Número 122  //  15 de abril de 2001  //  21 MuHarram 1422 A.H.

 AL- ÁNDALUS

El resurgir del Islam en Al-Ándalus XV
  Por Ali Kettani


En el mismo momento de cerrar la edición de El Resurgir del Islam en Al Ándalus nos llega la terrible noticia de la muerte de Alí Kettani, Rector de la Universidad Islámica Averroes, un apreciado hermano y amigo. Que Allah le de todo lo mejor de la próxima vida. Nuestro mas sincero sentimiento de pérdida a su familia y amigos. Allah es grande.

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3.5 La derrota y la Entrega

Después del encuentro del ejército de Juan de Austria y el del Duque de Cieza en el llano del Padúl, se dirigieron ambos hacia el sur a Andarax, llegando allí en el mes de mayo. Y dirigió desde Andarax escuadrones al mando del Duque de Cieza para el sometimiento de la fortaleza de Berja, 
y más al oeste en la Axarquía de Málaga las fortalezas de Cómpeta, Maro, Nerja, Comares, Coria y Benamargosa. Fueron ocupadas las plazas, y sus familias que se salvaron de la muerte y la esclavitud los trasladaron a Castilla. Prosiguieron las batallas en la zona al oeste de Ronda, y los muyahidín liberaron la fortaleza de Alazama y el castillo de Casarabonela, 
y asediaron Arboto en la Sierra Bermejí. Se dirigió hacia ellos un ejército al mando del Duque de Arcos quién entabló batallas con ellos que les llevaron
a la derrota y la entrega en el 20/9/1570 d.J.

Ante estas continuadas derrotas, y perdida la esperanza de los muyahidín de obtener cualquier tipo de ayuda efectiva de los otomanos y saadíes, se dividieron los muyahidín en tres opiniones: Una de ellas prefería la continuidad del Yihad hasta la muerte como mártir, mejor que la entrega y todo lo que acarrearía de cristianización, esclavitud y muerte en humillación bajo el poder enemigo. Estaba Ibn Abbu a la cabeza de este grupo; otra de ellas veía que era inútil continuar con el Yihad y se inclinó por la negociación con los cristianos para la entrega en la mejor de las condiciones posibles. Estaba Fernando El Habaquí a la cabeza de este grupo; y la otra era la Hiyra a la costas marroquíes y Argelinas de cada uno con su familia, y salir del infierno en el que se encontraban. De manera que cruzaron el mar un gran número de ellos desde febrero del año 1570 d.J.

En el 5/2/1570 d.J., se reunieron en las cumbres de la Sierra Nevada Hernando Parrada, una de las personalidades andaluzas de Guadix, con El Habaquí que había llegado a ser Comandante General de los ejércitos de muyahidín después de morir mártir Ibn Al-Malíh en Galera. Entró Parrada como mediador entre los españoles y los muyahidín con la aprobación de Juan de Austria, proponiendo a El Habaquí la finalización del combate a cambio del perdón general para todos los muyahidín. Prosiguieron las conversaciones y El Habaquí propuso a Juan de Austria, convencer a Ibn Abbu y al resto de jefes andaluces que se les deja las Alpujarras, pero deben entregar todas las otras regiones que estuvieran en sus manos, entre las que se encontraban el valle de Almanzora, y el aviso del armisticio a cambio de garantizar la seguridad de las vidas de todos los muyahidín. Dio su conformidad Juan de Austria al asunto en un primer término, e hizo efectiva una orden real con el perdón para todos los andaluces que entregaran sus armas en el plazo de veinte días desde su anuncio, con la condición de que la edad comprendiera entre los quince y los cincuenta años, y que acataran el mando y la obediencia al rey Felipe II.

El decreto permitiría a cada uno de los que se entregaran, la presentación de su queja con la promesa de investigarla cuidadosamente. Así mismo, el decreto prometía un premio a todo el que se entregara, y la puesta en libertad de dos personas de su familia. Y el decreto dictaminaba 
la ejecución a quien rechazara la entrega, exceptuando a las mujeres y niños menores de quince años. El decreto designó a los centros de entrega dependientes de Juan de Austria y el Duque de Cieza. Se repartirían entre los andaluces prospectos falsificados en nombre de uno de los faquihes llamando a los muyahidín a la entrega “para librarse de las desgracias que les ocasionó Ibn Abbu”. Al mismo tiempo, Juan de Austria prosiguió con la ejecución y la violación y la captura de prisioneros, ya fueran entregados o combatientes.

