La quiebra de las relaciones de poder en la sharia

por A.M.M.



 

La identidad islámica es una forma expresa o larvada de solidaridad. Los Estados han pretendido de forma sistemática eliminar o integrar las diferentes culturas de las comunidades involucradas en su aventura de poder; necesita para su subsistencia uniformar el marco geopolítico y cultural que domina, unificando lo diverso por la coacción. Si desde esta perspectiva es necesario recuperar y liberar la identidad, ambas cosas, nada más sensato que plantearse qué debe ser recuperado, liberado en el ámbito de la conciencia y la cultura islámica.

Convertirse en árbitros de la identidad islámica es algo que debe rechazarse; ninguna persona, ni tan siquiera alguna comunidad pueden marcar pautas absolutas y definitivas de la identidad completa de los musulmanes, ni erigirse en alacena de los valores de una cultura universal cotidiana.

Pero lo que sí podemos y debemos hacer, es abrir y profundizar el debate respecto a cuestiones comunes como musulmanes y al proyecto de los diferentes pueblos como sociedades islámicas dentro de la Umma, porque sólo con opiniones y debates sobre nuestra solidaridad mutua encontraremos marco y sentido al desarrollo de un poryecto social islámico. Para ello debemos insistir en armonizar, conocer y desarrollar nuestras peculiaridades, conocer profundamente la lengua árabe, el Corán al Karim, la Sunna, nuestra historia, las costumbres de los diferentes pueblos de Dar al-Islam, formas estéticas y de tolerancia, etc, pues todo ello es en el momento presente el instrumento más eficaz para luchar contra la uniformización y la impersonalidad a que nos condenan los Estados.

Debemos esforzarnos por recoger aquí y hoy la realidad exacta de las cosas, su más pura sensibilidad, nuestra identidad slámica cuidadosamente replegada sobre sí misma, abierta y progresiva, su forma anterior inmóvil a todo aquello que es externo, accidental y sucesivo.

Buscar nuestra identidad es intentar encontrar en la realidad viva de hoy lo que ya estaba dado, es tener por adventicias todas las peripecias que han ocurrido, todas las trampas y todos los disfraces. Es intentar levantar las máscaras, para desvelar nuestra diferencia y nuestro derecho a la diferencia. Para conseguir todo ello es necesario, entre otras cosas, huir de las relaciones de poder que los Estados llaman en Occidente 'apego a la verdad y al rigor de los métodos científicos', que no son más que verdad particular y el rigor de sus métodos científicos. Ello nació en el mundo judeo-cristiano de la pasión de los apologetas, de los llamados 'científicos', de su odio recíproco, de sus discusiones fanáticas y siempre retomadas, de la necesidad de triunfar. En realidad, esta no es más que una invención de las relaciones de poder. La identidad que pretende el modelo del Estado que nace en la cultura judeo-cristiana y que se desarrolla e Occidente, no es la identidad aún preservada en su origen; es la discordia entre las diferencias, ¡es el disparate!

Es preciso saber reconocer los sucesos de nuestra historia, sus sacudidas, sus sorpresas, los logros afortunados, las derrotas mal digeridas que dan cuenta de los comienzos, de los atavismos y de las herencias. Nuestra historia con sus intensidades, sus debilidades, sus fervores secretos, sus grandes agitaciones febriles y sus síncopes, es el cuerpo mismo de nuestra realidad presente y de nuestro devenir.

 

Identidad y precedencia

Nuestra identidad y precedencia están enraizadas en nuestros cuerpos. Están escritos en nuestro sistema nervioso, en nuestro aparato digestivo: respiramos con dificultad, mala alimentación, ignorancia, cierta bajeza; cuerpo social débil y abatido respecto al cual nuestros progenitores han cometido erores de importancia. Sobre nuestro cuerpo social de musulmanes se encuentra el estigma de los sucesos pasados, de él nacen los deseos, los desfallecimientos y los errores; en él se entrelazan, de pronto se expresan, pero también en él se desatan, entran en lucha, se borran unos a otros y continúan en agotador conflicto. El Dar al Islam es hoy un volumen social abierto a la esperanza. Es necesario, pues, luchar contra las circunstancias adversas, escapar a la degeneración y revogorizarnos a partir de nuestro propio debilitamiento. La emergencia de los pueblos islámicos y su solidez sólo estarán aseguradas mediante un intenso yihad (esfuerzo) contra condiciones desfavorables.

