Número 184  //  27  de Agosto de 2002  //  19 Jumada Al-Thaani 1423 A.H.

 TRADICIONES DEL MUNDO

Aprendizaje islámico a partir de la
experiencia mística de Ángelus Silesius

 

 


Jornada primera: Conocimiento con sabor a Islam

1.       La Creación es un Libro: quien sabiamente sabe leerla encontrará en ella al Creador sutilmente revelado.

2.       Muere antes de morir, para que no mueras cuando debas morir; o bien tendrás que perecer.

3.       Dios mismo pone la flecha, Dios mismo tiende el arco, Dios mismo dispara.

4.       El Altísimo es absolutamente sin medida, lo sabemos; ¡y, sin embargo, un corazón humano puede cercarlo totalmente!

5.       El espíritu que Dios me insufló al crearme ha de sumergirse de nuevo esencialmente en Él.

6.       Hombre, si dices que algo te mantiene alejado de Dios es que aún no haces uso del mundo como conviene.

7.       Amo una sola cosa y no sé lo que es: porque no lo sé es por lo que la he elegido.

8.       No hay que clamar a Dios, pues la fuente está en ti.

9.       Dios no hace distinción, y para Él todo es igual: se comunica a la mosca igual que a ti.

10.   El pan no te alimenta, lo que en el pan te da de comer es el Verbo.

11.   Ve más allá de la santidad. Quien puede superarla es, con Dios y el hombre, el mejor de todos.

12.   Las obras tienen igual valor.

13.   Todas las obras son iguales para Dios: el santo, al beber, le complace tanto como cuando reza y canta.

14.   Hombre, deja los dones de Dios y corre a Él mismo; si te quedas en los dones, no alcanzas la quietud.

15.   Es el diablo tan bueno, en esencia, como tú. ¿Qué le falta? Lo mismo que a ti: tener la voluntad muerta y quietud.

16.   Tu condenación no apena a Dios. No sufre el sol cuando te apartas de él, luego no sufre Dios cuando vas al abismo.

17.   En el interior del alma, todos los sentidos son un sentido. Los sentidos son, en espíritu, todos un sentido y una percepción. Quien contempla a Dios, lo saborea, lo toca, lo huele y lo oye también.

Jornada segunda: Dios y su íntimo (walî)
 

18.   El abismo de mi espíritu invoca siempre a grandes gritos al abismo de Dios: dí, ¿cuál es más profundo?

19.   Todo vive y todo se agita. Me pregunto, no obstante, si el mundo contiene más vivos que muertos (en Dios).

20.   Antes de ser algo, yo era la vida de Dios.

21.   ¡Qué pequeño es, pues, el hombre si no va a sentarse por encima de sí, en el trono de Dios!

22.   Si mi voluntad está muerta, Dios se ve forzado a hacer lo que yo quiero: yo mismo le prescribo su modelo y su fin.

23.   Tanto le importo a Dios como Él a mí: yo le ayudo a mantener su Ser, y Él el mío.

24.   No estoy fuera de Dios, Dios no está fuera de mí: soy su brillo y su luz, y Él es mi adorno.

25.   Debo pintar con mis rayos el mar incoloro de toda la Deidad.

26.   El principio se une con el fin. Cuando Dios se une y alía con el hombre, el principio se da cuenta de que encuentra su fin.

27.   ¡Oh, sí! ¡Si yo fuese Uno en Ti, y Tú en Mí! El cielo podría ser mil veces cielo.

28.   Dios mío, ¿así que es posible?, mi espíritu, esa nada, ¡aspira a engullirte, espacio de la eternidad!

29.   Cuando puedes en verdad nacer de Dios y, a su vez, parir a Dios, sales y entras.

30.   Dios, que hizo el mundo y puede aniquilarlo, no puede, sin mi voluntad, llevar a cabo el nacimiento nuevo.

31.   ¿Quién sondea la profundidad de Dios? ¿Quién estima la altura de su llama? ¿Quién lo mide a lo largo y a lo ancho? Los santos, tantos cuantos son.