Con este oscuro panorama prosiguieron las negociaciones. La mayoría de los muyahidín rechazaron responder a la llamada de Juan de Austria por la falta de confianza en las promesas de los cristianos. Se inclinó Ibn Abbu por la negociación con el objeto de obtener la mejor de las condiciones en la entrega, cuando se vio incapaz de defender a su pueblo y de su liberación de cuantas desgracias le asolaba.

Ordenó Juan de Austria a Don Alonso de Granada Benegas, uno de 
los jefes andaluces, escribir a su amigo Ibn Abbu para inducirlo a la entrega. Le escribió una carta con fecha de 18/4/1570 d.J., tratando en ella de convencerle de finalizar “esta guerra funesta”, y pedirle que enviara una delegación en su nombre para negociar las condiciones de la entrega y la reconciliación. Ibn Abbu contestó con otra carta  con fecha de 24/4/1570 d.J., en la cuál decía rotundamente, que la responsabilidad de encender la revolución y el drama de la guerra era de los castellanos a causa de su vejación a los andaluces y su coacción para que renegaran de su Din. Así mismo, afirmaba en su carta la justicia del Yihad, rechazando la entrega incondicional. A continuación, Ibn Abbu solicitó de Benegas obtener del 
rey la seguridad para El Habaquí para que negociara con los castellanos 
en nombre de los muyahidín la finalización de la guerra. Y así fue como 
Ibn Abbu designó El Habaquí como negociador oficial en nombre de la Revolución andaluza, y lo hizo su representante de confianza (22).

Prosiguieron las negociaciones entre los españoles y El Habaquí 
a través de Hernando Parrada y Alonso Benegas. Y después se reunió numerosas veces El Habaquí con los dos delegados del rey. Y en el 13/5/1570 d.J., El Habaquí propuso a Benegas en Fondón Andarax las condiciones de la entrega, y éste a su vez las trasladó a Juan de Austria, 
el cuál reunió al Consejo Militar. El Consejo solicitó de El Habaquí que 
viniera con una autorización de los comandantes de los muyahidín en representación de ellos. Regresó El Habaquí a Fondón Andarax el día 19/5/1570 d.J., con la autorización de Ibn Abbu, y culminó el acuerdo con 
los representantes españoles de acudir al Príncipe Juan de Austria en nombre de Ibn Abbu y el resto de los comandantes del Yihad y entregarle 
las armas y el estandarte, y solicitar el perdón y la misericordia. Después 
de lo cuál, el Príncipe Juan de Austria le perdonaría en nombre del rey, y emanaría el perdón general para todos los andaluces, garantizándoles su vidas y sus pertenencias, estando a salvo de ser agredidos y permitiéndoles las relaciones sociales entre ellos como el matrimonio, et... Enviaría a los combatientes entregados con sus mujeres y niños a los lugares fijados para ellos con el fin de que desalojaran las Alpujarras. Y aceptó El Habaquí todas las condiciones.

En cumplimiento del acuerdo, se presentó El Habaquí el 22/5/1570 d.J., a la cabeza de 300 muyahidín, en el campamento de Juan de Austria 
en Andarax, y le hizo entrega de su espada y el estandarte de la entrega 
en nombre de Ibn Abbu. El gobernador se lo aceptó y le devolvió la espada. Le otorgó la seguridad de no ser agredido, ni molestado, ni perseguido, ni saqueado, permitiendo a los entregados la residencia dónde quisieran del Reino de Granada aparte de las Alpujarras.

A continuación, regresó El Habaquí a Ibn Abbu para informarle de lo que había concluido, enviando con él Juan De Austria a dos delegados para aceptar la entrega de Ibn Abu. Y cuando Ibn Abu tuvo conocimiento de  las condiciones a las que había acordado El Habaquí, le acusó de haberse extralimitado en la autorización que él le había dado, acusándole de engaño y traición, teniendo en cuenta que los andaluces no obtenían nada con ello, como la derogación de los decretos de cristianización y la anulación de la lengua árabe. Y por encima de todo, El Habaquí acordó la expulsión de los andaluces de las Alpujarras. ¿Para qué el Yihad entonces? ¿Y para qué los sacrificios?