El Islam se organiza y esfuerza no sólo a favor de la plena soberanía de la persona respecto al Estado, también por una comunidad independiente, porque personal, individual y colectivamente es preciso romper amarras oficiales, autoritarias, y ser independientes en nosotros mismos. El din del Islam conduce por vías de lo íntegro: lo unitario de nuestra protohistoria, lo anfictiónico y profético de nuestra historia, y lo más profético y unitario del Islam rezan en la alacena de nuestros pueblos. Por ejemplo, en Al-Andalus, lo romano supuso incapacidad para transformar nuestro sentir y entender. El Islam, por el contrario, se convirtió en elemento sustantivo de la identidad andalusí: como afirma Sánches Dragó en su "Historia Mágica", "a más de enseñarnos ciencias aplicadas como la aritmética y el regadío, enriqueció sobre todo lo que ni se ve ni se toca: el subconsciente, el exaltado sentir, la actividad mental".

A lo romano le bastó el poder militar, pero el Islam exigió "afinidades electivas", coincidencia con nuestro poderío andaluz no improvisado. Roma y la Europa judeo-cristiana nos dieron colonización, no sabiduría ni conciencia. Para nosotros lo "occidental" es un esapcio, una ideología, pero no identidad. El Islam se confunde con lo andalusí porque son aceites de semejantes grados y acidez, matizando con delicadeza y finura, linaje y casta. El Islam como hecho profético es definitivamente diferenciador sea tanto a nivel político, cultural, histórico o estético; exige un tratamiento de horizontalidad liberadora frente al verticalismo que nos impone el sistema estatalista. Es preciso pues que se desarrolle, que crezca una voluntad y una conciencia para decidir por nosotros mismos sin imposiciones ajenas, para elegir el derecho a que los perfiles propios -lo islámico- tanto en lo personal como en lo social, sean reconocidos en toda su fuerza simbólica directa. El Islam aparece así como una realidad de muy profundas raíces que hay que defender sin reservas. El din del Islam es un hecho de linajes proféticos y unitarios muy profundos, que resultan imposibles de ser asumidos o respetados por la verticalidad estatal. Se ha dicho que es necesario que la realización islámica ademas de ser verdadera ha de ser fecunda: tal es nuestra intención al presentar este trabajo. La hipótesis de partida es la búsqueda de nuestra identidad islámica como andalusíes y europeos, o sencillamente hablar de nuestra identidad.

Queremos manifestar que el Islam ha sido instituido, entre otras cosas, para destruir las relaciones de poder. Relató Abu Dar al Gifari que dijo el Profeta Muhammad (s.a.s.): "Oh gentes: ciertamente Me he prohibido la tiranía, y la he prohibido entre vosotros; ¡Así pues, no seáis injustos unos con otros!". Es obligado creer y poder imaginar una relación entre las personas que permitiera destruir completamente las relaciones de poder, tratar de controlarlas, porque las relaciones de poder pasan por nuestra carne, nuestro cuerpo, nuestro sistema nervioso, nuestra alimentación habitual, etc. La idea de una comunidad o varias comunidades que buscaran romper romper completamente las relaciones de poder sería de gran fecundidad. Pero debemos decir que la práctica del Islam, tal y como se lleva a cabo en gran número de países de mayoría musulmana, no da margen a que pueda decirse que es la destrucción de las relaciones de poder. Por el contrario, son éstas las que en época moderna y hasta ahora lo han conducido bajo la forma de normalización. Quienes intentan destruir estas relaciones de poder se enfrentan con grandes dificultades y debemos referirnos a muchas tentativas con una modestia loable.

