Número 116  //  23 de febrero de 2001  //  29 Thw al-Qi`dah 1421 H.

 AL- ÁNDALUS

 El resurgir del Islam en Al-Ándalus IX
  Por Ali Kattani


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Capítulo segundo

La opresión y la cristianización  (1492-1568 d.J.)

2.4 Situación de los musulmanes en los Reinos de Portugal y Castilla

Portugal es uno de los estados cristianos de la Península Ibérica que se fundó y se expandió a costa del estado de Al-Andalus. Portugal se instauró como un pequeño principado en el límite noroccidental del Estado Islámico. Conquistó este principado Al-Mansur Ibn Abi Amir, pero, después el principado aprovechó la ocasión de la caída del Estado Omeya para ocupar Braga el año 1040 d.J., siendo un pueblo cerca de la primera capital Oporto o Portugal, la que diera el nombre al país.

          El oeste de Al-Andalus se fraccionó en numerosos Reinos en la época de los Taifas. El sur estuvo bajo el mando de los Bani Harún el año 1026 d.J., siendo su capital Santamaría de Algarve (Faro en la actualidad, nombre que es deformación portuguesa del nombre árabe Harún); el centro del país estaba en manos de Bani Al Alftas en el año 1022 d.J., y su capital era Badajoz (en España actualmente).

          Prosiguieron los portugueses con sus correrías sobre las tierras islámicas a costa de Bani Al Aftas, ocupando la ciudad de Coimbra el año 1064 d.J., a la que trasladaron su capital. Se fraccionó el estado de Bani Harún en Santamaría del Algarve, dónde surgió el estado de Bani Mezin con capital en Silves en el año 1068 d.J., incorporándose el resto al estado de Bani Abbad con capital en Sevilla (hoy en España). Más tarde los almorávides acabaron con Bani Al Aftas y Bani Abbad, unificando el país y consolidando sus fronteras por un tiempo de ciento cincuenta años y después de que los portugueses ocuparan la ciudad de Lisboa en el año 1093 d.J.

           Los almohades tomaron el lugar de los almorávides al tiempo que los portugueses ocuparon la ciudad de Évora en el año 1166 d.J. Y cuando se debilitó el estado almohade, los portugueses se adueñaron de otras ciudades islámicas, atacando Kasr Bani Denis (actualmente Alcazar do Sol) en el año 1217 d.J., después Beja, Santamaría, Lagos, y todo el oeste de Al-Andalus en el año 1249 d.J., y trasladaron su capital de Coimbra a Lisboa y sus fronteras se consolidaron como hoy se encuentran en la actualidad.

           Durante la ocupación de las tierras islámicas, los portugueses confiscaron todas las tierras y casas de los musulmanes para ser distribuidas más tarde entre los nobles cristianos. Teniendo que emigrar gran número de musulmanes a las tierras islámicas que quedaban, mientras que la mayoría de los restantes, se establecieron en gran número como mudéjares en el sur. Cuando España sometió a los musulmanes a la cristianización, Portugal siguió sus pasos en el año 1502 d.J. con la cristianización de los mudéjares. De ellos tuvieron que emigrar en gran número al norte de Marruecos, obteniendo de España el permiso necesario para cruzar sus tierras, mientras que los restantes se quedaron como cristianos de apariencia y musulmanes internamente. Estas comunidades quedaron así hasta el año 1540 d.J., hasta que se casó el Rey de Portugal con la hermana del Rey de España. Y se fijó como condición del casamiento el destierro de los musulmanes. El éxodo de musulmanes fue numeroso hacia las zonas circundantes al norte de Marruecos como Larache y Alcazarquivir, mientras que el resto permaneció en Portugal como cristianos. Y actualmente la mayoría de los habitantes de Portugal al sur de Lisboa son de origen musulmán y no se diferencian en eso de los andaluces.

