Número 170  //  29 de abril de 2002  //  17 Safar 1423 A.H.

 INICIACIÓN AL ISLAM

Un Mensaje universal

Por Cherif Abderrahman Jah *



 

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I.‑ Para ser cristiano, o musulmán, no es necesario ser ni espiritualmente semita, ni culturalmente griego o árabe. El Mensaje no fue enviado, específicamente, para la rama de Sem, aunque ésta se extendiera por todo el Oriente Medio, configurando los pueblos hebreo árabe y sirio. Ni tampoco el mensaje puede reducirse al estrecho marco de una cultura ya sea la griega, la árabe o la persa.

 

Si fuese así, el Mensaje divino quedaría reducido a una cultura o a una determinada raza de las que pueblan nuestro mundo y perdería su carácter de universalidad y transcendencia, quedándose reducido a una mera corriente filosófica para devenir en una ideología más.

 

El mensaje del Islam es universal y va dirigido a toda la Humanidad, sin distinción de razas, culturas o idiomas. El idioma árabe sólo sirve de nexo de unión entre los musulmanes por haberse manifestado la Verdad revelada del Corán en esa lengua, y haberse transmitido el Mensaje revelado en ese idioma.

 

II.‑ Renunciar a algo es desistir de ello, abandonarlo. Pero eso no afecta a la esencia en sí de aquello a lo que se renuncia. el carácter de universalidad del Mensaje revelado por Al-lâh, no desaparece aunque renunciemos a él. Está por encima de esa renuncia.

 

Hecho este planteamiento, hay que decir que el Islam tiene un mensaje universal que va más allá de los caracteres culturales. Porque es universal quiere decir, que se extiende a todo, y que a todo se aplica; por tanto, ser universal significa que no se puede someter a los moldes estrechos de culturas, ni caracteres occidentales u orientales.

 

No hace falta aculturizar, colonizar ni destruir otras culturas, porque cada una de ellas encuentra un nexo común en esa universalidad que contiene el Islam. En ella, encuentran todas su respuesta adecuada, ya que se trata de un mensaje común que cala en el alma del ser humano y transciende más allá de la propia y circunstancial cultura de cada persona.

 

III.‑ Para un musulmán el Corán es la Verdad, comunicada a los hombres a través del Profeta Muhammad. En las propias suras del Corán ésto se repite en varias ocasiones. Y la Verdad no puede encuadrarse con una característica semítica o de otro tipo, pues su extraordinaria dimensión sobrepasa cualquier característica; sin embargo, con ese afán de encuadrar que tenemos los intelectuales, muchos podrán ver al Corán como espiritualmente semita, porque surge entre un pueblo de origen semita. Pero hay algo mucho más importante en el contenido coránico, y es su transcendencia.

 

En cuanto a si pertenece o no a la cultura árabe, el Corán sólo puede pertenecer a ella desde la perspectiva de la lengua árabe, en la que se manifestó oralmente y más tarde se escribió, para poder ser entendido, ya que el hombre es un ser limitado y necesita la Revelación a través de un lenguaje por medio del cual pueda comprenderla.

 

Así pues el Corán es esencialmente revelación, porque su contenido es transcendente, no meramente intelectual, y su lenguaje no es sino el vehículo de su manifestación.

 

En cuanto al núcleo de lo islámico que tiene sustantividad propia, lo compone todo el contenido del Corán, sin aditamentos, y la sunna 0 comportamiento perfecto, hecho ejemplo vivo en la conducta del Profeta.

 

Lo "construido" es toda la dialéctica creada a lo largo de la historia, en relación a estos contenidos puros. Dialéctica que no es más que el producto del carácter especulativo del intelecto.

 

En la medida en que lo "dado" es semejante en ambas religiones, la cristiana y la musulmana, si calamos hondo en sus orígenes, el diálogo entre ambas es posible porque es un diálogo fraternal y de acercamiento.

 

Si entendemos por diálogo el intercambio de la palabra entre dos seres, y estos dos discrepan, sus posturas son antagónicas y en el fondo deja de haber diálogo, convirtiéndose en dos monólogos.

 

Si los orígenes son semejantes, querrá decir que lo "dado" es semejante en la religión cristiana y en la musulmana, por proceder de un mismo origen: Al-lâh. Pero si lo "construido" entra en el terreno de la discrepancia, y en esa diferencia discrepante basa su propia naturaleza, no es posible diálogo alguno.

 

Pero nunca algo que procede de Al-lâh puede crear problemas al ser humano, al contrario, el Corán ha venido para equilibrar, no para crear abismos de separación.

 

Son los teólogos, antes que los demás hombres, quienes tienen la responsabilidad de transmitir el equilibrio que hay en la Palabra de Al-lâh. Si no lo consiguen, si se genera discrepancia y separación, son los teólogos quienes están errando su misión, incumpliendo su responsabilidad.

 

En el Islam, los ulemas o teólogos deben comprender que aunque el mensaje del Corán es eterno y universal, su aplicación va en función de cada época histórica, ya que el profundo contenido del Corán, tiene respuestas adecuadas para todas las épocas y circunstancias. Por eso, intentar aplicar el contenido formal coránico, de igual manera hoy que hace siglos, es una interpretación no adecuada y que puede dar lugar a posturas de inflexibilidad, muy alejadas del auténtico mensaje coránico.

 

Pues cada hombre es sujeto receptor del mensaje divino de acuerdo con su grado de conocimiento. Y de acuerdo con su nivel intelectual está captando y entendiendo el mensaje. Esto no significa nada de tipo peyorativo, sino al contrario, quiere decir que todos los hombres están capacitados para acceder a esa revelación, pero no puede exigírseles igual respuesta.

 

Espero que estas reflexiones nos sirvan para llegar a la conclusión de que, esencialmente, todas las grandes religiones unitarias pertenecen, en definitiva, a un mismo tronco común y por lo tanto su único camino de entendimiento es el diálogo, basado en la mutua comprensión.

 

* A la raíz, 2º Congreso internacional a distancia organizado por Crislam, 1994.
 

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