Número 164 // 18 de marzo de 2002 // 4 Muharram 1423 A.H.

 PORTADA

Carta abierta a Muhammed Bello Seyinnal,
Presidente de la Corte Superior de Gwadabawa

 

 

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Bismil-lâhi ar-Rahmâni ar-Rahîm

Asalamu aleikum, hermano en el Islam.  

En primer lugar es un honor dirigirnos a ti, y decirte que apreciamos vuestra lucha por el Islam en Nigeria. La noticia del triunfo electoral de los partidos islámicos fue recibida con alegría entre nosotros. Pero el momento de las felicitaciones ha pasado, y ahora nos vemos obligados a expresarte una diferencia de criterio. Te escribimos desde Medinat Sabora, una pequeña comunidad de musulmanes que trabajamos en la actualización de nuestra memoria histórica. Espero que el nombre de al-Andalus te haga receptivo a nuestras inquietudes.  

El motivo de esta carta es nuestro rechazo a la decisión de lapidar a Sofya Hussein. Nosotros no somos quien para decirte lo que debes hacer, ni siquiera somos ulemas ni expertos en jurisprudencia, sino simples creyentes que se dirigen a ti —desde la convicción que compartimos en la Misericordia del Altísimo— para darte una visión “externa” de los acontecimientos. Tan sólo te pedimos que escuches el razonamiento de unas gentes que ponen su corazón y su intelecto en la difusión del Islam en su tierra, con el permiso de Al-lâh.  

Debes saber que decisiones judiciales como éstas están siendo utilizadas para divulgar una imagen terrible de nuestro dîn, para negar su verdadero rostro. Dado que los medios de comunicación escogen las imágenes que más convienen a sus intereses, es comprensible que nuestros conciudadanos se hagan una imagen del Islam sesgada, quedando velada su dimensión humana y trascendente. La mayoría de los occidentales piensan que el Islam es cruel, y decisiones como la tuya son difundidas a gran escala para confirmar esas sospechas. ¿Acaso no te das cuenta de que le estás haciendo el juego al kufur, de que estás trabajando para facilitarle su tarea de demonización de nuestro dîn? Con ello estás poniendo en peligro todo un proyecto de comunidad rectamente guiada, y dificultando la tarea de tus hermanos musulmanes en muchos lugares del planeta. 

Y todo ello ¿porque? Hemos buscado día y noche entre las Palabras de Al-lâh el Altísimo, y no hemos encontrado ni una coma que justifique la lapidación. Al-lâh no ha decretado en el Qur’án ese castigo, sino que en caso de zina, como tú bien sabes, ha decretado el perdón si hay arrepentimiento. Sin arrepentimiento el Qur’án habla de cien azotes, en ningún caso de la lapidación.  

Sabemos que ‘Umar Ibn al-Jattab estableció este castigo años después de la muerte del Profeta —que la paz y la salat de Al-lâh sean siempre con él—. Conocemos la tradición en la cual ‘Umar nos habla de lo imperioso de conservar ese huddud (castigo límite). Sus motivos tendría, pero esos motivos sin duda pertenecen a su tiempo. No quiero que pienses que estoy hablando mal de ‘Umar Ibn al-Jattab, que Al-lâh esté complacido con él. Él era un hombre honrado, de entre los mejores de los musulmanes, pero sus decisiones de gobierno corresponden a un lugar y a un momento determinado, no pueden extrapolarse sin caer en el anacronismo.  

Muchos juristas posteriores se dieron cuenta de que esa decisión no se correspondía en absoluto al mandato de Al-lâh, pero lo aceptaron como un caso de Iytihâd, producto de una reflexión jurídica concreta, tomada en un tiempo en el cual el Islam iniciaba su expansión vertiginosa. Dándose cuanta de lo extremo del castigo, y una vez que la comunidad islámica se asentó solidamente, los alfaquíes, aunque no osaron anularlo, fueron conformando unas normativas que hacían prácticamente imposible su aplicación.  

Se dictaminó que para verificarse el adulterio debían haber cuatro testigos presenciales, tal y como dice el Qur’án (24: 3) que debían hallar a la pareja en el acto. Ninguno de esos cuatro testigos debían pertenecer a la familia de los encausados, con lo cual en una pequeña comunidad ya es casi imposible que se encuentren... Por si fuera poco, dictaminaron que esos testigos debían pasar un hilo entre los amantes para verificar sin género de dudas que la penetración había sido consumada. Con estas premisas, y otras semejantes, es prácticamente imposible que el adulterio sea verificado. Así lo han entendido los tradicionalistas, que han conformado la ley al rechazo de la lapidación que nuestro amado Profeta —que la paz de Al-lâh y Su salat sean sobre él— expresó claramente.  

