Número 120  //  18 de marzo de 2001  //  22 Thw al-Hijjah 1421 H.

 AL- ÁNDALUS

 El resurgir del Islam en Al-Ándalus XIII
  Por Ali Kattani


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3.3 Propagación de la Revolución y Martirio de Ibn Omeya

Decidió el rey Felipe II dirigirse hacia las Alpujarras para someterlas por sí mismo, al ver la dificultad de acabar con la Revolución, ejemplo de sus predecesores los Reyes Católicos. Le propuso el Cardenal Espinosa en lugar de eso enviar a su hermano “ilegítimo” Don Juan de Austria a la cabeza de un nuevo ejército. Lo designó el rey en el 17/3/1569 d.J., y puso bajo su mando un Consejo de Guerra. Después envió a de Mondejar dándole a escoger entre quedarse bajo el mando de Don Juan, o trasladarse al Consejo del Ejército en Granada como uno de sus miembros. Y prefirió de Mondejar trasladarse a Granada.

            En el 6/4/1569 d.J., Don Juan dejó a su hermano el reino, y se dirigió a Granada a la que llegó en el 13/4/1569 d.J. Allí le recibieron los cristianos de Granada acompañados de sus huérfanos, los que han sufrido la pérdida de sus hijo, y sus viudas para incitarle a echar a los musulmanes. Y en el 14/4/1569 d.J., se reunió con los jefes andalusíes, los cuales se quejaron a él del mal trato sufrido, el odio, el despojo de los bienes, y la pérdida de vidas humanas sin motivo. El les prometió protección a todos los que se sinceraran con el cristianismo. Y en el 22/4/1569 d.J., Don Juan celebró un Consejo de Guerra para planificar el aplastamiento de la Revolución, lo presenció el Marqués de Mondejar y el Presidente Deza. Las opiniones en el Consejo fueron variadas, estando la voz de Mondejar del lado de aquellos que preferían la tregua y la negociación con los muyahidín, mientras que la voz de Deza y la de la mayoría de los miembros restantes del Consejo era el destierro de los andaluces del barrio del Albaicín y de la Vega de Granada y su traslado a Castilla. Y a pesar de que Don Juan no se pronunció, se inclinó por la segunda solución.

            Ante estos nuevos peligros que amenazaron a los andaluces, y las prácticas salvajes que llevó a cabo el ejército castellano contra los muyahidín y sus familias, los excesos y abusos contra cada andaluz por parte de la gentuza de los cristianos, especialmente la matanza de rehenes sacrificados en la prisión de Granada, comenzó una multitud de voluntarios a incorporarse a los muyahidín, prefiriendo la muerte con el arma en sus manos a la esclavitud o la muerte en las calles y las casas. Fue implantado por ello en el Yihad, un nuevo espíritu de fuerza y entusiasmo.

            El rey español solicitó la colaboración a los reinos cristianos, y afluyeron a él voluntarios y mercenarios de todos los rincones de Europa: vino Don Luis de Riksens de Italia a la cabeza de una fuerza naval compuesta de 24 buques que desembarcaron en las costas de las Alpujarras y se enfrentaron a los revolucionarios musulmanes en el 28/4/1569 d.J. Fue derrotada la fuerza naval y hubo grandes pérdidas entre sus comandantes antes de su retirada a Frigiliana. Y en el 13/5/1569 d.J., el representante del rey en Cataluña permitió a los voluntarios que se incorporaran al ejército español para combatir a los muyahidín. Como así mismo, facilitó en el 18/5/1569 d.J., a los soldados franceses el acceso a las Alpujarras. Y así fue como participaron miles de voluntarios cristianos de todos los puntos de Europa en una guerra cruzada llena de odio en contra de los andaluces, y afluyeron al Reino de Granada por tierra y mar (15).

            Ibn Omeya residía en la taha de Ugíjar en las Alpujarras y trazó un plan de ataque con sus fuerzas contra el ejército cristiano en un intento de preservar la iniciativa para beneficiarse de las contiendas rápidas e imprevistas y evitándolas a campo abierto. Distribuyeron los muyahidín sus divisiones de combate en los alrededores de Almería, el valle de Almanzora, Guadix, el valle del Genil, la Vega de Granada, el valle de Lecrín, la sierra de las Alpujarras, la sierra de Ibn Tomiz, el este de Málaga y la zona de Ronda. Es decir, cada dirección del antiguo Reino de Granada y hasta se ha dicho que algunos grupos de muyahidín entraron en la misma capital de Granada.

