Número 183  //  20 de Agosto de 2002  //  12 Jumada Al-Thaani 1423 A.H.

 MUJER

Hazreti Mariam

Por Sheikh Muzaffer Ozak al-Jerrahi


 

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Bismillah ir-Rahman ir-Rahim

 
Este pequeño volumen presenta una inspirada letanía de alabanza a la Virgen María realizada por un maestro sufí contemporáneo, nativo de Estambul. La estructura de este trabajo evocativo no es lineal, trasciende las leyes usuales de la lógica y de la experiencia; del mismo modo en que las trasciende el nacimiento virginal del amado Jesús.

 

            Este largo poema en prosa es una semilla espiritual que será sembrada en el corazón del lector comprensivo con poder iniciativo palpable. Entonces, ocurrirá un nacimiento místico virginal dentro del corazón receptivo; un nacimiento milagroso de pureza e iluminación comparable a la experiencia de la bendita María.

 

            La virginidad no es primordialmente una condición biológica sino un estado espiritual. El ser virgen, ya sea hombre a mujer, es entregarse enteramente a Dios, sólo a la verdad viviente. Los santos gnósticos de catorce siglos de Islam, provienen de ese rango de almas vírgenes. En todo el mundo, en sus culturas nativas, ellos han elevado la tradición islámica al más alto grado de percepción mística y experiencia extática, la unidad absoluta consciente.

 

            El autor de este trabajo, el Sheikh Muzaffer Ozak, dejó el mundo visible en 1985. Él es un waliuláh, o amigo íntimo de Al-lâh, término usado para referirse a los santos en la tradición islámica. El Islam ha probado ser una fuente desbordante de estos, reconocidos o no, indescriptibles amigos de Dios.

            La profunda veneración islámica a la Virgen María es ciertamente una parte de la explicación de este notable florecimiento de místicos. Como lo reconocen los maestros cristianos, la intensa veneración a María y la meditación en su virginidad engendra muchos santos.

 

            Para los lectores con antecedentes culturales cristianos este devoto poema islámico a la Virgen María puede causar discordancias en la sensibilidad tradicional de los creyentes ortodoxos, católicos romanos y protestantes. Los amantes, islámicos y cristianos, de la Madre Virgen de Jesús respiran en diferentes atmósferas. ¿Y por qué no? Cada uno representa tradiciones globales distintas, con su propia integridad espiritual, belleza y poder.

 

            ¡Que sea el amor mismo quien los una!   

 

Introducción

           
 “Efendi, hoy es la fiesta de la Natividad de la Virgen en el cristianismo ortodoxo oriental. La Virgen María es el puente entre los cristianos y los musulmanes”. Este fue un comentario aparentemente casual que hice al venerable autor de este libro, cuando nos visitaba en Nueva York desde Estambul, al principio de la década de los ochenta. Muzaffer Ozak respondió a mis palabras sin ningún titubeo, en la misma forma en que este gran sheikh de una antigua orden derviche respondió siempre generosamente a la vida: InshAl-lâh, haré un libro sobre la bendita Mariam, Madre Virgen del amado Jesús, la paz esté con él”.

 

            Efendi inmediatamente pidió un Corán en árabe para leer en voz alta dos revelaciones claves acerca de la bendita María. El peculiar Corán, que apareció de inmediato traído por un derviche devoto, resultó ser una hermosa edición antigua empastada en piel azul claro. Le comenté al sheikh que en la tradición cristiana el azul cielo es el color esotéricamente relacionado con la Virgen María. Muzaffer Ozak, con ojos brillantes y su gran figura animada por el deleite, simplemente asintió mientras abría ese texto, la única escritura sagrada del Islam en catorce siglos. Lo que él aguardaba era precisamente signos espirituales no comunes.

 

            El Islam floreció en el siglo VII de la era cristiana, en un ambiente cultural perneado por la sabiduría profética del judaísmo y las enseñanzas cristianas gnósticas de la península arábiga. Muhammad, el mensajero, la paz sea con él, elevó la religión originaria de Arabia, transmitida a él por su bendita madre Amina, directamente hacia el interior de la corriente de los Profetas bíblicos, que empieza con Adán, Noé y Abraham. Este es el linaje que más tarde floreció como el judaísmo histórico a través del noble Moisés y, desde la base de la Torah, a través del amado Jesús, floreció como cristianismo.

 

            Finalmente, el mismo linaje se manifestó a través del amado Muhammad como el Islam árabe. El drama completo desde Adán hacia adelante se revela en el Sagrado Corán como el Islam universal, que es la sumisión al Dios Uno a través de una hermosa vida de oración y rectitud moral.

 

            Este antiguo linaje profético no es solamente un fenómeno masculino. Las madres, tanto en el Islam como en sus tradiciones hermanas, el judaísmo y el cristianismo, mantienen un alto nivel espiritual y una gran responsabilidad.

 

             Un compañero del Profeta Muhammad, la paz sea con él, le preguntó en cierta ocasión: “¿Quién es, en el Islam, la persona más importante para el alma?” El Mensajero replicó en su acostumbrado estilo lacónico: “La madre”. Los compañeros siempre presionaban al Mensajero para obtener mayor sabiduría y volvieron a preguntar: “¿Quién es la segunda persona más importante?” Una vez más este noble ser humano respondió: “La madre”.

 

            La misma pregunta fue repetida por tercera vez y fue seguida por la misa respuesta. Finalmente, en la cuarta oportunidad, el Profeta respondió: “El padre”. Muy seguido se le oía al amado Muhammad (saws) proclamar un tanto enigmático: “El paraíso se encuentra a los pies de las madres”.

 

            De entre todas las benditas madres de la humanidad, Mariam –la Madre Virgen de Jesús- y Fátima, la hija del Profeta, tienen la mayor influencia sobre el corazón musulmán. La posición de Mariam es aún más exaltada que la de Amina, la madre de Muhammad (saws). ¿Por qué? Porque María aparece prominentemente en el Sagrado Corán, que no es la expresión de Muhammad (saws), sino la voz misma de Al-lâh transmitida a través de este noble ser humano durante profundos estos de consciencia profética.

 

            La reunificación que realizó Muhammad (saws) de toda la tradición profética fluyó de la experiencia trascendental y confiable del propio Mensajero. Las sutiles armonías de este proceso son demasiado ricas y complejas para esta breve introducción, sin embargo, consideremos simplemente algunos puntos.

