Número 115  //  16 de febrero de 2001  //  22 Thw al-Qi`dah 1421 H.

 AL- ÁNDALUS

 El resurgir del Islam en Al-Ándalus VIII
  Por Ali Kattani


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Capítulo segundo

La opresión y la cristianización  (1492-1568 d.J.)

2.3 La culminación de opresión a los musulmanes (1502-1567)

Cuando se apagaron las revueltas y el Islam quedó anulado oficialmente en todos los rincones del Reino de Granada, entraron los andaluces en una nueva etapa en el trato recibido de sus opresores. El Estado y la Iglesia actuaron al principio con una falsa expectativa. Y era que los andalusíes reconocerían la realidad del asunto después de la muerte, la emigración, y la esclavitud de gran parte de sus jefes, y con un simple esfuerzo de enseñanza de la religión cristiana se convertirían ellos y sus hijos en cristianos como los demás. Mientras que los andalusíes, actuaron así mismo con otra falsa expectativa, en el sentido de que les sería posible preservar el Islam en sus corazones internamente y exteriorizar el cristianismo hasta que Allah los liberara. Sus jurisconsultos, por su parte, difundían historias esperanzadoras narrándoles el regreso del poderío del Islam a Al-Andalus para su salvación.

                Los andalusíes tenían una estrecha relación con sus hermanos en el Magreb, y los voluntarios cuando se ausentaban en el apoyo a los estados del Magreb, cruzaban el mar de continuo para prestar apoyo a sus hermanos, o ayudándoles a huir al Magreb o hacerles llegar comunicados de ánimo y fetuas o resoluciones islámicas. Y así envió el muftí de Orán Ahmed Ibn Buyama Al Magraui, y él era andalusí de la tierra de Almagro del término de Calatrava, una fetua con fecha del primero de Rayab del año 910 H. (18/11/1504 d.J.), cuyo texto es el siguiente (14):

                “Alabado sea Allah y que la paz y las bendiciones sean para nuestro Profeta Muhammad, para su familia y compañeros. Nuestros hermanos atenazados en su Din son como el atenazado por las brasas, a quienes Allah ha colmado de beneficios por cuanto han padecido y soportado en sus propias carnes y almas, y en las de sus hijos, todo por su complacencia en Allah, esos son los extraños (pocos), los allegados si Allah quiere, que estarán junto a su Profeta en el Paraíso más alto de sus Jardines. Heredaron el camino de sus predecesores más virtuosos soportando las penalidades, hasta la pérdida de sus vidas. Pedimos a Allah que sea amable con nosotros y nos ayude en la observancia de sus derechos con buena fe y sinceridad. Que nos proporcione una rendija por dónde escapar de las situaciones críticas y una salida en la estrechez. Después el saludo de la paz sea con vosotros en su escrito. Del siervillo de Allah, el Altísimo, el más pequeño de sus siervos, el más necesitado de Él y de su perdón. Firma el siervillo de Allah, alabado sea, Ahmed Ibn Bayama Al Magraui y Al Oraní. ¡Que Allah cubra a todos con su amabilidad. Solicito de vuestra sinceridad la mejor de las invocaciones, con el buen fin y la salvación de los suplicios de esta casa, y la reunión con aquellos virtuosos que Allah ha agraciado en la otra!”.

                “Seguro de que vosotros os halláis aferrados al Din del Islam, y ordenando su práctica a quienes han alcanzado la pubertad de vuestros hijos, si no teméis que caiga sobre vosotros un mal si la información llega a vuestro enemigo perjudicando vuestro fuero interno. ¡Bienhallados sean aquellos pocos que se mantienen en la virtud cuando la gente se corrompe! Y aquel que recuerda a Allah entre los negligentes es como el vivo entre los muertos. Saber que los ídolos son madera pulida y roca petrificada que no perjudica ni beneficia, que Allah es el Rey, no tiene hijo ni otra divinidad con Él. Adoradlo pues, y tened paciencia en su adoración: porque el salat (la oración) se puede hacer aunque sea por los ojos; el zakat (el diezmo obligatorio) aunque sea en forma de regalo a vuestros pobres o con disimulo, ya que Allah no mira vuestra imagen sino vuestros corazones; el gusul (ablución mayor) por impureza ritual aunque sea a nado en los mares es válido; y si os impiden rezar, pues el salat en la noche incumbe al día; por lo que se refiere a la ablución sino se puede con agua se debe hacer tayammum (purificación con tierra) aunque sea con el frote de la pared con las manos, y si tampoco se puede, pues se hace la salat por falta de agua y de tierra, excepto que os fuera posible señalar con las manos y la cara hacia tierra pura, piedras o árboles, por ser de aquello con lo que se puede hacer tayammum. Dirigíos pues, con el gesto. Lo ha transmitido así Ibn Nayi en la explicación de la Risala al dicho del Profeta, la paz sea con él: Hacerlo como podáis”.

