La Shahâda: significación de un rito

Extracto de una conferencia de Abderrahman M. Maanán


 

En principio, lo que todos sabemos sobre la shahâda  es que es el acto por el cual una persona se reconoce a sí misma como musulmana. En general, la palabra shahâda se suele traducir como testimonio o bien se podría traducir como certificación, realmente es un acto en el que se certifica algo. ¿Qué es la shahâda realmente? Mucha gente se imagina que es “la conversión al Islam, el bautismo de los musulmanes”. Esto del “Bautismo musulmán” presupondría en el Islam una serie de elementos de los que carece por completo; en el Islam no existe ningún sacramento, por lo tanto la shahâda no puede ser un Bautismo ni es un acto sacramental, ni ocurre nada especial, ni es un rito mágico, sino que es un acto absolutamente sencillo en el cual una persona se presenta a sí misma y al resto de los musulmanes como musulmana, y punto. En el Corán se dice que ningún musulmán se debe negar a ser testigo, es decir, cuando se requiere la presencia de un musulmán como testigo en cualquier tipo de acto, un musulmán no debe negarse, lo que tiene es que dar fe del acto que sucede, no hay mayor compromiso para esa persona, y nadie debe negarse a cumplir esa acción. Cuando una persona decide hacer la shahâda lo único que hace es comprometer a los musulmanes a ser testigos de ese acto. Esto quiere decir que nadie lo acepta en al Islam, nadie lo convierte al Islam, no existe la figura de un sacerdote que haga que esa persona de la noche a la mañana sea una cosa rara o especial, ni nada de eso, sino que simplemente la comunidad está comprobando que esa persona es uno de los musulmanes. La comunidad va a dar fe de que esa persona se ha reconocido como musulmana y lo ha dicho en público, en dos frases. Es decir la shahâda es simplemente eso; no existe ningún tipo de consagración de nada, sino simplemente un acto social en el cual una persona se presenta a sí misma como musulmana y los demás se prestan a ser testigos.

Ahora bien, ese acto de la shahâda es tremendamente importante y es de lo que tenemos que hablar aquí esta noche, sin que quede confusión en que la shahâda en sí no es ningún ritual, ningún acto litúrgico que pueda ser homologado a ningún tipo de bautismo, ni conversión ni nada de eso. Si no que simplemente es un acto social abierto a la gente en el que, como explica la shari‘a, debe haber dos testigos como mínimo, cuantos más mejor porque es un acto por el cual una persona se adhiere a la comunidad musulmana, eso es formalmente la shahâda.

Pero la shahâda es muchísimo  más y tiene unas significaciones tremendas. Tremendas, porque las recoge precisamente de esa sencillez en la que consiste: si la shahâda fuese un acto complicado, seguramente tendría poca repercusión y poco significado. Es precisamente gracias a su sencillez absoluta por lo que puede poseer unas connotaciones y unas significaciones y unos alcances infinitos, que es de lo que vamos a hablar aquí.