           Cuando cayó la ciudad de Toledo en el año 1085 d.J., emigró gran número de musulmanes a las demás tierras islámicas, y los restantes se quedaron bajo el gobierno cristiano como mudéjares. Aumentaron los mudéjares en número ante la caída en manos de Castilla de extensos territorios islámicos en el siglo XIII, entre ellas las grandes capitales del Islam Murcia, Córdoba y Sevilla. Y los castellanos que habían firmado pactos con los vencidos garantizando sus derechos religiosos, los transgredían rápidamente una vez que se habían apoderado de ellos, y los trataban con despotismo.

           En el año 1258 d.J., Alfonso el Impotente impuso una ley general para su reino que la llamó “Las siete partidas”, clasificando en ellas a los musulmanes en cuatro grupos y dio un trato especial a cada grupo. Eran: los cristianizados; los esclavos; los emancipados; y los mudéjares. En cuanto a los cristianizados, fueron objeto de desprecio por parte de los cristianos antiguos, pues la ley equiparó entre los dos, y la herencia del padre musulmán fue a parar a sus hijos cristianizados pero no a los demás. Al cristiano que renegara se castigaría con la muerte, la pérdida de todos sus derechos, y la confiscación de sus bienes.

           Los esclavos musulmanes estaban expuestos a todo tipo de injusticias y vejaciones, y los derechos que correspondían a su señor sobre ellos eran su vida y su muerte, su castigo, la violación, la separación entre los parientes, y la venta de quien quisiera. Y la situación de los emancipados no era mucho mejor que la de los esclavos.

           Los mudéjares, en cambio, tenían una libertad religiosa que se respetaba hasta cierto punto, vivían en barrios especiales, con sus leyes, sus jueces, sus costumbres, sus mezquitas y sus fiestas. Aunque estuvieran siempre a merced de la opresión según los caprichos tiránicos del momento y la política exterior.

           Como resultado de este maltrato, se sublevaron los mudéjares el año 1261 d.J., y cargaron contra toda fortaleza que encontraron a su paso desde Jerez por el oeste hasta Murcia por el este. Alzaron la bandera del Reino de Granada y anunciaron su adhesión a ella. En principio Ibn Al Ahmar apoyó esta revuelta. Y Alfonso X que se encontraba en Segovia solicitó de Ibn Al Ahmar ayuda para sofocar la sublevación conforme al acuerdo que había entre ambos, pero éste se excusó y le apoyó Jaime I Rey de Aragón. El Rey de Castilla sitió la ciudad de Jerez en mayo de 1264 d.J., entregándose al cabo de seis meses y siendo desterrada su población.

           A continuación, Alfonso volvió a ocupar Sanlucar, Medina Sidonia, Lebrija, Arcos y por último Cádiz en el año 1266 d.J. Habiendo ocupado ya el Rey de Aragón Alicante el año 1263 d.J., después fue Cartagena, y más tarde fue sitiada Almería con un ejército castellano al mando de un hijo del Rey de Castilla, entregándose la ciudad en el 13/2/1266 d.J.

           En el 5/6/1266 d.J., el Rey de Castilla separó a los musulmanes y a los cristianos de Murcia en dos barrios, construyendo entre ellos una muralla. Este barrio musulmán se llamaba Arraxaqa, su administración estaba en manos de los musulmanes de Bani Hud hasta el año 1308 d.J., que pasó a manos de los castellanos (24).

           Más tarde se sucedieron los decretos ininterrumpidamente limitando los derechos de los musulmanes. Cada Rey emprendía en su investidura nuevas legislaciones en contra de los musulmanes. De manera que, en el año 1348 d.J., el Rey Alfonso XI dio una orden en Alcalá de Henares prohibiendo a los musulmanes traficar con el dinero, o prestar con intereses. Después, por medio de un decreto firmado en Madrid, se les prohibió trabajar como empleados de finanzas con el gobierno o con los nobles. Se les prohibió así mismo, ejercer la abogacía en los pleitos entre los cristianos. Se fijó como pena al transgresor, la confiscación de todos sus bienes, y el castigo corporal.