Enseña el Islam: todo el poder es de Allah y Allah no lo comparte, ni lo transmite, ni acepta asociados. Allah es enormemente celoso y no perdona la asociación. En la realidad del dunia -en la realidad cotidiana- no hay poder sino que, dentro de nuestras sociedades estatalistas establecidas, existen relaciones de poder extraordinariamente numerosas y múltiples, colocadas en diferentes niveles, apoyándose las unas sobre las otras, e incluso cuestionándose mutuamente. Tenemos relaciones de poder muy diferentes en la economía, por ejemplo, y en las relaciones sexuales, y sería simplista afirmar que son la proyección sin más del poder dominante. Igualmente, desde un punto de vista estrictamente político, puede observarse que en muchos Estados el poder político es ejercido por individuos y estaentos sociales que no detentan el poder económico.

La relaciones de poder son sutiles, múltiples y se dan en distintos niveles. Estas relaciones son tan múltiples que no pueden ser resumidas tan siquiera como opresión, y que al menos a personas e incluso grandes colectivos humanos les produce placer. Hay toda una economñia libidinal del poder, toda una erótica del poder, lo cual viene a probar que civilizaciones como la judeocristiana surgen y sobreviven gracias a todo un sistema de relaciones de poder aceptado y ponderado: es conveniente recordar factores psicológicos y libidinosos en la comprensión del nazismo y el fascismo, ideologías que revelaron ser un instrumento tan eficaz de los mecanismos de poder con respecto a grandes masas de individuos. Ocurre algo semeante con el sionismo y el imperialismo, relaciones de poder que vinculan a grandes colectivos humanos de una manera fanática incluídos obreros y la burguesía liberal.

Las relaciones de poder también pueden dar lugar a una cierta creatividad, lo que actúa de espejismo para la mayoría de individuos: revolución industrial, tecnología, consumismo, desarrollismo, etc. Por ello no podemos aprobar el análisis simplista que presenta a los mecanismos de poder como algo monolítico. Son muchos los que han dicho que los revolucionarios deben tomar el poder. Respecto a dicha afirmación, los musulmanes estaríamos formalmente más próximos a las corrientes libertarias -aunque también ellas tienen su concepción del poder, negativa, pero concepción del poder al fin y al cabo-. Observemos, por ejemplo, la Unión Soviética o las organizaciones libertarias, y se podrá comprobar que el tipo de relaciones de poder que se produce entre los individuos, las familias, la sexualidad, la producción, las escuelas, son las mismas que se conocen en el sistema judeocristiano u "occidental". Dice el Corán: "hemos creado al hombre y sabemos lo que su intimidad le susurra. Porque estamos más cerca de el que su vena yugular" (Sura 50, aya 16). El Islam (para los hombres que conocen y que quieren conocer) lleva a niveles tan microscópicos la ruptura de las relaciones de poder (el gran yihad), que cuando se produce la victoria del pequeño yihad ("Allah es el único vencedor") no encontramos relación de poder alguna, sólo la rahma de Allah. El Corán propone una estrategia del lenguaje revelado: discurso como estrategia, ya no como búsqueda de la verdad, sino como reconocimiento de la verdad y unicidad del Poder de Allah.

Enseña el Islam que los procesos históricos de explotación y esclavitud humana también s han ejercido en el interior de un discurso. Se ejercieron sobre las vidas de las personas, sus cuerpos, sus horarios de trabajos, su vida y su muerte. Si queremos estudiar los efectos y el establecimiento de la explotación capitalista ¿dónde la veremos traducida? En los discursos, entendidos en sentido amplio, o sea, en los registros de comercio, en las tasas de salarios, en la contaminación y degradación de la naturaleza, en las aduanas, en la carrera armamentista, en el peligro nuclear. La encontramos incluso en discurso en sentido estricto: en las decisiones de los consejos de administración de las multinacionales, en los convenios, etc... Todos estos son elementos del discurso. Por ejemplo, podríamos estudiar el discurso moral que el capitalismo y los representantes de estas relaciones de poder desarrollaron para explicar un aumento de salario. Esta "ética del trabajo" constituye un discurso moral que encontramos en los catecsmos católicos, en las guías espirituales protestantes, en libros escolares, en los diarios, etc... y que han tenido una extraordinaria importancia hasta nuestra época. En las sociedades monolítica judeocristianas es muy importante la teoría del discurso, porque en ella hay una práctica y una teoria esencialmente estratégica; se establecen discursos y se discute no para llegar a la sabiduría, sino para vencerla. Es un juego: ¿Quién perderá? ¿Quién ganará? Se procura hablar, discutir y conseguir la victoria a cualquier precio, valiéndose de ls astucias más groseras. Es importante tener todo ello en cuenta porque la práctica del discurso no está disocada del ejercicio del poder. Hay un hadiz del Profeta (s.a.s.) que refiere: "En toda elocuencia hay algo de magia". La materialidad del discurso, el carácter fáctico del discurso, las relaciones entre discurso y poder, son un núcleo de ideas muy importantes para dejarlas totalmente de lado en provecho de una cierta concepción del saber. Los discursos de la llamada "civilizacón occidental" son precisamente formas de saber-poder que funcionan a nivel de la apropiación de bienes y a nivel de la producción y la constitución de la plusvalía capitalista.

