Número 174  //  27 de Mayo de 2002  //  15 Raby` al-awal 1423 A.H.

 PENSAMIENTO

Fragmentos de un comentario de la sura 94:
Ash-Sharh (La Distensión)

Por Abdelrahman Muhammad Maanán


 

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Bismil-lâhi r-rahmani r-rahimi

Con el Nombre de Al-lâh, el Rahmán, el Rahim

 

1.     a lam náshrah láka sádraka

¿Acaso no hemos distendido tu pecho,

 

2.     wa wada’na ‘ánka wíçraka

y apartado de ti el fardo

 

3.     al-ladzi: ánqada záhraka

que doblegaba tu espalda,

 

4.     wa rafa’na láka dzíkrak

y alzado para ti tu recuerdo?

 

5.     fa-ínna ma’a l-‘úsri yúsran

¡Con la dificultad va la facilidad!

 

6.     ínna ma’a l-‘úsri yúsra

¡Con la dificultad va la facilidad!

 

7.     fa-idza faragta fánsab

Cuando acabes enderézate,...

 

8.     wa ilà rábbika fárgab

y a tu rabb ¡deséale con pasión!

 
En esta sura se respira la atmósfera que había en la relación entre Muhammad y Al-lâh. Es un lenguaje entre confidentes (se trata de una munâÿâ, una conversación entre íntimos). Esta sura del Corán es un susurro que Al-lâh pronuncia al oído del profeta
r asegurándole el interés y atención que le presta y su asistencia y auxilio que lo acompañan en todo instante.

 

Contiene un buen anuncio (bushrà): el de que llegará un momento en que la dificultad (‘usr) que atravesaba Muhammad sería superada y sustituida por la facilidad (yusr). Al final de la sura aparece una orden: incluso en los momentos difíciles el profeta debe mantener su nexo estrecho con Al-lâh y no permitir que el agobio le desoriente.

 

Esta sura fue revelada en tiempos amargos. El islam fue mal acogido en meca, y el profeta r y los primeros musulmanes, pocos en número y en fuerzas, fueron objeto de desprecio, burlas y amenazas, y eran presa fácil para sus enemigos. Nada les auguraba la supervivencia. La tristeza y la sensación de impotencia oprimían el pecho de Muhammad r.

 

El Corán empieza recordándole al profeta que Al-lâh ya lo ha sacado antes de lo peor de las tribulaciones iluminándolo con la Paz del islam ¿a qué viene la tristeza y el desánimo ahora?: a lam náshrah láka sádrak (¿acaso no hemos distendido tu pecho,...). Al-lâh, inspirándole el islam, había arrancado a Muhammad de en medio de la ignorancia y la tiranía de los hombres y lo había rescatado de la sumisión a las falsedades. Muhammad r gozó de un favor único, porque la verdadera tribulación que aflige al ser humano, y de la que no se percata, es el kufr, el desconocimiento de Al-làh, la atrofia de las auténticas posibilidades que hay en el ser humano, el aislamiento en un mundo estrecho entre miedos y falsas esperanzas,... todo esto es algo que hunde el pecho (sadr). Al-lâh iluminó a Muhammad r y le abrió el pecho (sháraha-yáshrah, abrir, distender, expansionar) y se le reveló. Ese fue el sharh, la distensión que dilató su corazón y lo sacó del mundo de la ignorancia, la opresión y el conflicto. Al-lâh le descubrió horizontes infinitos, y el ser de Muhammad se agigantó en ellos.

 

El sharh fue como una operación quirúrgica con la que Al-lâh extirpó de él el peso que atormenta al común de los hombres. El wiçr es la ignorancia, la idolatría, la mezquindad, todo lo que rebaja al hombre, todo lo que lo hace indigno de lo que es en sus adentros: literalmente, la palabra wiçr significa humillación, vergüenza, algo despreciable a un ser humano. Al-lâh purificó al profeta, le mostró la senda y le inspiró los pasos que debía dar sobre ella.

 

A continuación, Al-làh dice: wa rafa’na láka dzíkrak (y hemos alzado para ti el recuerdo). Cuando te encontrabas abandonado, cuando te retiraste, fatigado y desengañado, y buscaste refugio en tu rabb, Al-lâh alzó tu recuerdo, escuchó tu invocación, y se dejó recordar por ti. tu búsqueda encontró su meta y tu angustia se desvaneció ante la inmensidad del Sustentador de los Mundos. El Recuerdo es lo que Muhammad r buscaba desencadenar en sus propios adentros.

 

Los dioses, las desgracias, las ambiciones, la agitación y el ajetreo nos ha hecho olvidar algo esencial, presente en nuestros corazones pero que no podemos descifrar hasta que no estalla una chispa de luz que ilumine zonas en lo más hondo de lo que somos y que hemos marginado en el vértigo de nuestra cotidianidad.

 

Muhammad, cuando llegó el momento en que lo que le rodeaba se le mostró insuficiente e insustancial, cuando desesperó de que el mundo satisfaciera su inquietud, cuando superó su ego, sus esperanzas, sus frustraciones, cuando todo quedó atrás, muy lejos de sí y se entregó al Uno-Único, entonces Al-lâh le aceptó como su ‘abd. El corazón de Muhammad, tras buscar aquello que las gentes llamaban Al-lâh refiriéndose a un secreto Insondable e Inaccesible, recordó y se encontró con a Al-lâh en la intimidad de sus profundidades, en lo más puro del vacío al que había llegado con su rechazo a los ídolos y las mentiras a los que el ser humano común se acomoda. Lo más difícil había sido superado y ese proceso había ido siendo desencadenado por Al-lâh. Fue Él el que desató esa crisis y alimentó ese desasosiego para que Muhammad acabara llegando hasta Él. (...).

 

La repetición es importante. El primer “con la dificultad va la facilidad” se refiere al estadio en el que Al-lâh libera al profeta de la carga que acompaña al hombre, y el segundo “con la dificultad va la facilidad” se refiere a lo que le queda por hacer a Muhammad: ascender por la cuesta que le ha sido revelada. Debe afrontar el reto, luchar hasta vencer los obstáculos: fa-idza faragta fánsab (cuando acabes, enderézate,... cuando te liberes (fáraga-yáfrig, vaciarse, terminar, acabar algo)de lo que ahora te ocupa, y cuando, cada noche, te relajes y estés a solas, ... entonces enderézate (násaba-yánsab, erguirse, ponerse derecho, ascender), busca siempre perfeccionar tu corazón, dirígelo a Al-lâh, bebe de Él: wa ilá rábbika fárgab (y a tu rabb ¡deséale con pasión!... anhela, ansía, busca. Así irás en aumento, acrecentando lo que Al-lâh te ha facilitado, haciéndote meritorio, ganando por ti el Jardín que aguarda a los que avanzan, el Jardín de la proximidad en el que se intima con la Inmensidad Creadora, la Fuente de toda abundancia.

 

Esta sura es una munaÿa, una confidencia, la respuesta íntima de Al-lâh a un estado de ánimo del profeta, pero todo musulmán debe sentirse aludido en ella. Todo musulmán, lo sea por voluntad propia o haya nacido como tal, es el resultado de lo que se dice en la primera parte de esta sura. Al-lâh lo ha liberado. Por ello, en sus dificultades debe atender a lo que se le dice en la segunda parte y relativizarlo todo en la grandeza del islam que le ha sido obsequiado.
 

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