Número 169  //  22 de abril de 2002  //  10 Safar 1423 A.H.

 INICIACIÓN AL ISLAM

Medio Ambiente e Islam

Por Sheij Abdul Karim Paz



 

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La crisis del medio ambiente sin dudas es esencialmente una crisis humana. El hombre enajenado vive en un estado de opresión contra sí mismo, contra los otros hombres y contra la naturaleza. El creciente dominio del hombre sobre la naturaleza es hoy puesto en duda, pues ya nadie puede asegurar con certeza de que la naturaleza no vaya a terminar doblegando al hombre en esta visión cosificadora del mundo en que vivimos.

Primero se la desacralizó (a la naturaleza) junto con la visión que el hombre europeo se forjó de sí mismo. Luego, inmediatamente, se la consideró como algo a utilizar y sacarle el mayor gozo y placer posible. La relación no fue la de sacarle provecho pero a la vez sentirse responsable de ella, sino que se la trató como a una prostituta para sacarle el máximos placer sin sentir la más mínima responsabilidad. La lujuria y codicia exigen cada vez más de la naturaleza. Dicen los expertos que el modelo capitalista es inviable puesto que si muchos más países accediesen a los niveles de consumo del primer mundo el planeta no lo podría resistir.

Estamos viviendo el espíritu conquistador, colonialista de los europeos que con ese mismo espíritu conquistaron y saquearon América hasta sumirla en la pobreza. Ahora se conquista el espacio, el poder de fuego sobre el enemigo. El hombre renunció a su responsabilidad de regente de Dios en la tierra, de guardián y custodio. Hacer rato que se separó de sí mismo y de Dios. Es como un animal desenfrenado, insaciable que cree que podrá seguir gozando eternamente. El adjetivo de salvaje para el capitalismo tiene esa connotación.

El conocimiento secularizado se llamó ciencia y el mundo natural y social se quedó sin espíritu.

El Sagrado Corán llama al mundo signo de Dios. Es al mismo tiempo un velo y una revelación del Creador. Naturaleza y revelación provienen de la misma fuente divina, cuando el hombre se separó de una se separó de la otra y rompió la armonía, el tawhid (en árabe, la unicidad). La Visión del Islam es monoteísta, es decir pone especial énfasis en la unicidad del universo. El mundo en la mentalidad moderna fue interpretado como una gran máquina, sus partes no forman un todo orgánico sino que son vistas como separadas e independientes.

En este mundo sin trascendencia y sin fines los medios se convirtieron en fines. El fin absoluto fue suplantado por los medios y éstos se creyeron absolutos son serlo. La tecnología, por naturaleza un medio se convirtió en un fin. El goce material, también por esencia limitado se convirtió en el único fin.

Alguien dijo si sería lógico decirle a alguien que vive en el campo, en la montaña o frente al mar que deje todo y venga a vivir a las ciudades donde se encuentran los mayores avances de la civilización pero para poder gozar de ellos tendrá que trabajar doce horas en una fábrica y luego llegar cansado a su casa para poder ver algo en la tv como un reality show al estilo de Gran hermano o el programa Susana Jiménez.

Las únicas ciencias aceptables y legítimas de la naturaleza son las cuantitativas y experimentales y todo otro conocimiento es puro sentimiento o superstición. Parecería que sólo puedo conocer o es conocimiento aquello que trata de la superficie de la realidad, no aquello que trata de la raíz o lo profundo de la existencia. No hay sabiduría, visión de la totalidad, conocimiento del sentido, no hay espíritu.

De las escuelas de filosofía occidentales, la más influyente en los últimos años ha sido la inglesa del positivismo lógico nacida del círculo vienés de Carnap, Frank, Reichenbach y otros. Ellos dicen que a la ciencia no le corresponde descubrir la naturaleza de las cosas o algún aspecto de lo real., sino establecer conexiones entre signos matemáticos y físicos (a los que ellos llaman símbolos) que pueden elaborarse por medio de los sentidos externos. Y los instrumentos científicos., concernientes a la experiencia que se nos presenta como el mundo entero. Una función meramente lingüística de la filosofía.

Los científicos musulmanes creían que hasta en el dominio de la matemática la función de la ciencia era descubrir un aspecto de lo real.

