Número 137  //  5 de septiembre de 2001  //  17 Jumaada al-Thaany 1422 A.H.

 INICIACIÓN AL ISLAM

Las abluciones

Las abluciones (wudú) son una condición previa para la validez del Salat. El Salat significa la absoluta disolución en la Unidad de Allah: 
el Salat es, por tanto, un Haram de Allah, un espacio y un tiempo señalados en los que es posible el encuentro. Y no es posible acceder a un Haram sin haberse despojado antes del Nafs, del ego. A este proceso se le llama Tahara, es decir, el acto de limpiarse, depurarse, 
y es lo significado por el wudú, la ablución. Con el wudú se declara 
la intención de hacer Salat, se hace del Salat una acción en la conciencia humana. Ser condición para la validez del Salat no desmerece al wudú, al contrario, lo señala como preparación necesaria para un acto trascendental: así, resulta ser una 'Ibada en 
sí mismo, adquiere el mérito de todo reconocimiento activo de la Presencia de Allah. Por ello, el wudú debe realizarse con toda la atención que exige la inmensa riqueza de sus connotaciones.

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El wudú es el estandarte de la Tariqa, de la Vía hacia la realización del Tawhid. Simboliza de modo efectivo sus requisitos y su tránsito.

El wudú se realiza con agua pura: el agua pura representa en la Tradición musulmana la ciencia. No se puede avanzar en el Islam sin conocimiento. Esa ciencia debe ser pura, es decir, brotar de más allá del ego, debe emerger de la fuente de Allah. Al hacer el wudú se reproduce el acto de la Revelación, el hombre se vuelve hacia el centro de su intuición desde donde irradia un saber distinto, un saber que todavía distingue a Allah. Hace el wudú cuando lee el Corán, cuando recuerda a su Señor... Y el agua es también sumergirse en la Vida de Allah, pues representa al principio vital: "A partir del agua hicimos todo lo vivo", enseña el Corán. El agua es también Fitra, naturaleza primigenia, ingenuidad, espontaneidad. Todos estos significados deben ser reproducidos mentalmente antes de hacer el wudu, al tocar el agua.

La palabra Tahara, el estado de pureza al que se accede al realizar el wudú, es definido por el Imam al-Ghaççali en su Ihyá, diciendo que lo que lo diferencia de Nadafa, limpieza ordinaria, es que consiste en eliminación de suciedad para luego embellecer lo que haya sido limpiado. En este sentido, Rasul (s.a.s.) dijo que la limpieza era una parte del Islam, debiendo completarse su segunda mitad con el "adorno" que exige la Tahara. Y al igual que la Shahada exige primero "destruir los ídolos" para encontrar después a Allah, así en el wudú es necesario primero eliminar "lo que no forma parte de ti", "lo que se adhiere a ti pero no pertenece a tu naturaleza": debes despojarte de lo que no eres y así, encontrándote a ti mismo, emprender tu viaje hacia Allah, principio rector soberano en ti, tu Señor.

Con tu wudú, primero debes cuidar el lugar en el que vas a hacer el Salat: deberás limpiarlo, y luego, si es posible, perfumarlo. El lugar en el que vas a hacer el Salat es tu cuerpo exterior, la continuación de tu ser, por lo que habrás de atenderlo en la misma medida.

El wudú, estrictamente hablando, consiste en la limpieza del cuerpo siguiendo unas normas que lo separa de la rutina para convertirlo en 'Ibada: debes ser riguroso en el cumplimiento de su forma siguiendo con ello la enseñanza de tu verdadero Shayj, Rasulullah (s.a.s.). Si no sigues el método que te señala el maestro, no alcanzarás el objeto que te tiene reservado. Sea tu práctica estricta de la forma del wudú la expresión de tu confianza en el Shayj.

Además, has de saber que al limpiar tu cuerpo, al igual que después lo perfumas y lo vistes adecuadamente para el Salat, así has de despojar a los miembros que lavas de sus violencias y agresiones y adornarlos con los actos nobles que agradan a Allah, para que sean el perfume que complace al Señor de los Mundos.

Y has de avanzar en tu acción depuradora hasta llegar al Nafs, el sentido de tu "yo", y deberás eliminar de él todas las actitudes egoístas que te aislan de cuanto te rodea y de Allah, y cambiarlas por la generosidad, la nobleza y la solidaridad, embelleciéndote después de haberte purificado.

