Número 150  //  30 de noviembre de 2001  //  15 Ramadan 1422 A.H.

 CONCIENCIA

Nueva perspectiva de la realidad

The Brain/ Mind Bulletin




 

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El neurólogo Karl Pribram, de la Universidad de Stanford, y el físico David Bohm, de la Universidad de Londres, han adelantado teorías que, en tándem, parecen dar cuenta de toda experiencia trascendental, de los acontecimientos paranormales e incluso de las rarezas perceptivas «normales». Las implicaciones para cualquier aspecto de la vida humana, así como para la ciencia, son tan profundas que hemos dedicado un número a este tema.

 

Con estos avances se cumplen predicciones que la tan esperada teoría

 

1)       deduciría de las matemáticas teóricas y

2)       establecería lo «sobrenatural» como parte de la naturaleza.

 

La teoría, resumida, viene a decir esto: “nuestros cerebros construyen matemáticamente la realidad «concreta» al interpretar frecuencias de otra dimensión, una esfera de realidad primaria significativa, pautada, que trasciende el espacio y el tiempo. El cerebro es un holograma que interpreta un universo holográfico.”

 

Los fenómenos alterados de la conciencia (que reflejan estados modificados del cerebro) pueden deberse a una armonización literal con la matriz invisible que genera la realidad «concreta». Esto tal vez permita la interacción con la realidad a un nivel primario, dando así cuenta de la precognición, de la psicokinesis, de la distorsión temporal, del aprendizaje rápido... y la experiencia de la «unidad con el universo», la convicción de que la realidad ordinaria es una ilusión, las descripciones de un vacío paradójicamente lleno, como en el dicho taoísta: «Lo real es vacío y lo vacío es real».

 

Las personas interesadas en la conciencia humana han estado hablando durante varios años del «paradigma emergente», una teoría integral que recogería toda la maravillosa vida salvaje de la ciencia y del espíritu. He aquí, al fin, una teoría que casa la biología con la física en un sistema abierto: el paradigma paradójico y sin fronteras que nuestra ciencia esquizofrénica ha estado pidiendo a gritos.

 

En el libro You and Your Brain, publicado en 1963, Judith Groch observó que los acontecimientos paranormales podían ignorarse precisamente porque no convenían al marco de nuestro conocimiento. Einstein, incapaz de reconciliar las inconsecuencias de la física de Newton, «abrió una puerta teórica a través de la cual los científicos se lanzaron en persecución de un conocimiento situado al otro lado». Groch dio a entender que el cerebro se hallaba a la espera de su Einstein.

 

Es apropiado decir que este paradigma radical, satisfactorio, ha surgido de Pribram, neurocirujano e investigador del cerebro, amigo del maestro de zen occidental Alan Watts... y de Bohm, físico teórico, amigo íntimo de Krishnamurti y antiguo colaborador de Einstein.

 

¿Qué es la holografía?

 

La holografía es un método de fotografía sin lente en donde el campo de onda de luz esparcido por un objeto se recoge en una placa como patrón de interferencia. Cuando el registro fotográfico —el holograma— se coloca en un haz de luz coherente como el láser se regenera el patrón de onda original. Aparece entonces una imagen tridimensional. Como no hay ninguna lente de enfoque, la placa aparece como un patrón absurdo de remolinos. Cualquier trozo del holograma reconstruirá toda la imagen.

 

El holograma como modelo de una nueva descripción de la realidad.

 

El físico David Bohm dice que el holograma es el punto de partida de una nueva descripción de la realidad: el orden plegado. La realidad clásica se ha centrado en manifestaciones secundarias —el aspecto desplegado de las cosas—, y no en su fuente. Estas apariencias se abstraen de un flujo intangible, invisible, que no se compone de partes. Se trata de una interconexión inseparable. Bohm dice que la ciencia que pretende separar el mundo en sus partes no puede descubrir las leyes físicas primarias.

