Número 131  //  13 de julio de 2001  //  21 Raby` al-Thaany 1422 A.H.

 INICIACIÓN AL ISLAM

Por que debemos conservar el calendario de la Hégira
Por Seyyed Hossein Nasr

 

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Una religión contiene providencialmente todo lo que necesita para su posterior crecimiento y desarrollo. Dado que el Islam estaba destinado a convertirse en una religión mundial, y sus ritos y prácticas religiosas se basan en el ritmo temporal del día y la noche, sólo podía mantener la igualdad y la justicia entre sus seguidores prohibiendo la intercalación. Convertir el año islámico lunar en solar añadiendo un mes cada tres años u once días al año, como ha sido sugerido por tantos modernistas durante los últimos tiempos, sería destruir la justicia contemplada por el Islam al prohibir el acto de intercalación. Para mostrar cómo la rotación del año lunar a lo largo de las estaciones y el año solar sirve a la causa de la justicia entre los creyentes, basta señalar dos de los ritos básicos del Islam: el ayuno y la peregrinación.

Dado que los musulmanes viven en muchos países con diferentes latitudes geográficas, e incluso en el hemisferio sur, donde las estaciones están invertidas, experimentan diferentes duraciones del día y la noche. La duración del día y de la noche sólo es la misma en los dos días de los equinoccios vernal y de otoño. En todos los demás días del año, un musulmán que vive en el Asia Central experimenta una duración del día diferente de la de otro que viva en el sur de la India, o uno que viva en Londres experimentará un día más corto o más largo qué una persona de Nigeria. Si la estación del ayuno, digamos, se fijara en el año solar, a lo largo de su vida un musulmán de las latitudes nórdicas ayunaría un día más corto o más largo que otro del sur. Del mismo modo, si la estación del hajj se fijara en el invierno para el hemisferio norte, siempre sería en verano para el hemisferio sur, y viceversa. En ambos casos habría una desigualdad de condiciones para los creyentes. Sólo hay un modo de que la obligación de los ritos puesta sobre los hombros de los musulmanes pueda ser aplicada del mismo modo a todos los creyentes, y es que el año lunar siga la rotación a lo largo del año solar como el Islam ha ordenado. De este modo, a lo largo de la vida terrenal de un hombre se compensan las desigualdades de día y noche que existen entre las diferentes regiones de la tierra. El musulmán que vive en Londres y ayuna diecinueve horas en verano podrá romper su ayuno alrededor de las cuatro de la tarde en invierno. En el transcurso de su vida, las dificultades de sus ayunos de verano son compensadas por condiciones de ayuno más fáciles durante el invierno, y al final se equilibran para resultar equivalentes a las condiciones impuestas a una persona que viva, digamos, en Persia, Afganistán o Pakistán.

En cuanto a los pocos que viven en regiones muy al norte, como Suecia, en las que en ciertas estaciones el sol nunca se pone del todo, su problema no se resolvería, de todos modos, fijando la estación de ayuno en un tiempo determinado. Además, si esta estación se fijara, otras personas que viven en otros climas estarían en condiciones diferentes y, en el caso de las personas del hemisferio sur, opuestas. En estos casos extremos, como los de las regiones situadas muy al norte o muy al sur, se necesita una fatwâ para decidir sobre el número de horas que se debe ayunar, y de hecho también sobre los momentos de las oraciones. Es ¡lógico y absurdo sacrificar el orden y el equilibrio de la vida religiosa de la inmensa mayoría de los musulmanes por unos pocos casos excepcionales que no suman más de unos pocos miles a lo sumo.

Para hacer que el calendario islámico de la hégira tenga más importancia en la vida no es en absoluto necesario convertirlo en un año solar. A lo largo de toda la historia, los musulmanes también han poseído un calendario solar que, no obstante, ha permanecido supeditado al islámico lunar. Lo que hoy ha hecho disminuir la importancia del calendario islámico para tantas personas no es su carácter lunar, sino la debilidad que los musulmanes muestran en tantos otros campos ante las cosas de occidente. ¿Cómo es que existen tantos libros publicados hoy en el mundo musulmán con el calendario solar cristiano, mientras que todos los libros, a lo largo de la historia islámica, han usado las fechas de la hégira? Si muchos musulmanes se rigen hoy por los meses occidentales y la fiesta del domingo, e incluso celebran las festividades occidentales, ello sólo es debido a que muchas personas del mundo musulmán se han enamorado completamente de las ideas y costumbres occidentales. Khayyâm, que participó en la elaboración del calendario Jalâlî, el más perfecto calendario solar que se haya elaborado y utilizado nunca, siempre empleó en sus escritos las fechas de la hégira.

Sería una tragedia que los musulmanes cambiasen su año lunar estableciéndolo dentro del año solar. Esto provocaría desigualda­des en los deberes religiosos de los musulmanes y dentro de la ummah causaría más heterogeneidad y división que homogenei­dad y unidad, por no hablar del grave pecado de romper la sunnah del Profeta. Ya es hora de que los musulmanes modernos traten de entender y aplicar el Islam en vez de intentar cambiar sus principios, dados por Allâh, sólo para satisfacer a las modas del día. Si penetramos el sentido de los principios islámicos, nos damos cuenta de que todos ellos están ahí para una finalidad y poseen un significado profundo. A nosotros corresponde entender tal finalidad y aplicar y defender semejantes principios, no tratar de cambiarlos con la excusa de redescubrir un «Islam puro» que, por lo general, no responde más que a nuestros caprichos e inclinaciones individualistas, moldeados por las diversas desvia­ciones del modernismo. La historia moderna de la cristiandad debería ser una buena lección para todos los musulmanes sobre los efectos de la innovación religiosa, y debería inducirles a adoptar una actitud defensiva frente a las diversas formas del pensamiento moderno. Sólo sobrevive la religión que permanece fiel a la vez al espíritu y a la forma que Allâh ha ordenado para ella.

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