Finalmente, habrás de llegar al Corazón mismo de tu ser, a tu Sir, al secreto de tu intimidad más profunda y ahí derribarás todas las imágenes idolátricas, todas las ambiciones, todas las deformaciones, y cuando lo hayas vaciado completamente, tendrás que llenarlo con Allah: primero expulsa tus dioses, y entonces Allah habitará en tus pliegues más recónditos adornándote consigo mismo, revistiéndote por completo: sólo entonces estarás verdaderamente preparado para el Salat.

Cada vez que vayas a hacer un wudú, ten presente que has de revivir en él el significado de los cuatro niveles de la Tahara (cuerpo externo, cuerpo físico, Nafs y Sir). Al actualizar en cada wudú estos procesos, precipitas en tu conciencia su realización en lo concreto; al igual que sucede con el Salat, al repetir el wudú y sus significados, los haces presentes en ti, les das forma.

Y has de saber que con el wudú anulas tus cualidades en Allah, es decir, remites los caracteres de tu ser a sus principios trascendentes en el Uno y Único, los universalizas apartando de ellos las consideraciones de tu ego. Las Cualidades de Allah, en las que disuelves tu identidad, son siete como siete son los miembros que purificas con el agua del saber: Vida, Poder, Voluntad, Ciencia, Visión, Palabra y Oído. Sé conciente de ello durante tu wudú y piérdete sin miedos en la inmensidad de Allah, adoptando la eternidad de Sus Atributos cada vez que limpies el miembro físico que lo simbolice. Recuerda el Hadiz Qudsi que dice: "Cuando el hombre se acerca a Mí, lo amo; y cuando lo amo, me convierto en su oído con el que oye, en su ojo con el que ve, en su mano con la que obra, en su pié con el que camina".

Las abluciones (II)

El wudú es la puerta hacia el Salat (la fusión absoluta en la Unidad existencial de Allah). Simboliza, por tanto, el necesario acto previo con el que nos despojamos de todo lo que falsea nuestro ser, que lo recubre, para presentarnos finalmente ante Allah, en el Slat, tal como somos en nuestra verdad, aquélla en la que Allah nos ha creado. Avanzamos hacia Allah recuperándonos, con nue-tra pobreza y necesidad (Faqr), y con nuestra aspiración (himma) a ser colmados por El. Con el wudú nos deshacemos de todo lo reprobable y nos "perfumamos" con todo lo hermoso en el deseo de agradar a Allah, es decir, buscamos su Rida, su complacencia en nosotros. Limpios y adornados esperamos su Rahma, el acto de su amor con el que nos funde en su Unidad eterna, y esperamos su Báraka con la que haga, en todos los sentidos, prósperas y fecundas nuestras vidas: sólo El es la fuente pura del agua de la sabiduría y la abundancia, y de ese agua tomamos para nuestra ablución, cerrándose el perfecto círculo que empieza y acaba en El.

Antes de empezar el wudú deberemos asegurarnos de estar limpios de suciedades mayores: restos de heces u orina. Es muy aconsejable en la Sunna lavarse bien con agua el ano y el sexo después de cumplir con sus necesidades, así como eliminar concienzúdamente cualquier mancha que dejen en la ropa interior. Antes de iniciarse en la Senda hacia Allah se impone la Tawba (el Retorno), que significa volverse completamente hacia Allah abandonando todo compromiso con la Yahilía (la ignorancia y la idolatría). Como dice el Imam al-Ghazzali, el abandono de la Yahilía comporta una satisfacción semejante al bienestar que sigue al haber hecho de cuerpo u orinado; es como liberar tu interior de una opresión que se te hacía pesada y molesta. Es necesario, por tanto, "limpiarse" totalmente de cualquier vínculo con la Yahilía antes de empezar el camino del wudú. Conviene recordar que Rasulullah (s.a.s.) enseñaba que esas suciedades físicas marcan, en cierto modo, la espiritualidad del ser humano, su Ruh, y que éste sufre por sus descuidos en esta materia incluso tras la muerte, en su tumba. El acto de limpiarse cuidadosamente las "dos vías", "sabiláin" en árabe, se le llama "istinyá", que podemos traducir por "liberación" o "camino hacia la libe-ración".