 

Existen implicaciones interesantes en un paradigma que dice que el cerebro utiliza un proceso holográfico para hacer abstracciones de un dominio holográfico. Los parapsicólogos han buscado en vano la energía que puede transmitir la telepatía, la psicokinesis, la curación, etcétera. Si estos sucesos provienen de frecuencias que trascienden el espacio y el tiempo, no tienen por qué ser transmitidos. Son potencialmente simultáneos y están en cualquier parte.

 

Los cambios efectuados en los campos magnéticos, electromagnéticos o gravitacionales y los efectuados en los patrones eléctricos del cerebro no serían sino manifestaciones superficiales de factores subyacentes aparentemente inconmensurables. J. B. Rhine, pionero de la parapsicología moderna, no creía que pudiera encontrarse una energía. El psicólogo Lawrence Le Shan, autor de Alternative Reality, cree que la energía es un concepto menos útil en la curación psíquica que cierta fusión de identidad, tal vez una resonancia.

 

La realidad primaria puede ser una esfera de frecuencia

 

¿Es la realidad producto de una matriz invisible?

 

«Creo que nos hallamos en medio de un cambio de paradigma que abarca toda la ciencia», dijo Karl Pribram en una conferencia reciente de Houston, New Dimensions in Health Care. En ella expuso una poderosa teoría polifacética que podría dar cuenta de la realidad sensorial como un «caso especial» construido por las matemáticas del cerebro, pero sacado de un dominio situado más allá del tiempo y del espacio y donde sólo existen frecuencias.

 

La teoría podría dar cuenta de todos los fenómenos que parecen contravenir la «ley» científica existente al demostrar que tales restricciones son producto de nuestras construcciones perceptuales. La física teórica ha demostrado ya que los acontecimientos no pueden describirse en términos mecánicos a niveles subatómicos.

 

Pribram, famoso investigador del cerebro, ha reunido durante una década pruebas de que la «estructura profunda» del cerebro es esencialmente holográfica, de modo análogo al proceso fotográfico sin lente por el que Dennis Gabor recibió el premio Nobel.

 

La teoría de Pribram ha recibido más y más apoyos y nadie la ha contestado en serio. Un cuerpo impresionante de investigación efectuada en muchos laboratorios ha demostrado que las estructuras del cerebro ven, oyen, gustan, huelen y sienten mediante un sofisticado análisis matemático de las frecuencias temporales y/o espaciales. Una de las propiedades misteriosas del holograma y del cerebro estriba en la distribución de información a través del sistema, con cada fragmento codificado para producir la información del todo.

 

Aunque el modelo holográfico ha tenido respuestas fructíferas, ha suscitado una cuestión que obsesiona a Pribram. ¿Quién miraba el holograma? ¿Quién era el «pequeño hombre dentro del pequeño hombre», lo que Arthur Koestler llamaba «el fantasma dentro de la máquina»? Tras sufrir angustiosamente con este problema durante cierto tiempo, Pribram decidió, según sus propias palabras, que si la cuestión había fastidiado a todo el mundo desde Aristóteles hasta hoy, ello se debía, tal vez, a que la cuestión era falsa. «Así que me pregunté: ¿Y si el mundo real no está hecho después de todo con objetos? ¿Y si es un holograma?»

 

La conversación de Pribram con su hijo, un físico, lo llevó a las teorías recientes de David Bohm. Se emocionó al descubrir que Bohm especulaba con que la índole del universo podría parecerse más a un holograma, un campo de frecuencias y potencialidades subyacente a la ilusión de concreción. Bohm señalaba que, desde Galileo, la ciencia había objetivado la naturaleza al contemplarla a través de lentes.

