Número 182  //  6 de Agosto de 2002  //  27 Jumada Al-Awwal 1423 A.H.

 TRADICIONES DEL MUNDO

La conciencia suprema y la manifestación
s
egún el Shivaismo de Cachemira

 


 

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Presentación

El tema del despliegue de la manifestación, desde la Consciencia (Shiva) hasta el mundo físico que conocemos es un tema recurrente en los textos shivaitas de cachemira. No podía ser de otra manera ya que estamos estamos aquí ante el tema principal de la vida humana ¿quién soy yo? ¿de donde vengo? ¿a dónde voy?. Tan recurrente es este tema como el tema inverso: la reabsorción desde lo manifestado hasta la union-identificación con Shiva, que no es otro que el camino que todo ser debe de recorrer hasta encontrar ese Paraíso que añora con nostalgia.

¿Cómo llegamos desde ese estado único y beatífico a este mundo lleno de dificultades? Estamos aquí en el meollo de la vida humana y de que comprendamos esto depende en definitiva nuestra "salvación" o nuestra "liberación". Es necesario mínimamente conocer el mapa antes de lanzarse al recorrido, pudiendo este conocimiento del mapa incluso inspirar y empujar a hacer el viaje a aquellos seres que se encontraban, sin mucha vocación, desorientados.

No estamos en este contexto ante un planteamiento físico, lineal, o histórico tan querido de nuestra moderna mentalidad occidental. No se plantea aquí ningún "evolucionismo" (metafísicamente absurdo al no poder lo "más" surgir de lo "menos"), ningún desarrollo lineal, ningún planteamiento físico, ni desde luego, ningún tipo de "evolucionismo espiritual".

Lo que aquí se presenta, como por otra parte se presenta unánimemente en todas las tradiciones, es la comprensión "vertical", ontológica, de la manifestación del mundo y del hombre; un "suceso" fuera del tiempo, recreado en cada instante por la consciencia "juguetona", manifestándose y ocultándose en toda la variedad de su posibilidad.

Una visión y comprensión que pone en juego las zonas más elevadas del ser humano; la intuición intelectiva, el espíritu, la consciencia, zonas estas por desgracia desconocidas del llamado "hombre moderno" que solo puede ver con su estrechez mental lo que su estrechez le permite.

Y lo malo no es que uno perciba dentro de esa estrechez, algo esto que, haciéndolo consciente, nos invitaría a la virtud de la humildad, sino que desde esta estrechez creemos saberlo todo y además lo impongamos a todos cayendo entonces en el vicio del orgullo que, por desgracia, está invadiendo el mundo, privando a la creación del soporte vertical de su energía creadora y sumergiendo por lo tanto al hombre en un mundo de formas densas, totalmente desprovistas de cualidad, de fondo, de luz y calor sobrenaturales.

Caemos así en un mundo de formas "frías" por más que intentemos perfeccionarlas y decorarlas desde fuera. Es el parque temático frente a la naturaleza virgen, es la flor de plástico frente al lirio silvestre de los profundos valles, es la luz fría de la televisión frente a la luz sagrada del icono, es el cuerpo musculado y maquillado frente al cuerpo nutrido y embellecido por la oración y el silencio....

Así se entiende la crisis ecológica; ¿cómo se puede cuidar y respetar un mundo que se ha convertido en un objeto físico y ha dejado de ser un templo, un símbolo, una teofanía? tanto si ese objeto físico es tratado "salvajemente" como si es tratado "ecológicamente" (porque no se puede estar a favor de la creación y en contra del creador como lo está casi todo el conjunto del movimiento ecologista). ¿cómo vamos a respetar un mundo que es un objeto ajeno, en el que no vemos ya ningún reflejo, ninguna cualidad de lo absoluto? ¿y como vamos a vivenciar y a tratar nuestro cuerpo, microcosmos, reflejo de lo Unico?

El mundo, en la visión tradicional, es visto "desde arriba" y "desde adentro" desde la consciencia que lo crea en cada momento y con cuya identificación el mundo acaba en un instante, como se esfuma un sueño, por muy complejo que sea, en el momento de despertar.

La concepción del hombre y del mundo que nos propone el Shivaismo no dualista no revela la captación que tiene el hombre ordinario de aquello que le rodea ni de aquello que reina en él. Esta concepción corresponde a la percepción que tiene de ello el "liberado viviente" (jivan mukta) y se destina sobretodo a aquellos que quieren aventurarse sobre ese camino en la esperanza de descubrir la Realidad fundamental, de iluminar el misterio que vibra en el centro de cada ser y en el origen del universo.

