¿Qué piensa el Islam de la representación de seres en la pintura o la escultura?

Abdelwahid Houri


 

Es ésta una pregunta que habría que entender en la respuesta global que ofrece el Islam a la vida humana. El arte islámico aparece en una primera instancia alentado por hadices como Al’lâh es bello y ama la belleza, y limitado por los hadices relativos a las representaciones de seres vivos. Ciertamente existe una prohibición a las representaciones suceptibles de ser utilizadas en la adoración, es decir, en lo que pueda ser la base material de la idolatría. Sin embargo, no hay óbice en representar todo aquello que no exista en el modo en que se lo representa: plantas imaginarias, seres que no sean reconocibles... Asimismo puede representarse todo aquello que, aún siendo reconocible como criatura,  revele -por virtud de la obra de arte- algo de su Creador. El fondo de los seres es Allah, el sustentador de la Vida; pues bien, en la medida que el artista muestre en su obra la realidad global de los seres, la realidad del mundo -sin amputaciones, sin quedarse en lo sólo visible- puede ser una ayuda en el camino espiritual de los demás, y sobre todo necesario -como el mismo Conocimiento (el Arte no es otra cosa que Conocimiento)- para el propio artista.

En otras palabras, en el Islam se entiende que el arte no debe tratar de reproducir la apariencia de las cosas sino su realidad integral. El Islam no es amigo de representar sólo el aspecto exterior de las cosas, porque el exterior es sólo la mitad. El artista participa de esa cualidad de Allah de no mirar los cuerpos y apariencias sino los corazones y acciones (Muslim). Si representamos la apariencia de algo, ésta debe ser completamente transformada por nuestra percepción del ser interior de eso ante lo que estamos. El figurativismo es considerado un error sólo en tanto que hagamos de nuestra habilidad técnica un pequeño ídolo; el artista debe trabajarse interiormente (de modo que su arte sea su camino espiritual) y logre pintar no lo que todo el mundo ve de alguna cosa sino la autenticidad de ese algo. Cuando el ser de la cosa emerge asistimos a un espectáculo mágico de descorrimiento de uno de los velos de Allah en este nuestro mundo. Ésa ha sido siempre y debe seguir siendo la maravilla del Arte. Si un artista no es capaz de esto, es decir, si no es un artista, que al menos no lo pretenda; alguien que no sirve al Arte, alguien que es un simple copista de la apariencia de las cosas, debe saberse artesano y no artista, y dedicarse al talento que ha recibido: no puede dejar salir la naturaleza iláhica de los seres pero puede contagiar el carácter abstracto de Allah mediante el decorativismo. Allah es una realidad abstracta y lo abstracto nos sugiere más de Él que ninguna otra cosa de las visibles. Nosotros sabemos que lo que consideramos digno de ser adorado no es semejante a nada.