Número 119  //  18 de marzo de 2001  //  22 Thw al-Hijjah 1421 H.

 AL- ÁNDALUS

 El resurgir del Islam en Al-Ándalus XII
  Por Ali Kattani


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Capítulo tercero:

La gran revolución de Granada (1568 - 1570 d.J.)

3.2 Anuncio de la Revolución y la Proclamación de Ibn Omeya

Comenzaron los enfrentamientos entre los andaluces y los castellanos antes del anuncio de la Revolución. En el 23/12/1568 d.J., salió un pelotón de guardianes del Tribunal de Granada y sus escribanos al pueblo de la Baquera para cumplir las fiestas de Año Nuevo acompañándoles cincuenta soldados armados con fusiles. Se dirigieron desde el puerto de Motril a la fortaleza de Herrera para su defensa. La costumbre de los soldados españoles cuando pasaban por las aldeas andaluzas era la de cometer agresiones sin límites en cuanto a robos, asesinatos y violaciones. Cuando llegaron cerca de Cadiar y comenzaron a agredir a sus gentes, les atacaron un grupo de monfíes al mando de Esteban El Portal y se apoderaron de sus armas, siendo esta batalla la primera chispa que anunció la Revolución.

            En la noche del 22 de Diciembre el sultán Muhammad Ibn Omeya abandonó de incógnito Granada para dirigirse a las Alpujarras. Y en la misma noche una persona informó a un monje que él trabajaba en la Alhambra y que dio a los musulmanes algunos datos sobre las medidas de sus escaleras. Éste monje se lo comunicó inmediatamente al Presidente Deza y al comandante general de Mondejar, los cuales aumentaron el número de turnos de la guardia. No continuó la Revolución conforme al plan inicial al caer una intensa nevada sobre las montañas y cortarse el camino a Granada, de forma que los revolucionarios no lograrían llegar a Granada desde las Alpujarras en la fecha fijada, es decir en el 24/12/1568 d.J. Sin embargo el Baylarbai de Argelia, Suldi Alí, envió refuerzos a los muyahidín según la cita prevista en las cercanías de Almería y Marbella, y llegaron a sus respectivos lugares en las Alpujarras (11).

            Faray Ibn Faray no le echó cuentas a la nieve, poniéndose en movimiento desde las Alpujarras a la cabeza de 180 muyahidín, y penetraron en el barrio del Albaicín por la noche. Trató de convencer a sus gentes de la necesidad de la Revolución y la ejecución del plan que se había acordado, así como prometió la llegada de refuerzos. A pesar de todo las gentes del Albaicín rechazaron su ayuda al ver el escaso número de muyahidín que había junto a él. Se vio obligado Faray Ibn Faray, después de los intentos desesperados durante toda la noche, a regresar a las Alpujarras adhiriéndose a él todos los muyahidín. Fue un desengaño para la gente de la capital de Granada el primer revés que sufrió la Revolución. Sin embargo, no se desvaneció la decisión de los muyahidín que centraron sus operaciones después en las Alpujarras (12).

            Se dirigió Muhammad Ibn Omeya al Valle de Lecrín dónde se renovó su proclamación el día 29/12/1568 d.J. como rey de Al-Andalus y jefe de la Revolución en el pueblo de Beznar. Repitió el nombramiento de comandante del ejército a su tío, y a Faray Ibn Faray como primer Ministro. Envió delegaciones a todas las tahas de las Alpujarras, y todas ellas (las doce) le rindieron testimonio de obediencia. A continuación Muhammad Ibn Omeya se dirigió hacia las Alpujarras y se instaló en Laujar dónde la escogió como su capital temporal. Apenas entró el año 1569 d.J. y los muyahidín ya habían ocupado toda la Sierra de las Alpujarras y el Valle de Lecrín después de expulsar a las guarniciones castellanas y los monfíes cristianos, o haber acabado con ellos.