 

Pribram se sobrecogió ante el pensamiento de que las matemáticas del cerebro pudieran ser «una forma más cruda de lente. Tal vez la realidad no sea lo que vemos con nuestros ojos. Si no tuviésemos esa lente es posible que conociésemos un mundo organizado en el campo de frecuencia. Ni espacio ni tiempo, sino únicamente acontecimientos. ¿Puede “leerse” esa realidad en ese campo?». La experiencia trascendental sugería que hay acceso al dominio de la frecuencia, la realidad primaria.

 

«¿Y si existe una matriz que no objetiva a menos que le hagamos algo?» Cabe que las propias representaciones del cerebro, su abstracción, sean idénticas a un estado del universo.

 

Pribram apuntaba las extraordinarias intuiciones de los místicos y de los antiguos filósofos durante siglos, anteriores a la verificación científica. Un ejemplo lo constituye la descripción de la glándula pineal como «tercer ojo». Últimamente se descubrió que la glándula pineal podría ser una especie de superglándula maestra, puesto que su secreción de melatonina regula las actividades de la pituitaria, considerada desde hace tiempo la glándula maestra del cerebro.

 

El filósofo del siglo XVIII Leibniz describió un sistema de «mónadas» que coincidía sorprendentemente con el nuevo paradigma, apuntaba Pribram. Su descubrimiento del cálculo integral le permitió a Gabor inventar el holograma doscientos años más tarde.

 

«¿Cómo surgieron estas ideas durante milenios antes de que dispusiéramos de las matemáticas para comprenderlas? —se preguntó Pribram—. Tal vez porque en el estado holográfico, en el dominio de la frecuencia, hace 4.000 años sea mañana. La filosofía oriental llegó en el pasado al pensamiento occidental. Cada cierto tiempo tenemos estas intuiciones que nos remontan al infinito —dijo a su audiencia—. El que esta vez se mantenga o que le demos una vez más un rodeo es algo que depende de nosotros. El espíritu del infinito podría devenir parte de nuestra cultura y no “algo excesivo”.»

 

Las paradojas de Pribram: ¿Cómo conoce el cerebro?

 

La investigación y la teoría de Karl Pribram abarcan todo el espectro de la conciencia humana: el aprendizaje y los trastornos de aprendizaje, la imaginación, el significado, la percepción, la intención, las paradojas de la función del cerebro. He aquí algunos conceptos clave:

 

·          Los intrincados dispositivos matemáticos del cerebro pueden depender de interacciones de las uniones entre células (sinapsis) por medio de una red de fibras finas establecida en los axones ramificantes. Los impulsos nerviosos de esta red de fibras finas se manifiestan en ondas lentas con capacidad para llevar a cabo las matemáticas. (Otros investigadores han especulado con que el ritmo de onda cerebral alfa puede ser un dispositivo cronométrico necesario para esta computación.)

 

·          La información del cerebro puede distribuirse como holograma. Parece que el cerebro tiene una capacidad de procesamiento paralelo que apunta a una óptica de modelos en donde las conexiones están formadas por senderos atravesados por la luz, además de sus conexiones más limitadas de ordenador digital o lineal. Un modelo de distribución semejante al del holograma explicaría también cómo una determinada memoria no tiene ninguna ubicación sino que está esparcida por el cerebro.

 

·          Una especie de efecto estéreo de input sensorial, auditivo, kinésico, etcétera, hace que la percepción puntual salte al espacio, como cuando dos altavoces en estéreo están tan equilibrados que el sonido parece salir de un punto medio entre ambos. Estos fenómenos implican alternación de frecuencia y relaciones de fase.

 

·          Pribram se figuraba que la experiencia trascendental también podía implicar cierto tipo de proyección. Decía que sus observaciones de la experiencia transcendental señalaban cierto papel de los circuitos en torno a la amígdala y que controlan la unión de los mecanismos de retroalimentación y de avance en el cerebro. Estos circuitos han sido la sede de trastornos patológicos, así como lo déjá vu y la «conciencia sin contenido» de los estados místicos.

