Número 126  //  31 de mayo de 2001  //  8 Raby` al-awal 1422 A.H.

 CONCIENCIA

La ciencia sin conciencia
Por Oscar Badolato

 

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Ciencia o conciencia

La pretensión del hombre desde hace tres siglos es lograr el dominio de la naturaleza; en los últimos cincuenta años incluso ha desviado su curso y ya se encuentra en los primeros pasos de soberbio creador de adefesios: cruzas de cepas de virus, injertos de hormonas humanas en animales, y vaya a saber que otro tipo de engendros. Todos experimentos de consecuencias imprevisibles para la salud del hombre y el equilibrio ecológico.

Con el auge de la consigna "Orden y Progreso" se ha sumido a la masa humana a una constante amalgama de límites inadecuados, caminos desviados; cuando no callejones sin salida; y mutilaciones. La alternativa vigente ha sido el pseudo desarrollo.

Las ininterrumpidas presiones y caminos estereotipados dentro de cánones y roles absurdos a que ha sido doblegado el hombre, han pretendido ir taponando los orificios de aireación y renovación, que han surgido debido a la constante labor interior de aquellos pocos seres que se atreven a desafiar los designios de una lógica quietista y aplastante.

No estamos en contra del progreso y la ciencia, sí en contra de las alternativas viciadas que enrarecen la verdadera evolución esencial del individuo y su especie.

Ya que sabemos que es ley natural e histórica que al apogeo de un imperio sucede su caída, nos preguntamos: ¿ en qué punto se encuentra la ciencia? ¿ No estará al borde del abismo? ¿ Dónde nos llevará esta ciencia sin consciencia?.

Debemos estar atentos y apuntar hacia el desarrollo interior del individuo, es más, ésta debe ser nuestra exigencia. Porque quién sino un individuo obnubilado es el que puede apretar el primer botón y con esta acción nos lleve al caos total. Del mismo modo un científico fanático y enceguecido nos puede llevar al desastre biológico.

El sistema de pensamiento, no sólo ha sido sutilmente dirigido a convivir con estas angustias y soportarlas estoicamente, sino que también se ha fragmentado, con la consecuencia de que pocos son los que pueden asumir una totalizante visión de la realidad, y estos no tienen acceso a los medios masivos de comunicación.

Así como tampoco se debaten públicamente los problemas de la sociedad actual: familia, control, de la natalidad, sexualidad responsable, drogadicción.

¿Quiénes son los beneficiados y quiénes los perjudicados por estos absurdos silencios?.

La tecnología se encuentra subyugada a la economía, a una ética de mercado que en vez de apuntar al desarrollo igualitario de todos los habitantes del planeta, ha enriquecido a unos en detrimento de otros; no sólo no se ha compartido el pan, sino que se ha acumulado la harina para especular con ella, cuando millones de seres se mueren de hambre cada año. Los intereses creados han tomado el lugar de los intereses verdaderos.

Cabe preguntarse ¿Cuál ha sido el sendero escogido para encaminar a la humanidad y cuál es la resultante del mismo?

Se ha desoído la voz interior de la Presencia Divina, Dios es inmanente en nosotros porque somos parte de la chispa divina y allí reside nuestra trascendencia.

Se ha apartado a Dios de nuestro interior para institucionalizarlo en dogmas, pecados y castigos; y con esto se ha logrado una imagen iracunda de Dios, del que más vale alejarse o negarlo; de esta manera lo único que se ha logrado es apartarnos de nuestra espiritualidad. Vivimos sumergidos en el aquí y ahora, nadando en el vacío de las posesiones materiales, alejándonos cada vez más de los vínculos espirituales y afectivos.

Qué interesan nuestros hijos o la humanidad? Interesa el cuento que nos hicieron de agrandar el poder y el prestigio como únicos elementos válidos para lograr una consideración positiva y realización personal.

Nos preguntamos alguna vez, quién es el adolescente?. No será el adulto carente de expectativas trascendentes, no porque no formen parte de su esencia, sino porque le han sido amputadas, tergiversadas o autocercenadas por una deficiente adaptación al consentir el vivir una existencia menguada. Se ha dejado llevar por la corriente al no disentir, y con ello está condenando también a las generaciones venideras; que al no aceptar la mutilación de su mundo interior, de sus necesidades afectivas, prefieren muchas veces optar por el suicidio a corto o largo plazo (drogas, etc.), eligen conservar sus ideales sometiéndose a ensoñaciones absurdas y destructivas.

No podemos caer en el error de pensar que tenemos la libertad de equivocarnos o de evadirnos de la realidad actual, porque irremediablemente nuestra actitud perjudicaría al prójimo.

Hemos llegado a un estado tal de alienación (ajenos a nosotros mismos), que hasta constituye un problema para nuestra sociedad actual, el ocio y la angustia que esto genera; por considerarse el tiempo libre, un tiempo perdido, y no una herramienta (llave) que aplicada a la meditación de nuestra realidad verdadera, no la aparentemente real, negadora de nuestra vivencia interior; sino aquella que nos religa a nuestro origen divino y plan de evolución. Devolviéndonos la serenidad de sentirnos viviendo a través de nuestro ser interior; construyéndonos a cada momento en nuestra esencia, y no desparramándonos en cantidad de acciones estériles, que lo único que logra es socavar nuestro presente y sepultar nuestro futuro.

Por el momento nuestras ciudades son cementerios vivientes, cárceles de cemento para el pensamiento y la acción, ya que alejan al individuo de la cósmica experiencia de contemplación y contacto con la naturaleza; hemos perdido el contacto con nuestro ambiente natural, más que los animales que están encerrados en un zoo.

El hombre se ha mal endiosado. En tanto por su soberbia ha destacado y privilegiado su poder de manipulación de la naturaleza vegetal, animal y humana; pero este irrespetuoso e irreverente dios en que se ha erigido, ha generado la simiente de la autodestrucción.

Su desmedida ambición pretendió codificar a su antojo lo que la naturaleza perfeccionó durante milenios; y en el seguimiento de su visión distorsionadas se ha olvidado del enorme poder de la naturaleza vegetal, animal y humana de retomar sus cauces originales.

Estos tiempos que vivimos nos dan la pauta de lo equivocada que es la concepción del universo, del mundo. Y el hombre es el eco sordo de la negación y ocultamiento de su verdadera naturaleza.

El hombre ha de regresar a sus cauces naturales, quiérase o no. No puede pretenderse tapar la boca de un volcán para que este no vuelva a erupcionar jamás. Así también el fuego interior nunca podrá ser aquietado, y así las energías vitales más sutiles pugnan por emerger y alcanzar su más elevada expresión, en empatía con el micro y macro cosmos. Desde la naturaleza simple en la profunda meditación de la existencia humana, hasta la comprensión de la música cósmica de las galaxias.

Y cuando todos estos valores intercambien entre si sus facultades de amorosa entrega; el reciclaje biocósmico, biorgánico y Divino se manifiesta en la armonía vital d los componentes todos del universo.

La problemática de la ciencia y la evolución humana, se unen en el punto en que el factor humano resulta el determinante de los medios y modos en que puede objetivarse una realidad caótica y sin retorno; o proyectada hacia los fines que debe orientarse una sociedad en vías de evolución.

Y es aquí cuando nos vale preguntarnos, en dónde debe asentarse la ciencia humana sino en la consciencia, es decir, en la ciencia superior manifestada en la naturaleza tal cual es en su propia extensión y expansión; y el hombre como único heredero del gozo perfecto que da la facultad y el don de Ser El Testigo, en y ante toda la maravilla de la Creación, apartados los velos y respetuosos de si mismos y del prójimo.

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