Son muchos los que en la civilización judeocristiana han desarrollado el discurso de que la esencia completa del hombre es el trabajo: la encontramos en los fundamentales textos judaícos, en el pensamiento cristiano, más recientemente en Hegel, en los posthegelianos y tambien en Marx, especialmente en el Marx de cierta época.

uisiéramos dejar claro que el trabajo no es en absoluto la esencia concreta del hombre al menos el trabajo no creativo. Hay que reflexionarque para ligar a los hombres a la producción son necesarias una serie de operaciones complejas por las que los hombres se encuentran realmente, no de forma analítica sino sintética, vinculados a un aparato de poder para el que se trabaja. Para que esta operación pueda representarse como trabajo, se necesita la síntesis de un poder político. En efecto, el sistema capitalista necesita muchísimas ás coas para ligar el hombre al trabajo; se ve obligado a elaborar y reelaboar un conjunto de técnicas del poder por las que el cuerpo y la vida del hombre se convierten -son utilizados para transformarse- en plusvalías.

 

Plusvalía

Para que haya plusvalía es preciso todo un entramado de subpoder al nivel de la existencia humana, una malla microscópica -capilar- de poder, capaz de fijar a los hombres al aparato de producción, haciendo de todos nosotros agentes productivos, trabajadores. La ligazón del hombre con el trabajo cuántico, especulativo, no es algo natural, es sintética, política, una ligazón operada por al shaytán de los mecanismos de poder. Este complejo entramado de una serie de métodos y saberes fragmentados, saberes del individuo, saberes correctivos indagatorios... que multiplicaron a su vez estas instituciones de subpoder, permitiendo que surgieran las ciencias humanas, sociales, de la naturaleza y el propio hombre como objeto de la ciencia. Los mecanismos de poder se manifiestan, completan su ciclo y mantienen tambén su unidad, gracias a este juego de instituciones y pequeños, diminutos ámbitos de subpoder que, separados unos de otros y en un mismo conjunto, tienen un objeto único cuya configuración general es la forma manifiesta del poder de los Estados.

De todo lo dicho, el hombre adquiere conciencia clara y metodológica a través de la profecía. Lo que los profetas han transmitido como revelación aparece como testimonio en la cotidianidad de los hombres. Y así como la revelación pasa del Corán a los hombres, los mecanismo enunciativos de la revelación y la forma con la que se los conove cambian igualmente. Cuando Allah se comunica con los profetas y sella la profecía en Muhammad (s.a.s.), el conocimiento se formula en forma de prescripción y profecía, como la mirada de los mensajeros que -aun siendo ciegos- conocen el pasado, el presente y el porvenir. La mirada profética aparece también a nivel más bajo ya que, si los mensajeros dan testimonio de lo que han conocido, es porque lo han conocido: no es más una profecía, es un testimonio.

Entre los musulmanes de hoy y nosotros en nuestra realidad de Al-Andalus, hay una correspondencia directa con el conocimiento profético: decimos lo mismo, vemos la misma realidad, pero no con el mismo lenguaje y tampoco con los mismos ojos. Durante toda nuestra exposición vemos el mismo conocimiento y la misma y única realidad, aunque se formule de maneras diferentes, con otras palabras, en otro discurso, con otra mirada. Sin embargo, estas miradas se corresponden.