 

·          Cree que se demostrará cómo las neuropéptidas (ver Bl MB, junio 20, 1978), las moléculas grandes recientemente descubiertas, regulan los emisores cerebrales y representan un adelanto decisivo en la comprensión de la función del cerebro.

 

·          Pribram cree que la experiencia mística no es más rara que otros fenómenos, tales como la depresión selectiva del ADN a fin de formar primero un órgano y luego otro. Los científicos más productivos, dice, «están dispuestos y en condiciones de defender el espíritu como dato. Es ciencia tal como se concibió en un principio: la búsqueda de entendimiento. Los días de los tecnócratas insensibles y prácticos parecen estar contados».

 

·          Apuntaba que no existe la metáfora, o, en cierto sentido, que toda metáfora es cierta. «Todo es isomorfo.» (En la filosofía oriental: «Como arriba, también abajo».) Tal vez estemos hora experimentando los efectos de un holograma social, de un modelo de interconexión de individuos. La sincronicidad, coincidencia significativa, tiene sentido en un universo significativo, holográfico. Pribram proponía que hasta la distribución aleatoria está basada en principios holográficos y, por lo tanto, está determinada. «La incertidumbre de la ocurrencia de los acontecimientos sólo es superficial... » Hay simetrías subyacentes, y no sólo acontecimientos fortuitos. Citaba las observaciones recientes de «giros» en la física y la insistencia de Einstein en que «Dios no juega a los dados con el universo».

 

La teoría de las implicaciones afecta a todos los aspectos de la vida humana

 

La nueva teoría tiene implicaciones tremendas en términos del individuo por afectar a su vida, a su «realidad», y un poder impresionante para unificar descubrimientos dispares en la investigación de la conciencia.

 

Aprendizaje: Desde hace décadas los educadores saben que la ansiedad socava la capacidad de aprendizaje. A juzgar por la actividad ondular del cerebro, la ansiedad es como un estado estático, más ruidoso, arrítmico. Los métodos de enseñanza pueden intentar fomentar estados armónicos, relajados, en los estudiantes con técnicas centralizadoras o meditativas, biofeedback, combinaciones de tipo sugestivo de música y ejercicios de respiración. El entendimiento más profundo del cerebro como analizador complejo de frecuencia genera más respeto por las diferencias individuales en el estilo de aprendizaje.

 

Salud: Se subraya la responsabilidad individual de la salud una vez que resulta evidente que hay acceso a la esfera primaria de la realidad que crea la enfermedad o el bienestar. Esto no significa que no sean importantes los factores ambientales: nutrientes, luz, ionización y sonido afectan la salud al nivel de frecuencias.

 

Formas de curación que combinan las imágenes con los estados modificados de la conciencia, como el entrenamiento autogénico, la hipnosis, la psicosíntesis, adquieren mucho sentido si la imagen interactúa con un estado simultáneo de toda posibilidad. Esta circunstancia podría tranquilizar a los pacientes escépticos, ¡y ahorrar el coste de los placebos!

 

Psicoterapia y religión: Las descripciones figurativas en sentido de flujo, como ocurre en el amor, la alegría, la confianza y el proceso creador, pueden reflejar realmente estados de conciencia en resonancia con el aspecto de «onda» holística de la realidad. La ansiedad, la cólera y el «bloqueo» representarían estados fragmentados.

 

Transformación personal: ¿Coinciden las experiencias personales profundas, transformadoras, con la harmonización con las subyacentes simetrías universales? La investigación de la conciencia ha vinculado ya la actividad del sistema límbico del cerebro con tales experiencias. Cabe que el término «trascendencia» resulte ser una descripción literal, una especie de relación fásica entre dos procesos cerebrales que por lo general se consideran mutuamente excluyentes: el analítico y el holístico (como las partículas y la onda), el intelectual y el intuitivo.

