Número 144  //  20 de octubre de 2001  //  3 Sha`ban 1422 A.H.

 AL-ANDALUS

Avempace, un sabio musulmán en la Taifa Hudi de Zaragoza

Por Maribel Ortega Fuentenebro



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Biografía

Ibn Bayya, Avempace, es un filósofo andalusí que vio la luz por vez primera en  Zaragoza, capital de la región donde estaba situada la frontera de Al-Andalus con los reinos del norte de la península ibérica, que ya había adquirido una significativa importancia en tiempo de los romanos como cabecera de una serie de territorios de la cuenca del río Ebro. La Cesaraugusta romana no había cambiado el nombre en tiempos de los reyes visigodos, pero en el momento que entran  en la ciudad los musulmanes  pasa a denominarse  Saraqusta: Marca Superior (Al-Tagr al- A’la) del Al-Andalus. Por muy extraño que pueda  resultar, por lo desconocido, Al-Andalus no fue solamente la zona que hoy ocupa la comunidad de  Andalucía, se extendió hasta el norte, llegando hasta los Pirineos, Barcelona y Tortosa.

No se sabe con exactitud la fecha del nacimiento de Avempace,  pero esta aceptado por el arabista Asín Palacios que se produjo entre los años 1080- 1085. Nació en el seno de una familia de artesanos que se dedicaba al trabajo de platería y otros metales nobles, por tanto pertenecía a la que estaba considerada clase media ciudadana. Su educación fue esmerada y su valía personal indiscutible, en su preparación, quizá,  influyó  la escuela de filosofía que se encontraba en Zaragoza y el exquisito  ambiente cultural,  que duró un siglo más o menos, que en todos los órdenes se respiraba en ese momento en la ciudad, unido a un sentido de áscesis personal y misticismo  gracias a las enseñanzas que el sufí Ibn al-Arif, oriundo de Almería, había impartido en Zaragoza a partir del año 1100 (aproximadamente) fecha de su llegada a esta ciudad;  se vivía, además,   una gran religiosidad,  y práctica ritual emanada del Sagrado Corán.

A la muerte de al-Hakan II  (915-976) se hace cargo del califato al-Ma´afiri al-Mansur, (el muy conocido en la cultura cristiana Almanzor) hombre de gran ambición,  que difrutaba de una alta dignidad dentro de la corte omeya, aunque no pertenecía a la familia real. A partir de aquí,  comienza un periodo de decadencia y una gran revuelta (la fitna) que pone fin a la unidad del califato independiente de  Al-Andalus en el año 1031. Surgen así pequeños reinos a lo largo de la península Ibérica  que se denominaron “Reinos de Taifas”, de esta forma familias musulmanas, de origen árabe en su mayoría,  se hicieron  con el poder en las diversas zonas de Al-Andalus como reinos independientes y con   administración propia. El primero en proclamar la independencia es al-Mundir de la rama de los tuyibíes  precisamente en el año 1018 y en Saraqusta; reinaron hasta 1038 en que se hizo con el trono el clan de los Banu Hud (hudíes).

En tiempo del primer rey hudí al Musta’in billah (1038-1047)  la taifa abarcaba un gran territorio casi coincidente con lo que ahora es Aragón y valle medio del río Ebro. Se extendía de esta forma: Huesca al norte, con la zona de Barbastro y Boltaña (actuales); Lérida hacia el este y de aquí hacia el  sur (mediterráneo) lindando con Valencia; hacia el oeste Tudela y Calatayud (Qal`al Ayyub) zona atravesada  por  río Piedra que regaba una gran huerta que daba vida una a vegetación exuberante  además  de  frutas y verduras de toda clase, que hoy siguen siendo famosas por su calidad.  A partir de aquí se establecen: amiries en el reino de Valencia; yahwaríes en Córdoba; ´abbadies en Sevilla, así hasta una veintena, aproximadamente, a lo largo y ancho de toda la geografía peninsular. Pues bien,  en el momento del nacimiento de nuestro personaje, reinaba en Zaragoza al-Mutamín  miembro de   la familia   de los hudíes (Banu Hud) de origen árabe,  que habían sucedido al clan yemení de los Mundir y  gobernaron Zaragoza desde 1038-1039  hasta 1110, y fueron quienes  la  encumbraron a altas cotas del saber. Esta familia eran  amantes de la filosofía, las ciencias, de toda otra manifestación cultural y mecenas de arte  lo que, sin duda, influía  en el ambiente que se respiraba en  la ciudad: escuelas coránicas; gremios de libreros; escuela de filosofía; enseñanzas en la Mezquita Mayor etc.