 

Musulmanes de hoy

Nosotros, musulmanes de hoy, respondemos exactamente a la transmisión de los profetas; podríamos decir incluso que los simbolizamos. En el fondo, lo que nosotros decimos es aquello que los profetas dijeron, sólo que lo hacemos de otra forma. Así pues, nuestras comunidades musulmanas establecen la comunicación entre los musulmanes y los profetas, entre nuestro recuerdo y la revelación de Allah.

Sólo podemos caer en la trampa del poder de los Estados si en nuestra voluntad de encontrar postergamos el testimonio de la Umma, de nuestra comunidad concreta, postergamos el recuerdo, la realidad integral y profética de Muhammad (s.a.s.), que vio y conoce porque había asistido a todo y conoció la realidad. Debemos alejarnos del saber solitario, meramente de la experiencia del saber erudito, saber del hombre que quiere ver con sus propios ojos, solo, sin apoyarse en lo que se sabe y se dice ni oir a nadie: saber autocrático del tirano que por sí solo cree que puede y es capaz de gobernar.

 

Ciencia y conciencia

Este es el hombre del 'poder', de la 'ciencia', un hombre que 'descifra enigmas', pero no es el hombre de la conciencia, no es el mumin, el hombre de la sabiduría. Dicho 'poder' y 'ciencia' se unen al hombre no sabio para reprimir el trauma originario de la vida y la muerte. En el fondo rechaza la mácula, se quiere defender de su propia noche, siendo hombre de 'poder' y de 'ciencia'. Sólo las personas en el momento que asumimos la ceguera, lo oscuro, la noche, comenzamos a ser hombres sabios. Es necesario cegar, perder nuestra vista, para perder también la visión paranoica, el conocimiento, la ciencia, las relaciones de poder, para adquirir, en definitiva, la sabiduría. Dice un hadiz: "los sabios son los herederos de los profetas".

El conocimiento que se fundamenta el dicha ciencia y poder es un conocimiento inventado. Lo que en el mundo judeocristiano se llama conocimiento no está en absoluto inscrito en la naturaleza humana. El conocimiento no constituye el instinto más antiguo del hombre, o a la inversa, no hay en el comportamiento humano -en los apetitos, en el instinto humano- algo que se parezca a un germen de conocimiento. La sabiduría es un regalo extraordinario de Allah a todos los humanos, dice el Corán: "Por cierto, que le señalamos el camino ya fuera de agradecido o de ingrato" (Sura 76, aya 13).

El conocimiento tiene por base, por fundamento o punto de partida, a los instintos, pero sólo en tanto éstos se encuentren enfrentados los unos a los otros en gran yihad, confrontados. El conocimiento no inventado es pues un resultado de esta confrontación. Es como un resplandor, una luz que irradia aún cuando sea el producto de mecanismos o realidades de naturaleza totalmente diversa. El conocimiento para el musulmán, para el hombre de conciencia, es el resultado de una larga y costosa búsqueda. El conocimiento que provoca la conciencia no es posible deducirlo necesariamente de los instintos, según una especie de derivación natural. En el fondo, no forma parte de la naturaleza humana, es la lucha, el gran yihad, el combate, el resultado del permanente combate y consecuentemente el producto de la baraka. El conocimiento no es natural, es contra-natural, el conocimiento de la conciencia no es el instintivo, es contra-instintivo.

El conocimiento como conciencia no está ligado a la naturaleza humana ni deriva de ella, aunque pueda estar emparentado por un derecho de origen con una realidad a conocer. No hay en realidad ninguna semejanza ni afinidad previa entre el conocimiento y la realidad que sería necesario conocer. Hay una radical diferencia entre el conocimiento y la naturaleza humana. El conocimiento y la conciencia son una realidad de práctica permanente del yihad, una relación de violencia. Todo ello provoca una profunda ruptura con el pensamiento judeocristiano, con la filosofía occidental. Esta filosofía siempre caracterizó lo que llaman conocimiento por el logocentrismo, la semejanza, la adecuación, la beatitud, la asociación, la síntesis; temas que deben ponerse totalmente en cuestión. La raíz del conocimiento es la lucha, el yihad contra la asociación, contra las relaciones de poder. No hay conocimiento en sí, sino contra sí. El conocimiento no es una facultad ni tampoco una estructura universal, aun cuando utiliza ciertos elementos que pueden pasar por universales. Tampoco es una predestinación. El conocimiento y la conciencia son el resultado de la lucha, del efecto, de lo que previamente estaba escrito en un sentido amplio. Así pues, como dice Nietzsche, "el conocimiento tiene un caráter perspectivo, una relación estratégica".