 

Atención: ¿Tiene verdadera correlación el conocimiento concentrado con un estado de armonía universal? La atención se entiende poco. Algunos pacientes de biofeedback curan sus jaquecas elevando la temperatura de sus manos, otros bajándola. Los investigadores están empezando a creer que la calidad de la atención tal vez sea más importante que el aprendizaje real del autocontrol fisiológico.

 

Filosofía y evolución: La idea que Pierre Teilhard de Chardin tenía de la noesfera, un tejido planetario invisible de conciencia en desarrollo, resulta interesante a la luz de la nueva teoría. Lo mismo ocurre con la antiquísima noción esotérica de que existen otras dimensiones de la realidad en frecuencias que normalmente no son perceptibles por nosotros. Y piénsese en los alquimistas, quienes creían poder transmutar los elementos de la tierra si pudieran alcanzar el punto de máxima armonía dentro de ellos mismos.

 

Las artes: Los universales evidentes de la calidad estética podrían reflejar la simetría subyacente, las frecuencias, las relaciones fásicas a que responde nuestro cerebro. La música clásica se emplea cada vez más para modificar la conciencia. Un físico ha especulado con la idea de que los grandes acordes de Beethoven activan los chakras.

 

¿Se debe el cambio a la resonancia y no a la técnica?

 

Un psicoanalista neoyorkino ha propuesto que el holograrna es un modelo válido para explicar el fenómeno de la intuición o del cambio repentino en psicoterapia.

 

Edgar A. Levenson señaló que tales cambios ocurren en la gama de métodos psicoanalíticos y, por lo tanto, tienen que deberse a otra cosa que un método específico. La técnica, decía, no es más que una serie de preparativos ceremoniales para el cambio.

 

«Ya sea repentino o pernicioso, dramático o por defecto, el cambio no se efectúa por orden de ninguna técnica ni procedimiento. Si su vida dependiese de ello, ningún terapeuta podría obtener ningún resultado terapéutico por orden... Como la mística o la estética, la experiencia psicoanalítica es caprichosa y de poca confianza. »

 

Mas cuando la terapia va bien se da un fuerte sentimiento de que emerge un modelo escurridizo, un poderoso tema central evidente en todos los niveles a la vez. El terapeuta no dice nada nuevo al paciente, «pero razona con algo que el paciente ya conoce y lo clarifica. El cambio se produce como consecuencia de la expansión de los modelos configuracionales a lo largo del tiempo».

 

La interpretación del terapeuta no produciría en sí misma ningún cambio, «lo mismo que ningún punto en el espacio constituye una línea. No es tanto que el terapeuta tenga razón en sus formulaciones como que esté en armonía o resonancia con lo que le ocurre al paciente. Es como si una representación inmensa, tridimensional, espacialmente codificada, de la experiencia del paciente se desarrollase en la terapia, recorriendo cada aspecto de su vida, su historia y su participación con el terapeuta. En cierto momento hay una especie de “sobrecarga” y todo ocupa su lugar.» El modelo, o tema, había surgido dramáticamente para el paciente.

 

En el artículo de Contemporary Psychoanalysis (12: 1‑20), Levenson citaba el modelo holográfico de Karl Pribram sobre la función del cerebro y el concepto de David Bohm acerca del nivel holográfico «plegado», de la realidad.


El terapeuta fracasa porque explica, decía Levenson. Amplía el conocimiento de la modelación. Esta actividad de expansión y resonancia se acerca más que nada al verdadero substrato neuropsicológico de la revelación.

 

«El modelo holográfico sugiere un paradigma radicalmente nuevo que podría indicamos una nueva forma de percibir y conectar los fenómenos clínicos que siempre se han considerado importantes pero que se han relegado al “arte” de la psicoterapia. El error ha estado en nuestro modelo de comunicación: el transporte de un mensaje a través del espacio interpersonal.»