            Los muyahidín tomaron la iniciativa en muchas veces: Sorprendieron los muyahidín a un batallón de 400 soldados bajo el mando del gobernador de Guadix, el cuál se había trasladado por orden del Marqués de Velez para ocupar el paso de la Ragua, siendo derrotada y aniquilada. Después, dispersaron los muyahidín una fuerza bajo el mando del gobernador de Velez que quería ocupar la peña de Frigiliana, para ser derrotada y perseguida hasta Vélez. Quedó Frigiliana en manos de los musulmanes hasta que la ocuparon las fuerzas voluntarias de Riksens en el 11/6/1569 d.J., que exterminaron sus defensores musulmanes, que se debatieron hasta la muerte en su defensa con la participación de mujeres y ancianos. Así fue como liberaron los muyahidín, en semanas, cientos de fortalezas, pueblos y ciudades en todos los rincones del Reino de Granada.

            Se adelantó el ejército del Marqués de Velez hacia Berja, y avanzó hacia él Ibn Omeya a primeros de junio del año 1569 d.J., a la cabeza de varios miles de muyahidín, de entre ellos aproximadamente unos 400 eran voluntarios marroquíes. El comandante de las batallas fue el muyahid Mashcar. Y se desencadenó en Berja la primera gran batalla en esta etapa del Yihad, tras la cuál se vio forzado Ibn Omeya a la retirada hacia Cádiar, después de que el ejército de Velez sufriera terribles pérdidas. Cada uno de los dos bandos los muyahidín y los cristianos reivindicaron la victoria en la batalla de Berja en la que murieron mártires 1500 muyahidín aproximadamente.

            Y en el 23/5/1569 d.J., se incorporaron a la Revolución las zonas de Alhama, Ronda y la sierra de Bani Tomiz al este de Málaga, expulsando los muyahidín de estas ardientes zonas a los castellanos con fuerzas bajo la jefatura de Shariran y Fernando Dora. Como así mismo rechazaron un ataque lanzado contra ellos por el gobernador de Almería y en el que se vio obligado a refugiarse en Vélez Málaga sin poder salir de allí.

            Los muyahidín del valle de Almanzora se apoderaron en el este de Almería de una serie de fortalezas y pueblos, asediando el castillo de Serón, la mayor y más inexpugnable de aquellas fortalezas desde el 10/6/1569 d.J., hasta que la liberaron el 11/7/1569 d.J., después de derrotar a la fuerza castellana bajo el mando del gobernador de Baza que intentaba salvarla. Así mismo, liberaron los muyahidín las fortalezas de Oria, a continuación sitiaron Vera en septiembre y Órgiva en octubre. Y en el mes de julio falleció uno de los comandantes del Yihad Muhammad Ibn Yahuar Saguír, tío de Muhammad Ibn Omeya.

            Mientras que los muyahidín se extendían por todos los rincones del Reino de Granada, se dirigieron hacia ellos fuerzas de Velez y batallones de voluntarios cristianos bajo el mando de los gobernadores de provincias, estuvo Don Juan Austria, residente en la capital Granada, ocupado de las batallas con la asistencia a las asambleas del Consejo Militar por orden de su hermano el rey. Le llegaron órdenes del rey para desterrar a los moriscos de la capital Granada en el 23/6/1569 d.J., confirmando este decreto todos los miembros del Consejo, entre los que se encontraba de Mondejar. Se extendió pues, el ejército castellano por la capital de Granada y su Vega, y después del amanecer de aquel día, salieron directamente los pregoneros anunciando a golpes de tambor la obligación de que los moriscos fuesen a las iglesias, y el Presidente Deza garantizará la seguridad de todo aquel que obedeciera la orden. Y se sometieron las gentes de Granada sin oponer resistencia, congregándose en las iglesias, dónde permanecieron el día y la noche bajo custodia. Por la mañana los soldados separaron a las mujeres de los hombres, después separaron de los hombres a los menores de diez años por un lado y a los mayores de sesenta por otro, y los llevaron entre dos filas de soldados al Hospital Real, fuera de la ciudad. A continuación, seleccionaron de entre ellos algunos artesanos y hábiles trabajadores que se les permitió la permanencia en Granada.

