Jutba de Mansur Escudero sobre el matrimonio



 

El matrimonio es la mitad del din, decía el Profeta, la paz sea con él. Esto quiere decir que todos los salat, todos los ayunos, todos los sakat que en toda su vida haga un musulmán o una musulmana, si va a Mecca o hace el yihad , no son sino la mitad de su vida espiritual. La mitad de lo que cuenta ante Allah.

La otra mitad es el matrimonio. Y esta sabiduría que se nos ha dado en hadiz tan corto tiene un fundamento muy consistente. Porque tenemos la obligación de ser felices, la obligación islámica de ser felices. Somos manifestaciones de Allah y por esto debemos amar y aspirar a todo lo que nos enrraice en la existencia. El amor es de todas las experiencias del hombre lo que más le enrraiza con la existencia. El amor que vivimos en el matrimonio es una de nuestras experiencias elementales de Allah. Porque Allah es rahma. Allah es esencialmente rahma , fecundidad creadora de vida, ternura que todo lo mantiene en la vida. Y saber del amor es saber de la rahma de Allah. Absolutamente todo lo que es  ‘el esqueleto de luz del universo’ se nos ha permitido vivirlo en experiencias tan cotidianas como el sueño, el amor, el paso de la noche al día, la sexualidad, el dolor...

El hombre es la mitad. La mujer es la mitad. La mitad de algo. La mitad de algo que tiene formarse. Por eso en el Islam no existe el celibato. Por eso en el Islam se condena la vida del solitario. En árabe, incluso, ‘solitario’ y ‘salvaje’ son sinónimos. Como si no se pudiera ser persona sin sociedad, sin familia. Es en el matrimonio donde nos civilizamos, donde dejamos de ser salvajes, donde acabamos siendo algo. Si vamos al matrimonio pensando que somos completos, que somos una persona, vamos a la violencia, vamos a las relaciones de poder. Si vamos sabiendo que somos una mitad, vamos al encuentro con nosotros mismos, a ser algo por primera vez.

Esta importancia que el Islam da al matrimonio está motivada en que para nosotros la satisfacción de nuestras necesidades son la plataforma desde la cual vamos a trascender. Cuando el hombre y la mujer se encuentran forman una nueva unidad, entran en el salam , en la paz y en la satisfacción de sus naturalezas que sitúan al hombre en fitra . Sin el matrimonio no puede estarse en fitra porque todo aquello con lo que nos vamos encontrando para satisfacernos no tenemos intención de que constituya nuestra mitad. Lo fundamental es que en fitra -y sólo instalados en esta naturaleza primordial- podemos tener contacto con Allah, con el Señor de todo lo que es espontáneo...

El amor no es algo previo. Pensamos que se va al matrimonio con amor. Pero lo cierto es que el amor es el resultado de un trabajo cotidiano por realizarlo. Se va al matrimonio con ilusión, con desazón, con ‘enamoramiento’ si se quiere, pero no con amor. El amor lo construimos, la rahma la realizamos.

Pero amar de verdad no es sólo tratar de hacer las cosas lo mejor posible. Exige un trabajo espiritual de destrucción de los falsos complejos y los falsos pudores que nos han legado. Dice un hadiz: La bendición es para los que guardan el pudor, excepto con sus parejas . Se trata de liberar el cuerpo de la culpa, cerrar la herida judeocristiana abierta entre el cuerpo y el alma, pero no a golpes sino con la comprensión totalizadora que nos proporcionan el conocimiento y el sometimiento a la Realidad, es decir, como gentes que expresan la Rahma de Allah mediante el Amor. Toda otra solución es incompleta y desaconsejable.

Os invito al amor, os invito a la espiritualidad, que es lo mismo que el amor pero cuando ya excede los límites de lo aparente, os invito a la construcción de una familia, os invito al placer, que no es algo que ruborice al musulmán, os invito a la construcción de la rahma de Allah, a la alegría y a la paz de los que se someten a Allah y tienen la dignidad de sentirse su manifestación.