La posibilidad de la lapidación ha quedado, sin embargo, en los tratados de jurisprudencia como una posibilidad teórica, producto del Iytihâd realizado por ‘Umar ibn al-Jattab. Es sin duda el peso de este nombre lo que hace que no se haya anulado definitivamente. Es curioso que no tengamos noticias de lapidaciones a lo largo de la historia del Islam, y que sea justo ahora, en el año 1422 después de la hégira cuando nos veamos enfrentados a estos casos. 

Conocemos el caso de Sofya Hussein tan sólo por la prensa occidental. Ella ha tenido un niño y ha acusado a un hombre de haberla violado. Se nos dice que esa mujer ha sido condenada por no haber encontrado cuatro testigos que corroborasen la violación, que al acudir al tribunal ha confesado su delito. Pero en ningún caso se puede confundir una acusación de violación con una confesión de zina. Si esto es así, la dificultad que Al-lâh ha previsto para corroborar la acusación de zina se habría vuelto en su contra. La dificultad para verificar el adulterio se vuelve dificultad para negarlo. Os pedimos humildemente que reflexionéis sobre lo que esto significa. Vuestra sentencia equivale a invertir el sentido de las palabras de Al-lâh: unas normas dictadas para asegurar la protección de los seres humanos son puestas del revés. 

Te estamos escribiendo desde un pueblecito de al-Andalus, donde tratamos de difundir el Islam en castellano, con el permiso de Al-lâh. Somos musulmanes nuevos, conversos provenientes del cristianismo o del agnosticismo. Todos los días tenemos que escuchar como se demoniza al Islam con vuestra ayuda, como se nos tilda de bárbaros y de no tener misericordia ni siquiera para con nuestros propios hermanos. Los medios de comunicación escupen día tras día sus mentiras, y debemos ser conscientes de lo que se nos anuncia... ¿acaso no os dais cuenta de que lo que está sucediendo es la preparación de un genocidio? ¿Acaso queréis contribuir a ello?  

Vivimos en un mundo globalizado, abierto. Vuestras decisiones afectan al resto de la ummah, y no podéis permitir que sean usadas para perseguir al Islam. Estáis ayudando al kufur con vuestra aplicación de una lectura completamente anómala de la shar’îa. Ponéis en peligro la propia continuidad del Islam en muchísimos países, justificando ante los ojos del mundo la persecución de los musulmanes. No hay nada que justifique mantener la lapidación, más que un ejercicio de poder que no se corresponde con la verdadera función de un juez, que es la de restablecer una armonía rota en una comunidad concreta.  

¿Qué podemos ofrecerles a nuestros amigos de la Argentina, o de toda Sudamérica, que están mirando hacia el Islam como una alternativa para escapar a un sistema de valores despiadado? ¿Acaso no estamos actuando con la misma violencia que esos organismos internacionales (si bien en una escala reducida)? ¿Cuál es la diferencia entre ellos y nosotros? Tenemos que demostrar al mundo que el Rahmân está de nuestro lado, que la piedad es una obligación sin la cual el Islam desaparece. Vosotros decís que aplicáis la ley de Al-lâh, pero ¿acaso no sabéis que “Al-lâh se ha aplicado a si mismo la Misericordia como Ley”? ¿No conocéis el Qur’án? ¿Cuál es sino la fuente de vuestras decisiones?  

Debemos entre todos asumir el esfuerzo de ofrecer al mundo una alternativa a la barbarie que se ha institucionalizado, al mundo de la usura, de la depredación y la rapiña. Sabemos que en Nigeria estáis siendo sometidos a una expoliación constante de los recursos, que la Shell ha extraído miles de barriles de petróleo dejando sólo contaminación y muerte para los habitantes de Nigeria. Sabemos que vuestra situación es difícil y hacemos du’a para que Al-lâh os de la fortaleza necesaria y el discernimiento para que el Islam fructifique en vuestra tierra.  

Desde occidente miramos hacia vosotros con la esperanza puesta en la liberación de las naciones. Por eso nos alegramos de que recuperéis el Islam como modo de vida, un sistema de valores ajeno a la depredación del mundo, en el cual el hombre tiene una posibilidad de desarrollarse como hombre y no como consumidor o fuerza de trabajo, y adorar a Al-lâh en todas sus acciones. Tenéis la posibilidad inmensa de construir una sociedad islámica, pero para ello debéis ser prudentes, sabios, generosos, misericordiosos. No existe Islam sin las virtudes que adornaban al Profeta —que la paz de Al-lâh, y Su salat, estén con él.  

Por todo ello os pedimos que reflexionéis y apliquéis esos principios a vuestras decisiones, os pedimos que perdonéis a Sofya Husseini, una mujer maltratada y que ahora el Islam debiera socorrer en su indigencia. 

Que la paz de Al-lâh sea contigo, y su Misericordia os ayude en la tarea de hacer del Islam ese camino de luz que Al-lâh ha querido para el hombre.
 

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