Número 150  //  30 de noviembre de 2001  //  15 Ramadan 1422 A.H.

 PORTADA

Injusticia Infinita: la nueva guerra contra el terror

Por Noam Chomsky *

La evidencia sobre la culpabilidad de Osama ben Laden no interesa a Estados Unidos; su objetivo es establecer su derecho a actuar como y cuando le dé la gana y fijar con claridad su credibilidad como matón global, sostiene el semiólogo Noam Chomsky, quien repasa con irrebatible dureza la política exterior norteamericana y su histórica complicidad con el terrorismo. El autor sostiene que si Estados Unidos quiere reducir el nivel del terror, "un camino fácil para lograrlo es dejar de participar en el terror". Este artículo es una versión editada del discurso pronunciado por el prestigioso intelectual en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) el 18 de octubre de 2001.

 

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Asumo dos condiciones para esta conferencia. La primera, presumo, un reconocimiento de los hechos: los eventos del 11 de septiembre fueron una atrocidad horrenda, que causaron, fuera de una guerra, el mayor número de muertes súbitas en toda la historia. La segunda tiene que ver con los objetivos. Estamos interesados en reducir la probabilidad de que crímenes como éste se repitan, sean contra nosotros o contra otros. Si ustedes aceptan estas dos presunciones, surge una cantidad de preguntas, estrechamente relacionadas, que merecen una reflexión.

La pregunta más importante es ¿qué está sucediendo ahora mismo y qué podemos hacer al respecto? La segunda tiene que ver con la suposición de que lo ocurrido el 11 de septiembre es un acontecimiento histórico. Pienso que es cierto, y debemos preguntarnos ¿exactamente por qué? La tercera se relaciona con el título de esta charla, La guerra contra el terrorismo: ¿qué es exactamente esta guerra y qué es el terrorismo? La cuarta tiene que ver con los orígenes de los crímenes del 11 de septiembre, y la quinta con ¿qué opciones políticas existen en el combate de esta guerra contra el terrorismo, y en el trato de las situaciones que la provocaron?

¿Qué está sucediendo en este momento?

Hablaré sobre la situación en Afganistán. De acuerdo con The New York Times hay entre 7 y 8 millones de personas en ese país al borde de la inanición. Esto, en realidad, era cierto antes del 11 de septiembre; sobrevivían gracias a la ayuda internacional. El 16 de septiembre el Times informó que Estados Unidos exigía de Pakistán la eliminación de los convoyes de camiones que suministraban gran parte de los alimentos y otras provisiones a la población civil de Afganistán. Esta información se transmitió por las radios nacionales en toda Europa el día siguiente y no hubo ninguna reacción ante la exigencia de que se impusiera la muerte por hambre a millones de personas.

La amenaza de ataques aéreos después del 11 de septiembre obligó a desalojar de ese país a los trabajadores que prestaban ayuda internacional, lo que fracturó los programas en la materia. Los refugiados que llegaron a Pakistán, después de duros viajes desde Afganistán, describieron escenas de desesperación y temor en el país, cuando la amenaza de los ataques dirigidos por Estados Unidos convirtió la prolongada miseria diaria en una catástrofe potencial. El país colgaba de una cuerda de salvamento y acabábamos de cortarla, dijo un cooperante al New York Times Magazine.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU comenzó a funcionar nuevamente hasta principios de octubre. Se empezó a enviar alimentos, pero a niveles más reducidos. Como la ONU no tiene personal en Afganistán, el sistema de distribución fue obstaculizado y se suspendió en cuanto comenzaron los bombardeos. Así, mientras la entrega de ayuda fluía de nuevo, las agencias humanitarias criticaban con dureza que Estados Unidos lanzara alimentos vía aérea, y condenaban estos actos al considerarlos instrumentos de propaganda que probablemente hacían más daño que bien. Ahora estoy citando al Financial Times de Londres, pero es fácil continuar.

Después de la primera semana de bombardeos, el NYT informó que de acuerdo con la ONU pronto habrían 7.5 millones de afganos necesitando desesperadamente un pedazo de pan, y sólo quedaban unas cuantas semanas antes de que comenzara el duro invierno, lo cual imposibilitará el aprovisionamiento de muchas áreas. Y reiteraba que con los bombardeos el nivel de suministros se había reducido a la mitad de lo que se necesitaba. El mismo día, Washington rechazó una vez más, con desdén, las ofertas de negociación para la entrega de Osama ben Laden, así como la solicitud de que diera evidencias para sustanciar la exigencia de una capitulación total. Un informador especial de la ONU del programa de alimentos solicitó a Estados Unidos que suspendiera los bombardeos para salvar a millones de víctimas. El lunes siguiente, las principales agencias de ayuda (Oxfam y Christian Aid) se unieron a ese ruego. No fue posible encontrar información al respecto en el NYT. Sólo hubo una línea en el Boston Globe, escondida en una historia sobre otro tópico: Cachemira.

Todo esto nos indica que está ocurriendo una especie de genocidio silencioso, y nos brinda la oportunidad de ver lo que es la cultura de la elite, de la que formamos parte. Los planes y los programas que se están poniendo en marcha se basan en la suposición de que pueden llevar a la muerte a varios millones de personas en las próximas semanas con toda tranquilidad, sin comentarios, como si fuera algo normal, aquí y en buena parte de Europa. No son en el resto del mundo. En realidad, ni siquiera en gran parte de Europa. Si uno lee la prensa irlandesa o la de Escocia las reacciones son muy diferentes. Lo que está sucediendo ahora está ciertamente bajo nuestro control. Podemos hacer mucho para influir en lo que está sucediendo. Y de eso se trata.

¿Por qué fue un evento histórico? Un ataque al territorio nacional

Ahora bien, consideremos esta pregunta un poco más en abstracto, olvidando por el momento que al parecer estamos en medio de un intento de asesinato de 3 a 4 millones de personas, no talibanes, sino sus víctimas. Volvamos a la pregunta sobre los históricos acontecimientos que ocurrieron el 11 de septiembre. Cierto, fue un evento histórico. No por su dimensión, de la que duele hablar, porque en esos términos no es tan extraordinario. Dije que probablemente se trata del atentado que produjo el peor número de víctimas súbitas de cualquier crimen. Y puede ser cierto. Pero por desgracia hay crímenes terroristas con efectos más prolongados, que son más extremos. Sin embargo, es un evento histórico porque hubo un cambio. Una situación radicalmente nueva.

La última vez que el territorio nacional de Estados Unidos fue atacado e incluso amenazado fue en 1814, cuando los británicos incendiaron Washington. Ha habido otros casos y es común presentar el de Pearl Harbor, pero no es una analogía válida. Los japoneses bombardearon bases militares en dos colonias de Estados Unidos, no el territorio nacional; colonias que habían sido arrebatadas a sus habitantes. Ahora es el territorio nacional el que ha sido atacado en gran escala. Se pueden encontrar varios ejemplos marginales, pero éste es único.

Durante cerca de 200 años, Estados Unidos expulsó y exterminó a la población indígena, a millones de personas; conquistó la mitad de México; realizó depredaciones en toda la región, en el Caribe, América Central, y algunas veces más allá. Conquistó Hawaii y Filipinas, y para lograrlo mató a cientos de miles de filipinos. Desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha extendido su alcance a todo el mundo utilizando métodos que no precisan descripción, pero siempre matando a otros, desarrollando batallas en otros lugares. Las masacres siempre fueron en otros países, no aquí, dentro del territorio nacional.