                “Si os veis forzados a postraros ante los ídolos en el momento de la salat, o la asistencia a sus oraciones, poner la intención en no validarla y ponerla para vuestra salat prescrita en su lugar, y dirigíos hacia el ídolo que se dirijan, pero vuestro objetivo será Allah. Y aunque no esté en la dirección de la Kaaba, porque es un caso excepcional como la oración del miedo en la lucha encarnizada; si os obligan a beber vino, beberlo pero no con la intención de usarlo; si os imponen comer cerdo, comerlo con la repugnancia de vuestros corazones y la firme convicción de su ilicitud; de la misma forma que si os fuerzan a cualquier otra cosa prohibida; si os casan con sus hijas, sería permisible por el hecho de que son gente del Libro; pero, si os obligan a que caséis vuestras hijas con ellos, tener la convicción de su ilicitud si no fuera por la coacción y aborrecer el hecho en vuestros corazones, porque si encontrarais fuerzas lo cambiaríais; lo mismo que si os veis forzados a incurrir en la usura, otro haram, hacerlo pero detestándolo en vuestros corazones, y para vosotros será el capital que hayáis puesto, el resto lo daríais como limosna con el arrepentimiento de ello a Allah, el Altísimo”.

                “Si os obligan a caer en asuntos propios de kufr (apostasía), hacerlo pero con la tranquilidad de la fe en vuestros corazones y lo que digáis aborrecerlo; si os dicen que insultéis a Muhammad, porque ellos le decían Mahoma, insultar pues, diciendo Mahoma con la intención de que es shaitán, o también Mahoma el judío, porque muchos tienen ese nombre; si dicen que Jesús es hijo de Allah, decirlo si os coaccionan pero con el pensamiento de que es el siervo del Dios de María, con el derecho de ser adorado; si os dicen que digáis el Mesías hijo de Allah, decirlo con repugnancia y añadiendo para el Reino como la Casa de Allah en la que no se puede habitar; y si os dicen que digáis que María es su esposa, poner la intención en vuestras conciencias que fue su primo Zakarías de la tribu de Israel quien se casó con ella, después se apartó de ella antes del embarazo. Según dice Suhailí en su explicación de los hombres equívocos del Corán, o que Allah la casó con él por su decreto y su poder. Y si dicen que Jesús murió en la cruz, pensar que su muerte fue la perfección, el honor; y su responsabilidad y rememorar su recuerdo; manifestar el elogio hacia él entre la gente. Y verdaderamente fue compensado por Allah con su ascensión a las alturas”.

                “Y todas las dificultades que encontréis, anotarlas para daros una indicación, si Allah quiere. Pido a Allah que cambie la xenofobia al Islam para que podáis adorar a Allah externamente sin tener que padecer penalidades y miedos, o con la victoria de nuestros hermanos los generosos turcos. Nosotros testificamos a vuestro favor ante Allah de que vuestra actuación ha sido sincera y veraz y os habéis complacido en Allah. Y os pido que mandéis una respuesta inmediata. Y que la paz sea con todos vosotros. Con fecha de primero de Rayab del 910 H. ¡Qué Allah determine su bien y lo haga llevar a los extraños (gurabá), si Allah el Altísimo quiere!”.

                Así fingieron con repugnancia los musulmanes la aceptación de la religión cristiana. Eran obligados a la fuerza a frecuentar las iglesias y bautizar a los niños. Sin embargo, ellos siguieron siendo musulmanes en secreto, cumpliendo con los rituales del Islam, en cuanto a la salat, el ayuno, y abstenerse de lo ilícito. Solían lavar a sus hijos después del bautismo, el casamiento islámico lo hacían después de casarse en la iglesia, y educaban a sus hijos secretamente en el Islam. Y emplearon todos sus esfuerzos para adaptarse a esa situación extraña, embarazosa y peligrosa hasta que viniera Allah con la liberación (15).

