Número 118  //  9 de marzo de 2001  //  13 Thw al-Hijjah 1421 H.

 AL- ÁNDALUS

 El resurgir del Islam en Al-Ándalus XI
  Por Ali Kattani


Recomienda esta página   



Capítulo tercero:

La gran revolución de granada (1568 – 1570 d.J.)

3.1 Preparativos de la Revolución (1)

Cuando las autoridades españolas anunciaron en el 1/1/1567 d.J., la tiránica ley que apuntaba a las peculiaridades de la civilización islámica que quedaban en el pueblo andalusí, emprendió una persecución de los musulmanes para acabar con ellos en todos los rincones del país. Los andalusíes intentaron primeramente, aliviar su desgracia mediante la negociación, haciendo llegar sus necesidades al mandatario Deza, Presidente de las Cortes del Rey, y solicitándole la derogación de la ley, o como mínimo prorrogar su ejecución. Se adelantó un grupo a cuya cabeza pusieron al presidente de su comunidad Mulay Francisco Núñez. Sin embargo, Deza los recibió con arrogancia, negligencia y desprecio.

Los musulmanes enviaron entonces una delegación al Rey Felipe II, y a su ministro el Inquisidor General el Cardenal Espinosa, el enemigo implacable de los musulmanes. Encabezó la delegación Juan Enriquez, que era un hombre cristiano que defendía a los musulmanes y se compadecía de ellos. La delegación incluía a dos musulmanes de los notables andalusíes, Juan Fernandez de Granada y Fernando Al Habaquí de Guadix. La delegación se reunió con miembros de las Cortes y con el Cardenal Espinosa, sin provecho alguno. Habiéndole respondido el Cardenal de que el Rey había resuelto ejecutar la ley, y que en cualquier caso las instancias habría que presentarlas obligatoriamente a Deza. Por su parte, Deza exigió al Cardenal la ejecución de la ley con toda severidad y dureza como Inquisidor General (2).

El Marqués de Mondejar, gobernador de Granada, presentó una instancia al Rey aclarando en ella el peligro que corría exponiendo a los moriscos a la ley y la posibilidad de una rebelión a causa de su desesperación, y la petición de ayuda a los turcos de Argelia. Sin embargo, la instancia no aportó solución alguna, y las autoridades eclesiásticas ejecutaron con toda dureza las nuevas leyes en los plazos previstos para ellas.

Así mismo, se presentaron solicitudes análogas a las de Granada, por parte de una delegación de musulmanes de Valencia, y con su jefe a la cabeza Cosme Ibn Amar, quién era allegado al Rey. Tuvo cierto éxito al conseguir un alivio en la aplicación de la ley, siendo confirmado el trato a los acusados de apostasía (del cristianismo) con cierta consideración, y no despojar de sus posesiones al acusado de renegado de la religión a cambio de una multa anual de 2500 mizcales de oro, entregados por los moriscos al Santo Oficio.

Pero, la población de Granada no dejó de pensar en la Revolución para preservar el Din del Islam y defender su tierra andalusí después de desesperar de la convivencia con los cristianos bajos estas penosas circunstancias. Un gran número de musulmanes de los dos reinos, el de Granada y el de Valencia, y otros se echaron a las montañas para lanzar sus algaradas contra las caravanas del gobierno y sus fuerzas, golpeando de ese modo sus intereses, se les llamaba por los monfíes (exiliados), siendo los primeros que instauraron la guerra de guerrillas contra el estado por parte de los pueblos oprimidos.

