Número 168  //  15 de abril de 2002  //  3 Safar 1423 A.H.

 INICIACIÓN AL ISLAM

Tawhîd no es monoteísmo
(Tafsir Corán, surat al-baqara, 43)

Por Abderrahmân Muhámmad Maanán

 

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Wa aqïmü s-saläta wa átü ç-çakä* wa rka‘ü ma‘a r-räki‘ïn.

Estableced el Salat y entregad el Zakat, e inclináos con los que se inclinan.

(Corán 2, 43).

El Islam se manifestó en la península de los árabes con una fuerza arrolladora. El Corán dirá más adelante: "Ha aparecido la Verdad y lo falso se desvanece. Ciertamente, la realidad de lo vano siempre se esfuma". Y efectivamente, su signo era la claridad. El Islam no es en otra cosa que afirmar la Unidad sin concesiones de Allah-Creador y Señor de los Mundos. Es como si de repente fuera descorrido un denso velo y bajo él hubiese aparecido algo que siempre había sido evidente. Allah es Uno, y junto a esa verdad, todo lo demás se esfuma: los miedos y las esperanzas del ser humano, sus sueños y sus pesadillas, todo se disipa ante el único criterio sensato.

Que Allah es Uno no es una doctrina: nada está más lejos del Tawhid que el monoteísmo. El monoteísmo es formulación, es teología, y no tiene ninguna trascendencia. Afirmar el Tawhid es emprender un camino: es como si de golpe se hubiera hecho la luz, como si se hubiera despertado de modo súbito de una ilusión, más o menos atractiva, pero esencialmente falsa. Para quien pronunciaba la Shahäda, para quien decía que no hay más verdad que Allah, se le desmontaba en un momento toda su vida anterior, todas sus certezas y seguridades, como si hubiera abierto los ojos después de haber estado ciego. Ante la expresión sólo Allah es Verdad, el mundo entero se diluía, se hacía nada, y nuevos horizontes eran señalados. Decir que Allah es Uno era haber llegado al centro del espejismo y darse cuenta de que no tenía ninguna consistencia, pero en ese centro, que había causado una desolación absoluta, borboteaba el manantial del Uno sin par, pues en el mismo momento en que todo se disipa se muestra el verdadero sostenedor de cuanto existe.

Con esa fuerza se manifestó Allah en el desierto de los árabes. Y el ser humano fue desafiado por esa explosión de autenticidad. El Corán invita a tender puentes, dice:

“Estableced el Salat y entregad el Zakat...”

Es decir, en lugar de retroceder, avanzad hacia Allah, que se os ofrece. Abrios a Él con el Salat, orientaos por completo hacia Él, cimentad solidamente vuestra mirada dirigida hacia Él. Y, simultáneamente, extended una mano generosa y pura hacia los demás, aunaos en una sola nación, sentíos parte de una comunidad, pues el Hombre es uno al igual que cada hombre es uno ante Allah. Tanto el Salat como el Zakat son unidad, forman parte del Tawhid, y por ello se implican siempre en el Corán: son los puentes que el musulmán tiende a la vez hacia Allah y hacia la Creación (Jalq). El ser humano, en su plenitud, mira hacia Allah y hacia la creación: retirarse del mundo en el Islam es contraproducente, y carece de sentido: es negar lo que Allah ha hecho. El verdadero Tawhid es integración, es equilibrio y justicia. El Islam no excluye nada: es el Sirät al-Mustaqïm, el Sendero Recto. El Islam no amputa nada al hombre, no le roba su condición social: al contrario, la relanza por completo, pero desde la frescura de un entendimiento renovado en el que todo está estrechamente interrelacionado.

Contemplar la Unidad y Unicidad de Allah hace más pura la mirada que el musulmán lanza al mundo. El todo es conjugado en el verbo único de la Verdad. Sería un grave error interpretar todo lo dicho hasta quí sobre la intrascendencia del mundo, su Nada, como puerta abierta hacía un ascetismo castrador. El Islam está muy lejos de ello. Al contrario, el Tawhid redefine la relación del ser humano con cuanto lo rodea, y lo redefine en la clave del unitarismo: wa aqïmü s-saläta wa átü ç-çakä, estableced firmemente el Salat, vuestra mirada hacia Allah, y entregad el Zakat, vuestra participación en el mundo, es decir, sed generosos hacia las criaturas del mismo modo en que lo es Allah, tal como lo aprendéis de Él, tal como os lo enseña vuestro conocimiento de Él en vuestros pasos en su dirección. Allah es Generoso, y al mirar hacia Él, el musulmán se hace desprendido, pues comprende que en última instancia todo pertenece a Allah, y Allah se da.
 

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