Nuestro sabio era, lo que hoy denominaríamos, un gran erudito, conocía todas las disciplinas del saber: medicina, filosofía, matemáticas, astronomía, lógica, teología, poesía, música... a lo que añadía la traducción y comentario de filósofos griegos. Está considerado el primer falasifa del occidente musulmán y el segundo, en orden cronológico, de todo occidente tanto musulmán, como judío o cristiano. A él se deben las primeras traducciones de las obras de Aristóteles, griego universal; gracias a su trabajo entró la filosofía en Al-Andalus y con ello se unió el saber de oriente y occidente “Y este es el lugar y papel preciso de Avempace: el de haber iniciado en occidente el estudio del Estagirita” (Lomba Fuentes). Cronológicamente le siguió en la tarea el filósofo de la pura razón, Averroes, (1126-1198) cordobés universal, con quien llegó a la cima la filosofía árabe. Comentó la obra del estagirita, y  con su exclusiva producción, influyó de tal forma en el pensamiento europeo que dio lugar a una nueva corriente filosófica: “el averroísmo”. Los dos, Averroes y Avempace, son nombrados muchas veces por Santo Tomás de Aquino en su producción filosófica y teológica, aunque bien es verdad que para rebatirle, sobre todo a Avempace,  su teoría de la  unión de todas las almas en una sola unidad.

El pensamiento o filosofía islámica, supo integrar el contenido religioso-moral-teológico-normativo que emana del Corán, con la filosofía y la ciencia; el ideal era descubrir la Verdad;  La Verdad es Dios Único, lo importante es encontrarlo, por eso la filosofía islámica es tan importante y de tanta belleza: razonamiento, especulación, deducción... si, pero para llegar al conocimiento de Dios. Dentro de este ideal se encuentra el saraqustí, que se distingue por un racionalismo-místico, que le lleva al amor a Dios, y a la unión mística por la que se puede acceder a El.  Habla de asombro ante la creación y de alabanza y gloria a Dios tal como contempla el libro sagrado “¡Gloria a Dios tarde y mañana! ¡Alabado sea en los cielos y la tierra, por la tarde y al mediodía!” (Corán 30, 17-18). Pero lo más importante es su experiencia de Dios como necesario y existente, centro en el que todo converge y de quien todo emana, a quien hay que unirse por la intuición mística, cima de todo conocimiento. Este punto es el que dio lugar a gran parte de su filosofía y teología, aún así , muchas veces fue tachado de soberbia y vanidad y lo que fue peor de incrédulo, precisamente por su racionalismo especulativo, que no era compartido por la ortodoxia más estricta del islam y por algunos hombres de la cultura y la religión musulmana de su tiempo, porque consideraban que las conclusiones a que llegaba por medio de la especulación teológica, física y filosófica, podrían cuestionar el sentido literal del El Corán y la Sunnah, (Scharía o Ley Divina) sin embargo profesaba con total convencimiento y espiritualidad la fe de Muhammad  el Enviado de Dios;  creía, como se deduce de sus obras, en Dios Único “Vuestro Dios es un Dios Uno. No hay más Dios que El, El compasivo, El Misericordioso” (Corán 2,163). Tal y como ordena “El Corán” cumplía con los preceptos de la Zakat “¡Creyentes! Dad limosna de lo que os hemos proveído” (Corán 2,254), la Salat “Observar la salat, sobre todo, la salat intermedia y estad con devoción ante Dios “ (Corán 2,238) y demás mandatos coránicos; no se data si realizó la Peregrinación Mayor a La Meca.  Experimentó la humildad, como se pone de manifiesto al criticar los lujos de su tiempo; pero  también la entrega para quien está necesitado de ayuda, al tiempo que  censuró las costumbres permisivas e inmorales de muchos de sus contemporáneos. No cabe la menor duda que era un buen musulmán.

A mediados del siglo XI traída por el médico al-Kirnani llegó a Zaragoza una obra sin igual titulada “Enciclopedia de los Hermanos de la Pureza”, que contempla temas de ciencia y sabiduría islámica, griega y en general del pensamiento y mística oriental y occidental,  que había sido realizada por el chiísmo ismailita o septimano, con el fin de que los hombres razonen y se perfeccionen,  conozcan a Dios y puedan  trascender  hasta El; estos textos  influyeron  notablemente en el pensamiento,  vida y obra filosófica de Ibn Bayya, . “La filosofía en todos los órdenes nace en la capital de la Marca Superior de Al-Andalus (Saraqusta, Zaragoza) de manos de Ibn Gabirol (judío arabizado) y de Ibn Bayya (Avempace), “ A partir de él Aristóteles empieza a ocupar el primer plano del pensamiento occidental”  “El siglo XI fue el más brillante de la cultura zaragozana” (Joaquín Lomba Fuentes)