Y la percepción que tiene el jivan mukta es eso; una vivencia, una intelección directa, no una opinión, o una teoría mental equiparable a otras teorías fruto de la mente pensante. Algo esto difícil de aceptar por el occidental moderno; imposible de aceptar porque para aceptarlo tendría que "verlo" desde el Intelecto intuitivo, y precisamente no puede verlo desde ahí porque está encerrado en la mente pensante, y la mente pensante "piensa" que el nivel del Intelecto intuitivo, ese nivel donde se encuentran las certezas, no existe porque con el pensamiento es imposible abarcarlo, y desde la mente pensante no se puede ver otra cosa pudiendo solo "pensar sobre el pensamiento". Un circulo vicioso ¿habrá alguna salida?

A pesar de que la experiencia vivida del liberado escapa no solamente al lenguaje sino también a toda concepción mental; a pesar de que todo lo que se puede formular para las necesidades de la comunicación queda sin común medida con el infinito aquí presente, desplegado en cada punto sin extensión; a pesar de ello todos los textos se ponen de acuerdo y nos invitan a la comprobación personal.

Consciencia suprema y manifestación de las puras categorías. 

Tal como lo evocan los Tantras antiguos, los Tratados de los grandes maestros y las glosas, se puede decir que la Realidad última es esencialmente Consciencia.

La Realidad ultima es definida como prakâsa, Luz, pura Luz Infinita, indiferenciada que corresponde a la Consciencia absoluta, pero, lejos de confundirse con un absoluto sin vida - como el brahman del Vedanta- esa Consciencia es también vimarsa, toma de conciencia de si, consciencia dinámica y por lo tanto energía activa. Por ello, por ese acto interior de pura libertad ella es además felicidad (ananda).

Dotada así de un dinamismo intrínseco, la Consciencia vibra y se revela. Según Ksemarâja "Es en ella misma, por ella misma y a partir de ella misma que ella manifiesta todo lo que existe".

O también: "Gloria a Aquel cuya grandeza es indivisa, a Aquel que suscita en su corazón al universo entero (...) Gloria a ese único , el Omni-vibrante que no tiene otro soporte que El mismo".

La "toma de consciencia" primera es una vibración (spanda) de la cual la escuela que lleva su nombre ha formulado magistralmente los diversos aspectos: vibración inicial, resonancia primordial, juego vibrante del despliegue de la Energía, estremecimiento del Corazón supremo, por no citar más que algunos pocos.

Es así como el liberado viviente ve el mundo, todo impregnado de luz divina, y viviendo en él la unidad perfecta. Pero entonces ¿cómo comprender la existencia ordinaria con sus límites, sus errores, sus miserias? La respuesta a esta cuestión se inscribe en una concepción de conjunto del despliegue del universo. 

La manifestación del Universo

Según la tradición india, la manifestación se despliega en tattva, principios esenciales o bases principales o categorías o niveles

Estos principios no se tratan, excepto para los dos primeros, de bases metafísicas indestructibles sino más bien de fases, de apariciones dinámicas y cada vez más diferenciadas de la Energía divina, un aspecto se vuelve manifiesto cuando el que le precede se oscurece, el más sutil engendra el menos sutil y este, en su momento, genera un principio derivado. Esta construcción extraordinariamente elaborada y majestuosa retoma y profundiza los puntos de vista más a menudo estudiados en Occidente del Samkya y del Yoga clásico que enumeran veinticinco categorías en el seno del Ser puro. En términos occidentales, se podría decir que estas dos últimas doctrinas son sobretodo cosmología y teología (ambas no van más allá de la Unidad), mientras que el Shivaismo de Cachemira, como el Advaita Vedanta, se eleva hasta la Posibilidad infinita, que no es ni Ser ni no-Ser: "Cero transcendente".

El Samkya y el Vedanta admiten veinticinco tattva que el Shivaismo de Cachemira (entre otras tradiciones shivaitas) mantiene pero considerándolos todos, comprendido el más alto, el espíritu (Purusha) como sometidos a maya (la ilusión). Continuando su análisis por encima de este conjunto, revela además seis factores de limitación y en la cumbre cinco puros tattva, sumando todo el conjunto treinta y seis que describiremos sucintamente partiendo de su origen.

Los treinta y seis, tattva (categorías, bases principales) están divididos en tres grupos a los que se puede denominar como «puros», «puros-impuros» e «impuros», o también «supremos», «supremos-no-supremos» y «no-supremos»; tres grados de calidad decreciente por lo tanto, correspondiendo a tres "esferas": esfera de la Energía, esfera de la Ilusión y esfera de la Naturaleza (una cuarta esfera denominada de la Tierra se estudiará también). Comenzaremos por las categorías más elevadas, la cumbre de la montaña por así decirlo, entendiendo bien que, en la realización iniciática, el orden seguido debería ser exactamente el inverso. Pero incluso esta aclaración no debería interpretarse en un sentido cronológico puesto que, como se verá, la categoría temporal no aparece más que en un cierto estadio del despliegue y no extiende su dominio a todos ellos. Los treinta y seis tattva existen en "simultaneidad", como funciones siempre susceptibles de transmutarse una en otra sin por ello dejar de existir. Es lógicamente y ontológicamente como las categorías se enlazan, se suceden y derivan las unas de las otras, en un dinamismo permanente y fluido.