En el 25/5/1570 d.J., El Habaquí regresó al campamento de Juan de Austria para informarle de la oposición de Ibn Abbu a los acuerdos. Después le propuso su cumplimiento sin contar con Ibn Abbu, y traerlo encadenado. Dio su conformidad Juan de Austria, y envió al mismo tiempo un representante suyo a Ibn Abbu el día 28/5/1570 d.J., para tratar de convencerle de la entrega, sin que tuviera éxito. Los muyahidín apoyaron la posición de Ibn Abbu, y El Habaquí actuó entonces en la repatriación a sus países, y empezó a promover la entrega. Encabezó una fuerza que se dirigió hacia la captura de Ibn Abbu, sin embargo los muyahidín lo derrotaron y apresaron, entregándoselo encadenado a Ibn Abbu, el cuál lo había acusado de traición, y ordenó su ejecución. El Habaquí fue ejecutado e Ibn Abbu ocultó su muerte durante treinta días.

Prosiguió Ibn Abbu las negociaciones con Juan de Austria en las mejores condiciones con la mediación de Hernando Parrada (13). Y continuó al mismo tiempo con sus esfuerzos en levantar de nuevo la Revolución, enviando para ello sus emisarios a los diversos territorios estimulando a los andaluces en el seguimiento del Yihad. Y la historia ha conservado una carta impresionante de respuesta de Ibn Abbu a Parrada con fecha de 3/7/1570 d.J., escrita en dialecto granadino, y constituye el último documento en árabe que nos ha llegado de Al-Andalus. Y el texto es el siguiente (23):

“Alabanzas a Allah, el Único, antes de toda discusión. Yo doy el saludo al más honorable de los honorables, mi señor y amigo lo más querido que tengo, Don Hernando. Yo conozco tu respeto hacia mi. Si tu dices que quieres venir a mi, tu vienes a tu hermano con toda quietud como miembro 
de mi familia y parte de mi. Y si tu quieres esperar, eso también es por el bien. Haces lo que tu quieres conmigo, y yo colaboraré contigo en verdad 
y sin traición. Me parece que los emisarios que mandaron, se van y olvidan, y dividen a la gente. Y ahora yo conozco tu interés y honor en este asunto. Haces con insistencia lo que tu piensas que es bueno y mejor. Espero 
que Allah nos proteja de todo mal, y que tu honor llevará la solución a este asunto. Quiero informarte de que no tengo escribano conmigo sino hubiese escrito más. Y que la paz sea contigo así como la misericordia y la abundancia de Allah. Esta carta fue escrita el día tres del mes de julio del año (19) 70 ”.

En el 30/7/1570 d.J., Juan de Austria envió a un emisario para que negociara con Ibn Abbu, proponiéndole la entrega a cambio de ofertas tentadoras para su persona. Ibn Abbu le respondió diciéndole que da fe por Allah de que no tiene deseos en el reino, y como el pueblo andaluz lo había elegido como su sultán, él no se entregaría aunque se quedara solo como muyahid en las Alpujarras, ya que tenía la comida y el agua suficiente para seis años, y si se acabaran sus alimentos él prefería cruzar el mar hacia tierras musulmanas antes que entregarse.

Cuando Juan de Austria vio la posición de Ibn Abbu, y conoció la muerte de El Habaquí, determinó acabar con la Revolución por la fuerza. 
Ibn Abbu trató de organizar la resistencia de nuevo en las Alpujarras, y envió a su hermano Gálib a la zona de Ronda para conducir el Yihad. Mientras que Juan de Austria se dirigió con sus fuerzas hacia Guadix, dónde se encontró con las fuerzas del Duque de Cieza. Y de Granada salió un tercer ejército al mando de Don Requisens en dirección a las Alpujarras. Partió un cuarto ejército al mando del Duque de Arcos hacia las llanuras de Ronda y sus montañas, acabando con los muyahidín en aquella zona en el 20/9/1570 d.J. Y en el mismo mes Don Requisens lanzó su ataque total a las Alpujarras, matando, quemando, destrozando y exterminando a ancianos, niños y mujeres. Y repartió como esclavos entre los soldados a todas las mujeres y niños musulmanes que se hubieran salvado de la muerte. Y entre sus abominables fechorías estaba la de prender fuegos a la entrada de las cuevas para asfixiar a los que se habían escondido en ellas.