                La Iglesia y el Estado cambiaron de la esperanza de cristianizar a los musulmanes con la predicación, a la esperanza de su cristianización con la coacción, la violencia y la fuerza. Se restauraron las leyes déspotas, los procedimientos severos para su aplicación más enérgica. Así en el año 1508 d.J. se renovó un decreto real por el que se prohibía el uso de los vestidos islámicos  entre los moriscos. Así mismo el Rey Fernando publicó cinco decretos en el año 1511 d.J., el primero con fecha 20/5/1511 d.J., restringía a los moriscos el uso de algunos instrumentos útiles como armas, cuchillos y otros (16). Otro decreto con fecha 10/6/1511 d.J., precisaba la obligatoriedad de quemar todos los libros de árabe que quedaran (17); tres decretos con fecha 20/6/1511 d.J., acerca de la prohibición de sacrificar los animales según el rito islámico; acerca del “padrino” y la “madrina”, es decir el protector del hombre y la dama de la mujer en los rituales católicos del bautismo, casamiento y otros (18).

                El objetivo de estas leyes seculares fue el de la destrucción de la característica cultural de los moriscos después de anular sus creencias islámicas. Y teniendo en cuenta que estos procedimientos no se aplicaron de la forma que quería la Iglesia y el Déspota, y se restauraron decretos en febrero del año 1512 d.J., confirmando la prohibición del sacrificio y los vestidos islámicos. Como así mismo se les prohibió el ejercicio de la profesión de cambista por impedírseles entrar en contacto con los voluntarios magrebíes con los que tenían relación. Aparecieron otras leyes concluidas en el 29/7/1513 d.J. (19).

                Comenzó Fernando el Católico a ignorar las promesas, a las que se obligó respecto al trato de los nuevos cristianos en el tema de los tributos que debía ser equivalente al de los cristianos antiguos. Hasta que antes del año 1510 d.J., se aplicaron a los moriscos impuestos especiales llamados: “el diezmo obligatorio” que se dividía en cuatro partes, tres de ellas se llamaban “el diezmo mayor” que incluía una indemnización anual, cuya cantidad era de 21.000 ducados de oro, otra por encima de la habitual de 5.000 ducados, y un impuesto de 10.000 ducados para construir el palacio del Rey en Granada. El cuarto diezmo obligatorio, que se llamaba “el diezmo menor”, o “diezmo del mar” para la financiación de la vigilancia marina (20).

            Fernando el Católico murió en el 23/1/1516 d.J., aconsejando a sus hijos la aniquilación del Islam y la destrucción de los restos del Din de Muhammad en España, después de que el pueblo andalusí padeciera de él el peor en injusticia, la deslealtad y arbitrariedad. Le precedió la muerte de la Reina Isabel el 26/11/1504 d.J., que fue enterrada en el monte de la Alhambra, y Fernando fue enterrado junto a ella conforme a su voluntad final. Más tarde el nieto de ambos Carlos V trasladó sus cenizas a la iglesia catedral de Granada, levantada encima de la Mezquita Aljama de Granada.

            Al perecer Fernando el Católico le sucedió su nieto Carlos V, primeramente bajo la tutela del Cardenal Cisneros, para después ocuparse personalmente del gobierno pasado el año 1519 d.J. Después de la muerte de Fernando, los andaluces suspiraron de alivio al recibir en principio un trato más blando y se aligeró algo la presión de los Tribunales de la Inquisición. Sin embargo, esta situación no duró mucho porque las condiciones de los andaluces se tornaron de nuevo a lo peor en el año 1524 d.J., apareciendo Carlos V como el mayor enemigo del Islam en Europa y en todo el mar Mediterráneo.

