Número 184  //  27  de Agosto de 2002  //  19 Jumada Al-Thaani 1423 A.H.

 OPINIÓN

Respuesta a Ariadna Fros

Por Ahmed Lahori
 


 

 

El Islam no necesita de los detractores occidentales para ser desvirtuado. Es suficiente con lo que hacen los sabios islámicos venidos de tierras árabes.
de la carta de Ariadna Fros, en webislam nº 184

 

Querida Ariadna, siento realmente el tono lastimado de tú carta, llena de frustración ante una experiencia de la que puedes sacar un gran provecho.

 

Tengo que decirte que ese hombre al que llamas “sabio árabe” no es tal cosa sino un mentiroso, ya que la lapidación no aparece en el Corán, y él tiene que saber eso perfectamente. Pido perdón a Al-lâh por lo que voy a decir, pero tengo la sensación de que has sido engañada por hipócritas, falsos musulmanes que trabajan para la Iglesia católica, y sería una lástima que cayeses en su trampa. Hace años que las gentes un poco informadas saben que existe un pacto entre “instituciones religiosas” a nivel internacional, que consiste en repartirse a los fieles, encajonándolos en una creencia determinada según su nacionalidad u origen. Este pacto ha sido trazado entre el Vaticano y Arabia Saudí, con el apoyo de los Estados Unidos. La alianza entre éstos es algo voceado, que todo el mundo un poco informado conoce. Así se explican las actuaciones de anti-Dawa que los saudíes realizan en todo el mundo, tratando de frenar el avance del Islam en occidente, realizando seminarios como ese al que tú has asistido, o divulgando textos que tiene por objeto provocar el rechazo de cualquier ser mínimamente cuerdo. Los wahhabies son el único freno serio que tiene en este momento el Islam para su definitiva difusión en el mundo, para que sea aceptado masivamente en oriente y occidente, como algo evidentemente verdadero. Esta labor de anti-difusión del Islam es llevada a cabo mediante su tergiversación y la aplicación de políticas sectarias. En España vivimos algo semejante: un pacto entre las autoridades y los saudíes para frenar el Islam, que a pesar de todo avanza entre los españoles. No hay nada que frene la Rahma de Al-lâh, pues no es algo externo al hombre sino algo que despierta nuestra naturaleza primigenia.

 

Ariadna, no te dejes engañar por ningún falso sabio, y menos aún de alguien que se presenta como “sabio del Reino de Arabia Saudita”. Es absurdo siquiera considerar como musulmanes a unas gentes que le ponen el nombre de una familia a un país, ¡y ese país es la tierra del Profeta! (que la paz sea con él). Esos hombres solo tienen la misión que el estado saudí les encomienda, no son hombres de religión, sino representantes de los intereses estratégicos de una familia que se ha apoderado del petróleo que pertenece al pueblo. Esa misión, como te digo, pasa por el desprestigio del Islam, y para ello tienen que inventarse cosas. La lapidación no aparece en el Corán, ni la discriminación sexual, ni nada que tenga que ver con las imágenes de la barbarie que la prensa nos prodiga, servidas por ellos en bandeja. Aunque no aparezca tiene la desfachatez de presentarse como sabios del Islam y mentir sobre la Palabra de Al-lâh. Con respecto a la lapidación, y como tú bien dices, se trata de una costumbre pre-islámica, pero no de los árabes, sino que era practicada por los cristianos y los judíos del Hiyaz en tiempos del Profeta, que la paz de Al-lâh y Su salat sean siempre sobre él. Sí, como lo oyes: los cristianos lapidaban a pesar del Evangelio. Esta práctica fue abolida por el Corán, a pesar de lo que digan esos falsos sabios, que tan solo representan al estado, sea este saudí o abbasí.

 

Nada de eso aparece en el Corán, a pesar de que a los enemigos del Islam les gustaría, sino todo lo contrario: una luz que se mueve desde un centro inaccesible, que lo penetra todo. Una Palabra luminosa, llena de misericordia, descendida para unir a los hombres más allá de toda idolatría, de toda identidad que nos separa. Y aquí está la prueba que Al-lâh ha querido para tí: esos hombres te han llevado a confundir el Islam con esa imagen, a pensar que esos hombres eran musulmanes por una apariencia que es en verdad la mínima expresión de una costumbre. Realmente, Ariadna, si te has horrorizado ante esa gente es porque sientes el Islam como algo hermoso, y te niegas a reconocerte en el espejo de la barbarie. Déjame decirte que para mi, y tomes la decisión que tomes, incluso si te giras a la iglesia, no dejarás de ser una hermana, mucho más que los hipócritas de Arabia.

