Número 120  //  18 de marzo de 2001  //  22 Thw al-Hijjah 1421 H.

 QUINTO SOL

 El aeda andino
  Por Ricardo Molina *

 
  

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El escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias marcó en su obra, Clarivígilia primaveral (1) el acercamiento directo al mundo y al lenguaje poético de la poesía precolombina. Realmente son seductores y nuestra época esta asistiendo a su descubrimiento. Su seducción se funda no poco en extrañas analogías con nuestro arte. La poesía precolombina nos conmueve con acentos que diríamos actuales. K. Rexroth subraya las analogías manifiestas entre la poesía oral india norteamericana (chippewa, sioux, pawnee, papago, etc...) con la poesía clásica japonesa, Mallarmé, los imaginistas y los modernos franceses y americanos. (2)

Fenómeno parecido se registra en la plástica. Germán Arciniegas señala en su comentario a la Venus de Tlatilco el parecido de su cuerpo con las esculturas femeninas de Henry Moore y las analogías de su cara bifaz con los rostros dobles de Picasso (3), analogías que enlazan el arte contemporáneo con el americano del año 1500 a. de C.

Ahora se empieza a conocer el tesoro de la poesía precolombina, que yacía oculto en viejos códigos y en tradiciones orales recogidas desde el Paraguay (L. Cadogan) hasta E.E. U.U. (Densmore), como lo había sido el Kalevala en el siglo pasado.

Según la intuición poética de M. A. Asturias, música, escultura, poesía, están en las criaturas que pueblan el universo, pero carecen de magia. Entonces crean los dioses al artista que infunde fuerza mágica a sus obras

Que la niebla se levante temprano

olorosa a tamarindo, a chopo, a suquinay,

que tienda sobre las palabras sus manteles

y creados sean los Cuatro Magos del Cielo

 con ombligo de Sol y copales preciosos.

 

Sean de maíz negro,

el maíz enroscado de los sexos y las culebras,

sus cabellos, sus pupilas y su sueño.

 

Sean de maíz blanco,

el maíz enroscado del esperma y la luna,

sus dientes, la cal viva de sus córneas,

sus huesos y sus uñas.

 

Y sea su carne de maíz amarillo

humedecida en agua dulce

de la noche al lucero

y despellejado con cal viva

con conocimiento ciego,

 la cal de los ojos

del Ambimano Tatuador,

 aquel que fue destruido

con sus creadores de mundos de sueño

por el hombre de barro

que a su vez fue aniquilado

por el fuego, la risa de las piedras.

 

Y así fue creado

el Hombre‑de‑las‑Cuatro‑Magias,

el que viste plumas verdeazules

de quetzal y flores cubiertas de rocío,

el que alumbra y arde como pino resinoso,

el que hace lucir las cosas

 en un país forjado a miel...

La estrofa ultima de este poema precisa que en las cosas hay tres partes llamadas las tres mitades. La mitad desconocida es la que el mágico agrega (por mágico entiéndase artista, poeta). (4)

Y en otro sitio:

El del Copal del Canto esta allí

y más alla de las palabras.

No es el canto por la palabra,

es la palabra por la magia. (5)

Aquí se establece la función originaria de la poesía: su finalidad mágica.

A juicio de Densmore, el papel de los cantos en la sociedad indígena americana de nuestros días es semejante al de los sacramentos en las religiones “superiores”. El poeta es algo más que un adivino. Sus cantos, además del adivinatorio, poseen en la sociedad un valor absoluto, intrínseco, por sí mismos: la obra de arte es sagrada en el sentido que Rudolf Otto asignaba a lo santo: «Es un objeto que domina a la realidad en su nivel más alto». (6)

La función social del poeta es, como la del escriba, pontifical: su canto posee virtud unitiva entre individuo y sociedad, individuo y naturaleza, dios y pueblo.

El aeda guaraní, inca, maya, azteca, es venerado por su inspiración porque de los dioses desciende el carisma poético. El don del canto le llega por el secreto camino de los sueños. El poeta precolombino justifica su razón de ser en el seno de la colectividad. Es incompatible con cualquier clase de solipsismo, con cualquier torre de marfil. La poesía florece en actos sociales y tiende, no a disgregar al individuo de la muchedumbre, sino a integrarlo en ella. El fuego que realiza esa fusión suele ser religioso. En la literatura guaraní el rezo es canto. A nuestra sensibilidad le basta con la poesía pura entrañada muchas veces en la canción; pero la más ingenua en apariencia puede encadenar diversos símbolos. Así, la Canción del Colibrí, descrita por A. López Austin como poema corto, o guau aí, rebosante de reminiscencias míticas y palabras arcaicas (el colibrí, ave mítica, mensajera de los dioses):

¿Algo tienes para comunicarnos, Colibrí?