            Comenzó el sultán Muhammad Ibn Omeya a nombrar comandantes de los territorios y a sus consejeros militares. Nombró a Shaban Miguel de Granada como comandante del Valle de Lecrín; a Marcos Zammar comandante de la zona de Gualchos; a Mateo Ramí comandante de la zona de Almería; a Fernando Gorrí comandante del Valle de Almanzora; a Francisco Burcrir Ibn  Maknún comandante de la zona oriental; a Jerónimo Ibn Malíh comandante para la zona de Guadix; a Martín Caid comandante para la zona de Adra, etc... Eligió  a tres muyahidín como sus consejeros militares: El Náquis, El Rondeño y el Archidonés. Pero desde el principio de la Revolución Faray Ibn Faray comenzó a realizar operaciones militares en las costas desde la región de Vera al noreste de Almería hasta Gibraltar sin coordinación alguna con la Comandancia. Así le destituyó Muhammad Ibn Omeya y nombró en su lugar a su tío Ibn Yahuar. Fue en la retirada de este excelente comandante de la Revolución en sus comienzos su segundo revés. Sin embargo, transcurrió en paz y sin disensiones en las filas de los muyahidín. Prosiguió Faray Ibn Faray su Yihad sin jefatura, lo cuál representa su sinceridad de su acción y su amor por su tierra.

            Comenzó Ibn Omeya a llamar a los muyahidín y al pueblo a volver a sus raíces islámicas y renunciar a los apodos y los nombres cristianos impuestos, volviendo a los apodos y nombres islámicos, recuperar el interés por los cinco salat y rememorar las mezquitas. Cayó la ira de los revolucionarios sobre la Iglesia y sus representantes monjes y sacerdotes, y sobre los funcionarios del gobierno, aquellos que infringieron a los musulmanes el peor de los tormentos. Y cargaron contra ellos destrozándolos en pedazos y dando muerte a los monjes y jueces de los Tribunales de la Inquisición, así como a los funcionarios del gobierno. Actuó Muhammad Ibn Omeya impidiendo a los muyahidín la venganza y muerte de los inocentes (13).

            A continuación, envió Ibn Omeya emisarios al mundo islámico pidiendo la colaboración y el apoyo. Envió a su hermano Abdullah Ibn Omeya a Argelia y a Fernando Al-Habaquí a Marruecos. Confiscó los bienes de las iglesias y los ofreció como botín para los gastos del Yihad.

            Llegó respuesta al hecho del Estado Español en el desorden resultado a una disputa entre los comandantes del ejército, y se dio rienda suelta a los soldados y familias cristianas para vengarse de los musulmanes indefensos que cayeran en sus manos, mujeres y niños, para su saqueo, muerte y desahucio de forma violenta. Hubo una firme enemistad entre el Presidente Deza y el Marqués de Mondejar, Comandante General del ejército. Deza y sus colaboradores se quejaban de Mondejar al Rey. Le imputaban diversas acusaciones. Así que propuso Deza fastidiar a Mondejar premeditadamente en dos procedimientos: el primero la composición de una guardia nacional bajo el mando de uno de los agentes del ayuntamiento de los que pertenecen a una familia hostil a la familia de Mondejar; el segundo el envío de una carta al Rey solicitando el encargo al Marqués de Velez, comandante de la zona de Murcia, el ataque a las Alpujarras desde la zona este, perteneciendo este marqués así mismo a una familia hostil a la familia de Mondejar. De manera que así hay dos ejércitos hostiles: uno de ellos bajo el mando de Mondejar que parte de Granada en dirección a las Alpujarras por el este; y el segundo bajo el mando del Marqués de Velez que parte desde Murcia en dirección a las Alpujarras por el oeste.

El segundo ejército parte en el 4/1/1569 d.J., pasando por Almería y después llegó al pie de la sierra de las Alpujarras y corta el contacto entre los revolucionarios del Valle de Almanzora y los otros territorios de la provincia de Almería de un lado, y los revolucionarios de las Alpujarras de otro. Y en el 11/1/1569 d.J., recibió el Marqués de Velez una orden del Rey con su nombramiento como Comandante General extraordinario para la zona de Almería. Y salió el ejército de Mondejar desde Granada con fecha 2/1/1569 d.J., acompañándole un grupo de comandantes de origen musulmán: Luis de Córdoba y Alonso de Granada Benegas. Pidió el Rey ayudas para acabar con la Revolución de los reinos cristianos, especialmente Lombardia, Nápoles y Sicilia.