La ley del 1/1/1567 d.J., fijó el final del año 1567 d.J., como fecha límite para que los musulmanes, hombres y mujeres, abandonasen sus prendas islámicas y la lengua árabe, etc... Deza compuso una fuerza de policía para la vigilancia de los musulmanes y les impuso correr con sus gastos. Sin embargo, el Marqués de Mondejar disolvió esta fuerza para ganar la simpatía de los musulmanes. A continuación, Deza ordenó la expulsión de todos los moriscos  del barrio del Albaicín y ordenó aplicar un severo castigo a todo el que colaborara con los monfíes en las montañas. Más tarde publicó un edicto de fecha 1/1/1568 d.J., decretando que los musulmanes deberían entregar a sus hijos en edades comprendidas entre 3 y 15 años, a las autoridades eclesiásticas para la enseñanza de la religión cristiana y la lengua castellana. Éste último decreto empujó a los musulmanes que quedaban partidarios de la búsqueda de una solución pacífica, al pensamiento en la rebelión (3).

Los jefes musulmanes de Granada actuaron entonces para desencadenar una revolución total y completa que hiciera volver al estado de Al-Andalus y a los musulmanes su creencia. Se reunieron en secreto a finales del año 1567 d.J., en el barrio del Albaicín, llegando a la conclusión de que eran necesarias dos condiciones básicas para obtener el triunfo de la revolución. Estas eran: En primer lugar la necesaria participación de todos los musulmanes del estado español en la revolución, si fuera posible, o todos los musulmanes del Reino de Granada como mínimo; En segundo lugar la necesidad de obtener la colaboración material, en armas, hombres y dinero de Marruecos y Argelia. Y en ese tiempo Argelia era parte del estado otomano, y Marruecos estaba bajo la dinastía saadí.

Las esperanzas de los revolucionarios andaluces se centraron en el estado otomano, y en especial después de su asedio a Malta en el año 973 H. (1565 d.J.). El sultán en ese tiempo era Salím II, que fue entronizado después de la muerte de su padre el sultán Suleimán el Legítimo, el día 20 de Safar del año 974 H. (1566 d.J.). El sultán Salím estuvo en guerra contra los estados católicos en el mar Mediterráneo, siendo su primer objetivo la liberación de Chipre de los venecianos para la seguridad de la vía marítima de peregrinaje. La guerra fue continuada entre él y los cruzados por el control del mar Mediterráneo, que como resultado tuvo lugar la derrota otomana en la batalla de Lepanto el 17/10/1571 d.J., Ocupando los españoles zonas extensas en las costas marroquíes, argelinas, tunecinas y libias, incluyendo Trípoli, Túnez y Argel.

Ante el peligro que amenazaba la gente del norte de Africa, con el mismo destino que el de los andalusíes, pidieron auxilio al estado otomano. Los cuales liberaron Argelia en el año 1519 d.J., Trípoli en el 1551 d.J., y Túnez en 1568 d.J. Y trabajaron en la liberación de las demás costas de la existencia española. A partir de ese momento Argel se convirtió en un centro importante para la existencia islámica en el mar Mediterráneo, y capital de una poderosa  provincia otomana. Recurrió el sultán Salím II en el mes de Dhil Hiyya del año 974 H. (junio de 1566 d.J.), el cargo de Bailarbai de Argelia al Reis Muhammad Ben Saleh en lugar del Reis Hasan Ben Jairuddin, nombrando a éste último Almirante general de la Flota otomana. Más tarde sucedió al Reis Muhammad Ben Saleh en el 14 de Safar del año 976 H. (18/8/1568 d.J.), el Reis Elch Alí, que fue un musulmán nacido en Castell al sur de Italia (4).

Marruecos opuso a su vez, una resistencia tenaz a los ocupantes españoles de sus costas mediterráneas, y a los portugueses de sus costas atlánticas, al tiempo que disputaban en Marruecos las dos dinastías, la Watasí y la Saadí. Concluyeron sus disputas llegando a la unidad de mMarruecos bajo la dinastía Saadí en el 24 de Shawal del año 961 H. (22/9/1554 d.J.). Siendo Abu Abdillah Al-Ghalib, sultán de Marruecos desde el año 964 H. hasta el año 981 H. (1557- 1574 d.J.), sospechoso de complicidad con los españoles y la entrega a ellos de la ciudad de Badis en Marruecos, y la retirada sin causa aparente del cerco a los portugueses en la ciudad de Al-Buraiya (El Jadida). De cualquier manera, Marruecos estuvo ocupado en la liberación de su territorio y en la defensa de su existencia, lo cuál les llevó al triunfo sobre Portugal en la batalla de Wadi Al Majazin en el año 986 H. (1578 d.J.) (5).