¡Colibrí, lanza relámpagos!

Pues ¿el néctar de las flores te ha mareado a veces, Colibrí?

¡Colibrí, lanza relámpagos, lanza relámpagos! (7)

Lo sorprendente en estos poemas precolombinos es la autoconciencia del poeta anónimo. Abundan los cantos en que se poetiza sobre la poesía, aunque debemos entender esa autoconciencia en un sentido mas religioso que literario. Es el conocimiento del inspirado que se sabe un elegido y que por tal es acatado en su patria. El tema se manifiesta en la literatura azteca con excepcional riqueza. Del Anónimo de Chalco es esta voz:

Brotan las flores, están frescas, medran,

abren su corola.

De tu interior salen las flores del canto:

tú, oh poeta, las derramas sobre los demás. (8)

En vano buscaríamos aquí, o en otros cantos sobre el mismo tema, el menor signo de soberbia personal o de clase, como en la Sátira de los oficios egipcia, donde se elogia al escriba por haber legado a los hombres obras bellas, e incluso se le promete inmortalidad. Se tiene conciencia del valor de los cantos como se valora 41 cacao, el maíz o el cáñamo. El canto es hermanado con seres y materias preciosos: oro, mariposa, flor, esmeralda:

Llovieron esmeraldas;

ya nacieron las flores:

Es tu canto.

Cuando tú lo elevas en México

el sol esta alumbrando. (9)

La hermandad del canto con esas materias es casi una constante convención literaria:

Yo perforo esmeraldas:

yo oro estoy fundiendo:

¡Es mi canto!

En hilo ensarto ricas esmeraldas:

¡Es mi canto!

Y en otro sitio (Anónimo de Tenochtifian) la voz lírica del México exclama:

En la tierra tan sólo

es el bello cantar, la flor hermosa:

es la riqueza nuestra, es nuestro adorno:

gocemonos con ella. (10)

Un intenso sentimiento epicúreo anima la poesía azteca. El cantor aconseja gozar lo mas bello del mundo, lo mas noble y puro: la canción y la flor. Oigámosle en el magnífico poema titulado por Garibay Misión del poeta:

¡Sin duda eres el ave roja del dios,

sin duda eres el rey del que da vida!

Vosotros, los primeros que mirasteis la aurora

Aquí cantando estáis.

¡Esfuércese en querer mí corazón

solo flores de escudo: son las flores del sol!

¿Qué hará mi corazón?

¿Es que en vano venimos, pasamos por la tierra?

De igual modo me iré

que las flores que fueron pereciendo.

 ¡Nada será mi renombre algún día!

¡Nada será mi fama en la tierra!

¡Al menos flores, al menos cantos!

¿Qué hará mi corazón?

¿Es que en vano venimos, pasamos por la tierra? (11).

El poeta gozó, pues, en la cultura azteca de un rango elevadísimo que se confundía con el del sacerdote, el noble, el príncipe, incluso del emperador, entre cuyos títulos figuraba el de tlatoani u orador, esto es, artista de la palabra.

En el importante colegio nobiliario de Calmécac, se enseñaba el arte de la poesía a los educandos. Ella entrañaba el conocimiento de la historia y de la mitología. El poeta es historiador y teólogo a la vez que filósofo y mago. Numerosas expresiones en lengua azteca nos dejan pensativos ante la profundidad de su acento y de su ser mismo. Así el «más allá» que se dice quenamitlant se traduce por el país del ¿cómo?, esto es, de la interrogación perpetua. (12)

La poesía maya encuentra el obstáculo de su escritura, que permanece casi totalmente desconocida. El poeta memorizaba como el nahuatl o mexicano, por lo que muchas manifestaciones llegaron hasta el siglo XVI transmitidas de padres a hijos y fueron luego escritas en caracteres latinos. Pero sólo quedan tres códices de origen maya. En el siglo XVIII, la lectura de los jeroglíficos ya había sido olvidada por los mismos indígenas (13). Dentro del área lingüística maya distingue Sodi las literaturas del Yucatán, de Chiapas y de Guatemala. En todas ellas predomina la inspiración cosmológica y sacerdotal, cuyos monumentos culminan en los Libros de Chilam Balam y el Popol Vuh. Paralelamente se registran abundantes piezas menores de carácter ritual y mágico (textos lacandones y tzotziles): adivinaciones, exorcismos, ensalmos, ofrendas de arcos y flechas, frijoles, posol, hojas de palma, corteza del balch'é, copal, papel de corteza, tamales, carne, tabaco, etc...

