fátima, la Iluminada;

de Hassan, el Elegido;

de Husein, el Mártir de Karbalá.

Danos refugio en la sombra de Tu Trono

del imponente poder del Día Final.

 

Haz que nuestras buenas acciones tengan gran peso

en el balance de la justicia,

y permítenos entrar agraciados al Paraíso.

Que nuestras caras estén cubiertas de alegría

cuando los registros de nuestras acciones sean leídos.

Permítenos cruzar el puente místico

con deslumbrante rapidez.

Inclúyenos con aquellos sumergidos

en el océano infinito de Tu bienaventuranza.

Líbranos del infierno por la intercesión

de Tu amado Muhammad

y permítenos morar en el Paraíso ¡Oh! Señor,

junto del amado de Al-lâh.

 

Otórganos, ¡Oh! Señor,

nuestra más alta meta,

la bienaventurada visión de Tu belleza

y la realización de Tu unidad.

 

¡Oh! Señor,

protégenos de la malicia de nuestros enemigos

y presérvanos de los horrores de la guerra.

Otórganos que la humanidad aprenda a vivir en paz.

 

¡Oh! Señor,

encomienda a la adorable señora Feriha

-fundadora de la Masyid al-Farah en la ciudad de Nueva York-

al cuidado de la bendita Virgen María,

de la noble Jadiya y de la noble Fátima.

Que ella esté completamente feliz

y que sus propósitos de caridad se cumplan,

dale salud a su dulce y agraciada persona

e incrementa el amor divino que habita en su corazón.

Haz que su semblante sea aún más radiante.

 

¡Oh! Señor,

borra cualquier tristeza de su pecho.

Hazla siempre jubilosa

y asístela incesantemente en las buenas obras

que Tú has hecho sea digna de desempeñar.

 

¡Oh! Señor,

satisface los deseos de su querida

y respetada madre A’isha,

y resguarda a sus estimados hermanos y hermanas de todo mal.

Que sus tristezas se conviertan en alegrías.

 

¡Oh! Señor,

que su amado esposo Haidar

viva hasta una edad madura,

inmune a la tristeza y la aflicción.

 

¡Oh! Señor,

A Haidar al-Karrar,

el indomable León de Al-lâh,

el glorioso Alí,

te encomendamos su esposo,

de gentil corazón, siempre sonriente y de buena naturaleza;

ese sirviente fiel de la humanidad,

ese líder de artistas y de artes,

el compasivo Haidar Bey,

quien aún a sus enemigos trata con magnanimidad,

e inmediatamente perdona a aquellos que le hacen mal.

Hazlo feliz en este mundo y en el Paraíso.

 

¡Oh! Señor,

asiste a Nur en su trabajo

de ofrecer guía espiritual a la gente.

Hazlo resplandecer  con la luz

de la afirmación de la unidad divina.

Hazlo firme en Tu amor

y puro de espíritu a través de la remembranza constante

y la adoración consagrada a Ti.

 

¡Oh! Señor,

que Nur continúe trayendo a la vida

todos los corazones muertos y las almas anhelantes;

ofreciéndoles el remedio universal para el sufrimiento y la pena

y actuando como un líder en el camino de la Verdad.

 

¡Oh! Señor,

Sostén el trabajo de enseñanza del reverendo Tosun Bey,

El sheikh de Spring Valley,

a través de quien primero conocí

a los nobles amantes y buscadores de América.

Mantén su función y estado.

 

¡Oh! Señor,

otórgale honor a Muhtar Bey,

quien ha traducido mis humildes trabajos

a la lengua inglesa.

Encomiéndalo al cuidado de Ahmad Muhtar,

el escogido de Al-lâh.

 

¡Oh! Señor,

otorga realización suprema

a la excelente señora Umid Hanim,

quien fue mi asistente

mientras realizaba este tratado.

 

¡Oh! Señor,

otorga buena salud

al respetado editor de mi trabajo;

que su negocio prospere y su fortuna se incremente,

que sea bendito con la guía correcta.

 

¡Oh! Señor,

confiere Tu luz de Guía sobre todos

aquellos que lean este ensayo,

y a quienes lo hacen disponibles a otros.

Que disfruten de la tierna  compasión

de la bendita Virgen María,

y de la poderosa intercesión de Jesús, el Mesías.

 

¡Oh! Señor,

bendice a aquellos que rezan por nosotros mientras estamos vivos

y aquellos que nos recuerden en sus oraciones

cuando hayamos dejado este mundo.

 

¡Oh! Señor,

cubre las faltas de aquellos

que benignamente pasan por alto las fAl-lâhs

que puedan encontrar en este libro.

 

¡Oh! Señor,

haznos felices aceptando nuestras oraciones

en honor a los Suras coránicos Tá-Há y Iá-Sin,

y en honor a Muhammad,

el Corán Viviente,

y a su bendita comunidad espiritual.

 

Gloria al Señor de Majestad más allá de cualquier descripción,

Y que la paz esté con todos Sus Mensajeros.

 

Alabanza agradecida a Al-lâh, el Más Alto,

Señor de los mundos.