Lo lamentable es que las relaciones otomano-marroquíes no eran buenas, y siempre se caracterizaban por el alto interés de ambas partes ante el ataque de la Cruzada y sus peligros.

A continuación, los organizadores de la Revolución de Granada se pusieron en contacto con las autoridades otomanas en Argel y las Saadíes en Marruecos en el más absoluto secreto, y con los personajes populares en los dos países para la petición de colaboración y apoyo. Nos han llegado algunas de esas misivas de contacto, daremos fragmentos de dos de ellas: la primera carta está en forma de casida, en la que dice su autor Muhammad Ibn Muhammad Ibn Daud, uno de los jefes de la Revolución, después de encabezarla con alabanzas y exaltaciones a Allah, así como con la paz y bendiciones para su honorable Profeta (6):

“Escuchad la triste historia de Al-Andalus, esa gran nación que hoy se ha convertido en débil y enferma, por todas partes la rodean los infieles, y los hijos de esa nación parecen rebaños de corderos sin pastor, padeciendo cada día el peor de los castigos. No hay otra argucia para nosotros, excepto la simulación hasta que la muerte nos salve de algo peor y más terrorífico, y nos han gobernado los judíos que no respetan ni pactos ni compromisos. Cada día buscan nuevas calumnias, mentiras, engaños y venganzas. Nos obligan a seguir los rituales cristianos y la adoración de imágenes, siendo una abominación acerca del Único, el Todopoderoso. Nadie puede expresar queja alguna o pronunciar palabra. Y nada más sonar las campanas el sacerdote vierte su vozarrón con voz ronca erigido a partir de vino y carne de cerdo. Después se inclinan los congregantes delante de los ídolos sin pudor ni vergüenza alguna... Y quien adore a Allah en su lengua sería castigado con la muerte, y quien fuera apresado sería arrojado a la cárcel y torturado noche y día hasta ceder a sus falsedades.”

A continuación, describe los crímenes cometidos por los Tribunales de la Inquisición en contra de ellos, en cuanto a detenciones, torturas, y asesinatos sobre las hogueras. Y luego dice:

“Colgaron el día de Fiesta (recuerdo de la caída de Granada) en la plaza la Puerta de los Estandartes una nueva ley, y empezaron a sorprender a la gente irrumpiendo en su sueño y abriendo cada puerta, decidieron despojarnos de nuestras vestimentas y de nuestras costumbres ancestrales, rasgaban los vestidos y destrozaban los baños públicos. Mientras que nosotros, perdida la esperanza de la justicia humana buscábamos el consuelo del Profeta, sobre él la paz, y la recompensa de la otra vida. Estimulándonos nuestros sabios en la perseverancia del salat, el ayuno, y en aferrarnos fuertemente a Allah que será en definitiva quien tendrá misericordia  de nosotros.”

La segunda carta fue dirigida desde uno de los jefes de la Revolución en el Albaicín a uno de los dirigentes de Marruecos, su escribano suplicaba a sus hermanos marroquíes pidiéndoles auxilio por el derecho a los lazos del Din y de la Ummah. Describe las decisiones de los cristianos:

“De su coacción al abandono de la lengua y de la ley islámica, el descubrimiento de los rostros vergonzosos y pudorosos, la apertura de las puertas, y todo cuanto cayó sobre ellos de sucesos calamitosos como la cárcel, el cautiverio y el despojo de los bienes”.

Se pedía el envío de socorro al sultán otomano. A continuación decía:

“Nos ha cubierto la pena, y nuestros enemigos nos rodean como un fuego mortal. Nuestras desgracias son demasiado grandes para cargar con ellas, y os hemos escrito en noches  rebosantes de torturas y lágrimas, y en nuestros corazones hay una fuente de esperanza si es que quedaba aquí algún resto de esperanza  en lo más hondo del espíritu torturado” (6).