Rasûlullâh (s.a.s.) enseñaba que todo tiene una puerta, es decir, que todo necesita un primer paso, un acto de intención, un acto de voluntad con el cual tú mismo te sitúas ante lo que puede ser. Es, pues, una elección personal: tu eliges cuando te declaras musulmán introducirte dentro del Islam, practicar el Islam y reconducirte hacia donde el Islam te oriente; eso tiene un acto primero en el cual tú condensas tu aspiración, es sólo un gesto, pero esencial. Eso es la shahâda. Por lo tanto, la shahâda es un acto de entrada, de iniciación; te inicias a través de esa puerta en el Islam, no entras por las ventanas, sino justamente por donde se debe hacer que es por un acto de ni‘a, de intención. Por lo tanto, la shahâda fundamentalmente es un acto en el cual nosotros nos ponemos serios con nosotros mismos y fijamos para nuestra propia memoria ese instante en el cual empezamos de forma rigurosa el seguimiento de la vía de Muhammad (s.a.s.). Así pues, la shahâda va a tener esta dimensión inaugural que es tremendamente importante, es decir, es una toma de conciencia de la importancia de empezar en una vía, un senda. Si os fijáis bien aquellos que habéis estado presentes en iniciaciones sufis es prácticamente lo mismo que una shahâda: simplemente una persona de la mano de otra que dice “yo quiero esto”. Esto es la shahâda, eso es el “acto de iniciación”: no tiene mayor misterio porque cualquier adorno en torno a eso no haría más que esconder la cuestión y la cuestión es el deseo de iniciarse dentro de una senda. Cualquier tipo de ritual en torno a eso no hace más que confundir, estorbar. El Islam busca siempre en todo lo más sencillo, por eso no hay ningún ritual en torno a la shahâda, por eso no hay ningún ritual en torno a lo que es la iniciación en una vía sufi, es simplemente la expresión del deseo poniéndose más dentro de lo que es lo humano, utilizando el lenguaje, porque con el lenguaje tú expresas aquello que tú tienes en la conciencia, le das una forma, te lo aclaras a ti mismo, y a partir de entonces es posible una decisión y emprender un camino. Cualquier otra cosa es ocultar aquello que es absolutamente básico, llano y sencillo, como es el Islam. Desde este punto de vista se convierte, tanto la shahâda como el Tawqîn (la iniciación dentro del Sufismo), en un acto válido; una sincera declaración de intenciones es suficiente para que el acto sea válido, ahí está la fuerza de la shahada. No niego que cualquier acto teatral en torno a eso ayude a hacer del acto algo más -socialmente- cohesionador, algo más hermoso, y en este sentido puede servir  -más o menos-, ya depende de las circunstancias del contexto cultural, pero fundamentalmente el hecho radical es aquel al que se dirige el Islam desde el principio, a saber, a la desnudez de la voluntad humana que se propone algo, y en este caso ¿qué es lo que se propone? Con el Islam se propone ni más ni menos que fluir con Allah, fluir con la Verdad, fluir con el que te ha creado, esto es lo que significa literalmente la palabra Islam, no significa ninguna otra cosa más. Por tanto, volvemos a insistir en la desnudez, en lo simple, en lo sencillo que no tiene ningún tipo de edulcorante, nada más se le añade. Todo eso son cosas básicas muy  claras la shahâda como acto tremendamente simple que incluso nosotros aquí en la Yama‘a intentamos darle un poco de alegría, porque es un acto muy soso en sí realmente que da hasta pena, pero realmente esto es así, es simplemente ese acto en el cual tú te hermanas porque el Islam es una gran fraternidad, te hermanas con otras gentes dentro de un mismo proyecto, ¿Cuál es ese proyecto, también tremendamente simple, sencillo y llano? El sometimiento progresivo del mu’min a la realidad. Todo va a ser en el Islam redundar constantemente en eso que es básico, simple, llano, sencillo, asequible, comprensible. Y la shahâda consiste pues en lo que debe consistir en palabras, en cosas que tú dices, que tú expresas y que traducen realmente esa necesidad de expresión de los sentimientos que es la palabra humana... , la fórmula de la shahâda, la sabéis ya perfectamente, es: lâ ilaha illa Allah, wa anna Muhammad rasûlullah, dos frases; quien dice estas dos frases delante de dos testigos musulmanes inmediatamente ya es considerado por la Umma, por la nación musulmana, como uno más de sus miembros  y con eso se acabó de cumplir con el primer pilar del Islam. ¿Quién debe cumplir con este primer pilar del Islam?... porque este pilar del Islam no atañe a todo el mundo, por ejemplo cualquier criatura que no haya sido convertida a ninguna religión no le hace falta decir esto para ser musulmana. Lo es en aplicación del hadiz de Rasûlullâh (s.a.s.) en el cual dice, todo ser humano, todo recién nacido está en la fitra, de naturaleza primordial. El Islam no es más que la recuperación de eso, de esa simpleza, de esa espontaneidad de lo primigenio. Por lo tanto, a la hora de aplicarlo dentro de la shari`a, del fiqh, toda criatura que no haya sido bautizada es musulmana, es lo que se ha dicho también de toda la vida aquí, en Andalucía, todo el que no se ha bautizado se “ha quedado moro”.

