Número 124  //  5 de mayo de 2001  //  11 Safar 1422 A.H.

 INICIACIÓN AL ISLAM

Jesús visto a través del Islam
 Por Seyyed Hossein Nasr



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Siglos de confrontación con el occidente cristiano, seguidos por un período de intensa actividad misionera, que con nuevas formas continúa todavía en algunas regiones del mundo islámico, han creado en algunos musulmanes contemporáneos cierta aversión, no sólo al cristianismo, sino incluso, para algunas clases modernizadas, a la concepción islámica de Cristo y María. Como respuesta al agresivo ataque que, en el pasado, tantas fuentes cristianas llevaron a cabo contra el Islam, ciertos musulmanes modernizados han tratado de olvidar o de relegar a un segundo plano las enseñanzas del Islam acerca del cristianismo. Se han dado reacciones aún más extremas entre los musulmanes del subcontinente indio. A resultas de ello, en ciertos lugares se ha creado una cristología que está, por decir lo menos, completamente alejada de lo que el Islam ha enseñado tradicionalmente sobre el tema.

En esta breve exposición no nos ocuparemos de esas reacciones recientes, sino de la enseñanza tradicional del Islam sobre Jesús. A algunos cristianos podría parecerles poco convincente que el Islam ponga tan de relieve el papel de Jesús, pero esta actitud tiene importancia para entender la perspectiva total del Islam. Además, en el secularizado mundo de hoy, podría servir de consuelo espiritual para los cristianos, asediados por una atmósfera corrosiva que quiere devorar hasta la médula y los huesos de la religión, saber que millones de musulmanes de todo el mundo dan fe del origen divino del cristianismo y veneran a su fundador, aunque, naturalmente, desde una perspectiva diferente.

El Islam no acepta la idea de encarnación o de relación filial. En su perspectiva, Jesús hijo de María, ‘Isâ ibn Maryam, fue “un profeta principal”, un polo espiritual de toda la tradición abrahámica, pero no un Dios‑hombre ni el hijo de Dios. No obstante, su nacimiento milagroso de una madre virgen, a quien el Corán se refiere como a la mujer elegida entre todas las demás mujeres del mundo, es mencionado explícitamente. Y también lo es el hecho de que él era “el Espíritu de Allâh” (rûhallâh). Su función especial como portador de una vía espiritual, más bien que de una ley religiosa, es también fundamental en las enseñanzas islámicas. El Corán, sin embargo, no acepta que fuera crucificado, sino que afirma que fue llevado directamente al cielo. Éste es el único “hecho” irreductible que separa al cristianismo y el Islam, hecho que en realidad ha sido puesto ahí providencialmente para impedir una mezcla de las dos religiones. Todas las demás doctrinas, como la cuestión de la naturaleza de Cristo o la Trinidad, pueden entenderse metafísicamente de forma tal que armonice ambas perspectivas.

La cuestión de la muerte de Jesús es, no obstante, el “hecho” que se resiste a cualquier interpretación que pudiera ser común a la visión cristiana e islámica del acontecimiento. Se podría decir que este acontecimiento fue más grande que cualquier descripción única que se haga de él. En cualquier caso, el sentido de la crucifixión y la idea de redención que ésta significa son tal vez el aspecto del cristianismo que más difícil de comprender resulta para el musulmán corriente.

El Profeta del Islam tenía una especial estima por los cristianos y puso de relieve la función de Cristo dentro del Islam refiriéndose a la segunda venida de Cristo al final del mundo. La escatología islámica, por tanto, aunque no es idéntica a la cristiana, se refiere a la misma figura central de Jesús. Por la función escatológica asignada a Jesús en el Islam, así como por las muchas referencias a él y a la Virgen María que hay en el Corán, Jesús desempeña un papel en la conciencia religiosa diaria de los musulmanes igual al de Abraham, y subordinado, claro está, al del Profeta. Además, en el esoterismo islámico desempeña una función muy importante, de la que dan testimonio los muchos escritos de sufíes como Ibn ‘Arabî, Rûmi y Hâfiz.

Si se analiza con atención la descripción coránica de Jesús ésta revela que Jesús posee tres aspectos, pertenecientes al pasado, el presente y el futuro, y que corresponden respectiva mente a su función de mantener la Torá, de celebrar y perpetuar la Eucaristía, y de anunciar la llegada del Profeta del Islam. Los musulmanes interpretan perikletos (que significa el Ilustre) como parakletos (el Alabado), que corresponde a uno de los nombres del Profeta del Islam, Ahmad (de la raíz hmd, que significa alabanza). El Corán declara: “Y cuando ‘Isa ibn Maryam dijo: ¡Oh, hijos de Israel! Yo soy el mensajero que Allâh os ha enviado, en confirmación de lo que fue (revelado) antes de mí en la Torá y para traer la buena nueva de un Mensajero que vendrá después de mí y cuyo nombre es el Alabado (Ahmad) (LXI, 6). Para los musulmanes es inconcebible que una manifestación religiosa tan importante como el Islam hubiera sido silenciada por Cristo, y ven en su anuncio del reino del Paráclito una referencia al advenimiento del Islam. Su función en el futuro consiste, de hecho, como se afirma en el versículo coránico citado, en anunciar la venida del Profeta del Islam y también, naturalmente, en cerrar el presente ciclo humano.

En la conciencia religiosa islámica tradicional, Jesús se une a Moisés y Abraham para representar el aspecto ternario de la tradición monoteísta, cuya recapitulación se encuentra en el Profeta del Islam. En esta perspectiva, Abraham representa la fe, Moisés la ley y Cristo la vía espiritual. El Profeta del Islam, como profeta final, “el sello de la profecía”, es la síntesis de todos estos aspectos. Asimismo, del mismo modo que el Profeta es el “sello de la profecía”, Cristo es considerado por la mayoría de los sufíes como el “sello de la santidad” de la tradición abrahámica. Existe, de hecho, un tipo especial de sabiduría crística (hikmah ‘isawiyyah) dentro del Islam, que consiste en elementos de interioridad, anterioridad y una suerte de elixir o néctar divino que pueden verse en ciertas formas de sufismo. Por otra parte, semejante sabiduría, así como la personalidad espiritual de Jesús, está estrechamente relacionada con la Virgen, y el Corán se refiere a ambos como a una sola realidad. Afirma, por ejemplo, “Y Nosotros (Allâh) hicimos del Hijo de Maryam y de su madre un signo (milagroso)” (XXIII, 50).

A pesar de las diferencias que existen, y que de hecho deben existir si cada religión ha de conservar su propio genio espiritual y su autenticidad, la concepción islámica de Jesús proporciona una base firme para la comprensión del cristianismo por parte de los musulmanes, siempre y cuando se abstengan de reaccionar ante las intimidaciones provocadas por los ataques modernos contra el Islam y retornen al estudio profundo de sus propias fuentes tradicionales. Pero esta concepción también puede ayudar a los cristianos a captar mejor lo que el Islam significa realmente para los que respiran dentro del universo al que ha dado lugar. Quizá la concepción islámica de Cristo pueda servir de base para una mejor comprensión del Islam por parte del mundo cristiano. Podría ayudar a que los cristianos se dieran cuenta de que el sol de su mundo espiritual, al que tanto aman, es también una estrella resplandeciente en el firmamento de otro mundo y desempeña un importante papel en la economía religiosa y espiritual de otra colectividad humana.

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