Estos pormenores resultan irritantes a la sensibilidad occidental formada, aunque a veces le pese, en la espiritualidad que mira con ascos hacia las "cosas del cuerpo", privado de antemano de cualquier valor trascendental. Muy distinta a la perspectiva cristiana es la concepción unitaria del Islam, en la que la realidad es Una y el ser humano es uno, en la que todo está estrechamente relacionado, implicándose y refiriéndose siempre a Allah. No es de extrañar, pues, que el Islam aborde con naturalidad temas que en Occidente se marginan al ser considerados "cristianamente" como miserias del hombre. Sin embargo, la vida está llena de "significados" para el musulmán y sus actos están cargados de "analogías" que prefiguran un mundo de percepciones por el que encamina su existir.

También previo al wudú es el siwák, limpiarse muy bien los dientes. La Sunna nos enseña que Rasulullah (s.a.s.), detestaba enormemente la suciedad, el mal olor (especialmente el mal aliento, salvo el producido por el ayuno) y el sarro. Aconsejaba a sus Compañeros (los Sahaba) el uso del arák, madera extraída de un árbol que crece en el Hiyaç que tiene la propiedad de eliminar toda suciedad que se acumula en los dientes a la vez que fortalece las encías. Cualquier otro método que cumpla los mismos fines es aceptable.

A continuación explicamos el modo correcto de hacer el wudú propiamente dicho:

1. Antes de empezar se declara la intención (nía) diferenciando así el wudú de un acto rutinario. La nía se expresa diciendo: "Bismil-lahir-rahmanir-rahim"; con esto es suficiente pero se puede añadir: "al-hámdu lilláhi il-ladi yá'ala l-máa tahúra" (al-hámdu lillah que ha hecho que el agua purifique). Con la nía, la intención, iniciamos todo el proceso de limpieza que debemos tener en mente en su significado más amplio y no sólo físico, como ya hemos explicado. 

2. Lavarse a continuación tres veces las manos (gháslul yadáin). Antes, durante o después de este acto, decir: "Alláhumma ínni as-áluka l-yúmna wal-báraka" (Allahumma, concédeme bienestar y prosperidad). Las manos son los instrumentos de nuestra acción: por ellas ganamos o perdemos tanto en el mundo como junto a Allah. Con el wudú las desnudamos de sus perversidades y deseamos convertirlas en herramientas útiles verdaderamente para nosotros y conseguir a través de ellas lo que permiten: abundancia y bendición. De igual manera las fundimos en la acción de Allah reconociéndolo como verdadero Agente en la Existencia.

3. Lavarse la boca tres veces (mádmada): introducir en ella un abundante sorbo de agua con la mano derecha y utilizando el índice y el pulgar de la misma mano, frotarse los dientes. Decir cuando se haya acabado de lavar la boca: "Alláhumma sqíni min háudi nabíika sállal láhu 'aláihi wa sállam" (Allahumma, dame de beber del Estanque de tu Profeta -s.a.s.-).  Rasul tiene dos estanques, uno junto a Allah del que beberán los musulmanes el Yáwm al-Qiyama, el Día de la Justicia, satisfaciendo para siempre su sed. El otro estanque es el Corán. Con la mádmada, el musulmán elimina de su boca las palabras censurables e integra su discurso en el decir eterno de Allah.

4. Limpiarse la nariz inspirando un poco de agua recogida con la mano derecha (instinsháq) y expulsarla usando la izquierda (istinzár). Al finalizar, decir: "Alláhumma, la túhrimni ráihata yannátik" (Allahumma no me prives del aroma de tu Jardín).

El Jardín de Allah (Yanna) es la vida junto a El en los placeres de su generosidad. Aquí, el musulmán hace diluirse su vida en la inmensidad de la Existencia de su Señor.-Esta operación debe repetirse también tres veces.

5. Lavarse tres veces la cara entera (gháslul-wayh). Decir antes: "Alláhumma báyyid wáyhi yáuma tabiáddu wuyúhun wa tasuáddu wuyúh" (Allahumma haz que mi rostro resplandezca el día en que unos rostros resplandecerán y otros oscurecerán). Tu rostro es todo tu ser: por él se te reconoce y se te sabe. Al lavarlo durante el wudú lo iluminas con el brillo de Allah.

6. Lavarse los antebrazos desde el codo hasta los dedos de la mano, tres veces, primero el derecho y después el izquierdo (gháslul-yadáin ilal-mirfaqáin). Decir al lavar el antebrazo derecho: "Alláhumma a'tini kitábi biyamíni" (Allahumma, entrégame mi Libro por mi derecha), y decir al empezar a lavarse tres veces el antebrazo izquierdo: "Alláhumma la tu'tini kitábi bishimáli" (Allahumma no me entregues mi Libro por mi izquierda). Los antebrazos son el signo de la fuerza y el poder: con ellos el hombre construye o destruye (construye con la derecha, destruye con la izquierda) y el Libro es el sumario de su obra, por la que ha de rendir cuentas ante Allah. Con el wudú, integras tu fuerza en el Poder creador de Allah.