Hasta lo dicho, la shahada  como pilar; pero también se podía hablar de la shahada como práctica islámica diaria, y en este caso, es algo mucho más intenso, porque es -ni más ni menos-  que lo que no dejan de decir los musulmanes constantemente con sus vidas porque es el detonante de toda la espiritualidad dentro del Islam, estas dos sencillísimas frases, que recordemos que dicho en público, ante gente, hace que esa persona sea considerada musulmana. No se ha convertido a nada, no ha sufrido ningún tipo de ritual, sino que simplemente ha hecho un gesto social por el cual se integra en el seno de la nación de Muhammad (s.a.s.).

Al conjunto de estas dos frases en árabe se les llama kálimat al-ijlás o kálimat at-tawhíd, la palabra de la sinceridad o la palabra de la unidad, porque la sinceridad es lo más desnudo, la sinceridad es lo más puro, y se le llama palabra porque realmente todo es una sola palabra, aunque sean varias palabras en árabe, en el Islam se considera que todas esas palabras forman una palabra: “No hay más verdad que Allah, Muhammad es el mensajero de Allah” es una misma palabra, es lo mismo, cada palabra de esas está significando el total del conjunto de esas dos frases que significa que Allah es la meta del ser humano, allí a donde nos conduce la muerte, nuestro origen y lo que soporta nuestra existencia en cada momento, eso es lo que como Muhammad (s.a.s.) expresamos en cada momento, aquello de lo que somos mensaje cada uno de nosotros, esto es lo que significa la shahada. El que descubre eso, el que la esencia de la realidad es la verdad creadora y vertebradora de todo, es lo inconcebible, el entramado de la existencia entera, nosotros no somos otra cosa más que su forma de aparecer su palabra, su modo de expresarse; eso es el Islam. Y por tanto en tanto que manifestación, que traducción, que palabra de esa verdad subyacente absolutamente en todo, en todo momento estamos siendo musulmanes. Realmente lo que descubrimos con la shahada es lo que somos. Y simplemente se trata de ir retirando todos los velos que nos han ido desviando de lo que realmente debemos ser: musulmanes. Es decir, gente que fluye con la existencia, con la vida, con cada momento como se nos va presentando. Quien realmente saborea lo que eso significa, aquel que ha dejado de estar apartado de sí mismo (de su esencia, de Allah, de su Creador, de su Verdad) es el musulmán. Por lo tanto, en el momento de la shahada lo único que hace uno es proponérselo y hacerlo con un acto firme. Lo importante es el momento rupturista en el cual se pronuncia la shahada; depende de las personas, el que cada uno lo haga con mayor o menor intensidad, pero evidentemente lo importante es que se ha producido algo, y eso es lo que hace que la shahada tenga una dimensión extraordinaria. Por poca que sea la intención que se ponga en el acto de la shahada, tiene la fuerza para introducirte dentro del universo del Islam.

