Número 165  //  25 de marzo de 2002  //  11 Muharram 1423 A.H.

 AL- ANDALUS

Ibn Masarra y la escuela de Almería

Por Henry Corbin *


 

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1. La importancia de esta escuela radica, por una parte, en el hecho de representar, en el extremo occidental del mundo islámico, ese Islam esotérico que ya hemos conocido en Oriente, y, por otra, en lo considerable de su influencia. A través de la existencia de esta escuela podemos constatar, en los dos extremos geográficos del esoterismo islámico, el papel desempeñado por la enseñanza de un Empédocles transfigurado en heraldo de la teosofía profética. Asín Palacios, por su parte, veía en los discípulos de lbn Masarra a los continuadores de la gnosis de Prisciliano (siglo IV). Recordando sus rasgos principales (la idea de una materia universal coeterna a Al-lâh, el origen divino del alma, la unión con el cuerpo material como consecuencia de una falta cometida en el otro mundo, su redención y su vuelta a la patria como resultado de una purificación posible gracias a la predicación de los profetas, la exégesis del sentido espiritual de las Escrituras), comprobamos que todos ellos se encuentran, en efecto, en Ibn Masarra y su escuela.

Según sus biógrafos, Ibn Masarra, nacido en el 269/883, no era de raza árabe. Se observa que ya el aspecto de su padre 'Abdallah, aunque, originario de Córdoba, le hacía pasar en el transcurso de su viaje. En Oriente, en Basora por ejemplo, por un normando de Sicilia. Pero lo que es más importante es que 'Abdallah, que había frecuentado en Oriente los círculos motazilitas y esotéricos y se apasionaba por la especulación teológica, se interesara en transmitir a su hijo los rasgos de su propia fisonomía espiritual. Desdichadamente, murió, mientras realizaba su peregrinación a Meca, en el año 286/899. Su hijo tenía apenas dieciséis años y ya estaba, sin embargo, rodeado de discípulos. Se retiró con ellos a una ermita que poseía en la sierra de Córdoba, pero muy pronto comenzaron a difundirse graves rumores sobre él. Cuando se es conocido p r enseñar la doctrina de cierto sabio antiguo llamado Empédocles no cabe asombrarse, evidentemente, de ser acusado de ateísmo. La situación política del emirato de Córdoba era entonces de lo más crítico, e Ibn Masarra prefirió exiliarse en compañía de dos de sus discípulos predilectos.

Viajó hasta Medina y Meca, donde tomó contacto con las escuelas orientales, y no regresó a su patria hasta el reinado de ‘Abd al-Rahmán III, cuya política era más liberal. Pero instruido por su contacto con los círculos esotéricos (bâtinî) de Oriente, lbn Masarra guarda una extrema prudencia. Vuelve a su retiro de la sierra de Córdoba y una vez allí no revela más que a un pequeño número de discípulos el sentido de sus doctrinas en forma de símbolos. Elaboró allí toda una filosofía y un método de vida espiritual. Lamentablemente, no conocemos el número de sus libros ni sus títulos exactos. únicamente podemos citar con certeza dos: el Libro de la explicación penetrante (Kitâb al‑tabsira), que contiene, sin duda, la clave de su sistema esotérico, y el Libro de las letras (Kiâáb al‑horûf) que trata del álgebra mística. Estos libros circulaban de mano en mano, escapando a la vigilancia de los foqahâ y exacerbando su cólera, y llegaron hasta el Oriente, donde dos sufíes «ortodoxos» abordaron la tarea de refutarlos. No parece que las cosas llegaran hasta los tribunales ni que hubiera autos de fe, al menos en vida de Ibn Masarra. Agotado por su tarea, el maestro murió rodeado de sus discípulos, en su ermita de la sierra, en el año 319/931 (el 20 de octubre), a la edad de cincuenta años.

