Número 119  //  18 de marzo de 2001  //  22 Thw al-Hijjah 1421 H.

 PENSAMIENTO

 La experiencia mística en el Islam
  Por Tarek Faussi

 
  

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Hay quien habla de la experiencia mística como de una fusión con Allah. Para nosotros, la fusión es confusión. Eliminar el yo es eliminar la realidad de la experiencia mística. Sin "yo" no hay soporte de sensación. En el amalgamamiento con Allah no hay verdad. Las imaginaciones de los sufies de lo que han experimentado no son un horizonte para nosotros. Si pudiéramos sentir lo que un pájaro siente al volar, tendría sentido poner por meta su logro. Si no, carece de sentido. Lo que debes hacer no es apuntar a aquello de lo que hablan los sufies, sino sentir tu mundo. Porque los sufies muestran más un no-saber que un saber. Sus representaciones de lo que han sentido no revelan datos, sino su desconcierto. 

Las palabras del sufi demuestran que ya no saben, no que hayan descubierto nada. Existe una falsa idea forjada entre las clases sacerdotales de las religiones sobre "el descubrimiento de Dios".  Cuando lo que ocurre en la experiencia mística es el desconcierto absoluto de una persona que se debate entre la vida y la muerte para comprender lo que está experimentando, y que, así y todo, es impotente para comprenderlo. Lo que siente el sufi es una transformación más que un descubrimiento. Imaginamos lo que puede ser de brutal la experiencia de pasar de niño a adulto, pero en un solo instante. La experiencia mística no es encontrar el tesoro de Alí Babá sino acusar el vértigo de la aceleración de los cambios en ti...

Cambiamos de pareja, de profesión, de vida, de casa, y creemos que sólo por eso se produce un cambio real en nosotros. Pero no es cierto. El único cambio real es el de las dimensiones del "yo", no el de sus contenidos. Y de eso es de lo que dan cuenta los sufies: de que el "yo" puede cambiar. El sufi tiene una experiencia de realidad, y toda experiencia de realidad es transformación. Lo que revelan los sufies es que estamos inmersos en un proceso. No descubre lo que ignoraba tras su experiencia, sino que experimenta el cambio en él mismo. No es una experiencia de conocimiento sino de realidad. Lo que haya aprendido no nos sirve; sus descripciones de lo que ha sentido nos confunden. Tratamos de elaborar una teología sobre sus experiencias y alejamos de nosotros aún más el objeto de nuestra ansia. Porque la experiencia mítica es ese momento en que toda la Creación dice en el hombre "¿Qué me está pasando? ¡Estoy cambiando!".

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