32.   El fruto que doy es Dios.

Jornada tercera: El “yo” y el hombre universal (al insân al kâmil)

33.   Crece fuera de tu ser, hijo mío, si quieres entrar en Dios.

34.   Si creces fuera de ti mismo y de toda criatura, la naturaleza divina se injerta en tu tronco.

35.   El hombre es todas las cosas.

36.   Hombre, sólo cuando te has convertido en todas las cosas estás en el Verbo.

37.   Quien él mismo no es todo es aún demasiado débil para verte, oh Dios mío, y para ver todas las cosas.

38.   El hombre lo restituye todo a Dios. Hombre, todo te ama: todo se apiña en torno a ti: todo corre a ti a fin de llegar a Dios.

39.   Si tienes en ti al Creador, todo corre tras de ti: hombre, ángel, sol y luna, aire, fuego, tierra y agua.

40.   Mi salvador es Dios y yo lo soy de las otras cosas, si se arrojan en mí y yo en Él.

41.   Toma toda forma, hijo mío, te harás semejante a Dios; y serás, en inmóvil quietud, tu propio reino de los cielos.

42.   El cielo está en ti, y también los tormentos del infierno: todo lo que tú eliges y quieres, en todas partes lo tienes.

43.   Hombre, si el Paraíso no está primero en ti, créeme ciertamente, nunca entrarás en él.

44.   Hay que agrandarse. Agranda tu corazón: tienes que ser su Reino.

45.   La extensión del hombre es indescriptible. ¿Quién me dirá cuál es mi extensión? Puesto que el Infinito puede, en mí, caminar entre los hombres.

46.   Tú mismo eres todas las cosas. ¿Qué puedes desear? Tú mismo puedes ser el cielo, la tierra y miles de ángeles.

47.   Lánzate por Dios hacia arriba y podrás ser el más grande en el cielo.

48.   Los hombres todos han de hacerse un solo hombre. A Dios no le gusta la multiplicidad: por eso nos atrae a Él, para que todos los hombres puedan no ser sino uno en Cristo.

Jornada cuarta:

Primera parte: El presente, el tiempo y la eternidad

49.   El tiempo es más noble que mil eternidades; aquí y no allí puedo prepararme para el Señor.

50.   El alma vive incluso en este mundo ya la Eternidad.

51.   Dices que terminarás realmente viendo a Dios y su Luz; ¡qué loco! Nunca lo verás si hoy mismo no lo ves.

52.   Quien aquí abajo no ve con deseo la faz de Dios jamás llegará a verlo en toda la eternidad.

53.   Tienes que permanecer en presente si Dios ha de verse en ti y descansar suavemente.

54.   El tiempo es como la eternidad y la eternidad es como el tiempo, si tú no haces una distinción entre ellos.

55.   El mundo es desde toda la Eternidad. Puesto que Dios, el Eterno, creó el mundo fuera del tiempo, tan claro como el día es que es desde toda la Eternidad.

56.   Un hombre que se ha dado a Dios es el igual de Dios en quietud y camina más allá del tiempo y del espacio a cada instante.