           
            El Sagrado Corán se hace eco de la sabiduría midrásica de la tradición judía con la historia de la experiencia de iluminación que tuvo Abraham al contemplar sucesivamente la estrella del atardecer, la luna llena y la salida del sol. El milagro realizado por el niño Jesús cuando, a la vista asombrada de su madre, hizo que un pájaro de arcilla cobrara vida al transmitirle su aliento y volara de sus manos, es compartido por el Sagrado Corán y por ciertos evangelios apócrifos cristianos.

 

            Al-lâh, el Más Alto, elogia a los Padres y Madres del Desierto del cristianismo antiguo como dedicados amantes de Dios que han renunciado al mundo para vivir en Su cercanía, y cuyos ojos derraman lágrimas al reconocer las palabras divinas del Corán como la verdad viviente. La misma palabra Qu’ran no es de origen arábigo, sino que está relacionada a la antigua palabra siria que significa recitación. Esta era usada en la tradición cristiana oriental por los Padres del Desierto para sus cinco recitaciones diarias de los Salmos de David, acompañadas de postraciones de arrepentimiento y sumisión. En los sermones de los antiguos misioneros cristianos sirios, registrados en árabe, encontramos imágenes del fuego infernal casi idénticas a las descritas en ciertos pasajes coránicos.

 

            El llamado profético original del noble Muhammad (saws), que recibió a la edad de cuarenta años, cuando este devoto hombre ayunaba y rezaba en una cueva en el Monte Jira, involucró la visita y el abrazo apabullante del arcángel Gabriel. Esta abrumadora experiencia dejó tiritando al Profeta y después fue cubierto en cobijas por su tierna esposa y primera discípula, la venerable Jadiyah. Un pariente de ella, que era conocedor del saber esotérico judío, dio una interpretación de la experiencia proclamando: “La tuya es una llamada profética, tanto como aquellas experimentadas por los antiguos profetas de Israel. Tú debes ser el siguiente en el augusto linaje, aquel que es esperado”.

           
             De acuerdo a la tradición oral islámica, la condición profética de Muhammad (saws) fue percibida y confirmada cuando él era un niño por un Padre del Desierto cristiano. Este descendió de su retiro en la montaña para otorgar sus respetos al muchacho, pues había recibido por clarividencia su luz profética irradiando sobre la caravana acampada en el desierto durante la noche. Al investigar, este avanzado monje descubrió, entre los omóplatos del joven puro de corazón, el místico sello de la profecía como una propicia marca de nacimiento.

 

            Finalmente, centrándonos en la materia del presente volumen, muchos detalles de los himnos sagrados de la Iglesia Ortodoxa Oriental, cantados en los días festivos de la Virgen, tienen semejanzas con la devoción islámica de la bendita María. Los pasajes coránicos y las tradiciones de la Iglesia Oriental reportan al niño Cristo hablando desde su cuna, y a su Madre Virgen recibiendo frutos especiales de los ángeles cuando fue presentada al Templo en que vivió desde pequeña.

 

            Al mencionar sólo algunas de las muchas resonancias compartidas por estas nobles tradiciones, obviamente no estoy insinuando que el Islam es una derivación de sus tradiciones hermanas. La revelación divina bajó a través del Mensajero de Al-lâh como un rayo, creando una nueva tradición. Simplemente estoy recalcando la enseñanza coránica de que una religión universal ha sido transmitida cuidadosamente; y por lo tanto, nuevamente revelada de manera divina en dosificaciones proféticas únicas.

 

            La armonía espiritual entre cristianismo e Islam se resume en un hermoso dicho de Muhammad, que la paz sea con él, “Aquél que ama a Jesús y a mí recibe una doble bendición”. ¿Qué otra religión del mundo ha reconocido este nivel de correspondencia con la tradición precedente?.

 

            Desde luego existen ciertas diferencias teológicas entre el entendimiento cristiano y el islámico sobre la naturaleza espiritual del amado Jesús, cuyo epíteto más exaltado en el Islam es Ruhulah, el espíritu de Al-lâh. Se entiende que deben existir diferentes enseñanzas entre dos grandes religiones del mundo. Cada una se manifiesta actualmente con comunidades de un billón de miembros. Son dos tradiciones con una historia evolutiva combinada de treinta y cuatro siglos.

 

            El Dios Uno revela en Su glorioso Corán que las diferencias entre Sus diversas revelaciones globales serán aclaradas solamente por Él, al final de los tiempos. Esta convicción divina implica claramente que nuestra tarea es alcanzar la armonía espiritual y el amor por toda la humanidad sin excepción, en lugar de involucrarnos en guerras o debates religiosos.

 

            En otra parte del Corán, el Más Alto explica que pudo haber unificado a todas las naciones en una sola comunidad religiosa, sin embargo desarrolló la pluralidad de comunidades sagradas como una prueba para el alma. El alma enfrenta esta prueba divina exitosamente a través de la humildad, el sosiego y el compromiso con el principio de unidad, y no a través del odio o del divisionismo.

 

            El Sagrado Corán revela que, durante la larga historia de la humanidad, se han enviado profetas auténticos a cada nación espiritual, sin excepción. La palabra de Al-lâh también proclama que nunca se debe hacer alguna distinción esencial entre los mensajes de estos inspirados mensajeros. El Corán declara que tampoco debería existir la más mínima compulsión en el camino de la religión universal. La verdadera religión no puede ser impuesta desde afuera sino que es natural al alma humana. Esta es llamada la corona de la creación y la representante de Al-lâh, según la enseñanza coránica.

 

            El Islam comparte con el cristianismo ortodoxo oriental el entendimiento profundo de que el alma humana posee un estadío espiritual más elevado que los ángeles o más aún, de los arcángeles. El Sagrado Corán nos enseña que antes del inicio del tiempo, Al-lâh solicitó a toda la hueste angélica que reverenciara al Adán trascendental, arquetipo de cada preciosa alma humana. ¿Por qué? Porque el espíritu humano es el mismo aliento divino, insuflado dentro de un complicado recipiente biológico desarrollado, por la gracia y el poder divino, a través de la ley cósmica natural. Sólo podemos reverenciar a la Divina Esencia. La humanidad guarda como reliquia esa esencia.