En el caso de Europa el cambio es aún más dramático porque su historia es más horrenda que la nuestra. Somos, básicamente, un vástago de Europa. Durante cientos de años Europa masacró gente en todo el planeta. Fue así como conquistó el mundo. Durante este período Europa sufrió guerras asesinas, pero eran asesinos europeos matándose mutuamente. La única razón por la que terminó la Segunda Guerra Mundial en 1945 fue porque todos comprendieron que la próxima vez que practicaran ese jueguito sería el fin del mundo. Porque los europeos, incluyéndonos nosotros, han desarrollado tales armas de destrucción masiva que ese juego debe acabar. En el siglo XVII, aproximadamente el 40 por ciento de toda la población de Alemania fue eliminada en una sola guerra.

Durante ese período de sangrientas matanzas los europeos se mataron unos a otros, y mataron gente en otras partes. Congo no atacó a Bélgica; India no atacó a Inglaterra; Argelia no atacó a Francia. Hubo algunas excepciones, muy pequeñas en escala, casi invisibles en la escala de lo que Europa y nosotros le hacíamos al resto del mundo.

El ataque del 11 de septiembre es el primer cambio de esta situación. Es la primera vez que se apunta en la dirección contraria, y probablemente es el motivo por el cual se ven reacciones tan diferentes. El mundo se ve muy distinto, dependiendo de si uno tiene el látigo en sus manos o si ha estado recibiendo latigazos durante siglos. Así, pienso que el choque y la sorpresa en Europa y en sus vástagos son muy comprensibles. Es un evento histórico pero, por desgracia, no en escala, y es una razón por la que la mayor parte del resto del mundo lo ve de manera muy diferente. Por qué lo consideran desde una perspectiva diferente, es algo que debiéramos tratar de comprender.

¿Qué es la guerra contra el terrorismo?

Ahora veamos ¿qué es la guerra contra el terrorismo?, y una pregunta adicional: ¿qué es el terrorismo? La guerra contra el terrorismo ha sido descrita en las altas esferas como una lucha contra una plaga, contra un cáncer que es propagado por bárbaros, por "oponentes depravados de la civilización misma". Es un sentimiento que comparto. Pero sucede que estas palabras son de hace 20 años. Son del presidente Reagan y de su secretario de Estado. La administración Reagan llegó al poder hace 20 años declarando que la guerra contra el terrorismo internacional se hallaría en el centro de nuestra política... y la describió en los términos que mencioné antes. El gobierno de Reagan reaccionó a esa plaga propagada por oponentes depravados a la civilización creando una red terrorista internacional extraordinaria, sin precedente, que realizó masivas atrocidades en todo el mundo.

La guerra contra Nicaragua

Sólo mencionaré un caso, que no es el más extremo pero sí es incontrovertible gracias a los fallos de las principales autoridades internacionales: la Corte Internacional de Justicia, la Corte Mundial y el Consejo de Seguridad de la ONU.

Este caso es particularmente relevante porque ofrece un precedente sobre cómo un Estado que respeta el derecho reaccionó ante el terrorismo internacional. Y fue aún más extremo que los eventos del 11 de septiembre. Estoy hablando de la guerra de Reagan-EU contra Nicaragua, que causó decenas de miles de muertos y arruinó al país, tal vez irreparablemente.

Nicaragua reaccionó, pero no lanzando bombas contra Washington sino llevando el caso a la Corte Mundial, y no tuvo problemas para reunir las evidencias.

La Corte Mundial aceptó el caso, decidió a su favor, condenó lo que consideró el "uso ilegal de la fuerza" (que sólo es otra palabra para denominar al terrorismo internacional) por parte de EU, y ordenó a Washington que detuviera el crimen y pagara masivas reparaciones. Estados Unidos rechazó el fallo y anunció que en lo futuro no aceptaría la jurisdicción de la Corte.

Entonces Nicaragua acudió al Consejo de Seguridad de la ONU, el cual adoptó una resolución e hizo un llamado a todos los Estados a respetar el derecho internacional. No se mencionó a nadie, pero todos comprendieron. Estados Unidos vetó la resolución.

En la actualidad, Estados Unidos es el único Estado que ha sido condenado por la Corte Mundial por terrorismo internacional y ha vetado la resolución del Consejo de Seguridad.

Nicaragua acudió a la Asamblea General de la ONU, donde técnicamente no existe el derecho a veto pero en el que un voto negativo de Estados Unidos equivale a un veto. La asamblea aprobó una resolución similar y sólo se opusieron Estados Unidos, Israel y El Salvador. Lo mismo ocurrió el año siguiente, pero esa vez Washington sólo pudo conseguir el apoyo de Israel.

Llegado ese punto, a Nicaragua no le quedó ningún recurso legal. Había intentado todas las medidas posibles, pero es claro que no funcionan en un mundo regido por la fuerza.

Sólo fue el comienzo. Estados Unidos respondió a las resoluciones de la Corte Mundial y del Consejo de Seguridad con una escalada inmediata de la guerra, decisión compartida, casualmente, por los partidos Demócrata y Republicano, y los términos de la guerra también fueron alterados. Por primera vez hubo órdenes oficiales al ejército terrorista de atacar los denominados "objetivos blandos", es decir, objetivos civiles indefensos, y mantenerse lejos del ejército nicaragüense.

Los "contras" pudieron hacerlo porque Estados Unidos controlaba totalmente el espacio aéreo de Nicaragua y suministró al ejército mercenario modernos equipos de comunicación. No se trataba de una guerrilla en el sentido normal. Recibía instrucciones sobre los desplazamientos de las fuerzas del ejército nicaragüense, de manera que podía atacar impúnemente cooperativas agrícolas, clínicas sanitarias, etcétera, es decir, objetivos blandos. Esas eran las órdenes oficiales.

Todo era conocido. Hubo una reacción. La política utilizada fue considerada como sensata por la opinión liberal de izquierda. Así, Michael Kinsley, quien representa a la izquierda en la discusión en los medios oficiales, escribió un artículo en el que dijo que no debiéramos apresurarnos demasiado en la crítica de esa política, como lo había hecho Human Rights Watch. Una "política sensata" debe "pasar el test del análisis de costos y beneficios", es decir, el análisis de "la cantidad de sangre y miseria que habrá que introducir, y la probabilidad de que la democracia emerja por el otro extremo". La democracia, tal como Estados Unidos comprende la expresión, ilustrada gráficamente por los países vecinos (a Nicaragua).

Nótese que es axiomático que las elites de Estados Unidos tienen el derecho de realizar el análisis y el proyecto si pasa sus tests. Y los pasó. Cuando Nicaragua terminó por sucumbir ante el ataque de la superpotencia, los comentaristas elogiaron pública y alegremente el éxito de los métodos utilizados, y los describieron en detalle.

El Time Magazine, por ejemplo, alabó el éxito de los métodos escogidos "para arruinar la economía y proseguir una larga y mortífera guerra por encargo, hasta que los nativos exhaustos derribaron por sí mismos el gobierno indeseado", con un costo "mínimo" para nosotros, dejando a las víctimas con "puentes destruidos, estaciones eléctricas saboteadas y granjas arruinadas", dándole así al candidato de Estados Unidos un "tema ganador": "terminar con el empobrecimiento del pueblo de Nicaragua".

The New York Times, a su vez, publicó una primera plana que, ante los resultados de esa política, decía: "Norteamericanos unidos en la alegría".

