Número 163  //  11 de marzo de 2002  //  26 Dhul-Hijjah 1422 A.H.

 PENSAMIENTO

Jutba sobre Arafat

Por Dr. Mohsen

Pronunciado en Alejandía, 1996

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Alabado sea Al-lâh, Señor de los mundos. En sus manos está todo  y sobre todo tiene poder. El creo la muerte y la vida para probaros y ver quien de vosotros es mejor en obras, y El es el Poderoso, El que Perdona. 

            Hermanos, siervos de  Al-lâh. A poco que meditemos vemos que Islam quiere decir sometimiento en todos los asuntos, incluido el sometimiento o rendición de la propia alma, del nafs. Desde el momento en que una persona dice el testimonio de fe, la shahada, somete su voluntad en una serie de campos. Ahora debe obedecer a otro. En su incredulidad, antes pensaba que tenía en sí el poder la fuerza, y la elección. Pero ahora sabe que Al-lâh es verdad, que el Juicio es verdad, que el Paraíso y el Infierno son verdad, y se somete a su Señor.

            Debe pues en primer lugar obediencia a Al-lâh en lo que ha ordenado. Por su propia elección rinde parte de su voluntad y de su tiempo. Ahora ya no es todo para él como pensaba antes. Hay cierto tiempo para deberes como el de la Oración. Tiene que someter también y entregar parte de lo que tiene, Al-lâh le obliga a pagar el Zakát y  le incita a dar limosna continuamente. En su vida matrimonial y sus relaciones debe someterse también a lo que Al-lâh ha establecido. Es decir, su campo de elección se ve reducido y delimitado por la ley divina. También en su trabajo, en cómo  hacerlo, en respetar los derechos de los demás y de los vecinos, los derechos de la sociedad sobre él y sobre sus bienes y aceptar las responsabilidades. Así va vendiendo parte de su voluntad por aquello que agrada a Al-lâh, por Al-lâh.

Ya no es libre. Sabe que Al-lâh es su Señor y Al-lâh es quien tiene la el poder de decisión  sobre todo, de principio a fin. Sabe que Al-lâh le ha dado la vida y después le hará morir, sabe que después le hará volver  a El.

            Si además de eso entra por la puerta de la Fe, y la Fe es creer con el corazón y en el corazón, debe creer en Al-lâh tal y como El se ha descrito a Sí mismo, con sus Nombres y  Atributos. Y quien conoce a Al-lâh le ama. Después debe conocer y creer en los profetas de Al-lâh y en sus Libros, y quien los conoce y cree e en ellos, los sigue y ama. Y debe creer en el día del juicio que ha de venir sin duda alguna. Y sabe que esta vida, este mundo, es un tiempo corto que pasa y que El es la Verdad.

Quien sabe todo eso, en su corazón y no sólo de boca o convencimiento mental, vive para la Otra Vida. Sus obras, todo lo que hace son por Al-lâh, a quien ama. Quien quiere a alguien busca complacerle y si sabe que  esa persona quiere algo, corre a gastar lo que sea para conseguirlo.. El creyente de verdad ama a Al-lâh, le obedece, lo hace todo por El, no deja  nada de lo que tiene ni de su energía, ni de su conocimiento ni de su salud que no lo ponga al servicio de Al-lâh.

            El creyente cree que el destino está en las manos de Al-lâh y acepta sus decretos; se dan cuenta que la Otra Vida es verdad, es más, que es la verdadera vida y que ésta de abajo, es ilusión y desaparece. Vende esta vida por la Verdad. Vende todo lo que tiene por su amado, su Señor, El Altísimo, El Inmenso. Da sus bienes, su salud, su energía y conocimiento, se da a Sí mismo por Al-lâh

            El amante no puede olvidar a su amado nunca, si es sincero su amor. El amante de Al-lâh no deja de recordarle y de ocuparse en lo que le agrada. Al-lâh sabe que hay quien la Fe entra en su corazón pero no puede despegarse de la vida de este mundo y nos incita a gastar, a despegarnos:

            "Vosotros que creéis, gastad de los que os hemos dado antes de que llega un día en que no haya trato ni conocidos...

            Al-lâh quiere que gastemos por El. Es la señal del creyente, gastar de todo por el amor de Aquel al que volvemos, y a quien seremos llevados.   El creyente de verdad es el que da no solo todo eso sino que se da a sí mismo entero a Al-lâh.

            "En verdad Al-lâh compra a los creyentes sus almas y sus bienes a cambio del Paraíso..”

Al-lâh es quien lo promete, y nadie mejor que El para cumplir una promesa.

            Esa venta, la venta de los bienes y de la propia alma es la esencia y el fin de la Fé. Es la venta que hicieron Ibrahím y su hijo Ismael, con ellos sea la paz.

            Dijo: "hijo mío, he visto en sueños que te sacrifico. Mira tú que ves..." (Corán 37,102) 

            Ibrahím se sometió y otra vez. Se entrega desde el principio, cuando fue arrojado al fuego.. Con su certeza no dudó ni un momento de Al-lâh y, como se cuenta, vino el ángel Yibríl y le preguntó ¿Necesitas algo?. De tí, nada, le contesto. Pide entonces a tu Señor, le dijo Yibril. –El conoce bien mi situación, su conocimiento me basta, no tengo que pedirle.

Después fue probado una y otra vez hasta que, purificado de todo por Al-lâh, no quedaba en él de su condición  humana terrenal nada más que lo más elevado de ella, el sentimiento de compasión paterna, del perfecto padre Ibrahím.