 

            Ambas comunidades, musulmanas y cristianos, aceptan el nacimiento virgen del amado Jesús, como su misteriosa ascensión corporal al Paraíso. También las dos tradiciones aguardan fielmente la palpable segunda venida de Jesús, el Mesías, como se hace referencia en el Sagrado Corán. Por lo tanto, los cristianos y los musulmanes están de acuerdo en cuanto a la misteriosa aparición y desaparición de Jesús.

 

            Sus diferencias se centran en la particular interpretación mística de su naturaleza espiritual y del extraño misterio de su crucifixión. Las dos comunidades aceptan la esencia inefable de estos puntos y pueden acoger sinceramente a los mensajes divinos, Jesús y Muhammad, la paz esté con ellos, aunque cada creyente abrigue su propia intuición íntima.

 

            Algunos musulmanes comparten la visión de varios Evangelios cristianos apócrifos, en cuanto a que otro individuo fue crucificado inadvertidamente en lugar de Jesús. Otros místicos afirman que Al-lâh, el Todopoderoso, quien puede crear cualquier cosa o evento simplemente proclamando la orden divina “¡Sea!”, hizo que la crucifixión de Jesús fuera aparente ante los ojos de los espectadores dejando esencialmente ilesa su preciosa persona.

 

            Algunos teólogos cristianos profundos han insistido a través de los siglos, con respecto a la naturaleza espiritual de Jesús, que era perfectamente humana, en el sentido de poseer cuerpo, mente y voluntad. Por cientos de años, los obispos de la Iglesia fueron calificados de heréticos por el hecho de no poder aceptar la completa humanidad de Jesús, ya que se encontraban deslumbrados por el misterio de su unicidad con Dios. El sorprendente misterio de perfecta unidad consciente existe tanto en el Islam como en el cristianismo.

           
            Así como Jesús podía proclamar: “Yo soy el camino divino, la verdad divina y la vida divina”, también el místico sufi Mansur al-HAl-lâhj cuyo yo ilimitado estaba consumido en el éxtasis, proclamó en árabe, Ana al-Haqq, yo soy la verdad divina. Infinidad de almas son elevadas por Al-lâh, el Mas Alto, a la inefable experiencia de unión, aún cuando todavía se estén manifestando sobre la tierra. Esta experiencia es descrita en el Sagrado Corán como “cerca, más cerca que cerca, y aún más cerca de eso”. Los musulmanes son amantes de Jesús, la paz sea con él, e invariablemente insisten en su absoluta humanidad santificada. ¡Que Al-lâh esté complacido con todos aquellos que lo aman a El y a Sus mensajeros!.

 

            En cuanto a la discusión sobre la enseñanza trinitaria cristiana, debemos recordar que la Iglesia Oriental se refiere siempre a la trinidad como Uno en esencia e indivisible. Aquí no cabe la problemática de la existencia de tres dioses o de alguna división esencial en la naturaleza divina. El sheikh Muzaffer Ozak –de amplio criterio- escritor de este libro, comentó en cierta ocasión: “No hay ningún problema con la Trinidad, con ésta los cristianos simplemente indican los atributos divinos: Ya Rabb (Dios Padre), Ya Rahman y Ya Rahim (las siempre manifiestas y siempre descendentes Compasión y Misericordia divinas).

 

            En cierta ocasión, un musulmán le preguntó al sheikh Muzaffer: “Efendi, ¿por qué es que nosotros sí aceptamos a todo corazón y veneramos a la Virgen Madre y a su amado hijo Jesús, mientras que los cristianos después de catorce siglos todavía no aceptan la autenticidad de nuestro noble Profeta?” El gran sheikh, riendo con su conocido humor, respondió simplemente: “Ellos llegaron primero. A nosotros nos concierne respetarlos, y no insistir en que ellos nos respeten a nosotros”. Otro musulmán se acercó a Muzaffer Efendi y preguntó: “¿Qué pasará en el Día del juicio a las almas cristianas que han rechazado e inclusive ridiculizado, la naturaleza profética del Mensajero de Al-lâh?” Este hombre de gran corazón, amante consumado de la divinidad y de la humildad, respondió inmediatamente: “El amor genuino que cualquier cristiano siente por el Mesías Jesús será tomado en cuenta como amor por el Profeta Muhammad, que la paz y las bendiciones de Al-lâh estén con ambos. El amor sincero que cualquier judío siente por el noble Abraham y el noble Moisés será tomado en cuenta igualmente como amor por Muhammad, el sello de la profecía. ¿Por qué? Porque Al-lâh, el Más Alto, enseña claramente en su glorioso Corán, que todos los mensajeros comparten una sola esencia”.

 


Capítulo Uno

 

Bendita Virgen María

 

En el nombre de Al-lâh, Misericordioso y Compasivo

Todas las alabanzas sean para Al-lâh, Señor de los Mundos,

Con bendiciones y paz a nuestro Profeta Muhammad, su familia y sus compañeros.

La Virgen María, bendita Madre de Jesús, que la paz esté con ambos, es mencionada en el glorioso Corán –y por lo tanto en toda la enseñanza islámica- como la mujer más santificada de todas. En los versos siguientes, el Sagrado Corán la proclama como un modelo de virtud y de pureza; ninguna mujer antes que ella ha expresado un estado supremo de lo femenino semejante.

            Y los ángeles dijeron: ¡Oh! María, Al-lâh te ha seleccionado y purificado. El te ha escogido por sobre todas las mujeres. ¡Oh María!, sé devota a tu Señor. Póstrate y reverencia con aquellos que reverencian en adoración. (C.3:42-43)

            Al-lâh ofrece a la bendita María como un ejemplo para todos aquellos que creen: María, hija de ‘Imrán, preservó su virginidad, así le insuflamos nuestro Espíritu Santo, y ella confirmó la verdad de las palabras de su Señor, ella fue una de aquellos que son devotos. (C.66:12)

             Generalmente se considera que todos los profetas han sido hombres, sin embargo, hay algunos eruditos que reconocen a María como un alma de altura profética. Esta conclusión se basa en que el Sagrado Corán reporta que el arcángel Gabriel, el Digno de Confianza, visitó a la Virgen en varias ocasiones. Esto es prueba suficiente, puesto que el bendito Arcángel desciende solamente a los profetas.