El terrorismo no es arma de los débiles

La cultura en que vivimos revela varios hechos. Uno es que el terrorismo funciona. No fracasa. La violencia funciona generalmente. Es la historia del mundo. En segundo lugar, es un error analítico muy serio decir, como se hace comúnmente, que el terrorismo es el arma de los débiles. Como otros medios de violencia, constituye sobre todo un arma de los fuertes. El terrorismo es considerado arma de los débiles porque los fuertes también controlan los sistemas doctrinarios y su terror no cuenta como terror.

Esto es casi universal. No se me ocurre ninguna excepción histórica. Incluso los peores asesinos en masa ven el mundo de esa manera. Tomemos como ejemplo a los nazis. No imponían el terror en la Europa ocupada. Estaban protegiendo a la población local contra el terrorismo de los partisanos. Y como en el caso de otros movimientos de resistencia, hubo terrorismo. Los nazis realizaban contraterrorismo. Además, Estados Unidos estuvo esencialmente de acuerdo con eso.

Después de la guerra, el ejército norteameriano realizó profundos estudios de las operaciones de contraterrorismo de los nazis en Europa. Aprendió de ellos y comenzó a realizar operaciones similares, a menudo contra los mismos objetivos: la antigua resistencia. Pero los militares que estudiaron los métodos nazis también publicaron interesantes estudios, criticando tales métodos, a veces, por su ineficiencia: "¡Ustedes no hicieron esto bien, pero lo otro sí!" Pero esos métodos fueron importados a este país con los consejos de los oficiales de la Wehrmacht y se convirtieron en los manuales de la contrainsurgencia, del contraterrorismo, de la guerra de baja intensidad, y son los procedimientos que se están utilizando. Así que los nazis no fueron los únicos que lo hicieron. Los dirigentes de la civilización occidental consideraron que eran acciones correctas y procedieron a hacer lo mismo. El terrorismo no es arma de los débiles, es el arma de los que están contra "nosotros", sin importar quiénes sean esos "nosotros".

Cómo vemos el terrorismo

Una indicación interesante sobre la naturaleza de nuestra cultura, es la forma en la que se considera todo esto. Una forma es simplemente ocultándolo. Así que casi nadie ha oído hablar del asunto. Y el poder de la propaganda y la doctrina norteamericanas es tan fuerte que hasta las víctimas apenas lo saben. Quiero decir, por ejemplo, que cuando se habla de este asunto con ciudadanos de la Argentina, hay que recordárselo. El tema es ocultado profundamente, y las consecuencias absolutas del monopolio de la violencia pueden ser muy poderosas en términos ideológicos.

Un aspecto esclarecedor de nuestra propia actitud hacia el terrorismo es la reacción a la idea de que Nicaragua pudiera haber tenido el derecho de defenderse. Estudié esto en detalle buscando en bancos de datos. La idea de que Nicaragua pudiera haber tenido el derecho de defenderse fue considerada escandalosa. Prácticamente no existe nada en los comentarios de los medios de comunicación oficiales que indique que Nicaragua podría haber tenido ese derecho. Y ese hecho fue aprovechado por la administración Reagan y su propaganda de una manera interesante.

Aquellos que vivieron esa época recordarán que periódicamente se lanzaban rumores de que los nicaragüenses recibían jets MIG de Rusia. Al llegar ese punto, los halcones y las palomas se dividían. Los halcones decían: "Está bien, hay que bombardearlos." Las palomas decían: "Esperemos, hay que ver si los rumores son ciertos. Y si los rumores son ciertos, hay que bombardearlos porque constituyen un peligro para Estados Unidos."

¿Por qué iban a obtenerr aviones MIG? Trataron de conseguir aviones de los países europeos, pero Estados Unidos presionó a sus aliados para que no les enviaran medios de defensa, porque quería que recurrieran a los rusos. Recuerden, estaban a sólo dos días de la marcha de Harlingen, Texas.

En 1985 declaramos una emergencia nacional para proteger el país contra la amenaza de Nicaragua. Y siguió en vigor. Así que más valía que consiguieran armas de los rusos. ¿Por qué iban a querer aviones jet? Por las razones que ya he mencionado. Estados Unidos tenía un control total sobre su espacio aéreo, volaba sobre éste y lo utilizaba para dar instrucciones al ejército terrorista con el fin de que pudiera atacar objetivos blandos sin encontrarse con las tropas nicaragüenses que podrían defenderlos.

Todo el mundo sabía que éste era el motivo. No iban a utilizar sus jets para otra cosa. Pero la idea de que se pudiera permitir a Nicaragua defender su espacio aéreo contra el ataque de una superpotencia que dirigía a fuerzas terroristas era considerada en Estados Unidos como escandaloso y era una opinión general.

El caso Honduras

Otro ejemplo de cómo vemos el terrorismo ocurre ahora mismo. Hace dos semanas Estados Unidos designó un embajador ante Naciones Unidos para conducir la guerra contra el terrorismo. ¿Quién es? Su nombre es John Negroponte. Fue embajador de Estados Unidos en el feudo de Honduras a principios de los años 80. Hubo cierto alboroto por el hecho de que debe haber sabido, y sabía, de los asesinatos en gran escala y de otras atrocidades que estaban cometiendo las fuerzas de seguridad de Honduras, a las que apoyábamos. Pero eso es sólo una pequeña parte del asunto.

Como procónsul en Honduras, Negroponte fue el supervisor local de la guerra terrorista conducida en ese país, por la que su gobierno fue condenado por la Corte Mundial y por el Consejo de Seguridad, en una resolución vetada. Y acaba de ser nombrado embajador ante la ONU para conducir la guerra contra el terror.

Después de que Estados Unidos volvió a apoderarse de Nicaragua bajo condiciones que fueron gráficamente descritas por la prensa, el país quedó destruido en los años 80. Desde entonces se ha desmoronado totalmente en casi todos los sectores. Ahora es el segundo país más pobre del hemisferio.

Lo mismo ocurría en otras partes del mundo. Tomemos por ejemplo Africa. Sólo durante los años de Reagan, los ataques de Sudáfrica contra los países vecinos, respaldados por Estados Unidos y Gran Bretaña, causaron cerca de un millón y medio de víctimas, daños por 60.000 millones de dólares y la destrucción de países enteros.

Esa fue la primera guerra contra el terror, sobre la que he dado un pequeño ejemplo. ¿Y se supone que le prestemos atención? ¿O hay algún motivo para pensar que podría ser relevante? Después de todo no se trata exactamente de historia antigua. Evidentemente no es así, como se puede deducir al considerar la actual discusión sobre la guerra contra el terror que ha constituido el tópico principal del mes pasado.

Haití, Guatemala y Nicaragua

Mencioné que Nicaragua se ha convertido en el segundo país más pobre del hemisferio. ¿Cuál es el más pobre?, Haití, que es también víctima de la mayor cantidad de intervenciones norteamericanas en el siglo XX. Lo dejamos totalmente devastado. Nicaragua está en segundo lugar en el grado de intervención norteamericana en el siglo XX, y es el segundo más pobre. En realidad, compite con Guatemala. Se alternan cada uno o dos años como el segundo país en el nivel de pobreza, y también en cuál es el objetivo principal de las intervenciones militares de Estados Unidos.

