Número 164 // 18 de marzo de 2002 // 4 Muharram 1423 A.H.

 AL ANDALUS

Diálogos entre religiones en Andalucía

Por Haïm Zafrani


 

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El diálogo de las ideas, culturas y religiones que constituye nuestro interés principal, tiene su origen en un pasado lejano, el de la literatura sapiencial bíblica, de esencia universalista, que representa un lugar privilegiado de encuentro de las civilizaciones y los pueblos antiguos judíos y árabes entre otros-, en fin, una literatura de carácter suprahistórico y fuente del monoteísmo.

Las conquistas árabes, entre 632 y 711, crean un inmenso espacio en el Mediterráneo oriental que reúne, bajo la bandera islámica, a pueblos anteriormente sometidos a los imperios persa, bizantino y romano. Este espacio conoció un modo de vida especifico en las épocas omeya y abasi, siguiendo su curso en el Occidente musulmán por las tierras fecundas del Maghreb y de Andalucía a lo largo de ocho siglos, hasta el año 1492, y sobreviviendo, tras esta fecha trágica, en la conciencia histórica y cultural judeo-musulmana durante los cuatro últimos siglos, en los que se mantuvo como referencia privilegiada y, sin duda, modelo digno de imitación.

A partir del cotejo de escritos paralelos judíos y musulmanes, hemos explorado las profundidades de los textos representativos de culturas, civilizaciones y sabiduría en este caso, desmontando los mecanismos del pensamiento de sus autores para descubrir analogías y elementos de una simbiosis nunca vista de más de un milenio y medio de vida judía en tierra cristiana, salvo en algunos periodos breves de la historia de una España heredera de la civilización árabe en la que algunos de sus monarcas se proclamaban emperadores de dos o tres religiones. (En Castilla Alfonso VI (Siglo XI), Alfonso X el Sabio (Siglo XIII), Pedro de Castilla, llamado el Cruel" (Siglo XIV), que acuño moneda de esta apelación, y en Aragón, Jaime I (Siglo XIII).)

Hemos construido así modelos y delimitado territorios donde judíos, cristianos y musulmanes podían ejercer mejor y libremente actividades diversas o comunes: ámbitos socioeconómicos, lingüísticos y literarios, filosóficos o teológicos, incluso religiosos, místicos y cabalísticos, jurídicos y decisorios, folclóricos, poéticos y musicales, otros lugares donde se ejercen las representaciones imaginarias sociales marcadas con el sello de la religión y de la magia (los ritos de paso, sobre todo, como el nacimiento, el matrimonio y la muerte).

Dos itinerarios ejemplares de la Edad de Oro hispanomagrebí: Averroes y Maimónides

Averroes y Maimónides, dos hijos de Córdoba, son fruto de una misma civilización, de una misma sociedad simbiótica, de una cultura que había alcanzado por entonces un grado muy alto de refinamiento y que se encontraba en pleno apogeo. Son dos maestros de la ciencia jurídica, dos médicos y dos filósofos. También son dos contemporáneos. Maimónides vivió entre 1135 y 1204, y Averroes entre 1126 y 1198, es decir, bajo el mismo régimen, el instaurado por la dinastía almohade.

Son dos vidas paralelas (en el sentido que Plutarco daba a este término) que, a pesar de no encontrarse a pesar de carecer de proximidad inmediata, eran completamente equiparables en lo referente a sus actividades intelectuales, incluso profesionales, y quizás también por lo que respecta a la represión que sufrieron igualmente en el plano religioso; me refiero, sobre todo, al plano doctrinal en el caso de Averroes, a pesar de haber vivido en la corte de los almohades y de haber desempeñado funciones oficiales. En cuanto a Maimónides, la represión que sufrió se debió al hecho de ser judío, de no pertenecer a la religión dominante.

Averroes ejerció las funciones de cadi y gran cadi (kadi al-quda), función eminentemente religiosa en la sociedad musulmana, estrechamente relacionada con el conocimiento de la ley revelada, de sus evoluciones teológicas y de sus prolongaciones en los campos del derecho y de la jurisprudencia.