Ante este nuevo ataque no quedaba ya fuerza alguna digna de mención para el Yihad en la defensa de Andalucía. De manera que empezaron los ejércitos de Castilla a despedazar todos los destacamentos que se les oponían, desplomándose la resistencia. Y se llenaron de refugiados las costas marroquíes y argelinas huyendo con su Din y sus vidas.  

Prosiguió Ibn Abbu la resistencia en lo más alto y más escabroso del territorio de las Alpujarras, quedando con él 400 muyahidín solamente, entre ellos Bernardino Abenamar y Gonzalvo Genís. Se estrechó el campo de los muyahidín entre Bérchules y Trevelez, y los españoles instigaron a Genís para matar a Ibn Abbu a cambio del perdón para él. Y Genís abrigaba odio contra Ibn Abbu porque le había impedido cruzar el mar hacia Marruecos. 
Los españoles lo habían cogido y lo dejaron libre otorgándole la seguridad y la promesa de que le entregarían a su esposa y a sus dos hijas que tenían encarceladas, a cambio de que les trajera a Ibn Abbu vivo o muerto.

En el 13/3/1571 d.J., tuvo éxito la conspiración, cuando Genís y seis de sus seguidores atacaron a Ibn Abbu en la cueva dónde se escondía, resistiendo allí hasta morir como mártir. Entregaron los traicioneros su cadáver a los españoles, los cuales lo trasladaron a Granada y lo introdujeron en la ciudad en medio de una gran fiesta. Lo habían puesto en una jaula de hierro después de haberlo vestido completamente como si estuviera vivo. A continuación lo subieron a un caballo y cruzaron con él la ciudad seguido de una multitud de presos andaluces. Después fue conducido al cadalso para ser ejecutado. Fue decapitado, el cuerpo pelado en las calles y los miembros despedazados, después fue quemado en la más grande de las plazas de Granada en un salvajismo sin parangón. Pusieron la  cabeza en una jaula de hierro elevada por encima de la Puerta de la Ciudad en dirección de las Alpujarras dónde permaneció colgado durante treinta años (13).

No finalizó completamente la Revolución hasta el año 1573 d.J., 
con la entrega de las zonas de Galera, Serón, Purchana y la zona del valle de Almanzora en la provincia de Almería.

Después de derrumbarse la Gran Revolución de Granada, comenzaron nuevos dramas como jamás había visto antes el pueblo andaluz, cuando anunció un decreto el rey Felipe II en el 28/10/1570 d.J., antes de morir como mártir Ibn Abbu, con la deportación de los andaluces del Reino de Granada a las diferentes zonas de Castilla y León.

Y antes de finalizar este capítulo, veremos las características de esta Revolución única en el desafío a la muerte, en la organización y la valentía contra el más potente ejército en Europa entonces, con el mínimo de medios y el mínimo apoyo exterior. Utilizaron magistralmente los muyahidín andaluces la topografía de las montañas y su conocimiento de los territorios, de forma que golpeaban al enemigo varias veces rápidamente tras lo cuál se trasladaban de una montaña a otra con celeridad. Evitaban las largas batallas, y eran excepcionales hasta en su desgracia, pues habían inventado la guerra de guerrillas y la perfeccionaron. De tal forma que en un principio decayó la fuerza moral del ejército español, el cuál se enfrascaba en una guerra clásica, especialmente después de que los muyahidín hubieran actuado haciéndoles pasar hambre con la quema de sus cosechas agrícolas. Después se convirtieron los soldados españoles en criminales, matando o esclavizando a todo el que caía en sus manos de las familias de muyahidín, ya fuesen niños, ancianos y mujeres, para asestarles un golpe moral.

Por otro lado, los jefes del Yihad no pudieron vencer las disputas secundarias, por ejemplo entre la gente de la capital Granada y la de las Alpujarras. Y tal vez fueran estas disputas la causa de la abstención de las capitales Granada y Murcia en su incorporación a la Revolución en su primera fase. Tampoco estaba unido el lado español, habiendo una fuerte enemistad entre Deza y Mondejar, y entre Cieza y Velez.