Llegaron las respuestas de Argelia y Marruecos contando con el apoyo. El sultán de Marruecos prometió su auxilio cuando se anunciara la revolución, y el Bailarbai de Argelia prometió enviar fuerzas de apoyo que desembarcarían en las costas de Andalucía tras el anuncio de la revolución, y envió con los emisarios dinero y armamento, a los que se les unieron unos voluntarios para el Yihad desde Argelia y Marruecos. Enardecieron estas activas respuestas a los organizadores de la revolución fortaleciendo sus propósitos en la lucha (7).

Al mismo tiempo, los organizadores de la revolución contactaron en un profundo secreto, con las ciudades y pueblos de los reinos de Granada y de Valencia. Los moriscos fundaron una asociación benéfica que permitía la recaudación de fondos para la construcción de un hospital fuera de Granada para los enfermos pobres. Al no terminarse la construcción del hospital, los organizadores de la revolución propusieron al Presidente de la asociación que enviaran bajo el pretexto de su asociación una delegación para recaudar dinero, pero que en realidad actuaría para ordenar la revolución en los diversos territorios, para ello contaron con la autorización del Presidente Deza. Marcharon pues, tres de los jefes musulmanes a esta importante misión en un grupo que actuó en la indagación minuciosa del grado de apoyo de los andalusíes a la revolución con un absoluto secreto, y en su regreso calcularon el número posible de participantes en la revolución de 45.000 hombres, oscilando sus edades entre los 20 y los 45 años. Se vio claramente que todas las zonas del antiguo territorio de Granada apoyaron la revolución, sin embargo los musulmanes de los reinos de Murcia y Valencia rechazaron su participación en ella por la falta de confianza en el éxito de la revolución y su firme esperanza en su liberación por parte de los otomanos (8).

A pesar de la total discreción por parte de los organizadores de la revolución, comenzaron a extenderse los rumores en torno a la revolución de los musulmanes. Sin embargo, ni el Presidente Deza, presidente de la administración de la ciudad, ni el Marqués de Mondejar, jefe general del ejército, dieron crédito a estos rumores. Y para disipar las dudas, los organizadores de la revolución enviaron a un representante de ellos al Presidente Deza quejándose de esos rumores y afirmando que eran falsos, y propuso en nombre de los moriscos el ofrecimiento de 300 rehenes en señal de sus buenas intenciones (9).

A continuación, los jefes de la revolución se reunieron por segunda vez en el Albaicín y estudiaron las conclusiones de las delegaciones a Andalucía, a Marruecos y a Argelia. Decidieron los asistentes el anuncio de la revolución para el jueves santo (14/4/1568 d.J.), distribuyéndose entre ellos la responsabilidad de informar a los diversos territorios de Andalucía, de Marruecos y de Argelia. Pero el plan no siguió el curso previsto, por habérselo divulgado alguien al Presidente Deza el 5/4/1568 d.J., viéndose obligados los organizadores a prorrogar el día señalado para prender la mecha de la revolución. Recluyó Deza a un número elevado de destacados musulmanes y anuló los permisos de tenencia de armas. Así mismo, fue el jefe general del ejército al barrio del Albaicín llamando a la gente a la calma y la tranquilidad, y a preservar la seguridad. Después de eso, los jefes musulmanes tranquilizaron al Presidente Deza y al Marqués de Mondejar, y a continuación fijaron otra cita para el anuncio de la revolución, la cuál se prorrogó otra vez.