Fue asimismo filósofo y, como tal, el sultán le encomendó la misión de explicar la filosofía de Aristóteles. A estas dos tareas Monumento a Averroes en Córdoba espirituales e intelectuales, por así decirlo, es conveniente añadir la de médico real, pues se ocupó temporalmente como tal del soberano almohade Abu Ya'qub Yusuf. Quedémonos con la idea de que estas tres funciones capitales se perciben paralelamente en la biografía de Maimónides, quien por su parte fue también maestro del pensamiento jurídico y pilar de la halakhan (derecho rabínico), además de filósofo y médico en la corte real de Fostat.

El modelo filosófico

El auge de la filosofía judía en tierra islámica es evidentemente lo que más ha llamado la atención. Así se llega a un modelo denominado filosófico que, además, no es fácil de disociar de los demás modelos, de los otros planteamientos, de las demás formas de expresión, del pensamiento, de los componentes teológico, místico, ético, poético e incluso jurídico y político, íntimamente vinculados todos ellos en diferente grado según los factores dominantes de la obra. En este sentido, son ejemplares las figuras y las obras de Saadya, Ibn Gabirol, Bahya Ibn Paquda, Maimónides, Juda Halevi y sus homólogos musulmanes, Al-Kindi, Al-Farabi, Ibn Sina, Al-Ghazali, Ibn Baja, Ibn Taufayl, Ibn Roshd, etc.

En materia de filosofía, uno de los fenómenos más chocantes de la simbiosis judeo-árabe es la helenización del pensamiento judío a través del Islam. Las relaciones de numerosos judíos de la Diáspora con el mundo grecolatino, a pesar de estar ilustradas por Filón, sólo habían tenido una influencia superficial. Ahora bien, al igual que los traductores judíos hablan transmitido al mundo cristiano las ciencias y la filosofía árabes, la ciencia y los métodos de pensamiento griegos irrumpen en el universo judío por conducto de la literatura árabe.

El pensamiento filosófico judío siguió el mismo itinerario intelectual que el pensamiento musulmán y adoptó los conocimientos más avanzados de las nuevas ciencias, aunque conservando una actitud de independencia ante las cuestiones fundamentales de la religión, lo que permitió a las grandes obras de los teólogos y filósofos de los siglos X, XI y XII seguir siendo clásicos del judaísmo ortodoxo, pese a las controversias planteadas por algunas de ellas, principalmente por la "Guía de los perplejos" (Maimónides). A titulo de ejemplo, entre otros muchos filósofos y sabios, citaremos a Samwal al Maghribi, judío islamizado en el ocaso de su vida, sabio, intelectual de gran renombre, creador de las nuevas matemáticas, autor del álgebra al-Bahir. Su maestro fue un pensador judío del siglo XII, Abn-Al-Barakat al-Baghdadi, apodado Awhad al-Zamam, el "Unico de su generación", cuya critica de la Física de Aristóteles prefiguró la ciencia moderna. Convertido muy tardíamente al Islam, se le considera uno de los filósofos musulmanes más importantes de todos los tiempos.

El espacio místico: un lugar privilegiado de sabiduría

Muchos ascetas y místicos judíos conocieron una cierta forma de espiritualidad en la escuela de sufismo, espiritualidad que legaron a la cultura judía y a su ética, primero en la lengua árabe original y después en las traducciones hebraicas y en otras lenguas vernáculas judías. Se trata de: Bahya Ibn Paquda, Abraham Abulafya, Abraham y Obadya, hijo y nieto de Maimónides, y muchos más.

Las lecciones de Ibn Al-'Arabi y las practicas del sufismo andaluz revelan puntos de encuentro, polos de similitud, y nos muestran que existen ámbitos de convergencia en los que coinciden el esoterismo y la espiritualidad judíos y musulmanes.

