Número 161  //  18 de febrero de 2002  //  6 Dhul-Hijjah 1422 A.H.

 AL-ANDALUS

Mujeres en el Quixote

Por Omar Ribelles
ribelles@webislam.com

Como anticipo, muestra o probatura, de la ponencia a realizar, Allâh mediante, en el transcurso del III Congreso de la mujer musulmana, Omar Rivelles nos ha facilitado lo presente. Quisiéramos hacer notar su mención a Cervantes como traductor del Corán, que ha muchos ha de sorprender, tanto como el carácter decidido de la mujer cervantina.
 

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No son de poco las mujeres del Quixote, pero hay que conocerlas. Para ello sencillamente leer el cervantino lenguaje que entra directo al entendimiento del desocupado lector. También en el Islam real, no en el de los medios, las mujeres son de una pieza y como muestra vale el botón de Yaratullâh Monturiol, musulmana española que no ha mucho ha escrito: “Reunirse en torno a una comunidad musulmana es reunirse en torno a los principios del Islam. Es un contrato moral de fraternidad y de amor sobre la base del cual, se constituye la participación de todo el mundo en el reparto de beneficios. La mujer es un miembro más de la comunidad y la mitad de la Umma. Eso, con respecto a la sociedad; en el ámbito de la pareja es la mitad del ente que representa y simboliza el matrimonio. Hay un hadiz que dice:”El matrimonio es la mitad del Din”. Forma clara y hermosa de superar el lema de los revolucionarios franceses: Igualdad, Fraternidad y Amor. Ninguna libertad supera a la libertad de los amantes. El amor se regocija en (con el Kaleidoscopio, sustituir este en por casi todas las preposiciones) la felicidad ajena. 

Considerado Miguel de Cervantes un musulmán que decide regresar con su pueblo y con su idioma desde la espléndida libertad de Argel, debemos buscarle su calibre para saber hasta dónde llega la tradición de los tantos Ibn Arabi que hubo en España. No es mucho comparar recordando al maestro Shams de Tabriz cuando en apariencia de mendigo detuvo el caballo en el que andaba Rumi y le preguntó a bocajarro: “Quien es más grande, Al Jalash de Bagdad o el Profeta Muhammad”. Rápido contesta Rumi: “Muhammad, Paz sobre él, porque, con solo una copa del vino de Allâh, Al Jalash llegó al martirio y Muhammad sigue bebiendo vino de Allâh en el jardín”. Delante de las despiertas centinelas de la Inquisición con mayúscula, Cervantes con su Don Quixote arremete lanza en ristre, para que se note, contra todas las procesiones que en su andadura topa, no mete jamás a su héroe en iglesia ni en sus dogmas y tampoco hace sonar campana en todo el libro. Tiene Cervantes la templadísima osadía de mezclar, desde la más alta alquimia, intoxicación con sobriedad y sale indemne e incluso con la protección en sus últimos días del Primado de Toledo Sandoval. Su colega Lope de Vega, inquisidor de oficio, no llega a enterarse. Leído y comprendido el Quixote nos damos cuenta del alto rango de Cervantes, autentico caballero andante bajo fuego real de atinada punteria y maestro de conocimiento muy por encima de Al Jalash de Bagdad que fue uno de los grandes.  

Perrenelle, la maravillosa esposa del alquimista Nicolás Flamel, pasó más penurias que Dulcinea en la cueva de Montesinos y jamás recibió algo similar a la carta que Don Quixote escribió a Dulcinea desde las entrañas de la Sierra Morena. La mejor carta de amor de la literatura española (Pedro Salinas dixit), así: 

Soberana y alta señora:

El ferido de punta de ausencia y el llagado de las telas del corazón, dulcísima Dulcinea del Toboso, te envía la salud que él no tiene. Si tu hermosura me desprecia, si tu valor no es en mi pro, si tus desdenes son en mi afincamiento, maguer que yo sea asaz de sufrido, mal podré sostenerme en esta cuita, que, además de ser fuerte, es muy duradera. Mi buen escudero Sancho te dará entera relación, ¡oh bella ingrata, amada enemiga mía!, del modo que por tu causa quedo. Si gustares de acorrerme, tuyo soy, y si no, haz lo que te viniere en gusto, que con acabar mi vida habré satisfecho a tu crueldad y a mi deseo.