Otra nota que hay que observar es que los tattva no reenvían ni a cosas ni a ideas, sino a la aptitud que posee la consciencia, en tanto que consciencia dinámica, de desplegarse sobre cada nivel en principios, cualidades, formas, de ahí las diversas traducciones del termino. Un proceso tal, sobre todo para las más altas categorías, escapa al pensamiento. Ya hemos indicado también que este despliegue, en contra de lo que pueda parecer debido al discurso necesario para su explicación, no tiene nada de progresivo y escapa al tiempo.

Alrededor de lo Inexpresable, el Shivaismo no dualista, en sus diversas escuelas, ha elaborado una metafísica muy afinada, una de las más profundas y de las más sutiles, de la cual no podremos aquí más que sugerir algunos aspectos. 

I - La esfera de la energía

Este origen es la Realidad ultima, Parama , en la cual (la consciencia) y Shakti (la energía) están perfectamente unidos, pero precisemos que no se debería considerar a Parama como uno de los tattva; siendo a la vez el Uno inconcebible y el Todo, está simultáneamente en el origen, en medio, al final y mas allá de cada uno y de todos.

Parama, tanto si lo llamamos ciencia como consciencia, como realidad última, no es algo vacío. Esta Realidad Ultima tiene poderes infinitos, y contiene en forma potencial todo lo que puede llegar a ser. Es la naturaleza propia de la Realidad Ultima el poder de manifestarse. Si la Realidad Ultima no se manifestaría, no sería consciencia o Ser, sino algo parecido a un objeto o no-Ser. Como lo dice Abhinavagupta: «Si la realidad suprema no se manifestase en una variedad infinita, sino que permaneciera confinada en el interior de su singularidad compacta, ella no sería ni el poder supremo ni la consciencia, sino algo parecido a un cántaro....".

Parama contiene un numero infinito de cualidades de las cuales las principales son cinco:

1.- Cit, el poder de auto-revelación por el cual lo Supremo brilla por si mismo.

2.- Ananda, Beatitud y dicha absolutas. En un sentido Cit y Ananda son la naturaleza misma de lo Supremo. El resto puede ser llamado sus shaktis.

3.- Icchâ, la Voluntad de hacer esto o lo otro, de crear.

4.- Jñâna, el poder de conocer.

5.- Kriyâ, el poder de asumir no importa que forma.

El universo no es otra cosa que un "abrirse" (unmesa) o expansión (prasara) de lo Supremo, o mejor dicho de lo Supremo en cuanto que Shakti. 

Este primer principio no debe de ser concebido como un "antes" temporal (y menos como un demiurgo) ni, según la perspectiva inversa de la realización espiritual, un "después", un termino que alcanzar. Lo absoluto está fuera del tiempo, del espacio y de la causalidad. No tiene comienzo, no cesa, no cambia. Puesto que, en nuestra verdadera naturaleza, coincidimos con El, es tan absurdo creer que uno pueda "alejarse" de El, como creer que pueda "acercarse". Incluso las palabras "Despertar", "Liberación", "Iluminación" que empleamos en descripciones como la que nos ocupa, aparecen como criticables desde el momento en el que se podría imaginar que antes de la experiencia así evocada hubiera existido "otra cosa" o "alguna cosa" opuesta a ella, un "sueño objetivo" o una "esclavitud" o unas "tinieblas". Según el testimonio unánime de los sabios, por el contrario "despertar" equivale a tomar consciencia de que siempre ha sido así, de que la luz siempre a existido. Pero esta evidencia , precisamente, solo puede revelarse en una experiencia extramental o supramental. Mientras nos atengamos a la teoría, a la fuerza tenemos que enumerar las categorías, disecar una Realidad viva y dinámica y emplear un simbolismo verbal destinado a facilitar el acceso a lo "sin-acceso".

A partir del Supremo Shiva, las cinco primeras bases principales que se desenvuelven son "puras" en el sentido de que permanecen en la no-dualidad.

(1 - 2) - Las dos primeras, y Shakti, son interdependientes puesto que la Energía no es otra que la propia energía de Shiva, es decir su voluntad de manifestación.

Ninguna distinción se puede establecer entre la energía y el que la detenta, entre energía y atributo: Shiva es idéntico a Shakti como el fuego es idéntico a su poder de quemar.

En la base principal de Shiva no reina mas que la suprema "eseidad", el puro YO.

En la siguiente, la de Shakti, omnipotente suscita por su Energía el universo y toma consciencia de "Yo soy".

No se debe de considerar a la Energía Universal, la Shakti, aunque se nombre en segundo lugar como distinta a ni de ninguna manera inferior. Por el contrario su unión es indisoluble, eterna e ilimitada. En este nivel todavía no se podría hablar de una «pareja», pero, si se quiere utilizar un simbolismo sexual se podría hablar del «andrógino» perfecto, gozando de un reposo y de una beatitud infinitos. 