Una cosa muy importante, los musulmanes no se pueden negar a aceptar como musulmán a nadie, es decir los testigos son testigos, no son jueces. Y por lo tanto jamás se puede decir a nadie que no puede hacer la shahada. Bajo ninguna razón se admite este comportamiento. Una cosa es la comunidad a la que pertenece una gente -que puede tener el grado de apertura al exterior que le apetezca a sus miembros- y otra cosa es el Islam que está absolutamente abierto, que pertenece a Allah, nosotros sólo somos testigos de la voluntad de una persona, de su seriedad, de su sinceridad con Allah; así que la shahada es algo entre ellos; no nos incumbe a nosotros más que dar fe de que se ha producido el acto. Intentar juzgar la validez de una shahada es meternos en el terreno de Allah, eso es ser inquisición, ser Iglesia, lo que no existe en el Islam ni lo que debe darse. Por lo tanto la shahada es un acto espontáneo suceda como suceda, y allí eso queda en manos de Allah. Como comunidad lo único que podemos hacer es lo que hacía Rasûlullâh (s.a.s.), que era aceptar a todo el mundo, sin meternos en el corazón de nadie, no podemos juzgar para nada a quien hace la shahada. La fuerza que tiene el acto en sí depende de la interioridad, del espíritu de esa persona, pero la validez es su simple realización.

Todo esto es muy importante porque va a diseñar lo que el Islam quiere como comunidad: no una comunidad de gente que esté siempre vigilándose entre sí, a ver quién es sincero y quien es hipócrita o quien es esto o quien es lo otro, los musulmanes somos hermanos y ya está. Ser hermanos no es ser amigos, es algo que nos une más allá de lo que puede ser la amistad, es algo mucho más visceral, de mucho más adentro, eso es lo que es realmente importante.

La shahada es por lo tanto interiorizar lo que significan esas palabras a la vez que se expresan públicamente; es decir, ser lo que es la Creación entera, sostenida por el Uno Único interiormente y pura ebullición y pura exuberancia. Cuando tu pronuncias la shahada estás haciendo el mismo acto por el que surgió el mundo; los sufíes nos van a enseñar que la shahada lo que de verdad significa la shahada es todo lo que existe, es decir, que todo lo que existe no deja de decir lâ ilaha illa Allah, Muhammad rasûlullâh. Los sufíes dicen la shahada la llevan todos los seres escritos en la frente, eso lo que es la existencia, el acto de la shahada no es más que descubrir que eso es así y es empezar a ser lo que uno es y empezar por una vía, esto es lo importante a otro nivel ¿por qué es importante el acto comunitario, el acto social? porque si no el retraimiento, es decir el quedarse fuera de lo que es la expresión de lo que significa eso te hace perder una de las dimensiones fundamentales de lo que es el ser humano: el Islam no es solitario es comunitario y eso es fundamental, porque el ser humano lo es. Negarse al hecho comunitario, negarse al hecho civilizador es negarse al hecho humano también; el ser humano no es pura espiritualidad sino que es también comunidad y fundamentalmente por esta razón es en la comunidad donde empezamos a conocernos. Tengamos en cuenta que un hecho comunitario siempre, por definición, es conflictivo y el conflicto hace falta para que surja lo bueno y lo malo que llevamos dentro. Si surge lo bueno y lo malo que llevamos dentro podremos verlo y si somos sabios podremos encauzarlo, por eso la comunidad es un hecho fundamental, por eso la shahada es un acto que se hace con la gente, no es un acto espiritual solitario, retirado, marginando la realidad, marginando nuestro entorno, marginándonos a nosotros al fin y al cabo, dejando todavía escondido aquello que nunca mostraremos porque jamás vamos a entrar en confrontación, porque para nosotros la comunidad es fundamental para el espíritu. El solitario, el asceta, el que se retira de la sociedad, de las gentes, no es bien visto dentro del Islam. Puede alguien necesitarlo durante un período, bajo la supervisión de un maestro pueden hacerse ese tipo de cosas, no hay ningún problema, pero es la excepción a la regla general que es la permanencia con la gente, la vivencia con la gente, la confrontación con la gente. Quien no es capaz de asumir eso, porque eso es ya yihad, eso es ya combatir, y prefiere estar retirado en su casa haciendo sus devociones privadas, no es musulmán como lo era el Profeta , sino que es un ser solitario que está siendo estafado por su ego, porque está buscando la comodidad y la satisfacción egoísta de lo espiritual. Por eso, la expresión de la capacidad espiritual del ser humano se hace con los demás, porque la creación es todo, no eres tú retirado de la existencia, tú soñando ni divagando, sino soñando y divagando con los demás, confrontando, cambiando, corrigiendo, imponiendo, en definitiva, la vida, esa lucha,  con todos los aspectos negativos de los que todos por supuesto quisiéramos huir y que es sin embargo donde está realmente el quid de la cuestión. Porque como decían los sufis, Allah se me manifiesta en aquello que detesto porque allí es donde es capaz de cambiarme, de sacudirme. Ése es uno de los grandes secretos de la shahada en comunidad.