Tuyo hasta la muerte,
         El caballero de la Triste Figura.
 

Aún derrotado y tendido en la playa de Barcelona con la amenazante punta de la lanza del Caballero de la Blanca Luna apretándole el cuello, Don Quixote recita, caballero despierto y amantísimo, todo su testamento, no hay más: “Dulcinea de la Mancha es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta caballero la lanza y quítame la vida, pues me has quitado la honra”. Al comienzo del capitulo octavo de la segunda parte, Cervantes revestido de Sidi Ahmed Benengeli dice lo que todavía nadie ha podido quitar del Quixote y que a todos sorprende: “¡Bendito sea el poderoso Allâh!, dice Hamete Benengeli al comienzo de este octavo capítulo. ¡Bendito sea Allâh!” repite tres veces ...” Se siente, daos cuenta,  la cadencia rítmica del alhamdulillâh tan repetido y querido del musulmán. Se dice que el musulmán es el pueblo que habita el espacio espiritual del “Hamd”, alabanza continua a Allâh, Señor de los mundos. Poco después Don Quixote derrotará al Caballero de los espejos y gana méritos para que el Hidr, El hombre de verde, ese caballero del verde gabán cervantino, le visite en el capitulo dieciséis de la segunda parte. Cobra en el contacto con el Hidr tal fuerza en su corazón que derrota a los leones y cambia de nombre, en adelante será El Caballero de los leones y no el de la Triste Figura. 

Es antes de morir, enteramente sobrio, cuando Don Quixote nos da su última lección y el primer apercibimiento obvio para ver en Cervantes un a modo de traductor aventajado del árabe clásico: “... Despertó al cabo del tiempo dicho, y dando una gran voz dijo: - ¡Bendito sea el poderoso Dios, que tanto bien me ha hecho!. En fin sus misericordias no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de los hombres”. Inshallâh se purificará la intención, se mejorará el conocimiento del idioma árabe que nos quitaron a los muchos españoles que aceptamos el Islam tras ser arrianos que no trinitarios y se recuperará la memoria histórica. Tratad de entender y matizad la formula que en el cuadro que sigue os propongo de está exclamación de Don Quixote en su lecho de muerte con connotaciones clarísimas que verá quien tenga los ojos abiertos. Bismillâhi Rahmani Rahim aderezado para desorientar a los inquisidores sacamantecas al loro: 

Cervantino

árabe

Significado del
nombre de Allâh

Significado en breve del nombre de Allâh

 

¡Bendito sea el
poderoso Dios,

Alhamdulillâhi rabbil alamin

 

El Sustentador de todos los mundos

que tanto bien
me ha hecho!.

Rahman

Define la cualidad de abundante gracia que es inherente al concepto del Ser de Allâh.

Allâh te da lo que necesitas, te da el “Bien”.

En fin sus misericordias
no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de los hombres.

Rahim

Expresa la manifestación de esa gracia en Su creacción y su efecto sobre ella. Su actividad.

Allâh te da sin límites misericordia, compasión, ternura, gracia.