Las fuerzas combatientes eran enormes en proporción a la suma total de habitantes, siendo el número de muyahidín al principio de la Revolución de 4.000 aproximadamente, alcanzando la cifra de 30.000 muyahidín en su punto culminante. Eso indica el esfuerzo tan excepcional que realizaron los andaluces para liberar a su país, como así mismo indica su resolución unánime en la resistencia. Y las fuerzas regulares que les hicieron frente no eran menores de 30.000, y mejor armados de sobra. Cayeron víctimas de esta Revolución docenas de miles de andaluces, especialmente mujeres y niños, como así mismo murieron varios miles de españoles.

Todos los territorios del Reino de Granada se adhirieron a la Revolución, excepto las grandes ciudades como la capitales Granada y Almería, Guadix, Baza, Huéscar y Motril.



Bibliografía del capítulo tercero

 

3.1  Diego Hurtado de Mendoza “Guerra de Granada” ed. B. Blanco González, Madrid, 1970.

3.2  L. de Marmol Carvajal “Historia de la Rebelión y Castigo de los Moriscos del Reino de Granada” Biblioteca de Autores Españoles, t. XXI, p. 123 y ss.

3.3  Ginés Perez de Hita “Guerras Civiles de Granada” Primera Parte, Madrid, 1913.  

3.4  Nabíl Abdelhay Ridwán “Los Esfuerzos Otomanos para la Salvación de Al-Andalus y su Reivindicación a Comienzos de la Era Moderna” Tesis doctoral, Univ. Umm Al-Qora, Meka la Sagrada, 1987. (árabe).

3.5  Muhammad Hijjí “El Movimiento Ideológico en Marruecos de la Época Saadí” Rabat, 1976. (árabe).

3.6  Ref. (3.2) t. III, Cap.IX. Y su traducción en árabe del libro de Muhammad Abdullah Inán “El Final de Al-Andalus” Tercera edición, pág. 362-363. (árabe).

3.7  Abdulyalíl Tamimí “El Estado Otomano y el Tema de los Moriscos” La Revista Histórica Marroquí, Túnez, Núm. 23-24, Noviembre, 1981. (árabe).

3.8  Muhammad Hatámla “La Emigración Forzosa de los Musulmanes de Al-Andalus en la Época del Rey Felipe II 1527-1598” Ammán, Jordania, 1982. (árabe).

3.9  Julio Caro Baroja “Los Moriscos del Reino de Granada” Ediciones Isfmo, Madrid,1976, Cap.6.  

3.10 As’ad Humad “Desgracia de los Árabes en Al-Andalus” Institución Árabe de Estudios y Distribución, 1988, pág. 336-389.

3.11 Ref. (3.2) t. IV, Cap IV, p. 185.

3.12  Luis Cabrera de Córdoba “Felipe Segundo, Rey de España” Madrid, 1876-77, Vol. I, p. 554 (Lib. VII, Cap. XXI).

3.13  Comte de Circourt “Histoire des Arabes d’Espagne” París, 1846, Vol. 2, p. 316-443.

3.14  Ref. (3.4) Apéndice 2. (árabe).

3.15  DACB, Dietari de l’Antic Consell Barceloni, V, 85,86.

3.16  Diego Hurtado de Mendoza “De la Guerra de Granada” Edición Crítica preparada por Manuel Gomez Moreno, Memorial Histórico Español, XLIX (Madrid), 1948, p. 158-204.

3.17  Ref. (3.2), Lib. VI-X.

3.18  Ref. (3.2), Vol. 21, p. 317. La traducción árabe del original (3.10), pág. 331.

3.19  Abul Qásim Zayáti “La Traducción Clara Sobre los Estados del Este y del Oeste”, Manuscrito de la Biblioteca Pública de Rabat (Marruecos), Núm. 658 d, pág. 350. (árabe).

3.20  Mustafa Ibn Husein Al-Yanabi “Al-Bahru Az-Zajár wa Ilmu At-Taiyár” Manuscrito de la Biblioteca Hassanía de Rabat, Núm. 1.507, pág. 535. (árabe).

3.21  Historiador Anónimo “Historia del Estado Saa’dí Takmudarti” George Kolana en Rabat (Marruecos) año 1934, pág. 27-28.

3.22  Ref. (3.16), p. 215.

3.23  M. Alarcón “Miscelánea de Estudios y Textos Árabes” 1915, p. 691 (fotocopia de la carta) Madrid.

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