2. Se comprende que el velo bajo el que se ocultaba su doctrina, el número restringido de sus discípulos, la imputación de herejía e impiedad que se unió a su nombre, sean otras tantas circunstancias que explican la escasez de medios con que hoy contamos para reconstruir su sistema. Esta reconstrucción ha sido sin embargo llevada a cabo gracias a la paciente labor del gran arabista español Miguel Asín Palacios. La tarea era doble. Por una parte, la doctrina de Empédocles se le presentó a Asín como el eje alrededor del cual podían agruparse las doctrinas masarrianas más características. Por otra, era necesario reconstruir el sistema de Masarra con la ayuda de las largas citas que de él hacen otros autores, en particular Ibn ‘Arabî.

La primera tarea era relativamente fácil, gracias a los historiadores y doxógrafos (especialmente Shahrastânî, Shahrazûrî, Ibn Abî ‘Osaybi'a, Qiftî). La leyenda hagiográfica del neo‑Empédocles conocido en Islam (Cf. supra, V, 3 y VII, 2) contiene, en verdad, algunos rasgos de la biografía auténtica, pero amplificados y transfigurados. Según nuestros autores, Empédocles es cronológicamente el primero de los cinco grandes filósofos de Grecia, (Empédocles, Pitágoras, Sócrates, Platón y Aristóteles). Se le representa como un hierofante, un profeta consagrado a la enseñanza y a las prácticas espirituales; vive retirado del mundo, rechaza todos los honores, viaja a Oriente. En resumen, se ve en él uno de los profetas anteriores al Islam que el amplio marco de la profetología islámica estaba capacitado para contener. Su fisonomía moral es la de un sufí, se le conoce y se citan algunos de sus libros.

3. En cuanto a las doctrinas que se le atribuyen, destacan principalmente los siguientes temas. preeminencia y esoterismo de la filosofía y de la psicología (que conducen al encuentro de la rûhânîyâ, la persona o realidad espiritual del ser oculto); absoluta simplicidad, inefabilidad móvil inmovilidad del Ser primero; teoría de la Emanación —las categorías de las almas—, las almas individuales como emanaciones del Alma del mundo; su preexistencia y su redención. El conjunto es de una enorme riqueza, de inspiración a la vez gnóstica y neoplatónica.

El único punto sobre el que podemos detenernos aquí es la teoría de la emanación jerárquica de las cinco substancias: el elemento primordial o Materia prima, que es la primera de las realidades inteligibles (no confundir con la materia corporal universal), la Inteligencia, el Alma, la Naturaleza y la Materia segunda. Si se la compara con la jerarquía plotiniana (el Uno, la Inteligencia, el Alma, la Naturaleza y la Materia), se percibe inmediatamente la diferencia entre Plotino y el neo‑Empédocles islámico. La primera de las hipóstasis plotinianas, el Uno, ha sido eliminada del esquema y reemplazada por el elemento primero o Materia prima. Ciertamente, en Plotino se encuentra formulada con claridad (Enéadas II, 4, 1 y 4) la idea de una materia existente en el mundo inteligible, distinta de la nuestra y anterior a ella, que proporciona el sujeto, el formado que presupone toda forma. Pero existe una diferencia: el neo-Empédocles plantea que esta materia inteligible tiene, en tanto que tal, una realidad actual, y hace de ella la primera Emanación divina (se recordará aquí el libro De Mysteriis Aegyptorum, donde Porfirio explica la virtud mágica de las imágenes y los templos, en razón de haber sido construidos con esa materia pura y divina). Ahora bien, precisamente esa Materia inteligible universal constituye la tesis más característica de la doctrina de Ibn Masarra. Haremos sobre este punto tres breves observaciones:

a) La elevación de la primera hipóstasis plotiniana por encima de las cinco substancias concuerda con la tesis ismailí que eleva el Principio por encima del ser y del no ser. Es conveniente subrayar este punto, dada la afinidad de las doctrinas de Ibn Masarra y su escuela con las del esoterismo islámico, especialmente las doctrinas shi'itas e ismailíes.

b) Con la teoría de la Materia inteligible reaparece la noción de Empédocles de las dos energías cósmicas designadas como amor y discordia. El primero de estos dos términos tiene su equivalente en el árabe mahabba, pero la equivalencia que se da para el segundo modifica esencialmente su sentido. Qahr, ghalaba (no equivalentes del griego Neijós), connotan la idea de dominación, victoria, soberanía. En Sohravardî, qahr y mahabba son dos «dimensiones» del mundo inteligible; qâhir es la cualificación de las «Luces victoriales», las puras Luces arcangélicas. Qahr, lejos de ser la marca que llevan sobre sí los seres de materia corporal, es aquello de lo que, según Sohravardî, deriva la cualificación de la Xvarnah avéstica, Luz de Gloria, soberanía de Luz. Existe, pues, en el neo‑empedoclecianismo una diferencia capital respecto al Empédocles clásico, que está todavía por investigar.

