Número 149  //  23 de noviembre de 2001  //  8 Ramadan 1422 A.H.

 PORTADA

Tiempo de ayuno
Por Hashim Ibrahim Cabrera

 

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Assalamu aleikun:

El tiempo del ayuno comienza a envolvernos con sus sutiles bendiciones un año más, una vuelta más en nuestro tawaf, circunvalando la kaaba de la Realidad. El mes de Ramadán es un mes santo. Lo han dicho los profetas, los santos, y nosotros, los musulmanes conversos y nuestras familias lo vamos comprobando a medida que tratamos de vivir como musulmanes.

El ayuno es una práctica común a todas las tradiciones. La privación voluntaria es una decisión espiritual que trata de equilibrar el exceso, compensar el debilitamiento que nos produce la repetición, romper los hábitos que embotan nuestras vidas y nos adormecen hasta hacernos morir.

El frío nos empuja con fuerza hacia el calor. El ayuno nos lanza de lleno a la satisfacción de romperlo, Alhamdulilah, nos ayuda a recordar el hambre, la sed y el deseo para, finalmente, dejarnos a solas con nuestro rabb, con ese Señor nuestro que habla a cada una de nuestras células, a cada uno de nuestros pensamientos y que entonces se nos revela como el Más Sabio, como Puro Conocimiento.

Nos dice Allah en el Corán, en el Surat al Baqara:

 “¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! Se os ha prescrito el ayuno como se les prescribió a quienes os precedieron, para que os mantengáis conscientes de Dios.” (2-183)

El ayuno conmemora el comienzo de la revelación del Corán, que se inició durante el mes de Ramadán. Allah se nos revela cuando nuestra conciencia abandona los señuelos del mundo y nuestros sentidos se libran de los ídolos que los mantienen prisioneros. Cuando nuestra mente se apacigua, cuando nuestros nafs están templándose durante el ayuno, nos vamos limpiando de todas las adherencias que hemos ido adquiriendo en nuestro viaje.

Normalmente nuestra percepción es interesada. Vemos con los ojos de la mente formal en lugar de ver con los ojos del corazón. Oímos con los oídos de la autosatisfacción, en lugar de escuchar la verdadera sinfonía de la creación. Vemos aquello que queremos ver en vez de ver aquello que es en realidad. Esa es parte de nuestra necia condición. Pero tenemos la capacidad de darle la vuelta a esa situación mediante un movimiento claro del corazón. Para ello es absolutamente necesario que el corazón esté limpio y purificado, para que pueda reconocer al verdadero objeto de su amor.

El ayuno purifica nuestros corazones de las constricciones a que se ve sometido por la existencia, de las prosternaciones conscientes e inconscientes que ha hecho a los ídolos, de todos los movimientos y pensamientos que no están conscientemente dirigidos a encontrar a Allah. Para eso nos ha prescrito Allah el ayuno, como Misericordia y Conocimiento de Él. Y por eso mismo también es el único acto de adoración que el mumin hace para Allah Solo, como ofrenda y como sacrificio, en el sentido de que, por ejemplo, quien no puede sacrificar durante el Hayy, debe ayunar diez días. Incluso como reparación legal, el ayuno del mumin aparece en el marco de su relación personal con Dios, con su Rabb.

En las prescripciones legales contenidas en el Corán, el ayuno aparece como expiación, purificación y renovación. Quien no tiene capacidad económica para reparar un daño o liberar un esclavo deberá ayunar.

En este mes santo tiene lugar esta transición cíclica en la que el mu’min recobra la capacidad de vivir el tiempo sagrado, Allah se nos revela como al Quddús, el Santo sin Mancha, el que nos procura la curación espiritual.

Por eso Allah establece el ayuno en este tiempo como uno de los cinco pilares obligatorios del din del islam, para que nuestros corazones puedan acompasarse en la hermandad, sentir Su expresión pura y creadora de vida en nosotros. Allah nos quiere para Él a la vez que nos quiere para nosotros. Él quiere crearnos libres para que así podamos vivir la experiencia de la soledad y del poder. De ahí que las noches del mes de Ramadán sean especialmente benditas y que la Laylatul Qadr transcurra cuando Allah nos ha despojado de todas aquellas excusas, lastres e impedimentos que nos mantenían en un estado de letargo, de conciencia lejana, alienados y solos.

Alhamdulillah que nos hace conocer su dirección y nos hace ser conscientes de Él, que nos regala un Corán que se nos revela a cada uno según sea el grado de transparencia de nuestros corazones, según nuestra capacidad de amar y de comprender.

Alhamdulillah, que nos hace reconocer la realidad por medio de esa ciencia suya contenida en Su creación, de ese discurso Suyo que siempre nos ilumina y que no siempre estamos dispuestos a ver y a escuchar. El ayuno es una privación que tiene como fin purificarnos en todos los niveles de nuestra existencia. Sobre aquellos y aquellas que se privan de algo, sea lo que sea,  ha dicho Allah en el Corán:

“Para todos ellos ha preparado Dios el perdón de las faltas y una magnífica recompensa.” (33-35)

El ayuno, al tiempo que nos limpia va acercándonos a la conciencia de Allah. El perdón de las faltas es la disolución del shirk, el cese de la idolatría, porque no podemos acercarnos a la realidad mientras estamos entretenidos en las imágenes, en las ideas que nos absorben, independientemente de si son agradables o no. Nuestras faltas son los momentos que hemos vivido alejados de Allah habiendo podido ser más conscientes de Él. Nuestros errores son esas imágenes que han quedado impresas en nuestra memoria y que tienen toda la apariencia de la realidad pero que no son la realidad, sino que han estado tratando de velarla a nuestra propia conciencia. Esos sentimientos que quedaron en algún remoto rincón de nuestro pensar de cada día. De todas esas faltas o idolatrías nos libra el ayuno.