 

En tú carta preguntas repetidamente por Al-lâh, ¿Dónde se encuentra? Espero que esta experiencia te sirva para comprender que Al-lâh no puede ser nada exterior a ti, que Él está, como dice el Corán: “Más cerca de ti que tú vena yugular”, y no existe nadie que pueda sustituir la experiencia de la trascendencia que a cada uno le es debido. Si eres capaz de reconocerlo te darás cuenta de que has caído en un engaño que debes arrancar de ti misma, pues solo es posible que te dejes engañar si ese engaño ya está en ti: se trata de la identificación entre espiritualidad e institución religiosa. El engaño es la dependencia de cualquier forma de iglesia, el confiar en aquellos que se arrogan el cargo de representantes de Al-lâh en la tierra… ¡cuanta soberbia! Esa dependencia del hombre frente a las instituciones, que sustituyen la relación de cada uno con el Único, es justo lo que el Islam tradicional rechaza. Para los musulmanes no existen representantes de Dios en la tierra, esa es una de las peores afrentas que se puede hacer a Al-lâh al-Hadi: el único Guía verdadero. Es lógico: nadie puede sustituirnos en ese diálogo interior que nos mueve hacia el bien y la belleza, ni el Papa ni esos sabios wahhabitas que pactan con el Papa la política del miedo. Pero no te confundas: precisamente el wahhabismo es lo que representa la modernización del Islam, el abandono de la tradición para hallar su semejanza con esa cultura de la representación y de la imagen que quiere escapar al vacío esencial de la criatura.

 

Realmente, si ese supuesto sabio ha dicho que la lapidación aparece en el Corán te ha engañado, y casi seguro que lo ha hecho a conciencia, pues toda persona mínimamente enterada saben que eso no es así. Pueden tratar de justificar la lapidación de otras maneras, pero invocar la palabra de Al-lâh en este caso es una verdadera afrenta.

 

Pero esto es casi lo de menos, a pesar de la crueldad del tema. Hay algo que me resulta mucho más doloroso, y es el recibimiento al Islam que esta gente te ha hecho. Eso es contrario a la Sunna del Profeta, que la paz sea con él. En Islam hay que hacer las cosas fáciles, y no tiene que ver con todo ese comportamiento. Es lamentable que una persona llegue al Islam y le empiezan a soltar basura ritualista que solo tiene sentido para el que lo tiene, pero que no tiene nada de esencial, y menos al principio. ¡Lo que hay que hacer es una fiesta! Y no me importa parecer cursi ante semejante motivo de alegría: ¡Hay cantar, reír, abrir los corazones! Siento un dolor por casos como el tuyo, pues se lo que puede pasar en un corazón que se confía, que decide dar un paso tan inmenso como la aceptación del Islam. Me imagino que te habrás sentido abandonada, y precisamente por esos que se dicen tus hermanos. Eso me llena de tristeza, y no se como expresarte algo más que rabia. Pero la rabia se disipa, ¡que se queden ellos con su religión de estado!, pero que nos dejen en paz a los creyentes cuyo corazón ha sido arrebatado por la Majestad y la Belleza. No puedes imaginarte cuantos dones he recibido del Islam, no como religión, sino como apertura a una realidad siempre desbordante de riquezas, siempre cargada de Rahma y de Baraka. Aridana, por supuesto Al-lâh es y será siempre el Misericordioso, a pesar de todo lo que hagan los hombres en Su nombre, para tratar de alejar al pueblo de la autentica adoración y entrega que solo al Creador le es debida.

 

Debo decirte que comprendo tú postura. Ante la barbarie y mala fe de esos que crees verdaderos musulmanes… ¡la única acción sensata es salir corriendo! De todos modos te aseguro que hay congregaciones de gentes que se llaman cristianos, o budistas o hinduistas, en las cuales se deja sentir una asfixia semejante. No debes creer que abrazar una religión te libra de nada, sino que te inicia en un camino que ha de darte la más alta recompensa, si Al-lâh quiere. Tal vez deberías retornar a la enseñanza de ese Sheij de la calle Alberti, llamado Abdelkarim, hacia ese cualquiera que no tiene cargo de arzobispo ni una apariencia noble. Y tú preguntarás: ¿Qué tiene que ver un Sheij con el portero? En todo caso olvídate de encontrar a un hombre de sabiduría ocupando un cargo en una institución jerárquica, en la cual se asciende pisando al compañero. No existe tal cosa. Un maestro pertenece al hacerse y deshacerse de las cosas, es más un portero que un seminarista, justo esa persona que te abre la puerta de la mezquita para que tú misma seas quien se postre ante Al-lâh. En la Mezquita no hay “nadie” que vaya a recibirte en audiencia, sentado sobre un púlpito, para confesarte y darte la absolución, tras la debida penitencia. Sólo entrarás realmente en el camino del sometimiento a través del reconocimiento de ese espacio vacío de representaciones que te pone "frente a frente" al Misericordioso. Sí: un Sheij es un portero, y una Mezquita no es un templo sino un lugar vacío.

 

Pero sólo Al-lâh sabe.
 

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