            El Dios Uno creó al venerable Adán del polvo sin ninguna dificultad. Después creó a Eva a partir de Adán. De aquí en adelante, permitió que el resto de la humanidad viniera a través de la unión de madre y padre. Otra manifestación de la omnipotencia de Al-lâh, es que el amado Jesús fuera creado sin padre, al nacer espontáneamente de la Virgen María.

            Esta es una señal para nosotros, Sus humildes servidores, de que toda la intención de Al-lâh se manifiesta en perfecto acuerdo con Su deseo Divino. El Creador Ilimitado no está sujeto a las limitadas leyes de la lógica o de la naturaleza.

            Humildemente afirmamos que Alá, el Resplandeciente, es capaz de hacer y crear tal y como lo desea, cualquier cosa que desee. Al-lâh creó a Adán por Su voluntad; y así como creó sin madre a la bendita Eva del venerable Adán, también creó sin padre al noble Jesús de la Virgen María.

            La Suprema Realidad es ilimitada y todo imperante. Actúa según desea, con conocimiento y poder infinitos. Cada vez que el Uno Resplandeciente desea crear, solamente tiene que expresar el mandato “¡Sea!” y lo que es divinamente ordenado aparece de inmediato.

            Los musulmanes son depositarios de la corona de la fe y son llamados los fieles, dada su absoluta confianza en la omnipotencia e Al-lâh. Ellos creen en la especial creación de Jesús, al igual que creen en la de Adán, ya que Al-lâh declara en el Sagrado Corán que la creación sin padre de Jesús fue como la creación de Adán. La Sagrada Biblia declara que Jesús es el nuevo Adán, el Hijo del Hombre.

            Al-lâh es Todopoderoso. Él es juez, nosotros los juzgados. El es el imperante, nosotros sobre quienes impera. Él es el creador, nosotros las criaturas. Él es el soberano, nosotros los humildes servidores. El es el Señor de Majestad, libre de cualquier deficiencia. Él es capaz de crear o destruir cualquier cosa que desee. A Él, solamente se le puede describir por atributos de perfección. Él está adornado de todos los atributos de belleza. El es triunfador en todo lo que misericordiosamente ordena. Es El quien crea, sabe, oye y ve todo.

            Al-lâh, el Dios Uno reconocido por todos los profetas, hizo que el universo entero se manifestara de la nada. Hizo y modeló a Adán como un ser humano sin precedente. Creó a Eva espontáneamente, trajo a la existencia a toda la historia de la humanidad, a millones de organismos vivos, ángeles en eternidad y yinns, o seres sutiles, mundos visibles e invisibles y dimensiones conocidas y desconocidas.

            Con un intelecto parcial como el nuestro, nos es imposible entender Su infinita manifestación. Si la mente es sometida a una caga más allá de su capacidad, se detiene o se destruye bajo tal peso. Donde el intelecto común no puede extenderse es el dominio de la fe. Al reconocer lo inadecuado de nuestra facultad de razonar, admitimos, afirmamos y adoramos la omnipotencia y omnisciencia de Al-lâh.

            El punto sublime es alcanzado cuando el creyente sacrifica su intelecto al poder y conocimiento de Al-lâh; cuando éste rinde su mente a la Verdad. El Altísimo ha dado al intelecto parcial sólo aquellas responsabilidades que están a su alcance. Una mente guiada correctamente cumple su máxima responsabilidad al enfrentar la Verdad. Las personas inteligentes están en paz en el conocimiento de que el Señor habla a la humanidad a través de la revelación en palabras que podemos entender claramente. El nos enseña como reconocer los incontables signos que nos son mostrados de Su omnipotencia y omnisciencia, dentro de nosotros mismos y en el universo que nos rodea.  


Capítulo Dos

La forma de vida de los Hijos de Israel antes del nacimiento de la bendita Virgen María

Cuando los Hijos de Israel fueron liberados de la tiranía del Faraón, los venerables profetas Moisés y Aarón, fueron guiados por Al-lâh el Altísimo para establecer a Su gente en la región de Palestina.

            Después de cuarenta años de existencia nómada en el desierto Sinaí, finalmente se establecieron. Guiadas por la luz de profecía, las tribus abandonaron su anterior cobardía y abatimiento, adquiriendo la confianza para desarrollar una cultura altamente civilizada.

            A los amados Moisés y Aarón les siguieron otros nobles mensajeros, Reyes-Profetas como los venerables David y Salomón. Bajo la protección de sus gobiernos justos, la comunidad conocida como los Hijos de Israel tuvo notables progresos. Con esto, tomaron su lugar dentro de las naciones civilizadas de aquella época y superaron a todas en su consciencia espiritual.

            El Sagrado Corán confiere el título de Representante de Al-lâh a sólo dos de los muchos profetas, uno de ellos es el venerable Adán y el otro es David, que la paz esté con él. En Su Sagrado Corán, el Altísimo dirige estas palabras a los israelitas: “¡Oh! Hijos de Israel, recuerden el favor que les he conferido, y que les he preferido a ustedes sobre toda la humanidad”. (C.2:47)

            Por aproximadamente 2.000 mil años, los Hijos de Israel disfrutaron de libertad y soberanía en la tierra de Palestina, lugar de nacimiento de muchos nobles profetas. Debido a que esta gente ignoró con frecuencia a los mensajeros divinos, y actuó a menudo desafiando a la sagrada escritura, se les permitió experimentar la humillación de la esclavitud, bajo los asirios y babilonios primero y, eventualmente, bajo los romanos.

            Cuando los romanos conquistaron Palestina, la administración de Jerusalén fue dejada en manos del rabino principal. El imperio romano reconoció la libertad religiosa de los Hijos de Israel y no interfirió con su culto en el templo sagrado. Jerusalén estaba habitada por gente de muchas razas, que hablaban una diversidad de lenguas; sirio, árabe, griego, latín y hebreo, entre ellas.

            Al momento del nacimiento de la Virgen María, un noble profeta llamada Zacarías, que la paz esté con él, había sido enviado por Al-lâh a los Hijos de Israel. El tenia a su cargo el cuidado del templo. De acuerdo a algunos historiadores, el venerable Zacarías tenía más de ciento veinte años, y su esposa había alcanzado los noventa y nueve.

            Para su gran pena, no habían tenido ningún hijo. El noble Zacarías había rezado a Al-lâh día y noche, por años, rogando a su Señor que les concediera un hijo devoto para sucederle como líder espiritual de los israelitas y para convocar a su gente a la Verdad Suprema.