El mundo judeocristiano, el sistema kufr, la llamada 'civilización occidental', representan lo que daríamos en llamar conocer-poder, poder-conocer. En su afán de poder y conocer ejerce un poder tiránico y solitario que está destruyendo al humano y a la historia de la humanidad. Vemos así cómo funciona el juego de su universo de fragmentos, consiguiendo -sin querer- establecer de nuevo la unión entre el din de la profecía y la memoria de los hombres. El conocimiento del kufr, el exceso, el exceso de poder, el exceso de conocer, el exceso de ciencia, son tales que el poder del sistema kufr se torna inútil; el círculo se cierra sobre él o, es decir, constatamos que los diferentes fragmentos de la trama se están acoplando y kufr -con su poder solitario, satánico- se vuelve inútil, su imagen se vuelve monstruosa conforme se acoplan los diferentes fragmentos. Kufr podía demasiado en su poder tiránico, sabía demasiado en su saber solitario, toda su penetrante imagen es de exceso: profesional del poder y del conocimiento tiránico.

Junto al hombre del aparato del poder está el hombre de la ignorancia. Es necesario recuperar la voluntad sin sometimiento a las relaciones de poder; es preciso destruir a nuestro sujeto pseudosoberano. Deben desaparecer las relaciones de poder hasta el punto en que culminan y se encarnan en una ideología simplista de nociones como bien o mal, inocencia o culpabilidad. Hay que cambiar esta ideología vivida a través de la espesa capa institucional de relaciones de poder en la que el sistema kufr la ha cristalizado y reproducido. Es preciso conmocionar las conciencias y poner fin a las relaciones de poder.

Todas las formas de represión actuales -que son muchas- se globalizan fácilmente desde el punto de vista de las relaciones de poder y sus mecanismos de control y dominación, la agresión y el imperialismo, los Estados, la represión racista, la represión en el lugar de trabajo y el sistema que las organiza, la represión en la enseñanza, la represión contra los jóvenes en general. El capitalismo necesita un 'volante' de paro, abandonar la máscara paternalista del pleno empleo. Desde este punto de vista es como encuentran su unidad: la limitaciión, marginación y represión de los inmigrantes, represión laboral, represión educativa... Todas las categorías profesionales han sido convidadas a ejercer funciones policiales cada vez más precisas: profesores, psiquiatras, psicoanalistas, educadores en general, etc. Están siendo reforzadas todas las estructuras e instituciones de encierro. Los musulmanes somos conscientes y podemos dar a conocer en qué consiste el llamado poder y sus mecanismo de reproducción y dominación. Ni Marx ni Freud ni los teóricos libertarios son suficientes para conocer esa cosa tan enigmática, a la vez visible e invisible, presente y oculta, investida por todas partes, que se llama 'relación de poder'. La teoría del Estado, el análisis tradicional de los aparatos de Estado no agotan en absoluto el ámbito y los mecanismos de las relaciones de poder. La gran incógnita en la actualidad es que la conciencia humana no sólo debe aprehender su realiad a instancias ínfimas, debemos saber también la trascendencia que detenta dicha realidad. Es necesario saber bien hasta dónde se ejercen las relaciones de poder, por qué conexiones y hasta qué instancias, de jerarquía, de vigilancia, de control, de prohibiciones, dependencias, fijaciones. Por todas partes donde existan relaciones de poder, shaytan ejerce. Todas las luchas a las que nos tiene acostumbrados el sistema judeocristiano en sus diferentes versiones (dictaduras), se desarrollan alrededor de un centro particular de relaciones de poder: un jefe político, militar, un director de prisiones, un redactos de periódico o simples periodistas, directores de escuela o maestros... e incluso hablar de la intimidad y vida privada de los demás es una lucha de relaciones de poder. Todo ello no se debe a que nadie tenga conciencia de esta realidad, sino que hablar de estos temas personales o privados forman parte de la red de información institucional, 'cotillear', decir quién ha dicho, qué ha dicho, designar el blanco, es una primera inversión satánica del poder. Escribe Michel Foucault: "El discurso de lucha no se opone al inconciente: se opone al secreto. Eso da la impresión de ser mucho menos importante".

