Europa, una ideología

Por Abdurrahman Medina


 

Europa tiene sus raíces culturales en la idea colonialista de la “civilización europea”; una visión fenomenológica, una visión experimental del sionismo cristiano: en adelante no existe otra cultura, civilización o progreso que el individual, mediante la conversión al europeísmo.

Esta tendencia a creer que la historia comienza a partir del eurocentrismo y a concebir el pasado, o las otras civilizaciones, en términos de preparación y expectación por este advenimiento, es por desgracia la visión subjetiva, inmediata, empírica del europeísmo. Con una concepción semejante de la historia, escrita en futuro perfecto, los europeístas se consideran a la vez como el resultado de toda la epopeya humana, un fin de la historia, y una especie de acontecimiento o advenimiento absoluto. A partir de esta referencia, las otras civilizaciones no europeas o de cuño occidental, se convierten en primitivismo, y toda creación nueva no europea u occidental -República Islámica de Irán, Intifada palestina, Movimiento Islámico en Túnez, Afganistán, etc.- es catalogada como retrógrada y antisocial. Pero ello, no es nuevo en el devenir de la llamada cultura occidental, no es patrimonio exclusivo de la esperanza profética, de la promesa y de la elección divina, es un precedente; la cultura griega, con su desprecio y engreimiento respecto a todas las demás, es otra; los romanos, con su vanidad, su complejo de superioridad y excepcionalismo, siguen a la saga; la Iglesia y el Imperio que les heredará, apropiándose lo universal como “católico”, su triunfalismo jerárquico y paternalista, sintetiza esta vocación. Los occidentalistas modernos han hipertrofiado, sublimado esta vieja tendencia con el laicismo al que dan en llamar progreso, con el europeísmo al que dan en llamar Mercado Común.

La restricción al fenómeno, a la realidad aparente de toda cultura o cotidianidad, es decir, a la experiencia inmediatista -Condorcet-, a la experiencia -empirismo-, es característica de la filosofía anglosajona- Bacon, Locke, Hume-, del pragmatismo americano -Dewey-; el estrecho desarrollo del materialismo mecanicista francés de Diderot, Holbach, la Enciclopedia, o Augusto Comte; el materialismo economicista del marxismo y las diferentes opciones socialistas, son escuelas en su conjunto de vía estrecha que en nuestros tiempos han provocado los reagrupamientos sionistas-fascistas, sionista-israelita, el racismo del africanismo y el antiafricanismo europeísta, así como el Mercado Común Europeo,etc.

Blas Infante decía que los andaluces somos euroafricanos, euroorientales, nosotros añadiríamos, euroamericanos, en un radical sentido común universal y anticolonial, sin renuncia alguna a nuestro trascendente y telñurico sentido de la soberanía y la diferencia. En la misma época histórica, Sartre desarrollaba para Europa su socialismo africano, su “identidad” para el Tercer Mundo. La escuela de Sartre ha sido quizás la más útil al imperialismo de la Comunidad Económica Europea, más que cualquier otra rama del socialismo. Los principales Estados que organizan las potencias colonizadores en Africa, han sido guiados por una pequeña casta “socialista”, semicolonial y burocrática, favoreciendo el imperialismo y colaborando, sin dificultad, con el régimen abiertamente racista de Africa del Sur -FRELIMO, MPLA, Partido de Holden, ZANU, ZAPU en Rodesia, etc.-.

En los mismos países del Mercado Común, por razones histórico-raciales, los inmigrantes musulmanes: argelinos, turcos, marroquíes, senegaleses, etc., hacen el auténtico trabajo de “burros”. Dicho trabajo es normalmente infravalorado por una Europa racista que considera que el trabajo “blanco” cuenta más que el trabajo “negro”. Esta manera de pensar forma parte también de la mentalidad del socialismo europeo. El autointerés lo invade todo. Al volverse la vida una relación de compraventa, puede ganarse en ella, pero quedamos todos enfrentados a nosotros mismos. De este modo, el colonialismo occidental caricaturiza la “insignificancia humana” que consagró el puritanismo anglosajón. La CEE se mueve para obtener un beneficio que no emplea en mejoras personales, sino en un mayor y nuevo beneficio, en una economía y una vida de usar y tirar que no nos hace más felices ni favorece realmente el progreso. Occidente se ve a sí mismo y a las otras civilizaciones como inteligencias sin moral ni recuerdos, sin sentido trascendente alguno, disfrazado, a menudo, de un falso bien común, que jamás se ha logrado, ni tratado de lograr seriamente.

      Las llamadas economías de “subsistencia” y “tradición” son eufemismos europeos al servicio de las industrias primarias coloniales, desarrollados por la ideología sionista en la imaginación de los pueblos que coloniza. El papel ejercido por la mitología sionista es inmenso y no podríamos explicar la eficacia, a escala mundial, del “lobby” sionista, sólo por la potencia de su organización y los enormes medios políticos y económicos de que sipones, gracias sobre todo al apoyo decidido e ilimitado del Estado Británico y su principal adalid, los Estados Unidos de Norteamérica. Estaburda mitología sionista y sus sangrientas consecuencias históricas son imposible de comprender si no recordamos la manipulación ideológica de siglos que vindica Occidente, desarrollando el sionismo a través de las iglesias cristianas, cultivando un terreno fácil de explotar por asl ideologías racistas y el sionismo político, fundamento de todo colonialismo y superexplotación.