Hasta ahora no hemos visto mas que las tres primeras de las cinco energías divinas, a saber: consciencia, felicidad y voluntad; las dos siguientes son el conocimiento y la actividad.

Prosiguiendo la realización de la manifestación, la Energía va a separar progresivamente el sujeto (el YO que reina aquí como subjetividad infinita) del objeto o «esto», es decir el universo. Este proceso se realiza en el transcurso de las categorías siguientes.

(3) - En "Sadâsiva-tattva" (tattva del Eterno ), el aspecto objetivo se esboza pero el Yo continúa impregnando el universo. Por su energía de conocimiento, que entonces prevalece, Shiva toma conciencia de "YO soy esto" (Yo soy yo-mismo este universo entero).Todavía el «esto» es una experiencia imprecisa como la imagen que un artista tiene en la etapa inicial de su creación. El lado predominante es todavía «Yo», pero el «esto» va a ir tomando más y más importancia.

(4) - En "Isvara-tattva" la energía de actividad le arrastra, la consciencia de «Esto» domina a la de «Yo», pero el «Esto» aparece claramente definido, hay una clara idea de aquello que debe ser creado, como el artista que tras la primera idea vaga alcanza una visión clara. El «Esto» expresa la gloria de Shiva que aparece entonces como el Señor (Ishvara) y que entonces toma conciencia de "ESTO yo lo soy".

(5) - En "Sudda vidya", (conocimiento puro), sujeto y objeto reposan todavía en la unidad pero habiendo asumido la toma de consciencia una doble forma, a saber, "Yo soy Yo" y "esto es esto", son entonces susceptibles de separarse, el «yo» y el «esto» son reconocidos cada uno con tal claridad que, aun estando todavía los dos identificados, pueden ser distinguidos. Sin esta división el Ser no podría conocerse a si mismo. Hasta esta etapa, toda experiencia es ideal, es decir bajo la forma de una idea. Esta quinta fase pone fin a la esfera de la Energía o de los principios "puros". 

Todo a lo largo de esta cinco puras bases principales, a pesar que el objeto - el mundo - se reviste de modalidades sutilmente diversificadas, permanece idéntico al YO supremo. En esta identidad del Soberano y del universo reside la esencia de la enseñanza y es a ella a la que conducirán las vías de liberación. 

II - La manifestación a partir de Maya (La esfera de la ilusión)

(6) - Se entra aquí en la segunda esfera llamada "esfera de la ilusión" (maya) o de la experiencia individual limitada. Habiendo emitido las puras categorías, Shiva se vela por su propia voluntad, la interioridad (el YO) va a volverse cada vez mas velada por la exterioridad (el objeto): la energía de ilusión esta trabajando en ello, y se entra en maya, la sexta base principal y la primera que es impura, siendo un factor de oscurecimiento.

En un sentido superior, la Ilusión es la libre voluntad de Shiva que a la vez se vela y se revela a si-mismo. Es su "arte" divino(Annanda K. Coomaraswamy gusta de traducir por «arte» el termino «maya»), su potencia soberana y desconcertante. Maya "cuadricula" el universo, lo parcela, y al mismo tiempo lo oscurece y lo emborrona, haciéndonos creer, en esa penumbra, que una cuerda es una culebra, haciéndonos tomar una cosa por otra. En el estado humano, la ilusión no es más que la Energía no comprendida.

Se despliegan en consecuencia las cinco siguientes bases o "corazas" que envuelven al Si-mismo con una especie de quíntuple caparazón.

Estas "corazas" son:

(7) -El conocimiento limitado (vidyâ) que reduce la Omnisciencia de la Consciencia Universal en conocimientos finitos y suscita la limitación en cuanto al conocimiento. Uno dice: «Yo se algo».

(8) -El principio de determinación (kalâ), el dinamismo parcelador que reduce la Omnipotencia divina, la capacidad universal de crear en humana debilidad. Uno dice: «Yo hago algo» y también «Yo "debo" de hacer esto».

(9) -El apego a los objetos (râga) transforma la perfecta satisfacción o plenitud del Si-mismo en aspiración determinada hacia determinados objetos. Uno dice: «me gusta o no me gusta esto». «Prefiero esto o lo otro». Este deseo nace de una carencia imaginaria; el error viene de que nos olvidamos de que la fuente de toda dicha se encuentra dentro de nosotros mismos y no en el objeto que tanto deseamos. El objeto tan solo nos "recuerda" la felicidad pero no nos la "da". Este error fatal de percepción y de discernimiento (viveka), desencadena el deseo que a su vez desencadena la acción y que a su vez desencadena la reacción karmica en un ciclo casi desesperante. Que uno ceda al deseo o no, no cambia gran cosa desde este punto de vista, ya que las dos actitudes equivalen a una especie de "consentimiento" metafísico, una especie de loa a la ignorancia. Que lo rechace o no en ambos casos atribuyo al objeto una existencia y además una capacidad de "dar la felicidad" que no tiene. El verdadero sabio permanece "sin deseo" porque no ve nada externo a su Identidad real que pueda enriquecerlo o empobrecerlo.