 

Alhamdulilahi rabbi-l-alamín.

 

Epílogo

El pasaje coránico central que describe la anunciación de la Virgen y la natividad de Jesús conlleva muchos niveles de interpretación.  El Sheikh Muzaffer, autor de este libro, observó en una ocasión: “Hay tantas dimensiones diversas de significado en el glorioso Corán como hay palabras, y más aún, como hay letras en su Sagrado texto en árabe”.

La siguiente meditación sobre el Sura 19 del Sagrado Corán, versos 16 al 36, viene de mi libro Heart of the Korán.  Éste contiene versiones contemplativas de más de cien selecciones del Libro de la Realidad, en el que Al-lâh, el Más Alto, describe su revelación al noble profeta Muhammad.  Este misterioso proceso revelatorio, llamado el Corán, duró veintitrés años, a partir de los cuarenta años del Profeta hasta su muerte física a la edad de sesenta y tres.  Alrededor de seis mil versos altamente condensados, o ayats, fueron revelados a su profético corazón y pronunciados en un estado de profunda unión consciente.  Estas hermosas declaraciones fueron memorizadas y escritas en hojas de palma por sus compañeros espirituales.  Los versos coránicos contienen ilimitadas implicaciones que, junto con la tradición oral del Profeta, han guiado confiablemente a la comunidad global del Islam por catorce siglos, sin ninguna pérdida de vitalidad espiritual o creatividad cultural.

He interpretado el relato coránico de la Anunciación, como la experiencia exaltada de la Virgen María “en el plano de visión espiritual, más real y más intensa que la esfera de percepción mundana”.   Esto no es, de ninguna manera, el único posible punto de vista sobre este rico pasaje, que abre muchos horizontes del entendimiento.

En este libro he incluido un comentario adicional, que indica que en el pasaje comentado también figura el proceso de impregnación y de alumbramiento espirituales experimentados por el derviche a lo largo del camino místico islámico, o tariqa.

Durante su segunda visita a América en 1978, el gran Sheikh de la orden Yerrahi, con su característica generosidad me trajo un manuscrito de una edición encuadernada en piel, de un treintavo del sagrado Corán.  Después de recibirlo directamente de sus benditas manos, besé el pequeño volumen para expresar mi gratitud y lo coloqué en el alféizar de una ventana para mantenerlo respetuosamente en un lugar alto.  Nunca volví a ver este regalo.  Simplemente desapareció en el fluir de los visitantes a la casa cercana a la ciudad de Nueva York, donde Muzaffer Effendi se hospedaba.  Pero tiempo después, empecé a trabajar en un manuscrito de tafsir, o comentario coránico libre, que sería publicado diez años más tarde como Heart of the Korán.

Tales son los milagros sutiles, visibles solamente a los ojos del corazón, que ocurren alrededor de un guía verdadero.  Ese volumen sagrado de antigua caligrafía arábiga desapareció misteriosamente en mi ser y volvió otra vez con una inesperada forma nueva, más adecuada para la iluminación de mi ambiente cultural de habla inglesa.

Cada palabra y matiz en estas meditaciones están fundamentadas en el Corán original, en las enseñanzas verbales y en la atmósfera sutil del Sheikh Muzaffer, que todavía irradia mis experiencias en sueños y en vigilia.

La espontánea aparición del libro Corazón del Corán es un ejemplo concreto del proceso místico de impregnación y alumbramiento, tan perfectamente expresado por la experiencia de la Virgen María.

La visión de anunciación de María

Mi amado Muhammad (saws) por favor relata a tu gente la imponente experiencia visionaria de la Virgen María.  Retirándose al amanecer a una recámara solitaria que daba al oriente, ella contempló la Fuente de la Belleza durante la hermosa salida del sol en el desierto.  Sentada con gran tranquilidad, entró gradualmente en un profundo estado meditativo, en el que la existencia de su familia, e inclusive la del mundo entero, se cubrió con un velo de luz divina.  En un plano de visión espiritual, más real y más intenso que el de la esfera de percepción mundana, mi amada María experimentó la concepción y el nacimiento del profeta Jesús.

La fuente de luz se le manifestó primero como una intensamente luminosa y exaltada forma humana.

Distraída de su concentración en la oración, exclamó: “¡Que el Todo Compasivo me proteja de este ser enigmático!”  La forma angelical respondió: “¡Bendita María, sólo soy un servidor y mensajero de Al-lâh, el Más Alto, enviado para confirmar que procrearás un hijo santo, de pureza insuperable!”.

Mi amada respondió: “¿Cómo puedo ser madre, habiendo vivido en virginidad perfecta?”.  El radiante emisario de la Fuente de Luz explicó: “Bendita Virgen Madre, cualquier cosa que sea afirmada por la Fuente del Ser, deviene sin ningún esfuerzo.  Desde antes de la eternidad, Al-lâh el Más Compasivo, ha ordenado este amor, para que los seres humanos la contemplen a través de la historia”.  Así mi amada María, alcanzada por un rayo de luz divina, directamente de la Fuente de Luz, concibió instantáneamente.  En su visión se retiró a un oasis secreto y permaneció aislada ahí en oración solitaria.