Vivimos en un multiverso más que en un universo como decía Oppenhaimer.

La hipótesis de la evolución (una criatura de la filosofía del siglo XIX) se convierte en un dogma de la biología que se presenta al mundo como una verdad axiomática. No se estudia nada más en sí mismo sino su historia y su evolución.

La filosofía neotomista ha marcado una verdad simple (aunque es excesivamente racionalista y no metafísica en un sentido real) que el método de conocimiento empleado en la naturaleza no puede ser el mismo que en la metafísica.

Para Husein Nasr sólo el intelecto (la gnosis) puede penetrar en lo real, la razón sólo explica. Y es esta gnosis que puede unir a la teología, la filosofía y las ciencias de la naturaleza. Una verdadera teología de la naturaleza (supone la gnosis) no una mera defensa racional de los dogmas de fe (teología cristiana). Para el Seied Nasr, Occidente debe retomar esta forma de conocimiento presente en los Padres de la Iglesia o los metafísicos cristianos de la Edad Media como Erígena o Eckhart o la teosofía de Jacobo Boehme.

La desaparición de la gnosis, en su verdadero sentido, como conocimiento intuitivo o iluminativo, y su reemplazo por misticismo sentimental y el descuido gradual de una teología metafísica por una teología racional, son todos efectos del cambio en las almas de los hombres.

El sistema cientificista está colapsando. Las grietas de sus paredes no deben llenarse con los más negativos residuos psíquicos, los nuevos órdenes espirituales que provienen de los inventos humanos. Se necesita un agua o luz del cielo.

La tecnología se encuentra subyugada a la economía, a una ética de mercado que en vez de apuntar al desarrollo igualitario de todos los habitantes del planeta, ha enriquecido a unos en detrimento de otros; no sólo no se ha compartido el pan, sino que se ha acumulado la harina para especular con ella, cuando millones de seres se mueren de hambre cada año. Los intereses creados han tomado el lugar de los intereses verdaderos.

Su desmedida ambición pretendió codificar a su antojo lo que la naturaleza perfeccionó durante milenios; y en el seguimiento de su visión distorsionadas se ha olvidado del enorme poder de la naturaleza vegetal, animal y humana de retomar sus cauces originales.

Dice Eduardo Galeano en su libro: úselo y tírelo:

El veinte por ciento de la humanidad comete el ochenta por ciento de las agresiones contra la naturaleza, y es la humanidad entera quien paga las consecuencias de la degradación de la tierra, la intoxicación del aire, el envenenamiento del agua, el enloquecimiento del clima y la dilapidación de los recursos no renovables.

Los gobernantes que nos prometen un ingreso al primer mundo del consumo están haciendo apología del crimen. Pues este sistema se basa en la explotación del prójimo y la aniquilación de la naturaleza.

Según el Teólogo Leonardo Boff, el anticristo es el espíritu de la globalización económica.

Se habla en las ciencias de un movimiento que propugna un nuevo paradigma, al igual que el nuevo paradigma del desarrollo sustentable: economía solidaria y equilibrio entre crecimiento económico, recursos biológicos y equidad social.

¿Qué tiene el Islam para ofrecer contra este suicidio colectivo al que no arrastra el monoteísmo del mercado? Un sistema donde el fin último es Dios no este mundo y sus goces que se maximizan con la explotación del otro y del medio ambiente.

El Islam tiene una concepción superadora de la visión materialista y reduccionista que impera en esta cultura global actual y sus principios económicos regulan esta actividad de modo de oponerse a la concentración de la riqueza. Los bienes vitales para la sociedad no pueden privatizarse, la usura o el cobro de interés está prohibida, los minerales, bosques y mares son explotados por el estado islámico y no pueden privatizarse. Nadie puede ser dueño de una tierra y no trabajarla sin excusa por más de tres años seguidos puesto que entonces el gobierno tiene derecho a expropiarla y repartirla entre aquellos que estén capacitados para trabajarla y extraer sus beneficios.

En el Sagrado Corán, Dios enseña que la tierra es un organismo vivo y consciente que no tolerará sumisa la explotación desenfrenada. Su reacción será inevitable y será uno de los despertadores que sacudirán la conciencia dormida del hombre moderno.
 

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