Se dirigió Mondejar con su ejército hacia el Valle de Lecrín y acampó en el Padúl. Y los musulmanes le hicieron frente bajo el mando de Shaban en el Valle de Lecrín enviado en el 4/1/1569 d.J., por el sultán Muhammad Ibn Omeya. El ejército musulmán acampó en Poqueira. Desde aquí comenzó a atacar la vanguardia del ejército del Marqués de Mondejar en Dúrcal. Y en el 9/1/1569 d.J., el ejército de Mondejar avanzó hacia el puente de Tablate que lo habían destruido los revolucionarios musulmanes en previsión. Acaeció pues, la primera gran batalla entre los musulmanes y el ejército de Mondejar junto a este puente, tuvieron éxito después de ella los castellanos en el paso del puente y prosiguieron su marcha hacia Lanjarón, después Órgiva, y después Poqueira donde se concentró el ejército de los revolucionarios bajo el mando del sultán Muhammad Ibn Omeya en su capital Bubión. Y aquí aconteció la segunda batalla entre los revolucionarios y el ejército de Mondejar, tras la cuál Muhammad Ibn Omeya se vio obligado a emprender la retirada. Entonces el ejército español arremetió de forma tan criminal que no puede imaginar mente alguna, de muerte y captura de los indefensos niños y mujeres, y saqueo de las propiedades.

En el 17/1/1569 d.J., llegó el ejército de Mondejar al pueblo de Jubiles y se entregó su fortaleza habiendo en ella 300 muyahidín. Dicen las crónicas que el suegro de Muhammad Ibn Omeya empezó a negociar la entrega con Mondejar a cambio de garantías suficientes para él y sus seguidores, así como las crónicas acusan a Ibn Yahuar de debilidad, al ofrecerse a Mondejar en Jubiles para entregarse a cambio de obtener el perdón para él y sus seguidores. Pero no pudo Mondejar decidir en el asunto antes de despachar con el Rey. 

            En la noche del 18/1/1569 d.J., encarceló el Marqués de Mondejar dentro de la iglesia de Jubiles y sus alrededores a todos los musulmanes que encontró en el pueblo, siendo su número aproximadamente de 2400 entre mujeres y niños y 300 hombres de avanzada edad. Y por la noche cargaron contra ellos los cristianos hasta terminar con todos ellos. Fue una matanza terrible que duró hasta la mañana, y abrió un nuevo episodio sobre las matanzas a las que los musulmanes se vieron expuestos en esta guerra. Y ante la llegada al Rey de estas noticias, envió a Francisco de Córdoba en su calidad de Comandante General, y envió a Diego de Mendoza para estudiar los hechos acaecidos en Jubiles.

            Abandonó Mondejar con su ejército Jubiles el día 23/1/1569 d.J., en persecución de los revolucionarios hasta la planicie de Ugíjar, mientras que Muhammad Ibn Omeya estaba acampado con su ejército en Andarax. Solicitó entonces, Mondejar de Alonso de Granada Benegas, de origen musulmán, la mediación ante Muhammad Ibn Omeya para entregarse y entregar sus armas a cambio del perdón general para todos los revolucionarios. Al mismo tiempo Mondejar continuó con su acoso a los muyahidín enfrentándose a ellos cerca de Paterna el día 27/1/1569 d.J. A continuación, el ejército castellano ocupó Paterna capturando cientos de musulmanas, entre las que se encontraba la madre de Muhammad Ibn Omeya y sus dos hermanas. Prosiguió su marcha el ejército hasta ocupar Andarax, sembrando por doquier en su camino el saqueo, el robo, el destrozo y la muerte. 

            Después regresó el ejército de Mondejar a Ugíjar permaneciendo allí cinco días para preparar su carga contra las zonas de Salobreña, Almuñecar y la sierra de Guájar para acabar con un batallón de los muyahidín al mando del comandante El Zammar. En el 11/2/1569 d.J., acometió el ejército de Mondejar tres ataques para ocupar esa sierra escarpada, y los muyahidín resistieron en el castillo de Guájares hasta ser derrotados. Los españoles apresaron al comandante El Zammar y a su hija. Lo condujeron a Granada, lo mataron y lo mutilaron horriblemente después de haberlo sometido a un duro castigo. Los soldados de Mondejar mataron a todo el que caía en sus manos de las familias de los muyahidín, mujeres, niños y ancianos, sembrando en el pueblo el saqueo y el robo.

            Pensó Mondejar que la aniquilación total de la Revolución era inminente y quiso apresar a Muhammad Ibn Omeya. Alcanzó a su ejército en la cumbre de las montañas, y supo de sus espías que Ibn Omeya pasaba la noche en casa de Muhammad Ibn Abbu en el pueblo de Mecina. Asaltó pues el ejército, la casa de Ibn Abbu, sin embargo Ibn Omeya se aseguró la huida.                     