c) La doctrina de una Materia inteligible primordial tuvo una influencia considerable. No se encuentra únicamente en el filósofo judío Salomón ben Gabirol (t entre 1058 y 1070), sino también en la obra de Ibn 'Arabi, lo que precisamente permitió a Asín Palacios la reconstrucción parcial de la de Ibn Masarra. La tesis metafísica de las cinco substancias o principios del ser en el neo‑Empédocles de lbn Masarra, tiene por corolario en Ibn 'Arabí la jerarquía descendente de los cinco significados del término «materia»:

1)       Materia espiritual común a lo increado y lo creado (haqîqat al‑haqâ’iq, esencia de las esencias).

2)       Materia espiritual común a todos los seres creados, espirituales y corporales (Nafas alRahman).

3)       Materia común a todos los cuerpos, celestes o sublunares.

4)       Materia física (la nuestra) común a todo cuerpo sublunar.

5)       Materia artificial, común a todas las figuras accidentales. La idea de una «materia espiritual» (cf. la spissitudo spiritualis de Henry More) tendrá una importancia fundamental en la escatología de Mollâ Sadrâ Shirazî y la escuela de Ispahán.

4. No podemos señalar aquí las vicisitudes por las que atravesó la escuela de lbn Masarra, que fue la primera asociación mística de la España musulmana. La escuela tuvo que vivir en un ambiente de intolerancia y de sospechas, de intrigas y anatemas. Los «masarrianos», obligados a seguir un esoterismo estricto, formaron una organización jerárquica secreta que tenía a su cabeza un imam. El nombre más célebre, a principios del siglo V/XI, es el de Ismâ'îl ibn 'Abdillah al‑Ro'aynî, cuya hija tenía entre los adeptos la reputación de poseer una extraordinaria cultura teológica. Desgraciadamente, todavía en vida de Ismâ'îl, se produjo un cisma tras el cual se pierden las huellas de la escuela socialmente organizada. Como quiera que fuese, la orientación mística de las ideas masarrianas no dejó sin embargo de ejercer un influjo profundo.

El testimonio más convincente de la acción del espíritu místico de Ibn Masarra en el seno del sufismo español es la enorme influencia ejercida por el centro esotérico de la escuela de Almería. Tras la muerte de Ismâ'îl al‑Ro'aynî a comienzos del siglo VI/XI, en pleno dominio almorávide, Almería se convirtió en la metrópolis de todos los sufíes españoles. Abû’l-Abbâs ibn al‑'Arif compuso una nueva regla de vida espiritual (tariqa) fundada en la teosofía de Ibn Masarra. Tres grandes discípulos la difundieron: Abû Bakr al‑Mallorquin en Granada, lbn Barraján (cuyo nombre será inseparable del de Ibn 'Arabî) en Sevilla (aunque lbn Barraján fue deportado a Marruecos en compañía de Ibn al‑'Arif, muriendo ambos hacia el 536/1141), y, por último, Ibn Qasi, que organiza a los adeptos de la escuela masarriana en los Algarbes (al sur de Portugal), en una especie de milicia religiosa que llevará el nombre místico de Muridin. Tanto su doctrina teosófica como su organización presentan significativos rasgos en común con el ismailismo. Durante diez años, lbn Qasí reina como imam soberano en los Algarbes. Muere en el 54611151. Catorce años después de su muerte (56011165) nace lbn 'Arabi, una de cuyas grandes obras será un comentario de la única obra de Ibn Qasi que ha llegado hasta nosotros (comentario teosófico‑místico del mandato escuchado por Moisés ante de la zarza en llamas: «Quítate las sandalias» (Qorán 20/12).

* Historia de la filosofía islámica, editorial Trotta, 1994, pp.203-207
 

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