El peor violador de los derechos humanos en los años 90 fue Colombia, y fue también el principal receptor de ayuda militar de Estados Unidos para mantener el terror y las violaciones de derechos. En 1999, Colombia remplazó a Turquía como el principal receptor de armas norteamericanas en todo el mundo, excluyendo a Israel y Egipto, que están en una categoría especial. Y eso nos dice mucho más sobre la guerra contra el terror.

¿Por qué recibía Turquía un flujo tan grande de armas de Estados Unidos? Porque está ubicada estratégicamente, es miembro de la OTAN, etcétera.

El flujo de armas a Turquía aumentó radicalmente en 1984 y este hecho nada tuvo que ver con la Guerra Fría. Rusia se estaba desmoronando. Y continuó al mismo nivel de 1984 a 1999, cuando se redujo y Colombia pasó a primer término. ¿Qué sucedió entre 1984 y 1999? En 1984 los turcos lanzaron una gran guerra terrorista contra los kurdos en el sudeste de Turquía. Entonces aumentó la ayuda militar de Estados Unidos. Y no se trataba de pistolas, sino de aviones jet, tanques, entrenamiento militar. Esa ayuda permaneció y se incrementó a la par que aumentaban las atrocidades durante los años 90. El año cumbre fue 1997, cuando la ayuda militar de Estados Unidos a Turquía fue superior a la de todo el período entre 1950 y 1983, es decir, durante la Guerra Fría, lo que es una indicación de la medida en la que la guerra fría afectó la política. Los resultados fueron impresionantes. Produjo entre 2 y 3 millones de refugiados, parte de la peor limpieza étnica de fines de los 90; decenas de miles de muertos, y 3.500 ciudades y aldeas destruidas, mucho más que en Kosovo, a pesar de las bombas de la OTAN. Estados Unidos suministró el 80 por ciento de las armas. Dejó de hacerlo en 1999 porque, una vez más, el terror funcionó, como lo hace usualmente cuando es llevado a cabo por sus principales agentes, sobre todo los poderosos.

En 1999, el terror turco, llamado contraterror, funcionó. Por eso Turquía fue remplazada por Colombia, que no había tenido éxito en su guerra terrorista. Y por eso tuvo que alcanzar el primer lugar como receptor de armas de Estados Unidos.

Lo que hace esto tanto más pasmoso es que todo sucedía justo en medio de un inmenso autobombo de los intelectuales occidentales, que probablemente no tiene parangón en la historia. La masiva autoadulación sobre cómo por primera vez en la historia somos tan magníficos, cómo defendemos principios y valores, cómo estamos dedicados a terminar la falta de humanidad por doquier en esta nueva era. Evidentemente no podemos tolerar atrocidades cerca de las fronteras de la OTAN. Esto se repitió una y otra vez. Sólo que dentro de las fronteras de la OTAN no nos limitamos a tolerar atrocidades, sino que contribuimos a ellas. Otra oportunidad de ver lo que es la civilización occidental y la nuestra, es preguntarse: ¿cuántas veces se discute este tema? Es un hecho impresionante que un sistema de propaganda se salga con la suya en una sociedad libre. No creo que se pudiera lograr en un Estado totalitario.

Y Turquía está muy agradecida. Hace algunos días, el primer ministro Ecevit anunció que Turquía se unirá a la coalición contra el terror con mucho entusiasmo. En realidad, dijo que contribuiría con tropas, lo que otros no están dispuestos a hacer, y explicó por qué: "Tenemos una deuda de gratitud con Estados Unidos porque fue el único país que estuvo dispuesto a contribuir de manera tan masiva a nuestra propia guerra contraterrorista", es decir, a nuestra propia limpieza étnica y nuestras atrocidades y nuestro terror. Otros países ayudaron un poco, pero se contuvieron.

Estados Unidos, por su parte, contribuyó con entusiasmo y decisión y pudo hacerlo por el silencio y el servilismo de las clases educadas que podían averiguar fácilmente lo que sucedía. Después de todo, somos un país libre. Se pueden leer los informes sobre derechos humanos. Pero preferimos contribuir a las atrocidades y Turquía está muy contenta, tiene con nosotros una deuda de gratitud y por eso contribuirá con tropas, al igual que lo hizo durante la guerra en Serbia.

Turquía fue muy elogiada por utilizar los F16 que le suministramos para bombardear Serbia, exactamente como lo hizo con los mismos aviones contra su propia población, hasta el momento en que finalmente logró aplastar el terror interno. Y como de costumbre, la resistencia incluye terror. Vale también para la revolución norteamericana. Vale para todos los casos que conozco. Igual que es verdad que aquellos que tienen un monopolio de la violencia hablan de sí mismos como si realizaran contraterror.

La coalición

Todo esto es impresionante y tiene que ver con la coalición que se ha organizado para librar la guerra contra el terror. Es muy interesante ver cómo se está describiendo dicha coalición. Echemos una mirada al Christian Science Monitor, uno de los mejores periódicos internacionales, con verdadera cobertura mundial. Su principal artículo es sobre cómo Estados Unidos está conduciendo la guerra contra el terror. El primer ejemplo, en realidad el único, es Argelia. Resulta que Argelia siente mucho entusiasmo por la guerra de Estados Unidos contra el terror. La persona que escribió el artículo es un experto en Africa. Debe saber que Argelia es uno de los Estados terroristas más sanguinarios del mundo, y que ha estado aplicando un terror horrendo contra su propia población durante los últimos años.

Durante un tiempo, el hecho fue mantenido en secreto. Pero finalmente fue denunciado en Francia por desertores del ejército argelino. Lo saben en Francia, Inglaterra y en otros países. Pero aquí estamos muy orgullosos porque uno de los peores Estados terroristas del mundo saluda con entusiasmo la guerra de Estados Unidos contra el terror, y en realidad está alentando a Washington para que dirija la guerra. Lo cual muestra hasta qué punto estamos haciéndonos populares.

Y si se considera la coalición que se está formando contra el terror, vemos mucho más. Un miembro destacado de la coalición es Rusia, deleitada de que Estados Unidos apoye su guerra terrorista asesina en Chechenia en lugar de criticarla de vez en cuando tras bambalinas. China se une con entusiasmo. Está deleitada de conseguir apoyo para las atrocidades que está cometiendo en China occidental contra lo que califica de secesionistas musulmanes. Turquía está feliz con la guerra contra el terror. Son expertos en ella. Argelia e Indonesia también están deleitados de tener aún más apoyo norteamericano para las atrocidades que realizan. Podemos repasar toda la lista de los Estados que se han unido a la coalición y es bastante impresionante. Tienen una característica común: están, ciertamente, entre los principales Estados terroristas del mundo y son dirigidos por el campeón mundial.

¿Qué es el terrorismo?

Esto nos hace retornar a la pregunta ¿qué es el terrorismo? Hay algunas respuestas fáciles y una definición oficial. Se puede encontrar en el código de Estados Unidos o en los manuales del ejército norteamericano: terror es el uso calculado de la violencia o de la amenaza de violencia para lograr objetivos políticos o religiosos a través de la intimidación, la coerción o la provocación de miedo. Eso es terrorismo. Es una definición bastante justa y creo que es razonable aceptarla. El problema es que no puede ser aceptada, porque si es aceptada, vienen todas las consecuencias erróneas. Por ejemplo, las que acabo de mencionar.

Hay ahora mismo un importante esfuerzo en la ONU para tratar de desarrollar un tratado exhaustivo sobre el terrorismo. Cuando Kofi Annan recibió el premio Nobel se informó que había dicho que deberíamos de dejar de perder el tiempo con el tema y poner manos a la obra.