Como ejemplo tenemos el Rezo para curar la epilepsia (texto tzotzil):

Fuego verde, niebla en el aire,

te has convertido en epilepsia.

Fuego amarillo, te has convertido en epilepsia.

 

Viento del norte,

te has convertido en epilepsia,

niebla roja, te has convertido en epilepsia.

 

Lo desataremos,

nueve veces lo desataremos,

lo desharemos,

nueve veces lo desharemos,

lo calmaremos,

nueve veces lo calmaremos, Señor.

 

En una hora, en media hora,

para que se vaya como una niebla,

que se vaya como una mariposa.

 

¡Arréglate, pulso grande! ¡Arréglate, pulso chico!

Los dos pulsos en una hora, en media hora,

así sea, Señor.

 

Así te acabas (epilepsia)

sobre trece montañas,

sobre trece lomas,

ahí te acabas en medio de trece filas de rocas,

ahí te acabas en medio de trece filas de árboles. (14)

Se trata de un epôdê o incantamentum, esto es, de una expresión funcional más o menos adecuada al fin que se pretende alcanzar: lo que en español se dice un ensalmo. (15)

A la medicinal sumáronse otras funciones. En la civilización incásica parece haber alcanzado notoriedad la meramente lúdica, a juzgar por el predicamento del bardo en la corte. En opinión de autorizados indigenistas no es en los quipucamayoc donde hay que buscar la literatura, sino en los bardos profesionales, los harauec y amautas, encargados de la educación de la juventud nobiliaria. El culto del emperador, hijo del sol, y la etiqueta cortesana, habían cristalizado en un elaborado ritual, en el que los harauec desempeñaban un papel importante, cantando sus piezas líricas. Incluso el mismo Inca no desdeñaba, en ciertas festividades, entonar himnos. (16)

La especialidad del harauec era la poesía narrativa en la que se mezclaban mitología e historia. Las composiciones eran legadas oralmente. Ignoramos si el sistema de los quipu o escritura de nudos fue utilizado para archivar las producciones literarias. La técnica y lectura de los quipus se había perdido casi a raíz de la conquista española. Los pocos restos supervivientes de canciones breves son de dudosa autenticidad.

 

Notas

(1) M. A. Asturias: Clarivigilia primaveral, Ed. Losada, S. A., Buenos Aires, 1965

(2) Rextoth: Chants indiens (sobre la colección de poesía oral recogida por Densmore y publicada por The United States Bureau of Ethnology Collection, en la revista Profils, núm. 16, París, 1956, págs. 218‑228.

(3) G. Arciniegas: El continente de los siete colores, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1965, págs. 25, 26, 29. .

(4) M. A. Asturias: OP. Cit., págs, 49 y sig.

(5) M. A. Asturias: Op. Cit., pág. 53.

(6) Rexroth: OP. Cit., pág. 222.

(7) L. Cadogan y A. L. Austin: La literatura de los guaraníes, Ed. Joaquín Mortiz, México, 1965, págs. 39‑47 y 141‑142.

(8) Cant. Mex. f. 33 v., lin. 19 s., Anónimo de Chalco, trad. de A. M. Garibay, en La literatura de los aztecas, Ed. J. Mortiz, México, 1964, pág. 56.

(9) A. M. Garibay: Op. Cit., pág. 61.

(10) A. M. Garibay: Op. Cit., pág. 66.

(11) Garibay: Op. Cit., pág. 67. (Cant. Mex., f. 10 R., lín. 17 ss., De Huexotzinco. Anónimo).

(12) Soustelle: Littératures Anciennes de l'Amérique Centrale l'Amérique du Sud (en Histoire Universelle des Littératures, vol I), 1955, pág. 1498.

(13) Dernetrio Sodi: La literatura de los mayas, Ed. J. Mortiz, México, 1964, pág. 16.

(14) D. Sodi: Op. Cit., pág. 85.

(15) P. Laín Entralgo: La curación por la palabra en la Antigüedad clásica, Ed. Rev. de Occidente, Madrid, 1958, pág. 47.

(16) Soustelle, Op. Cit., pág. 1506.

* De su obra “Función social de la poesía”

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