 

Pensamiento

 

Para Avempace todas las ciencias son buenas porque pertenecen al conocimiento más sublime del hombre que es el “alma intelectual”; por ello es partidario de aplicar el conocimiento y la reflexión racional a la inteligibilidad de la revelación. Para él, lo que distingue al hombre de otros seres creados, es precisamente, la capacidad de reflexionar sobre todo para llegar a entenderlo todo, por eso si la ciencia es buena, para Ibn Bayya, la más sublime de todas es la “Ciencia del Alma”, tratar de entender de forma universal el sentido que Dios tiene para el hombre. Dios se revela, se manifiesta al hombre y actúa sobre él, lo que pasa es que el hombre debe entender a través de su facultad intelectiva todo lo que se le proponer, para que inicie su ascensión desde lo puramente corporal y material al estado más sublime de todos que es la unión con lo divino, que al tiempo supone el perfeccionamiento personal. Esta inquietud de la ascensión espiritual se encuentra contemplada dentro del Nuevo Testamento en la primera carta que el Apóstol Pablo dirigió a los Corintios “No apareció primero lo espiritual, sino lo material, y después apareció lo espiritual” (1º Cor. 15,46). La cita no puede ser más elocuente y afirma lo que en principio parece intuir: cuando el hombre nace es materia destinada a la transformación biológica, pero también a la ascensión espiritual,  para ello está provisto de un alma trascendente de unas capacidades potenciales que debe desarrollar a lo largo de su existencia, son, como diría la teología cristiana, semillas de divinidad, que debe  adquirir por medio del conocimiento teológico de Dios, algo a lo que está obligado por el hecho de ser hombre y más  si cabe, por el hecho de ser creyente en Dios revelado.

 

Mencionar algunos aspectos que por su importancia merecen la pena que se destaquen. La teoría sobre el hombre perfecto, que es quien mira hacia el interior de si mismo para buscar la propia perfección, llegando, de esta forma, a la sabiduría como meta última “La sabiduría... no es un estado cualquiera sino la perfección absoluta” (AvempaceEl Régimen del solitario”) y por ello goza de gran apertura ante los hombres, las cosas y Dios. Su conducta es prudente entendida en el sentido aristotélico e incluso bíblico “La sabiduría habita con la prudencia y ha conocido el arte de la reflexión (Prov, 8,12).  La persona, en esta circunstancia,  orienta toda su vida dentro de la virtuosidad que supone la supresión de los vicios y de la pasiones más dañinas como el orgullo y la vanidad; se esfuerza para la adquisición de una moral perfecta; conquista la inteligibilidad de las cosas; disfruta de la libertad mayor cual es la libertad de pensamiento; deshecha ambiciones, injusticias, hipocresías, rencores, mentiras y adquiere humildad, justicia, inteligencia, bondad, sensatez, perspicacia, lealtad... en suma conquista el conocimiento, ama el BIEN. Siendo así el hombre noble es capaz de discernir entre los actos buenos y convenientes, de los actos perversos, que hacen daño, y que de por si son inconvenientes y  por ello dividen a la persona, rompen la convivencia, la buena armonía y la unidad. Los actos buenos al eliminar lo que le es propio de los instintos,  como son el desorden en las apetencias y de los deseos infinitos, se dirigen a la consecución del mayor hito humano como es, la conquista de las trascendencia y con ello toda perfección. La sabiduría  es concedida por Dios “Dios es quien os ha creado, os ha dado el oído, la vista y el intelecto. ¡Que poco agradecidos sois! (Corán 67,23); El la posee en plenitud  la transmite al hombre que está conformado como materia;  el cuerpo le sirve para hacerse visible y relacionarse, pero es mucho más que la materia de la que está constituido,  posee un alma espiritual que es quien otorga el conocimiento; el yo no es el cuerpo, el yo más profundo es el alma que transciende la materia,  que es lo que permanece en el tiempo y en el espacio. Ahora, posee un espíritu inteligente, santo y sabio,  único, múltiple, sutil y penetrante como bien dice el libro de la Sabiduría del Antiguo Testamento (Sab. 7,22).

 

Y sobre el hombre imperfecto: es aquel que el único contacto con la realidad lo hace a través de los propios instintos o apetencias, es muy primitivo y todavía no ha pasado de las más inconveniente materialidad, no se ha alzado al reino de lo trascendente y eterno, pertenece más al mundo de lo irracional que al del propio ser humano dotado de pensamiento, no ha desarrollado sus capacidades o formas espirituales universales, como lo define Avempace,  todo en él es superficial y vano, sin vida,  sólo le importa el placer de los sentidos, en la Biblia se les identifica con los necios “La necedad es atrevida, superficial, frívola y nada le importa” (Prov. 9,13), es insolente y desecha la instrucción y el conocimiento, por lo que adviene en una miseria humana, moral y espiritual.