La shahada es inmersión absoluta en el tawhid en la unidad y unicidad de Allah, en la unidad y unicidad de la existencia, es navegar, fluir, en la paz y la serenidad dentro de la acción, por eso lo que significa lâ ilaha illa Allah es la unidad y unicidad absoluta de Allah, lo que significa Muhammad rasûlullâh, el camino hacia Allah y el camino hacia Allah es acción, es el cambio, es el progreso, es el evolucionar espiritualmente, es el ir dejando detrás siempre a nuestros ídolos. Llevamos con nosotros a nuestros ídolos dentro del Islam, claro que sí, sólo por haber pronunciado la shahada no has eliminado los ídolos sino que has expresado el deseo de eliminarlos que es muy distinto, a partir de ahí viene realmente la guerra, el yihad, el ir acabando con los fantasmas, con los miedos con las esperanzas, con todo, para llegar al vacío absoluto de Allah (t.), para ser ahí musulmanes, para realmente en esa meta hacer el suyud, llevar la frente al suelo. Porque arrastramos con nosotros por supuesto todos los dioses del mundo, todas las mentiras del mundo, todas las esperanzas del mundo, todas las quimeras... ídolo dentro del Islam es todo aquello que no es Allah, simplemente. Llegar a ese vacío en el cual sólo quede Allah, es decir, el que no quede junto a Allah nada, es el propósito del musulmán que quiere estar libre. Por lo tanto es fundamental esa compañía, el maestro con el discípulo, el hermano con su hermano, el hijo con el padre...., en el cual se produce esa lucha, esa confrontación continua en la cual cada uno se va a deshaciendo de todos los ídolos que buenamente pueda, porque tampoco se pueden quitar todos los ídolos de un golpe.