7. Mojarse las manos y pasarlas por el cabello, primero desde la frente hasta la nuca y, seguidamente, desde la nuca hasta la frente (una sóla vez). Decir con el primer movimiento: "Ash-hadu an la ilaha illalláh", y con el segundo, de vuelta: "Ash-hadu anna Muhámmadan rasúlulláh". Con la Shahada, relativiza todo tu saber y sumérgete en la Ciencia de Allah Uno que conoce todas las cosas, y recuerda el que es uno de los principios fundamentales del Tawhid: sólo Allah sabe. Y ponte junto a El, bajo su protección.

8. Con las manos húmedas, limpiarse las orejas (una sóla vez). Con el índice de cada mano se limpia la parte interna de la oreja que le corresponde mientras que con el pulgar se hace lo mismo con la parte trasera. Decir: "Alláhumma iÿ'alni minal-ladína yastami'úna l-qáula wa yattabi'una áhsanah" (Allahumma, hazme de los que escuchan las palabras y siguen las que son mejores). Es como si desearas escuchar el sonido de Allah. 

9. Lavarse el pié derecho hasta el tobillo con la mano izquierda, las veces que sean necesarias, y luego igualmente el izquierdo, eliminando bien la suciedad que quede entre los dedos. Decir al empezar con cada pié: "Alláhumma zábbit qadamáia 'álas-sirát" (Allahumma, afianza mis piés sobre el Sendero). Tus piés son tu voluntad, con ellos vas a donde quieres ir, ellos te conducen. Conforma tu voluntad a la de Allah recuperando tu naturaleza primordial, encamínate hacia el Verdadero con toda tu fuerza, movido por El, guiado por el en cada instante.

10. Para finalizar el wudú, decir (alzando el dedo índice de la mano derecha): "Ash-hadu an la iláha illallah wa ash-hadu ánna Muhámmadan 'abduhu wa rasúluh. Alláhumma  iy'alni minat-tawwabína way'alni min al-mutatahhirín" (Sólo Allah es Verdadero y Muhammad es su esclavo y su mensajero. Allahumma, hazme de los que se vuelven hacia ti, de los que se purifican).

-Una vez acabado el wudú es muy aconsejable realizar dos rak'as si da tiempo antes del Salat del momento. Al acabar esa náfila, decir: "Alláhumma íghfir li dánbi wa wássi' li fi dári wa bárik li fi riçqi" (Allahumma, disculpa mi torpeza, haz amplia mi morada y bendice mi sustento). Decirlo con las manos alzadas y las palmas hacia arriba. Al finalizar el du'á (la invocación), pasar las manos por la cara, diciendo: "Amín".

Es necesario recordar aquí que un wudú, si no ha sido anulado, puede servir para varios Salawat pero es meritorio volverlo a repetir. Muhammad (s.a.s.) dijo: "Una ablución sobre otra ablución aún válida es luz sobre luz".

Conviene tener en cuenta también que un wudú bien hecho no requiere de mucho tiempo, pues no se trata de hacerlo interminable sino de hacerlo bien. Tampoco se debe malgastar el agua (se usará la estrictamente necesaria, no derrochándola aunque se recoja de un río). Si te saludan o hablan mientras haces el wudú, responde: todos los du'a, salvo la básmala primera y la shahada final, no son obligatorios sino estimulantes para una mayor concentración (han sido recogidos, en sus líneas generales, de la obra "al-Adkár" del Imam an-Náwawi). No censures a nadie por hacer mecánicamente el wudú: se exigente contigo mismo (eso es lo saludable y lo sabio en todo). En los libros de Fiqh hay otros muchos datos que debes conocer (lo que anula el wudú o sustituye, etc.), estúdialos con atención pues te serán beneficiosos.

El wudú es una 'Ibada: al hacer las abluciones entras en contacto con muchos significados que deberás ir desarrollando y matizando. Lo importante, en cualquier caso, es que salgas de tu wudú con una gran sensación de limpieza y claridad que te conduzca con naturalidad hacia el Salat. Sé constante en el wudú hasta que llegue a formar parte de tu cotidianidad. El wudú te iluminará, insháAllah, pues, recuerda, viene de la palabra "dau", luz.

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