            Nada quedaba en él de su condición terrenal excepto ese sentimiento alto y noble, pero  Al-lâh, La Verdad, le quería completamente puro, liberado de su propia alma y de lo que tenía... E Ismael, heredero de su padre, estaba en la posición del sometimiento pasivo:

            "Me encontrarás allí, si Al-lâh quiere, paciente."
      
Allí estaré quieto hasta que me cortes el cuello, sin moverme. Al padre se le pide la paciencia activa, sobreponerse a sus propios sentimientos y a toda insinuación del diablo, para cumplir la orden.. Y ahí les tenemos a los dos, dispuestos a acabar con toda la condición terrenal hasta el punto de ser capaz de degollar a su propio hijo con un cuchillo. Y se el Islam en ellos se hizo perfecto. Al-lâh nos lo dice en el Corán con dos palabras: “Y cuando se sometieron...” (aslama). Punto. Eso es todo lo que pasó esa historia: que ambos se sometieron; esa es la plenitud del Islám.

            "Y le puso allí de un costado"

            Ponte de lado hijo que no podré verte los ojos..

            "Y lo sustituimos por un sacrificio inmenso..."

Un carnero.. Un símbolo relacionado con la muerte. Un sacrificio que tiene significado porque el que vende su alma a Al-lâh pasa de la muerte a la vida.

            Ahora estamos muertos, relativamente: El que recuerda a Al-lâh y el que no lo hace puede compararse al vivo y al muerto.

El que vende su alma y sus bienes a Al-lâh ¿muere? "No digáis que están muertos los que han muerto por Al-lâh. Están vivos y son provistos por su Señor. Contentos con lo que Al-lâh les da de su Favor, anuncian a los que aún se han de unir a ellos que no tengan miedo ni tristeza." (Corán 3,169-170)

El que se vende a sí mismo a Al-lâh y lo que tiene está vivo porque Al-lâh sólo escribe para él una sola muerte. Como se dice en el Corán, la gente del Paraíso solo tienen una muerte, y si no hubieran bajado a este mundo incitados por el diablo, no conocerán muerte alguna. 

            Ese es el simbolismo de esta muerte en este día : la muerte de uno mismo (su propio nafs) por Al-lâh.

            Quien muere en esta vida respecto a todo lo que no es Al-lâh, ya está vivo en Al-lâh, en la cercanía de Al-lâh. Por eso, Al-lâh lo dice dos veces en el Corán, los mártires no están muertos, sino vivos. Y esa es la posición de Ibrahím y de Ismael. En este mismo día, estaba Ibrahím luchando contra el diablo que intentaba hacerle dudar de la orden de Al-lâh insinuándole: ¿Acaso puede Al-lâh ordenar a alguien que mate a su hijo? ¿Pero qué dices Ibrahím?..Pero Ibrahím le apedrea una y otra vez. Ibrahím tomaba esa postura, uaqfa, antes del sacrificio. Es la postura, al uaqfa de Arafa, la posición en la que sabes que Al-lâh es el Dueño y Señor de todo y que uno es el siervo al que le corresponde obedecer.

            Cada persona tiene que encontrar esa posición, esa postura. Quien no se para un día a preguntarse: ¿Donde  estoy yo en relación a mi ٍseñor? ¿Donde  estoy yo en relación a la Verdad y la falsedad? ¿Donde está mi pasado y donde estaré lo  que me queda de vida? Quien no se para a conocerse a s? mismo, a saberse ignorante ,pobre, necesitado ante Al-lâh, El Altísimo, El que todo lo tiene y nada necesita, El que todo lo Conoce...Ha perdido su vida. Al Uaqfa de Arafat es esa posición de uno ante Al-lâh. Una posición en la que, en el valle de Arafat (que significa conocer) conoce a su Señor, Su inmensidad, Su majestad, Su poder, Su Compasión, Su perfección y Su generosidad, bondad y belleza.. Y conoce sus propias cualidades: su bajeza, su poquedad, e imperfección, ignorancia y defectos, su debilidad.

            Quien no hace eso, no ha estado en Arafat, y quien no ha muerto para sus bienes y para sí mismo, aún tiene muerte por delante, incluso -que Al-lâh no lo quiera- muchas muertes como los habitantes del Fuego a quienes después de quemarse enteros, les sale otra piel para volver a quemarse.. La alternativa está entre morir aquí de una vez, o tener una existencia angustiosa en la otra vida.

            Mejor morir aquí antes para todo lo que no es Al-lâh; saber que Al-lâh es El Primero y El Ultimo, Origen y Fin; que El es lo Único que debe amarse y buscarse, y no la posición, el sexo , las posesiones y el poder; que Al-lâh es lo único que debe movernos, no la gente ni los intereses. Si no sabes todo esto en este mundo y mueres en relación a ellas, morirás por ellas, y con ellas, muchas otras veces.

            La alternativa es seguir el camino de tu padre Ibrahímm e Ismael, muriendo una sola vez en este mundo, llegando así a estar vivo en Al-lâh, recibiendo de lo que El te da de su Bondad, anunciando a los que aún no han llegado que no tengan miedo ni pena.

            Este es el día de Arafat y el día de nuestra Fiesta. Si conocemos su realidad actuaríamos en consecuencia. Pido a Al-lâh que nos haga gente de conocimiento y de certeza, de sinceridad y de fe... El es El que Oye y El Cercano, El que contesta a quien le pide... 

El que se conoce a sí mismo y conoce a su Señor está en el valle de Arafat cada hora y cada instante y el que no, no está en Arafat aunque esté este día allí con su cuerpo, en lo alto de la colina de la Rahma en el valle de Arafat.

 

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