La Creación min `adam  ("de la nada") en la teología del encuentro entre las tres revelaciones del Libro


Foro de encuentro Universidad Averroes de Córdoba


 

Si bien no hay citas en la Torá, la Biblia ni el Corán para aceptar por fe una Creación ex nihilo, en las tres tradiciones del libro ha acabado admitiéndose este símbolo para explicar la incesante y omnipotente capacidad creadora de Dios, así como la experiencia particular del místico de que "todo está continuamente disolviéndose en la nada y siendo creado de nuevo" (jalq al-yadîd).

Aceptando, pues, el símbolo de la Creación ex-nihilo (min `adam), debemos deducir que, ya que fuera de Dios no puede existir nada, ni siquiera la Nada, habrá que entender con el más temprano pensamiento ismailí, que la Nada de la que fue creado el Mundo fue una Nada-en-Allâh.

En realidad, Allâh es el único "Ser" capaz de contener a la Nada. Fuera de Él, la Nada es simplemente No-ser. Dentro de Él, la Nada es Pura posibilidad de ser que lo habita, que puede desarrollar, porque Allâh no es un ser acabado, una realidad dada, sino un marco de transformación, exactamente igual que dijimos del nafs del hombre, lo cual nos certifica que no hay diferencia entre lo que sucede en el cosmos y lo que sucede en nosotros.

Dentro de ese "marco de transformación" que es el "yo de Dios" tiene lugar una hecho excepcional: su Nada, es decir, su pura voluntad de ser (sin ser en acto), se desenvuelve en forma de Mundo para que Allâh pueda realizarse. La Creación será por tanto el desenvolvimiento de esa Nada-en-Allâh, y no de un Algo interior o exterior a Él o una Nada exterior a Él.

1.  Si el Mundo proviniera de un Algo interno a Dios, el Mundo sería -sin más- un desenvolvimiento de Dios, y tendrían razón los que dicen que identificamos Mundo a Dios (Deus sive Natura), tachándonos de panteístas.

2.  Si el Mundo proviniera de un Algo externo a Dios, el Mundo sería una realidad ajena a Dios, y tendrían razón los que reclaman la autonomía del mundo, haciendo de Dios un "Dios ocioso" tras el trabajo inicial de la Creación.

3.  Si el Mundo no proviniera de una Nada interna a Dios, el Mundo sería un "algo" creado por su Omnipotente Hacedor, y tendrían razón los que dicen que el Mundo es "una cosa", que no es "algo de Dios" y que por ello en él no puede vivirse a Dios; éstos son los que dicen -con Unamuno- que Dios y el Mundo son dos realidades incomunicables.

Pero si la Nada de que ha sido creado el Mundo es una Nada-en-Dios, entonces:

1.  Ciertamente habrá que admitir que el Mundo es un desenvolvimiento, pero no de Dios sino de su Nada interna.

2.  Ciertamente habrá que admitir que el Mundo es real, pero no autónomo pues proviene de una Nada, y

3.  Ciertamente habrá que admitir que el Mundo es creado, pero no como se saca un conejo de una chistera sino que es creado desde Dios, y Dios en el Mundo -permítaseme la expresión- se la juega.

Para explicar este último aserto, debemos reiterar una vez más la intuición de que Allâh no es un ser acabado. No se es Allâh; Allâh se realiza. Allâh sucede. Allâh no es un Dios cumplido. No se nos dio como un todo monolítico, y por eso justamente la teología es una tarea necesariamente inacabada, una investigación cuyos resultados son modificados por la propia inocencia del investigador. En Dios hay un proceso de identidad. Lo que se está produciendo -y a esto es a lo que llamamos "Mundo"- es un proceso de identidad en el seno de lo Uno. Somos nosotros, precisamente, los que hacemos posible que Allâh llegue a ser, pero para ello debíamos escuchar lo que nos fue revelado en tres momentos de la Historia:

1. La Revelación de Moisés (a.s.) nos dijo qué no era Dios.

2. La Revelación de Jesús (a.s.) nos dijo que Dios era Amor.

3. La Revelación de Muhammad (a.s.) nos dijo que Dios era lo que estaba sucediendo, que no era algo distinto de lo que tenía lugar en el tiempo.