57.   No eres tú quien está en el espacio, el espacio está en ti: recházalo, he aquí ya la eternidad.

58.   Dios es la suave eternidad.

Segunda parte: La muerte
 

59.   Muriendo mil veces, el sabio, por la Verdad misma, pide mil vidas.

60.   La muerte de la que no florece una vida nueva: de esa huye mi alma de entre todas las muertes.

61.   Ni muero ni vivo: Dios mismo muere en mí; y lo que he de vivir es también Dios quien lo vive sin cesar.

62.   Cuando has muerto y Dios se ha convertido en tu vida...

63.   Hombre, si no te gusta morir, no quieres tu Vida; la Vida sólo se te dará con la muerte.

64.   El sabio no muere; ha muerto ya previamente, muerto a toda vanidad, muerto a todo cuanto no es Dios.

65.   No creo en la muerte: aunque muera a cada hora, he encontrado cada vez una vida mejor.

Jornada quinta: Dios
 

66.   El Amor es la naturaleza de Dios: Dios no puede hacer otra cosa. Por eso, para ser Dios, ama en cada momento.

67.   Dios es la más pobre cosa, es totalmente desnudo y libre.

68.   Si Dios es un eterno presente, ¿qué impide que, ya desde ahora, pueda ser en mí todo en todo?

69.   La Deidad sutil es una Nada, una supranada: quien nada es, todo ve; la ve.

70.   La vacuidad es como Dios. Hombre, si estás vacío, el agua mana de ti como de la fuente de la eternidad.

71.   Dios es tiniebla y luz. Dios es un relámpago brillante y también una Nada oscura que ninguna criatura contempla con su luz.

72.   ¡Ved que milagro! Dios se rebaja tanto que quiere ser también el pasto de los corderos.

73.   La deidad es lo que verdea. Su divinidad es tu savia. Para crecer debo aspirar en mí la savia de Dios.

74.   La cualidad de Dios es derramarse en la Creación sin tener ni querer ni saber nada.

75.   Dios nunca ha sido, ni será jamás, y sin embargo permanecerá después del mundo, y antes de él sólo Él era.

76.   Lo que tú afirmas de Dios, más que verdad es mentira; pues sólo lo has apreciado conforme a la criatura.

77.   Qué sea Dios lo ignoramos. No es la Luz, ni el Espíritu, ni la Verdad, ni la Unidad, ni el Uno, ni lo que llaman Divinidad. No es ni Sabiduría, ni Entendimiento, ni Amor, ni Voluntad, ni Bondad; no es una cosa, ni su contrario; no es un ser, ni una sensibilidad; es lo que ni tú ni yo ni ninguna criatura ha sabido jamás antes de haberse convertido en lo que Él es.

78.   Dios nada prevé: por eso mientes cuando lo mides con la Providencia según tu pobre entendimiento.

79.   Dios no puede contenerse, actúa sin parar. Si tú no sientes su acción, sólo a ti has de culparte.

Jornada sexta:

Primera parte: El esfuerzo por la unicidad (tauhîd)

80.   Las cosas son sólo una. Adivina cómo un hombre y un Dios, un león, un cordero, un gigante y un niño son un ser único en una criatura.

81.   La quietud del corazón consiste tan sólo en que sea perfectamente un solo Uno con Dios.

82.   Todo proviene del Uno, y al Uno ha de volver si no quiere estar dividido y existir en la dispersión de lo múltiple.

83.   Hombre, más fácil te es verte uno con Dios que abrir el ojo.

84.   Dios actúa como el fuego. El fuego funde y une.

85.   Cuando el hombre se retira de la multiplicidad y se vuelve a Dios, alcanza la Unidad.

Segunda parte: Ir más allá de Dios (Allâhu Akbar)

86.   Quien puede pasar sin Dios tan fácilmente como recibirlo, es, en todo encuentro, un héroe como hay que ser.

87.   Vencerte a ti mismo, vencer a Dios, vencer al mundo y vencer al Enemigo, estos son los cuatro triunfos.

88.   Dios es una pura nada, ni ahora ni aquí pueden tocarlo: cuanto más buscas asirlo, más se te escapa.

89.   ¡Qué feliz es el espíritu que está desnudo de Dios, como de toda cosa y de sí mismo!

90.   La renunciación abarca a Dios. Pero renunciar a Dios mismo es una renunciación que muy pocos hombres comprenden.

91.   Quien quiere no conocer la decadencia, incluso en el Paraíso, ese hombre tiene que permanecer eternamente vacío, incluso de Dios.