Pero existe un problema. Si se utiliza la definición oficial de terrorismo, se llegará a resultados desacertados. No se puede proceder así. Si se lanza un vistazo a la definición de guerra de baja intensidad, que es una política oficial de Estados Unidos, se ve que es una paráfrasis muy próxima de lo que acabo de leer. En realidad, una guerra de baja intensidad es simplemente otro nombre para el terrorismo. Es el motivo por el cual todos los países denominan todo acto horrendo que cometen contraterrorismo. Sucede que nosotros lo llamamos contrainsurgencia o guerra de baja intensidad. No podemos utilizar la verdadera definición. Tenemos que encontrar cuidadosamente una definición que no lleve a consecuencias indeseadas.

Hay varios problemas adicionales. Algunos se presentaron en diciembre de 1987. La Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una resolución muy enérgica contra el terrorismo, condenando la plaga en términos muy firmes, llamando a todos los Estados a combatirla por todos los medios. Fue aprobada por unanimidad. Un país, Honduras, se abstuvo. Dos naciones, las de costumbre, votaron en contra: Estados Unidos e Israel. ¿Por qué iban a votar Estados Unidos e Israel contra una importante resolución condenando enérgicamente el terrorismo, en realidad utilizando en gran parte los mismos términos que estaban siendo usados por la administración Reagan? Hay una razón. Existe un párrafo que dice que nada en esa resolución infringe los derechos de los pueblos que luchan contra regímenes racistas y colonialistas o contra la ocupación militar extranjera, a continuar con su resistencia con la ayuda de otros Estados extranjeros, en su justa causa. Estados Unidos e Israel no pueden aceptar algo semejante. La razón principal por la que no lo podían permitir en esa época era Sudáfrica, un país calificado oficialmente de aliado. Había una fuerza terrorista en Sudáfrica. Se llamaba Congreso Nacional Africano. Oficialmente, constituía una fuerza terrorista. Sudáfrica, al contrario, era un aliado y, evidentemente no se podía apoyar las acciones de un grupo terrorista que luchaba contra un régimen racista. Sería algo imposible.

Hay otro caso. El de los territorios ocupados por Israel desde hace 35 años. Apoyado sobre todo por Estados Unidos para impedir una solución diplomática desde hace 30 años. En esa época había otro motivo. Israel estaba ocupando el sur de Líbano y encontraba la resistencia de lo que Estados Unidos llama una fuerza terrorista, Hezbollah, que finalmente logró expulsar a Israel de Líbano. Y no podemos permitirle a nadie que luche contra una ocupación militar, cuando la apoyamos. Por eso Estados Unidos e Israel tuvieron que votar contra la principal resolución de la ONU contra el terrorismo. Como dije antes, un voto de Estados Unidos en contra es esencialmente un veto.

Así que nada de todo esto fue publicado, y nada de esto ha aparecido en los anales del terrorismo. Si uno mira los trabajos de gran erudición sobre el terrorismo, no se ve nada de lo que acabo de mencionar. La razón es que los que tienen los fusiles no son los que quisiéramos. Hay que afinar cuidadosamente las definiciones y la erudición para llegar a las conclusiones correctas; de otra manera no constituye una erudición respetable y un periodismo honorable. Los problemas de este tipo son los que obstaculizan los esfuerzos por desarrollar un tratado exhaustivo contra el terrorismo. Tal vez debemos convocar a una conferencia académica o algo parecido para tratar de ver si podemos descubrir una manera de definir el terrorismo, que produzca exactamente las respuestas que nos gusten, no las otras. No será fácil.

Bien, pasemos a la cuarta pregunta: ¿Cuáles son los orígenes de los crímenes del 11 de septiembre? Aquí debemos hacer una distinción entre dos categorías, que no debieran confundirse. Una se refiere a los agentes directos del crimen. La otra es una especie de reserva de simpatía, a veces apoyo, que provoca incluso entre gente que se opone fuertemente a los criminales y a sus acciones. Y éstas son dos cosas muy diferentes.

Categoría 1: los probables perpetradores: No tenemos bien claro quiénes cometieron los atentados. Estados Unidos no puede o no quiere presentar evidencias que tengan sentido. Hubo una especie de obra de teatro hace una o dos semanas, en la que se había previsto que Tony Blair las presentaría. No sé exactamente cuál era el propósito. Tal vez era para que Estados Unidos apareciera como si estuviera reteniendo alguna evidencia que no podía revelar, o para que Tony Blair pudiera representar algunas poses churchillianas o algo así. Sean cuales fueren las razones de relaciones públicas, Blair hizo una presentación que en círculos serios fue considerada absurda y apenas fue mencionada. Por ejemplo, en The Wall Street Journal, uno de los periódicos más serios, hubo un pequeño artículo, en el que señalaba que no hubo mucha evidencia y luego citaron a algún alto funcionario norteamericano que dijo que no importaba si había pruebas, porque de todas maneras lo iban a hacer. Así que para ¿qué preocuparse por la evidencia?

La prensa más ideológica, como The New York Times y otros, publicó grandes titulares en primera plana. Pero la reacción de The Wall Street Journal fue razonable y si se considera la llamada evidencia, se ve por qué. Pero supongamos que fuera cierta. Me sorprende cuán débil era la evidencia. Pienso que se podría hacer algo mejor sin ningún servicio de inteligencia. En realidad, recuerden que esto fue después de semanas de la investigación más intensiva en la historia de todos los servicios de inteligencia del mundo occidental, trabajando horas extra, tratando de juntar algo. Se trataba de un caso de presunciones de hecho, un caso muy sólido incluso antes de que se tuviera algo. Y terminó más o menos donde comenzó, con un caso de presunciones de hecho. Así, supongamos que es verdad, que lo que parecía obvio el primer día aún lo sigue siendo, que los verdaderos perpetradores venían de las redes islámicas radicales, llamadas aquí fundamentalistas, de las que la organización de Ben Laden es, sin duda, parte importante. Si estaban implicadas o no, nadie lo sabe. En realidad eso no tiene gran importancia.

¿De dónde vinieron? Sabemos todo al respecto. Nadie sabe eso mejor que la CIA, porque los ayudó a organizarse y los amamantó durante mucho tiempo. Efectivamente, la CIA y sus asociados de otras partes: Pakistán, Gran Bretaña, Francia, Arabia Saudita, Egipto, China, los reunieron en los años 80. La idea era tratar de hostigar a los rusos, el enemigo común. Según el consejero de seguridad nacional del presidente Carter, Zbigniew Brzezinski, Estados Unidos comenzó a participar a mediados de 1979. Rusia invadió Afganistán en diciembre de 1979. Según Brzezinski, el apoyo de Estados Unidos para los mujahidines que combatían al gobierno comenzó seis meses antes. Está muy orgulloso de ello. Dice que atrajimos a los rusos a la trampa afgana, apoyando a los mujahidines, provocando su intervención, introduciéndolos en la trampa. Logramos desarrollar ese increíble ejército mercenario. Nada insignificante, tal vez unos 100 mil hombres, reuniendo a los mejores asesinos que logramos encontrar: fanáticos islamistas radicales de Africa del Norte, Arabia Saudita, de cualquier lugar donde podíamos encontrarlos. A menudo los llamaban los afganos, aunque muchos de ellos, como Ben Laden, no eran afganos. Fueron traídos por la CIA y sus amigos de otras partes. No sé si Brzezinski dice la verdad o no. Pudo haber estado alardeando. Pero tal vez sea cierto. Algún día lo sabremos si publican los documentos. En enero de 1980 ya no cabía duda alguna de que Estados Unidos estaba organizando a los afganos y esa masiva fuerza militar para tratar de causar el máximo de problemas a los rusos. Era legítimo que los afganos combatieran contra la invasión rusa. Pero la intervención de Estados Unidos no estaba ayudando a los afganos. En realidad, ayudó a destruir el país y mucho más. Los llamados afganos se salieron con la suya. Obligaron a los rusos a retirarse, aunque muchos analistas creen que probablemente retardaron su retirada porque, desde antes, estaban buscando la manera de irse. De todas maneras, como sea, se retiraron.

