Número 166  //  1 de abril de 2002  //  18 Muharram 1423 A.H.

 INICIACION AL ISLAM

Actitud de Jesús y de Muhámmad (p y b)
sobre el matrimonio

Por Al-Ghazâlî

Ihyâ' 'ulûm al-dîn, Âfât al-Nikâh, vol. 2, p. 40.
 

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Si me preguntas ¿Por qué Jesús no se casó pese a las virtudes del matrimonio? Y también ¿por qué, si consagrarse totalmente al servicio de Al-lâh es lo más meritorio que hay, nuestro Enviado multiplicó el número de esposas?, te respondo:

Es la unión de ambas cosas lo que tiene más mérito para aquel que se siente capaz de conseguirlo, porque posee fuerzas sobradas que se lo permiten y porque sus designios son lo suficientemente elevados de miras para que nada le distraiga de Al-lâh. Ahora bien; nuestro Enviado poseía esta virtud (fuerza), y supo unir al matrimonio los méritos de una vida totalmente consagrada a Al-lâh. La satisfacción de sus necesidades sexuales no le resultaron impedimento alguno. De modo parecido aquellos que están distraídos por los asuntos de este bajo mundo no se sienten molestados, en sus asuntos, por la satisfacción de sus necesidades personales: externamente cumplen con todo lo que deben cumplir, pero sus corazones están absolutamente ocupados por sus problemas y no se olvidan de las cuestiones importantes. Ahora bien; el Enviado estaba tan preparado que las cosas de este mundo no le impedían en absoluto hallarse siempre de corazón en presencia de Al-lâh: la revelación bajaba sobre él cuando se hallaba en el lecho con su esposa. ¿En qué época se ha otorgado un rango tan elevado a otro que a él? Nada de extraño hay, pues, en que todo lo que enturbia los riachuelos no puede también enturbiar el mar inmenso. No debemos medir a los demás con la misma vara que al Profeta...

Jesús, sin duda, poseyó una decisión llena de firmeza, pero no la fuerza y se guardó de casarse. Quizá su estado era tal que se habría sentido comprometido por las preocupaciones familiares, o tal vez no habría podido asegurar lícitamente el mantenimiento de la familia, o tal vez no se le hubiese permitido conciliar el estado conyugal con la dedicación total a Al-lâh. Los Profetas conocen mejor que nadie las razones profundas de cuál sea su estado para poder ganarse la vida, así como lo relativo al carácter de las mujeres, los peligros que amenazan al marido en el matrimonio y las ventajas que éste pueda deparar. Por muy diversas que sean las situaciones a veces es preferible el matrimonio y a veces el celibato; y es nuestro deber considerar que los actos de los profetas se corresponden, con toda seguridad, a lo que es mejor para cada situación.

Wa Al-lahu a‘lam (¡Sólo Al-lâh sabe!)
 

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