(10) - El tiempo (kâla) que hace del Ser Eterno un ser sometido a la sucesión de las épocas. Nos hace olvidar que somos eternos, proyecta una pasado, un presente, un futuro totalmente ilusorios: «yo era esto, yo soy esto, yo seré lo otro».

(11) - La necesidad (niyati) crea la ficción del espacio y nos liga a la causalidad, a la inexorable ley del "acto" (karma) que restringe la libertad absoluta y omnipresente a una limitación dirigida a un objeto determinado. El acto permanece pegado al hombre. Es verdad desde un punto de vista más elevado, que solo estamos encadenados en la imaginación. Pero, como el ser en este estadio ya no se sabe libre, el karma "funciona" con toda facilidad, del mismo modo que una cuerda vista tomada equivocadamente por una serpiente puede provocar la muerte por el terror que ella desencadena.

Así las cinco corazas tienen una función reductora y mutilante para el ser cerrado en la esfera de la ilusión. 

III - La esfera de la naturaleza

(12) - Así envuelto en corazas, el Si-mismo pierde su universalidad, y se vuelve un «sujeto consciente limitado» o «sujeto individual», el Purusha o duodécima categoría. El no capta entonces más que los aspectos finitos y diferenciados de las modalidades del universo, de ahí su infortunio, pero son esos aspectos los que son irreales, no el universo que no cesa de permanecer en Paramashiva. Y la desdicha del sujeto presa de los problemas del mundo y de su condición densa se debe, no al sujeto en si mismo, sino a las limitaciones suscitadas en él por maya la ilusión, que anula su conocimiento original de perfecta plenitud.

Si a partir de este plano, las categorías shivaitas se unen a las del hinduismo tradicional, notemos bien la diferencia en lo que concierne a la primera ya que, en el Vedanta, Purusha designa al Espíritu transcendente o al alma liberada.

(13) - Si Purusha es la manifestación subjetiva del «yo soy esto», Prakriti es la manifestación objetiva. Llegamos entonces a la decimotercera categoría, correspondiente a los principios "impuros"; Prakriti, que podemos llamar la "Substancia Universal", que en el Shivaismo toma también un sentido particular. Este termino designa lo que se podría llamar la "Naturaleza primordial"; el proceso creador de Todo en sus aspectos físicos y síquicos. Prakriti se opone a Purusha como el objeto de conocimiento a aquel que lo conoce, o como el objeto de disfrute a aquel que lo disfruta. Ella es también la potencia que produce las formas y que impide que la consciencia escape de las formas. Es el reflejo de la Shakti universal en el orden cosmológico, un reflejo ya degradado puesto que entre ellas dos ha aparecido el velo de la Ilusión.

En Prakriti, La Naturaleza primordial, se ponen en juego las tres cualidades o principios (guna), tendencias cósmicas cuya interacción condiciona todas las existencias:

a) luminosidad, pureza (sattva) tendencia ascendente, consciente, luminosa, engendra paz y gozo.

b) pasión, movimiento agitación (rajas) tendencia dinámica, expansiva, conduce por la pasión hacia el dolor.

c) obscuridad, inercia (tamas), tendencia descendente, desintegrante, agobiante, provoca la ignorancia y la torpeza. 

Sigue un conjunto llamado el "órgano interno" (Antakarana; siquismo individual o aparato síquico) que comprende tres categorías:

(14) - (buddhi) el intelecto intuitivo o la facultad de discernimiento entre lo verdadero y lo falso, inteligencia pura que capta el objeto en su esencia y no como una cosa particular.

(15) - (ahamkâra) literalmente "el que hace el yo". El factor de individuación que elabora el yo, aparece la individualidad propiamente dicha, el ego identificado con una forma distinta, que piensa: esto soy yo, esto no soy yo, esto es mío.

(16) - (manas) el sentido interno o el alma empírica ( el «sensorium commune» escolástico) que concierne tanto al pensamiento como a la afectividad. El "sentido interno" centraliza los datos de los cinco sentidos y determina las acciones a realizar. Todo pensamiento individual, formal, procede de "manas". La "mente" está profundamente movida por el deseo y este deseo, resultante de las impregnaciones (vasana y samskara) dejadas por las "vidas" anteriores, es lo que determina las "vidas" futuras, sea cual sea la manera, a veces problemática, como se entienda el termino "vidas". 