            La esposa de Zacarías ya había sobrepasado la edad fértil, pero ¿acaso algo es imposible para Al-lâh el Todopoderoso?

            El Profeta continuó viviendo con paciencia y esperanza. La oración de súplica es la más poderosa forma de adoración, es el arma humilde de los creyentes.

            El venerable Zacarías redobló sus súplicas cuando su cuñada Hanna tuvo una niña, que llamó Mariam, después de muchos años de matrimonio con su hermano, ‘Imran.

            Puesto que Hanna había hecho el voto espiritual de consagrar a su hijo al servicio del templo, encomendó a la niña Mariam a la guía espiritual de su cuñado Zacarías.

            Cuando el bendito Zacarías supo que esposa de su hermano, considerada estéril, había tenido una hija, hizo una profunda postración llorando mientras imploraba al Todopoderoso y Autosubsistente que le otorgara un varón.

            Ahora, finalmente, sus oraciones iban a ser contestadas.

            El Sagrado Corán revela que Zacarías clamó en secreto a su Señor: “Mi Señor, son débiles los huesos de mi cuerpo, y mi cabeza es un resplandor de canas, pero en mis oraciones a Ti, nunca he sido defraudado. Temo por el bienestar espiritual de mis parientes cuando me haya ido, y mi esposa es estéril. Otórgame de tu gracia un heredero que sea mi heredero de la casa de Jacob, haz que sea, mi Señor, de Tu agrado”.

            Al-lâh el Altísimo respondió: “Oh Zacarías, te damos buenas noticias de un muchacho, cuyo nombre debe ser Juan (Yahia). A nadie que lleve este nombre antes que él, le hemos dado distinción profética”. (C.19:3-7)

            Los ángeles felicitaron a Zacarías con la maravillosa noticia de que su hijo Juan sería un profeta y heraldo de la misión profética de Jesús.

            Los ángeles lo llamaron mientras estaba en adoración en el santuario: “Al-lâh te da buenas noticias de Juan, una palabra de Al-lâh, un líder noble, abstinente, un profeta, uno de los rectos”. (C.3:39)

            Zacarías el bendito, deleitado y con gran asombre, lloró: “Mi Señor, ¿Cómo podré tener un varón si mi esposa es estéril y yo ya estoy débil por mi avanzada edad?”

            El Señor respondió: Así será. Tu Señor lo dice: “Para mí eso es fácil. Te creé cuando tú no eras nada”.

            El dijo: “Mi Señor, dame una señal”.

            El Señor respondió: “Tu señal será que no podrás hablar por tres noches”.

            Entonces el Profeta Zacarías se presentó ante su gente del santuario y silenciosamente les indicó: Dad gloria al Señor, durante el día y la noche (C.19:8-11)

            A los nueve meses nació Juan, que la paz esté con él, y creció a la altura de un noble profeta como su padre.

            Juan recibió el mandato divino: “Toma el libro con firme resolución”. Y nosotros le dimos sabiduría aún desde que era niño, y compasión de Nuestra esencia y pureza. Fue devoto de Al-lâh y fue tierno con sus padres, nunca altivo o rebelde. ¡La paz sea con él el día en que nació, el día en que muera y el día en que sea elevado a la vida eterna!  (C.19:12-45)

 
Capítulo Tres

El nacimiento de la bendita Virgen María

Zacarías era un descendiente directo del profeta Salomón, la paz esté con ambos. Como rabino principal de los israelitas, sus obligaciones incluían la interprtación de la sagrada Torah y el ofrecimiento de sacrificios en el templo sagrado de Jerusalén. El Señor le confirió la dignidad total de profeta.

            Ishá, su esposa, era la hermana de Hanna, que estaba casada con ‘Imran, un israelita prominente.

            De acuerdo a las tradiciones orales del Islam, ambos, ‘Imran y Hanna descendían de Israel, él como hijo de Yizhas y ella como la hija de Fakuza.

            Igual que su hermana Ishá, Hanna no había podido tener hijos y oraba a su Señor solicitando: “Si tú me otorgas un hijo, te prometo lo consagraré al servicio del templo”.

            Evidentemente ella suponía que iba a ser un varón, ya que la costumbre en aquellos días era consagrar a los varones de esta forma. En respuesta a su oración de todo corazón, Hanna se embarazó pero ‘Imran no vivió para ver el nacimiento de su hija. A la pequeña se le dio el nombre de Mariam, que significa la devota o consagrada.

            Antes de quedar encinta, Hanna estaba un día sentada cerca de la ventana mirando a una pequeña paloma que agitaba sus alas mientras tomaba el alimento del pico de la madre.

            Hanna se imaginó alimentando tiernamente a su propio bebé. Maravillada con esta demostración de la misericordia de Al-lâh, internamente, se figuró al niño sonriendo mientras lo arrullaba en su seno. Estos inspirados pensamientos conmovieron a Hanna hasta las lágrimas.

            Al-lâh el Altísimo no priva ni siquiera a los pájaros y bestias de las alegrías de la maternidad. ¿Le negaría Él esa encantadora experiencia?

            En medio de estas meditaciones, surgió una oración ferviente de las profundidades de su corazón. Hanna suplicó al Señor Todopoderoso y Autosubsistente, e hizo su juramento. La esposa de ‘Imran dijo: Señor, yo te prometo que el fruto de mi vientre será una ofrenda consagrada. Acéptala de mí. Tú eres el que todo lo escucha y el que todo lo sabe”. (C. 3:35)

            A los nueve meses Hanna se sorprendió cuando dio luz  a una niña, en lugar del varón que ella esperaba con toda confianza. ¿Cómo podría ella sostener su promesa?

            No había precedente de alguno de una niña al servicio sagrado del templo.

            El venerable Zacarías, su cuñado, le dijo: “Un juramento es un juramento. Prometiste dedicar a tu hijo al templo y es una promesa que tienes que acatar. Al-lâh seguramente va a aceptar tu ofrenda”. Hanna se regocijó al escuchar estas palabras.