           En el año 1368 d.J., el Rey Enrique II restauró en Burgos las prohibiciones anteriores y dio otra orden en el año 1371 d.J., prohibiendo en ella a los musulmanes llamarse con nombres cristianos y se les obligaba a ponerse una señal distintiva en sus vestidos.

           Juan I publicó en Soria un decreto el año 1387 d.J., restaurando el impedimento a los musulmanes de ocupar empleos financieros, y se prohibía el  insulto a los cristianizados y su humillación llamándoles perros y cerdos. Se castigaba al transgresor con una multa de 300 maravedíes y 15 días de arresto. Así mismo se prohibía a los cristianos educar a los hijos de los musulmanes bajo multa de 600 maravedíes, y se permitía a los campesinos cristianos trabajar con los musulmanes y protegerlos en sus viajes. El decreto confirmaba que no se liberara al esclavo musulmán en manos de un judío si el esclavo abrazaba el judaísmo, sino que se esclavizara su dueño.

           Publicó otro decreto Juan I el año 1387 d.J., prohibiendo a los musulmanes convivir con los cristianos y viceversa, bajo pena de tortura y confiscación de bienes. A los cristianos se les prohibía emplear a los musulmanes, excepto en caso de que fueran sus esclavos, bajo multa de 6000 maravedíes. Se exceptuaba al musulmán que fuese médico. Se prohibía a los musulmanes trabajar públicamente en domingo, bajo multa de 30 maravedíes. El decreto imponía forzosamente a los musulmanes desocupar el camino por dónde pasara la cruz, y si les fuera imposible hacerlo tendrían que inclinarse ante la cruz, bajo pena de confiscación de sus vestidos entregándoselos al cristiano que lo delatara al juez.

           Después publicó Juan I un tercer decreto en el año 1388 d.J., en Valladolid restaurando la prohibición a los cristianos de convivir con los musulmanes o educar a sus hijos, bajo pena de ser azotados, prohibiendo el decreto, a los musulmanes otra vez, entrar en los cargos públicos, especialmente los de finanzas.

           El Rey Juan II publicó un decreto en Valladolid el año 1408 d.J., insistiendo en la prohibición a los musulmanes de entrar en cargos de finanzas, castigándose al musulmán que quebrantara la ley por un lado, y al cristiano que lo empleara por otro, con una multa de 2000 maravedíes. Así mismo el decreto prohibía a los musulmanes comer y beber con los cristianos, y al transgresor se le castigaba con cien latigazos. Se prohibía a los musulmanes emplear a los cristianos bajo pena de cien latigazos. El reincidente tanto en esta situación como en la anterior debería pagar mil maravedíes, otorgándose un tercio de dicha cantidad al cristiano delator. El decreto, así mismo prohibía a los musulmanes la asistencia a las fiestas cristianas, y no podían ser padrinos en las celebraciones de bautismo, bajo multa de 2000 maravedíes. Tampoco podían los musulmanes visitar enfermos cristianos bajo multa de 300 maravedíes. Se prohibía a los musulmanes el ejercicio de la profesión de cirujano, de perfumista, farmacia, y venta de alimentos o medicinas bajo multa de 2000 maravedíes y azote. Imponía el decreto a los musulmanes de vivir forzosamente en barrios especiales, y se anulaban los tribunales conforme a la legislación islámica. Se disponía que los jueces cristianos juzgaran entre los musulmanes de acuerdo a los derechos que les otorgaban sus distinciones. Se prohibía a los nobles aceptar a los musulmanes que cambiara su lugar de residencia bajo multa de 200 maravedíes, y en el caso de reincidencia de 100000 maravedíes. Y a la tercera vez se le requisaban todas sus posesiones y tierras. El decreto condenaba al mudéjar musulmán que hubiera sido apresado huyendo al Reino de Granada, a ser esclavizado por el cristiano que lo capturó, y para el mismo serían sus bienes confiscados.