Las enseñanzas de Al-Ghazali tuvieron una enorme resonancia y ejercieron una influencia considerable en la historia del pensamiento, tanto en Oriente como en Occidente, en las minorías cultas de Europa, especialmente en los pensadores y los autores judíos; para ellos, sus obras y sus enseñanzas fueron una lección que aprender y su experiencia espiritual un ejemplo que seguir. Esta influencia se sitúa en dos niveles y abarca dos periodos. En los siglos XII y XIII, se ejerció sobre los autores judíos que pensaban y escribían en árabe. Es el caso de Judah Halevi, que es el primero en recibir esta influencia y el discípulo más ferviente de las enseñanzas del maestro, haciendo suyo desde el principio el reproche de incoherencia formulado por Al-Ghazali a los filósofos en general y a la filosofía aristotélica en particular, al percibir, como su maestro, el gran peligro que ésta constituye para las religiones reveladas. Fiel al pensamiento del Maestro, cita directamente los textos a partir de una narración temprana que Al-Ghazali incorporó a su Ihya 'ulûm al-Din en la que se resumen los fundamentos doctrinales que constituyen la base de los dogmas expuestos. Esta admitido que Maimónides conoció las obras de Al-Ghazali y que leyó su Tahâfut al-falasifa. Lo sorprendente es que el código de Maimónides, el Mishneh Torah, única obra que su autor escribió en hebreo, cuando se analiza pueda presentar notables analogías con el Ihya 'ulûm al-Din de Al Ghazali; ambas obras, de esencia exclusivamente jurídico-religiosa y destinadas a revitalizar de alguna forma las ciencias religiosas, contienen temas análogos y comienzan las dos por un prólogo importante que lleva el mismo titulo, "El Libro del Conocimiento", Sefer ha-madda en el primer caso, y Kitab al-'ilm en el segundo.

La teología espiritual de Bahya Ibn Paquda y sus puntos en común con la de Ibn Arabi

El primer autor, importante tanto por su obra en si como por la influencia que ejerció en la espiritualidad judía posterior, en cuya enseñanza la aportación de la mística musulmana cumple una función capital, es ese judío andaluz de la segunda mitad del siglo XI, Bahya Ibn Paquda, cuya célebre obra, Libro de la recta dirección hacia los deberes de los corazones, se convirtió enseguida en un libro de devoción de gran popularidad dentro del judaísmo de Occidente y de Oriente, tanto en su traducción hebraica como en las lenguas judías de Oriente y de Occidente, entre ellas el judeo-árabe magrebí. (Bahya escribió este libro en árabe, titulándolo Kitab al-Hidaya 'ila fara'id al-qulub. Observamos al respecto que Al-Ghazali, en su Mizam al'Amal "Criterio de Acción", se ocupa mucho de la "ciencia de los corazones" heredada de Al-Hasan al-Basri.)

El tejido literario y las ideas ascéticas que Bahya desarrolla en esta obra de pietismo pertenecen al sufismo, es decir, a las fuentes mismas de la mística del Islam.

La teología espiritual que Bahya construyó para sus correligionarios utiliza preferentemente materiales musulmanes, incluso en los casos en los que habría podido encontrar datos equivalentes en su propia tradición religiosa, pues toma de la mística musulmana el itinerario que conduce al alma al puro amor divino y a la unión con la "luz suprema" de Dios, ya que considera adecuado contar con un marco ideológico, una urdimbre mística, un estilo conforme a los gustos de sus lectores judíos, profundamente marcados por las obras árabes...

En resumen, en Bahya se pone de manifiesto una adaptación meditada, caracterizada por una simpatía indiscutible, de la mística musulmana a la espiritualidad judía.

Además de constituir un manual de vida interior de una espiritualidad muy pura y elevada, una introducción a los deberes de las almas, también representa un testimonio singular de la sorprendente receptividad intelectual judía que, no contenta con incorporar el legado del pensamiento griego, transmitido y enriquecido por los musulmanes, se obligó también a extraer de la ascesis islámica aquello que podía integrar en los marcos de sus propias creencias.