            En el año 1518 d.J. publicó el Rey duros edictos contra los musulmanes, lo que motivó el envío al Rey, por parte de los andalusíes, de una delegación de protesta por la tiranía contra ellos, cosa que no trajo ninguna utilidad. Se publicó un nuevo edicto con fecha de 12/3/1524 d.J. imponiendo la cristianización a todo musulmán que siguiera en su Din, y la expulsión de España a todo el que rehusara la cristianización. Y que se castigara a todo el que rechazara la cristianización o el exilio en el plazo otorgado a la esclavitud a perpetuidad. Así como la transformación en iglesias de todas las mezquitas que quedaran. Ante tal estado, enviaron los moriscos una delegación al Rey en Madrid (la que se convirtió en la nueva capital de España), pidiéndole de nuevo su protección, justicia para ellos y auxilio. Carlos V se trasladó en junio del año 1526 d.J. a Granada, permaneciendo allí hasta finales de diciembre del mismo año para hacer personalmente el seguimiento del asunto y encontrarle una solución (21).

            Delegó el Rey en un Tribunal Mayor compuesto de vicarios, obispos, jefes militares y jueces inquisidores, bajo la presidencia del “Inquisidor General” para estudiar la queja de los moriscos, y confirmar si la cristianización forzosa de los musulmanes era correcta, e irreversible o no. Ya que si esta cristianización es correcta, el disidente sería castigado con la muerte en la hoguera por hereje. El Tribunal mencionado presentó su resolución en septiembre del año 1526 d.J., confirmando en ella que los moriscos eran de hecho víctimas de agresiones continuadas de parte de los cristianos viejos que les insultaban en los caminos, y  los exponían a la más cruel explotación; eran humillados hombres y mujeres sin ninguna protección legal. Además, el Tribunal confirmó así mismo que la cristianización forzosa de los musulmanes era correcta y sin apelación.

            En el 29/9/1526 d.J., firmó el Rey aproximadamente 40 decretos para definir la queja de los moriscos. Sin embargo, publicó una ley con fecha 7/12/1526 d.J., anunciando que todos los moriscos son cristianos, se les prohibía tajantemente la salida de España y se les imponía la cristianización de todos sus hijos, y penalizar a todo aquel que negara la cristiandad con la confiscación de sus bienes y la ejecución. Así mismo, la ley decretó la prohibición de hablar o escribir en lengua árabe y el aprendizaje de la lengua española a todos los moriscos, a los que se les pidió presentar al Inquisidor General todos los documentos escritos en árabe. Como también se les pidió apartarse de cualquier cosa que tuviera relación con la creencia islámica. Se ordenó la demolición de los baños públicos; que permanecieran abiertas para siempre las casas de los moriscos para que todos vieran lo que pasaba en ellas; y que las mujeres moriscas se despojaran de sus velos etc..

                El Rey escribió una carta con fecha 14/12/1526 d.J., al Papa de Roma que le incitaba a la severidad con los moriscos, diciendo: “El abrazo al cristianismo por parte de los moriscos no lo han hecho con su deseo, ni con convicción, ni han aprendido nuestra fe católica como debiera ser”. Y añadió a la ley real el obispo de Granada unas instrucciones con fecha de 10/12/1526 d.J., con las que consiguió organizar religiosamente a los moriscos en el menor tiempo posible para conseguir su cristianización. Y los moriscos sugirieron en vano al Rey el pago de 90.000 ducados de oro en seis años para suavizar estos procedimientos (22).

            A continuación buscaron otra vez los moriscos la compasión del Rey pagándole 80.000 ducados de oro (21), estando de acuerdo en detener la ejecución de estos procedimientos por un periodo de cuarenta años, durante los cuales conservarían los moriscos su lengua árabe y su vestimenta islámica y otras concesiones a cambio del pago de un impuesto anual. Y tenían que reunir enormes cantidades de dinero para este impuesto.

            De esa forma llegaron los moriscos a un cierto equilibrio con Carlos V, oscilando su situación entre el mal y el peor a pesar de la vejación continuada a la que eran sometidos por parte de los Tribunales de la Inquisición, especialmente en el año 1529 d.J. en Granada, y en el año 1532 d.J. cuando fueron prohibidas las celebraciones de carácter islámico y se instituyeron campañas continuas de cristianización. Y el centro de los Tribunales de la Inquisición se trasladó el año 1526 d.J. de Córdoba a Granada. Como así mismo, la mayoría de los musulmanes fue reunida en barrios especiales llamados “morerías” para que no se mezclaran con los cristianos antiguos.