Mientras tanto, las fuerzas terroristas que la CIA estaba organizando, armando y entrenando continuaron con su propia agenda. No era nada secreto. Uno de sus primeros actos fue en 1981, cuando asesinaron al presidente de Egipto, que fue uno de sus creadores más entusiastas. En 1983, un atacante suicida (que puede o no haber estado conectado con ellos, eso es bastante oscuro, nadie lo sabe) hizo salir a los militares norteamericanos del Líbano. Y la cosa continuó. Estados Unidos logró movilizarlos para que combatieran por su causa, pero mientras estaban haciendo lo suyo. Sabían muy bien a dónde iban. Después de 1989, cuando los rusos se habían retirado, simplemente se volcaron en otras direcciones. Desde entonces han estado luchando en Chechenia, China occidental, Bosnia, Cachemira, el sudeste asiático y Africa del Norte, entre otras partes.

Nos dicen exactamente lo que piensan. Estados Unidos quiere silenciar el único canal de televisión libre en el mundo árabe, porque está emitiendo toda una gama de opiniones desde Colin Powell hasta Osama ben Laden. Así que Estados Unidos se está uniendo ahora a los regímenes represivos del mundo árabe para tratar de clausurarlo. Pero si uno escucha lo que dice Ben Laden, vale la pena. Si no se quiere escuchar su propia voz, hay numerosas entrevistas realizadas por importantes reporteros occidentales, entre otros Robert Fisk. Lo que ha dicho es bastante consecuente. No es el único, pero tal vez sea el más elocuente. No sólo ha sido sólo consecuente desde hace tiempo, también es consecuente en sus acciones. Existen todas las razones del mundo para tomarlo en serio.

Sus enemigos principales son los que denomina regímenes autoritarios, corruptos y opresivos del mundo árabe, y cuando dice eso, tiene bastante resonancia en toda la región. También quieren remplazarlos por auténticos gobiernos islamistas. Y ahí es donde pierden el apoyo de la gente de la zona. Pero hasta ese momento, lo apoyan. Desde su punto de vista, incluso Arabia Saudita, el Estado fundamentalista más extremo del mundo (supongo que fuera de los talibanes, que son sus vástagos), tampoco es suficientemente islamista. También quieren defender a los musulmanes en todas partes. Odian a los rusos como si fueran veneno, pero en cuanto los rusos se retiraron de Afganistán, dejaron de realizar actos terroristas en Rusia, como lo había hecho con respaldo de la CIA antes, dentro de Rusia, no sólo en Afganistán. Se trasladaron a Chechenia. Pero ahí están defendiendo a los musulmanes contra una invasión rusa. Al igual que en los otros sitios que he mencionado. Desde su punto de vista, están defendiendo a los musulmanes contra los infieles. Eso lo tienen muy claro y es lo que han estado haciendo.

¿Por qué se pusieron contra Estados Unidos? Eso tuvo que ver con lo que consideran una invasión de Arabia Saudita por parte de Estados Unidos. En 1990 Estados Unidos estableció bases militares permanentes en Arabia Saudita, lo que desde su punto de vista es comparable con la invasión rusa de Afganistán, con la excepción de que Arabia Saudita es mucho más importante. Ahí se encuentran los sitios más sagrados del Islam. Y éste es el motivo por el cual sus actividades se volvieron contra Estados Unidos. En 1993 trataron de hacer volar el World Trade Center. Lo lograron en forma parcial, no completamente, y eso era sólo una parte de sus planes. Querían volar el edificio de la ONU, los túneles Holland y Lincoln, el edificio de la FBI. La lista era más larga. Una persona que está en la cárcel por ese atentado es un clérigo egipcio que había entrado a Estados Unidos a pesar de las objeciones del Servicio de Inmigración, gracias a la intervención de la CIA, que ayudó a su amigo. Dos años más tarde hizo volar el World Trade Center. Y eso ha estado ocurriendo en todos los sentidos. No voy a repasar toda la lista, pero si se quiere comprender, todo concuerda. Es un cuadro consistente. Está descrito en palabras. Se ha revelado en la práctica durante 20 años. No hay razón para no tomarlo en serio.

Categoría 2: Base de apoyo: ¿Cuál es la base de apoyo? No es difícil descubrir en qué consiste. Una de las cosas buenas que han ocurrido desde el 11 de septiembre es que un sector de la prensa comenzó a revelar algunas de estas cosas. El mejor, que yo sepa, es The Wall Street Journal, que de inmediato comenzó a publicar informes serios sobre las razones por las que la gente de la región, aunque odia a Ben Laden, y a pesar de todo lo que está haciendo, lo sigue apoyando en muchos sentidos e incluso lo considera como la conciencia de Islam. Ahora bien, The Wall Street Journal y otros no auscultan la opinión pública. Están auscultando la opinión de sus amigos: banqueros, profesionales, abogados internacionales, empresarios ligados a Estados Unidos, gente que entrevistan en restaurantes MacDonald, que allá son sitios elegantes, portando exquisitas vestimentas norteamericanas. Esa es la gente que han estado entrevistando, porque quieren descubrir cuáles son sus actitudes. Sus actitudes son muy explícitas y claras, y de muchas maneras concordantes con el mensaje de Ben Laden y otros. Están furiosos con Estados Unidos por su apoyo a regímenes autoritarios y brutales; su intervención para bloquear cualquier tendencia hacia la democracia; su intervención para detener el desarrollo económico; sus políticas de devastación de las sociedades civiles de Irak, mientras fortalecen a Saddam Hussein, y recuerdan, aunque nosotros preferimos no hacerlo, que Estados Unidos y Gran Bretaña apoyaron a Saddam durante sus peores atrocidades, incluyendo el asesinato con gas de los kurdos; Ben Laden recuerda esos actos constantemente, y lo saben aunque nosotros no lo queramos saber. Y desde luego, el apoyo a la ocupación militar israelí, dura y brutal, que ya lleva 35 años. Estados Unidos ha estado proveyendo un abrumador apoyo económico, militar y diplomático para posibilitar esa ocupación, y sigue haciéndolo. Lo saben y no les gusta. Especialmente cuando se combina con la política de Estados Unidos hacia la sociedad civil iraquí que está siendo destruida. Esas son básicamente las razones. Y cuando Ben Laden da esas razones, la gente lo reconoce y lo apoya.