Bahya parece haberse nutrido de obras ascéticas (zuhd) procedentes de Oriente. En ésta, al igual que en otras materias, Occidente seguía siendo tributario de Oriente. Sin embargo, la España musulmana conocía también en el siglo XI a muchos escritores ascéticos, integrantes de una corriente de ascetismo que circulaba libremente en el mundo islámico.

El autor de los diez principios del Kitab al-hidâya'ila farâ'id al-qulub, "Libro de la recta dirección hacia los deberes de los corazones", empieza por enunciarlos en el plan que él mismo traza de su obra: la profesión sincera de la unicidad de Dios (ikhlâs al-tawhid), la consideración de las criaturas (al-i'tibar bilmakhlû qin), la obediencia a Dios (ta'at Allah), el abandono (tamakkul, "el principio de encomendarse enteramente a El"), la sinceridad del acto (ikhlâs), la humildad (tawâdu), el arrepentimiento (tawba), el examen permanente de conciencia (muhasaba), la abstinencia y la ascesis (zuhd), y el amor de Dios (mahabba).

Estas distintas etapas (maqâmât) de la vida espiritual aparecen en un orden sensiblemente análogo o completamente diferente - en las obras de los otros místicos musulmanes de Oriente y de Occidente (Ibn'Arabi, en especial), así como en las descripciones que hacen de las experiencias de los sufi-s, de lo que denominan "moradas" (manâzil) y "estados" (ahwâl) espirituales.

El modelo poético hispano-árabe

Los poetas judíos hispano-magrebies también aprendieron este arte en la escuela de las ciencias lingüísticas y humanidades arabes. Las principales técnicas prosódicas de la poesía judía provienen del patrimonio de la Edad de Oro andaluza, cuya métrica constituye una reliquia de la métrica árabe, a pesar de las dificultades propias de la lengua hebraica.

Moïse Ibn Ezra (1070-1140) es el autor de un "tratado de arte poética", escrito con el fin de que la poesía hebraica se beneficiase de los logros de la retórica árabe. Se trata de un "ilustre poeta en lengua hebraica y un sabio judío de lengua árabe", para quien "el arte del buen decir" se habla convertido en el patrimonio de todo el mundo árabe. "La lengua árabe -afirma un poeta citado por él- es, respecto a las demás lenguas, como la primavera con respecto a las demás estaciones". Es un punto de vista discutido por otros letrados judíos para quienes el hebreo y las Sagradas Escrituras siguen conservando la preeminencia literaria.

Prácticas de las tradiciones musicales arabo-andaluzas en la sociedad judía

Los pensadores y musicólogos árabes hablan creado diversas obras sobre teoría musical que las elites judías, entre las que había numerosos compositores y teóricos, conocían en profundidad. E1 propio Maimónides no era indiferente a las teorías elaboradas sobre el valor terapéutico de la música en algunas enfermedades mentales. En el tratado "Medicina de las almas", uno de los contemporáneos recomienda dedicar a la música un año entero, el octavo de los diez que comprende el ciclo de estudios. Los príncipes musulmanes recurrieron, más de una vez, al talento de los músicos y los cantantes judíos en ocasiones festivas o solemnes. Es importante mencionar que en el Maghreb, en particular en Marruecos, "las poblaciones musulmanas y judías han conservado piadosamente el recuerdo de la música hispanoárabe, que emigró con ellas de las metrópolis ibéricas de donde se vieron obligadas a partir".

En el diálogo de las religiones, las culturas y las civilizaciones, la ejemplaridad del modelo andaluz representa una lección para la mundialización actual, mundialización que debe constituir un espacio de sabiduría social, de universalización de los valores éticos que han dado origen a la humanidad y sin los cuales ésta no puede sobrevivir.

Es también un mensaje dirigido a nuestras sociedades, un mensaje de sabiduría universal inscrito en los textos sagrados: bíblico, evangélico y coránico. Significa la búsqueda de los valores universales en la Creación, en las relaciones con las criaturas, el asociarse y el compartir con nuestros semejantes la búsqueda de valores y comportamientos que puedan culminar en un poco más de justicia, responsabilidad, generosidad y amor.
 

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