La privación sensorial devuelve la dimensión espiritual a nuestras funciones y experiencias vitales, recobrando el sentido trascendente que implican. El ayuno nos ayuda a reaprender esas funciones, renovando nuestra capacidad para vivir en un mundo que es pura creación, pura diferencia y encuentro. Ayunar nos hace conscientes de nuestra respiración porque quien ayuna gusta del silencio en su regreso hacia el interior. También recobramos la percepción —En la dificultad está la facilidad, nos dice Allah en el Corán— el gusto de los alimentos, el gozo de todos los sentidos, las vivencias más espirituales de nuestra sexualidad.

Existe una correlación entre los mundos. Nuestro cuerpo, nuestra nafs y nuestro ruh son distintas expresiones de una sola realidad, como nos dice la Ciencia del Tawhid, y si trabajamos en una de esas expresiones, se ven afectadas todas ellas de una manera u otra.

A través de la privación de los sentidos ordinarios, a través de la negación de los impulsos que estructuran nuestra vida cotidiana y de la ruptura de hábitos que el ayuno comporta, Allah nos procura los sentidos sutiles. A través del hambre, Allah recuerda a nuestro nafs el valor de los alimentos, los sabores inimitables que componen Su creación, que es nuestro mundo. Por medio de la sed, Allah nos recuerda que somos seres que cruzan el desierto del mundo, y que el Agua es el medio por el cual Él nos crea y que no podemos dar un paso sin ella. Estar sedientos es reconocer que somos una tierra pura y dura en espera de que Allah haga nacer en ella la vida, la vivifique con el agua y la convierta así en arcilla moldeable, de que exhale en esa arcilla Su ruh dándonos la forma que Él quiere, creando el mundo que Él quiere para nosotros.

Allah nos hace conscientes de nuestra necesidad, de nuestra condición de seres dependientes, sujetos, criaturas. Allah nos va conduciendo compasivamente hasta la Verdad de Su Sí Mismo, de la única manera posible, sin error, sin falta. Por medio de la abstinencia sexual, Allah purifica nuestro deseo, haciéndonos recobrar la capacidad de desear el amor. Así se nos revela Allah a través de Sus Nombres, como Ar Rashid, como Aquél que nos guía por el sendero de la virtud, Aquel que es capaz de conducirnos por la senda de la Verdad, el que nos hace nacer a la existencia, el que procura la realidad a nuestra conciencia. Alhamdulilah que nos ha prescrito el ayuno como uno de los pilares obligatorios, porque así podemos beneficiarnos cada año de todos aquellos dones que Allah derrama sobre todos aquellos que se privan de algo por Su causa.

2.

En los planos más sutiles, el silencio y la meditación son estados que Allah nos hace vivir para que nuestra existencia recupere sentido, para que podamos reconocer la realidad que se esconde detrás de cada color, de cada sonido, de cada olor o signo que tocamos o degustamos, de todo nombre, porque todo es signo, nada más que señal. El ayuno purifica nuestras miradas, alejándolas de cualquier expresión transgresora, de cualquier pretensión o seducción.

Sobre las bendiciones contenidas en el ayuno de hablar, Allah le dice a Mariam, en la Sura que lleva su nombre:

 “Come, pues, y bebe, y que se alegren tus ojos! Y si ves a algún ser humano, hazle saber: He hecho voto de silencio al Más Misericordioso y no puedo, por ello, hablar hoy con nadie.” (19-26)

Si Allah quiere, ayunaremos incluso de nosotros mismos, dejaremos de prestar atención a nuestros ídolos y, en el mejor de los casos, cesarán nuestras visiones al ser arrebatados por la realidad, insha Allah.

En el Riyyad As Salihin encontramos muchos hadices que nos hablan sobre el ayuno de Ramadán.

De Abu Huraira, que oyó decir al Profeta, la paz sea con él:

“Dijo Allah, Poderoso y majestuoso: ‘Toda práctica de adoración del hijo de Adam es para él, excepto el ayuno que es para Mí y Yo recompenso por él.’ El ayuno es protección. Y si estáis ayunando ni digáis obscenidades ni gritéis ni alborotéis. Y si alguno de vosotros es insultado o dañado, que diga ¡‘Estoy ayunando!’.

‘Por Aquel que tiene en sus manos el alma de Muhámmad, que el aliento de la boca de quien ayuna es mejor ante Allah que el olor del almizcle! El ayunante tiene dos grandes momentos de alegría: el momento de romper el ayuno y cuando llegue el encuentro con su Señor, se alegrará de haber ayunado.”

Lo relataron Al Bujari y Muslim.

 

Dios nuestro:

Te pedimos que aceptes nuestro ayuno, un año más, y facilites nuestra travesía en este tiempo sagrado.

Que nuestras faltas e idolatrías se deshagan como la niebla entre nuestro ayuno.

Que el ayuno nos sirva para fortalecer y dulcificar los lazos que nos unen.

Que nos ayude a ser más conscientes de Tí.

Que tus siervos que sufren en todos los rincones del mundo sean confortados por tu Rahma.

Que este Ramadán, se derramen especialmente tus regalos espirituales sobre todos nosotros y que la conciencia que renazca de nuestras cenizas sea, sobre todo, conciencia de Ti.

 

 

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