¿Y si fuese mucho más importante? Existen toda una serie de equívocos en relación a lo 'oculto', a lo 'reprimido', a lo 'no dicho', a lo 'no conocido', que permiten psicoanalizar "a bajo precio lo que debe ser objeto de una lucha. Es posible que sea más difícil destapar el secreto que el inconsciente". Un hadiz del Profeta Muhammad (s.a.s) dice: "El buen musulmán es aquel de quien la gente no tiene nada que temer de su mano y de su lengua".

Es preciso estar preparados a escuchar de nuevo el grito del fascisco y el racismo: las grandes masas populares -engañadas respecto a sus propias necesidades- pueden desear el fascismo y el racismo en un momento determinado. Hay inversiones de deseo que modelan las relaciones de poder, y las difunden, y hacen que estas relaciones se encuentren tanto a nivel del policía como del primer ministro, y que no exista en absoluto una diferencia de naturaleza entre el poder que ejerce un simple policía y el poder que ejerce un ministro. La naturaleza de estas inversiones de deseo sobre un cuerpo social es lo que explica por qué los partidos o los sindicatos llamados 'de clase', que tendrían o deberían tener inversiones revolucionarias en nombre de los intereses de los trabajadores y desheredados, pueden tener inversiones reformistas o perfectamente reacionarias a nivel de deseo. Dice la sura al kafirun (s. 109): "Dí: ¡Oh, destructores! / N reconozco lo que reconocéis. / Y no reconocéis lo que reconozco / Yo no soy adorador de lo que adorais / ni vosotros sois adoradores de lo que adoro. / Vosotros teneis vuestro modo de vida y yo el mío".

 

La sabiduría del Yihad

Todos aquellos sobre los que se ejercen las relaciones de poder como uso o como abuso, todos aquellos que las reconocen como intolerables, como shaytan, deben aproximarse a la sabiduría del yihad íntegro que reconoce el Islam, deben comprometerse en esta lucha allí donde se encuentren y a partir de su actividad o pasividad propia; dice un hadiz de Muhammad (s.a.s): "la lucha es una bendición". Es preciso persuadirse de todas las costumbres, enseñanzas, ideologías, religiones, organizaciones, relaciones humanas, judiaciales, e imposiciones que reproduzcan en la Umma y en todas partes las relaciones de poder. Todo el poder es de Allah y Él no lo transmite ni acepta asociación. Nosotros, los musulmanes, somos vivificadores del din. "Dí: Allah es único / Allah es pleno, no engendró ni ha sido engendrado / Y no es semejante a nada".

Las relaciones de poder no sólo se producen en la realidad de formas que conocemos y observamos, tienen una trascendencia, una gran trascendencia diríamos mejor, contra la que igualmente habremos de luchar. Hay que rechazar cualquier asociación o relacion de poder que tenga que ver con el culto a la personalidad de los vivos o los muertos.

 

Rebelarse a la idolatría

Hay que rebelarse con particular esfuerzo en todo género de culto o idolatría. Es necesario rechazar los jefes y los panteones, hay que quitarle toda aura religiosa a los vivos y a los muertos, porque toda asociación con Allah degrada al hombre y lo arroja en las relaciones de poder. Todo culto a la personalidad, magia, ideología o religión es incompatible con el din del Islam. Igualmente importante es la desacralización y desmitificación de la muerte, ya que ésta es tan ecológica y natural como la vida y no hay polaridad. Todo ello resume de forma compleja el regalo de la conciencia, de la sharia, de la sabiduría como permanente lucha, del yihad, todo ello alejado de la magia de la elocuencia.