            Todos fueron llevados a Castilla incluyendo los territorios de Andalucía que fueron ocupados antiguamente y el territorio de Badajoz. Por el camino fueron tratados los desterrados de la peor manera que se pueda imaginar, con saqueos y matanzas, al tiempo que fueron confiscadas sus casas, sus posesiones y riquezas que habían dejado en Granada. Se estima el número de desterrados en 7.000 mujeres y 3.500 hombres sin que llegaran a los territorios designados para ellos más que unos pocos, mientras que el resto fueron asesinados, o murieron de hambre, de enfermedad o cansancio, o fueron vendidos como esclavos en los mercados (13).

            Este crimen hizo aumentar lo detestable de los crímenes de los cristianos contra el derecho de la gente de Andalucía en un grado nuevo. Y aumentó el odio de los andaluces hacia los castellanos cristianos, y por cuya causa se incorporaron a los muyahidín un gran número de voluntarios andaluces. Y en el 3/8/1569 d.J., una fuerza de muyahidín al mando de Náquis acabó con un batallón castellano en el valle de Lecrín que se dirigía a Órgiva con víveres, y también los muyahidín aniquilaron otro batallón sección de castellanos que hacía guardia en el puente de Tablate. El Archidonés duplicó sus ataques sobre las fortalezas que quedaban en manos del ejército español, e intensificó Ibn Malíh, comandante de la zona del valle de Almanzora, su ataque a la ciudad de Oria, y los muyahidín llegaron a las mismas puertas de Almería.

A continuación, se trasladó el ejército de de Velez por orden de Don Juan de Granada, desde el puerto de Adra, el cuál había tomado de manos de los muyahidín, y se dirigió hacia Ugíjar. Allí ordenó Muhammad Ibn Omeya a Pedro Mendoza Al Husein, uno de sus comandantes, interferir al ejército atacante, pero no pudo. Y en el 3/8/1569 d.J., partió el ejército de de Velez en dirección a Valor, dónde se concentraron las fuerzas de los muyahidín bajo el mando de Ibn Omeya. Produciéndose una cruenta batalla, en la cuál se vieron forzados los muyahidín a la retirada, siendo quemada por el ejército castellano la casa de Ibn Omeya en Valor.

            En agosto del año 1569 d.J., envió Ibn Omeya a Hernando Al-Habaquí al comandante en jefe de Argelia, Alí Pasha, solicitándole auxilio y abastecimiento a los muyahidín de dinero, hombres y armamento. Difundió Alí Pasha un comunicado en el que pidió aportación voluntaria, siendo respondido por un gran número de Argelinos, entre los que escogió a 400 hombres y los armó con fusiles enviándolos en seis buques con Hernando Al-Habaquí bajo el mando de un oficial turco de nombre Husein, y con ellos envió una cantidad importante de víveres y armamento. Mientras que Alí Pasha fue con el resto de los voluntarios para liberar a Túnez de los españoles. Cuando el comandante Husein llegó a Andalucía, dio una vuelta por las concentraciones de muyahidín para informarles de que estudiaba sus necesidades, lo cuál reforzó más aún sus firmes propósitos. Y al mismo tiempo llegaron a los muyahidín los voluntarios de Marruecos con armas y víveres, especialmente de la zona de Tetuán.

            En la capital de Granada se extendieron las diferencias en el Consejo Militar hasta el grado de llegar a detenerse las operaciones militares contra los muyahidín. Y llamó el rey Felipe II al Marqués de Mondejar para entrevistarse con él, sin volver después a Granada. A continuación, el Consejo Militar eligió la guerra contra los muyahidín como única solución para acabar con la Revolución.    