Y Muhammad Rasûlullâh es la shari`a, es la disciplina, es el modo en el cual nosotros amoldamos todo nuestro ser en una senda de Allah. Por ejemplo, el trabajo inmediato de una persona que ha hecho la shahada, su primera actividad dentro del Islam, es el salat; ¿qué es el salat? el salat es la orientación hacia Allah. Dividir con rigor el día en cinco momentos. Para hacer bien el salat hay que superar tres fases: la primera es la pesadez del cuerpo. El salat  exige esfuerzo físico, hay que lavarse con detenimiento, hay que esperar el momento oportuno, van a ser gestos que tu realizas con el cuerpo, tienes que activar el cuerpo, a todo esto -después de la novedad de los primeros salats- se opone la pereza del cuerpo, la pesadez del cuerpo, porque ¿qué es lo que en seguida aparece? la pereza, la gafla, la desidia, el que son cinco veces al día, muchas rakats y hay que vencer a la indisciplina; luego está el tema del wudu, el agua está fría....., empezamos a justificar todo, entonces estamos volviendo atrás, no estamos realmente siguiendo el camino de la disciplina. El camino del adiestramiento corporal que evidentemente dentro del Islam tiene sus pasos: lo primero, los primeros cinco salats -que para empezar es mucho- es todavía nada. Entonces empieza a doblegarse el cuerpo, una vez se ha doblegado el cuerpo y el salat  empieza a hacerse menos dificultoso, porque ya no tienes la resistencia del cuerpo, viene el gran problema del tiempo; la rutina, con lo cual hay que volver a tensionarse, una vez acostumbrados al salat hay que hacer que cada salat tenga calidad. Pero si somos inteligentes lo iremos haciendo gradualmente todo y sabiendo hasta donde tenemos que llegar. Primero se trata de ir relajando el cuerpo para que el cuerpo vaya admitiendo las formas del salat, para que después, una vez que lo hayamos relajado, y siga el camino del salat, como te dirán muchos musulmanes, “a mí ya es que el salat me lo pide el cuerpo”, cuando llega el magreb y no se ha hecho el salat del magreb un musulmán se pone nervioso porque le falta algo que..., es como cuando se respira, respiramos espontáneamente, y si no respiramos nos damos cuenta y cuando comemos nos lo pide el cuerpo a determinadas horas del día, pues llega un momento en que se convierte en eso, y eso es muy bueno porque quiere decir que ya la primera cuesta la hemos subido, es la de que el cuerpo responde, ahora lo que se retrae es el corazón, al corazón le cuesta mucho trabajo estar presente durante el salat, por lo tanto cuando el cuerpo se ha acostumbrado al salat y te lo pide, magnífico, ahora hay que despertar el corazón, pero no se hace al revés. Hay que seguir el camino tal como se va señalando, después por lo tanto hay que empezar a disciplinar el corazón, y cuando se tensiona el corazón, llega a despertar el corazón ya es con lo que estás con Allah. Pero es una simpleza pensar que se es sufi porque se sientan cosas raras al principio cuando todavía al corazón que le faltan años por despertar. Los primeros años son nada más que para acostumbrar el cuerpo -que eso es lo más duro- porque es lo más fatigoso; inmediatamente vas a decir: “es inútil, el salat es completamente inútil, es perder el tiempo y echar a perder agua”, cuando se supera esto empieza la rutina, otro período. Cuando estamos en la situación de la rutina en el salat que significa algo bueno, desde el momento en que significa que ya hemos doblegado el cuerpo, lo hemos hecho obediente ..... Ahora ya hay que plantearse no el cuerpo, ahora el cuerpo ya funciona, déjalo, por sí sólo seguirá haciendo el salat el resto de la vida sin ningún problema, ahora es el momento de aplicarse al corazón para que al final nos conduzca hasta el mujlisin.

¿De qué se trata por lo tanto en el momento en que pronunciamos la shahada? De que nos hemos dado cuenta de que hay algún sitio hacia el que ir, que no simplemente estamos aquí para estar cómodos ahí, que pase el tiempo, nos muramos y se acabó la historia. Eso es a lo que se le llama la gafla, la desidia, la pereza, el no darse cuenta de nada. Si alguien es iluminado en su interior y Allah le hace inquieto hay que empezar el camino. Si no, no pasa nada, Allahu `alam, pero si alguien siente esa inquietud, es porque en él se ha despertado algo en lo que debe luchar contra esa pereza, contra esa desidia.

Así pues, la shahada es el momento en el cual tú haces esa declaración con la cual te introduces dentro de un universo de acción, de meditación, de reflexión. Hoy estamos hablando por ejemplo del salat como actividad con la cual tu participas a todos los niveles, luego está -por ejemplo-  cuestiones como la memorización del Corán que es una disciplina mental de fijar la mente, de empezar a trabajar también con ella, de sumirla completamente en el Tawhid, y el la Unidad y Unicidad de Allah.