(17-21) Vienen ahora las cinco facultades de acción (karmendriya) se enumeran así: palabra, generación, excreción, prehensión, locomoción. No son los órganos sensoriales sino las «facultades» que operan a través de estos. Se puede observar que cada esencia elemental, cada facultad de sensación, cada facultad de acción encuentra su correspondencia en un chakra del cuerpo sutil. Esta inmensa red simbólica se extiende todavía más lejos, incluyendo sonidos, colores, letras del alfabeto, animales o plantas emblemáticas, pasiones humanas, dioses o diosas tutelares, etc... componiendo un universo fascinante pero en el que conviene navegar con prudencia... porque esto también es Maya.

(22-26) - las cinco facultades de sensación (jñanendriya): el oído, el tacto, la visión, el gusto, el olfato. Les corresponden en tanto que órganos: las orejas, la piel, los ojos, la lengua, la nariz.

(27-31) - los cinco tanmâtra o "esencias elementales" designadas por los nombres de las cualidades sensibles: auditiva (el sonido en tanto que tal), tangible (el tacto en tanto que tal), visible (la visión en tanto que tal), saboreable (el sabor en tanto que tal), olfativa (el olfato en tanto que tal). Pero estas cualidades están todavía en el estado "no desplegado". Los "elementos" propiamente dichos no se manifestarán más que en el último estadio.

(31-36) - Vienen finalmente los llamados «cinco elementos sensibles» (bhûta) de los que están formados, en proporciones variables, todas las cosas corporales y que son el producto de los cinco tanmâtras. Pero como se trata de principios no perceptibles por los sentidos, es decir de orden sutil no corporal, las designaciones que se les aplica no deben de ser entendidas más que analógicamente: la cualidad reenvía aquí a la esencia o, si se prefiere, a un estado todavía no desplegado, un "lugar" donde residiría la sensación antes de que fuera manifestada.

- El Eter (âkâsha) la cualidad sonora.

- El Aire (vâyu) las dos cualidades sonora y táctil.

- El Fuego (tejas) posee las dos cualidades precedentes más, preponderantemente, la cualidad visible.

- El Agua (jala) contiene las tres cualidades de los bhûta que le preceden, y además la cualidad propia de saboreabilidad.

- La Tierra (prihivî) finalmente sintetiza y condensa las cinco cualidades de la substancia cósmica comprendiendo también la suya propia: la olfativa.

Estos cinco elementos, presentes en todo el universo sensible, y por tanto en el cuerpo humano, son interpretados de manera diferente según los autores. Algunos quieren asimilarlos a los diversos grados de condensación de la materia y hablan, por ejemplo de "estado radiante" para el fuego o de "estado gaseoso" para el aire. Otros ven en los bhuta (cinco elementos) "modalidades vibratorias" bajo las cuales la misma materia se haría perceptible sucesivamente a cada uno de nuestros sentidos. Estas explicaciones, y todas las demás, pueden tener su verdad pero olvidan el hecho de que para el tantrismo, el único substrato de la realidad es la Shakti, la energía consciente, y no la "materia", noción totalmente desconocida de los antiguos hindúes, término que se emplea por rutina mental pero que nos resultaría muy difícil de definir. Los elementos no son para un yogui abstracciones científicas o filosóficas sino, por extraño que parezca, soportes de trabajo y objetos de experiencia. La palabra "fuego" por ejemplo puede evocarnos la luz del conocimiento, el calor del amor, la energía de la destrucción, el entusiasmo, el sacrificio, el deseo sexual, el estado sutil en su conjunto: ninguno de estos significados excluye a los demás. Lo que importa verdaderamente al practicante es "volverse fuego", no decir lo que es.

Vâyu "Aire" quiere decir aquello que "va", aquello que "se mueve": el Aire está en efecto caracterizado por la movilidad.

Tejas es el "Fuego", que se manifiesta a nuestros sentidos como luz y calor y que tiene como cualidad específica la visibilidad.

Jala, "Agua" tiene como características el frío, la densidad (como el elemento "Tierra"), la fluidez (que le es propia).

Âkashâ, "Eter", el espacio, pero no el "espacio vacío" (el continente sin contenido), sino el espacio cualificado que puede contener a todos los elementos, el fondo sin fondo de la Consciencia.

Cuando se dice que la tierra es el resultado terminal de todo el proceso de despliegue, el trigesimosexto y último principio, no se refiere a la tierra de los campos, en el sentido literal y material, ni menos todavía a nuestro globo terrestre, con sus innumerables seres animados e inanimados (lo que el Shivaismo llama la "cuarta esfera" la esfera de la tierra), ya que existen otros mundos inferiores al nuestro, infraterrestres. Esto mundos inferiores, estos "infiernos" en el sentido propio, no son mundos sensibles sino síquicos, aunque de un siquismo que podríamos llamar, en términos occidentales, "diabólico" e "invertido"; y las determinaciones que ahí reinan son todavía más implacables que en el nuestro.