            El Sagrado Corán relata: Cuando vino el alumbramiento, ella dijo: “Oh mi Señor, he tenido una niña como Tu lo sabes mejor. El varón no es como la niña. La he nombrado María. La encomiendo a ella y a sus hijos a Tu protección frente al detestable Satán”. Su Señor, le concedió a María una recepción noble y la hizo crecer con pureza y hermosura. (C.3:36-37)

 
Capítulo Cuatro

La Virgen María es llevada al templo

Todos los rabinos del templo anhelaban responsabilizarse por la educación y entrenamiento de la joven Mariam. Era radiantemente hermosa, extremadamente talentosa y encantadora. Cada uno de estos hombres letrados trataban de probar las razones por las cuales proclamaban su derecho a ser protector y guía.

            Las reglas del templo establecían que los niños consagrados al servicio deberían ser asignados en rotación a los rabinos residentes. Uno argumentaba que ya era su turno, otro alegaba su antigüedad, mientras que otros señalaba su parentesco con la venerable Mariam; se desató un gran debate.

            Después de una afanosa discusión, los rabinos decidieron finalmente este asunto dejándolo a la suerte. Cada uno de los guardianes propuestos sacó una paja en un sorteo y fue Zacarías quien obtuvo la que tenía marcado el nombre de la joven.

            Así se desarrollaron los misteriosos eventos que determinaron que la bendita Virgen María tuviera como guía espiritual y maestro a un noble Profeta. Se hace alusión a este incidente en el Sagrado Corán, en el que las siguientes palabras son dirigidas al Profeta Muhammad, que la paz y las bendiciones de Al-lâh estén con él: Este es un relato de los eventos no vistos, que Nosotros te revelamos por inspiración. Tú no estabas presente cuando se estaban sorteando quién estaría a cargo de María. Tampoco estabas entre ellos durante el debate. (C.3:44)

            Y Zacarías llegó a ser el guardián de ella. (C.3:37)

            Sola en su cámara privada del templo, la Virgen María se dedicó con devoción a la adoración de su Señor. El venerable Zacarías, su guardián, le llevaba comida y bebida. Como nunca nadie más, a excepción de Zacarías, interrumpió su retiro, él estaba completamente sorprendido al descubrir que la bendita Virgen no tenía ninguna necesidad de las provisiones que le llevaba. Ella siempre estaba bien abastecida con frutos de invierno en verano y frutos de verano en invierno, así como de otros alimentos raros y delicados. En realidad, las formas de sustento que él descubría en el cuarto de la Virgen, no eran bondades de este mundo sino frutos del Paraíso.

            Cada vez que Zacarías entraba al santuario secreto donde permanecía la Virgen, se encontraba con que ella ya tenía amplias provisiones.

            Él preguntó: María ¿Cómo es que esto te llega?

            Ella respondió: Viene de Al-lâh. Con toda seguridad Al-lâh provee sin medida ni límite a quien a El le place. (C.3:37)

            Comúnmente es aceptado que uno tiene que esforzarse para obtener provisiones; sin embargo, Mariam recibía su sustento directamente de Dios. No tenía necesidad de trabajar por éste, ni siquiera pedirlo; de la misma manera en que concebiría al amado Jesús sin necesidad de un esposo.

            Este primer milagro de la Virgen de recibir su sustento del Paraíso, es un heraldo de la concepción milagrosa de Jesús, que la paz esté con él. Las palabras que la Virgen María dirigió al venerable Zacarías – reveladas por Al-lâh en el Sagrado Corán -, están intencionalmente dirigidas para que toda la humanidad las oiga. Estas sirven para reforzar nuestra fe en el poder y misericordia de Al-lâh.

            Numerosos y maravillosos son los favores de esa naturaleza, divinamente concedidos a aquellos servidores perfectos que permanecen cerca de Al-lâh en adoración amorosa. Aquellos que reconocen el poder y la misericordia de Al-lâh son los que se benefician. Aquellos que los niegan, se niegan a sí mismos.

            La Virgen María compartía sus milagrosas provisiones con Zacarías y con los pobres. Los frutos y alimentos eran mucho más deliciosos que los terrenales y tenían propiedades inusuales. Estos eran presentados a Mariam por el arcángel Gabriel.

            Puesto que estaba nutrida por esta comunión celestial, Mariam había alcanzado su crecimiento y desarrollo físico y espiritual a la tierna edad de nueve o diez años. Su alcance espiritual le daba la apariencia de un ángel. A los quince años, la Virgen tenía la madurez física y espiritual necesaria, ya estaba lista para la procreación y la maternidad.

            Durante su constante remembranza interna y alabanza externa de su glorioso Señor, esta dotada joven experimentaba éxtasis. Se embelesaba  con las visiones de ángeles y los oía glorificar a Al-lâh el Altísimo.

            Por este tiempo, en un día propicio, se le apareció el poderoso Arcángel trayéndole un hermoso mensaje divino. El agraciado favor de Al-lâh a Su sierva María fue transmitido de una manera profética.

            Los ángeles dijeron: “¡Oh María! Al-lâh te ha seleccionado y purificado. Te ha escogido sobre todas las mujeres. María, sé devota a tu Señor, póstrate y reverencia con aquellos que reverencian en adoración”. (C.3:42-43)

            Después de esta proclamación divina, la noble joven entró en un grado aún más exaltado de espiritualidad. Su amor por Dios se volvió más intenso y experimentó un creciente éxtasis en su corazón, abrasado con el amor de Al-lâh. Ella pasó los días y sus noches reverenciando agradecida y postrándose en adoración.

            El nombre de su Señor estaba siempre en sus labios y cada átomo de su ser lo agradecía sin cesar.

            Para entonces, el venerable Zacarías ya estaba encorvado por la edad, tenía ciento treinta y cinco años. La tarea de protección y guía de su apreciada  estudiante se había vuelto una pesada carga. El ya no podía despachar apropiadamente sus obligaciones. Necesitaba encontrar un creyente honorable y confiable para que él se hiciera cargo de la iluminada joven.

            Después de una cuidadosa reflexión, Zacarías supo quién era el hombre idóneo. Entonces encomendó a la Virgen María al cuidado de José, el carpintero, quien además era un pariente de ella. José, aceptó jubiloso esta sagrada responsabilidad, ya que también él estaba consagrado por voto al servicio del templo.

            José era sabio, letrado y devoto. El cubría todos sus gastos por medio del trabajo que hacía con sus propias manos, y usaba sus honestas ganancias para ayudar a los pobres.

            Esta santa persona tuvo el honor de hacerse cargo de la Virgen María durante los últimos días de la vida del bendito Zacarías y después de su martirio.