Una de nuestras costumbres es la de cambiar el nombre, me gustaría que viéramos este tema porque Rasûlullah (s.a.s.) no lo hacía. Él no le cambiaba el nombre a menos que el nombre fuera escandalosamente idolátrico. Sin embargo, aquí es una costumbre. De todas maneras es una costumbre que en las “iniciaciones mágicas” -en las sectas- tiene su lógica, es una forma de empezar hasta con una personalidad distinta, eso es muy peligroso por supuesto, pues porque el sentido que tiene es el de anular la personalidad de alguien. En fin, el renunciar a un nombre anterior y adoptar uno nuevo, sí significa un acto en el cual tú rompes con todas las cosas porque te tomas en serio otra nueva historia pero también puede ser para la manipulación, porque eres completamente desperso-nalizado. Se rompe con tu pasado, se rompe con tu personalidad con tu entorno, se rompe con todo, eso puede ser positivo y eso puede ser muy, muy negativo y desde luego pone en manos de alguien tu personalidad y eso es muy grave. Y el cambio del nombre representa eso. Sin embargo nosotros entendemos que no es así, sino que justamente cuando nos hacemos musulmanes y aceptamos un nombre islámico, lo que hacemos es recuperar nuestro pasado; estamos en Al-Andalus, eso debe ser también una cosa muy importante para nosotros, es simbólicamente un acto de descolonización y eso también tiene su importancia. Todo por supuesto depende de como se lo tome la persona, en cualquier caso la importancia que pueda tener eso es relativamente secundaria, es decir, que no se le puede imponer a nadie un nombre que no le apetezca ni muchísimo menos porque no tiene sentido, porque cada persona con su Islam va ha hacer cosas muy distintas y hay quien se lo tome en un sentido muy radical y otro en un sentido muy tranquilo y todo el mundo tiene derecho a eso. Por lo tanto, el cambio de nombre dentro de la Yama`a Islámica de Al-Andalus, el sentido que tiene precisamente es que no estamos en cualquier sitio, ni estamos en cualquier momento; somos musulmanes en Al-Andalus y en absoluto queremos cortar con nuestro pasado y volvernos personas distintas, sino justamente recuperar una conciencia. Se trata de recuperar cosas y no de la despersonalización de los comportamientos sectarios. Y éste es el sentido de ese cambio de nombre que me parece a mí muy importante. Por supuesto cada uno se lo tomará de una forma distinta, no se puede obligar a nadie a renunciar a su nombre, ni a utilizarlo cuando queramos nosotros, sino que cada una el uso que dentro de la prudencia, de la discreción, el atrevimiento... Porque Rasûlullah (s.a.s.) no lo hacía, a muy poca gente el Profeta (s.a.s.) le cambió el nombre, como mucho se le ponían apodos a la gente, pero no el cambio de nombre. Pero que para nosotros dentro de la Yama`a Islámica de Al-Andalus el sentido que tiene precisamente, entiendo yo, que es un poco la forma de recuperar precisamente lo que de islámico tenemos nosotros  que es mucho; no estamos en cualquier sitio, estamos fundamentalmente en una tierra que tiene ocho siglos de Islam, es decir ochocientos años, que se dice muy pronto, pero tiene un peso en el cual, evidentemente, marca lo que es Andalucía en la actualidad, que no es cualquier cosa, por lo tanto tiene mucha importancia, a mi entender, el tema de descolonizar nuestros nombres, que no significa ni muchísimo menos despersonalizarse, porque no estamos en una secta, ni tenemos creación de secta, ni  queremos manipular a nadie, y eso es porque no ganamos nada ante todo. Tiene también el sentido de adoptar el Islam con más fuerza, el hecho de adoptar un nombre, un nombre árabe porque es la lengua más relacionada con el Islam, pero sabemos que los persas tienen nombres persas y son musulmanes, y los turcos tienen nombres turcos y son musulmanes, y los bereberes tienen nombres bereberes y son musulmanes. El tema no tiene mayor trascendencia que la que queramos darle y dentro de la Yama`a Islámica de Al-Andalus la trascendencia que se le da es precisamente la recuperación de los ochocientos años que no tienen que perderse porque nos apetezca, sino que se ha de hacer un esfuerzo por recuperar esa memoria.

 La shahada  es como si fuera el resumen de todo. Ni muchísimo menos son casuales los sonidos de la que está compuesta. Tiene muchos secretos...