           A continuación publicó Juan II un segundo decreto en el mismo año, imponiendo la obligación a los mudéjares de Toledo y otras ciudades, de dejar sus casas y sus riquezas, y trasladarse a Castilla la Vieja.

           En otro decreto publicado por Juan II en el año 1422 d.J., se condenaba a ser ejecutado todo musulmán que prohibiera a otro abrazar el cristianismo, aunque fuera su hijo. Y se condenaba a ser esclavizado el musulmán que viniera procedente del Reino de Granada, por el cristiano que lo hubiese capturado.

           Más tarde publicó una orden el año 1435 d.J., prohibiendo a los cristianos la firma de escritos de obligación y reconocimiento de una deuda al musulmán, excepto que esté fuera de la condición de pagar interés por esa deuda. Y publicó otra orden el año 1438 d.J., en la que el juramento de un cristiano ante el juez persistiendo en una deuda a un musulmán, se consideraba nulo, excepto que el adeudado fuese agricultor.

           Y en el año 1476 d.J., la Reina Isabel publicó en Madrid un decreto derogando los tribunales de legislación islámica que quedaran. Prohibía a los musulmanes vestir el vellocino, la seda, el oro y la plata, y también se les prohibió que estos materiales formaran parte de los aparejos de sus caballos, bajo pena de su confiscación. Se les imponía a los musulmanes llevar un trozo de túnica de color rojo sobre sus hombros, y un gorro verde en sus cabezas, y a las musulmanas un trozo de túnica azul de un ancho de cuatro dedos.  

           En el año 1480 d.J., la Reina Isabel publicó otra orden en Toledo confirmando el aislamiento de los musulmanes de los cristianos en la vivienda. Y repitió la orden de esclavizar a los musulmanes que huyeran a Granada por cuenta de quien los capturara. Se permitió a los musulmanes la construcción de nuevas mezquitas en sus barrios (24).

           Estas fueron las circunstancias en las que vivieron los musulmanes mudéjares en el Reino de Castilla antes de la caída de Granada. En cuanto a después de su caída, el estado español comenzó a tratarlos de una forma peor todavía, al modo del trato que recibían los musulmanes de Granada. Hasta que los Reyes Católicos enviaron una orden al gobernador de Córdoba en el año 1502 d.J., pidiéndole que promulgara un decreto resolutivo de condena a muerte a los musulmanes que rechazaran la cristianización, o su destierro fuera del país. Publicando así mismo una orden de prohibición a los musulmanes de Castilla de contactar con los de Granada o mezclarse con ellos. Después se publicó un Decreto Real en el 12/2/1502 d.J., difundido en Sevilla en el que se ordenaba la cristianización de todos los musulmanes de Castilla y León, y la expulsión de quien rechazara la cristianización. De forma que la mayoría de ellos se cristianizó externamente (25).

           Castilla temía que la firmeza de los musulmanes de Granada influyera en los moriscos de Castilla. Por lo tanto, se publicó un Decreto Real en febrero de 1515 d.J., anunciado en Toledo, prohibiendo tajantemente a los nuevos cristianizados en cualquier parte del Reino de Castilla, recorrer las tierras del Reino de Granada, o conectar con los moriscos de Granada bajo pena de muerte y confiscación (26).

           Carlos V cambió su trato a los moriscos castellanos con algo de compasión, y comunicó en el año 1543 d.J. a los Inquisidores Generales del Santo Oficio, que en confirmación al deseo del arzobispo de Toledo ha dado su perdón a la población de Medina del Campo y la de Arévalo por las faltas  de infidelidad y apostasía (e.d. ocultación del Islam) que cometieron. Y bastaba con pedirles la confesión de sus faltas ante el Santo Oficio para serles devueltas a continuación sus posesiones confiscadas (27).

           Estas fueron las condiciones de los musulmanes de Castilla poco antes de la Gran Revolución de Granada. Ahora veremos las condiciones de los musulmanes del Reino de Aragón, los que constituyeron mayor número y más influyentes que sus hermanos en Castilla.

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