 

El método cuántico de acción cerebral complementa el modelo holográfico

 

Sigue afluyendo todo un torrente de comentarios, libros, ensayos y titulares en respuesta al número del 4 de julio del BrainIMind Bulletin, dedicado al incipiente modelo holográfico de la realidad basado en las teorías del neurólogo Karl Pribram y del físico David Bohm.

 

Los parapsicólogos Stanley Krippner, Charles Tart y Douglas Dean observaban que el modelo holográfico es consecuente con sus datos experimentales, sobre todo al postular el acceso al dominio que trasciende el tiempo y el espacio. Pero Jule Eisenbud cree que la teoría es demasiado mecanicista.

 

El físico Evan Harris Walker ha construido una teoría mecánica cuántica complementaria de los fenómenos físicos. Hace poco se ocupó específicamente de los acontecimientos subatómicos del cerebro: «Quantum Mechanical Tunneling in Synaptic and Ephaptic Transmission» (International Journal of Quantum Chemistry 11: 102‑127).

 

Terence y Dennis McKenna formularon una teoría afín en su libro The Invisible Landscape (Seabury, 1975), en un apartado excelente titulado «Hacia una teoría holográfica de la mente». Ampliaban la teoría holográfica del cerebro a la posibilidad de que el ADN y hasta las partículas subatómicas operan con principios holográficos.

 

El hológrafo Eugene Dolgoff constataba al BIMB que sus intentos fallidos por detectar transferencia de energía en si a finales de la década de 1960 lo llevó a la conclusión de que no era necesaria la transferencia. «Nada necesitaba ir de aquí para allí porque en esa esfera no existe ningún “allí”.»

 

Melvin Werbach, psiquiatra y clínico de biofeedback, cree que el holograma no sea tal vez nuestro último modelo, «pero puede servir al objetivo sumamente importante de proporcionarnos la posibilidad de una base científica a quienes nos senti mos a gusto pensando en términos holísticos». William McGarey, director de la A.R.E. Clinic de Phoenix, y George Baker, de la Graduate Theological Union de Berkeley, indicaron las implicaciones metafísicas del modelo de resonancia.

 
 

Cronología de una idea

 

1714 ‑ Gottffied Wilhelm von Leibniz, descubridor del cálculo integral y diferencial, dijo que por debajo del universo material hay una realidad metafísica que le sirve de base y lo genera. Espacio y tiempo, masa y movimiento de la física y transferencia de energías son constructos intelectuales.
 

1902 ‑ William James propuso que el cerebro filtra normalmente una realidad mayor.
 

1905 ‑ Albert Einstein publicó sus teorías.
 

1907 ‑ Henri Bergson dijo que la realidad última es un impulso vital que sólo es comprensible por intuición. El cerebro proyecta la realidad mayor.
 

1929 ‑ Alfred Whitehead, matemático y filósofo, describió la naturaleza como un gran nexo en expansión de acontecimientos que no terminaban en la percepción sensorial. Dualismos del tipo de espíritu/materia son falsos; la realidad es inclusiva y entrelazada... y Karl Lashley publicó su gran cuerpo de investigación en donde demostraba que la memoria específica no se encuentra en ningún sitio especial del cerebro sino que está distribuida por todo él.
 

1947 ‑ Dennis Gabor empleó el cálculo de Leibniz para describir la posible fotografía tridimensional: la holografía.
 

1965 ‑ Emmett Leith y Juris Upatnicks anunciaron que habían construido hologramas con el recién inventado rayo láser.
 

1969 ‑ Karl Pribram, que había trabajado con Lashley como neurocirujano, propuso que el holograma constituía un poderoso modelo para los procesos cerebrales.
 

1971 ‑ El físico David Bohm, que había trabajado con Einstein, propuso que la organización del universo podía ser holográfica.
 

1975 ‑ Pribram sintetizó sus teorías y las de Bohm en una publicación alemana sobre la psicología de la Gestalt.
 

1977 ‑ Pribram especuló sobre las unificadoras implicaciones metafísicas de la síntesis.

 

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