 Las mujeres, el perfume y la oración son los dones que nuestro enviado Muhammad, Paz sobre él, más agradece a Allâh, le alabamos el gusto, le entendemos, por supuesto le amamos, estamos felices en su Umma. Las mujeres, el perfume y la oración. El Cervantes que crea a un Don Quixote cristiano nuevo (los obligados a bautizarse) desde el principio del primer capitulo y alquimista desde la clarisima simbología del muy significante nombre Quixote puesto en portada, es un musulmán, sus mujeres, en su libro, naturalmente, son de una pieza. Dulcinea es el ideal caballeresco que imprescindiblemente sirve para encender y abrir el corazón del que inicia la búsqueda interior, no aparece jamás en carne mortal en el Quixote. De las otras mujeres, muchas, mortales y marchosas que pueblan y nos sorprenden en el Quixote escogeremos a tres para abrir la ponencia “Libertades fundamentales de la mujer” del Congreso de la mujer musulmana (Córdoba 2 y 3 de marzo 2002), tres mujeres maravillosamente descritas por el mejor escritor del español de todos los tiempos, el universal Miguel de Cervantes Saavedra. Para llegar a ellas no ha sido poco lo que he tenido que escribir más arriba. Ya lo decía Garcia Marquez el día en que lo iban a matar: “La caza de amor es de altanería”: 

1.       La pastora Marcela (Capitulo 14 de la primera parte). Su discurso es permanente escuela de retórica y enseñanza para todos, mujeres y hombres. Imprescindible conocerlo y memorizarlo. Marcela, fuera de un convento, el Islam no los acepta, en 1604, acaba su discurso a los tontainas de sus amantes diciendoles: “La conversación honesta de las zagalas de estas aldeas y el cuidado de mis cabras me entretiene. Tienen mis deseos por término estas montañas, y si de aquí salen, es a contemplar la hermosura del cielo, pasos con que camina el alma a su morada primera”. 

2.       Quiteria (Capitulo 21 de la segunda parte). En plena boda con Camacho el rico, le es recordado su amor debido a Basilio el pobre y se casa con él. Sin bodas de sangre, fríamente, Quiteria cambia del rico al pobre ateniéndose a lógica no cuantitativa. 

3.       Claudia Jerónima (Capitulo 60 de la segunda parte). Cervantes, que no da puntada sin hilo, personaliza en esta joven su concepción de la libertad de la mujer con límites tan amplios en los que incluso cabe error grave. Sin más, en las montañas que rodean a Barcelona, la bellísima Claudia Jerónima vacía en el pecho de su novio un fusil y dos pistolas porque, equivocada, cree que se va a casar con otra. Mueren en abrazo de amantes.  

Si nos tomamos apenas una hora en la lectura de los tres capítulos arriba indicados es seguro que la consideraremos bien gastada, sentiremos simpatía hacia el morisco Cervantes y entenderemos lo rabiosamente avanzado que es el Quixote para los televidentes del siglo XXI. De la lectura de esos tres capítulos veremos que las mujeres cervantinas son mujeres extremadamente seguras de ellas mismas, toman libremente y por si mismas sus propias decisiones y tienen libertad, incluso, hasta para equivocarse. Siempre, sin precisiones u otras limitaciones de talante machista, Don Quixote las apoya en sus decisiones, eso sí, con la mano puesta en el puño de su espada dispuesto a emprenderla con esos tantísimos varones recalcitrantes que, con o sin dodotis de adulto, se inventaron la varita y otras perversiones de su flaco magín . Leedlo, os gustará. Cervantes en lectura lenta fascina, enseña, es maestro a nuestro alcance. Para eso, para enseñar, despertando la memoria histórica del cruel genocidio de españoles musulmanes, protestantes y judíos ocurrido en nuestra España, dejó libertad por amor y se unió a su pueblo morisco, tal cual airado Bodhisattva majakala terrible y compasivo. La Compasión participa del sufrimiento ajeno. Musulmán con más calibre que el gran Al Jalash de Bagdag, regresó por amor a su pueblo muy a sabiendas del puerco que debería comer, del vino de las tabernas que debería embaular y de que no se podría, guarros inquisidores, lavar jamás. Testigo presencial del nunca suficientemente mencionado atroz genocidio y de la limpia derrota cristiana de Lepanto, levantó acta perenne en el Quixote. Amor omnia.

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