Nada de lo que ocurre en el hombre, nada de lo que ocurre en el Universo, ocurre fuera de Dios. Estamos posibilitando que el "Yo" de Dios llegue al "Sí Mismo" de Dios, porque Dios es un proceso de identidad, y somos nosotros los que lo estamos realizando. Siempre que hagamos la experiencia del Amor. El Amor es un proceso de identidad dentro de Dios. A ese proceso de identidad del que somos testigos le llamamos "Dios".

¿Qué cosa es la que necesita de un proceso de negarse para afirmarse, qué cosa es la que necesita de la ausencia para que se sienta la presencia, qué cosa es la que necesita exponerse al límite de poder llegar a no ser para ser?  El Amor. Sólo la experiencia del Amor es capaz de tensar el "yo", llevarlo a su límite y transformarlo si es Amor cumplido, Amor correspondido. Sólo por el Amor algo llega a la total identidad consigo mismo. Para realizar esta total identidad se abre un proceso que entendemos como "fractura relacionada" por la que el Ser que es Uno se presenta fracturado en una multiplicidad con posibilidad de reunificarse (de hacer tawhid) por el Amor.

Resultando que, para ser, Dios tiene que dejar desenvolverse su Nada interior, es decir, su voluntad de ser, desenvolviendo la simplicidad extrema de esa Nada que es su centro en una exhibición compleja de opuestos, de contrarios. Voluntad de ser de la Nada de Dios mostrándose, manifestándose, exponiéndose. También "exponiéndose" a dejar de ser. Porque sólo si se realiza su Nada puede llegar a lograr cumplirse. El Mundo no era un teatro en el que tenía lugar una manifestación de Dios para que Dios se viera a Sí Mismo. Tenemos un sentido en Dios. El Mundo es el modo en que Allâh llegará a ser o no será en absoluto, dependiendo de si queremos o no queremos realizar la experiencia del Amor que hace que el mundo no se desintegre por completo.

El Maestro Eckhardt lo dijo: "Dios es tal, que su nada llena el mundo entero, pero su algo no está en ninguna parte". El Mundo es "la Nada de Dios" -todo lo que no es y podría llegar a ser- pretendiendo realizar a Dios. El Mundo no es Dios; Dios no es el Mundo. Pero el Mundo no es "una cosa dejada ahí" por su Hacedor. Más bien, lo que sucede en el Mundo es cuanto se realiza de Dios: es Dios hasta ese momento. 

En resumen, el nafs de Allâh que cita el Corán es su dzat (lo que se maltraduce como "esencia"), que no consiste en "una naturaleza de Allâh", sino unas dimensiones en las que puede llegar a tener lugar -o no- Allâh. De ese dzat genera incesantemente una Nada interior-a-Allâh de la que surge la Creación sin descanso, no siendo esta dzat un "algo en concreto", así que su quedar al margen del proceso no significa que nada de Dios sea inafectable por "lo que sucede", que nada de Él sea realidad intacta de Dios al margen del Mundo. No existe una esencia de Allâh que no suceda, y no existe nada de Allâh que no cambie incesantemente.

Nos preguntamos: "¿Por qué la Creación?" Respuesta: "Para ser Dios; para que Allâh tenga lugar en el tiempo". Nos preguntamos: "¿Por qué ex-nihilo?"  Respuesta: "Para que lo que se realice no esté contenido en Dios con carácter previo a la Creación; para que el Mundo, la Historia y el Hombre no sean una farsa, un simple espejo en el que un actor que habita solo en el cosmos ve su propia actuación". Nos preguntamos: "¿Entonces, podríamos no realizar a Allâh?" Respuesta: "Absolutamente podemos no realizarlo".

Sin embargo, como Allâh no es un factum, ni del pasado ni del futuro, el de no contribuyamos a realizarlo -porque no queremos hacer la experiencia del Amor, la experiencia del tawhid- sólo implica eso mismo: que nuestra vida, que nuestras acciones, que nosotros no hemos sido el "Sí que hace -que construye a- Dios", sino un No que se extingue en el tiempo sin dejar nada.