92.   Debo subir todavía más arriba de Dios, a un desierto.

Jornada séptima: Miscelánea (I)
 

93.   La Sabiduría es un niño.

94.   Dios no está en lo alto ni en lo profundo.

95.   Se encuentra a Dios no buscándolo. Quien lo desea encontrar, hágase encadenar manos y pies, cuerpo y alma.

96.   Dios es para mí lo que yo quiero.

97.   El que el hombre justo crezca como una palmera no me asombra, pero sí el que todavía encuentre lugar.

98.   Dios nunca dice otra cosa que “Sí”.

99.   La luz no es el propio Dios, Dios es el vacío. La luz es la vestidura del Señor; aun si pierdes la luz no has perdido a Dios mismo.

100. Quien ha escogido para sí el centro por morada lo que en la circunferencia hay ve de una sola mirada. Trasládate al centro, verás a un tiempo todo lo que ocurre aquí y ahora, aquí y en el reino de los cielos.

101. Quien ama la libertad ama a Dios; quien se sumerge en Dios y lo rechaza todo lejos de sí, ése es a quien Dios se la da.

102. Yo soy un monte en Dios y debo escalarme a mi mismo si ha de mostrarme Dios su faz bienamada.

103. Quien se humilla ante todo, y todo lo soporta bien, ha de ser un cordero y un león en un solo ser.

104. Mi corazón será ante Dios como un carbúnculo cuando su tosquedad perezca en el fuego.

105. El favor de Dios se vuelve naturaleza en ti.

106. En Dios todo es Dios: el menor gusanillo está en Dios tanto como lo están mil dioses.

107. Un hombre verdaderamente pobre no busca sino nada: aunque Dios mismo se le dé, yo sé que él no lo toma.

108. ¿Cómo está hecho mi Dios? Anda, contémplate a ti mismo; quien se contempla en Dios, ve a Dios en verdad.

109. Donde se habita bien es en lo interior.

110. Sólo la inocencia no arde.

111. No hay principio, tampoco fin, ni centro ni círculo, me vuelva a donde me vuelva.

112. A quien no acostumbra beber en exceso de nada, ni de Dios, a ése he llamado sobrio.

113. La Nada quiere, si algo quiere, mi voluntad.

Jornada octava:

Miscelánea (y II)

114. En Dios vive, respira y se mueve toda criatura. Siendo así, ¿para qué pides la Vía del Cielo?

115. Todo viene del misterio. ¿Quién lo hubiera creído? De las tinieblas viene la luz, la vida viene de la muerte, la cosa de la Nada.

116. El acto de Dios es su reposo.

117. Hombre, todo cuanto quieres está ya en ti previamente, pero tu desasosiego viene de que no lo actualizas.

118. Como ves el fuego en el pedernal, o el árbol en el hueso del fruto: represéntate así a la criatura en Dios.

119. No cae la lluvia para sí misma; el sol no brilla para sí. También tú eres creado para los demás, no para ti.

120. El sol ablanda la cera y endurece el barro; así provoca Dios, según seas, vida y muerte.

121. El infierno no me causaría daño, aunque estuviese siempre en él; el que su fuego te queme viene sólo de ti.

122. Para el sabio, todo es lo mismo; se ha establecido en la quietud y la tranquilidad; si algo no se aviene con él, concuerda con la Voluntad de Dios.

123. Dios hace en el santo incluso todo lo que el santo hace: Dios anda, está de pie, se acuesta, duerme, despierta, come, bebe y tiene buen ánimo.

124. A Dios se lo encuentra en el ocio. Antes hallarás a Dios sentado y ocioso, que sudando en cuerpo y alma por correr tras Él.

125. El amor que acostumbran a llamar angélico apenas puede reconocerse por fuera, de tan quieto que es.

126. La esencia de Dios no se comunica a nada; y sin embargo, necesariamente tiene que estar incluso en los demonios.

127. El sabio que se ha puesto por encima de sí mismo reposa cuando corre, actúa cuando contempla.

128. Todo lo que tu alma quiere lo tendrá en Dios; si lo toma fuera de Él, eso será su muerte.
 

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