La tierra, último de los elementos, representa, por una parte una cierta modalidad vibratoria de la materia perceptible por el olfato y, por otra parte, el estado más denso y mas dividido del universo tridimensional: toda substancia sólida y olfativa está en el estado de "tierra", todo lo que posee cohesión y resistencia es de la tierra.

 IV - La esfera de la tierra

He aquí nuestro globo terrestre -incluso si los antiguos se hacían una idea fantástica de él- con sus seres humanos, animales, vegetales, minerales, todos sus objetos inanimados (pero no desprovistos de consciencia puesto que Shiva se extiende por todo). Esto no significa que no existan otros mundos todavía inferiores al nuestro, correspondientes a los estados de conciencia infra-humanos. Pero no se les considera aquí porque no se trata en realidad de mundos sensibles sino de mundos síquicos, remolinos de energías perversas o degradadas.

En este estadio terminal, en este límite que fija el descendimiento de Shiva en la Tierra, el alma individual está estrechamente encerrada, "acorazada" y no dispone más que de poderes y de conocimientos muy limitados. Identificada al cuerpo de carne, colmada de necesidades, está condenada a transmigrar. Solo escapa a esta ley implacable el ser "liberado" que se ha identificado con Shiva, con la Consciencia, rompiendo así el lazo de causalidad que le liga al mundo.

La tierra, vista como la densificación material, a pesar de ser el estadio más bajo de todos, el "trigesimosexto por debajo", tiene una papel privilegiado. En ella se unen las cualidades de todos los otros elementos: si bien que el cosmos entero, todo aquello que se oye y se toca, se ve, se degusta y se siente, no es finalmente más que tierra... Llegados a este punto, se dice que la Energía creadora descansa, se duerme, se "entierra", si se nos permite este juego de palabras (y aquí nos encontramos con la imagen de la Kundalini).

Esta Energía (Shakti) está en lo sucesivo alejada de su esposo por una prodigiosa distancia, pero ella no aspira a otra cosa que a encontrarle de nuevo y esto no es posible más que si recorre en sentido inverso y ascendente todo el proceso de despliegue precedentemente descrito, se ella reabsorbe los tattva unos en otros, tierra en el agua, agua en el fuego, etc... después elementos en las esencias elementales, y estas a su vez en «manas», y «manas» en el intelecto, y así otra, y otra, y otra, esfera tras esfera y principio tras principio, hasta la Liberación final en la que la Energía y la Consciencia se fusionen de nuevo.

Por muy penosa que pueda parecer la condición humana, esta condición es sin embargo envidiable y espiritualmente ventajosa con relación a las otras. Siendo "Central", "axial", ocupando un lugar mediano entre los mundos paradisíacos y los mundos infernales, nos permite "subir" tanto como "bajar" en la escala de los seres. Otras condiciones, por ofrecer una mayor "comodidad" que la nuestra, no presentan la misma posibilidad de desarrollo. El hombre es una totalidad en su orden; él constituye un mundo casi autónomo, un microcosmos perfecto. Todas las categorías de seres se reflejan en él, desde los más viles hasta los más luminosos. Es en nuestro espacio, todo lo indigno y mancillado que sea, donde los avatares y los Budas eligen descender. Ciertamente nuestro mundo no es el único y, en cada uno de los otros mundos, aunque sean incorpóreos, debe de existir un estado central y axial (al que se podría calificar analógicamente de "humano"), un estado que proponga, en la misma medida que el nuestro, una posibilidad de salir del circulo del «samsara», una "salida de socorro". Pero el hombre que muere sin haber, si no realizado, por lo menos buscado la Liberación con todas sus fuerzas, no tiene la certitud de renacer en uno de esos estados. Puede muy bien encontrarse, por duraciones indeterminadas, en cualquier situación "periférica" (comparable a la que ocupan los animales en nuestra Tierra), donde no tendrá ninguna posibilidad activa de liberación. Lo único que le podría consolar, suponiendo que se acordara de ello en su caída, es que nada en el samsara es permanente, ni infierno ni paraíso, ni alegría ni pena. 

Final

Es esencial no interpretar toda esta doctrina del despliegue de los Tattvas, en términos evolucionistas. Los treintiséis principios existen simultáneamente y la derivación de unos en otros es de orden ontológico y no temporal.