            Estaba Fernando El Garbi como comandante de los muyahidín en el frente oriental y había acampado en el pueblo de Jesica en el valle de Andarax. Se puso en camino el Marqués de Velez a la cabeza de un ejército compuesto de cinco mil hombres a pie y trescientos jinetes. Los historiadores españoles los describieron como que todos eran ladrones y asesinos, y no les importaba más que el robo y el saqueo, y la aniquilación de todo ser indefenso. Llegó el ejército a Jesica el día 12/1/1569 d.J. enfrentándose a los muyahidín en la más grande de las batallas sostenida con ellos, en ella se vieron forzados los revolucionarios a retirarse a Andarax. Les dio alcance el ejército, sin embargo, un batallón de los muyahidín se había dirigido en dirección a Almería al mando de Ibn Maknún. Se estableció en las proximidades de la ciudad en el pueblo de Félix. Y se encaminó hacia él el ejército de Velez por temor a la caída de Almería en manos de los musulmanes, enfrentándose con el batallón de Ibn Maknún en el 18/1/1569 d.J., y forzándolos a la retirada después de realizar una defensa heroica de la fortaleza hasta la muerte en una cruenta batalla en la que participaron mujeres y niños. El ejército de Velez mató en esta batalla varios miles de musulmanes e hizo prisioneros a 2.000 aproximadamente, entre mujeres y niños, para venderlos como esclavos. Entre los cuales había un hijo y dos hermanas del comandante Ibn Maknún. Después se dirigió el ejército hacia Andarax y Ohanes.

            Así fue la situación de la Revolución andaluza a finales del mes de febrero del año 1569 d.J.: una guerra desigual e implacable en la cuál los musulmanes se defendían con armas anticuadas sin adiestramiento militar anterior de ninguna clase contra dos grandes ejércitos del más potente estado europeo de entonces. Y para vencer en la guerra de guerrillas en la que eran diestros los musulmanes, el ejército cristiano tuvo que recurrir a acciones como el asesinato a sus familias con sus mujeres y niños, y a su captura y secuestro para venderlos más tarde como esclavos en los mercados. Por otro lado, no se salvaron de estos tratos los musulmanes que rechazaron su participación en la Revolución, como la gente de Granada, al ser perseguidos por los cristianos y acosados estrechamente y sin límite, siendo la acción más horrible la matanza de la cárcel de Granada (13).

            En marzo del año 1569 d.J., se propagaron los rumores de que Ibn Omeya ocuparía Granada a la cabeza de un ejército de muyahidín. La guardia de la prisión atacó en el 17/3/1569 d.J., a los presos y los degollaron sin previo aviso, después abrieron las puertas de la prisión a la muchedumbre. Y pasaron la noche todos los asesinos con los musulmanes indefensos hasta acabar con no menos de 150 presos de notables de Granada que habían sido guardados como rehenes por los españoles para presionar a los muyahidín. No se salvó de esta abominable matanza más que el padre de Muhammad Ibn Omeya, Antonio de Válor y su hermano Francisco. Y después de esta matanza los Tribunales de la Inquisición dictaminaron la confiscación de bienes contra los asesinados.

            Cuando la gente del Reino de Granada conoció este crimen, se sublevaron en numerosas ciudades como Torrox y Adra en contra del ejército cristiano y mataron a un gran número de soldados y oficiales, mientras que los ejércitos de Mondejar y de Velez pasaron la mayor parte del mes de marzo entre el asesinato, el robo y el saqueo. Y dispersaron a los muyahidín en lo más alto de las montañas después de sufrir los cristianos grandes pérdidas en vidas humanas. Y aquellos que se entregaron de los muyahidín su destino fue el de la esclavitud. Era tal la irascibilidad de los cristianos contra los musulmanes, tanto los que se entregaban como los combatientes, que inducía a los musulmanes a preferir la muerte en la batalla en defensa del Din y el honor en lugar de la muerte sin causa, por lo que aguzaba el espíritu del Yihad de nuevo (13).