            Durante todo este tiempo, José el carpintero sirvió a Mariam fehacientemente, asegurándose de que cualquier necesidad de ella fuera satisfecha. Él la confortaba en los días de pena y dolor. Nunca estuvo lejos de su lado.

 
Capítulo Cinco

La concepción del amado Jesús

Una vez que Mariam alcanzó la pubertad, solía quedarse en la casa de su tía durante su ciclo menstrual.  Antes de regresar al templo para continuar con su servicio, tenía por costumbre caminar sola hasta la plantación de dátiles que se encontraba al oriente, más allá de las paredes del templo.

  Esto le permitía cambiar de aire y aprovechar la oportunidad para lavarse en el arroyo de agua clara que fluía en la plantación.  Ella conocía un lugar separado por una cortina natural de altos pastos y arbustos, donde las mujeres se podían bañar en privado.

Un día, cuando se bañaba en esta agua provenientes de un manantial sagrado, la bendita Virgen se asustó por la repentina aparición de un hombre joven muy atractivo.  Él le sonreía.  Ella se cubrió inmediatamente y le rogó con voz gentil que se alejara sin causarle daño.

Sin embargo, él no era un ser mortal ordinario.  Era el arcángel Gabriel, que la paz esté con él, que había asumido forma humana, y le hablaba con hermosos tonos:  “No he venido a hacerte daño.  Soy un mensajero que Al-lâh te envía.  Te traigo las buenas nuevas de que Él pronto te dará un hijo varón, no tocado por pecado y error”.

La Virgen María estaba muy sorprendida.  Ella respondió: “¿Cómo puede ser eso?  Nunca me he casado, ni ningún hombre me ha conocido.  Deberé siempre conservar la virginidad, ya que fui consagrada al templo por juramento de mis padres.  Aquellos así consagrados no pueden casarse y deben permanecer vírgenes”.

El enviado divino confirmó la veracidad de sus palabras: “Cierto, todo lo que dices es verdad.  No obstante, lo que te he dicho es ordenado por Al-lâh.  Es Su deseo que tú seas la madre de un varón, aunque seas virgen.  Este niño será creado por un milagro y será una señal para el mundo entero.  Él será una gracia para aquellos que creen que Al-lâh es capaz de todas las cosas.  Al-lâh puede crear fácilmente a un niño sin un padre.  Esto, Él lo ha ordenado ahora, y lo que Él desea debe suceder con toda seguridad”.

Sin tocar a la bendita Mariam, el arcángel Gabriel sopló sobre ella desde lejos, y a través de ese aliento quedó encinta.

Esto es revelado en el Sagrado Corán: Haz mención de María en el Noble Libro, cuando ella se apartó de su gente, hacia un lugar en el Este, prefiriendo la separación de ellos.  Entonces Nosotros le enviamos Nuestro Espíritu Santo, quien tomó ante ella la forma de un hombre perfecto.

Ella dijo: “Me refugio en el Todomisericordioso de ti si no eres recto”.   

Gabriel respondió:  “Sólo soy un mensajero de tu Señor, enviado a anunciarte el regalo de un hijo sin falta”.

Ella preguntó:  “¿Cómo habré de tener un hijo, cuando ningún hombre me ha tocado y soy casta?”.

Gabriel respondió: “Tu Señor ha proclamado: Para Mí esto fácil, y lo haremos una señal para la humanidad, y una gracia Nuestra.  Es algo ordenado”. (C. 19:16-21)

Al-lâh, el Más Alto, ofrece a la Virgen María como un poderoso ejemplo para todos aquellos que son fieles a través de la historia humana.

María, hija de ‘Imrám, preservó su virginidad, y Nosotros insuflamos Nuestro Espíritu en ella; y testimonió la verdad de las palabras de su Señor y de Sus escrituras, y ella es una de aquellos que son devotos.  (C. 66:12)

Nosotros insuflaremos Nuestro espíritu en ella, y haremos de ella y de su hijo una señal para toda la humanidad.  (C. 21:91)

Deberíamos meditar en el significado de aliento y espíritu.  El espíritu es la esencia de la vida, el mismo poder divino del que depende toda la vida.  Para que un ser pueda recibir el sagrado aliento del espíritu, debe estar en la condición correcta para recibirlo. 

Por ejemplo, el vidrio debe estar a la temperatura adecuada para poder ser soplado en forma de botella.

Para poder ser madre, en el más completo sentido de la palabra, una mujer joven debe alcanzar la etapa apropiada de madurez física y espiritual.  La Virgen bendita se encontraba en esa etapa, en ese momento.  El mensajero Gabriel, que la paz esté con él, fue enviado a la Virgen con la apariencia de un hombre joven y bien parecido, con el propósito de que despertara su vocación de maternidad.

Los ángeles mismos, ni son hombres ni mujeres y son ajenos a la pasión sexual.

Mientras el enviado mantenía la forma de un joven bien parecido y su tierna voz le transmitía a la Virgen el propósito de su misión, María alcanzó un estado de perfecta disposición para recibir el Espíritu Santo; y entonces, quedó encinta.  Esto no hubiera ocurrido si el Arcángel hubiera aparecido en su propia forma trascendental.  A pesar de que Al-lâh es Omnipotente, escoge preservar en parte el acostumbrado patrón de causa y efecto.

Al describir la creación milagrosa de nuestro primer padre, el bendito Adán, el Sagrado Corán explica la forma en que Él amasó, moldeó y preparó la arcilla para que recibiera el aliento de la vida divina.

Tu Señor dijo a los ángeles:  “Miren, estoy a punto de crear un ser humano de arcilla; de barro moldeado.  Cuando le haya dado forma e insuflado mi Espíritu en él, ¡caigan ante él en postración!”    (C. 15:28-29)

Así como la humanidad se originó con el soplo del Espíritu Santo en Adán, igualmente el aliento divino, que fluirá a través de una trompeta, será la señal para la resurrección universal.