A través del misterioso decreto de la Fuente de Poder, el santo nacimiento ocurrió inmediatamente.  Las contracciones le llegaron junto al tronco de una palmera.  El bebé nació rápidamente.  Impactada y agobiada por la milagrosa natividad, la Santa Madre exclamó: “¡Que haya yo muerto en el desierto y que mi cuerpo nunca fuera encontrado!”  Pero el recién nacido le habló suavemente en su visión: “Mi bendita Madre María, no hay razón de pena o de temor.  La Fuente del Amor ha manifestado junto a ti un manantial de agua fresca, y si sacudes esta palmera, caerán dátiles maduros a tus pies.  Así que come, bebe y consuélate en perfecto silencio por la ilimitada misericordia de Al-lâh.  Si te encuentras con algún extraño, di: ‘Estoy ayunando en alabanza al Todomisericordioso y no puedo conversar contigo’”.

Todavía ensimismada en el alto plano de visión espiritual, condujo en sus brazos a casa a este niño de luz.  Conmocionada por su maternidad, su familia protestó: “Hija de un inmaculado linaje, ninguno de tus ancestros ha transgredido la forma santa de vida.  ¿Por qué has cometido esta acción inmoral?”  Mi amada, ahora serena y en su silenciosa sumisión a la Fuente del Amor, tranquilamente indicó que su familia debía preguntar al radiante niño en sus brazos.  Aún más consternados, dijeron: “María, ¿has perdido la razón?  ¿Cómo podemos conversar con un recién nacido? Al momento, el niño Jesús con voz dulce y clara: “Miren cuidadosamente.  Ustedes verán y entenderán que yo soy el devoto sirviente y fiel mensajero de Al-lâh el Altísimo.  La fuente de sabiduría ya ha puesto el Santo Evangelio en forma sutil dentro de mi corazón secreto y me ha despertado como Su penúltimo profeta.  La Fuente siempre presente me ha emanado como un ser humano totalmente bendito, sin importar hacia donde vaya o lo que haga.  Al-lâh, el más Misericordioso, me ha dado el poder para rezar incesantemente y para ofrecer servicio amoroso e iluminación espiritual a todos los seres.  Principalmente, la Fuente del Amor me ha enseñado a apreciar a mi preciosa madre, la Virgen María, quien será un canal de amor divino para todos las generaciones futuras.  Puesto que mi Señor me ha hecho su más humilde servidor y mensajero, la misma paz de Al-lâh, el más Alto, fluirá a través de mí a toda la humanidad, desde el momento de mi milagroso nacimiento hasta el momento de mi ascensión milagrosa al Paraíso”.

Tal fue la noble visión espiritual que tuvo María del niño Jesús, ese Mensajero de la Verdad lleno de pureza, directamente enviado de la Fuente del Amor, y cuya naturaleza profética todavía se duda tontamente.  Al surgir la exaltada alma profética del Mesías Jesús, Al-lâh el Altísimo no concebía a un niño en ningún sentido humano.  Esto es claramente imposible para la Fuente Última, que es simple radiancia ilimitada.  Al-lâh, el más Misericordioso, canalizó su palabra de amor perfecta e inmaculadamente a través de una mujer viva de absoluta pureza.  La Fuente del Ser solamente necesita contemplar la existencia de un ser para que ese ser devenga.

Mi amado Muhammad, explica a tu gente: “Es absolutamente cierto que la Fuente siempre Presente es tu fuente, al igual que mi fuente.  Dediquen sus vidas completamente a la Fuente de la Vida.  Este es el camino directo del Islam”. 

Meditación sobre el Sagrado Corán (C. 19:16-36

Epílogo

El autor de este trabajo, Sheikh Muzaffer Ozak, dejó el mundo visible en 1985.  Él es un Waliuláh, o íntimo amigo de Al-lâh, término usado para referirse a los santos en la tradición islámica.

El Sheikh Muzaffer Ozak al –Yerrahi fue, durante 20 años, el Sheikh de la Orden de Derviches Halveti-Yerrahi.  Fue un prolífico autor en lengua turca. El Sheikh Muzaffer fue bien conocido por su sabio consejo, su orientación espiritual y su maestría para interpretar sueños.

Él fue educado por una sucesión de maestros sabios y eruditos que lo instruyeron en todas las ramas de la tradición islámica.  Fue muezzín y posteriormente tomó el cargo de Imán en muchas mezquitas de Estambul.

Más tarde se retiró del oficio de Imán y predicaba sermones los viernes en una mezquita cerca del famoso mercado de libros de Estambul.  Ahí era dueño de una tienda especializada en libros antiguos y religiosos.

Realizó numerosos viajes, no sólo hizo la Peregrinación a la Meca once veces, sino que viajó al Este Medio, a los países Balcánicos, a Europa Occidental y los Estados Unidos de Norteamérica.  Ahí dejó patente su profundo amor por la gente americana, al fundar las numerosas ramas de la Orden Halveti-Yerrahi.
 

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