El empleo de un tiempo futuro no nos debe de hacer creer que todo esto ocurre en el tiempo, puesto que la categoría temporal no aparece más que en un cierto estadio del despliegue (el de las cinco corazas). En la realidad más profunda, y Shakti nunca han estado separados y "reunirlos" no es más que una manera ingenua de hablar, debida a nuestra perspectiva particular de «hijos de la Tierra» (los shivaitas dicen de una manera poco amable "ganado" (pashu))

Lejos de constituir una fragmentación de todo en trozos yustaponibles, la jerarquización de las bases principales sugiere un proceso de despliegue riguroso, cada una de ellas dependiendo de todas las que la preceden ( y especialmente de la última ) y a su vez rigiendo a las que le siguen, siendo así todas solidarias; finalmente la última que es la más material y la más diferenciada implica de alguna manera todas las precedentes y la más alta energía está presente en todas las demás. Se comprende entonces que este proceso no se inscribe en nuestro tiempo ordinario. Forma un todo y, lejos de aislar sus elementos unos de otros, habría que verlo simultáneamente en todos sus aspectos. En el origen nada más que la Consciencia, pura interioridad, y esta Consciencia va, de alguna manera, a reflejarse sobre si misma suscitando las categorías de la manifestación en el espejo de su propio Si-mismo; entonces da la impresión de diferenciarse, de determinarse, delimitarse, concretizarse, en un camino estructurante pero, en realidad, ella no cesa de ser, en el instante y en todo instante, la única y perfecta Consciencia. No hay nada más en juego, el sistema revela una no-dualidad absoluta, aquella que vive el liberado.

Si, según la metáfora corriente, el universo se dibuja sobre la pared luminosa de la Consciencia como los reflejos aparecen en la superficie de un espejo, es decir sin que sean distintos de el, hay que subrayar que estos reflejos no tienen como origen los objetos exteriores, su única causa es la voluntad autónoma, perfectamente libre de la Consciencia soberana. Abhinavagupta en una evocación del Yo supremo escribe: «Es en mi donde el universo se revela como los objetos en un espejo sin mancha. De mí el Todo emana como del sueño la multiformidad del sueño». 

Apendice - La lista de los treinta y seis tativas

I - Esfera de la Energía:

1.- Shiva, la Consciencia absoluta.

2.- Shakti, la Energía absoluta.

3.- Sadâshiva, el Eterno Shiva.

4.- Ishvara, la Persona Divina.

5.- Savidyâ, la Ciencia verdadera. 
 

II - La esfera de la Ilusión:

6.- Mâyâ, el Arte divino.

7.- Kâla, el Tiempo.

8.- Kalâ, la actividad determinadora.

9.- Vidyâ, el saber discriminador.

10.- Niyati, la restricción causal y espacial.

11.- Râga, el deseo.

12.- Purusha, el sujeto limitado.
 

III - Esfera de la Naturaleza:

13.- Prakriti, la Naturaleza.

14.- Buddhi, el Intelecto intuitivo.

15.- Ahamkâra, la consciencia individual.

16.- Manas, la función mental.

17.- Vâk, palabra-voz.

18.- Pâni, prehensión-manos

19.- Pâda, locomoción-pies

20.- Pâyu, excreción-ano.

21.- Upastha, generación-sexo.

22.- Shrotra, escucha-oreja

23.- Tvak, tacto-piel.

24.- Chakshus, vista-ojo.

25.- Rasanâ, gusto-lengua.

26.- Ghrâna, olfato-nariz.

27.- Shabda, sonora

28.- Sparsha, tangible.

29.- Rûpa, visible.

30.- Rasa, saboreable.

31.- Gandha, olfativa.

32.- Âkâsha, Ether.

33.- Vâyu, Aire.

34.- Tejas, Fuego.

35.- Jala, Agua.

36.- Prithivî, Tierra.

Algunos documentos relacionados con la evolución

- LA CREACIÓN SEGÚN RAMANA MAHARSHI

- EL ORIGEN DE LAS ESPECIES. Titus Burckhardt. (En AMNESIA)

- GRADACIÓN Y EVOLUCIÓN (A.K. Coomaraswamy)

- EL PASADO A LA LUZ DEL PRESENTE. Martin Lings. (En VERDE ISLAM)

- ESPERANZA SI, PROGRESO NO (Huston Smith)

- REFLEXIONES SOBRE LA CREACIÓN. Ali Ibn-Abu-Talib. (En VERDE ISLAM)

- EL ENGAÑO DEL EVOLUCIONISMO. Harum Yahya. (En WEBISLAM)

- Abbe Henri Stephane. SOBRE EL EVOLUCIONISMO

- REFUTACIÓN DEL EVOLUCIONISMO POR LA CIENCIA METAFÍSICA.

- LA CREACIÓN: John Richardson

- LA EVOLUCIÓN: una hipótesis absurda.

- LOS GRADOS DE LA MANIFESTACIÓN.

- SÓCRATES CONFRONTA A DARWIN (En CRISTIANDAD)

- ¿ES PLAUSIBLE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN? (En CRISTIANDAD)

- CONSECUENCIAS RELIGIOSAS DE LA CREENCIA EN LA EVOLUCIÓN. Rama Coomaraswamy

- CIENTÍFICOS CREACIONISTAS (En Inglés)

- DIÁLOGOS CON RAMANA MAHARSHI EN TORNO A LA CREACIÓN

- GEOSOFÍA: por una metafísica de la naturaleza
 

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