 

Vemos que Avempace armonizaba razón y fe, la primera es necesaria para conocer la segunda. La razón es lo genuino del hombre, lo que le hace diferente al resto de la vivientes, le sirve para entender y aprehender, de tal modo que renunciar a ella es renunciar a la misma esencia del ser hombre, además si la razón por medio de la especulación y la reflexión conoce de forma natural, la fe por medio del dato revelado conoce de forma sobrenatural, Razón y fe  no se contradicen, se complementan,  tienen el mismo origen y conducen al mismo fin: conocer la Verdad “Hay dos modos, dos caminos, dos manifestaciones por las que Dios se ha entregado y hablado al corazón humano: la razón humana y la revelación divina” ( Hugo de San Victor “De Sacramentis”).

 

Para Avempace la mayor espiritualidad y felicidad, a que puede aspirar la inteligencia humana,  se adquiere en la soledad porque es difícil que la sociedad que es imperfecta la otorgue,  por ello habrá que vivir alejado de la ciudad.  Ciertamente este pensamiento  se encuentra en la línea de Platón que  concretamente lo expone en el libro “La República”, en que se contempla al sabio como el hombre que ha llegado a la máxima espiritualidad y por ello a la perfección, pero casi siempre es rechazado violentamente  por su propio pueblo y tendrá que retirarse y vivir sólo en las “islas afortunadas” y así será feliz.

 

Esto es lo que preocupaba a Avempace, la felicidad del hombre, que es posible y necesaria y que puede conseguirse a través de un  avance en el que está implicado el “deseo” y el  “movimiento”, en el que tendrá que ir desarrollando las capacidades personales -apropiándoselas-  que posee en potencia (fuente de cambio) para que pasen a acto, por un proceso ascendente que va desde lo material en el  que estaría comer, beber o vestirse, pasando por otras etapas como son: sensaciones acompañadas de deseos corporales, como puede ser la ostentación; imágenes de la memoria que llegan a producir deseos sensibles y que estaría en relación con la fantasía, lo que es ya una forma espiritual más elevada; y el nivel más alto que es la cima del conocimiento y la forma espiritual universal “En esta circunstancia el deseo teorético está unido a ellos y es evidente por si mismo. El conocimiento debido a este examen es cierto y primario y no caben en él ni la duda ni la polémica” (Libro de la Generación y la Corrupción,- Avempace, traducción de José Puig).

 

Final de su vida

 

Avempace murió en Fez  pero antes hubo de pasar por  experiencias difíciles y penosas. En Mayo de 1110 se produce  la entrada de los almorávides en Zaragoza, última ciudad que conquistaron y con lo que se  produjo una nueva  unificación de la península, que duró  un corto periodo de tiempo, y que vuelve a un sistema de administración al estilo del califato. Ibn Hayy (1110-1115) fue el primer gobernador almorávide; le siguió en el cargo  Ibn- Tifilwit (1115-1117), que seducido por el “conocimiento” de Ibn Bayya, le nombró visir, con lo que nuestro personaje disfrutó de un periodo de creatividad y bonanza. Pero en la ciudad había detractores que no aprobaron el nombramiento y que  incitaron   numerosas conspiraciones contra él, lo que le hace  caer  en desgracia ante el gobernador,  que deja de ser su protector y le persigue hasta el punto de  encarcelarlo. Una vez liberado emigra de Saraqusta y se dirige a Játiva dónde encontró el primer refugio; más tarde recorrió diferentes ciudades del sur de Al-Andalus, hasta que cruzó el estrecho y se asentó en Fez,  dónde al parecer fue asesinado. El día de su muerte se fecha  el 5 del mes de Ramadán 533 de la Hégira (1139-40 d.C.).

 

Todo ello coincide con acontecimientos  de gran importancia para la historia del islam: el avance cristiano, la muerte de Ibn Tifilwit en 1117, y la conquista de Zaragoza por Alfonso  I “El Batallador” en 1118 que pone fin al dominio musulmán de  Zaragoza.

 

Recopilación de textos (retazos)

 

Quizá este pequeña recopilación de su pensamiento  nos ayude a conocer la riqueza cultural y humana que poseía nuestro insigne antepasado.