                Este equilibrio cambió a peor con la muerte de Carlos V. Y fue su hijo Felipe II el que fue declarado rey en el año 1555 d.J. Éste último era un fanático de personalidad débil ante los clérigos. La Iglesia aprovechó su periodo de reinado para endurecer de nuevo su trato a los andaluces y volver a la política de vejación continuada. Y fue animado el Rey a imponer el radicalismo por temor al creciente aumento de la fuerza del estado otomano y sus relaciones con los andaluces.

            Comenzó Felipe II la presión sobre los moriscos el año 1560 d.J., con la prohibición de que adquirieran esclavos negros, cuya causa se debía a que estos negros eran en su mayoría musulmanes, y el objetivo del edicto era impedir la influencia por medio de las enseñanzas islámicas. Solicitaron los moriscos del Rey la revocación de éste decreto, sin embargo rechazó tajantemente responder a sus exigencias el año 1563 d.J.

            En el 14/5/1563 d.J., el Rey publicó un edicto prohibiendo a los moriscos poseer y portar armas, e imponiéndoles la obligación de entregar sus armas en un tiempo no superior a cincuenta días a partir de la fecha de su publicación. Fijó el decreto el castigo para los disidentes a trabajos forzados por un tiempo de seis años. Y el decreto no exceptuó a nadie sin la orden expresa y el sello del Gobernador General. Se aplicó el decreto enérgicamente y con resolución. Así se convirtieron los moriscos en el blanco de todo agresor y opresor. Algunos moriscos entregaron sus armas pero la gran mayoría de ellos rehusaron entregarlas y las ocultaron.

            En 1564 d.J., el gobierno promulgó un decreto por el que se anulaba la inmunidad de los moriscos residentes en las tierras de los nobles, y fijando la inmunidad para quien de ellos residiera por tres días en los conventos e iglesias. Aumentó pues, la irascibilidad de los Tribunales de la Inquisición y su persecución contra los musulmanes (23).

            Tuvo comienzo la fuerte presión en mayo de 1566 d.J., transcurridos cuarenta años de la publicación de la ley de Carlos V, cuando Felipe II quiso volver a aplicarla con toda severidad. Esta ley renovada otorgaba un plazo de tres años a los moriscos para que aprendieran la lengua española, después del cuál se prohibía hablar en árabe, quedando anulados todos los contratos escritos en lengua árabe. La ley establecía así mismo, la entrega en un plazo de treinta días de todos los libros árabes que quedaran. Se prohibía la confección de nuevos vestidos musulmanes. Y no se podían confeccionar prendas de seda por un tiempo de un sólo año, y de lana por dos años, para después prohibir su uso. La ley prohibía, de la misma forma, el uso del velo a las moriscas, e imponía uniformarse con vestidos cristianos. Prohibía la puesta en práctica de cualquier ritual islámico, obligaba a los moriscos a realizar todas sus celebraciones de acuerdo a las enseñanzas de la iglesia, y debían permanecer abiertas sus casas en las celebraciones, en los días de fiesta, y los viernes. Se prohibía el canto y el baile árabes, el uso de instrumentos musicales, teñirse de henna y utilizar el baño. Se ordenó la destrucción de los baños públicos. Se prohibía a los moriscos usar nombres árabes y la adquisición de esclavos. La ley obligaba a los disidentes al peor de los castigos en cuanto a la prisión, el destierro, la tortura, la confiscación, y la ejecución en la hoguera (24).

            Ordenó el Rey al Presidente de la Asamblea Real, Deza, la divulgación de esta tiránica ley en el 1/1/1567 d.J., en Granada, en sus barrios, y en todos los rincones del antiguo Reino islámico. Se ocupó de su divulgación una comitiva de jueces de los Tribunales de la Inquisición, seguidos de tambores y flautas. Y comenzó a aplicarse la ley con toda severidad (24). Se derribaron los baños públicos, se llenaron las cárceles, se esparcieron los cadáveres por las calles de la capital de Granada y sus pueblos, y se activaron los “Tribunales de la Inquisición” (8). No sirvió de nada a los moriscos cualquier intercesión, llegando a una situación crítica de total desesperación que condujo a una violenta revolución que reunió las fuerzas que le quedaban al pueblo andalusí, estando a punto de triunfar de no ser por el abandono del mundo islámico otra vez.

            Antes de encaminarnos a los detalles de la gran Revolución de Granada veremos la situación de los mudéjares fuera del Reino de Granada y en lugares de los Reinos de Portugal, Castilla y Aragón, hasta el año 1567 d.J.

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