Esa no es la manera como la gente de acá quiere ver las cosas, por lo menos no la opinión liberal educada. Les gusta la línea que es repetida por toda la prensa, y sobre todo por los liberales de izquierda. No he hecho un verdadero estudio, pero pienso que la opinión de derecha ha sido, generalmente, más honesta. Pero si uno considera, por ejemplo, The New York Times, las cosas cambian. En la primera columna de opinión que publicó ese diario, la de Ronald Steel, un intelectual liberal serio de izquierda, se pregunta "¿Por qué nos odian? Nos odian porque abogamos por un nuevo orden mundial de capitalismo, individualismo, secularismo y democracia, que debiera ser la norma por todas partes. Por eso nos odian." El mismo día, The Wall Street Journal pasó revista a las opiniones de banqueros, profesionales, abogados internacionales, que dijeron: "Miren, los odiamos porque ustedes están bloqueando la democracia, ustedes están impidiendo el desarrollo económico, ustedes están apoyando regímenes brutales, regímenes terroristas y ustedes están cometiendo cosas horribles en la región".

Dos días más tarde, Anthony Lewis, ubicado bien a la izquierda, explicó que el terrorista sólo busca el "nihilismo apocalíptico", y no importa qué es lo que hagamos. La única consecuencia de nuestras acciones que podría ser dañina, dice, es que podría dificultar el que los árabes se unan al esfuerzo de la coalición contra el terrorismo. Pero fuera de eso, todo lo que hagamos es irrelevante. Bueno, por lo menos es algo reconfortante. Hace que nos sintamos bien y que nos digamos lo maravillosos que somos. Nos posibilita evadir las consecuencias de nuestras acciones. Pero tiene un par de defectos. Uno es que no tiene nada que ver con todo lo que sabemos. Y otro es que es la manera perfecta de asegurarse de que escalemos el ciclo de la violencia.

Si uno quiere vivir con los ojos cerrados y pretender que nos odian porque se oponen a la globalización, ese sería el motivo por el que asesinaron a Sadat hace 20 años, porque combatieron contra los rusos o trataron de volar el World Trade Center en 1993. Y se trata de gente que está en medio de la globalización corporativa, pero si uno quiere creer eso, es reconfortante. Y es una forma de asegurarse de que la violencia escale. Es una violencia tribal: "Ustedes me hicieron algo. Yo les haré algo peor. No me importa cuáles son los motivos. Seguiremos por ese camino." Y es una forma de hacerlo." Es clara la opinión liberal de izquierda.

Las opciones políticas

¿Cuáles son las opciones políticas? Hay una multitud. Una opción política estrecha desde el principio fue seguir el consejo de radicales extremos como el Papa. El Vaticano dijo de inmediato: "Miren, se trata de un horrible crimen terrorista." En el caso de un crimen, uno trata de encontrar a los perpetradores, los presenta a la justicia y los juzga. No se mata a civiles inocentes. Es como si alguien roba en mi casa y pienso que el que lo hizo vive en el vecindario al otro lado de la calle. No salgo con un fusil de asalto a matar a todos en ese vecindario. No es la forma como se enfrenta el crimen, sea un crimen pequeño o uno realmente masivo como el de la guerra terrorista de Estados Unidos contra Nicaragua, o incluso crímenes peores. Y hay numerosos precedentes que vienen al caso.

Cuando el Ejército Republicano Irlandés colocó bombas en Londres, fue un asunto bastante serio. Gran Bretaña podría haber respondido bombardeando Boston, que es la principal fuente de financiamiento del IRA. Y desde luego, arrasando Belfast occidental. Ahora bien, fuera de la factibilidad, hubiera sido una idiotez criminal. El camino fue: buscar a los perpetradores, juzgarlos y buscar los motivos que lo animaron. Porque esas cosas no vienen de ninguna parte. Ocurren por alguna razón. Acaso se trate de un crimen en las calles o de un monstruoso crimen terrorista, o de algo diferente. Hay motivos. Y usualmente, si se consideran los motivos, algunos son legítimos y debieran ser considerados.

Pero eso presenta problemas. Un problema es que Estados Unidos no reconoce la jurisdicción de algunas instituciones internacionales. Así que no podemos recurrir a ellas. Ha rechazado la jurisdicción de la Corte Mundial. Se ha negado a ratificar la Corte Penal Internacional. Es suficientemente poderoso para establecer una nueva corte, si quiere hacerlo. Pero hay un problema con cualquier tipo de corte, sobre todo que se requiere evidencia. Para ir a cualquier clase de corte, se requiere alguna clase de evidencia. No a Tony Blair hablando por televisión. Y eso sí que es difícil. Puede ser imposible de encontrar.

Resistencia sin dirigentes

Saben que la gente que lo hizo se mató. Nadie lo sabe mejor que la CIA. Son redes descentralizadas, no jerárquicas. Siguen un principio denominado resistencia sin dirigentes, que fue desarrollado por los terroristas de la derecha cristiana en Estados Unidos. Se trata de pequeños grupos que realizan actos. No hablan con nadie más. Existe una especie de antecedentes generales de suposiciones, y la cosa se hace. En realidad, la gente en el movimiento contra la guerra está bastante familiarizada con el tema. Solíamos llamarlos grupos de afinidad. Si uno supone correctamente que el grupo al que uno pertenece está siendo penetrado por la FBI, cuando algo serio está sucediendo, no se hacen las cosas en una reunión. Se hacen con personas que uno conoce y en las que confía, un grupo de afinidad que no puede ser infiltrado. Es una de las razones por las que la FBI nunca logró descubrir lo que sucedía en los movimientos populares. Y lo mismo vale para otras agencias de inteligencia. No pueden. Eso es resistencia sin dirigentes o grupos de afinidad, y las redes descentralizadas son muy difíciles de infiltrar.

Cuando Osama ben Laden pretende que no estuvo implicado, es posible que así sea. En realidad es bastante difícil imaginar cómo un individuo que vive en una cueva en Afganistán, que ni siquiera tiene radio o teléfono, podría haber planificado una operación altamente sofisticada. Lo probable es que forme parte del fondo. Como en otros grupos terroristas de resistencia sin dirigentes. Lo que significa que va a ser extremadamente difícil encontrar pruebas.

Y Estados Unidos no quiere presentar pruebas porque quiere poder actuar sin tenerla. Es la parte crucial de nuestra reacción. Nótese que Estados Unidos no pidió la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, que probablemente habría recibido este caso, no por hermosas razones, sino porque los otros miembros permanentes de dicho consejo también son Estados terroristas. Están contentos de unirse a una coalición contra lo que llaman el terror, concretamente en apoyo de su propio terror. Así que Estados Unidos probablemente habría obtenido la autorización del Consejo de Seguridad, pero no la quería. Y no la quería porque sigue un principio que viene de largo, que no es de George Bush, que fue algo explícito en la administración Clinton, articulado y aun mucho más antiguo: el derecho de actuar unilateralmente.

No queremos autorización internacional porque actuamos unilateralmente y por ello no la deseamos. No nos preocupan la evidencia ni la negociación. No nos preocupan los tratados. Somos el más fuerte del mundo; el perdonavidas más duro del barrio. Hacemos lo que nos da la gana. Una autorización es algo malo y hay que evitarla. Hay incluso un nombre para esta conducta en la literatura técnica, se llama establecer credibilidad. Es un factor importante en muchas políticas. Fue la razón oficial dada para la guerra en los Balcanes y la razón más plausible.