 

“El proceso de búsqueda de la sabiduría y de la espiritualización del yo ha de llevarse a cabo de la forma más esencialmente humana, a saber: con reflexión y libertad: las acciones propiamente humanas son las hechas con libertad... y entiendo por libertad la voluntad que nace de la reflexión” (El Régimen del solitario, traducción Lomba Fuentes).

 

“La sabiduría es el estado más perfecto de las formas espirituales humanas y no se trata de un estado cualquiera sino de la perfección más absoluta” (El Régimen del solitario”. Paralelismo con la tradición bíblica “La ciencia del sabio es como un río crecido, su consejo como fuente de vida” (Eclo. 21,13), o del libro de la Sabiduría, “La sabiduría es más bella que el sol... comparada con el sol sale vencedora, porque la luz tiene que dejar paso a la noche, pero no hay maldad que prevalezca sobre la sabiduría”(Sab. 7,29-30). Todo ello relacionado con las virtudes.

 

“Todo saber, como dice Aristóteles, es bueno y bello (De Anima I, 1, 402a). Sin embargo algunos saberes son más nobles que otros... La ciencia del alma supera al resto de la ciencias, físicas y matemáticas en todos los grados de nobleza. Además, toda ciencia precisa de la ciencia del alma, puesto que no podemos detenernos en los principios de una ciencia dada, sin que nos detengamos antes en el alma y conozcamos que es con precisión” (Ibn Bayya - Kitab al-nafs, intr. de Al-Ma´sumi (Damasco 1960).

 

“Por la corporeidad el hombre es; por la espiritualidad es más noble; por la racionalidad es un ser divino y virtuoso. Así pues el que tiene sabiduría es necesariamente un ser divino y virtuoso” (El Régimen del solitario). Este pensamiento coincide con los siguientes versículos bíblicos “Reconozco que la sabiduría aventaja a la necedad como la luz a las tinieblas. El sabio tiene ojos abiertos, mientras el necio camina a oscuras” (Ecl 2,13-14).

 

“¡Oh tú! Te has cubierto de canas, pero no has abandonado la manera de proceder del joven” (El Régimen del Solitario).

 

“El hombre si no piensa, sus actos serán animales y no participará en absoluto de la humanidad más que en el hecho de ser sujeto corporal cuyo aspecto externo es de un hombre. (El Régimen del Solitario).

 

“Quienes tienen virtudes se bastan así mismo en la mayoría de la ciudades, son útiles a los demás, son gente eficaz y tienen grado de nobleza. Sus almas han llegado en ocasiones a una cierta perfección, que la tienen en realidad como una aspiración a la perfección total” (Carta de la despedida).

 

“La ciencia divina es la que se logra únicamente con la ayuda de Dios. Por eso Dios, ensalzado sea, envió a sus profetas para que informasen a los hombres de las posibilidades divinas, porque quiso completar el más alto don concedido a los hombres” (Carta de la despedida), que nuevamente vuelve a coincidir con lo bíblico “Comprendí que no alcanzaría la sabiduría si Dios no me la daba, y ya esto mismo era cordura: saber el origen de tal don” (Sab. 8,21).

 

“El que obedece a Dios y hace lo que le complace, Él le premiará con el Intelecto y pondrá ante él una luz que le guíe. Y quien desobedezca a Dios y realice los actos que no le complacen, será privado del Intelecto y permanecerá en las tinieblas de la ignorancia”. (Tratado de la unión del Intelecto con el hombre).

 

“Todo el que prefiere su materialidad a cualquier cosa de su espiritualidad no podrá alcanzar el fin último. Por tanto no habrá un sólo hombre material que sea feliz, mientras que todo hombre feliz será espiritual”. (El Régimen del Solitario)

 

“Cuando las formas alcanza lo último, se alcanza aquella perfección motriz, se liberan del todo y se libera aquel entendimiento al que pertenece esta idea, alcanzando algo totalmente inmaterial e inmóvil. En nosotros aparece un entendimiento que hemos adquirido pero que en su misma existencia es intelecto y solamente se hace intelecto en nosotros, cuando llega a ser una idea perfecta” (El Libro de la Generación y la Corrupción.- Traducción  José Puig)

 

Creo que es justo sacar a Ibn Bayya, Avempace del olvido de los siglos, honrar su memoria y agradecerle los escritos que  llenos de  clarividencia nos legó, con los que disfrutamos y en los que aprendemos muchas e importantes enseñanzas, que nos ayudan a comprender mejor nuestro entorno, y las experiencias que diariamente vivimos  en el camino que realizamos en el tiempo y en el espacio,  con la esperanza, esperanzada,  de un mundo mejor.

 

Zaragoza, 1 de Marzo de 2001

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