Y en el 27/9/1568 d.J., concertó una reunión Hernando Ibn Yahuar As-Saguír, que era uno de los comandantes de la revolución y que fue alguacil en el pueblo de Cadiar en las Alpujarras, en el barrio del Albaicín para conducir la revolución, en casa de un hombre cerero de nombre Adalat. Asistieron 26 representantes de los diversos territorios de Andalucía. Les explicó la necesidad de rendir acatamiento al sultán de Al-Andalus antes de producirse el anuncio de la revolución para que la gente se reúna en torno a él, y les propuso a su sobrino Fernando de Válor y Córdoba, siendo Hernando y Fernando descendientes de los omeyas, califas de Córdoba. Fernando tenía veintidós años de edad y dotado de valentía y sensatez, nació en el pueblo de Válor en las Alpujarras, pero su origen es de Córdoba. Trabajó como representante en el Ayuntamiento de Granada, casado con una musulmana llamada Brianda Perez. Fueron ella y las mujeres de los musulmanes desde el primer momento participantes en los preparativos de la revolución, actuando con total discreción y estímulo. Los presentes le testimoniaron su obediencia y cambió su nombre por el de Muhammad Ibn Omeya, a continuación se levantó e hizo el salat con los asistentes y juró ante ellos por el establecimiento del Yihad hasta la victoria o caer como mártires.

El sultán Muhammad Ibn Omeya nombró a su tío Hernando Ibn Yahuar As-Saguír, Jefe General de la Revolución. Y acordaron los presentes anunciar la Revolución para el día 1/1/1569 d.J., de la siguiente forma:

La Revolución se organizaría en el barrio del Albaicín con la formación de tres divisiones en el momento de aparecer una señal clara fijada desde lo alto del cerro del Palacio de la Alhambra, la primera portaría la bandera roja, la segunda la bandera amarilla, y la tercera la bandera azul. Por otro lado, se reunirían dos mil revolucionarios para saltar los muros de la Alhambra y ocuparla. Los portadores de la bandera roja ocuparían la Puerta de Fajalauza, a continuación se dirigirían por una puerta secreta hacia el Hospital Real, y entrarían por la Puerta de Elvira para ocupar el Tribunal de la Inquisición, encarcelar a sus miembros y liberar a los presos. Los portadores de la bandera amarilla ocuparían la plaza de la Puerta de los Estandartes, para dirigirse después a la cárcel y liberar a los presos. Y los portadores de la bandera azul cogerían su camino a través de la entrada de Guadix y el río Guadaro y se dirigirían al oficio del Presidente Deza para matarlo. Las tres divisiones se encontrarían en la Plaza de Bibrambla. Entonces, 8.000 voluntarios de la Vega de Granada y el Valle de Lecrín entrarían en la ciudad para su ocupación recurriendo a la vestimenta de soldado otomano y marroquí para confundir a los cristianos haciéndoles creer en la llegada de los soldados otomanos y marroquíes. Ocuparían el Palacio de la Alhambra dos mil monfíes bajo el mando de los jefes El-Portal y An-Náquis, por el camino del río Genil, después de ascender los muros de la Alhambra por la parte del Generalife. Y así fue como se trazó el plan y la misión que cada uno de los presentes llevaría a cabo.

Desde el principio, los jefes de la Revolución actuaron para vencer las dificultades de las divisiones andalusíes entre las familias y los habitantes de los diversos territorios, de los que la mayoría estaba presente en el mando de la Revolución: Faray Ibn Faray, Muhammad Ibn Daud, e Ibn Abbu de la ciudad de Granada; y Muhammad Ibn Omeya e Ibn Yahuar, Miguel Rojas, Hernando Al-Habaquí, Rami, Malíh y otros de las Alpujarras. Así mismo los revolucionarios fijaron la cita de la Revolución en el invierno, el tiempo en el que abundan las nieves, por su mayor conocimiento de las tierras granadinas sobre los cristianos y los ejércitos castellanos (10).

Portada  Búsqueda  Hemeroteca  Biblioteca Virtual  |  Cartas de  lectores  

  Noticias  Pensamiento Mujer  Al Ándalus  Geo-política  Sociedad y Economía 
Ciencia y Salud  Arte y Literatura  Qur'an y Hadiz  Jutbas  Iniciación al Islam
Religiones Comparadas 
Entrevistas y Conferencias  Educación y Normativas 
Derecho islámico 
Vida de Muhammad