Si quieren saber lo que significa credibilidad, pregúntenle a su capo preferido de la mafia. El les explicará lo que significa credibilidad. Y es lo mismo en los asuntos internacionales, excepto que se discute en las universidades utilizando grandes palabras. Pero es básicamente el mismo principio. Tiene sentido y generalmente funciona. El principal historiador que ha escrito sobre esto en los últimos años es Charles Tilly, en un libro titulado Coerción, capital y los Estados europeos. Señala que la violencia ha sido el principio fundamental de Europa durante siglos y la razón es que funciona, si se tiene una predominancia abrumadora de la violencia y una cultura de la violencia que la respalda. Por eso tiene sentido seguirla. Todos estos son problemas que se presentan cuando se siguen caminos legales. Y si usted tratara de seguirlos, abriría verdaderamente algunas puertas muy peligrosas. Como la de Estados Unidos exigiendo que los talibanes entregaran a Osama ben Laden. Y ellos respondieron de una manera que se considera totalmente absurda y extravagante en Occidente, porque dijeron: "Está bien, pero primero denos alguna evidencia." En Occidente eso se considera absurdo. Es un signo de su criminalidad.

Haití

Esto es fácil de probar. No tenemos que inventar casos. Por ejemplo, en los últimos años Haití ha solicitado a Estados Unidos que extradite a Emmanuel Constant, un asesino importante. Es uno de los principales responsables de la matanza de unas 4.000 o 5.000 personas a mediados de los años 90, bajo la junta militar, que casualmente estaba siendo apoyada por las administraciones de Bush y de Clinton. Tienen muchas evidencias. En esa materia no hay problemas. Ya ha sido juzgado y condenado en Haití y las autoridades piden a Estados Unidos que lo entregue. Bien, quiero que ustedes realicen su propia investigación. Vean cuánto se ha discutido el tema. Haití renovó el pedido hace dos semanas. Pero el caso ni siquiera fue mencionado. ¿Por qué vamos a entregar a un asesino convicto responsable del asesinato de 4.000 o 5.000 personas hace dos años? En realidad, si lo entregáramos, quién sabe lo que diría. Tal vez diría que estaba siendo financiado y ayudado por la CIA, lo que probablemente es cierto. No queremos abrir esa puerta. Y no es el único caso.

Costa Rica

Quiero decir que durante unos 15 años, Costa Rica, que se ha llevado el premio de la democracia, ha estado tratando de que Estados Unidos le entregue a John Hull, un propietario de tierras en Costa Rica al que acusan de crímenes terroristas. Estaba utilizando la tierra, aseguran con bastante evidencia, como una base para la guerra de Estados Unidos contra Nicaragua, lo que no es una conclusión controvertible. La Corte Mundial y el Consejo de Seguridad la respaldan. Así que tratan de conseguir que Estados Unidos lo entregue. ¿Han oído hablar del tema? No.

En realidad confiscaron las tierras de otro terrateniente norteamericano, John Hamilton. Pagaron una compensación y convirtieron sus terrenos en parque nacional, porque esas tierras también estaban siendo utilizadas como base para el ataque de Estados Unidos contra Nicaragua. Costa Rica fue castigada por hacerlo. Fueron castigados mediante la retención de la ayuda: "No aceptamos ese tipo de insubordinación de nuestros aliados." Podemos continuar, y si se abre la puerta a preguntas sobre extradición, nos conducirá en direcciones muy desagradables.

¿Y qué pasa con las reacciones en Afganistán? La retórica inicial hablaba de un ataque masivo que mataría visiblemente a mucha gente y también de un ataque contra otros países en la región. Bien, la administración de Bush se apartó sabiamente de esa idea. Todos los dirigentes extranjeros, la OTAN, los especialistas, y supongo que también sus propias agencias de inteligencia, le dijeron que sería la cosa más estúpida que podrían hacer. Simplemente sería como si abrieran oficinas de reclutamiento para Ben Laden en toda la región. Es exactamente lo que quiere. Y sería extremadamente dañino para sus propios intereses. Así que se apartaron de esa idea, y se están orientando hacia lo que describí antes: una especie de genocidio silencioso.

Una propuesta sensata está a punto de ser considerada: que haya una iniciativa de la ONU que reúna a afganos expatriados o a supuestos dirigentes tribales del interior, que mantendría totalmente fuera del asunto a rusos y norteamericanos. Son los dos países que prácticamente han borrado al país del mapa en los últimos 20 años. Deben permanecer fuera del asunto y pagar indemnizaciones. Pero es su único papel. Es concebible que una iniciativa de la ONU para reunir a elementos del interior de Afganistán, que podría tratar de construir algo sobre las ruinas, funcionaría, con mucho apoyo y ninguna interferencia. Si Estados Unidos insiste en controlar el proceso, igual podríamos abandonarlo. Tenemos una experiencia histórica al respecto.

Recordarán que al principio el nombre de esta operación iba a ser una Cruzada, pero lo dejaron de lado porque los agentes de relaciones públicas les dijeron que no funcionaría. Después iba a ser Justicia Infinita, pero los agentes de relaciones públicas les dijeron: "esperen un momento, ustedes suenan como si fueran una divinidad". Así que no funcionaría. Y entonces lo cambiaron a Libertad Duradera. Sabemos lo que significa. Pero nadie ha señalado hasta ahora, por suerte, que eso contiene una ambigüedad (Endure = durar en inglés, también significa soportar, aguantar dolor o sufrimiento, N.d.T). Endure implica sufrir. Y hay mucha gente en el mundo que ha sufrido lo que llamamos libertad. Por suerte tenemos a una clase educada de excelente comportamiento, así que nadie ha señalado esa ambigüedad.

Un camino fácil para reducir el nivel del terror

Queremos reducir el nivel del terror, no escalarlo, y un camino fácil para lograrlo es dejar de participar en el terror. Eso reduciría automáticamente el nivel del terror. Pero eso no puede ser discutido. Bueno, debemos hacer posible que se discuta la idea. Así que esa es una manera fácil de reducir el nivel del terror.

Fuera de eso, debemos repensar el tipo de políticas, y Afganistán no es la única, con las que organizamos y entrenamos a ejércitos terroristas. Tienen consecuencias, y estamos viendo algunas ahora. Un caso es el 11 de septiembre. Repiénsenlo.

Repiensen las políticas que están creando una base de apoyo. Exactamente lo que banqueros y abogados están diciendo en sitios como Arabia Saudita. En las calles las opiniones son mucho más amargas, como se pueden imaginar. Es posible. Esas políticas no son eternas.

Y además hay oportunidades. Es difícil encontrar muchos rayos de luz en las últimas semanas, pero uno es que hay más franqueza. Muchos temas están siendo discutidos en los círculos de la élite y entre el público en general. Este no era el caso hace dos semanas. Si un periódico como USA Today puede publicar un excelente artículo, un artículo serio, sobre la vida en la Franja de Gaza, es que ha habido un cambio. Las cosas que mencioné, publicadas en The Wall Street Journal, son otro cambio. Y creo que en el público en general hay mucha más franqueza y disposición a pensar sobre cosas que estaban ocultas bajo la alfombra. Son oportunidades y deben ser aprovechadas, por lo menos por la gente que acepta el objetivo de tratar de reducir el nivel de violencia y terror, incluyendo amenazas potenciales que son extremadamente severas y que podrían hacer que el 11 de septiembre pareciera nimio.


 * La fuente: la conferencia de Chomsky fue publicada por Z Magazine (www.zmag.org) y el diario mexicano La Jonada (www.jornada.unam.mx). La traducción del inglés pertenece a Germán Leyens.

 

 

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