             Y mientras que la iniciativa corría de parte de los muyahidín, sus comandantes cayeron en una peligrosa conspiración que les condujo a su fracaso. Fue que los españoles cuando realizaron la abominable matanza de la prisión de Granada, perdonaron la vida del padre y el hermano de Ibn Omeya para presionar al sultán de Al-Andalus y comandante de la Revolución. Y los entregaron a los Tribunales de la Inquisición para someterlos a tortura. Envió entonces Ibn Omeya una carta a Juan de Austria proponiéndole que se los entregara a cambio de ochenta presos cristianos, de lo contrario se vengaría de los cristianos que estuviesen bajo su autoridad. Acordó el Consejo de guerra en Granada en no dar respuesta, y obligaron al padre de Ibn Omeya a escribir a su hijo prohibiéndole que continuara con la Revolución excluyendo cualquier clase de maltrato o tortura.

            Esto lo aprovecharon algunos colaboracionistas con el enemigo y vengadores de Ibn Omeya en la acción para su muerte, a la cabeza iba Diego Alguacil ministro que era hermano de la esposa de Ibn Omeya. Y comenzaron a sembrar la duda entre Ibn Omeya y los voluntarios procedentes de Argelia. Solicitó Ibn Omeya de su pariente y comandante Muhammad Ibn Abbu (su nombre español era Diego Luis) la incorporación de los turcos a sus fuerzas y la marcha con ellos hacia Albuñol para esperar allí sus órdenes. El propósito de Ibn Omeya era el de liberar el puerto de Motril sin que se filtrara la noticia de la dirección tomada por la fuerza de los muyahidín, con el objeto de preservar el factor sorpresa. Pasó el portador de la carta por Ugíjar, y Alguacil supo de él su contenido, y conspiró con el escribiente de Ibn Omeya para la falsificación de otra carta, y ordenó matar al portador de la primera carta. Llegó la carta falsificada hasta Ibn Abbu ordenándole el desarme de los voluntarios y su inhabilitación. Ibn Abbu que horrorizado por esta orden, creyó en los rumores que divulgó el enemigo acerca de que Ibn Omeya quería la concertación de una tregua con los españoles para liberar a su padre y a su hermano. Los voluntarios pensaron que Ibn Omeya les había traicionado, por lo que decidieron destituirle y matarle en defensa de la Revolución.

            Partieron Ibn Abbu y los voluntarios turcos hacia la residencia de Ibn Omeya en Laujar. Allí lo apresaron y lo acusaron de cuanto se le imputaba. Le leyeron la carta que tenían en sus manos. Sin embargo, él se declaró inocente de las acusaciones dirigidas contra él, asegurándoles que la carta había sido falsificada y que jamás había ordenado escribirla, y él nunca traicionaría a su pueblo ni a su Din. Pero, de nada le sirvió la defensa que hizo de sí mismo, siendo encarcelado en una habitación bajo la custodia de Diego Alguacil, un gran conspirador en su contra, y Diego Arcos, su escribiente. Y en la noche del 20/10/1569 d.J., lo asesinaron por estrangulamiento estos dos traidores.

            Así fue como murió mártir el Comandante de la Revolución de Andalucía, víctima de los conspiradores y la traición, de la mano de los hijos de su pueblo, ese pueblo que se sacrificó su vida y su hacienda por su causa, y por la que fue mutilada su familia: mataron a su madre, sus hermanos y su esposa, mientras que su padre y su hermano fueron encarcelados, pero no se desanimó ni se rindió y tendrá su recompensa ante Allah. Fue su muerte, estando la iniciativa en manos de los muyahidín, un gran contratiempo para la Revolución.

            Los comandantes de la Revolución propusieron, después del asesinato de Ibn Omeya, el nombramiento de uno de los dos comandantes de los voluntarios, Husein o su hermano. Pero ambos lo rechazaron y propusieron a su vez que fuese nombrado Ibn Abbu, con la condición de que diera su conformidad el Comandante en jefe de Argelia. Llegó la conformidad de éste último con algunos refuerzos militares pasados tres meses. Y fue nombrado Ibn Abbu como sultán de Al-Andalus bajo el nombre de Abdullah Muhammad Ibn Abbu. Algunos comandantes de la Revolución, como Ibn Maknún y el Archidonés, se indignaron por el asesinato de Ibn Omeya, y se retiraron del Yihad eligiendo la emigración a tierras del Islam. Y se habían incorporado a la Revolución en su apogeo aproximadamente treinta mil combatientes, de entre ellos 5.000 aproximadamente eran voluntarios turcos, argelinos y marroquíes (2).

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