En el Sura Ya-Sín, el corazón del Sagrado Corán, podemos leer: Y habrá un estruendo de trompeta.  Entonces los verás apresurarse a llegar desde sus tumbas ante su Señor.  “¡Ay de nosotros!”, se lamentan.  “¿Quién nos ha levantado de nuestro lugar de reposo?”  Esto es lo que el Uno Todomisericordioso prometió, y confiables fueron los mensajero.  Habrá únicamente un solo estruendo de trompeta.  ¡Todos ellos serán enjuiciados ante Nosotros! (C. 36:51-53)

Por el soplo del aliento divino, el amado Jesús fue creado en el vientre de la Virgen María.  Al-lâh posee todo poder.  Él creó originalmente la totalidad del reino humano con un solo soplo.  Él retirará ese reino de un solo soplo.  Y entonces, volverá a crear este universo entero con un solo soplo, con la totalidad de la humanidad y toda criatura viviente, en el nivel de Paraíso.

La apariencia de Jesús a la vista de Al-lâh es como la de Adán.  Lo creó del polvo, diciéndole:  “Sé” y así cobró vida.  (C. 3:59)

En otras palabras:  La creación sin padre de Jesús se asemeja a la de Adán, a quien creamos del polvo, sin madre ni padre.  Así insuflamos Nuestro Espíritu en Adán diciendo “¡Sé!”, de la misma manera, insuflamos Nuestro Espíritu en Jesús.  Le dijimos ¡Nace! Y fue como nació.

En este versículo glorioso, Al-lâh está proclamando:  “Soy capaz de todas las cosas.  De la misma forma en la que creé este universo visible y todos los mundos invisibles con la orden ¡Sea! Y al igual que creé a Adán, sin madre ni padre, y a Eva espontáneamente, así he creado a Jesús, con madre pero sin padre”.

“¡Oh! Hijos de Israel, ustedes que son Gente del Libro y que siguen a mi profeta Moisés, cuando he creado a los ángeles exaltados sin madres ni padres, ¿Cómo pueden pensar que es imposible para Mí crear a Jesús sin padre?”.

Aquellos que aseguran que la creación sin padre de Jesús es evidencia de que él es literalmente hijo de Dios, deberían tomar en cuenta la creación de Adán, que es aún más dramática que la de Jesús.  Jesús tuvo una madre, pero Adán no tuvo ni madre ni padre.

A aquellos que han considerado a Jesús literalmente como hijo de Dios, les preguntamos:  ¿Qué opinan del nacimiento milagroso de Adán, el cual es superior en un grado al de Jesús?

Los exaltados ángeles que sostienen el Trono Divino, Gabriel, Miguel, Israfil y Asra’il, y todos los otros seres angélicos que sólo Al-lâh, el Más Alto, puede nombrar, fueron creados sin madre ni padre.  Todos los maravillosos fenómenos espirituales y cósmicos, ¿acaso no han cobrado existencia simplemente a través de la orden de Dios  “¡Sea!”?

Tú que aspiras a tener fe en Dios y a amarlo, reflexiona.  Que así como Él puede crear una galaxia o un microbio que no puede ser visto a simple vista, con igual facilidad puede Él crear a un ser humano, con padres o sin ellos.

Si Al-lâh el Altísimo, desea que tú o que yo experimentemos la fe, en ese momento nuestra mente ociosa que usualmente se niega a contemplar Su poder infinito, se inflamaría inmediatamente.  Podríamos ser coronados al instante con la diadema de la fe.

Los ojos de nuestros corazones serían benditos con la compenetración e imbuídos de conciencia.  Debemos liberarnos de cualquier indecisión, desconfianza o duda y alcanzar la perfecta paz y fidelidad.  Si Él lo desea, dota a Su servidor escogido con certeza y sinceridad.

Pero no creerás, excepto si Al-lâh lo desea.  Al-lâh es ciertamente todo conocimiento, toda sabiduría. (C. 76:30)

El Sagrado Corán revela el nacimiento milagroso de Jesús, la paz esté con él; y habla de más milagros, manifiestos por la misericordia divina, a través de las manos del amado Jesús.  Estos abundantes milagros son testimonios de la naturaleza especial de su nacimiento, e iluminan al creyente incrementando constantemente su fe.

Y Él lo hará el Mensajero de los Hijos de Israel.  Jesús proclamará:  “He venido a ustedes con signos de su Señor.  Vean como de barro formo para ustedes la semejanza de un pájaro.  Luego soplo dentro de él y cobra vida con el consentimiento de Al-lâh.  Curo a los ciegos de nacimiento y a los leprosos, y traigo los muertos a la vida con el permiso de Al-lâh.  Les informo lo que comen y de lo que mantienen almacenado en sus casas.  Con seguridad en todo esto hay una señal para ustedes, sólo si ustedes son creyentes”. (C. 3:49)

Aquí tenemos evidencia adicional de que el amado Jesús fue concebido y traído a la vida por el aliento del Espíritu, puesto que él solamente sopló su propio aliento y le dio vida al pájaro de barro; Al-lâh le dio vida.

La vida es inducida por mandato divino a través del insuflo del Espíritu Santo.

De los cuatrillones de eventos que tienen lugar en el universo, ayer, hoy y mañana, durante una hora, un minuto o un instante, la vasta mayoría ocurre, sin duda, dentro de las leyes de la naturaleza establecidas divinamente.

Sin embargo, debemos admitir que muchos sucesos que pueden ser descritos como fortuitos, no pueden ser explicados en el marco de referencia acostumbrado.

Cuando contemplamos los milagros de Al-lâh, debemos recordar que, aún hoy en día en nuestra avanzada civilización contemporánea, la relación entre lo que es conocido por el hombre y lo que aún es desconocido, es menor a uno en un millón.

Para cada uno que sabe, hay siempre alguien que sabe más.  No olvidemos nunca el sabio dicho: “Todo maestro tiene su propio maestro, mano sobre mano, hasta el Trono Divino”.

Al final del tiempo, todas las criaturas perecerán con el primer estruendo de la trompeta y serán resucitados con el segundo.  El segundo estruendo es consecuencia del primero, que es, por tanto, la causa indirecta de la Resurrección.  Entonces, la muerte es la causa de la vida, ya que la muerte marca el inicio de una segunda y perdurable vida.

Una tradición oral del Príncipe de los Profetas, el amado Muhammad, que las bendiciones y la paz estén con él, nos dice: “Todos los seres humanos están dormidos.  Sólo despiertan cuando mueren”.

El estar dormido es una dimensión de la muerte.  Los amantes de la verdad y los fieles sirvientes de Al-lâh no mueren.  Éstos alcanzan vida verdadera en el dominio de la Realidad Última.  Solamente es el yo animal el que muere.  El alma humana nunca muere.
 

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