            No llegó a los muyahidín desde los países islámicos, excepto algunos voluntarios marroquíes, argelinos y turcos, además de un poco de dinero y equipamiento de Argelia. Y éste es, a continuación, el texto de una carta como respuesta del sultán Salím el Otomano a los muyahidín andaluces (14) en este periodo:

            “Asunto de la misiva número 14, ordenanza número 231 con fecha 24 de Shawal del año 977 H. (20/1/1569 d.J.), dado a Jalíl Yaují en el 10 de Dhul Qada. Ordenanza al pueblo de Al-Andalus”.

  “Ha llegado a Astana, nuestra eminencia, una exposición de vuestra situación en la que los infieles, que Allah los destruya y los extravíe, han saqueado vuestro armamento y os han impedido hablar en árabe, que obstaculizaban a vuestras mujeres y ponían en práctica todo tipo de injusticias y agresiones contra vosotros. Nos informáis que actualmente hay entre vosotros veinte mil hombres musulmanes, como también hay cien mil hombres dispuestos a empuñar el arma. Hemos sabido que habéis recibido de Argelia una cantidad de armamento, de manera que eso os ha dado coraje y ayudado a infringir numerosas pérdidas a los infieles. Alabado sea Allah por su ayuda a gentes del Islam, y que prescriba para ellos la victoria siempre sombre los infieles, Allah los extravíe. Aparte de que se le ha expuesto detalladamente al trono de nuestra eminencia, todo cuanto ha llegado acerca de vuestra situación en forma de redacciones y actas. Y obra en mi conocimiento de nobleza real todo lo que concierne a vuestras situaciones y noticias, y mi consideración siempre estará dispuesta hacia vosotros”.

  “Sin embargo, los infieles de la isla de Chipre, cercana de mis reinos custodiados que disfrutaron del compromiso y la seguridad desde los tiempos de mis gloriosos antepasados, que Allah ilumine sus argumentos, violaron aquellos compromisos y comenzaron con agresiones a los mercaderes, a la gente del Islam y viajeros por mar en peregrinación a la Casa Sagrada de Allah y la visita a la tumba del Profeta Muhammad, sobre él la paz, con sinceridad en la intención y la pureza de corazón. Y ahora, ellos persisten en su desobediencia y opresión. Es por lo que, después de depositar nuestra confianza total en el Altísimo, glorificado sea, y la intercesión de los milagros benditos del Profeta, la joya de los seres, sobre él la paz. Así como los plácemes de las vidas puras de sus nobles compañeros, Allah esté complacido de todos ellos. Siendo así que nuestra determinación de firme intención real es de la conquista y sometimiento de la Isla rebelde en el próximo mes de Rabíu II. Suplicamos a Su Alteza, el Poderoso y Majestuoso, que nos facilite la apertura y uso de esa isla y que extienda nuestras manos sobre ella hasta poblarse con la gente del Islam como era antes, y para que se establezcan en ella los rituales nobles de la Sharía, y los mercaderes puedan tener una seguridad en su ir y venir, y partan con invocaciones de firmeza, gloria y excelencia del Estado”.

  “En vista de ésta situación circunstancial, el envío de la Armada Imperial La Victoriosa para vuestra protección tardaría al tener que finalizar la llegada de barcazas para los ejércitos victoriosos de la Isla rebelde. Eso finalizaría tras la culminación de la misión de la Armada con la ayuda de Allah. Y se ha enviado una orden imperial mía confirmando al Comandante en Jefe de Argelia que dirija sus consideraciones y sentimientos hacia vosotros con el envío del auxilio y la ayuda, bien proporcionandoos las tropas victoriosas o bien con el abastecimiento de pertrechos y equipamiento. Y como consecuencia de mi noble orden el Comandante en Jefe de Argelia será el mejor ayudante y colaborador para vosotros”.

            “Como así mismo admiramos vuestro continuado fervor que tiene raíces en vuestro pasado de no haber debilidad en manifestar vuestro celo en el Din resistente. Manifestar pues, todas las clases de vuestros oficios y todos vuestros intereses, en la guerra, en el combate y en la disputa más concluyente contra los infieles viles. Y lo esperanzador es que no escatimen esfuerzos los sabios ulemas, virtuosos y demás gentes del Islam en esas regiones, en hacer peticiones noche y día para facilitar la apertura y la victoria en la campaña victoriosa. Y no tardéis en informarnos continuamente sobre vuestras circunstancias y situaciones en esas regiones”.

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